Caida en la Lujuria I – relatos eroticos

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

A los dieciocho años, María era todavía una chica demasiado pequeña para su edad. Su cuerpo, aunque llamativo seguía sin mostrar el fruto de su juventud. Sus brazos seguían huesudos y de una piel lechosa; por el contrario, sus caderas (lo único notable de su cuerpo era bello de ver), sus delicados piernas se iban engrosando a medida que torneaban su fantástico culo. Por lo demás, sus labios eran gruesos y mullidos de esos que pedían ser morreados hasta que sangraran, su nariz pequeña y pecas la hacían parecer adorable una colegiala con un culo de infarto.

La vida de esta pequeña no difería demasiado de lo normal a su edad hasta que llego él. Era una tarde de septiembre cuando un pequeño grupo de chicas iba hacia la cochera donde se reunían para beber entre más cosas. Se disponían a entrar cuando la primera de ellas dijo.

-Celia esto no entra- refiriéndose a la llave-esta obstruida, no podremos entrar.

La chica referida se mostró como un palo delgado sin mucha belleza, pero muy guapa de cara, ella observo la cerradura, obviamente no entraba la llave lo volvió a probar cuando desde detrás unas risas se escucharon. Todas nos girábamos. Conocíamos a esos chicos de verlos por el pueblo. A mí alrededor veía como dos de mis amigas iban a destrozar a esos chicos por jodernos la puerta.

-Como hayáis sido vosotros os vais a quedar sin poder follar en vuestra vida, porque mi prima y yo os vamos a cortar eso que sabéis- los chicos lucían apagados ante aquella amenaza y es que cuando estas dos amenazaban se cumplían las tragedias.

Uno de los chicos seguía vacilando y dijo ante nosotras.

-Vamos a llamar al Amaya, se van a cagar esas zorras- no sabía yo en ese momento lo bien que lo iba a pasar con ese hombre.

Mis amigas, Emma y Rebeca, seguían enfadados deseando mutilar miembros mientras yo un poco enfadada me sentaba en un poyete. A los diez minutos un chico altísimo llego, era negro y con una marca en la ceja. Me miraba con deseo era la primera vez que pasaba algo así, no era demasiado guapa y nunca los chicos iban a por mí. Ese chico me gustaba demasiado y era raro era un capricho sexual y yo nunca había experimentado ese ardor. Mi humedad se notaba a simple vista y ese chico hablaba con Emma, pero me seguía mirando y yo diciendo que me notaba mal me fui a casa. En mi espalda pude notar su mirada sedienta de carne y yo por fin me sentía una mujer.

Después de varios días sin verle seguía ardiendo, lo busque durante días por el pueblo hasta que me canse de buscarle. Me sentía estúpida por ir a buscar a ese desgraciado y aun mas por sentir como mis labios inferiores se separaban cada vez que pensaba en él, o como cada vez que dormía sentía un fluido abandonar mi cuerpo sigilosamente mientras mi temperatura subía al sentir deslizar el líquido. Nunca se me dio especialmente bien la biología y no tenia ni idea de anatomía o de química así que me preguntaba que era eso que salía de mi cuerpo.

La duda me carcomía y pensé en preguntárselo a mi madre, pero no seria una grata conversación. Sabes a lo que me refiero supongo no, seria algo así la charla; mama tu sabes porque me chorrea mi entrepierna al pensar en chicos y ella tan cariñosa como es me daría la solución. Me hicieron gracia mis pensamientos, seguramente me internaría en prisión por mi pregunta. La única solución que se me ocurría era consultarlo con mis amigas.

Lo medite, de ellas tres solo podía confiar en Emma para esto. Ella era la mas moderna de nosotras y pensaba meterse en la rama de ciencias de la salud o algo así, seguro que sabría mi problema, el único inconveniente que veía era que la morena tenia un problema con sus aspiraciones a la medicina. La pobre veía enfermedades por todas partes, cuando chicas corría el rumor de que le corto una oreja a un gato porque se había quedado sordo o eso decían, seguro mentiras de la gente.

Fui a su casa una tarde de Septiembre justo antes de empezar el bachiller, la casa de mi amiga era mucho mas grande que la mía, mientras que la casa de mis padres era un tercero con vistas a un riachuelo su casa era de una sola planta en camino al centro del pueblo. A pesar de ser una sola planta era bastante amplia, el inconveniente que le vi era que un ruido en el comedor podía oírse en el patio y eso para una adolescente era un problema. Volviendo a mi visita, su madre me abrió la puerta y me dijo que su pequeña estaba durmiendo en su habitación.

¿Durmiendo? A las 7 de la tarde, que crédulas son algunas madres, en fin, fui a buscar a mi amiga, llame a la puerta de su habitación, pero nadie me abrió así que entre en ella sin hacer ruidos. La habitación estaba toda revuelta, el escritorio repleto de papeles, cuadernos y libros a medio forrar, la cama destapada con solo una manta tapando la figura de mi amiga, sin embargo, me fijé en que por todo el piso se encontraban las ropas de Emma. Pude verlo todo pantalones, calcetines, camiseta.

Un pequeño silbido se escucho proveniente de la cama, no estaba durmiendo. Vi como algo se retorcía debajo de la sabana a la altura de la entrepierna. Tras un movimiento rápido de lo que hubiera bajo la manta otro gemido se escuchó. No había duda de quien era, nunca pensé que mi amiga estuviera ahí haciendo eso delante mía. Destape la sabana, pero hay no estaba mi amiga, sino solamente un perro. Me sentí estúpida y mucho mas cuando la persona que pensaba que se tocaba en silencio salió de la ducha con una toalla tapándola toda.

-María que haces en mi cuarto-dijo la chica mientras notaba como gotas de agua se metían entre los pliegues de la toalla en dirección a sus pechos.

-Yo…venia a.… preguntarte una cosa-dije avergonzada.

-¿Qué cosa? Podrías ser mas especifica-dijo la morena mientras se quitaba la toalla del pelo y dejaba ver una tupida selva oscura meciéndose hasta sus omoplatos.

-Deberías sentarte, es algo corporal y muy básico-dije mostrando mis mejillas rojas ante el pensamiento de mi cerrada raja dejando fluir un torrente.

-Es que últimamente estoy sintiendo como si mi raja se abriera continuamente, como si me escociera un poquillo al hacer pis y por las noches mojo la cama de un líquido, siempre estoy húmeda incluso sin beber-dije muy avergonzada.

La chica empezó a vestirse delante mía dejando al descubierto su cuerpo. Al contrario que yo, Emma era moreno oscuro, ondulado y hasta los codos. Ahora mismo su cabellera lucia húmeda. Su cuerpo conservaba el tono lechoso presente en casi todo el pueblo salvo brazos y piernas que estaban ligeramente tostadas por el sol. Era delgaducha y con poca cadera, piernas musculosas. Al contrario que yo que poseía un culo envidiable, el suyo era pequeño, prieto quizás no poseía la grasa del mío pero el suyo al ser enano, tocases donde tocases estaba musculoso y blandito, aunque solía temblar al correr y eso ponía cachondo al personal. Sus pechos por el contrario eran bastante gordos y firmes a pesar de estar situados en una base delgada sobresalían con plenitud y la gravedad no parecía afectarles. Le habían empezado a salir cuando teníamos 12 años y en ese entonces todas éramos planas recuerdo que el profesor de plástica tuvo algún problema con ella.

-CARIÑO, eso no creo que sea ningún problema físico, simplemente estas más caliente que yo cuando hace frio-dijo mi amiga riéndose.

-Pero si hace frio, como vas a estar caliente. No tiene sentido-dije meditando sobre mis conocimientos en termofísica.

-Pues, porque cuando hace frio mis pezones parecen cuernos de vacas de las de San Fermín y el roce del jersey pues me humedecen mis labios y eso no sabes lo bien que sienta-dijo mi amiga mientras se ponía una camiseta para ocultar sus tetas.

-¿Estas segura?-dije de forma un poco temerosa por la opinión tan candente de mi amiga sobre mi actual condición.

-No. Pero siempre podemos echar un vistazo ahí abajo-dijo Emma a risas.

-Como allá abajo-dije señalando con mi dedo.

-Si, si en tu coño-dijo mi amiga.

Me ruborice ante la frase y lo que pensaba hacer mi amiga, sin embargo, yo me consideraba una chica normal, ahora con un leve complejo enamoradizo no una calientapollas como eran algunas compañeras en el instituto. La curiosidad me pudo mas que mi desdén así que asentí mientras me despatarraba sobre la cama deshecha de mi morena amiga. Emma empezó a quitarme los pantalones y dejar salir mi rechoncho culo sin embargo un tanga negro se interpuso en el camino de la delicada mano que sobaba mis nalgas. Me humedecí al sentir el sutil roce de los largos dedos de mi compañera en mi clítoris. Gemí. Mi ruido resonó por la casa y eso alarmo a la chica así que en una vacilante velocidad quito mi ropa interior y con un ligero movimiento la introdujo en mi boca. Ahora mis sonidos estaban acallados por la tela de mi tanguita, eso me sonrojo y me calentó más.

La morena pareció notar mi calentura y con una simple miradita murmuro.

-Tía, no sabía que te excitaba el bondage-dijo la morena divertida.

Ante la broma de mi amiga respondí con unos murmullos que no llegaron a oírse por la resistencia de la mordaza. La morena dejo de juguetear con mis nalgas y me miro a los ojos con su profunda mirada azulada, se paso el labio por encima como si vieras algo muy apetecible. Tras esto profirió de forma aguda.

-Sino te molesta voy a inspeccionar la retaguardia-dijo mientras sujetaba con sus pequeñas manos mis piernas.

Haciendo uso de una fuerza inesperada consiguió darme la vuelta, para poder admirar mi curvilíneo trasero sin embargo mi cuerpo no dejaba lamerlo porque a la más mínima oportunidad de acercarse a mi vulva, respondía con una torsión tan rápida que la cabeza de mi amiga se perdía entre mis piernas. La pobre chica ya frustrada de que sus acometidas siempre fracasaran decidió tomar cartas en el asunto. María no se dio cuenta de que la atención de la morena había cambiado, ya no se dedicaba a tacar sus pliegues, sino que fue directa a sus pechos. La verdad es que tenía unos pechos preciosos. No demasiado grandes, y muy blanquitos, con los pezones sonrosados. Al ir directa a su torso ambos pechos desnudos se unieron y las dos sintieron el regocijo de las tetas de la otra. El calor fue subiendo al notar como sus tetas se rozaban entre ellas mientras que ambas amigas compartían más que solo un beso. Al rato notaron que sus pezones se pusieron duros. Cuando la castaña se percató de que su amiga se había dado cuenta se sonrojó, pero lo cierto es que eso no alejo a Emma quien se lanzó a sus labios buscando liberar el calor que estaba claro que ambas tenían. María no se apartó, sino todo lo contrario. Continuaron besándose apasionadamente. Emma comenzó a besarle el cuello, la espalda, el abdomen los pechos, sus deliciosos pezoncitos y ella comenzó a gemir. La tumbo en la cama y siguió recorriendo cada rincón de su cuerpo con sus labios y lengua. 

Cuando la morena termino de besarla y noto que la temperatura de su querida amiga subía, puso sus manos en su amplia cadera, Emma la sujeto firmemente y la castaña haciendo una seña obscena le indico que bajase y su amiga asintió gustosa, así que se hundió en el centro de su feminidad. Por la vagina salían fluidos que daban a entender que de momento le gustaba lo que estaba haciendo. La amiga tetona tomo unos segundos para observarla completamente desnuda. Era preciosa. Se fijo en la zona que acababa de destapar. Estaba totalmente depiladita y empapadita. Su clítoris era pequeño y delicado y sus labios carnosos y apetecibles. Comenzó a besarle las inglés, muy despacio, muy suave, simplemente la estaba rozando levemente con sus labios. Su más fiel amiga se acercó un poco más a su sexo y comenzó a besar sus labios mayores. Eran suavísimos y deliciosos. María estaba tratando de contener los gemidos de placer, pero no podía. Y sin hacerla esperar más, Emma comenzó a comerse toda su vulva. Su clítoris estaba erecto. Lo acariciaba con la lengua y lo succionaba. Y cuando ella ya creía que no podía sentir más placer, su mejor amiga le introdujo la lengua en la vagina. No lo pudo soportar más y se corrió en la cara de su amiga. Emma se levantó y le mostro como sus líquidos recorrían ahora la cara de la joven empañando sus mofletes y filtrándose hasta sus labios y su canalillo. 

Mientras se recuperaba de su primer orgasmo, María masajeo sus tetitas. Emma quito las bragas de la boca a la castaña y se las volvió a poner cuidadosamente a su amiga. María que todavía tenia el gozo del primer clímax se vio extrañada con este gesto, pero ahora podía respirar sin dificultad.

-Emma, porque paras-dijo la castaña ya encendida.

La chica sonrió, pero luego dijo- En la casa se escucha todo y pronto vendrán mi mama al escuchar tus alaridos silenciados, no quiero que me vean comiéndote el coño. Sabes, me mandarían a una escuela de monjas.

Sonreí ante la insinuación y luego dije claramente.

-A mí me pondrían un cinturón de castidad-dije riéndome y ella respondió igual que yo.

La madre de Emma entro en la habitación, pero logramos convencerla de que no eran gemidos sino risas y que había escuchado mal. La pobre se fue confusa, pero que pensaba, que le iba a decir que su bonita tetona me comió al coño y que le llene la cara de líquido. No iba a decirle que su pequeña morena tenía un helado derretido encima de su cara producto de mi corrida. Sin embargo, su madre consiguió echarnos de la habitación para que nos fuéramos a andar, eso era un incordio. A saber, que hacía yo a las 7 la tarde en Septiembre por el pueblo y acompañando a mi amiga, que coñazo.

Sali con mi amiga y empecé a andar, sin embargo, mi amiga quiso llevarme a la puerta de mi antiguo colegio. No entendía él porque ir a ese sitio, donde había pasado la mayoría de los peores momentos de mi vida en la clase de matemáticas. En cambio, la morena no paraba de decirme que era muy necesario ir que necesitaba mi ayuda con unas cosas, no sabía ni entendía a que se refería mi joven amiga, pero como no tenía nada más que hacer pues la seguí.

Ambas nos saltamos como pudimos la valle del recreo del instituto y conseguimos infiltrarnos en el patio del colegio sin ser vistas, luego pensamos en como meternos en el bloque. Yo le dije que lo mejor seria subir por un árbol hasta la ventana de una clase, sin embargo, mi amiga me dijo que iríamos por la escalera de incendios que esa solía estar abierta. Tenía razón como siempre. Procedimos a subir por la escalera, esquivando las cámaras por si acaso, aunque a mi amiga parecía importarle poco. Seguía sin saber para que ir, pero la duda la resolví rápido

Mi amiga fue al aula de plástica, pero no llego a entrar, sino que me dijo que me escondiera con ella, no entendía el porque hasta que pude ver y oír lo que se escondía tras la puerta. Ambas vimos como nuestro antiguo de plástica estaba sentado en su sillón mientras disfrutaba de algo que le estaban haciendo. Ambas nos miramos mientras Emma sacaba su móvil intentando reportar esto.

 El profesor cogió una de las manos de la jovencita y la llevo a la bragueta de su pantalón. Ella comprendió enseguida y bajó la cremallera. Metió su mano, bajó la goma de los calzoncillos y dejó al descubierto una polla, la cual parecía agradecer la liberación. La pequeña mano de la joven comenzó a acariciarla, primero suavemente, pero luego en una clara masturbación. A los pocos segundos separé mi cara de la ventanilla de la puerta y me incorporé, para ver y oír mejor mientras mi amiga grababa. Ella tenía los ojos entrecerrados, y llegó a ofrecerme su boca. Yo me incliné, pero no llegué a besar sus labios, que ella había abierto, sino que me detuve a escasos centímetros de ellos, al oir algo raro.

-Todavía no ha terminado la parte oral, señorita.

La joven niña rubita sonrió, traviesa, abriendo los ojos y mirándome profundamente.

-Como quiera, don Sergio. ¿Le parece bien aquí mismo, o he de volver a mi asiento? -preguntó, sin dejar de masturbarlo.

-No es necesario que se mueva, creo yo.

-Claro, señor.

La niña se agachó hasta ponerse de rodillas, sin soltarle la polla, con la boca justo a la altura de su glande. Primero lo miró, sopesando el tamaño del sexo. No es que la tuviera descomunal, pero desde luego que estaba algo por encima de la media a ese respecto.

Entonces abrió la boca y, con la lengua, fue recorriendo toda su longitud. No pude evitar estremecerme. Jugueteó con el glande, con el frenillo, con los testículos, hasta que finalmente se la introdujo en la boca, apretando suavemente con los labios. Al principio sólo se metió dentro el glande, pero cuando poso su mano sobre su cabello se la metió entera. Y cuando digo entera digo totalmente entera. Comenzó entonces a sacarla y meterla de su boca, con unos expertos movimientos que me sorprendieron mucho, aunque pensé, como una niña que parece mas pequeña que yo puede hacer sexo oral tan bien.

Mantenía la presión exacta de labios y dientes, acompañando el movimiento de la boca con el de su mano. Con la otra le acariciaba los huevos. En un par de ocasiones levantó la vista hacia mí, sin dejar de chupársela, lo que hizo que me excitara mucho más. Lo cierto es que la joven estaba en la gloria.

-Lo hace usted… bien, señorita -jadeo.

-¿Sólo bien, don Sergio? -preguntó, sacándose la polla de la boca y dirigiéndole la mirada más lasciva que había visto hasta entonces en mi vida. El movimiento de su mano era suave pero constante, y el profesor tenia que hacer un esfuerzo sobrehumano para no cogerla de la coleta y darle duro a esa joven tan putilla.

-Muy bien… señorita -jadeo de nuevo-. Muy bien. Continúe, por favor.

Sin dejar de mirarme siguió chupándosela, haciéndole una mamada de campeonato, digna de la mejor actriz porno. Los jadeos del profesor empezaron a aumentar el ritmo. Ella lo notó y empezó a mover su cabecita más rápido, apretando un poco más con los labios. Cuando noto que me venía el orgasmo, la aparto y, agarrándose la polla con la mano, la dirigío hacia sus tetas.

Derramo todo su semen sobre su piel con un gemido de inmenso placer, empapando sus pequeños pechos con la corrida. Ella se agarró las tetitas, juntándolas y subiéndolas, para así recibir mejor mi leche.

Cuando termino, ella recogió la corrida con sus dedos y se la fue llevando poco a poco a su boca, relamiéndose mientras me miraba, lasciva. No se dejó ni una sola gota sobre su piel. Tardó casi un minuto, pero acabó llevándosela toda y tragándosela entre sugerentes ruiditos. Al finalizar, volvió a tomarle de la polla y la lamió hasta limpiarla.

Después de eso se quedó en el suelo de rodillas, sentada sobre sus talones, y acariciándose uno de sus pechos desnudos.

-¿Considera -me preguntó, de nuevo adoptando una voz suave y pausada- que he realizado el examen a su entera satisfacción, don Sergio? ¿O cree que tal vez necesito perfilar…?

Esa joven tenía de modosita lo que nosotras de camioneras. No sabía qué coño hacía cuando no estaba en clase, pero desde luego que no se dedicaba a ver documentales en la tele. Hay cosas que sólo se hacen bien con la práctica. Si ella tenía novio, era un chaval la mar de afortunado.

Inspiré, recobrando el aliento tras verla y la miré. Tenía la coleta algo deshecha, la camisa abierta y los pequeños pero hermosos pechos fuera del sujetador. La piel brillaba con la humedad de mi semen y su saliva. Sus piernas volvían a estar escondidas bajo su falda de colegiala, pero sabía que tenía que hacer algo para remediar eso. La miré directamente a los ojos. Esa joven me sonaba, mire a Emma y ella me dijo lo que me temía.

-Esa es…-pregunte a mi amiga.

-Si, esa niña es Roció la hermana de Rebeca, vamos mi prima

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *