el viejo turco – relatos eroticos

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 Tras dos días de mi encuentro con los dos viejos hermanos Turcos, recibo la llamada el mayor solicitándome si me apetecía volver a vernos aunque ahora estaba  solo, pues su hermano había tenido que ir a Turquía de regreso al volver a ser abuelo por parte de una de sus hijas, quedándose en la  isla  para seguir con las tareas de buscar un nuevo negocio.

  Me dice que esta vez tengo que ser yo la que lo visite en su casa pues me tenía preparada una cena sorpresa de comida de su país.

  Me presente tras coger  un taxi en la dirección que previamente me había indicado y tras llamar a la puerta. me recibió con un pantalón corto y una camisa medio abierta luciendo su atractivo pectoral peludo, dándome un beso en la boca y unos pequeños azotes en mi trasero cariñosamente para que pasara al interior.

  Camino tras de mi diciéndome que estaba muy sexy con aquella falda estrecha y larga que me que había puesto, volviendo a posar su mano en mi trasero y besándome en la nuca me indico pasara al comedor.

 Cenamos una serie de platos pequeños pero muy variados probando cosas típicas de su país que de la mitad no recuerdo nombres, pero todas exquisitas acompañadas con un vino muy agradable que pronto empezó a hacerme efecto, pues me puse rápidamente algo alegre y ligera de palabras siguiendo su juego erótico de palabrería que dominaba perfectamente.

   Para tomar un té que me calmara la euforia del alcohol, me propuso ponerme cómoda ofreciéndome una bata muy sugerente y liberarme de la estrechez de la falda larga, cosa que hice con agrado pues me sentía algo acalorada, quedándose el, en la puerta del baño donde me quite la falda, mostrándole la sugerente tanga roja que llevaba puesta y que hizo resoplara como un toro de miura.

  Se acercó mientras me ponía la bata y besándome metió la mano y me quito el tanga y el sujetador a la vez que decía, esta bata de seda queda mejor rozando este cuerpo preciosos y desnudo, veras que agradable es sentirla sobre la piel.

 Pero lo que realmente me excitaba y me ponía loca era la mano suya rozando mi cuerpo y más cuando con los nudillos rozo mis pezones haciéndome soltar mi primer gemido.

 Mire el pantalón y una barra gruesa y larga se marcaba pegada a la pierna pidiendo liberarla rápidamente a la vez que metí mis dedos entre su matorral de pelo espeso y grueso que forraba su pectoral masculino.

  Rozo con su mano mi sexo y mis piernas temblaban de gusto solo al tacto de sus dedos sobre los labios de mi ardiente conejito, bajándose  el al mismo tiempo el pantalón y mostrando en todo su esplendor aquel enorme bastón que anhelaba con deseo lujurioso todo mi cuerpo.

  Me tomo como si fuese una pluma en sus fuertes brazos a la vez que me besaba y me llevo a su picadero, depositándome con delicadeza sobre unas finas sabanas con un tacto muy agradable.

  La delicadeza que mostraba besándome y acariciándome  hizo pronto entrara en un éxtasis de placer difícil de describir, pues su boca recorría todo mi cuerpo a la vez que rozaba su enorme y duro apéndice  frotándome con él  y haciéndome sentir su dureza y tacto.

 Mis pezones estaban duros y tersos y con una sensibilidad increíble pues a cada roce de su lengua o de la cabeza de su miembro me hacía mojarme y desear ser montada y perforada por aquel viejo semental.

  Saco un ungüento de un cajón de una mesita que había al lado y comenzó a ponérmelo por todo mi cuerpo, recibiendo una cálida sensación de frescor y a la vez suavidad de aquel aceite  muy agradable que me hacía sentirme más excitada a cada masaje y roce de su cuerpo.

  Bajo su boca a mi sexo y a las primeras intromisiones de su lengua en mi interior jugando con mi conejito sabiamente, explote como una adolescente salida que espera el hombre de sus sueños la desflore, aguantándome el con sus fuertes manos en mi cintura las tersas y temblorosa sacudidas de mi cuerpo tras aquel colosal orgasmo, mientras no cejaba de jugar con su lengua por todo mi sexo, bajando hasta mi puerta trasera que también degusto sabiamente.

  Diossss que bueno era y que arte tenia haciéndome gozar como una loba en celo, ofreciéndome ahora la dureza y longitud de su pene para que se lo degustara.

 Me iba a lanzar como una posesa a comérselo, pero hubiera roto el embrujo de elegancia que estaba depositando en mi aquel macho turco, por lo que se lo agarre con delicadeza y tras testarlo desde la base hasta la punta, comencé a mordisquearlo y besuquearlo con dulzura  pero sapiencia, haciéndole que este palpitara de excitación con mi trabajo bucal, a la vez unte mis manos de aquel aceite y embadurne sus enormes y calientes pelotas masajeándolas al mismo tiempo que ahora devoraba con mucho esmero aquel cabezón supurante de líquido blanquecino que demostraba estaba muy excitado.

  Que buena eres Rosa divina, disfrutas comiendo como yo recibiendo tus caricias bucales en mi tranca que va a ser tuya en breves momentos cuando termines de degustarla.

  Aquellas palabras me encendió como una hembra encelada que necesita la monten y más cuando sus dedos se introdujeron en mi chochito para dilatarlo y jugar con el preparando lo que pensaba iba a ser una gozosa monta en toda regla,  si bien ante mi sorpresa me giro y apoyando mi cabeza sobre la almohada, dejo mi trasero en pompa y tras ponerse atrás comenzó a jugar con su lengua y dedos en mi puerta trasera, a la vez que seguía con la otra mano en mi sexo.

  Fui a decir si me iba a penetrar por ahí, cuando comenzó a frotar su cabezón duro y gordo por esa abertura, haciendo mi cadera se moviera sola de placer como incitando aquel miembro no demorara la entrada.

  Su otra mano seguía jugando dentro de mi conejito y me estaba llevando a otro orgasmo con sus juegos en mi punto más glorioso y que dominaba bien, notando en ese momento como con un pequeño empujón iba introduciendo aquel miembro viril por mi trasero.

 Primero fue solo la cabeza y espero se fuese dilatando poco a poco con las caricias y juegos de su mano en mi chochito  y cuando mi cuerpo temblaba y palpitaba de gusto ante mi segundo orgasmo con un placer difícil de describir, introdujo en su totalidad todo aquel arsenal dentro de mí.

 Me sentí  ensartada y presa de aquel viejo y experto macho  que ahora con sus brazo cruzado por mi pecho acariciaba con sus mano mis pezones, pellizcando estos dulcemente a la vez metía y sacaba por atrás su largo y duro apéndice mientras la otra mano seguía jugando con mi sexo, convirtiéndome en ese momento en una fuente de placer que me hizo perder la noción de lugar y tiempo, haciendo mi pequeño cuerpo temblara y se convulsionara  de goce por la monta y doma de aquel viejo jinete que cabalgaba como una corcel joven.

   No sé el tiempo que estuvo metiendo y sacando por atrás su estilete grueso y largo, cuando un tercer y espantosamente fuerte orgasmo me sobrevino, poniéndole  en sobre aviso que igual perdía el conocimiento de tanto placer, pues quede aturdida y casi sin fuerzas con aquella tercera explosión genital.

  Paro y se acomodó sin sacarla poniéndome de lado abrazada por el tras mi espalda, y tras levantar levemente una pierna para que estuviese más cómoda siguió nuevamente con la faena, pidiéndole entre balbuceos que me diera sus jugos ya, que no podía aguantar más aquel placer enorme.

 Me susurro al oído que tranquila que todo a su justo tiempo, sacando ahora su enorme miembro y guiándolo hasta mi conejito tras quitar su mano de él, introduciéndolo en su totalidad y siguiendo ahora sus embestidas por ese agujero.

 Baje mi mano casi sin fuerzas y comencé a acariciarles sus peludas y gordas pelotas mientras el metía y sacaba su enorme miembro de mí, notando una que hasta la baba se me caía sobre la almohada pues mi boca solo balbuceaba gemidos de placer.

  Era como tener un orgasmo que no tiene fin y es muy explosivo, pues mi cuerpo a cada segundo temblaba y se convulsionaba con espasmos de placer mientras seguía cincelando mi agujero con maestría, hasta que note su respiración algo más agitada y más aceleración en sus estocada, presagiando que en breves momentos iba a ser regada con sus sabrosos y espesos jugos lechosos que días atrás había degustado.

 No me había equivocado  en mis presagios, cuando unos bramidos secos y bruscos avisaron de la inundación que estaba sufriendo mi agradecido pero sufrido conejito que apenas podía contener aquella sarta de fuertes ráfagas que en el interior estaban descargando.

  Cuando paro de sus duras estocadas, quede inerte y sin apenas habla, con la saliva o babas  saliendo por mis labios pues   apenas podía cerrar la boca al quedar sin fuerza en todo mi cuerpo.

 Sentí una paz difícil de explicar pues no era capar de hilar un pensamiento coherente en ese momento, mientras el retiro sutilmente su grueso armamento de mi guarida, depositándolo sobre la cama para que descansara ese colosal guerrero.

 Continuo abrazándome y besándome la nuca mientras me acariciaba los pechos ahora con mucha suavidad y delicadeza, sintiendo  en mi pequeña espalda el forraje de aquel pecho peludo y ese aliento a macho sobre mi cuello.

  No hablamos en unos  diez o quince minutos pues creo también que cerré los ojos varios minutos quedándome aturdida o semidormida.

  Al final se levantó y camino desnudo frente a mí con aquel enorme y morcillón colgajo entre sus piernas que me hacía estremecer solo verlo así, dirigiéndose a la cocina a preparar unos te para recuperar fuerza.

  Puede levantarme y tras ponerme la bata fui medio tambaleándome hasta su encuentro, riendo el picaronamente al verme en ese estado y con aquellos medios pasos en falso que me hacían parecer medio atolondrada.

  Le dije entre risas que él tenía la culpa de encontrarme así, a la vez que se lo agradecía pues hacía tiempo y creo no recordaba haber llegado a un éxtasi tan fuerte  con un polvo .

  Me dijo que no me preocupara que se volvería a repetir cuando retomáramos fuerzas, respondiéndole yo rápidamente que una no estaba para más trotes esa noche que otro día sí, pero esa noche me folla otra vez y me tienen que poner oxígeno y sangre en vena para recuperarme.

   Se acercó y dando un sabroso beso, me dijo… todo se andara…

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