Reencuentro con mi exnovia – relatos eroticos

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Sintió como si el tiempo se hubiera detenido. Llevaba algo de prisa, pero al bajar del tren y verla allí sentada en un banco, supo que era ella.

– ¿Nayara? ¿Eres tú? – la joven se levantó al escuchar que se dirigían a ella.

– ¿Miguel? ¡Cuánto tiempo!

Se acercaron para saludarse con dos besos de forma algo tímida por parte de los dos, pero sobretodo más por el muchacho al quedarse fascinado por el cambio que su exnovia había pegado con el tiempo. Continuaba igual de hermosa, siempre había destacado por tratarse de una chica con aspecto algo inocente, con sus preciosos ojos marrones en su dulce rostro, su largo cabello negro como la noche… y aunque le supo algo mal fijarse en ello, no pudo evitar centrar su atención por un breve instante en lo mucho que su cuerpo había madurado. Sus pechos habían madurado de forma notable al igual que su trasero.

Habían pasado 6 años desde que no se veían. Ambos habían sido la primera pareja del otro cuando tuvieron 15 años, y es evidente que ahora que ambos tenían 21, muchas cosas habían pasado. Estuvieron conversando un buen rato allí en la estación. Él tan tímido como siempre, ella tan alegre e inocente como siempre… Miguel superó las barreras de su timidez para pedírle el número de teléfono, y aunque Nayara pareció dudar por unos instantes, al final aceptó.

Se despidieron con el típico “a ver si quedamos algún día”, pues realmente cuando estuvieron juntos todavía eran unos críos y la relación que tuvieron no fue nada del otro mundo, no terminaron mal, pero por cosas del destino empezaron a peder el contacto hasta el día de hoy.

Al llegar a casa, Miguel todavía continuaba pensando en ella. Estaba preciosa, más que preciosa… se había vuelto una mujer muy atractiva. Pasó toda la tarde pensando en ella hasta que cuando estuvo a punto de irse a dormir, colgió su móvil para enviarle un mensaje, “¿Le molestaré si lo hago?” pensó, pues Miguel solía ser un chico bastante reservado y siempre solía sentirse una molestia.

-“Me ha gustado mucho encontrarme contigo. Espero que todo te vaya bien y que volvamos a vernos pronto” – ya estaba hecho, se lo había enviado. No tenía muchas esperanzas de que le respondiera, pero al cabo de unos minutos, le llegó un mensaje suyo.

-“Yo también me alegro mucho de haberte visto. Parece que todo te va bien y espero que siga así, ¿Qué te parece si nos vemos este Sábado y nos ponemos al día?

No podía creerlo, ¿Acababa de proponerle una cita? Y desde luego, aceptó.

Llegó el Sábado y no podía estar más nervioso. Se arregló todo lo que pudo y esperó en el lugar donde habían acordado, y al poco rato, Nayara apareció. Llevaba su cabello largo y moreno suelo, y un bonito y discreto vestido azul veraniego cubría su cuerpo. Miguel no pudo evitar echar un rápido vistazo a la parte superior del vestido, donde unos finos tirantes se encargaban de sujetarlo, lo cual causaba que la parte superior de sus grandes pechos estuvieran bien expuestos, pudiendose apreciar los dos pequeños lunares que había tenido siempre en su pecho izquierdo.

-“Realmente… le han crecido mucho”. – pensó.

Fueron a dar un paseo por el parque y por la ciudad, después, se detuvieron en una cafetería a tomar algo y poder charlar con más calma.

– Entonces, ¿Qué ha sido de tu vida en todo este tiempo? – le preguntó Nayara.

– Ah… bueno, estoy estudiando diseño y fotografía como había siempre había querido, y tengo un trabajo a media jornada en una pequeña tienda. – respondió con cierta timidez.

– ¡Vaya eso es genial! – exclamó la chica.

– Y… ¿Qué hay de ti? – le preguntó Miguel. – Siempre habías querido ser actriz, ¿no?

– Bueno… muchas cosas han pasado estos años. Mi padre perdió el trabajo y por lo tanto en casa no andábamos bien económicamente asi que… tuve que ponerme a trabajar, nunca pude empezar a dedicarme a lo que siempre había querido, pero sigo ahorrando para ello.

– Vaya, lo siento mucho… estoy seguro de que lograrás tus sueños, Nayara.

– ¿Tú crees? – le respondió la chica con inocencia y una amplia sonrisa en su rostro.

– Claro que sí, te conozco desde que éramos pequeños, y estoy seguro que lo lograrás.

Pasaban las horas, pero para ellos parecía que el tiempo se había detenido. Fueron recuperando poco a poco la confianza después de tanto tiempo sin verse, se contaron anéctodas, vivencias, experiencias… hasta que llegó la pregunta clave.

– Y… ¿Ahora sales con alguien? – Miguel no podía creerse que le hubiera hecho aquella pregunta.

– Bueno… hace cosa de un par de años estuve con alguien, pero no salió bien, ¿Y tú? – no estaba muy seguro de si había hecho bien preguntándole.

– Qué va… no he tenido suerte en el amor. -suspiró.- Solo se me acercan tíos que van a lo que van, la verdad es que… no he estado con nadie desde que estuve contigo.

Miguel no podía creerse lo que estaba escuchando. ¿Nunca había vuelto a estar con nadie? Eso quería decir… ¿Que continuaba siendo virgen? Ellos dos eran muy jóvenes cuando estuvieron juntos, y por lo tanto nunca llegaron a intimar de aquella manera.

– Al final va a resultar que sigues siendo el único chico que se ha enamorado de mí de verdad. – Nayara soltó aquel comentario entre risas para que Miguel se percatara de que estaba bromeando, pero él no pudo evitar sonrojarse y no saber lo que decir.

Cuando se marcharon de la cafetería ya era de noche, y Miguel se ofreció a acompañarle a la estación de tren. Estaba confuso, diferentes pensamientos circulaban ahora por su cabeza y sentía la necesidad de al menos expresar alguno de ellos.

– Pues me cuesta creer que no hayas tenido ningún novio desde entonces, con lo guapa que te has vuelto. – soltó aquella frase sin pensarla demasiado, dándose cuenta algo tarde de lo rara que había sonado.

– Bueno… es que tampoco me enamoro de cualquiera. – Nayara le respondió con una pequeña y cálida sonrisa.

– Escucha, Nayara, he estado pensando algo. -hizo una pausa. – No sé… fue verte el otro día y recordar los buenos momentos que pasábamos juntos… ¿Te acuerdas lo que nos prometimos?

-Claro que me acuerdo… que nos casaríamos algún día. Pero eso era cosa de críos, Miguel, ahora las cosas han cambiado mucho. – Miguel se quedó algo cortado ante la respuesta de Nayara.

– Por eso mismo lo digo… teníamos 15 años y más que novios parecíamos amigos, no sé si me explico… – necesitó hacer una pausa. – No sé qué te parecerá pero… ¿Y si intentamos recuperar el tiempo perdido?

Nayara se detuvo por un momento, tuvo la necesidad de acercarse a una de las farolas del parque que estaban atravesando para apoyarse en ella.

– No sé si eso funcionará… Miguel.

– ¿Por qué no? Ahora somos más maduros, y podríamos llevar una relación más adulta…

– Miguel… para por favor. – Nayara suspiró. – Hay cosas de mí que todavía no conoces.

– ¿Qué cosas?

– Olvídalo… si lo supieras tal vez te arrepentirías de haber recuperado el contacto conmigo.

– Nayara… han pasado seis años pero en cierto modo sigo siendo el mismo de siempre. En su día estuve siempre a tu lado, ¿Crees que ahora será diferente?

Nayara se quedó durante unos instantes pensativa.

– Mira… recuerdas que te dije que tuve que ponerme a trabajar, ¿Verdad?

– Sí, claro que sí.

– Pues… empecé trabajando de camarera en un bar horrible, un bar de espectáculos y… bueno…

– No te sigo.

Nayara volvió a necesitar detenerse un rato, pues no estaba muy segura de si debería contarle aquello.

– Miguel… confiaré en ti para esto, y si después sientes asco hacia mí, lo comprenderé. – suspiró. – Me resulta muy triste, después de tanto tiempo… contarle a mi primer novio que para conseguir dinero y salir adelante… tuve que acostarme con algunos hombres.

Un rostro de asombro y preocupación a la vez se dibujó en la cara de Miguel, ¿Era real aquello que acababa de escuchar?

– ¿Pensabas que después de tanto tiempo… volveríamos a salir juntos y esta vez te entregaría mi virginidad tal y como prometimos de pequeños? Siento haber roto nuestra promesa pero… ya tuve mi primera vez, y no fue nada agradable. No es nada agradable que un hombre de cincuenta años le sea infiel a su mujer conmigo, no fue nada agradable que al igual que el resto de hombres con los que me he acostado, me tratara como un juguete.

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