Convertida en una ponyGirl para toda su vida 2

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sigue el durísimo entrenamiento a la que es sometida la joven para conseguir de ella hacerla una excelente ponyGirl bajo la atenta mirada y control de la supervisora de entrenamientos, una mujer de mucho carácter.

Capitulo 2.- Sigue el duro entrenamiento de la ponyGirl

Layla fue presentada a una supervisora de entrenamiento llamada Gina… Era una mujer guapa, de unos 40 años, alta y bien formada, con el pelo largo y oscuro y ojos de mirada malvada… Layla sintió que su piel se erizaba cuando Gina la miró de arriba abajo… Luego comenzó a palpar con sus manos todo el cuerpo de Layla… Gina metió un par de sus dedos largos a través de la entrepierna de Layla y se rió por el semen que aún goteaba de su coño bien usado… Layla no podía creer que Gina se llevara los dedos a la boca y los chupara.

– “Veo que has tenido una primera noche muy ocupada”, se rió Gina… – “Estoy celosa… No tenemos muchas jóvenes de 20 años aquí, así que tuve que mover algunas cuerdas para conseguirte para mí… ¡Ahora me perteneces!”

– “Afeitarla”… Fue la primera orden de Gina.

Un chico fue al lado de Gina y le sonrió a Layla ante la sorpresa en su rostro cuando lo reconoció… Era el primero que se la folló la noche anterior… Comenzó con la cabeza de Layla… Ella protestó con gruñidos y gemidos cuando le afeitaron la cabeza y le aplicaron una crema exfoliante para matar las raíces… El chico también afeitó el coño de Layla… Por primera vez, el espeso arbusto oscuro que tanto le gustaba tener entre sus piernas se había ido y se estremeció por lo abierto y visible que quedaba su coño.

Cuando el chico fue a afeitarle sus axilas, Gina lo detuvo.

– “No… Ahí, no”, le dijo Gina… – “Me gusta eso… Es una especie de look masculino… Déjalo.”

A continuación, sacó una mesa con ruedas sobre la que estaba el nuevo traje de Layla… Gina comenzó con un cuello de postura grueso y ancho que obligó a Layla a levantar su cara… Se lo abrocharon a  su cuello y le pusieron un candado… Le obligaron a meter sus manos dentro de unos guantes sin dedos largos y le pusieron las esposas de cuero alrededor de sus muñecas… Era interesante ver que en la palma de los guantes había pelotas de punta suave y afiladas que le impedían hacer el puño.

– “No lo necesitarás… No usarás más tus manos”, le dijo Gina… -“Estarán a tu lado o atados detrás de ti cuando estés de servicio… Por supuesto, por la noche, los llevarás así también.”

Una media capucha de cuero suave se colocó en la cabeza de Layla y terminó a mitad de su frente… Cubría también sus orejas con un remate alto como las orejas de un caballo… La capucha se ató por debajo de la barbilla con broches al cuello de postura que ya llevaba.

Unas fundas de goma fueron forzadas a entrar en su boca para cubrir sus dientes y luego una barra de acero cubierta de cuero fue metida atravesando su boca… Esta barra tenía un anillo en cada extremo para sujetar la correa… Esta barra fue atada atrás de su cabeza.

– “¿Empiezas a sentirte ahora como un caballo?”, bromeó Gina.

Los pechos de Layla vinieron después… Fueron atados fuertemente para que parecieran dos misiles sobresaliendo de su pecho… Esto se hizo para que dos grandes anillos de acero unidos por una tira de cuero pudieran deslizarse sobre sus senos y contra su cuerpo… Los pechos de Layla fueron liberados y en ese momento ella sintió dolor… Cuando los anillos quedaron pegados a su cuerpo, mirando hacia dentro de cada pecho había alrededor de una docena de puntas de acero afiladas…No eran lo suficientemente afilados para perforar, pero cuando sus pechos volvieron a su forma natural, las puntas de acero la apuñalaba dolorosamente.

Los ojos de Layla se humedecieron y sacudió la cabeza frenéticamente… ¡NOoo!… El dolor era insoportable!

– “Esto que te he puesto es un arnés de entrenamiento”, le explicó Gina… – “Lo usarás durante las primeras 6 o 7 semanas… Los anillos internos los iremos girando para que puedas sentir esos pequeños y desagradables picos en un lugar diferente cada día y acostúmbrate a ello… Cariño, aprende a amar el dolor… A los 20 años, probablemente no hayas sentido mucho… Aquí, vamos a cambiar eso… Vas a sentir dolor en lugares donde nunca has sentido antes… Y cada día empeorará un poco… Dolerá un poco más y durará un poco más.”

El cuerpo de Layla fue luego atado en un corsé de cuero pesado… Y apretado con fuerza… Mientras estaban ajustado el corsé a su cuerpo, su cintura fue apretada hasta la mitad de su tamaño… Esto también obligó a sus pechos a levantarse e hizo que los anillos con púas fueran aún más apretados y le causaran mayor dolor.

Layla sintió que el corsé tenía soporte de acero incorporado contra su espalda, que la obligaba a estar siempre recta y rígida… Ya no podía agacharse o torcerse hacia un lado… Cada respiración era difícil y dentro de ella sentía apretadas todas sus entrañas, en especial: su vejiga.

– “Ahora vas a querer orinar con más frecuencia”, rio Gina entre dientes…”Tienes que aprender a aguantar… Tendrás descansos regulares cada dos horas… Si te veo orinando por el patio, te meteré un catéter y no harás pipí en todo el día… Tú verás lo que haces.”

Pequeños tapones de goma con agujeros en ellos fueron metidos dentro de la nariz de Layla para ayudarla a respirar… Luego unas persianas metálicas fueron colocadas a ambos lados de su cabeza para que no pudiera ver nada a cada lado de ella.

Gina se tomó un momento para jugar con los erectos pequeños pezones de Layla y ésta gimió ante la impotencia que estaba experimentando… Allí estaba parada mientras una mujer, completamente desconocida, estaba jugando con sus tetas.

– “¿Nunca has estado con otra mujer antes?”, le preguntó Gina.

Mientras jugaba con el pezón izquierdo de Layla, Gina dejó caer su otra mano a la entrepierna de Layla y deslizó un dedo en el coño de la joven… Layla gimió y se retorció a la defensiva, pero no pudo escapar de la intrusión… Entre el dolor en sus pechos, y toda la indumentaria que le estaban poniendo, se dio perfecta cuenta de que no debía enojarla y dejarse hacer lo que quisiera, sin oponerse.

– “Recuerda quién es tu dueña ahora”, continuó Gina…”Este pequeño y sexy cuerpo es mío ahora, para hacer lo que quiera… Espero ciertas cosas de mis ponis… ¡Y siempre obtengo lo que quiero!”

Gina retrocedió entonces y su asistente le entregó algo nuevo… Layla la observó examinar una cosa negra… Luego miró a Layla y sonrió.

– “Esta es la mejor parte”, susurró Gina…”Esto es cuando te arrepientes del día en que naciste mujer”… Levantó unapierna a Layla y Gina se detuvo cuando Layla sintió que algo duro le tocaba la entrepierna.

– “Déjame detallar esto para ti”, comenzó Gina…”Esto que sientes es un buen consolador gordo de 20 cm para tu coño… Cuando te lo meta hasta el fondo lo encontrarás bastante lleno.”

Cuando Gina se lo metió en el coño a Layla, ésta descubrió las otras características de la polla de goma… A lo largo de su longitud había cientos de pequeños dedos blandos y rígidos, como cerdas en un cepillo para el pelo… La cabeza del consolador era enorme… Layla gruñó ruidosamente cuando Gina empujó el enorme dildo hacia ella… Una vez dentro de ella, Layla se movió para escapar de la presión que ejercía contra su cuello uterino… Ella no podría tomar más.

Una vez que lo tuvo metido dentro en ella, sintió algo aún peor… En la parte superior de la base, había dos protuberancias de goma que se anidaban a ambos lados de su clítoris… Era como pequeños dedos, sosteniendo suavemente su clítoris tembloroso… Gina movió el consolador y Layla jadeó ruidosamente.

– “¿Te gusta?”, bromeó Gina… – “Estas pequeñas protuberancias deben mantenerte bastante excitada… ¡Vas a estar jodidamente caliente todo el día… Cada paso que des te dará un buen masaje!”…

– “Y no creas que nos olvidamos de tu otro pequeño agujero”, continuó Gina, quecomenzó a meter un consolador ligeramente más estrecho en el culo de Layla, que gruñó brutalmente cuando su ano fue forzada cada vez más y más… Después de metérselo casi 20 cm, Gina se detuvo para volverla a mirarla a los ojos… Y luego continuó metiendo…

– “Esto es un poco más intrusivo” dijo ella ….”De hecho, 35 pulgadas intrusivas… Encajarán bien en tu colon… ¡Casi hasta llegar a la mitad de distancia de tu estómago!”

Layla pensó que estaba siendo partida en dos… Nunca había tenido dentro de ella nada metido tan profundo… Con eso ahí, no podría sentarse y mucho menos, cagar… El dolor era inhumano.

Con su coño lleno por un monstruoso consolador, Layla podía sentir el este segundo consolador frotándose contra la delgada pared de tejido que separa sus dos agujeros… Finalmente, una bola de goma gorda al final del malvado consolador fue metido en el culo de Layla y Gina le puso unas bragas de goma muy ajustadas.

– “Te sientes ahora bastante llena, ¿verdad?”, preguntó Gina.

Layla estaba sollozando y moviendo las caderas, los consoladores parecían estar vivos… Estaban hechos de una goma blanda, absorbían el calor del cuerpo y se calentaban.

– “Llévala a dar un pequeño paseo”, le dijo Gina a su asistente.

El chico le ató una correa al collar de Layla y tiró hacia delante… Layla inmediatamente comenzó a gruñir… Cada paso que daba era una verdadera tortura por los invasores que se encontraban dentro de ella y se movían al caminar… Las pequeñas cerdas del consolador que tenía insertado dentro de su coño eran como garras rasgando su interior… No eran lo suficientemente duros como para lastimarla, pero si para mantenerla horriblemente irritada e incapaz de escapar de su movimiento constante.

Después de una breve caminata de 15 minutos, Layla fue devuelta a Gina… Ella estaba jadeando como si acabara de correr una maratón… Empapada de sudor, babeando y jadeando por respirar… A pesar de todo lo que sentía, estaba segura de que un orgasmo profundo comenzaba a crecer en su vientre.

– “¡NO!… Por favor… ¡NO!… No te corras … No me dejes correr… Peléalo… NOoooo, por favor… NOooo!”, se dijo a sí misma.

Afortunadamente, la caminata que Layla había dado terminó antes de que pudiera correrse… Su orgasmo solo chisporroteaba dentro de ella… Su cuerpo lo quería aunque su mente, no… Unos pocos pasos más, otro minuto, y ella habría explotado… Gina también la miró… Sabía lo que estaba pasando en su cuerpo de joven pony.

– “Sentiste que no te corriste, eh?”, bromeó Gina… “Toda esa deliciosa polla dentro de ti… Estás chorreando… Tu clítoris está palpitando… ¿Quieres caminar un poco más?

Layla sacudió la cabeza frenéticamente… La expresión de su cara era de terror total… No podía permitirse que todos la vieran correrse.

– “Sólo espera hasta tu primera caminata real”, susurró Gina… – “Si no te corres una docena de veces, no eres humano… He visto a nuevos ponys desmayarse durante su primera caminata… Cuatro o cinco orgasmos se aguantan… Más, ya cuestan mucho… Ya lo comprobarás”

Gina dejó a Layla parada allí un rato… Sus brazos estaban esposados ​​detrás de ella, y su correa atada a un palo a su lado… Cuando pasaron por delante de ella, en su mayoría hombres y un par de mujeres, estos se detuvieron para verla bien.

Layla era la pony más linda y sexy que habían visto en mucho tiempo… Bailaba nerviosa tratando de adaptarse a los consoladores que tenía metidos dentro de ella… Layla descubrió que si regulaba su respiración, trataba de ignorar las espantosas espinas que torturaban sus senos, podría soportarlo todo, mejor.

Era el único control que tenía sobre su propio cuerpo… El orgasmo que casi se vio obligada a tener mientras caminaba, estaba cociéndose a fuego lento en sus entrañas, esperando… Layla trabajó sus músculos lentamente con cautela, manteniendo viva la sensación pero controlada… Podría correrse si no era cuidadosa  y dejar que la desgarrara… Pero ella no lo quería y menos con todos mirándola.

Layla cerró los ojos y soñó con la granja, con los caballos y el sexo que tenía en el establo… Recordó las imágenes en el sitio web ecuestre en su ordenador… Recordó las fantasías de estar donde estaba en ese momento… Cuando abrió los ojos, Gina estaba allí de pie mirándola.

Gina sonrió y se acercó… Lentamente pasó su lengua por el pecho desnudo de Layla, lamiendo un rastro de sudor de su cuerpo…  Luego, tomó un pezón en su boca y lo chupó suavemente, con amor… Layla sintió como su coño comenzaba a responder y retrocedió entonces para evitar tener su orgasmo.

Gina sonrió y dio un paso atrás.

– “Las dos primeras semanas, perteneces a los muchachos del establo… Durante ese tiempo, te follan todo lo que quieren, incluso vas a aprender a chupar la polla… Ahora vamos a terminar de engalanarte… Confía en mí.”, le dijo ella.

Lo último que Layla necesitaba era un buen par de botas… Tenía patas correderas, pantorrillas y pies fuertes… Todo lo que necesitaba ahora era la forma correcta de usarlas con las restricciones que le habían metido en sus orificios.

De pie, Layla estaba atada a un marco de metal para mantenerla en posición vertical… Le levantaron primero su pierna izquierda, doblando la rodilla, dejando el pie colgando un metro sobre el suelo.

Gina le masajeó el pie un momento… Le puso a Layla un grueso calcetín de lana cubriendo el pie y luego levantó lentamente una pesada bota de cuero hecha especialmente… Era algo así como una bota de motorista, fuerte, no lo que una dama normalmente usaría.

La bota tenía la forma de un tacón alto, sin el talón… Layla gimió cuando su pie fue forzado a entrar en la bota, en una posición que la mantendría casi de puntillas… Bajo la suela gruesa de casi 3 centímetros había una herradura de hierro… La bota fue atada con fuerza y ​​Layla gruñó por la presión que ejercía sobre su tobillo para sostener su pie en una posición muy estricta.

Cuando dejó caer su pie, Layla se encontró de pie sosteniéndose sólo sobre sus dedos del pie… Inclinarse hacia atrás donde debería haber estado el talón que no estaba, significaba que caería hacia atrás.

Una vez que ambos pies estaban dentro de las botas, Layla se quejó de inmediato ante el dolor que le provocaban las piernas y los dedos de los pies.

– “Esto dolerá mucho durante las primeras semanas”, le dijo Gina.

– “Aprenderá a caminar sobre los dedos de los pies, y ahí es donde aprenderás a empujarte hacia adelante cuando te muevas… Cada bota pesa más de 3 kilos… Verás lo rápido se desarrollarán y fortalecerán los músculos de tus piernas.”

Layla se quedó allí tambaleante pero erguida… Sus dedos de los pies los sentía como si estuvieran en llamas… Utilizó toda su fuerza para sostenerse… Cuando volvió a ser desatada y obligada a caminar cada paso fue un verdadero calvario para ella… Descubrió que tenía que levantar sus piernas más altas para caminar y esto agravó totalmente el dolor y la excitación que le provocaban los consoladores dentro de ella… Luchó contra la correa que estiraba de ella como un nuevo perro, tirando y tratando de no caminar.

– “Empieza despacio…Llévala a caminar unos 5 kilómetros y tráela de vuelta… Luego dale una hora en los escalones”, le dijo Gina a su asistente.

Layla apenas llegó 15 minutos antes de que otro orgasmo la atravesara… Forzada a seguir caminando, el orgasmo fue más largo… Nunca quiso detenerse… Su cuerpo apretado por el arnés que llevaba puesto fue una agonía… Después, ella necesitaba orinar… Lo sostuvo hasta que el dolor fue demasiado y comenzó a orinar lentamente mientras caminaba.

Quería detenerse… Necesitaba parar… Gritó a través de su mordaza… Gruñó, gimió, lloró y luchó contra la correa que continuamente tiraba de ella, pero el asistente se negó a detenerse.

En el punto medio, descansaron unos 20 minutos… Su asistente se relajó bajo un árbol y bebió un refresco… Layla estaba atada a un poste en el sol y permaneció de pie y sudando… Ella estaba necesitando beber y observó en shock como el asistente vertía un litro de agua delante de ella… A continuación, puso su polla en la botella y orinó… Finalmente vertió toda su orina de la botella en su garganta amordazada.

Layla sufrió dos orgasmos más, durante el camino de regreso… Las dos pequeñas protuberancias que masajeaban constantemente su clítoris se negaron a darle un segundo de descanso.

Tras su horrible viaje de 5 km, la llevó hasta la escalinata… Eran 20 escalones que tenía que subir y bajar de nuevo… Esto se repitió durante una hora… Incluso peor que correrse de nuevo, era el roce constante de las protuberancias con su clítoris… Estaba tremendamente tan cachonda que le dolía todo… Sentía un dolor dentro de ella que nunca antes había sentido.

Cuando terminó su primer día, se quedó allí, moviendo sus caderas de un lado a otro… Ella estaba tratando de autofollarse con los consoladores que tenía metidos dentro de ella para correrse una vez más, pero le resultaba imposible… Sus jugos corrían por sus piernas y nunca antes había sentido la necesidad de ser follada.

– “¡Oh!… Ella tiene los cuernos de las protuberancias del consolador secos y no puede correrse más… Y no puede ignorar las pollas dentro de ella… Necesita un buen pollón de verdad para desfogarse, ¿no es así cariño?”, le dijo Gina echándose a reír.

Layla se quedó allí humillada y exhausta… Si Gina no le sacaba ese consolador de su culo pronto, iba a morir… Ella sentía como se estaba cagando por minutos.

– “Parece que quieres cagar ahora mismo, ¿no?”, bromeó Gina…”Necesitas sacar esa carga de tu trasero… Por desgracia para tí, pasarán otras dos horas antes de que yo haga eso… Verte sufrir es muy divertido”

A continuación, Layla fue llevada al centro médico… Allí, le sujetaron sus pezones y luego se los traspasaron con una aguja gruesa, le colocaron dos anillos de espesor notable y se los soldaron en su lugar… Otro anillo fue colocado en la punta de su lengua, de forma que cuando su bocado estaba en su boca, pasaba por el anillo de su lengua y mantenía la lengua de Layla en su lugar dentro de su boca… Por último, otro anillo grueso fue colocado a través de su tabique nasal, que colgó hasta su labio superior.

Luego, Layla fue llevada al departamento de tatuajes… Hasta ahora su joven cuerpo estaba impecable, no llevaba ningún un tatuaje… Ahora, dos pequeñas herraduras se tatuaron en la parte baja de su espalda, marcándola permanentemente como un pony… Luego los números 316 se colocaron, en pequeño, sobre cada una de sus tetas… Este número también se tatuó justo por encima de su afeitado y suave coño… Sólo por diversión, Gina agregó un segundo tatuaje en el labio derecho de su vagina… Era un pequeño corazón rojo con una polla erecta, atravesándola.

– “Es el signo de la ZORRA”, le explicó Gina.

Layla fue llevada con lágrimas en los ojos hasta granero y despojada lentamente de su vestimenta… Cuando los consoladores finalmente salieron de ella, se derrumbó en el suelo… Tres mujeres la lavaron, la secaron, la frotaron con aceites y le dieron antibióticos, vitaminas y otra comida a base de pienso animal.

Eran las 9 de la noche cuando regresó a su puesto… Todo lo que quería hacer era dormir… Todos los músculos de su joven cuerpo le dolían mucho… Ni siquiera podía tocar sus pezones, o hablar claramente con el anillo fresco en su lengua hinchada.

Ya había dos entrenadores masculinos en el granero esperándola… Cuando Layla fue llevada a su puesto, la siguieron y cerraron la puertezuela detrás de ellos.

Gina estaba parada fuera, mirando… El primer chico montó a Layla, de frente, sobre su polla, con las bolas en su coño… El segundo, se la metió brutalmente en su culo y los dos comenzaron una larga y lenta follada… Layla estaba demasiado cansada para ni siquiera gruñir… Ambos estallaron dentro de ella y se deslizaron, dejando su cuerpo limpio, sudoroso y goteando semen fresco de sus dos orificios.

Gina colgó un letrero de “FUERA DE SERVICIO” en la puertezuela… Y la dejó descansar.

– “Me debes una” le susurró a Layla… Pero no te preocupes que voy a cobrármela muy pronto… Tu vida como PonyGirl no ha hecho más que comenzar y te queda toda una larga vida de sufrimiento para hacer de ti una gran pony… Y de eso me encargo yo.”

F i N

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *