Don luna, el insaciable – relatos Gays

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Había conseguido aquel trabajo por un aviso del diario. Llegó a la casa de Don Luna, a la mañana, en aquella parte de la ciudad transitada y con gente yendo y viniendo sin parar. Chocándose.

Lo atendió una mujer de unos cuarenta años. Bonita y bien vestida.

__¡Buenos días señora soy Luis María!

__¡Aha, el chico del trabajo!¡Pasa, pasa!

__Permiso

__¡Siéntate!¿Ya has trabajado en esto?

__¡Sí, señora! He atendido a una mujer que estaba en sillas de ruedas.

__¡Bien, bien! Mi padre puede caminar, no está tan mal…

__¡Mejor! ¡Lo digo por ustedes!

__¡Gracias!…pasa que el es un poco, como te diría…

__¿Irascible?

__No es la palabra…Es un hombre difícil de llevar…el otro muchacho que estuvo antes que tu, casi salió huyendo de aquí. Nunca nos dijo porque…y el anterior a ese también…

__¡Bueno habrá que probar!__ dijo Luis María

__Me parece bien que no te asustes

__¡Señora! He estado en muchos sitios, a pesar de que soy joven, he visto muchas cosas, no creo asustarme fácilmente…

__Bueno lo que tu digas ¿Cuándo quieres empezar?

__¿Ahora?

__¡Sí, si claro! Ven que te mostraré tu cuarto…__ la mujer lo llevó y entraron a un cuarto limpio y ordenado. Cómodo. Olía a limpio.

__¿Te gusta?__ preguntó la señora

__¡Si señora esta muy bien!!__ contestó Luis María

__¡Ahora sígueme!…te presentaré a quien vas a atender __el joven siguió detrás de la señora.

Entraron a una habitación, con una enorme cama. Allí estaba el hombre, leía un libro. No levantó la cabeza, seguía como si nadie estuviese allí.

__¡Padre, aquí está el muchacho nuevo!__ la mujer lo miro e hizo un gesto con la cara como diciéndole que quieres que haga.

__¡Padre!

__Ya te escuche__ dijo secamente el hombre

__Se llama Luis María__ silencio total. Siguió como si no existiera. La mujer tomó la determinación y haciéndole una seña le hizo seguirla. Salieron de la habitación. En el pasillo se detuvo y dijo

__¡Mira, ya está, me tengo que ir! Por la noche vendrá una mujer que te reemplazara

__¡Bien señora!

__Recuerda que harán una semana cada uno__ dicho esto la mujer se fue.

El muchacho recorrió un poco la casa. Era enorme. Luego volvió a la habitación.

__¿Don luna necesita algo?__ preguntó para romper el hielo. Espero unos instantes. Al fin el hombre levantó la vista

__No. Por ahora

__Iré a preparar café…

__Bueno__ Luis María salió y fue a la cocina. Al rato volvió. El hombre estaba dormido con un libro al costado. Sin hacer ruido.

Se sentó en la silla cómoda y acolchada. Tomó una revista y se puso a hojear sin que nada le pareciera importante.

Así pasó casi una hora. Luego se levantó y el hombre continuaba durmiendo. La mujer se lo había comentado por teléfono, que tomaba medicamentos y eso lo hacía dormir, entre otros síntomas.

Luis María dio unas vueltas por cada rincón de la casa. Se veía que el hombre tenía una muy buena posición económica.  Al rato volvió a la habitación a sentarse en la silla.

__¿Dormí mucho?__ de pronto preguntó Don Luna

__¡Un rato!__ contestó el chico

__¿Y tu de donde vienes?

__¿Cómo de donde vengo?

__¡Claro!¿Donde naciste?

__Soy de aquí de la ciudad

__¿Has leído algún libro alguna vez?

__¡Claro que sí!__ dijo el muchacho. El hombre hizo ademán de ponerse de pie.

__¡Espere que lo ayudo!

__¡Está bien, esta bien!__ se acercó y tomo del brazo al hombre. Era fuerte. Al ponerse de pie se quedó un momento de pie y Luis María notó que era alto, al menos una cabeza mas que el. No se veía tan viejo, pensó el chico.

__¡Debo ir al baño!__ dijo Don Luna

__¿Se siente bien?

__Claro, un poco mareado…pero puedo andar y hacer muchas cosas__ dijo sonriendo por primera vez aquel hombre. Ya era cerca del mediodía.

Entraron al baño. El hombre se apoyó en la pared. Se bajó el pantalón del piyama y se puso a orinar como si no hubiese nadie al lado de el. Tiró el botón del inodoro.

__¡Puedes subirlo!__ dijo el hombre y el muchacho hizo caso. Luego Don Luna se lavó las manos, se miró en el espejo y salieron.

__¡Te preguntarás que tengo?__ observó el hombre

__Bueno, no me incumbe…

__Pero ¿Quieres saber?

__Si usted quiere decirlo__ el hombre volvió a sonreír y llegaron a la cama. Don Luna se volvió a acostar.

Así fue aquel primer día. Yendo y viniendo en la casa. Don Luna pidió muchas cosas. Luis María notó un cambio en la actitud del hombre.

La semana pasó y llegó  la semana de noche. Luis María entró a la habitación, estaba todo perfumado, Don Luna estaba afeitado.

__¿Como está?__ saludo el chico

__¡Bien, bien esperándote!

__¿Y eso?

__Nada, nada…__dijo el hombre

__¿Todo esta bien?¿alguna novedad?

__No no todo en orden__ el muchacho dio unas vueltas y volvió al cuarto y sentándose preguntó

__¿Y bien, qué paso con los otros cuidadores?

__¿Qué decís?

__Tu hija me contó que salieron huyendo de aquí

__¡Ah!¡Será por que le pedía cosas!

__¿Cosas?

__¡Sí cosas!

__Pero dime de una vez

__Cosas como…bueno…__mientras hablaba fue quitando las sabanas de encima suyo y le mostraba una verga erecta, encendida, mirando el techo. Luis María la vio y se dio cuenta de todo. Se acercó a al cama

__Tu quieres…__ y acarició la poronga deliciosa. Don Luna suspiró y se retorció caliente. Luis María se aferró a la herramienta y la masajeó suavemente. Miro la cara del hombre y vio en sus gestos que estaba muy caliente. Gimió. Estiró su cabeza hacia atrás mientras el chico ya subía y bajaba la piel del glande. Se veía más joven de lo que erra, es como si hubiese resucitado, se lo veía más fuerte, con los músculos tensos y las bolas infladas y llenas.

La boca del chico tragó el sable envuelto en llamas. La gorda pijota le llegó al fondo y dio unas arcadas pero no dejo que aquel animal lo hiciera retroceder.

__¡Ohh, eres un mamón hermoso!¡Siiii así hazlo así, oh que belleza de boca!!__ el chico siguió chupando y mordisqueando el animal con los dientes, eran mordiscos suaves y con la yema de los dedos acariciaba las bolas gordas del hombre, Don Luna se retorcía ante las chupadas del goloso muchacho, que tragaba sin darle respiro.

__¿Quieres acostarte aquí, ohh, en la cama, ahhh, si, si, conmigo??__ Luis María se quitó la ropa en un segundo y estuvo al lado del hombre, que lo acariciaba, con fuerzas y energía totalmente renovados. Era otra persona. Parecía mucho más joven.

Besó las tetillas del chico, con una fruición y un deseo tremendos. Parecía que hacía años que no estaba con nadie. Con las manos se había aferrado a los genitales del chico y los sobaba lentamente.

__¡Oh Don Luna!¡Ahh así, así!! ¿Por esto huían los demás?

__No querían que los tocara…¡¡¡Estoy tan caliente!!__ Don Luna se metió a la boca la pija candente del chico, la succionó con ardor y furia. La lengua rodeaba la cabeza palpitante y con los dedos empezó a horadar el anillo .

Los gemidos del muchacho delataron el gusto que sentía, al ser presa de aquellas caricias tan intimas. El hombre se metió las bolas de a una tragando y fagocitando aquel bocado precioso, arrancó alaridos del chico que descargo su líquido cremoso en la boca de aquel hombre.

__¡Mmmmm que manjar exquisito!!_ se relamía Don Luna tragando hasta lo último de aquel néctar.

__¡Ahora ven aquí diablilla!!__ dijo y tomando de las caderas al chico lo dio vuelta dejándolo culo para arriba. Masajeó su poronga y la puso en la entrada de Luis María que gemía esperando la estocada. Allá fue por su agujero deseado, fue entrado a pesar de los quejidos del chico, que resoplaba y gemía y lloriqueaba al recibir aquella espada.

__¡Ahhh despacio Don, despacio, ahhh!!

__¡Como te gusta putita!!

__¡Sí, si me encanta, ahhh, ay, ay sí, sí!!!__ la espada había sido enterrada y las bolas se chocaban con las nalgas firmes de Luis María que se contoneaba al recibir aquella vara inflada y dura. Las estocadas eran profundas y veloces. Don Luna gozaba de una manera juvenil y salvaje. Gruñía como una bestia. Prendido a las caderas del jovenzuelo que sacaba el culo para ser enterrado y taladrado sin miramientos. El hombre maduro iba y venía dentro del chico que se quejaba y gozaba de la cogida. Mordía el cuello del muchacho que se relamía de placer y lujuria con el culo ensartado, las bombeadas empezaron a acelerarse, las manos apretaban fuertemente las caderas de Luis María y el líquido no tardó en llenar al muchacho que gemía y el hombre gemía y balbuceaba palabras al oído, mientras se vaciaba poderosamente dentro del culito en llamas.

Luego el hombre cayó sobre la espalda del chico, que sentía como se escapaban como un río los flujos del placer y la locura.

El hombre le respiraba pesadamente en la nuca y el chico temió por la vida del hombre

__¿Estas bien?__ preguntó asustado

__¡Mejor que nunca!!__ contestó Don Luna extasiado.

__¡Tuve miedo!__ volvió a hablar el chico con el pedazo del hombre aún enterrado en su ojete juvenil.

La noche había empezado movida pensaba Luis María, mientras Don Luna sacaba su molusco desinflado del ojete que chorreaba jugos.

__¿Te ha gustado?

__¡Claro que sí!

__¡A mi también has estado de maravillas, tu culito es sensacional!!__ diciendo así metió los dedos en el abierto y dilatado anillo del joven que se contorsiono, así mismo, el hombre abrió la boca y se fundieron en un beso estrepitoso y caliente. Don Luna succiono la lengua del muchacho. La chupó y eso le produjo un tremendo placer. Su pija empezó a levantarse nuevamente.

Notó por cierto que la poronga del hombre también buscaba alzarse imponente golpeando contra su vientre. Mientras jugaban con sus bocas, el chico se aferró otra vez a la vara que se endurecía prontamente de Don Luna.

__¡Ohhh quieres mas verga mi putita hermosa!!¡¡Dime que quieres, dímelo!!

__¡Quiero que me la pongas otra vez!

__¡Ahhh mi perra si te la pondré otra vez!!¡¡Ahh masajéala!!__ Luis María se agarraba del pedazo de Don Luna que había crecido exponencialmente nuevamente. Se endurecía como si fuera un joven veinteañero.

__¡Ven bebé cabálgalo, anda sube a este pedazo que es todo para ti!!__ como poseído el muchacho se sentó a horcajadas de aquel hombre y el perno fue tragado milímetro a milímetro por su culito explosivo y joven.

Hundido en el, aquel garrote entraba y profundamente gozaba de aquel ojete.

Luis María se prendía de los hombros del macho. Subía y bajaba de aquel perno enloquecido que tanto placer le daba. Su pija se había endurecido de tal manera que el no recordaba. Saltaba de un lado a otro demencialmente.

Con las manos Don Luna abría las medialunas firmes del chico que gemía y saltaba sobre su poronga. Las pellizcaba. Las masajeaba, apretándolas, estrujándolas. Luis María se inclinaba y buscaba la boca del macho y se fundían en besos explosivos, ardientes. Las lenguas volcaban la saliva y se bebían todo.

El chico tocaba las tetillas de Don Luna, estaban duras y paradas, eran gruesas y marrones. Eso calentaba al hombre y aceleraba entonces las estocadas en su ojete de fuego.

__¡Ahhh quieres que te llene otra vez!!!

__¡Quiero tu leche, sí, la quiero, lléname, quiero sentir tus jugos en mi!!__ el macho apretaba las mandíbulas sosteniendo algo que no podría por mucho mas tiempo. Empezó a retorcerse, a buscar aire, mientras salía su leche en escupitajos gruesos llenando nuevamente el ojete del chico que gemía gozando.

El pecho del hombre estaba rojo y arañado. Sentían el fuego que los consumía. Era algo interior, inexplicable. Luis María sentado sobre el estilete que poco a poco se desinflaba, sentía como lentamente su propia pija escupía en la panza del hombre sus propios jugos, lo que hacía que la vara de Don Luna , extasiado tardará mucho más en desinflarse. Luego de unos besos mas, el garrote baboso salió de la caverna. Luis María se acostó nuevamente al lado del hombre que lo hacía gozar de aquella noche sin igual.

__¡Eres toda una belleza!__ comentaba el hombre

__¿Te gusta mi cola?

__¡Es enfermante de tanto que me está gustando!!__ se rieron de la ocurrencia.

Luego se levantaron a la cocina desnudos como estaban y comieron algo. Parecía que Don Luna había rejuvenecido. Estaba de buen humor. Le había cambiado hasta el rictus de la cara.

__¡Porque no te adelantas y llenas la bañera!__ propuso el hombre

__¡Bien como quieras!__ Luis María entró en el baño y abrió los grifos, busco espumas y sales, en realidad aquel baño les vendría ,muy bien, ya que el se sentía un poco sucio y pegajoso.

No tardaron nada en estar chapoteando en el agua. Se pasaban las esponjas por las espaldas, primero uno luego el otro, como jugando, como disfrutando del momento. Al parecer no se sentían agotados, como debería estar un hombre como Don Luna. Al contrario se sentía pleno y con energía. De eso se dio cuenta Luis María cuando se acercó a el y Don Luna tomando sus manos lo llevó a la entrepierna y notó que tenía el garrote endurecido.

__¿Otra vez?__ dijo sorprendido el muchacho

__¡Tu me pones así!__ diciendo así Don Luna salió del agua y se sentó al borde de la bañera. La poronga se blandía enhiesta y amenazante.

__¡Ven por tu bocado!__ en un instante Luis María se llevó a la boca aquella barra de carne. Le dio suaves mordiscos y lengüetazos que hicieron electrificar a Don Luna. Envolvió la cabeza con sus labios, le dio tiernos besitos a la cabezota que brillaba. Sintió que había movimientos en su entrepierna. Jugó un momento con las bolas del hombre que ya gemía y resoplaba desquiciado y tomando sus cabellos húmedos para que hundiera de una vez aquella poronga en la boca. El chico así lo hizo, trago lo que mas pudo, casi asfixiado, para placer de aquel macho.

__¡Ohhh que bien lo haces!!¡¡Siiii!!!__ gemía el hombre que era devorado por aquel muchacho.

Con la yema de los dedos había comenzado a acariciar las bolas de aquel hombre que estaban gordas de nuevo, llenas de líquido buscando salir. La lengua bailaba sobre el garrote, lo recorría de abajo a arriba, lamiendo la piel, lamiendo las venas y las fibras. Los suspiros de Don Luna se hacían cada vez más atronadores. Se aferraba a la cara del chico y lo acompañaba en los movimientos que hacía este. Hundiendo su boca y tragando aquel sable lujurioso.

Enfocado en eso estaba el hombre que no se dio cuenta de que estaba llegando al ápice de su placer y retorciéndose y hamacándose llenaba sin sosiego la boca del joven que lo estaba mamando. El grito estaba lleno de enjundia y locura.

Luis María tragó el néctar y quedó unos momentos más, con la morcilla en la boca,  dejando limpia aquella poronga que tan bien sabia.

__¡Eres muy dedicado en tus tareas mi joven amigo!__ resaltó Don Luna risueñamente. Hizo que Luis María se pusiera de pie y se besaron en medio de la bañera. Luego se secaron los cuerpos y salieron del baño.

Se acostaron en la amplia cama. Y lentamente se quedaron dormidos.

Luis María no sabía la hora que era, y no sabía si estaba soñando o era verdad, pero sintió unas cosquillas en su agujero abierto. No era un sueño era la lengua voraz de Don Luna, que buscaba abrir un poco más aquel ojete que tanto quería.

La somnolencia pasó enseguida para dar paso al amante enfurecido que ya con su potente palo buscaba entrar en la abertura. Así de costado como estaba el estilete se abrió paso y el joven explotó en un suspiro caliente.

Una vez adentro Don Luna empezó a ir y venir, mordiendo el cuello, chupando y lamiendo desesperado. El ojete de Luis María estaba siempre predispuesto para el perno del hombre.

Don Luna manoteaba y acariciaba la pija de su amante joven y lo masajeaba. Sobaba las bolas del muchacho y bombeaba al máximo enterrando su batata hasta golpear con sus bolas aquellas firmes nalgas.

Los suspiros y jadeos, se convertían en gemidos y gruñidos. No tardó mucho el joven en lanzar escupitajos de semen por todas las sábanas. Eso enardeció al amante y sus sacudidas fueron cada vez más violentas y furiosas. Veloces. Horadando el anillo. Llegando a zonas profundas. Así lanzó cremosos escupitajos de leche. Aferrado a las tetillas del joven. Mordiendo y chupando. Montado sobre el otro cuerpo.

Al otro día bien temprano llamaron a la mujer que debía reemplazarlo para que no viniera. Así Don Luna lo montaba al chico sobre la mesa. Luego lo cogió sobre una silla. En el suelo. El hombre había dejado la cama. Estaba recuperado de su afección. Luis María al tiempo regresó a su hogar y ya las veces que iba a lo de Don Luna no era para cuidarlo.-

DON LUNA, EL INSACIABLE

Había conseguido aquel trabajo por un aviso del diario. Llegó a la casa de Don Luna, a la mañana, en aquella parte de la ciudad transitada y con gente yendo y viniendo sin parar. Chocándose.

Lo atendió una mujer de unos cuarenta años. Bonita y bien vestida.

__¡Buenos días señora soy Luis María!

__¡Aha, el chico del trabajo!¡Pasa, pasa!

__Permiso

__¡Siéntate!¿Ya has trabajado en esto?

__¡Sí, señora! He atendido a una mujer que estaba en sillas de ruedas.

__¡Bien, bien! Mi padre puede caminar, no está tan mal…

__¡Mejor! ¡Lo digo por ustedes!

__¡Gracias!…pasa que el es un poco, como te diría…

__¿Irascible?

__No es la palabra…Es un hombre difícil de llevar…el otro muchacho que estuvo antes que tu, casi salió huyendo de aquí. Nunca nos dijo porque…y el anterior a ese también…

__¡Bueno habrá que probar!__ dijo Luis María

__Me parece bien que no te asustes

__¡Señora! He estado en muchos sitios, a pesar de que soy joven, he visto muchas cosas, no creo asustarme fácilmente…

__Bueno lo que tu digas ¿Cuándo quieres empezar?

__¿Ahora?

__¡Sí, si claro! Ven que te mostraré tu cuarto…__ la mujer lo llevó y entraron a un cuarto limpio y ordenado. Cómodo. Olía a limpio.

__¿Te gusta?__ preguntó la señora

__¡Si señora esta muy bien!!__ contestó Luis María

__¡Ahora sígueme!…te presentaré a quien vas a atender __el joven siguió detrás de la señora.

Entraron a una habitación, con una enorme cama. Allí estaba el hombre, leía un libro. No levantó la cabeza, seguía como si nadie estuviese allí.

__¡Padre, aquí está el muchacho nuevo!__ la mujer lo miro e hizo un gesto con la cara como diciéndole que quieres que haga.

__¡Padre!

__Ya te escuche__ dijo secamente el hombre

__Se llama Luis María__ silencio total. Siguió como si no existiera. La mujer tomó la determinación y haciéndole una seña le hizo seguirla. Salieron de la habitación. En el pasillo se detuvo y dijo

__¡Mira, ya está, me tengo que ir! Por la noche vendrá una mujer que te reemplazara

__¡Bien señora!

__Recuerda que harán una semana cada uno__ dicho esto la mujer se fue.

El muchacho recorrió un poco la casa. Era enorme. Luego volvió a la habitación.

__¿Don luna necesita algo?__ preguntó para romper el hielo. Espero unos instantes. Al fin el hombre levantó la vista

__No. Por ahora

__Iré a preparar café…

__Bueno__ Luis María salió y fue a la cocina. Al rato volvió. El hombre estaba dormido con un libro al costado. Sin hacer ruido.

Se sentó en la silla cómoda y acolchada. Tomó una revista y se puso a hojear sin que nada le pareciera importante.

Así pasó casi una hora. Luego se levantó y el hombre continuaba durmiendo. La mujer se lo había comentado por teléfono, que tomaba medicamentos y eso lo hacía dormir, entre otros síntomas.

Luis María dio unas vueltas por cada rincón de la casa. Se veía que el hombre tenía una muy buena posición económica.  Al rato volvió a la habitación a sentarse en la silla.

__¿Dormí mucho?__ de pronto preguntó Don Luna

__¡Un rato!__ contestó el chico

__¿Y tu de donde vienes?

__¿Cómo de donde vengo?

__¡Claro!¿Donde naciste?

__Soy de aquí de la ciudad

__¿Has leído algún libro alguna vez?

__¡Claro que sí!__ dijo el muchacho. El hombre hizo ademán de ponerse de pie.

__¡Espere que lo ayudo!

__¡Está bien, esta bien!__ se acercó y tomo del brazo al hombre. Era fuerte. Al ponerse de pie se quedó un momento de pie y Luis María notó que era alto, al menos una cabeza mas que el. No se veía tan viejo, pensó el chico.

__¡Debo ir al baño!__ dijo Don Luna

__¿Se siente bien?

__Claro, un poco mareado…pero puedo andar y hacer muchas cosas__ dijo sonriendo por primera vez aquel hombre. Ya era cerca del mediodía.

Entraron al baño. El hombre se apoyó en la pared. Se bajó el pantalón del piyama y se puso a orinar como si no hubiese nadie al lado de el. Tiró el botón del inodoro.

__¡Puedes subirlo!__ dijo el hombre y el muchacho hizo caso. Luego Don Luna se lavó las manos, se miró en el espejo y salieron.

__¡Te preguntarás que tengo?__ observó el hombre

__Bueno, no me incumbe…

__Pero ¿Quieres saber?

__Si usted quiere decirlo__ el hombre volvió a sonreír y llegaron a la cama. Don Luna se volvió a acostar.

Así fue aquel primer día. Yendo y viniendo en la casa. Don Luna pidió muchas cosas. Luis María notó un cambio en la actitud del hombre.

La semana pasó y llegó  la semana de noche. Luis María entró a la habitación, estaba todo perfumado, Don Luna estaba afeitado.

__¿Como está?__ saludo el chico

__¡Bien, bien esperándote!

__¿Y eso?

__Nada, nada…__dijo el hombre

__¿Todo esta bien?¿alguna novedad?

__No no todo en orden__ el muchacho dio unas vueltas y volvió al cuarto y sentándose preguntó

__¿Y bien, qué paso con los otros cuidadores?

__¿Qué decís?

__Tu hija me contó que salieron huyendo de aquí

__¡Ah!¡Será por que le pedía cosas!

__¿Cosas?

__¡Sí cosas!

__Pero dime de una vez

__Cosas como…bueno…__mientras hablaba fue quitando las sabanas de encima suyo y le mostraba una verga erecta, encendida, mirando el techo. Luis María la vio y se dio cuenta de todo. Se acercó a al cama

__Tu quieres…__ y acarició la poronga deliciosa. Don Luna suspiró y se retorció caliente. Luis María se aferró a la herramienta y la masajeó suavemente. Miro la cara del hombre y vio en sus gestos que estaba muy caliente. Gimió. Estiró su cabeza hacia atrás mientras el chico ya subía y bajaba la piel del glande. Se veía más joven de lo que erra, es como si hubiese resucitado, se lo veía más fuerte, con los músculos tensos y las bolas infladas y llenas.

La boca del chico tragó el sable envuelto en llamas. La gorda pijota le llegó al fondo y dio unas arcadas pero no dejo que aquel animal lo hiciera retroceder.

__¡Ohh, eres un mamón hermoso!¡Siiii así hazlo así, oh que belleza de boca!!__ el chico siguió chupando y mordisqueando el animal con los dientes, eran mordiscos suaves y con la yema de los dedos acariciaba las bolas gordas del hombre, Don Luna se retorcía ante las chupadas del goloso muchacho, que tragaba sin darle respiro.

__¿Quieres acostarte aquí, ohh, en la cama, ahhh, si, si, conmigo??__ Luis María se quitó la ropa en un segundo y estuvo al lado del hombre, que lo acariciaba, con fuerzas y energía totalmente renovados. Era otra persona. Parecía mucho más joven.

Besó las tetillas del chico, con una fruición y un deseo tremendos. Parecía que hacía años que no estaba con nadie. Con las manos se había aferrado a los genitales del chico y los sobaba lentamente.

__¡Oh Don Luna!¡Ahh así, así!! ¿Por esto huían los demás?

__No querían que los tocara…¡¡¡Estoy tan caliente!!__ Don Luna se metió a la boca la pija candente del chico, la succionó con ardor y furia. La lengua rodeaba la cabeza palpitante y con los dedos empezó a horadar el anillo .

Los gemidos del muchacho delataron el gusto que sentía, al ser presa de aquellas caricias tan intimas. El hombre se metió las bolas de a una tragando y fagocitando aquel bocado precioso, arrancó alaridos del chico que descargo su líquido cremoso en la boca de aquel hombre.

__¡Mmmmm que manjar exquisito!!_ se relamía Don Luna tragando hasta lo último de aquel néctar.

__¡Ahora ven aquí diablilla!!__ dijo y tomando de las caderas al chico lo dio vuelta dejándolo culo para arriba. Masajeó su poronga y la puso en la entrada de Luis María que gemía esperando la estocada. Allá fue por su agujero deseado, fue entrado a pesar de los quejidos del chico, que resoplaba y gemía y lloriqueaba al recibir aquella espada.

__¡Ahhh despacio Don, despacio, ahhh!!

__¡Como te gusta putita!!

__¡Sí, si me encanta, ahhh, ay, ay sí, sí!!!__ la espada había sido enterrada y las bolas se chocaban con las nalgas firmes de Luis María que se contoneaba al recibir aquella vara inflada y dura. Las estocadas eran profundas y veloces. Don Luna gozaba de una manera juvenil y salvaje. Gruñía como una bestia. Prendido a las caderas del jovenzuelo que sacaba el culo para ser enterrado y taladrado sin miramientos. El hombre maduro iba y venía dentro del chico que se quejaba y gozaba de la cogida. Mordía el cuello del muchacho que se relamía de placer y lujuria con el culo ensartado, las bombeadas empezaron a acelerarse, las manos apretaban fuertemente las caderas de Luis María y el líquido no tardó en llenar al muchacho que gemía y el hombre gemía y balbuceaba palabras al oído, mientras se vaciaba poderosamente dentro del culito en llamas.

Luego el hombre cayó sobre la espalda del chico, que sentía como se escapaban como un río los flujos del placer y la locura.

El hombre le respiraba pesadamente en la nuca y el chico temió por la vida del hombre

__¿Estas bien?__ preguntó asustado

__¡Mejor que nunca!!__ contestó Don Luna extasiado.

__¡Tuve miedo!__ volvió a hablar el chico con el pedazo del hombre aún enterrado en su ojete juvenil.

La noche había empezado movida pensaba Luis María, mientras Don Luna sacaba su molusco desinflado del ojete que chorreaba jugos.

__¿Te ha gustado?

__¡Claro que sí!

__¡A mi también has estado de maravillas, tu culito es sensacional!!__ diciendo así metió los dedos en el abierto y dilatado anillo del joven que se contorsiono, así mismo, el hombre abrió la boca y se fundieron en un beso estrepitoso y caliente. Don Luna succiono la lengua del muchacho. La chupó y eso le produjo un tremendo placer. Su pija empezó a levantarse nuevamente.

Notó por cierto que la poronga del hombre también buscaba alzarse imponente golpeando contra su vientre. Mientras jugaban con sus bocas, el chico se aferró otra vez a la vara que se endurecía prontamente de Don Luna.

__¡Ohhh quieres mas verga mi putita hermosa!!¡¡Dime que quieres, dímelo!!

__¡Quiero que me la pongas otra vez!

__¡Ahhh mi perra si te la pondré otra vez!!¡¡Ahh masajéala!!__ Luis María se agarraba del pedazo de Don Luna que había crecido exponencialmente nuevamente. Se endurecía como si fuera un joven veinteañero.

__¡Ven bebé cabálgalo, anda sube a este pedazo que es todo para ti!!__ como poseído el muchacho se sentó a horcajadas de aquel hombre y el perno fue tragado milímetro a milímetro por su culito explosivo y joven.

Hundido en el, aquel garrote entraba y profundamente gozaba de aquel ojete.

Luis María se prendía de los hombros del macho. Subía y bajaba de aquel perno enloquecido que tanto placer le daba. Su pija se había endurecido de tal manera que el no recordaba. Saltaba de un lado a otro demencialmente.

Con las manos Don Luna abría las medialunas firmes del chico que gemía y saltaba sobre su poronga. Las pellizcaba. Las masajeaba, apretándolas, estrujándolas. Luis María se inclinaba y buscaba la boca del macho y se fundían en besos explosivos, ardientes. Las lenguas volcaban la saliva y se bebían todo.

El chico tocaba las tetillas de Don Luna, estaban duras y paradas, eran gruesas y marrones. Eso calentaba al hombre y aceleraba entonces las estocadas en su ojete de fuego.

__¡Ahhh quieres que te llene otra vez!!!

__¡Quiero tu leche, sí, la quiero, lléname, quiero sentir tus jugos en mi!!__ el macho apretaba las mandíbulas sosteniendo algo que no podría por mucho mas tiempo. Empezó a retorcerse, a buscar aire, mientras salía su leche en escupitajos gruesos llenando nuevamente el ojete del chico que gemía gozando.

El pecho del hombre estaba rojo y arañado. Sentían el fuego que los consumía. Era algo interior, inexplicable. Luis María sentado sobre el estilete que poco a poco se desinflaba, sentía como lentamente su propia pija escupía en la panza del hombre sus propios jugos, lo que hacía que la vara de Don Luna , extasiado tardará mucho más en desinflarse. Luego de unos besos mas, el garrote baboso salió de la caverna. Luis María se acostó nuevamente al lado del hombre que lo hacía gozar de aquella noche sin igual.

__¡Eres toda una belleza!__ comentaba el hombre

__¿Te gusta mi cola?

__¡Es enfermante de tanto que me está gustando!!__ se rieron de la ocurrencia.

Luego se levantaron a la cocina desnudos como estaban y comieron algo. Parecía que Don Luna había rejuvenecido. Estaba de buen humor. Le había cambiado hasta el rictus de la cara.

__¡Porque no te adelantas y llenas la bañera!__ propuso el hombre

__¡Bien como quieras!__ Luis María entró en el baño y abrió los grifos, busco espumas y sales, en realidad aquel baño les vendría ,muy bien, ya que el se sentía un poco sucio y pegajoso.

No tardaron nada en estar chapoteando en el agua. Se pasaban las esponjas por las espaldas, primero uno luego el otro, como jugando, como disfrutando del momento. Al parecer no se sentían agotados, como debería estar un hombre como Don Luna. Al contrario se sentía pleno y con energía. De eso se dio cuenta Luis María cuando se acercó a el y Don Luna tomando sus manos lo llevó a la entrepierna y notó que tenía el garrote endurecido.

__¿Otra vez?__ dijo sorprendido el muchacho

__¡Tu me pones así!__ diciendo así Don Luna salió del agua y se sentó al borde de la bañera. La poronga se blandía enhiesta y amenazante.

__¡Ven por tu bocado!__ en un instante Luis María se llevó a la boca aquella barra de carne. Le dio suaves mordiscos y lengüetazos que hicieron electrificar a Don Luna. Envolvió la cabeza con sus labios, le dio tiernos besitos a la cabezota que brillaba. Sintió que había movimientos en su entrepierna. Jugó un momento con las bolas del hombre que ya gemía y resoplaba desquiciado y tomando sus cabellos húmedos para que hundiera de una vez aquella poronga en la boca. El chico así lo hizo, trago lo que mas pudo, casi asfixiado, para placer de aquel macho.

__¡Ohhh que bien lo haces!!¡¡Siiii!!!__ gemía el hombre que era devorado por aquel muchacho.

Con la yema de los dedos había comenzado a acariciar las bolas de aquel hombre que estaban gordas de nuevo, llenas de líquido buscando salir. La lengua bailaba sobre el garrote, lo recorría de abajo a arriba, lamiendo la piel, lamiendo las venas y las fibras. Los suspiros de Don Luna se hacían cada vez más atronadores. Se aferraba a la cara del chico y lo acompañaba en los movimientos que hacía este. Hundiendo su boca y tragando aquel sable lujurioso.

Enfocado en eso estaba el hombre que no se dio cuenta de que estaba llegando al ápice de su placer y retorciéndose y hamacándose llenaba sin sosiego la boca del joven que lo estaba mamando. El grito estaba lleno de enjundia y locura.

Luis María tragó el néctar y quedó unos momentos más, con la morcilla en la boca,  dejando limpia aquella poronga que tan bien sabia.

__¡Eres muy dedicado en tus tareas mi joven amigo!__ resaltó Don Luna risueñamente. Hizo que Luis María se pusiera de pie y se besaron en medio de la bañera. Luego se secaron los cuerpos y salieron del baño.

Se acostaron en la amplia cama. Y lentamente se quedaron dormidos.

Luis María no sabía la hora que era, y no sabía si estaba soñando o era verdad, pero sintió unas cosquillas en su agujero abierto. No era un sueño era la lengua voraz de Don Luna, que buscaba abrir un poco más aquel ojete que tanto quería.

La somnolencia pasó enseguida para dar paso al amante enfurecido que ya con su potente palo buscaba entrar en la abertura. Así de costado como estaba el estilete se abrió paso y el joven explotó en un suspiro caliente.

Una vez adentro Don Luna empezó a ir y venir, mordiendo el cuello, chupando y lamiendo desesperado. El ojete de Luis María estaba siempre predispuesto para el perno del hombre.

Don Luna manoteaba y acariciaba la pija de su amante joven y lo masajeaba. Sobaba las bolas del muchacho y bombeaba al máximo enterrando su batata hasta golpear con sus bolas aquellas firmes nalgas.

Los suspiros y jadeos, se convertían en gemidos y gruñidos. No tardó mucho el joven en lanzar escupitajos de semen por todas las sábanas. Eso enardeció al amante y sus sacudidas fueron cada vez más violentas y furiosas. Veloces. Horadando el anillo. Llegando a zonas profundas. Así lanzó cremosos escupitajos de leche. Aferrado a las tetillas del joven. Mordiendo y chupando. Montado sobre el otro cuerpo.

Al otro día bien temprano llamaron a la mujer que debía reemplazarlo para que no viniera. Así Don Luna lo montaba al chico sobre la mesa. Luego lo cogió sobre una silla. En el suelo. El hombre había dejado la cama. Estaba recuperado de su afección. Luis María al tiempo regresó a su hogar y ya las veces que iba a lo de Don Luna no era para cuidarlo.-

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