Mi amiga la Infiel.

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Hola. Me llamo David y soy de Barcelona. Tengo 36 años y si me he describir os he de decir que soy un chico de lo más normal. Ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco, y bajito (1,60). Quien espere leer un relato con un pedazo de tío como protagonista, que deje de leer. No soy así. ¡Ah! Y debo ser el único bicho raro que tiene una polla normal, ya que si uno lee relatos todos tienen (o tenéis) unos pollones increíbles…

Bueno, al lío. Estoy casado desde hace 5 años, pero aunque la quiero con locura lo cierto es que en la cama podría ser mucho mejor. Es muy clásica, diría que vergonzosa, sin demasiadas ganas de probar cosas nuevas… y yo en cambio soy lo contrario.  No soy un hacha, pero soy de los que piensan que en el sexo no ha de haber límites dentro del respeto y de lo que sea consensúe con la pareja. Y me encanta probar nuevas cosas, tener nuevas experiencias. Y ya que con ella no puedo, pues eso me lleva a buscar este “plus” fuera de mi pareja. ¿Si me siento mal por ello?. No. Mi manera de pensar es que el sexo, aunque importante, es un accesorio del amor, y mientras no se haga daño a la persona, uno ha de ser libre de hacer lo que quiera (ojos que no ven…). Puede parecer una forma de pensar egoísta, pero lo que no voy a hacer es dejar de disfrutar cuanto pueda de algo que me gusta tanto como el sexo.

Hecha esta pequeña introducción paso a explicaros mi aventura con una vieja amiga. Y los hechos son reales. No voi a inventar. Me gusta la realidad, e imaginar relatos y hacerlos propios… pues no le veo al gracia la verdad…

Hace años estuve liado (saliendo sería incierto) con Diana, una chica 3 años menor que yo. Y con ella os aseguro que tuve los mejores polvos de mi vida. Fogosa, caliente, sin límites y una auténtica diosa en la cama. Sabe moverse, sabe chuparla, sabe qué decir y cómo… una diosa, como os digo.

Tras unos meses liados lo dejamos estar, ya que la cosa podía ir a más y yo no me veía con ella como pareja, y seguimos como amigos. Además, yo conocí a mi actual novia, y ella empezó a salir con otra chica. Sí, otra chica…

Pero nos seguíamos viendo, quedando de vez en cuando, y lo cierto es que Diana siempre me ha puesto, así que nunca dejaba de intentar liarme con ella. Pero imposible, entre que ella estaba con pareja, y que le sabía mal que yo pusiera los cuernos a mi chica, lo más que conseguía eran cuatro besos. Sin más.

Hasta hace unas semanas. Ella había cortado con su novia, y eso me daba más oportunidades. Efectivamente, quedamos una mañana, como siempre en su casa, y nos sentamos en el sofá a charlar y fumar unos porros.

No me preguntéis de qué hablamos… ni idea, sólo sé que como siempre, yo estaba acariciandola y acercándome mucho a ella, tratando de buscarla, y cómo siempre (o eso parecía), sin éxito. Pero esta vez fue diferente.

No sé bien cómo acabó recostada conmigo pasándole el brazo por detrás mientras con mi otra mano acariciaba su tripita. Sin meter mano, pero con la mayor insinuación que yo podía. Mi dedo recorría su tripa, su ombligo haciendo círculos, buscando el límite de sus shorts y el límite de la camiseta, que se había levantado. Lo cierto es que la situación me estaba poniendo muy muy caliente. Como os he dicho, sólo tenerla cerca ya me pone bastante “nervioso”. Ella hacía rato que estaba callada, disfrutando del masaje. Y empecé a notar que su respiración había cambiado, estab más agitada.

De pronto me di cuenta de que mi otra mano se había desplazado involuntariamente hasta su pecho, sobre su camiseta, y rozándola. Ella no se quejaba, así que como quien no quiere la cosa empecé a mover el dedo, acariciando sobre la tela, buscando su pezón. No hubo quejas.

Cerca como la tenía, oliendo su pelo, giré mi cabeza y le di un suave beso cerca de la oreja. De nuevo ninguna reacción. Mi corazón iba a mil por hora y la polla ya me dolía de excitación. ¿Podría ser que esta vez sí volviésemos a follar tras tantos años?. Le di otro beso, en la mejilla, mientras mis manos seguían acariciando. Y esta vez sí se movió. Empezó a incorporarse y yo estaba convencido que hasta ahí habíamos llegado… cuando de pronto ella me miró y me soltó…

–       Joder, cabrón, vaya calentón…

E incorporándose buscó mi boca con la suya. Pero no fue el clásico beso que a veces nos dábamos. No. Literalmente me comía la boca, su lengua no paraba quieta, recorriendo cada rincón de la mía, mandando ella, llevando el ritmo. Fue un beso espectacular. Mientras nos besábamos mi mano izquierda bajó de su ombligo buscando, ahora sí, su entrepierna, y acariciando su coño por encima de los shorts, notando su calor y su humedad. Nos comíamos la boca sin parar acariciándonos mutuamente, deseándonos con fuerza.

            Ella se acabó de incorporar del todo y tras levantarse me reclinó en el sofá y se sentó a horcajadas encima mío al tiempo que se quitaba la camiseta, sin sostén debajo.

–       Aquí mando yo. – me dijo.

Por fin pude volver a acariciar esas increíbles tetas que tiene (y no son la parte que más me pone de una chica…), amasándolas y jugando con sus pezones mientras seguíamos besándonos entre jadeos. La incorporé y llevé sus pechos a mi boca, jugando con mi lengua con sus pezones mientras mis manos por fin, después de tanto tiempo,  volvían a colocarse en su culo, acariándolo, presionando esas duras nalgas que tiene, y colándose en la raja, buscando su coño. Diana se movía simulando follarme mientras lo hacía, imaginando que notando la dureza de mi polla.

Finalmente se levantó y se bajó de un tirón pantalón y bragas, al tiempo que yo me quitaba mi camiseta y desabrochaba mi pantalón para que no me doliera más, dejándome a la vista su coño depilado. Cuando volvió a su posición mi mano buscó su coño. Dios, estaba ardiendo y completamente empapado. Qué gozada acariciarlo mientras ella jadeaba volviendo a meter su lengua en mi boca, devorándonos. Yo estaba a 1000 cuando ella volvió a levantarse, dejando que yo me bajara un poco mis pantalones y calzoncillos, dejando mi polla, totalmente erecta a su vista. Ella la miró, me volvió a mirar y me dijo , mientras cogía mi polla con su mano,

–       A ver cuánto me aguantas, cabrón

–       Con lo caliente que estoy, poco.

–       Vas a ver lo que es una buena mamada –ya que ella sabe que me quejo que mi chica no las hace demasiado bien.

Y se reclinó sobre mi polla engulléndola de una sola vez. Joder. Su lengua jugaba con mi polla dentro de su boca y empezó a chupármela con fuerza, literalmente follándome con su boca, mientras yo la masturbaba con mis dedos, recorriendo su coño, acariciando su clítoris.

Su boca subía y bajaba mientras masajeaba mis huevos. Dios… qué gozada Eso sí era una mamada como dios manda. Pero las horas previas de caricias me habían puesto ya a mil y tras no haber descargado yo en 2 días veía que me iba a correr demasiado pronto, así que le pedí que parara, y cuando lo hizo le cogí de las caderas y la elevé, dejando su coño a la altura de mi boca. Dios.. qué olor… qué gozada… y sin dudarlo me lancé a por él con mi boca, separando sus labios con mi lengua, dejando que todos sus jugos me impregnaran y saboreándolos. Mientras mis manos acariciaban su culo mi lengua jugaba con su clítoris, acariciándolo en círculos, dejando que de vez en cuando mi lengua bajara recorriendo todo su coño, para al llegar al agujero, introducir mi lengua, moverla todo lo hondo que podía y moviéndola recorriendo todas sus paredes, follándola con mi lengua, para luego volver a su clítoris. Diana se movía y gemía de placer, lo cual me incitaba a no parar, a seguir comiendo ese manjar, alargando el momento, tragando sus fluidos sin dudarlo.

Dios, hacía tiempo que no estaba tan caliente. Cuando ella se separó de mí y empezó a desplazar su cuerpo hacia mi polla. Yo estaba convencido de que iba a follarme, pero me dijo

–       Vamos a jugar un poco…

Y se sentó a horcajadas sobre mi, posando su coño en todo el largo de mi polla, aplastándola contra mi vientre, y empezó a moverse como si follara, masturbándose con mi polla, gimiendo mientras mis dedos jugaban con su clítoris. Y por mi parte aquello era el paraíso, notando su coño en toda mi polla, abrazándola, notando como me la empapaba. Un lap dance de puta madre que me estaba sacando de mis casillas. No quería que terminara nunca. Estaba en la gloria.

Diana se inclinó para volver a besarme, y al levantar sus caderas mi polla salió un poco de su prisión. Ella no paraba de moverse, de masturbarse con ella, hasta que en un momento, sin ayuda de manos ni intención, ésta se introdujo en su coño. Literalmente se deslizó en su interior de lo mojada que estaba. Y empezó a cabalgarme, ahora sí, follándome. Porque yo no le estaba follando: ella me follaba a mí.

Diana me follaba a un ritmo constante, dejando que mi polla se introdujera hasta el fondo de su coño, y moviendo sus caderas en círculo cuando esto sucedía. Ella gemía suavemente  y no cesaba de follarme, hasta que a los poco minutos, no lo voy negar, por lo caliente que iba, le tuve que pedir que parara y levantarla para que mi polla saliera de su coño y con sólo dos sacudidas con mi mano empezara a correrme como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Ella me miraba con una pícara medio sonrisa, sabedora que me había puesto a mil y me había regalado un polvazo. Volvió a inclinarse y de nuevo nos besamos.

Me levanté para ir al lavabo y limpiarme los restos de leche, y cuando volví ella estaba estirada en el sofá. Dios, que visión. Fui a buscar mi ropa cuando me dijo.

–       ¿Qué haces?, ¿dónde vas?, esto todavía no ha terminado.

Con una cara de atontado total me volví con ella al sofá, tumbándome a su lado para volver a besarla mientras mi mano acariciaba su coño, masturbándola de nuevo, jugando con su clítoris, y de vez en cuando metiéndole dos dedos, follándola con ellos, y viendo como de su coño salía ese espléndido líquido blanco señal de que había llegado al orgasmo.

Ese manjar no podía desperdiciarse, así que dejé de besarla y bajé mi cabeza para poder saborear ese zumo, poder tragarlo, poder deleitarme con él. Cuando quedé saciado me incorporé y acerqué mi polla a su coño, para empezar a acariciarlo con ella, recorriéndolo entero mientras miraba sus ojos de viciosa y de deseo, hasta que al final, y sin estar 100% dura por la anterior y reciente corrida e la metí empezando a follarla, sin dejar de mirarle a los ojos, acariciando sus pechos y sus costados, besándola de tanto en tanto mientras la follaba lentamente, profundo, viendo como ese líquido blanco que tanto me gusta salía de su coño impregnando mi polla.

Tras un rato en la posición del misionero la saqué, y ella, como leyéndome el pensamiento, se dio la vuelta y se colocó a cuatro, en al posición del perrito. Dios, como me gusta su culo… así que en vez de seguir follándola me lancé a por él con mi boca, y mientras masturbaba su coño empecé a comerle el culo, chupando con fuerza, haciendo círculos con mi lengua y saboreándolo. Sabía a cualquier cosa menos mal. Olía a cualquier cosa menos mal. Oía sus gemidos y notaba sus movimientos indicándome que le gustaba. Así que, ¿por qué parar?. Seguí unos minutos más y dirigí mi dedo índice a su ano. Pero ella me detuvo con un rotundo “no, que hace mucho, y me duele”. Evidentemente me quedé con las ganas, pero, ¿recordáis lo que antes he dicho de respetar a la pareja de cama?. Pues eso. Así que dirigí mi polla de nuevo a su coño y empecé a follarla de nuevo, metiéndola hasta el fondo, dejando que mis huevos chocaran contra ella, mientras le acariciaba las tetas y le llamaba “perrita”, “mi zorrita”…que sé que le encanta.

Al ser un sofá estaba bastante incómodo, pero eso no fue un impedimento para que al poco tiempo notara que volvía a correrme, y la sacara para correrme sobre su espalda. Una corrida no tan copiosa como la primera, por supuesto, pero dejándome en la gloria.

Fui de nuevo al lavabo a por papel para limpiarla, y limpiarme a mí.

Diana me soltó uno de esos comentarios que pueden destrozar a un tío: “te recordaba con más aguante”, pero mi respuesta no podía ser otra: “me has puesto a mil, y hacía mucho tiempo que deseaba esto”.

Nos vestimos y tras descansar un poco me fui a casa. Al día siguiente eché uno de los mejores polvos que recuerdo con mi novia, aprovechando la lección de Diana de “aquí mando yo”, llevando yo la voz cantante como pocas veces.

He intentado volver a acostarme con Diana varias veces, pero sin suerte. Fue un calentón, pero luchar contra su sentimiento de culpa por tener yo novia es muy difícil. Pero seguiré intentándolo. Y ojalá vuelva a pasar. Ya que si además de buenos amigos podemos disfrutar del sexo… ¿por qué no?

Espero que os haya gustado. Podéis hacerme todos los comentarios que queráis, y bienvenidos serán. O si queréis compartir conmigo otras experiencias, estaré también encantado. Mi mail es daviddbcnn@hotmail.com

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