De Santa a Puta 2.

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En el pasar de los días las cosas continuaron con ese ritmo, como si hubiéramos vuelto a ser un par de adolescentes, incursionando por primera vez. La casa se había convertido en nuestro lecho de amor, donde fuera, a la hora que fuera, empinada en la cocina, en el baño, en el antejardín rogando porque no pasara nadie por fuera y nos descubriera en semejante situación.

 Ya no había limites, poco a poco lograba liberarme de mis tabúes, prejuicios y miedos autoimpuestos, lo que antes era negación y vergüenza, ahora se habían convertido en condescendencia y ganas de explorar en búsqueda de mi placer. Les mentiría si les dijera que fue fácil, pero la verdad es que nunca había disfrutado tanto nuestra intimidad y vida sexual.

 Una mañana íbamos de compras para la semana, como buen día domingo la feria estaba colapsada de gente, tuvimos que estacionar bastante apartados. Antes de bajar del auto me robó un apasionado beso y acarició mi muslo levantando un poco vestido floreado que él mismo me había pedido que vistiera ese día, lo que respondí con un agarrón a su abultado paquete.

—Necesito pedirte un favor — me dijo con un excitado susurro.

—Todo lo que quiera — le respondí.

 A lo que mete su mano bajo mi vestido, y suavemente comienza a bajar mi ropa interior, me levanté un poco para despegar el culo del asiento, con lo que termina bajando mi calzón por completo, al llegar con ellos hasta mis tobillos me ayuda a sacar de a uno mis pies, con ellos en su poder los acercó a su cara y les dios una profunda olfateada.

—Que rico huele tu coñito mi amor, me vuelve loco tu aroma. Por favor, ¿te podrías bajar a comprar así?

—¿!Así! Y si se me ve todo?

 Me besa deseoso y mientras separa mis piernas para acariciar, me responde:

—No estaría nada de mal, verás, hay veces que cuando vamos por la calle, me gusta distanciarme de ti unos metros y fijarme discretamente en todos los que te miran, tú no te das cuenta, pero son muchos los que clavan su mirada en tu rico culo, te recorren de pies a cabeza comiéndote con una lujuriosa mirada. Y si te soy honesto eso me calienta, me enloquece de placer.

Tímidamente accedí a su petición.

—vamos mi amor, suena interesante. — le dije.

 Apenas bajamos, el vestido estaba metido a mas no poder entre mis nalgas. No era ajustado ni tan corto pero el viento lo levantaba mucho, había momentos en que mi culo y mi pubis quedaban completamente expuestos. Mi marido lo estaba disfrutando demasiado, vez que podía me daba disimuladas caricias y agarrones en mis nalgas, y no se restringía al besarme apasionadamente a vista de todos. Me costaba jugar a la exhibicionista, pero algo provocaba dentro mí, una sensación rica en mi vientre me venía cada vez que me sentía observada, comencé a fijarme a mi alrededor, tenía razón, llamaba mucho la atención, eran varios los que me miraban con morbo, de vez en cuando pasaba muy cerca de alguno y no dudaban en rozar mi cuerpo.

Terminadas las compras volvimos al auto, calientes a mas no poder, besándonos y acariciándonos. Separa mis piernas para encontrarse con mi vagina toda húmeda, lista para recibir su amor. Rápidamente partimos rumbo a casa, no dejó de jugar con mi sexo en ningún momento, solo para pasar las marchas o probar el sabor de mi coño en sus dedos, me tenía en llamas y la posibilidad de que nos pudieran estar viendo solo aumentaba mi morbo y excitación. Cuando por fin llegamos a casa volvimos a desatar toda nuestra pasión y lujuria, recostada en la cama abierta de piernas comenzó a lamer y besarme de pies a cabeza, conoce exactamente los puntos donde exploto de placer, en lo que metía su rica lengua en mi agujero, acariciaba delicadamente mi clítoris, a lo que me dice:

—Quiero que te toques para mí, mastúrbate.

—No sé muy bien cómo hacerlo.

—Es fácil solo estimula suavemente donde más rico se sienta.

A lo que toma mi mano derecha y la lleva a su boca, chupándome los dedos, los deja bien lubricados para luego llevarlos a mi propia vagina, puso sus dedos sobre los míos y como suerte de guía comenzó a estimularme con mis propios dedos.

—¿Rico?

—Sí, demasiado— le respondo entre leves gemidos.

—Ahora aquí mira.

Continuó guiando mis dedos, ahora metiéndolos juntos en mi vagina.

—Estás empapada, se nota que te encanta.

—Más rápido por favor, estoy a punto de correrme— le suplico entre intensos gemidos.

—Ahora el control de tu placer lo tienes tu mi amor, sigue como más te guste.

A lo que él alza mis piernas y se recuesta con su cara en mi entrepierna, como para seguir dándome placer con su boca, mientras yo seguía metiéndome mis deditos bien ricos. Acerco su lengua a mí, pero ahora el objetivo era otro, comenzó a lamer y besar mi culo, abriendo mis nalgas con sus firmes manos, su legua cada vez se acercaba más a mi rajita, hasta que llego a mi ano, y comenzó a lamerlo profusamente mientras gemía con locura, estaba vuelto loco de placer.

—Lo siento mi amor, pero ya no aguanto más, tu ano virgen tiene que ser mío.

Fue la sensación más extraña que he tenido, admito que se sintió bastante incómodo, pero a la vez exquisito, estaba algo avergonzada y preocupada por, Uds. Saben, que no saliera nada que no quisiera, pero al mismo tiempo no quería que se detuviera, cuando hacia presión como para meter su lengua era cuando mejor se sentía.

—No te preocupes mi amor no lo penetraré, por ahora, nos prepararemos mejor para hacerlo en otra oportunidad, solo déjame jugar con tu agujerito tan rico un poco más.

A lo que comenzó a meter uno de sus dedos, delicadamente y poco a poco cada vez más adentro, de vez en cuando lo lamia y escupía para que estuviera bien lubricado al entrar, doloroso e incómodo, perdía un poco mi capacidad de retener, estaba un poco preocupada por eso, pero me tenía en las nubes. Mientras yo seguía masturbándome, todavía ni me penetraba y ya había perdido la cuenta de las veces que me había corrido, las sabanas estaban empapadas de mí. Cuando por fin logró meterme su dedo por completo comenzó a penetrarme con él como si de su pene se tratara, terminando completamente conmigo, tuve un fantástico orgasmo, mi vagina se contraía y dilataba soltando chorros y más chorros, llegando a unas distancias sorprendentes, ni yo lo podía creer. Una vez más terminé gritando como una puta desenfrenada, a estas alturas mis vecinos ya deben odiarme. Para terminar, se acostó y me subió sobre él, yo ya mucho no podía aportar, con mis piernas acalambradas y faltándome la respiración a mas no poder, mi vagina era un hormigueo constante y contracciones por lo que solo me recosté en su pecho, a lo que me agarra firmemente de mis nalgas mientras me penetra con su deliciosa verga, me levantaba las nalgas y las empujaba a su pene para penetrarme bien, coordinando con intensos movimientos pélvicos, remeciéndome completamente, trataba de no gritar tanto, pero era imposible, estaba a punto de explotar. Comenzó a susúrrame sin dejar de penetrarme.

—Me encanto verte deseada por otros mi amor, fueron varios los momentos, es que se te vio todo y muchos fueron los que quedaron maravillados.

—Estaba muerta de vergüenza, pero debo admitir que despertó algo en mí, muchas sensaciones muy fuertes que no conocía— le respondí entre fuertes gemidos.

—tengo que ser honesto contigo, la idea de compartirte me encanta, es mi fantasía más íntima.

A medida que me confesaba sus deseos se iba poniendo más y más caliente, y comenzó a penetrarme cada vez más rápido.

—¿Lo harías mi amor, serias capaz?

—Sabes que soy pésima relacionándome con otras personas, ni hablar de tocar temas íntimos o privados, pero por ti mi amor haría lo que fuera.

Dicho eso comenzó a darme a máxima velocidad, logrando que termináramos los dos juntos, con un intenso orgasmo, acompañado de gritos y mucho más líquido y semen, no lo podía creer, estaba muerta tratando de recuperar el aliento, quedé rendida, a lo que él se encarga de asearme un poco y ponerme sobre sabanas limpias, estaba más inconsciente que despierta, hasta que me quedé dormida ahí mismo.

Al día siguiente me encontraba en el centro médico donde trabajo como paramédica, este se encontraba en paro así que no había mucho que hacer, la gran mayoría estaban realizando una marcha en el centro de la ciudad y no estábamos atendiendo. A unos pocos nos tocó quedarnos para mantener todo en orden. Ya cuando no quedaba nada más que hacer me puse a charlar con mi marido por WhatsApp, me contó de un gran amigo que vendría a la ciudad por un tiempo en búsqueda de trabajo, y me preguntó si no tendría problemas en que se quedara en casa con nosotros por una temporada, teníamos una habitación sin ocupar y con entrada independiente, así que prácticamente ni lo veríamos, lo que de cierta forma era bastante comprometedor, puesto que mi marido trabaja fuera de la ciudad y se va semana por medio, es decir una semana lo tengo con migo y la siguiente quedo sola. Le dije que no tenía problema alguno, ya había tenido la oportunidad de conocer a su amigo Ricardo y es un gran sujeto, responsable y muy respetuoso. Cambiamos de tema, la conversación comenzó a tornarse más caliente, recordábamos todo lo que habíamos hecho esos últimos días, ya estaba perdiendo el control, así que con la excusa de ordenar un poco me fui a esconder a uno de los box de tratamiento, ahí estaría sola. Seguimos charlando con mi hombre. Las cosas seguían subiendo de nivel, comencé a tocar mi entrepierna por sobre la ropa y le enviaba videos mostrándole como lo hacía, y él me mandaba de su rico pene masturbándose, luego me pidió que le mostrara más, me aseguré que no anduviera nadie cerca y me grabé bajando mi pantalón del uniforme, y corriendo mi calzón a un lado para mostrarle mi vagina y tocármela para él. Escuché pasos muy cerca, así que tuve que abortar, era una de mis compañeras que andaba de aburrida, así que tuvimos que dejarlo hasta ahí.

Pasado unos días, llegó Ricardo a la casa, el ambiente estaba muy alegre, compramos unos tragos para celebrar y yo cociné algo especial para recibirlo como corresponde. La pasamos increíblemente bien, bailamos un poco, cosa que nunca hago, pero me sentí tan a gusto que cuando me lo ofrecieron fue imposible decirles que no, jugamos, reímos, bromeamos, la bienvenida perfecta.

A medida que pasaban los días me daba cuenta de que no había sido mala idea recibir a Ricardo en casa, era agradable tener a alguien con quien compartir cuando mi marido no estaba además de mis gatos, claro, considerando esos pequeños inconvenientes de tener visitas en casa, como tener que compartir el baño, o las libertades que se pierdan, como querer quedarse en pijama hasta tarde o liviana de ropa. Pero al menos mi marido se iba bien tranquilo a trabajar sabiendo que alguien de confianza estaba conmigo en caso de emergencia.

Una tarde debía pasar a retirar los resultados de unos exámenes médicos y llevárselos a mi ginecólogo, puesto que mi periodo se había atrasado, y como no me estaba cuidando con ningún método anticonceptivo hace algunas semanas y había cambiado mi vida sexual completamente, todo apuntaba a que podía estar embarazada. Lo cual hubiera sido una gran noticia, a pesar de no estar en los planes. Como siempre estaba muy nerviosa, las visitas al ginecólogo siempre habían sido, por decir lo menos, traumáticas para mí, tener que compartirle información tan íntima y tener que exhibirme a él no había sido nada fácil en el pasado, me tranquilizaba ir acompañada, por mi madre en las primeras visitas y luego por mi marido. Pero esta vez no sería posible, puesto que él no se encontraba en la ciudad, y no podía perder esta hora ya que el doctor se iría de vacaciones. Hablé con mi marido de la situación y me dijo que lo mejor sería que me acompañara Ricardo, él no tenía ningún problema con eso, todo lo contrario, se quedaría muy tranquilo si me acompaña él. Lo medité profundamente, y no me pareció una mala idea, había sido todo un caballero en casa, muy atento y respetuoso y se había ganado mi confianza, me sentía muy tranquila con su compañía.  

—No es una mala idea, pero no me atrevería a preguntarle, ¿le puedes preguntar tú por favor?

—¡Claro! Te aviso.

Pasado unos minutos Ricardo se me acerca y me pregunta.

—¿Cuándo tienes la visita al doc?

—Mañana en la mañana— le respondí con bajo perfil.

—No te preocupes, yo estaré contigo en todo momento. El Iván me conto lo difícil que es para ti y no te dejaré sola.

Se lo agradecí de corazón, me abrazo muy tiernamente y me dio un beso en la mejilla.

A la mañana siguiente partimos a primera hora, Ricardo manejaba mientras me daba palabras para relajarme, estaba muy nerviosa, se notaba en mi rostro. Retirados los exámenes, indicaban que no estaría embarazada, pero sería el doctor quien dijera la última palabra. Sin demora, partimos a la consulta del doctor, estaba en un edificio enorme, el largo viaje en el ascensor me estaba haciendo sentir bastante mal, Ricardo al darse cuenta, me abrazo y me acogió en su pecho, su colonia era reconfortante y me ayudó a sentirme mejor. Al llegar estaba repleto de mujeres embarazadas, con vientres de todos los tamaños y todos los colores, nos atendió la recepcionista que fue muy simpática, tomamos asiento y la sala me daba vueltas, solo me quedaba apoyar mi cabeza en el hombro de Ricardo, mientras el acariciaba mi mano y a veces mi cabeza. Llegado mi turno la recepcionista nos hace pasar.

—¡Señorita Catalina, adelante es su turno!

Tenía que caminar apoyándome con el brazo de Ricardo.

—Buenos días, señorita Catalina, tomen asiento. Dígame, en que la puedo ayudar.

—Le traigo los resultados de la prueba de embarazo doctor.

—Permítamelos… oh si ya veo, según esto no estaría embarazada, ni de cerca.

—Pero doctor, recuerda que le había dicho que ya no me estaba cuidando, y las ultimas semanas he tenido relaciones continuamente con mi marido, y mi periodo que se me ha atrasado unos días.

—Sí, pero no fue hace mucho que dejo de cuidarse, verá, se necesita de mucho tiempo para que un método anticonceptivo deje de hacer efecto, semanas, incluso meses en algunos casos, en las indicaciones del anticonceptivo y las instrucciones que damos los ginecólogos en tiempo es bastante menor, pero básicamente es por una medida preventiva. Mire vamos a realizarle una ecografía intrauterina para su tranquilidad, en caso de encontrar nada mi recomendación sería que vuelva a cuidarse con su método habitual y evite tener relaciones, o en caso contrario usen condón por tres semanas. Ahora vaya detrás del biombo se quita la ropa, póngase la bata y se recuesta en la camilla.

Solté la mano de Ricardo que había pasado completamente inadvertido como mi marido y que no se había alejado de mí en ningún momento, y caminé hasta detrás del biombo, me saqué el vestido y me puse la bata, me acerco a la camilla, el piso estaba muy frio, Ricardo ya me esperaba a un lado de la camilla. Me acosté con mis piernas juntas intentado taparme lo más posible, pero era imposible cubrirme del todo, tomé su mano nuevamente. A la distancia el doctor me dice:

—la ropa interior tiene que sacársela, la parte de abajo.

Con Ricardo nos miramos sorprendidos, un cosquilleo me recorrió de pies a cabeza, mis piernas no paraban de temblar, estaba demasiado nerviosa. Antes de que se lo pidiera Ricardo ya estaba acercando sus manos para ayudarme, levanté mi trasero y el me quitó mi calzón blanco, guardándolo en su bolsillo, puse mis piernas en las perneras de la camilla, quedando todo mi sexo a su vista, mi rostro de piel clara estaba todo ruborizado a más no poder, volvió a tomar mi mano y con la otra comenzó a acariciar suavemente mi muslo.

Cuando llegó el doctor, se instaló en una pequeña silla, sacó un instrumento con forma fálica, le puso un condón y lo lubricó abundantemente en la punta, sin vacilar ni delicadeza lo introdujo en mi vagina, estaba muy frio, solo cerré fuertemente mis ojos y apreté la mano de Ricardo. Cuando terminó de explicarle a Ricardo que no había nada en mi interior que fuera parecido a un bebé ni de cerca, me pude bajar por fin, caminé al biombo a vestirme nuevamente, mi entrepierna estaba toda resbalosa, sentía como bajaba ese líquido por mi muslo, me puse nuevamente el vestido y nada más, ya que mi calzón se lo había quedado Ricardo, solo disimule y se lo pediría después.

Al retirarnos de la consulta no me atreví a decirle nada, fue todo silencio hasta el ascensor, en el que se inclinó ante mi abriendo mis calzones para que me los pusiera, diciéndome:

—Fuiste muy valiente, ahora debes estar tranquila, lo peor ya pasó.

Poniéndomelos completamente él, acomodándomelos adelante y atrás.

—Sin ti hubiera estado perdida, discúlpame por el que tuvieras que verme demás, dudo mucho que hayas querido conocerme tan a fondo, de verdad no me lo esperaba.

—Con todo respeto, pero esa fue la mejor parte.

Su rostro estaba pegadísimo al mío, me tenía arrinconada en ese pequeño ascensor.

—Te lo puedo agradecer de alguna for…

No alcanzo a terminar la oración, cuando me roba un beso, y nos abrazamos mutuamente mientras pasaba mi lengua por alrededor de la suya. Sabía que no estaba bien, pero se sentía indescriptiblemente delicioso, nunca jamás en mi vida había probado los labios de otro hombre, era tan distinto, más la lujuria de lo prohibido me hicieron perder la cabeza y la entrepierna. Sus manos levantaron mi vestido para acariciar mi culo por sobre el calzón que el mismo acababa de colocarme, llevó una de sus manos a mi parte de enfrente para acariciar mi coño, para lo que le abrí mis piernas para hacérselo más fácil, mientras que mi mano también hacia lo suyo en su paquete. Unos pisos antes de llegar suena la maldita campanita del ascensor indicando que se detendría para que subiera una persona. En una reacción casi felina nos distanciamos y arreglamos como si nada hubiera pasado, pero nadie se puede mover tan rápido, la señora solo nos miró fijamente con un gesto juicioso sin hacer ningún comentario.

Continuara…

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Un comentario sobre “De Santa a Puta 2.

  • el julio 28, 2019 a las 11:19 am
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    ya se te ha puesto caliente tu chochito… deja espacio a tu marido y te veo ya bajo Ricardo follando.. anda que fría eras y que tenias
    guardado dentro de ti.. si a tu marido le gusta verte follada por terceros, puyes adelante entregate y disfruta

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