Sorpresa por la mañana – relatos porno

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 Hace mucho tiempo que no escribía, como ya decía en otro de mis relatos las cosas en casa están demasiado ajetreadas como para poder coger algo de tiempo y preparar algo más allá de un polvo nocturno. Sin embargo el día que menos te lo esperas las sorpresas entran por la ventana y la monotonía sale por la puerta. O al revés.

            Era un viernes de julio de lo más caluroso, tanto que ni con todas las ventanas abiertas y con menos ropa que Tarzán, se podía estar en casa. Yo tenía trabajo pendiente, mi mujer una boda familiar, de la que me había escabullido vilmente, y los  niños se habían ido a pasar el fin de semana a casa de unos amigos. En algún otro momento habría pensado en organizar alguna sorpresa a Natalia, pero en esta ocasión yo sólo tenía la cabeza centrada en el trabajo, tenía que hacer una entrega pronto e iba retrasado en su escritura. Así que jamás pensé que se fuese a dar lo que más tarde, mucho más tarde, ocurrió. No creo que ninguno de los dos se lo esperase.

            Llegaron las ocho de la noche y Natalia se acercó al despacho para darme un beso y decirme adiós. Estaba magnífica, un vestido negro ajustado que quedaba a mitad de muslo y un escote generoso, pero que no dejaba ver nada. Zapatos de tacón y un suave olor a vainilla que impregnó la habitación durante toda la noche. En otra ocasión la hubiese dicho algún piropo y quizás alguna tímida obscenidad, pero en aquel día mi cabeza estaba en otro tipo de ficciones.

            – ¿Voy bien? No me gustaría ir demasiado.

            Demasiado, ¿qué? ¿Demasiado guapa? ¿Demasiado sexy? ¿Demasiado vestida? ¿Demasiado arreglada? Se hubiera merecido cualquier salida de tono, pero como digo aquel no era mi momento. Así que asentí tontamente con la cabeza y la miré brevemente.

            – Estás estupenda.

            – ¿Sólo eso? ¿No me vas a decir nada más? Nada de, ten cuidado con lo que haces, o un ¿llevas bragas? ¿Nada?

            La volvía a mirar y sonreí, o eso quiero creer.

            – No creo que deba tener miedo, de eso. Vas muy guapa cariño.

            Natalia soltó un suspiro de resignación y me dio un leve beso en los labios. Se ajustó el vestido y volvió a suspirar. Dio igual, yo casi ni separé la vista de la pantalla.

            – En fin, espero que por lo menos te cunda.

            Solté un `que te diviertas’ que dudo que escuchara porque la puerta se cerró a la vez.

            Desconozco cuanto tiempo estuve centrado en mi procesador de textos, las palabras fluían con cierto ritmo y me sentía si no inspirado, por lo menos si eficiente. Supongo que si no llega a sonar el mensaje del teléfono hubiese seguido escribiendo mucho más tiempo, pero sonó. Fue entonces cuando me di cuenta de que la noche había llegado y que era realmente tarde, tanto que ya no era viernes. Era un mensaje de Natalia diciendo que se lo estaba pasando muy bien y que esperaba que me estuviese cundiendo, y que la gente había preguntado por mí. Esto último lo dudaba mucho, pero no era cuestión de hacérselo ver a mi mujer, a fin de cuentas era su familia.

            Miré la hora y luego el ordenador. Tenía hambre y era tarde. Dudé sobre si seguir o no trabajando, pero en mi interior sabía que ya me había exprimido todo lo que había podido y que volver a teclear únicamente serviría para frustrarme. Así que fui a la cocina y me preparé algo ligero. Me senté frente a la tele e intenté ver la nueva temporada de Stranger Things. Me despertó el teléfono con un nuevo mensaje de Natalia. Me avisaba de que iba a llegar tarde, que se lo estaba pasando muy bien y que estaba en la Plaza de Santa Ana, seguido de un emoticono de sonrisa cómplice.

            – Que cabrona.

            La Plaza de Santa Ana tiene un significado especial para nosotros, allí tuvimos uno de nuestros masajes eróticos, de los que todavía recordamos con calentura. Sonreí pícaro al teléfono móvil y me recreé un momento en mis recuerdos húmedos. Luego apagué la luz del salón y me acosté desnudo, por si Natalia viniese guerrera de la boda. Era delicioso pensar en que me pudiesen despertar con algo de sexo.

            Pero no fue así. En lugar de una lengua húmeda y caliente recorriendo mi polla, me despertó el suave y alcohólico beso de mi mujer. Seguía preciosa y sonriente, demasiado sonriente. Joder, era de día. Miré el reloj, las nueve de la mañana. Ya podía haberme puesto el pijama.

            – Hola cielo – susurré.

            – Hola cariño – miró mi desnudez y sonrió.- Veo que me esperabas dispuesto.

            – Por ti lo que sea.

            – Eso está bien saberlo.

            – ¿Cómo te lo has pasado?

            – Muy bien, hemos estado por ahí de juerga hasta las tantas.

            Me percaté de que había más detrás de esa frase y una parte de mí se despertó. Ella también se percató de mi despertar y se sentó en la cama.

            – He estado con mis primos, súper majos, primero bailando en la boda y luego nos fuimos por ahí, hasta acabar en un after muy cutre. Los que quedaban iban a irse a  desayunar, pero yo he optado por venir. Más o menos.

            Como si nada alargó la mano y cogió suavemente mi polla, comenzando a masturbarme lentamente. Desde luego que allí había mucho más. Solté un suspiro de placer y me quedé callado, a la espera.

            – ¿Te dije que la boda era en la Plaza de Santa Ana?

            Asentí y cerré los ojos, dejándome llevar por el cadencioso ritmo de su mano sobre mi miembro.

            – Me trajo muy buenos y encendidos recuerdos. Me excité. Sobre todo cuando empecé a hablar con mis primos de infidelidades. Decían medio en broma, medio en serio, que era una lástima que estuviese tan mal visto el acostarse con alguien ajeno a la pareja de cuando en vez. Yo les dije algo sobre que era una cuestión de elegir en la vida y de hacerlo bien.

            Aceleró un poco su mano sobre mi cada vez más dura polla. Sabía que no se había acostado con sus primos, no entraba dentro de sus esquemas mentales, o eso pensaba, pero desconocía hacia dónde iba a llevar todo aquello. Me tenía totalmente intrigado. Nunca había dudado de la fidelidad de Natalia, nunca se había acostado con otro sin hacerme participe de ello de alguna manera. Cuando se acostó con David y su amigo sin estar yo, lo grabó en video y me lo dejó a modo de sorpresa, haciendo que de alguna manera aquello hubiese sido para mí. Pero allí no había ninguna cámara.

            – ¿Sabes lo que me excitó? No escuchar a mis primos hablar sobre poner los cuernos, eso me parece banal, sino el darme cuenta de que contigo puedo hacer lo que quiera. Que te excita verme con otros, cómo da muestras esta cosa palpitante que tengo entre manos. Que si yo quiero me puedo follar a otros con tu permiso.

            Se sentó al modo indio sobre la cama y me dejó ver que no llevaba bragas, y dejando caer el tirante del vestido, que tampoco llevaba sujetador. Aquello me puso como una moto. Sonrió al ver mi reacción, pero no dijo nada.

            – Así que el resto de la noche la pasé excitada y tentada en volver a casa para acostarme contigo, pero la verdad es que me lo estaba pasando tan bien, que lo descarté. Sabía que no estaban los niños y que teníamos todo el fin de semana para follar. Porque eso era lo que me apetecía. Follar.

            Apretó fuerte mi polla, tanto que me dolió, levemente, pero me dolió. Dejó caer voluntariamente el otro tirante y el vestido se quedó a modo de cinturón, dejando al aire aquellas dos preciosidades de buen tamaño y sonrosados pezones. Alargué una mano y jugueteé con uno de ellos hasta ponerlo duro como una piedra. Ella suspiró un poco y sonrió satisfecha. Yo seguía en silencio, dejándola avanzar en la historia a su ritmo.

            – Así que excitada tuve que aguantar cómo me entraban algunos hombres, tanto en la disco como en el after. Me sentía sexy, deseada, caliente. Fui cortes con todos, pero no di lugar a malos entendidos, o eso espero. Pero me seguía rondando por la cabeza los masajes y en cómo insistías en repetir el masaje a cuatro manos con dos chicos, y en mi negativa. Sin embargo en aquel momento me hubiese tirado a todo un equipo de masajistas de haber podido. Así que pensé que igual ese deseo era señal de que podíamos repetir, que debíamos repetir, y me encendí más. Me dio rabia por primera vez en la noche que no estuvieses allí. Y de que no fuese más pronto, a esas horas no había ninguna sala de masajes abierta.

            Pellizqué más fuerte uno de sus pezones e intenté abalanzarme sobre ella, pero me retuvo con la otra mano. A ese ritmo yo desconocía cuanto iba a poder aguantar. Era cierto que yo la había vuelto a insistir sobre lo de repetir el masaje voyeur a cuatro manos y que ella se había negado, Aunque nunca me había dicho el motivo, creo que era porque se sentía mal por haberse sentido tan bien, pero la verdad es que nunca lo he entendido del todo. Hemos hecho muchas cosas que van más allá de lo convencional en una pareja.

            – Pero la cuestión es que yo deseaba repetirlo, y lo deseaba ya. Hacía mucho tiempo que no hacíamos ninguna locura. Así que regresé sola al after y recluté dos fornidos y atractivos voluntarios que nos esperan en el salón. No me fue muy difícil, lo que me excitó más.

            Abrí los ojos como platos y noté que estaba a punto de correrme. Natalia lo notó y aceleró su masturbación hasta que me derramé frente a ella. Sin embargo mi miembro no perdió todo su vigor. Aunque si parte.

            – Les tuve que explicar lo que quería de ellos y que no debían tocarme hasta llegar a casa contigo. Al principio me miraron raro, pero cuando les di mi ropa interior a modo de prueba, se abalanzaron sobre el primer taxi que vieron.

            Se levantó de la cama y dejó que su vestido cayese a los pies de la cama. Estaba preciosa, desnuda salvo los zapatos de tacón. Me miró ebria de pasión.

            – ¿Vienes?

            La seguí como un perrito faldero, desnudo, con la polla morcillona, sin saber del todo qué me iba a encontrar en el salón. Siempre que habíamos hecho algo similar los otros eran conocidos de total confianza, o profesionales, con lo que el respeto estaba asegurado. Pero aquellos tipos eran dos que Natalia había conocido en un after, y temía que se fuesen a pavonear. Sin embargo lo único que me encontré fueron dos sonrisas cómplices y dos chicos, hombres, de lo más atractivos. Estaban desnudos y tumbados cada uno de ellos en un sillón. Cachas, depilados, definidos, y con unas pollas decentes. De haberlos buscados a propósito, no hubiesen podido ser mejores, tanto que por un momento pensé en que pudiesen ser profesionales. Pero lo descarté. Natalia era capaz de ligarse a un par de tipos como aquellos y más.

            Los dos sillones estaban en paralelo y a sus pies estaba la butaca en la que me gusta sentarme a leer. Joder, lo habían preparado todo mientras yo dormía placida e inocentemente al lado.

            – Cariño, siéntate y disfruta.

            La obedecí aturdido y lleno de deseo. Mi polla iba recobrando parte de su firmeza. Afortunadamente.

            – Siempre has querido repetir lo del masaje a cuatro manos, y lo tendrás. Estos chicos me han dicho que son fantásticos masajistas – sonrió.- Pero antes quiero empezar yo.

            Se colocó de rodillas en medio de los dos y vertió aceite de masaje por todo el cuerpo de cada uno de ellos. Acarició suavemente el pecho de cada uno, repartiendo el aceite, jugando con sus pezones. Al hacerlo sus brazos rozaban las pollas de los chicos, que suspiraban, pero no hacían ademán de tocarla. Natalia los había aleccionado bien. Luego se dedicó a las piernas, frotándolas hasta dejarlas completamente húmedas, como ella. Uno de los chicos se mordió el labio inferior y yo le imité. Pero casi me da un infarto cuando vi que echaba aceite sobre las respectivas pollas. Las cogió con mimo, frotando acompasadamente los testículos de los dos, pasando de la polla a los huevos sin descanso, haciendo que todo brillase. No pude más y me levanté para verlo mejor.

            – Has tardado más de lo que pensé.

            Así que allí estaba yo, de pie, con la polla tiesa de nuevo mientras mi mujer acariciaba con pasión los miembros de dos tipos que se había ligado en un after. Como ya he dicho en algún otro relato, la vida es muy curiosa. Dejó que el aceite resbalase por debajo de los huevos y jugueteó, creo que por fuera, con el ano de sus dos mascotas sexuales. Cuando se cansó agarró las pollas de aquellos tipos y comenzó a masturbarlos.

            – ¿Te gusta verme con una polla en cada mano?

            Yo me sentía incapaz de hablar, así que solo asentí con la cabeza.  Mientras ella seguía con su lenta masturbación y los chicos gemían con los ojos cerrados.

            – ¿De verdad te gusta ver como tu mujer masturba a dos desconocidos? Porque a mí me está volviendo loca.

            – Sabes que sí. Me encanta verte así. No lo puedo evitar… no lo quiero evitar.

            – No lo hagas.

            Se volvió a hacer el silencio. Sólo se escuchaba el sonido del aceite en el subir y bajar de las manos de mi mujer sobre aquellos dos miembros. De pronto paró y se recogió el pelo. Sin pensárselo mucho engulló la polla de uno de ellos mientras seguía masturbando al otro. Me fascinaba ver como se tragaba cada centímetro de aquel tipo, sin olvidarse del otro. Me coloqué tras ella y observé que estaba muy húmeda. Acaricié sus pechos e introduje un dedo en su húmedo y caliente coñó. Soltó un suspiro y se acomodó al curioso avance de mi dedo. En ese momento ansiaba penetrarla, pero me contuve. Mientras seguía masturbándola cambió de polla y se puso a mamar la del otro, los dos tipos sudaban a mares. Tras uno minutos se la sacó y se giró hacia mí.

            – Has sido malo. No debías tocarme.

            – No veo que te haya molestado mucho.

            Sonrió y negó con la cabeza.

            – Pero eso merece un castigo. Ponte delante de mí y observa, que sé que te gusta.

            La obedecí y me coloque frente a ella. Comenzó ávida a chupar alternativamente cada una de aquellas rocas fálicas, con tantas ganas que dudaba de que aquellos pobres chicos fuesen a aguantar mucho más. Su respiración se iba acelerando. Así que ella paró. La cabrona era especialista en eso. En parar justo antes del éxtasis. Se relamió los labios, totalmente húmedos y brillantes y sonrió.

            – Ahora viene tu castigo. Tienes que ayudarme con ellos, quiero que se corran antes de mi masaje, los quiero en forma para cuando me follen. Porque tú quieres que me los folle y que duren, ¿verdad? Sería una pena que todo acabase pronto y no pudieses disfrutar de cómo me follan, ¿no?

            Dije que sí con la cabeza. Era verdad. Deseaba que aquellos dos se tirasen a mi mujer, que la recorriesen de arriba abajo con sus manos, con sus lenguas, pero no sabía si iba a ser capaz de hacer lo que me pedía. Había tenido una experiencia bisexual y no la recordaba con desagrado, pero no había pensado en repetirla. Aunque la verdad es que por verla masajeada de nuevo por dos tipos haría cualquier cosa, y si había que masturbar a un desconocido, pues se hacía y punto.

            Natalia volvió a dedicarse a chupar con ansia la polla de uno de ellos mientras seguía masturbando al otro. Acerqué tímidamente mi mano y la sustituí con torpeza, intentando imaginarme que aquella polla era la mía, intentando darle placer. Me giré y vi que mi mujer aceleraba su mamada y que aquel tipo no iba a aguantar más. Y así fue, mientras yo seguía moviendo mi mano con más ganas de las que admitiría nunca por un miembro cada vez más duro, el otro chaval se corría brutalmente sobre las tetas de Natalia. Siguió meneándosela hasta que se cercioró que de allí no salía nada más. Y se giró hacia mí.

            – Lo estás haciendo muy bien cielo.

            Yo hice además de retirarme para dejarla a ella. Pero negó con la cabeza.

            – Se la tienes que chupar, tienes que aliviarle como se debe.

            La miré confundido. Ella se embadurnó la mano en aceite y jugueteó con mis testículos y mi polla, haciéndome estremecer. Y provocando que perdiese la cordura. Así que sin pensármelo mucho me introduje aquel miembro en la boca y lo chupé intentando imitar lo que había visto hacer a mi esposa. Y por un momento me olvidé de lo que estaba haciendo y me dejé llevar. Mi mamada se aceleró cuando noté como resoplaba y cuando en el jugueteo Natalia introdujo, primero tímidamente, y luego con descaro, uno de sus dedos en mi culo. La polla se me tensó tanto que pensé que iba a estallar, y  chupé aquella polla con ansia, ayudado por la mano de Natalia, que me empujaba a chuparla cada vez más rápido. Sin darme cuenta aquel tipo se corrió sobre mí y no dentro de mí, gracias a que Natalia si se percató de que iba a acabar, porque yo no.

            – Cariño, eres la leche. Desconoces las inhibiciones, me encanta ver como se la chupas a un tío sin pensar, me pones súper cachonda.

            Natalia me miraba feliz mientras me limpiaba el semen de aquel tipo. Luego hizo lo propio con ellos y finalmente se limpió ella.

            – Bueno, te había prometido que me iban a dar un masaje, pero si te parece vamos a obviar la espalda, que llevo un calentón de cuidado. Vosotros tres os habéis corrido, pero yo todavía no.

            Se incorporó y se fue a la habitación. Los tres la seguimos como corderitos, sin hablar, desnudos, y sin mirarnos, como si nada de lo sucedido hubiese pasado en realidad. Al entrar la vimos tumbada boca arriba y con los brazos a los lados. En la mesilla estaba el frasco del aceite de masajes. Yo me senté en la butaca que había al pie de la cama, ignorando la ropa que había sobre ella.

            Ellos se embadurnaron las manos en aceite y comenzaron su masaje. Uno de ellos estaba más versado que el otro, así que este se dedicó a imitar sus movimientos. No serían profesionales, pero le ponían ganas. Era delicioso ver como dos hombres desnudos acariciaban el cuerpo suave y receptivo de mi mujer.

            Comenzaron por los pies, deteniéndose un buen rato en ellos, acariciándolos con ternura, y luego cada uno subió con infinita paciencia por los gemelos y muslos de Natalia, separando más sus piernas y dejándome ver cómo estaba de húmeda. Al hacerlo los pies de mi esposa tocaron las pollas de sus masajistas y con la experiencia que da el haberlo hecho antes ya, se dedicó a endurecerlas. La habitación olía a sexo y el sol entraba por la ventana iluminándolo todo.

            Volví a no poder permanecer sentado cuando las cuatro manos llegaron al coño de Natalia, acariciaban con impunidad su henchido clítoris, y el resto de los dedos jugueteaban con su puerta trasera como ella había jugueteado con la de ellos. Hasta que producto del aceite uno de ellos se coló dentro y mi mujer soltó un gemido intenso. Las otras manos no se quedaron atrás. Mientras una seguía meciendo suavemente su clítoris las otras dos introdujeron cada uno un dedo dentro del abierto y caliente coño de mi mujer. Sus gemidos se intensificaron hasta llegar a una explosión brutal que la hizo estremecer durante un tiempo. Abandonaron aquella zona y se echaron hacia atrás. Sin saber qué hacer a continuación, con las pollas igual de duras que la mía. Natalia nos miró y sonrió traviesa.

            – ¿Ya habéis acabado? ¿No hay masaje superior?

            Volvieron a coger el bote del aceite y vertieron una cantidad exagerada por los pechos duros de mi mujer. Luego se dedicaron a juguetear con ellos, pellizcando sus pezones, y amasando sus pechos hasta hacerla gemir de placer de nuevo. Yo lo miraba todo sin perderme detalle, moviéndome alrededor de la cama, grabando en la memoria cada momento. Natalia alargó las manos y agarró de nuevo aquellas desconocidas pollas, masturbándolas con delicadeza. En ese momento acabó cualquier atisbo de masaje. Los dos se abalanzaron cada uno sobre uno de los pezones de mi mujer y esta gritó de gusto. Aquello la volvía loca. Yo me acerqué al cabecero e intenté acercar mi polla a la boca de mi mujer, pero era demasiado incómodo.

            – Cariño, ¿podrías comérmelo?

            La obedecí al instante y mientras aquellas lenguas jugaban con los pezones cada vez más sensibles de mi esposa, yo me sumergí en su encharcado y abrasador coño.  Cuando a los minutos abrí los ojos, no me había dado cuenta de que los había cerrado, y levanté la mirada vi a mi mujer chupar alternativamente aquellas cosas duras. Me miraba feliz. Estuvimos así un rato más.

            – Cielo, vuélvete al sillón, que quiero que este de aquí me lo coma y que tú me mires mientras lo hace.

            Me retiré de su coño con fastidio, me encanta su sabor, pero no la obedecí del todo. Me negué a retirarme al sillón, yo quería ver en primera plana todo aquello, ver como la lengua de aquel tipo lamía con ansia a mi mujer y como ella se tragaba cada centímetro de aquella polla que también había estado en mi boca. Ella volvió a gemir y detuvo al que estaba abajo. Me miró.

            – Por fin vas a ver cómo me follan. Me muero de ganas.

            – Y yo – mi voz fue apenas un susurro.

            Se levantó de la cama y tumbó sobre ella al que se la había estado chupando. Se colocó a horcajadas obre él y se introdujo desesperadamente lento el pollón de aquel tipo. Entró despacio cada uno de sus centímetros de dureza. Y poco a poco comenzó a moverse encima suyo sin dejar de mirarme. Yo veía fascinado, excitado, como aquella polla desaparecía en su interior. El otro se acercó a ella y cogiendo su polla se la acercó a la boca. Natalia la engulló e intentó acompasar sus movimientos. Yo mientras me masturbaba, ella mientras gemía como podía. El que estaba abajo intentó acelerar sus embestidas, pero mi mujer le contuvo. Se sacó la polla del otro de la boca y me sonrió.

            – Ahora debes, obligatoriamente, ponerte a los pies de la cama.

            Hice caso a lo que me decía, pero me coloqué cerca, desde dónde podía ver como el miembro de un desconocido seguía en el interior de mi esposa, viendo sus labios abiertos a su alrededor. Natalia susurró algo al otro y este cogió el bote de aceite. En aquel momento supe lo que iba a pasar e hice lo que pude por no correrme. Hacía mucho que a Natalia no le hacían una doble penetración, pero iba a contar de cero a partir de aquel momento.

            El chaval vació el resto del aceite en el culo de mi mujer y metió sus dedos en el interior, cada vez uno, hasta que lo dilató lo suficiente como para cambiar los dedos por su polla. Apoyó la punta y presionó hasta que entró entera. Natalia soltó un gritito de placer y comenzó a moverse lentamente, acostumbrándose a aquella doble invasión. Para luego ir acelerando cada vez más hasta no poder mantenerse erguida, sólo podía dejarse embestir por aquellas dos pollas que la llenaban de placer. Yo veía fascinado como aquellos dos miembros desaparecían dentro de mi esposa y me creía morir, casi lo mismo que ella.

            Al poco rato los tipos aceleraron sus embestidas, próximos al orgasmo, pero Natalia les ganó por unos instantes y gritó un orgasmo como hacía tiempo. Ellos aceleraron y se corrieron en su interior, mientras yo seguía empalmado y con ganas de correrme.

            Me acerqué a ella, sonrientes los dos, mientras ellos desaparecían del cuarto como si nunca hubiesen estado. Me indicó que me sentara en el cabecero y comenzó a chupármela con cariño, lentamente. Yo creía morirme del gusto. Su boca era un pozo ardiente, dudé de aguantar mucho, y más al notar que uno de sus dedos se introducía con maestría en mi ano, al parecer le había cogido el gusto.

            – ¿Te molesta?

            Negué con la cabeza, me estaba matando de gusto, y me dolían tanto los huevos que necesitaba correrme.

            – Pues deja que coja uno de los dildos, te juro que te va a encantar.

            Volví a negar, sólo quería correrme, lo necesitaba.

            – Quizás en otra ocasión. Ahora necesito follarte.

            – Lo siento cielo, pero estoy tan dilatada que no creo que notases nada – lo decía mientras me la seguía chupando.- Me han follado bien esos dos, ¿verdad?

            No pude más y me derramé en su boca, feliz. Ella dejó que acabase del todo, no solía hacerlo, y se tumbó a mi lado. Yo la miré enamorado como nunca y la sonreí.

            – Natalia, ¿ves como si te gustan los masajes a cuatro manos?

            Se rio y se durmió con una sonrisa de felicidad en el rostro. Me giré y me percaté de que igual deberíamos haber cerrado las contraventanas. Pero bueno era muy temprano…          

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Un comentario sobre “Sorpresa por la mañana – relatos porno

  • el agosto 19, 2019 a las 10:18 am
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    la verdad es que tener una mujer como la tuya no tiene precio y para muestra un boton con la mia hemos tenido infinidad de experiencias,en la misma noche a estado con mas de cinco en una casa de campo tuve que recorren por toda la casa para encontarla,pues eramos mas de doce personas,fue maravilloso os felicito,un beso

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