De Santa a Puta 3.

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No podía creer lo que estaba haciendo, no me preocupé en si estaba bien, o si estaba mal, no pensé en las consecuencias, solo impulsivamente me entregué a la calentura del momento. Bajamos del ascensor en el estacionamiento, caminamos al auto tomados de la mano y tocándonos a la mínima oportunidad. Camino a casa le escribí a mi marido explicándole a grandes rasgos como me había ido en el gine y temerosa lo que estaba ocurriendo con Ricardo, necesitaba su consentimiento, necesitaba saber que todo estaría bien, pero no me respondía, estaba muy ocupado en su trabajo. Con Ricardo seguíamos echando fuego. Apenas llegamos a casa se quitó la ropa dejándose solo el bóxer, se abalanzó sobre mi besándome de pies a cabeza levantando completamente mi vestido, no podía estar más deseosa, necesitaba urgente sentir su verga dentro de mí, pero mi marido seguía sin responder. Comencé a entrar un poco en pánico, quizás no se lo había tomado bien y por eso no respondía. Necesitaba calmar un poco las paciones, necesitaba tiempo, así que mientras besaba y lamía suavemente mi vientre, le dije:

—necesito un segundo por favor, me hago pipi.

Sin responderme ni detenerse en lo que estaba, me tomó en brazos y me llevó hasta el baño, entró conmigo, bajó mis calzones y me posó delicadamente en el sanitario, arrodillándose frente a mi sin parar de besarme. Me encantaba la situación me tenía llena de morbo, cuando comencé a orinar se volvió loco, y bajó a mi entrepierna para jugar con su boca en mi monte de venus y mi ingle. Cuando terminé de hacer lo mío, me levantó y me apegó a su cuerpo, sacó su verga dura a mas no poder, era fabulosa, moviéndola con su mano comenzó a frotarla contra mi vagina de adelante hacia atrás, dando pequeños golpecitos con ella en la zona de mi clítoris para volver a frotarla nuevamente, se sentía delicioso, con una mano mantenía mi vestido arriba y con la otra me afirmaba de su cuello, subí uno de mis pies al sanitario para quedar bien abierta para él dándole movimientos pélvicos volviendo mucho más intensa la sensación, muchas veces la punta de su verga topaba con el borde de la entrada de mi vagina, hubiera bastado con un pequeño empujoncito para tener su glande dentro de mí, ya se la tenía toda mojada y toda la zona estaba lubricada a más no poder, pero cuando me giró y me empinó disponiéndose a penetrarme con todo, tuve que detenerlo.

—No puedo, no puedo, perdóname, me tienes muy loca pero no puedo seguir, necesito el consentimiento del Iván.

—¿Su consentimiento? nos matará a ambos cuando se entere. No quiero darte problemas.

—Estoy segura que no tendrá problemas con esto, todo lo contario, solo quiero que esté al tanto.

—Nadie lo conoce mejor que tú, confío en tu instinto.

Como si el destino estuviera atestiguando nuestro pecaminoso actuar, nos interrumpe una llamada de Iván, rápido voy por mi celular, y lo primero que me dice es:

—¿Cómo te fue con Ricardo, ocurrió algo?

Casi susurrándole le respondo:

—Estábamos en eso, pero no me atreví sin tener tu consentimiento.

Entre risas malintencionadas me dice:

—Hágalo mi amor, entréguese y disfrútelo. Solo recuerda que nada de sentimientos, solo placer, y que tu corazón al igual que tu ano, son completamente míos.

—Siempre mi amor, jamás pongas en duda eso.

 Me habló con tanta naturalidad y soltura que me dejó impactada, definitivamente estaba a otro nivel, quería ser igual de liberal y pervertida que mi hombre, me faltaba demasiado, pero la idea de tenerlo en mi vida e imaginar todas las experiencias y posibilidades que se podían hacer realidad, hicieron estallar mi cabeza. No le había tomado el peso a la situación hasta ese preciso momento, donde analicé y me di cuenta que estaba técnicamente desnuda y con un hombre deseoso de tenerme en el baño a segundos de entregarme completamente, fue inevitable recordar mi realidad de unas semanas atrás, y no me explicaba como pude cambiar tan radicalmente en tan poco tiempo. Esa mojigata frígida incapaz de sentir placer estaba cada vez más lejos de mi realidad, y eso me encantaba.

Siguiendo las instrucciones de mi marido no le dije ni una palabra a Ricardo. Volví al baño a calmar la impaciencia de mi amante.

—¿Cómo te fue? Me preguntó preocupado.

—No me pudo ir mejor— le respondí —pero ahora todo esto será un secreto entre tú y yo.

Esta vez fui yo la que se arrodillo ante él, comencé a besar y lamer su miembro por sobre su bóxer, que se había desmotivado un poco, pero rápidamente volvió al juego, creciendo y poniéndose cada vez más dura, en especial cuando enterraba mi cara en búsqueda de lamer sus huevos. Para cuando bajé su bóxer estaba casi al máximo su erección, comencé dándole unas ricas mamadas, chupándolo y metiéndolo completamente en mi boca, deteniéndome unos segundos cuando lo tenía dentro del todo, lo masturbaba y se lo levantaba para meterme sus testículos de a uno y lamiéndoselos por todos lados lujuriosamente. Ahora el subió su pie al sanitario para meterlo aún más al fondo, me ayudaba presionándome con su mano detrás de mi cabeza, no podía tenerlo más ensartado en mí, pasando a mi garganta, ya lo sentía contraerse mientras pequeñas cantidades de semen se colaban dentro de mí. Estaba fascinado, no paraba de decirme que nunca se lo habían chupado tan rico. Alagaba mi cuerpo completamente, me empinó otra vez para ahora lamer muy rico mi vagina, metiéndome su larga lengua, a veces subía un poco para lamer mi ano abriéndome las nalgas can ambas manos, estaba empinadísima.

—Me tienes vuelto loco Catalina, eres la mujer más rica y hermosa que he tenido en la vida.

Entre gemidos le supliqué que me la metiera, no aguantaba más. A lo que se pone de pie acomodando su verga en la entrada de mi sexo, y de una empotrada firme y certera me la mete de golpe, haciéndome gritar de placer.

—Nunca había hecho algo así con otro hombre ni de cerca, ni siquiera había estado desnuda frente a otro— le decía entre gemidos —Mírame ahora siendo cogida por otro como toda una puta.

—Ahora entiendo porque el Iván está tan contento, tiene una putita increíble a su lado. ¿Te gusta ser su puta?

—Sí, me encanta, ya no puedo parar, me estoy volviendo adicta al sexo, quiero hacer todo lo que me he perdido en estos años de santurrona.

—¿Así, quieres ser una puta? — comienza a penetrarme frenéticamente tomándome del pelo y dándome fuertes nalgadas — ¿Te gusta puta?

—Sí, me encanta, me encanta dámelo todo— le gritaba enloquecida.

Sin bajar el ritmo hasta el final, me penetra con todo hasta que eyacula dentro mí, dando intensos gemidos, falto de aire, se recuesta en mi espalda con su verga aún dentro de mí, nos quedamos así unos segundos tratando de recuperar el aliento, se notaba que hace tiempo no le tocaba acción, ya que cuando se le salió de mí una gran cantidad de semen cayó desde mi sexo, hasta el suelo y por mis muslos.

 Terminado nuestro pecaminoso acto, tomamos un rico baño de tina, limpiándonos mutuamente las evidencias que dejamos en el otro. Retirándose Ricardo por unos días, por la postulación a un trabajo que mi marido le había ayudado a conseguir, existía la posibilidad de que trabajaran juntos.

Al día siguiente me encontraba finalizando mis labores en el trabajo, había sido un día largo y agotador y no tenía muchas motivaciones para llegar a casa, ya que estaba completamente sola hasta que llegaran juntos mis hombres dentro de 5 largos e interminables días. Se me había ocurrido una forma de aprovechar la tarde, pasaría a comprar unas sorpresas para recibirlos como corresponde. Pasé al centro de compras y me compré un hermoso vestido rojo pasión, ajustado con un pronunciado escote, al probármelo me quedaba fantástico, quizás arriba no tenía mucho que ofrecer, pero de todas formas alzaba bien mis senos, y atrás no dejaba nada a la imaginación, humildemente tengo un buen trasero, pero en ese vestido se veía increíble. Después fui a un local de lencería, para comprar lo más atrevido que tuvieran, di unas vueltas por el local algo insegura por quien sería la que me atendiera y como se lo pediría. Se me acerca una chica del local bastante simpática, me pregunta si me podía ayudar en algo, a lo que tímidamente le respondo casi ocultándome entre los mostradores:

—Es..to..y  bu..s…can..do  ro..pa  in..te..rio..r  e..ro..ti..ca. — le dije casi al oído.

A lo que siguiéndome el juego de la discreción me responde.

—Claro tenemos mucha variedad. Si gusta le traigo un catálogo y le muestro lo que tenemos disponible.

—Ya genial, muchas gracias.

Llega con un catálogo enorme y se va directamente a la sección de putas. Había una variedad enorme, pero me quedé con un conjunto negro, de corsé hermoso con muchos detalles y tanga siempre lista, que básicamente eran dos tiritas que pasaban por mis nalgas y un poquito que tapaba en mi pubis, todo lo demás al descubierto, unas pantimedias hasta los muslos y portaligas, todo muy hermoso con muchos detalles y transparencias. Me llevó a la registradora que estaba sola al fondo de la tienda y me dijo:

—Tiene buen trasero y cintura pequeña, se le verá increíble— me dijo en tono bien coqueta.

—Gracias, pero la verdad es que nunca he usado algo así, no tengo idea como se me verá.

—Estoy segura que se le verá muy bien, y su acompañante será quien más lo disfrute— me dijo con una mirada muy insinuante.

—Espero de todo corazón que así sea, ¿tu haz usado cosas así alguna vez? — le digo regresándole la insinuante mirada.

—Trabajé una larga temporada en un sexshop, conocí mucha gente que le gustan las cosas algo más atrevidas y algo prohibidas, digamos que tuve que aprender algunas cosas.

—Suena interesante, pero no me respondiste.

 Riéndose coquetamente me responde:

—Si claro que he usado cosas así, y muchas más.

—No quiero ser impertinente ni atrevida, pero tú me podrías asesorar, ya sabes, si alguna vez necesitara aprender de esas cosas.

Se quedó unos segundos en silencio, mirándome de pies a cabeza, sentía como me analizaba, casi desnuda frente a ella, como si en esa simple mirada logró descifrar todo de mí. Tomó un pequeño papel, y anotó su nombre y su número.

—Llámame para lo que necesites, estoy a tu disposición, tengo libre los fines de semana.  

Le agradecí enormemente, nos despedimos con un beso en la mejilla más cerca de la boca que de la mejilla y me retiré de la tienda. Luego de eso me dirigí a un centro de estética donde había pedido una hora para depilarme, que la verdad no era tan necesario, puesto que, gracias al cielo no tengo bellos en abundancia, solo en las partes precisas y no en exceso, pero hace mucho tiempo atrás mi marido me lo había pedido, quería mi sexo depilado completamente, y claramente lo rechacé estúpidamente. Pues ahora quería darle su merecido gusto. Al llegar me hicieron pasar a un vestidor, donde me tuve que quitar toda mi ropa y ponerme una pequeña toalla que cubría lo justo y preciso, subí a una camilla a esperar a la experta. Una mujer madura llega, de una forma muy natural y amorosa me indicaba todo lo que tenía que hacer, ya que nunca jamás había hecho algo así, no me sentía para nada cómoda al estar así de expuesta pero ya estaba en eso, no podía retractarme.

—¿Primera vez corazón?

—Eee… ¿se me nota mucho?

—Estas con una cara de aterrada, relájate, no duele tanto como dicen, ya verás lo rápido que terminará.

—¡Cielos! Yo que creía que no se me notaba.

En lo que preparaba toda la indumentaria me buscaba conversación, para calmarme un poco, creo yo.

—Si pero tranquila, ¿qué edad tienes? Te ves súper jovencita.

—26.

—Imposible, te ves súper jovencita, casi una adolecente. ¿casada, con novio o soltera?

—Casada.

—¿Hijos?.

—No por ahora.

—Ya veo, abre un poco más por favor. ¿A qué edad te casaste?

En lo que conversábamos me comenzaba a esparcir la dichosa cera caliente cerca de mi pubis.

—A los 19.

—Una niña espero todo te este yendo bien, respira, aquí va la primera tirada, no te preocupes, es la que más duele, después de esta serán más soportables. Que mentira más vil.

—Respira. 1…2…y !paff!

Fue el maldito dolor más intenso que he sentido en toda mi vida, no lo podía creer, me imaginaba que sería doloroso, pero nunca a ese nivel, y pensar que era recién la primera. Me mordía la lengua para no gritar, pero fue imposible no recordar a todas las madres del mundo en especial la de esa señora.

—Agradezca que tiene bellitos muy pequeños casi ni se notan, imagínate las que no tienen esa suerte y les salen bien abundantes y por todos lados, ¡todos lados! —me dijo entre risas. —para ser bella hay que ver estrellas, piense en su marido que va a ser el más feliz.

Me encantaría contarles que de ahí en adelante fue menos tormentoso, pero les mentiría, fue una maldita tortura. Mis respetos a las que deben pasar por ese tormento más seguido que yo.

Llegada a casa me probé lo comprado, no podía creer mi reflejo en el espejo, nunca me había visto tan deseable ni me había sentido tan bien con mi apariencia. Me puse unos tacones para terminar mi atuendo y alisé mi cabello dejándolo suelto. Gritaba puta por todos lados y me encantaba.

Los cinco días se hicieron eternos, estaba ganosa porque llegaran, todo el día pensamientos morbosos y lujuriosos invadían mi cabeza, con ricas imágenes de lo que había ocurrido últimamente y lo que haría cuando por fin llegaran. Los llamaba por separado para tener ricas charlas sobradas de calentura y excitación, acompañadas de imágenes y videos que nos enviábamos mutuamente. Ya no podía soportar más, la espera me estaba matando, todo el día estaba pensando cosas sucias, veía pornografía para calmar un poco las ansias, pero resultaba peor, hasta el punto de sentir unos fuertes deseos de salir sola de casa en búsqueda de alguna rica aventura. Pero no, debía mantenerme intacta para ellos.

Cuando estaban por fin por llegar juntos esa noche, quedamos de salir los tres a celebrar, así que tomé un reconfortante baño de tina, y me alisté con todo lo comprado especialmente para ellos y maquillándome para la ocasión, delineador de ojos y sombras oscuras y un labial rojo pasión, estaba muy nerviosa y muy excitada a la vez, era una sensación muy extraña, pero rica. Cuando el bus los dejó fuera de casa les abrí la puerta, temblaba entera, muerta de miedo e incertidumbre por saber cómo reaccionarían, ansiosa por que les gustara y de que todo resultara bien. Al verme quedaron impactados, sus miradas me recorrían de pies a cabeza. ¿Cuál de los dos estaba más excitado? Difícil saberlo, casi babeando estaban. Saludé primero a mi marido con un rico beso dejando sus labios algo rojos y él que sin dudarlo me dio un pequeño agarrón en el trasero. Ricardo que se encontraba algo más reservado, se acercó a besar mi mejilla, pero corrí mi cara y le robé un marcado beso en sus labios a vista y paciencia de mi marido cuál disfrutaba como nunca antes por el cómo se habían vuelto las cosas, me confesó más adelante que nunca había estado tan excitado en toda nuestra vida juntos ni en su vida en general. No paraban de alagarme y de decirme lo bien que me veía, mi marido con más confianza no paraba de alagar los detalles más íntimos y degenerados. Ambos se fueron a preparar para la ocasión y partimos rumbo a nuestra aventura de a tres, todos disimulando nuestras verdaderas intenciones, pero en el fondo todos sedientos de lujuria y placer a mas no poder.

CONTINUARÁ…

Un comentario sobre “De Santa a Puta 3.

  • el julio 28, 2019 a las 9:00 pm
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    pues ya abras saboreado los trios, tu culito y coñito llenos
    con vergas que te encantan — a saber cuanto disfrutas cuando
    te penetran tu culo y seguramente ya lo practicas mas a menudo..
    suertaza la de Ricardo disfrutando de un culo,coño y tetas como
    los tuyos — pero el no aporta ninguna hembra para intercambiarte con tu marido? esto seria una bonita placentera orgia…

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