Mi cuñado César

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Autora: Nayeli Ortega

Hola, mi nombre es Nayeli, tengo 19 años y es la primera vez que escribo en esta página, espero que les guste mi relato.
Esto sucedio apenas hace unos meses, a finales de diciembre, pues mi hermana mayor, Mariela de 24 años, nos vino a visitar y con ella mi cuñado César de 32 años. Ellos llevan 6 años de casados y tienen un bebé de diez meses. En la cena de Navidad, hubo vino y mi madre al no estar acostumbrada a beber, se le pasaron las copas muy pronto y para la una de la mañana tuvimos que subirla a su cuarto entre César y yo. Mi hermana, también tomó un poco y me pidió que me llevara al bebé a dormir conmigo, ya que temía que la fuera a lastimar mientras dormía. El cuarto de ellos estaba en la planta alta junto al de mi mamá y el mío abajo, junto a la sala donde estábamos por lo que me llevé al bodoque en una cuna portátil que traían y seguimos platicando con la puerta de mi cuarto abierta. A mí siempre me ha atraído mi cuñado desde que lo conocí a mis 13 anos e incluso quería que fuera él quien me desvirgara; pero nunca se dio la ocasión y otro fue quien me rompió aquellito; pero esa es otra historia que ya les contaré. Durante casi toda la velada me le insinuaba a César y cuando le pasaba su copa rozaba mis manos con las suyas y como estaba sentada frente a él, no perdia la oportunidad de abrir mis piernas como por descuido y mostrarle mi tanguita, ya que llevaba una falda corta de color blanco y ropa interior en color rojo. Yo solo me tomé unas cuantas copas porque iba a cuidar al bebé y Mariela sí tomaba una tras otra. Como a las tres de la mañana mi hermana ya estaba bastante tomada y decidimos terminar la fiesta. La llevamos mi cuñado y yo casi a rastras, la dejamos en la cama y César me dio una lata de leche en polvo y un biberón para el bebé, me fui a mi cuarto, preparé un biberón y cuando me acosté pensando que nada pasaría, escuché que tocaban la puerta muy suavemente, yo ya estaba en bata de dormir y supuse que era él, pues mi madre y mi hermana no podían ni levantarse. Abrí sin encender la luz y me dijo que queria darle un beso al nene.

–¿Me dejas darle un beso de buenas noches a mi hijo?

–Claro. Pasa, solo que no voy a encender la luz para no despertarlo.

Por la ventana entraba cierta claridad de la calle a través de las cortinas y se alcanzaba a ver sin mucho trabajo. Besó al niño y le dio las buenas noches. Él es muy timido y aunque también me deseaba, no sabía como empezar o como decírmelo y ya se iba a su cuarto, así que le di una ayudadita.

–¿Y para mí no hay beso de buenas noches? -dije mientras me recostaba en mi cama-.

–Ah, sí, claro -se acercó y trató de besarme la mejilla, lo abracé del cuello y le di un tremendo beso en la boca-. Espera, ¿qué haces? Puede venir tu mamá o tu hermana.

–Ellas ya no se levantan ni a trancazos.

–Pero deja ir a comprobar que Mariela está dormida.

Salió y pensé que no vendría, que se había acobardado; pero a los pocos minutos bajo solo con un boxer y ya no tocó la puerta, solo la abrió y me encontró acostada, se metió bajo la sábana y me abrazó, me besó me acarició las nalgas bajo la bata. Yo ya estaba mojadísima y no hicieron falta las palabras. Me desnudó completamente y me besaba el cuello, los pechos, el estómago y llegó a mi rajita, la cual lamió y yo sentí que casi me venía y le dije:

–Ya métemela mi amor. Quiero sentirla dentro, hazme tuya.

Ni cuenta me di cuando se quitó el boxer, mi papayita ya estaba bien mojada y su palo entró con facilidad; pero aún así pude apreciar que lo tenía bastante grande. Luego supe que eran 22 cm y algo gruesa; pero yo estaba tan excitada que lo sentí riquísimo cuando sus bolas chocaron en mi culo y comenzó a bombearme frenéticamente.

–Oh, sí, asi. Dame duro. Así mi amor, bésame. Ay que rico siento, me vas a matar de placer. Ah, mmmm, te quiero, abrázame fuerte. Me haces tan feliz.

Sus embestidas hacían rechinar la cama, en eso rodamos y yo quedé encima, lo monté y cabagué tan rico que me vine en un orgasmo tremendo, acelerando mis movimientos y haciendo que él también se viniera a chorros dentro de mí, continué mis movimientos un poco más, hasta que que se le puso flácido y me recosté sobre su pecho con su miembro dentro de mi y mis piernas abiertas.

–Oye Naye, no me gustaría embarazarte.

–No te preocupes, apenas se me quitó antier la menstruación. No hay peligro.

Nos abrazamos y rodamos mientras nos dábamos un beso bien apasionado. Buscó su boxer y se fue a su cuarto. Los siguientes días que estuvo ahí, lo hicimos cada que pudimos; pero ya se los contaré en otra ocasión.

Sobra aclarar que esto es real y que por eso quizá sea un poco simple la historia.

Espero sus comentarios para ir mejorando mis relatos.

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