Mi vecinita

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Carlos tenía 44 años, estaba divorciado y vivía solo en un piso frente a la playa, se cuidaba mucho y todas las semanas iba tres o cuatro días al gimnasio, su vida consistía en trabajar y disfrutar los viernes de una buena cena seguida de unas copas en alguna discoteca.

Recientemente habían llegado unos nuevos vecinos al piso de al lado pero aún no había tenido oportunidad de conocerlos, por fin un día se cruzó con ellos en el descansillo de la escalera y se presentaron, era un matrimonio, Lucas de 41 y Alba de 39, ambos eran atractivos y tenían una hija de 18 años que se llamaba Rocío, ésta era una chica guapa pero a la vez muy tímida.

Lucas invitó a Carlos a cenar el viernes con ellos en su casa, y éste, a pesar de perder su noche de marcha, aceptó más que nada por educación, porque tenía claro que la velada iba a ser más bien aburrida.

El viernes por la noche se presentó en casa de sus vecinos y se llevó una grata sorpresa, éstos se habían vestido de forma elegante y Alba iba con un vestido ajustado y muy escotado que resaltaba mucho sus pechos dejando más de la mitad a la vista. –Bueno, al menos voy a tener una buena panorámica durante la cena, pensó.- Pero lo que más le sorprendió fue ver a Rocío, a pesar de estar perfectamente desarrollada llevaba un vestido más propio de una niña que de una adolescente de 18, se trataba de un vestido blanco plisado corto y sin mangas que le daba una imagen de niña inocente.

A medida que avanzaba la cena Carlos pudo advertir tres cosas, Lucas era un hombre extraordinario pero muy condicionado por sus ideas religiosas, Alba era una mujer atractiva que estaba deseando comerse el mundo, pero las ideas de Lucas no se lo permitían, y por último Rocío, ésta era un chica muy guapa, de un metro sesenta y cinco aproximadamente, pelo moreno largo y una figura que haría volver la vista a cualquier hombre, ya que tenía un culo redondeado y unos pechos en pleno crecimiento pero que ya delataban un futuro muy prometedor, el problema es que estaba totalmente influenciada por sus padres, la controlaban completamente tanto en el vestir como en las relaciones que debía tener, por lo que apenas tenía contacto con otras muchachas de su clase fuera del ambiente del colegio.

Durante la cena Carlos preguntó si tenía novio y Rocío se ruborizó al tiempo que respondía que nunca había salido con un chico. Alba por su parte hizo un comentario respecto a su juventud y dijo que ella a su edad ya había salido con varios chicos, pero Lucas la miró de reojo y no siguió dando más detalles.

Pasados unos días, Lucas le preguntó si quería salir a tomar unas cañas con ellos el sábado por la noche, éste aceptó sin dudarlo ya que le movía la curiosidad y quería conocer más a fondo a sus vecinos y en especial a Alba, estaba seguro que antes de su matrimonio había tenido múltiples relaciones y quizás con dos copas podría irse de la boca y contar muchos detalles, la veía como una mujer ardiente y necesitada, y si su marido no la atendía en el plano sexual sería una buena oportunidad para él.

El sábado por la noche llamó a la puerta de los vecinos y allí estaban ellos preparados, Alba, como ya esperaba, iba con un pantalón vaquero ajustado que marcaba a la perfección su culo respingón y una blusa escotada que dejaba a la vista un sujetador negro y un maravilloso canalillo, cuando iba a darse la vuelta para salir, vio que por la puerta aparecía su vecinita Rocío, llevaba un vestidito con estampado floral en tono azul, sin mangas, cuello redondo, un cinturón de color azul y el pelo lo llevaba recogido con una diadema, una vez más daba la impresión de estar ante una niña pequeña si no fuera por sus prominentes pechos que se apretaban con fuerza contra el vestido. Para sorpresa de Carlos, Rocío iba a acompañarles en esa salida nocturna.

A medida que pasaba la noche Carlos estaba más satisfecho de haber aceptado salir con ellos, Alba había tomado tres vinos y esto había conseguido que su lengua se desatara contando sus deseos más íntimos, Lucas intentaba controlarla pero le resultaba imposible, ya que ella no le escuchaba y contaba sin moderación las relaciones que había tenido en su juventud y lo que le gustaba disfrutar de una buena juerga y sobre todo que acabase con buen sexo. Lucas insistía una y otra vez en que se callase, sobre todo porque estaba la niña delante, pero ella no atendía los reproches y seguía entrando en detalles que en ocasiones eran bastante picantes. Por su parte, Rocío escuchaba con atención pero no articulaba palabra, y cuando Carlos la miraba se sonrojaba y bajaba la cabeza con timidez.

Pasado un rato, Carlos notó como Alba rozaba su pierna con la rodilla, pero lejos de separarla la pegó más a ella, Alba al notarlo comenzó a frotar su pierna contra él lanzándole disimuladamente miradas pícaras. En un momento que Lucas fue al baño, Alba puso la mano sobre la pierna de Carlos y se inclinó hacia delante para decirle algo al oído, al hacerlo, Carlos pudo ver como la blusa se abría dejando a la vista unos hermosos pechos tapados solo por un diminuto sujetador de encaje negro.

ALBA.- Si no estuviera aquí Lucas te llevaba al baño y te hacía de todo. ¿Te apetece?

Carlos la miró nervioso por la presencia de Rocío, pero se inclinó hacia ella y le dijo al oído.

CARLOS.- No sabes cuanto me gustaría.

Alba se echó hacia atrás en su silla lanzándole una sonrisa. Carlos giró la vista hacia Rocío, ésta les miraba a los dos sin decir nada, pero observó como en su vestido se marcaban claramente los dos pezones erectos. Sin dudarlo un segundo, aprovechó la oportunidad lanzándola una pregunta directa.

CARLOS.- El otro día dijiste que no habías salido nunca con un chico. ¿Eso quiere decir que nunca has tenido ningún tipo de relación?

Rocío se sonrojó y respondió que no moviendo la cabeza.

ALBA.- No Carlos, su padre no la dejaría ni dar la mano a un chico, a su edad yo ya había experimentado de todo, pero ella va a cumplir 18 y nada de nada.

CARLOS.- ¿Y no te gustaría tener alguna relación con algún chico, besarte, acariciaros?

Rocío se puso muy colorada y se encogió de hombros.

ALBA.- Ves, ni eso sabe, su padre la tiene abducida, Jajaja.

Al oir esto, Carlos notó como por las mejillas de Rocío afloraban unas lagrimas, por lo que de forma instintiva alargó su mano poniéndola sobre la rodilla de la muchacha, ésta al notarlo se estremeció, algo que no pasó desapercibido para Carlos, a pesar de lo cual comenzó a acariciar su pierna al tiempo que la decía que no se enfadase por las palabras de su madre y que ya llegaría su momento, algún día conocería a un chico del que se enamorase y entonces tendría ocasión de besarle, acariciarle y hacer todo lo que ella quisiera. Rocío le sonrió y puso su mano sobre la de él sujetándola sobre su pierna.

Al aproximarse Lucas, Carlos retiró inmediatamente la mano de la pierna de Rocío y dio un sorbo a su copa, no sabía lo que acaba de pasar pero notaba como su pene había crecido bajo su pantalón y era visible una tremenda erección. Pagaron las consumiciones y Lucas le preguntó si les acompañaba a un pub de música latina, ya que ellos iban todos los sábados a clases de baile. Carlos no lo dudó y dijo que si iba aunque él no sabía bailar, en ese instante vio como Rocío sonreía y le decía que ella podía enseñarle.

Al entrar en el pub observó como toda la gente les saludaba, según parece, todos ellos eran clientes asiduos del local que acudían porque había una profesora que daba las clases a esa hora. Cuando sonó la primera canción, Lucas y Alba salieron inmediatamente a bailar, Rocío miró a Carlos, pero antes de que éste pudiese reaccionar ya había llegado un hombre de unos 50 años y la había sacado a la pista. La canción parecía ser una bachata y todos los alumnos bailaban moviéndose de forma muy sensual, Alba de vez en cuando se giraba hacia Carlos y le dedicaba una sonrisa mientras metía una pierna entre las de Lucas y movía su culo de una forma provocativa, Carlos no podía apartar la vista de ese trasero y no paraba de pensar en lo que podría hacer con él si no estuviera Lucas. Dio un barrido por la pista con su mirada y pudo ver como el hombre que bailaba con Rocío tenía una de sus manos sobre el culo de ésta y la apretaba fuertemente contra él, mientras, en la barra había varios hombres que no apartaban la vista de ella. De repente, el bailarín cogió a Rocío y la dio dos giros rápidos que hicieron que el volante de su vestido se elevara dejando a la vista sus largas piernas coronadas por unas braguitas blancas, los hombres rieron y le hicieron una señal para que volviese a repetirlo, éste, sin demora, volvió a repetir los giros de forma que el vestido nuevamente volvió a volar mostrando las bragas de Rocío.

En el momento que acabó la canción otro de los hombres se acercó para bailar con ella, ésta miró a Carlos, pero al ver que no se movía de la barra aceptó el baile, poco después se repetía la escena, el nuevo bailarín rodeaba a Rocío con sus manos y aprovechaba cada giro para rozar sus pechos o bajar la mano por su costado hasta ponerla sobre el culo de la muchacha, sus amigos miraban sin disimulo como la tocaba una y otra vez sin que los padres de ella se percatasen de lo que sucedía. –No puede ser, pensaba Carlos, están manoseando a su hija y ellos singuen bailando sin darse cuenta. – Por un momento pensó en salir a la pista y parar el baile, pero no era su padre, quizás esa forma de comportarse era normal en ese tipo de bailes y él lo desconocía, era mejor no montar un escándalo y dejarlo pasar.

Carlos permaneció en la barra tomando una copa durante un buen rato viendo como había turno para bailar con su vecinita, la verdad es que era un auténtico espectáculo, ella se deslizaba por la pista moviendo sus caderas y él no podía apartar la vista de ese culo que con sus movimientos sensuales le tenía hipnotizado, además, de cuando en cuando, el vestido parecía que flotaba dejando a la vista esas pequeñas braguitas blancas, lo que hacia sonreír a los hombres de la barra. Alguno de ellos iba más allá del propio baile y se notaba como llevaban a la chica a la zona más oscura de la pista y aprovechaban para tocar su culo con descaro sin que ella hiciese nada para evitarlo.

Pasado un rato, Carlos dijo que tenía que irse y les dejó en el local bailando, no sabía cómo digerir el comportamiento de los padres abandonando a su hija en manos de unos sobones aprovechados.

Después de unas semanas sin coincidir con ellos, Lucas llamó a la puerta de Carlos para decirle que ese sábado era el cumpleaños de Rocío y querían invitarle a cenar, a lo que éste aceptó con agrado.

El sábado a la hora indicada escuchó como llamaban a su puerta, abrió y allí estaban los tres, Alba llevaba una minifalda negra y una blusa transparente también negra que dejaba ver un sujetador que a duras penas podía tapar sus estupendas tetas, por su parte, Rocío llevaba de nuevo uno de sus vestidos infantiles, esta vez era blanco, muy ajustado en la parte superior y corto y con vuelo en la falda, al verla, Carlos no podía apartar la vista de ella, con el pelo recogido en una coleta y sus pechos bien marcados, parecía una autentica diosa.

CARLOS.- ¡Feliz cumpleaños! Estás muy guapa.

Rocío sonrió y le dio las gracias por el cumplido, después salieron en dirección al restaurante. Tomaron unos vinos y unas raciones y brindaron por la mayoría de edad de Rocío, ésta parecía muy feliz pero seguía demostrando la misma timidez que en anteriores ocasiones. Después de la cena le propusieron ir al pub de salsa de la vez anterior, Carlos dudo por un momento, pero finalmente aceptó, esta familia le tenía intrigado y quería conocerlos mejor.

Al llegar al pub todos les saludaron efusivamente y muchos felicitaron a Rocío por su cumpleaños, después comenzó la música y todos salieron a bailar. Como en la ocasión anterior, el grupo de maduritos empezó a sacar a la niña por turno repitiendo la misma jugada y manoseándola cada vez que podían.

En una ocasión que los padres dejaron de bailar y se acercaron a beber un trago, Rocío hizo lo mismo y volvió con ellos. Alba pidió a Carlos que bailase con ella, pero éste dijo que no sabía.

ALBA.- No te preocupes yo te guío.

CARLOS.- No, lo siento, me da mucha vergüenza.

Alba le miró medio enfadada y se acercó a uno de los hombres de la barra al que parecía conocer perfectamente, al instante salieron a la pista y comenzaron a bailar, desde el primer momento ella pegó su cuerpo al del hombre de forma que sus tetas se clavaban prácticamente en el pecho de éste. Ambos bailaban con soltura, pero en ningún momento las manos de él eran tan audaces como lo habían sido anteriormente con Rocío.

Lucas sacó a bailar a una mujer que parecía ser su amiga y su hija se quedó en la barra, pero al instante llegó un hombre, la cogió por la cintura y la invitó a bailar, Rocío dijo que prefería descansar y entonces él se quedó allí en un rincón charlando con ella. Poco a poco su mano fue deslizándose por la cintura hasta dejarla sobre el culo de la muchacha, después, con leves movimientos, fue recogiendo el vestido hacia arriba hasta que su mano entró en contacto con él. El hombre acariciaba ese maravilloso culo por encima de la braguita y ella miraba hacia otro lado como si no pasara nada, al ver que no protestaba, el hombre se sintió autorizado para explorar con total libertad ese juvenil y torneado culo, ahora su mano apartaba la braguita y accedía al canalillo entre sus glúteos deslizando un dedo entre ellos. Rocío miraba a un lado y a otro sin parar hasta que cruzó su mirada con Carlos, al ver que éste estaba viendo lo que sucedía, se sonrojó y bajó la vista al suelo.

Carlos no podía creerlo, un hombre maduro estaba metiendo la mano bajo el vestido de su vecinita y apartaba la braguita para tener un mejor acceso. En la penumbra del pub podía observar con nitidez como éste metía los dedos entre sus cachetes y los movía a modo de penetración mientras ella temblaba y cerraba los ojos. Estaba a punto de ir a parar aquello cuando se dio cuenta de que tenía una erección brutal, la escena le había excitado sobremanera y era incapaz de moverse, entonces miró de nuevo a Rocío y vio como ésta, con los ojos semicerrados y gimiendo visiblemente, abría las piernas facilitando el acceso a esa mano invasora y permitiendo que llegase a la zona más intima de su cuerpo, después, vio como ella abría los ojos y le miraba fijamente mientras se agarraba con fuerza a la barra temblando por el efecto del orgasmo que estaba sintiendo.  

Cuando el hombre se fue y Carlos se acercó, vio como su vecinita se alisaba el vestido y se sonrojaba al ver como él la miraba. Iba a hablar cuando llegaron Lucas y Alba.

ALBA.- No sabes lo que te pierdes Carlos, estos bailes son muy fáciles, tu solo tienes que pegarte bien a mí y dejar que yo te lleve.

CARLOS.- Pero yo no se bailar.

ALBA.- No importa, tu pégate bien a mí y déjame que yo te guie.

Carlos aceptó la propuesta y salió a la pista, mientras bailaba con Alba no dejaba de pensar en lo sucedido, o su vecinita era tan tímida que era incapaz de defenderse de los bailarines acosadores o era tan puta como lo había sido su madre de joven y disimulaba muy bien. –No puede ser, es demasiado inocente, seguro que no sabe defenderse de ellos.-  Mientras pensaba esto, notaba como Alba se había aproximado tanto a él que sus tetas se estrujaban contra su pecho.

ALBA.- Ves, no es tan difícil, tu pon tu mano en mi cadera y muévela sobre ella cuando yo vaya a girar.

Carlos intentaba hacerlo pero le resultaba imposible, su mano siempre se movía tarde y en muchas ocasiones se estrellaba contra el culo o las tetas de su compañera, miraba de reojo a Lucas y veía como este se reía sin parar. – ¿Cómo es posible que sea tan religioso y esto le parezca normal? – Una vez mas no podía creer lo que sucedía, estaba sobando a su vecina constantemente y a su marido le parecía normal. – A esta me la follo si o si, pensaba-.

Después de otra copa y varios bailes, por fin decidieron irse a casa, al llegar al descansillo y despedirse, Alba le guiñó un ojo de forma picara.

ALBA.- Felices sueños vecino, que pena que tu duermas solo, yo al menos espero disfrutar un poco más de la velada.

Lucas sonrió y la empujó hacia adentro diciendo que era una descarada. Cuando Carlos iba a entrar en su casa, Rocío se acercó a él y le dio dos besos en la mejilla, Carlos la miró y vio que en su vestido se dibujaban perfectamente los dos pezones que pugnaban por atravesar la fina tela, ella al verlo bajó la vista sonrojándose nuevamente y entró en su casa sin decir nada.

Carlos estaba desconcertado, todo lo que había sucedido esa noche era realmente extraño para él, el comportamiento de la madre, del padre y de la hija eran cuando menos curiosos. Cuando estaba en su habitación inmerso en sus pensamientos, vio como se iluminaba la luz de la habitación que tenia frente a la suya en patio interior, de forma inconsciente apagó la luz y se asomó a ver quién era, en ese momento vio la figura de Rocío, acaba de entrar en la que parecía ser su habitación y estaba mirándose en el espejo del armario. Carlos no sabía cómo reaccionar, quizás no estaba bien lo que hacía pero la curiosidad le obligaba a esconderse tras las cortinas y mirar lo que hacía su vecinita.

Rocío se miraba ante el espejo y se acariciaba el pelo sonriendo. –Ha sido una buena noche, pensaba, además, había ido su vecino con ellos y eso la gustaba, era simpático.-  Miró de reojo por la ventana y le pareció ver la luz del piso de su vecino encendida, pero no, estaba apagada.

Carlos seguía mirando y vio como Rocío, muy lentamente, soltaba la cremallera posterior del vestido y lo dejaba caer al suelo quedándose en sujetador y braguitas, ambos blancos, ahora podía ver claramente esa braguitas de encaje que antes había tocado el osado bailarín. Entonces vio como su vecinita llevaba las manos a la espalda y soltaba el cierre del sujetador y lo sacaba liberando sus pechos, al verlos reflejados en el espejo pudo comprobar que eran redonditos, con un areola rosada pequeña y unos pezones puntiagudos. – Son perfectos, pensó-. Su conciencia le decía que no debía seguir mirando pero no podía, estaba totalmente excitado y quería más, no era capaz de apartar la vista de aquel cuerpo joven y escultural.

Rocío se acarició los pechos, el sujetador los había aprisionado durante toda la noche y ahora tenía que masajearlos, pasó sus manos por ellos y dejó los dedos sobre los pezones, de forma inconsciente los pellizcó suavemente y pensó en su vecino.- ¡Que vergüenza! Carlos Ha visto como los tenía de punta cuando le besaba. ¿Qué habrá pensado de mí? – Mientras daba vueltas a esto seguía pellizcándolos.

ROCIO.- Ummmm.

Miró entre sus pierna y vio como una pequeña manchita de humedad aparecía en su braguita. Sin poder contenerse se dirigió a la cama y se sentó en el borde, separó las piernas y vio como la manchita había crecido y la telilla de su braga estaba ya casi empapada, entonces se dejó caer ligeramente hacia atrás y metió la mano bajo la braguita llevando un dedo al clítoris, muy despacio comenzó a tocarse.

ROCIO.- Ummmm, siii, me gusta.

Carlos desde la ventana miraba como los dedos de su vecinita se movían entre sus piernas, como no podía ver perfectamente la escena separó un poco más la cortina, al hacerlo pudo distinguir con claridad como una mano de Rocío se movía dentro de la braguita y la otra acariciaba sus pechos, primero con suavidad y después apretándolos con fuerza y pellizcando los pezones. Apartó por completo la cortina y se aproximó todo lo que pudo a la ventana, ahora veía como los dedos de su vecinita se movían bajo la braga y no podía apartar la vista, era algo que nunca hubiese esperado, aún la percibía como una niña inocente y no cabía en su cabeza que estuviese masturbándose delante de él, a pesar de la distancia podía obervar con claridad como ella movía los dedos circularmente en el clítoris para después introducirlos en su vagina. Era una locura, pero como deseaba poder ver ese sexo, ahora sentía la necesidad de acariciarlo, le gustaría poder separar esos labios e introducir sus propios dedos en su interior, deseaba ser él quien la diese placer.

Al ver esto su pene creció inmediatamente bajo el pantalón, sin poder controlarse sacó la verga y comenzó a masturbarse, la visión de esa muchacha joven con un cuerpo tan espectacular le estaba haciendo perder el control, solo podía fijarse en sus hermosos pechos, no podía tocarlos pero los imaginaba suaves y duros al mismo tiempo, recordaba como se marcaban esos pezones bajo el vestido y sabia que eran del tamaño de un garbanzo y puntiagudos. ¡¡Como desearía poder acariciarlos y tenerlos entre sus labios!!

Rocío continuo masturbándose, por un momento creyó ver alguien en la ventana de enfrente, pero no importaba, ahora solo podía pensar en darse placer, estaba muy excitada y quería sentir un orgasmo, notaba su sexo húmedo y necesitaba correrse cuanto antes. Levantó los pies un poco y se sacó la braguita, después se tumbó en la cama, separó bien las piernas y se dejó llevar, primero acarició el clítoris con sus dedos para a continuación recorrer los labios y por último penetrar su vagina con ellos.

ROCIO.- ¡Dios! Que bueno, me encanta.

Nunca antes lo había hecho, sabía que sus amigas si lo hacían, pero ella no, su padre siempre había dicho que eso no era propio de las niñas decentes, pero hoy, cuando el amigo de sus padres metió la mano bajo su braga y la tocó en el pub, sintió un placer indescriptible, algo que nunca hubiese podido imaginar, y ahora necesitaba volver a sentirlo. Aceleró el movimiento de sus dedos al acariciar el clítoris y notó como ya le llegaba, estaba a punto de correrse por segunda vez en su vida y esta vez quería disfrutarlo de verdad, en el pub no pudo porque le daba mucha vergüenza, pero ahora, en la soledad de su cuarto, quería disfrutar de aquello que tanto hablaban sus amigas. Siguió masturbándose y notó como su vagina se inundaba con sus flujos, quería disfrutar de ese momento, así que se incorporó para poder ver su sexo húmedo, abrió todo lo que pudo las piernas y separó los labios vaginales con los dedos, al hacerlo comprobó como por su coño se deslizaban fluidos que empapaban por completo sus dedos.

Carlos seguía hipnotizado viendo a su vecinita, ésta seguía frente a él y había abierto por completo las piernas dándole un autentico espectáculo, ahora tenía su sexo totalmente expuesto, desde su posición podía ver como ella separaba sus labios vaginales mostrándole esa cueva rosada y húmeda. Llevaba un rato sacudiéndose la polla y sabía que no iba a aguantar mucho más, estaba a punto de descargar su leche y al ver aquel coño abierto frente a él solo podía pensar en hacerlo dentro. ¡Como le gustaría poder penetrarlo, sentir la estrechez de sus paredes sobre su pene y correrse  dentro! Entonces vio como Rocío aceleraba el movimiento de sus dedos y se penetraba con ellos al tiempo que con la otra mano retorcía con fuerza sus pezones, al ver que su vecina tenía los ojos cerrados decidió abrir un poco la ventana, abrió lo justo para poder oírla, en ese momento pudo oír como ella gemía y su respiración se aceleraba.

ROCIO.- Dios, voy a correrme, voy a correrme.

Carlos no podía creerlo, estaba asistiendo a un autentico espectáculo, algo que nunca hubiese pasado por su cabeza, su vecinita, con los ojos cerrados, gemía cada vez más alto mientras follaba su coño con auténtica desesperación.

Rocío sintió como llegaba el orgasmo y apretó las piernas pillando la mano entre ellas, era incapaz de sacar los dedos de su sexo, le daban tanto placer que no quería que se acabase nunca. Se dejó caer en la cama moviendo sus caderas y penetrándose aun con ellos.

ROCIO.- Ufff, ha sido estupendo, no sé como no lo había hecho antes.

Carlos, al verla, no pudo resistir más y con dos sacudidas de su mano soltó la leche que llevaba dentro. Después se retiró discretamente de la ventana para que ella no le viera.

Pasaron unos días y no sabía nada de los vecinos, por un momento pensó que quizás la niña les hubiese dicho que él la había espiado, pero era imposible, como iba explicarle a su padre que él la expiaba mientras ella estaba haciéndose una paja. El miércoles fue él quien invitó a los vecinos a salir a cenar y bailar, desde el sábado anterior no podía parar de pensar en su vecina, quería estar con ella, verla de nuevo.

Por fin llegó el sábado, Carlos se vistió y llamó a la puerta de los vecinos. Al abrirse la puerta allí estaba Rocío, nada más verla se quedó sorprendido, otra vez llevaba un vestido infantil, esta vez era de color azul celeste con un pequeño escote americano sin mangas y falda corta acampanada. Alba, para variar, llevaba una minifalda y una blusa semitransparente que mostraba perfectamente el sujetador y sus grandes tetas, Carlos no entendía como esa madre tan provocativa llevaba a su hija adolescente vestida como una colegiala.

Fueron a cenar a una terraza junto al mar y eligieron una mesa con taburetes altos, al sentarse Rocío, su vestido se recogió hacia arriba y sus piernas quedaran por completo a la vista, desde el primer momento Carlos centró su mirada en ellas, lo que no pasó inadvertido para Alba, a medida que tomaban vinos, la muchacha se movía en la silla dejando ver en más de una ocasión el interior de sus piernas, Carlos no perdía detalle y creyó ver que nuevamente vestía unas braguitas blancas como en la anterior ocasión, también se dio cuenta que su vecinita, ya por despiste o por provocación, había dejado un largo rato las piernas separadas mostrándole las braguitas con toda claridad, esto hizo que aumentara su osadía y la mirara con descaro, ya no veía a Rocío como la niña inocente de antes, ahora sabía que tenía delante una mujer con un cuerpo explosivo y con deseos sexuales como cualquier otra.

CARLOS.- Bueno Rocío, ahora que eres mayor de edad ya tendrás que pensar en conocer algún chico con quien salir.

Ésta no respondió, se sonrojó y bajó la cabeza como tantas veces, su madre sin embargo, llevaba varios vinos y ya tenía la lengua muy suelta.

ALBA.- Si, ya va siendo hora, necesita que la den un buen meneo.

LUCAS.- Calla por Dios, no digas esas cosas.

ALBA.- Es verdad, ya tiene edad para salir y que la espabilen.

CARLOS.- Con ese cuerpazo no te van a faltar pretendientes.

Rocío sonrió pero no dijo nada. Después de cenar y cuando iban a coger el coche para ir al pub, Alba se acercó a Carlos y le dijo al oído.

ALBA.- Veo como miras a la niña, pero antes de intentar nada con ella tendrás que probar a la madre, así que si quieres algo ya sabes.

Carlos se quedó sin palabras, Alba le había calado por completo y no había perdido el tiempo en expresarle sus exigencias, o disimulaba mejor o el padre también se daría cuenta de su interés por la niña.

Al entrar en el pub, los amigos se acercaron a saludar como era habitual, todos lo hicieron de forma muy cariñosa pero uno muy especialmente, el hombre que había metido la mano bajo la braga de Rocío el día de su cumpleaños se acercó directamente y la abrazó con mucho entusiasmo, detrás estaban sus amigos mirando y sonriendo.

Sonó la primera canción y Alba y Lucas salieron inmediatamente a bailar dejando a su hija en la barra con sus amigos, el que había estado con ella desde el principio la pidió inmediatamente bailar, ella accedió y salieron a la pista, en menos de un minuto y después de tres giros, la mano de él ya descansaba sobre el culo de Rocío, cada movimiento o pase que hacían, el lo aprovechaba para deslizarla sobre el vestido y tocar el culo de la muchacha a su antojo sin que nadie se fijara en ello.

En el momento que acabó la canción otro de los hombres se acercó para bailar con Rocío, pero Carlos se adelantó y le dijo que le tocaba a él. Ésta sonrió y le dio las gracias por sacarla, él la preguntó si sabía cuál era el juego de esos hombres, a lo que ella respondió que sí, sabía que ellos bailaban con ella para sobarla y ver sus piernas o lo que pudieran, pero a sus padres les gustaba ir a bailar allí y ella no podía estar parada todo el tiempo porque decían que era una sosa. Era evidente que sus padres no se habían percatado del morbo que su hija generaba entre los clientes maduritos del pub y de cómo se aprovechaban de ella mientras ellos bailaban sin parar.

CARLOS.- Bueno, yo te he sacado pero no se bailar.

ROCIO.- No te preocupes, yo te enseño, pero no me dejes sola en ningún momento.

Rocío le explicó cómo debía moverse y le dijo que metiese una pierna entre las suyas, después se pegó a él de forma que sus pechos se clavaban literalmente en el de Carlos, éste intentó seguir sus instrucciones, pero los movimientos de caderas de ella hicieron que tuviera una erección, intentó separarse para que no lo notara pero ella no le dejó.

ROCIO.- La bachata se baila muy pegado, mete la pierna entre las mías y no la saques, y baja la mano a la altura de mi cadera.

Carlos hizo lo que le pedía pero vio como su erección era imposible de disimular, intentó separarse de nuevo pero Rocío volvió a apretarse contra él.

ROCIO.- No te separes, es normal que te excites, a mi también me pasa.

Carlos no sabia que decir, por primera vez esa muchacha le había sorprendido hablando de forma tan directa.

CARLOS.- ¿Tú también te excitas bailando?

ROCIO.- Claro, el que sea tímida y mis padres no me den libertad no quiere decir que sea tonta.

CARLOS.- ¡Joder! Pero a  ti no se te nota que estás excitada, y lo mío es más que evidente.

ROCIO.- ¿Cómo que no se nota? Espera.

Rocío hizo un giro y se separó de Carlos lo suficiente para que él pudiera ver unos pezones puntiagudos marcados en su vestido.

ROCIO.- ¡Has visto? Por eso me sacan a bailar, porque saben que cuando me tocan enseguida se excitan mis pezones y pueden verlo a través del vestido, bueno, y también porque me tocan el culo cada vez que hacemos un giro.

CARLOS.- ¿Y a ti no te molesta?

ROCIO.- Al principio sí y no bailaba, pero mis padres decían que era una sosa y que para venir aquí mejor me quedase en casa, así que con tal de salir venía y aguantaba todo, luego fui acostumbrándome e incluso empezó a gustarme ver como babeaban cuando me miraban.

CARLOS.- Joder, estás sorprendiéndome, no pensaba que fueras así, te veía como una niña inocente que nunca había roto un plato.

ROCIO.- Si, eso es lo que quieren mis padres, que sea así, pero ya has oído a mi madre, cuando era joven debía ser la más puta de su pueblo. Así que la curiosidad hizo que yo intentase aprender, aunque como ya te dije nunca he tenido relaciones con un chico, sí he visto revistas, vídeos y he hablado con mis amigas, y la verdad es que me excito cuando me acarician aquí bailando, incluso en una ocasión me he relajado en casa yo solita. ¿No me oíste el otro día desde tu habitación? Está enfrente de la mía y me pareció verte.

CARLOS.- Coñooo, no paras de sorprenderme, te pido disculpas por lo de la otra noche, no fue mi intención mirarte pero no pude evitarlo.

ROCIO.- Tampoco era intención mía que me vieras, pero cuando acabé me di cuenta que se movía la cortina y supuse que estabas allí mirando, al principio me dio vergüenza pero después me gustó pensar que estabas allí viéndome.

Rocío le dedicó una sonrisa y rápidamente hizo un par de giros de forma que las manos de Carlos pasasen sobre sus tetas acariciando de forma clara sus pezones.

ROCIO.- Esta noche pensaré en ti cuando me toque.

Al decir esto terminó la canción, por lo que se separó de él y fue a la barra a dar un trago de su bebida. Carlos se quedó en la pista pensando y sin creer lo que acababa de ocurrirle, en ese instante se acercó Alba y le dijo al oído que la siguiera al baño, ella fue delante y segundos después la siguió no sin antes comprobar que Lucas estaba bailando con su hija. Al llegar al pasillo del baño, Alba le cogió de la mano y le llevó al almacén que había al fondo, cuando estaban dentro y sin mediar palabra, le puso junto a una pequeña mesita y se arrodilló frente a él.

ALBA.- Ahora vas a tener que pagar tu peaje, si quieres tener a la hija antes tendrás que hacer disfrutar a la madre.

Dicho esto sacó la verga de Carlos del pantalón y comenzó a pajearla, está creció inmediatamente en sus manos, por lo que sin esperar un segundo acercó su boca y comenzó chupar el glande pasando su lengua suavemente por él para después tragárselo y succionarlo con fuerza, mientras lo hacía miró hacia arriba con picardía para ver la cara de Carlos

ALBA.- ¿Te gusta como lo hago? Te puedo asegurar que mi hija no te lo va a hacer tan bien, es más, dudo que se atreva a hacerlo.

Con una sonrisa en la cara volvió a tragarse la polla devorándola como una verdadera experta, era evidente que había hecho muchas mamadas en su vida, sus labios apretaban con fuerza el capullo y su cabeza subía y bajaba a buen ritmo tragando cada centímetro de polla.

ALBA.- Me encanta comer una buena polla, y la tuya no está nada mal. ¿Te gusta como te la chupo?

CARLOS.- ¡Joder! Eres única, hacía tiempo que no me hacían una mamada tan buena.

Alba miró hacia arriba sonriente y le dijo.

ALBA.- Cuando vayas a correrte avísame.

Carlos la cogió por el pelo y tiró fuerte de la cabeza hacia él obligándola a tragar más porción de polla.

ALBA.- Ummmm, así me gusta, fóllame bien la boca.

Al oír esto Carlos tuvo claro que su vecina era una autentica calentorra, excitado no pudo resistir la tentación de empujar con sus caderas clavando la verga en la garganta de Alba.

CARLOS.- Cállate y chúpamela, Zorra.

Alba le miró sonriente y no pudo evitar mater la mano bajo su falda y comenzó a tocar su sexo, estaba tan excitada que necesitaba masturbarse inmediatamente, apartó la braga con sus dedos y comenzó a acariciarse el clítoris con una velocidad asombrosa mientras su boca seguía mamando si parar la verga de su vecino.

ALBA.- ¡¡¡Fóllame la boca por favor!!!  Ummmm, me gusta que lo hagas.

CARLOS.- Sigue chupando zorra. ¿Esto es lo que quieres para dejarme a tu hija?

ALBA.- Siiii, pero tienes que follarme bien, yo seré tu zorra y podrás follarme cuando quieras.

Carlos aceleró el movimiento de sus caderas penetrando una y otra vez la boca de su vecina, solo con pensar en Rocío se excitaba y deseaba clavársela lo más adentro posible.

CARLOS.- Voy a correrme, ya estoy a punto.

ALBA.- No la saques, ten cuidado no salpiques la blusa porque Lucas se daría cuenta. Mejor córrete en mi boca, quiero tragármelo todo.

Alba cerró los labios con fuerza alrededor del glande y comenzó a mover su lengua pasándola por el capullo con maestría. Carlos, incapaz de contenerse, soltó la primera descarga de leche. Alba, al sentir como el líquido tibio y viscoso inundaba su boca, tragó rápidamente antes de notar como una segunda descarga volvía a salir con fuerza golpeando su garganta.

CARLOS.-  Trágatelo todo. ¡Puta!

Con verdaderos esfuerzos ella tragaba evitando que esa leche saliera de su boca y se derramará sobre su ropa, a pesar de sus esfuerzos algunas gotas se deslizaban por la comisura de sus labios, ella los recogió con los dedos y las llevó a su boca de nuevo.

ALBA.- Ummmm que rica, me encanta.

Al notar que él ya había acabado, volvió a meter la mano bajo la braga penetrando su sexo con los dedos, estaba de rodillas y era incapaz de levantarse, tenía una necesidad imperiosa de correrse, así que separó las rodillas, apartó la braga por completo con una mano y con la otra continuó follándose el coño sin parar.

Carlos al verla noto como su verga volvía a crecer, por lo que la cogió del pelo, tiró de ella hacia arriba y la obligó a apoyar las manos sobre la mesa, a continuación subió la falda hasta las caderas y poniéndose detrás llevó la polla a la entrada de su coño, la pasó un par de veces a lo largo de sus labios vaginales, y cuando vio que estaba lubricada dio un golpe de cadera clavándosela hasta el fondo.

ALBA.- ¡¡¡Cabrón!!! Casi me atraviesas.

CARLOS.- ¿Quieres que pare y la saque?

ALBA.- No joder. ¡Fóllame por Dios! Clávamela cuanto quieras.

CARLOS.- Cállate entonces, Zorra.

Al decir esto, separó con un golpe las piernas de ella y cogió de nuevo la cabeza de Alba empujándola hasta dejarla apoyada sobre la mesa, ahora la tenía completamente a su merced. Quizás por el desprecio con que Alba trataba a su hija, él ahora la follaba con violencia empotrándola una y otra vez contra la mesa haciendo que sus tetas y su rostro se deslizasen por la superficie de ésta adelante y atrás, a cada envite que él daba notaba como su polla penetraba en el coño empapado de su vecina y oía el impacto al golpear contra los cachetes de su culo.

CARLOS.- Ahora dime tú si te gusta. ¡Zorra!

Alba apenas podía articular palabra, tenía la cara pegada a la mesa y sujeta por la mano de Carlos que la presionaba sin parar, con cada embestida que recibía notaba la presión de la mano y esto la excitaba sobremanera, había tenido muchos amantes pero ninguno la había tratado como éste, todas habían sido relaciones esporádicas con sexo “normal”, pero el trato que la estaba dando Carlos la ponía a cien, ella había sido siempre una chica ligera de cascos y la encantaba el sexo, pero nunca nadie la había tratado de esta manera, con su vecino se sentía una verdadera puta y eso la encantaba.

CARLOS.- Te he preguntado si te gusta cómo te follo.

Al decir esto la propinó una sonora cachetada en el culo.

ALBA.- ¡¡Dios!! Me encanta, me encanta, no pares por favor.

Carlos continuó castigando su coño sin parar, su polla taladraba una y otra vez ese orificio húmedo y caliente, podía notar la excitación de ella por la cantidad de flujo que salía por su sexo. Su mano cayó de nuevo con fuerza sobre el cachete de ella dejando una visible marca roja, disfrutaba castigándola, solo podía pensar en lo que había permitido que hiciesen a su hija y en cómo se la había ofrecido a él.

CARLOS.- ¿Te gusta que te pegue? Dímelo.

A. Siiii, me gusta, me encanta, dame cuanto quieras.

CARLOS.- Esta noche, cuando te folle Lucas, verá tu culo enrojecido y sabrá lo puta que es su mujer.

ALBA.- No importa, dame si quieres, pero fóllame con fuerza, me encanta que me la claves bien adentro.

Carlos volvió a golpear con fuerza su culo y a acelerar el movimiento de sus caderas, ella notaba que iba a alcanzar el orgasmo y le pidió que la soltase. En lugar de eso, Carlos tiró fuerte de su pelo al tiempo que apretaba sus caderas con fuerza contra ella hundiendo su verga en lo más profundo de su útero.

ALBA.- Agggg. Cabrón, me corro, me corro.

Carlos notaba como su vecina temblaba fruto del orgasmo que estaba sintiendo. Como él no había acabado aún, continuó martilleando una y otra vez ese coño mientras ella se movía como loca para que finalizase.

ALBA.- Córrete ya, quiero sentir tu leche dentro.

 CARLOS.- No, quiero correrme en tu cara, quiero ver tu cara de puta cuando lo haga.

ALBA.- No por favor, hoy no, otro día, si me manchas lo notaría Lucas.

Carlos continuó penetrándola con rabia hasta que su polla eyaculó en la vagina caliente y húmeda de Alba. Cuando ambos se recuperaron, Alba se ajustó bien la falda y la blusa y salieron del almacén

ALBA.- Dios, ha sido estupendo, tendremos que repetirlo.

CARLOS.- Lo haremos, pero ya sabes cuál es la condición.

ALBA.- No te preocupes, haré todo lo posible.

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2 comentarios sobre “Mi vecinita

  • el julio 28, 2019 a las 5:05 am
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    Excelente relato, lleno de erotismo y acción, para nada aburrida. Me ha hecho humedecer como no te imaginas. Espero escribas la segunda parte.

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