Quiero que mi amigo me folle 2 – relatos eroticos

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¿No les ha pasado que han hecho planes para pasar un buen rato y el día en que van a realizarlos todo parece estar en su contra? Bueno, a Mario y a mi no estaba pasando eso en esta oportunidad, y precisamente toda es lucha nos hizo calentarnos más. Pero bueno, iniciemos desde el principio.

Alberto, uno de nuestros amigos en común iba a casarse en una semana y ambos fuimos invitados. Siendo que Mario está en Barcelona y yo en Madrid, no podemos compartir todo lo que queremos; así que la idea de encontrarnos en Torino nos pareció magnífica. Sin embargo, delante de la gente somos solamente amigos, así que nuestros encuentros furtivos deben mantenerse bajo perfil, así que la discreción era necesaria. De hecho, conversamos en línea sobre el asunto.

– ¿Vas a ir a la boda de Alberto?

– Claro, no me la perdería ¿Tú vas?

– Si, también… estaba pensando en que podíamos aprovechar para hacer algo rico -le dije con esa risita maliciosa que me caracteriza-.

– Jajajajajaja tú no cambias Gabi, siempre de puta.

– Jajajajaja ¿Me vas a decir que no quieres?

– Claro que quiero! Las ganas que te tengo…

– Bueno, vamos a hacer reservaciones en el mismo hotel.

– ¿Juntos?

– No se, prefiero que cada uno reserve su habitación, ya sabes es mejor evitar.

– Ay Gabi evitar qué? Torino queda muy lejos, nadie nos conoce.

– ¿Nadie? Otros amigos del grupo están invitados, Elena con su marido, Daniel y Merci también ¿Te imaginas que por casualidad se hospeden en el mismo sitio que nosotros y vean que estamos quedándonos en la misma habitación? No, prefiero prevenir.

– Bueno, tienes razón, Torino tampoco es tan grande y si podemos coincidir con alguien en el hotel.

– Exacto, mejor reservamos en el mismo hotel y luego será sencillo cambiarnos de habitación jajajajajaja. Prometo que te lo compensaré…

– ¿Ah si? ¿Y cómo?

– ¿Te acuerdas de la bulsa cortita de cuadros rojos y negro que utilizaba cuando trabajé en aquella cafetería durante el verano?

– Si…

– Tengo una versión mucho más escotada todavía, casi se me salen las tetas… imagínatela con una braguita pequeñita, pequeñita…

– Uff si, ya me la imagino, me encantaba cómo se te veían las tetas con ese uniforme.

– Bueno, en el hotel yo te llevo servicio a la habitación.

– Madre mía, no te he visto con ese uniforme y ya me tienes como un burro…

– Jajajajajaja pues te tienes que esperar hasta Torino.

– ¿En serio?

– Si -sabía que lo estaba provocando y me encantaba hacerlo- Ahora tenemos que buscar donde quedarnos, así que a buscar hotel.

– Jajajajajajaja ok, malvada.

Al final, logramos reservar en una posada muy linda en el centro de la ciudad, en donde aprovecharemos para darle rienda suelta a nuestras fantasías. La idea era llegar un día antes de la boda e irnos un día después, eso nos daba dos noches para disfrutar.

Naturalmente, pensaba volver loco a Mario durante esos días, y aumentarle las ganas era mi mayor herramienta. Por eso me fui de compras, y encontré un precioso vestido color rosa, súper ajustado al cuerpo, con las transparencias justas y un escote bajo de infarto, junto con unas sandalias de tacón fino color plata que me haría lucir súper sexy.

Finalmente cuando llegué a Torino días después, me registré en el hotel y discretamente pregunté si Mario había llegado.

– No señorita, hasta ahora no se ha registrado ningún Mario Castañeda.

– Bueno, supongo que lo hará más tarde…

– ¿Gabi?

– Elenita! ¿Cómo has estado?

– Qué gusto verte amiga, Alberto me dijo que venías a la boda.

– Si varios chicos están invitados -le respondí, pensando en que había sido una buena idea reservar habitaciones separadas, pues ahí estaba Elena, su marido y sus dos niños, toda una tropa-.

Luego de saludar a su marido, a los niños y conversar un poco en la recepción, quedamos para cenar por la noche en el hotel. Sinceramente era lo último que buscaba, pero ella insistió y me parecía una descortesía decirle que no, por lo que al final acepté. La decepción de Mario fue similar, cuando llegó al hotel, me envió un mensaje y supo de la cena, pero lo que no sabíamos es que las cosas se nos complicarían más.

Y es que esa noche, cuando cenamos todos juntos en el hotel, Alberto nos llamó para avisarnos que esa misma noche le llevaría a su chica la tradicional serenata que realiza el novio la noche antes de la boda. Normalmente, la novia no sabe que será visitada, hasta que escucha a su novio cantando a su ventana, rodeado de amigos y familia; luego se realiza una fiesta con música, comida y todo lo demás, que viene siendo algo así como una pre-celebración de la boda, claro está tuvimos que asistir.

Y unas horas más tarde, ahí estábamos Mario y yo, con unas ganas tremendas de coger, pegando saltos, comiendo y cantando hasta las dos de la mañana, rodeados de los amigos y familia de los novios. Cuando terminamos la noche y llegamos al hotel, estábamos tan cansados por el viaje y el tremendo fiestón, que ni con medio litro de café podíamos quedarnos despiertos; así que lo dejamos para el día siguiente y nos fuimos a dormir cada uno a su habitación. Menos mal, porque en cuanto toqué la almohada caí como muerta hasta las 8:30 AM del día siguiente.

Bueno, podíamos coger un rato durante el día, o al menos eso pensábamos. Los chicos decidieron reunirse para desayunar tarde todos juntos, Alberto, Elena, Daniel, Merci, y claro Mario y yo. Era una especie de reencuentro con los amigos de la universidad, y el novio estaba tan alegre que era imposible decirle que no. Me puse un vestido sencillo color turquesa, unas sandalias de corcho y un sombrero para asistir al desayuno, pero justo cuando estaba dándome los últimos toques, Mario me avisó que venía a mi habitación a buscarme.

Le abrí la puerta al segundo toquido, y cuánto entró se me lanzó encima sin mediar palabra, besándome como loco y tocándome las nalgas por arriba del vestido, haciendo que me mojara las bragas en un segundo.

– No te imaginas las ganas que tengo Gabi…

– Yo también -le dije entre jadeos- pero vamos a llegar tarde al encuentro con los muchachos.

– Tranquila, sólo quiero darte una probadita, anda Gabi no seas odiosa…

Dicho eso, me recostó contra el mesón del mini bar, me levantó la falda, hizo a un lado mi braguita y me penetró de prisa. Agradecí tener el pecho recostado contra la mesa, porque el placer que me daban sus embestidas era tan fuerte que me flaqueaban las piernas. Sabía que no teníamos mucho tiempo, así que junté las piernas para aumentar el roce de su verga dentro de mi cuca, estaba tan rico que no tardamos en corrernos.

Cuando terminamos estaba sudada y con la braga mojada de semen y flujos; así que le dije que bajara ya que necesitaba tiempo para acomodarme un poco. Menos mal llevaba poco maquillaje y podía recomponerme de prisa.

– Sabes que todavía tengo ganas…

– Y yo Mario, ya nos daremos gusto.

Fui baño, me senté en el water y me lavé el coño, luego me puse una braga limpia, me lavé la cara, me puse un poco maquillaje y llegué acelerada a la recepción, parecía que había corrido un maratón entre el sexo y el apuro.

– ¿Qué tienes Gabi que te ves como acalorada? -Si, ahí estaba Elena-.

– Nada, es que me quedé dormida y casi no llego a tiempo.

– Si es un poco tarde, nosotros también nos retrasamos, ya sabes por los niños.

Tomé un taxi con Elena y su familia, menos mal Mario no estaba por ahí -sería demasiada coincidencia- Supuse que se había ido antes, finalmente nos fuimos al encuentro con los muchachos y tuvimos una mañana muy agradable todos juntos.

Luego regresamos al hotel para arreglarnos, pasé un buen rato en la peluquería y luego vistiéndome. El vestido me quedaba como un guante, estaba segura de que levantaría más de una mirada y de un pene también…

Afortundamente, Elena y los suyos no estaban por ahí cuando nos fuimos, a Mario se le cayó la mandíbula cuando me vio.

– Vaya Gabriela! Estás muy bonita, hay que decirlo -exclamó con naturalidad-.

Me dijo que había alquilado un auto para ir a la boda, así podríamos ir tranquilos y regresar juntos sin despertar sospechas. Cuando nos pusimos en camino, Mario siguió diciéndome lo linda que estaba.

– Gracias Mario ¿Pero a qué no sabes un detalle de este vestuario?

– ¿Qué?

– Con este vestido no se llevan pantaletas…

– Uff, me vas a hacer chocar con un poste jajajajajajaja

– ¿El poste que llevas entre las piernas?

– Jajajajaja eres una hija de puta, sabías?

– No te imaginas cuánto -le respondí, pensando en la siguiente travesura que le tenía preparada-.

Nos fuimos a la iglesia y luego al salón, disfrutamos de una boda espectacular, comida, bebida y bailes a granel. Me hubiese gustado torturar un poco más a Mario, pero en la mesa estaban nuestros otros amigos, además de los niños, así que lo mejor era mantener las cosas bajo perfil. Sin embargo, bailamos juntos algunas veces, ocasión que Mario utilizó para tocarme el culo discretamente, haciendo que me calentara bastante.

Rato después de que los novios picaran el pastel, decidí ir al baño, entonces aproveché para enviarle a Mario dos fotos que me había tomado temprano con la blusa y la braguita que lo hacían fantasear, sabía que eso lo pondría a mil. En efecto, no pasaron cinco minutos desde que regresé al salón, cuando ya lo tenía a mis espaldas diciéndome que era hora de irnos. Menos mal sus pantalones eran oscuros, porque el bulto que me recostó del culo cuando me habló estaba bastante alborotado.

Luego de una larga despedida con los novios -no querían dejarnos ir- salimos rumbo al hotel; afortundamente Mario eligió un modelo de vehículo muy pequeño como para cargar con Elena y su familia, por lo que pudimos irnos solos. En el camino, conversamos un rato sobre la boda; ambos tuvimos la impresión de que Merci y Daniel también andan en algo, aunque se están hospedando en otro lugar y no nos consta.

– ¿Tu habitación o la mía? -Me preguntó Mario cuando llegamos al hotel-.

– Te llevo servicio a la habitación…

Subí a mi cuarto, me di una ducha rápida, me puse el uniforme sexy, las sandalias que usé en la boda y me cubrí con un abrigo largo para ir hasta la habitación de Mario ¿Y justo cuando iba por el pasillo? Si, Elena y su familia que venían llegando la fiesta, el mundo nos estaba haciendo la vida imposible…

– ¿Qué haces Gabi para dónde vas? -Me preguntó Elena-.

Reconozco que sentí ganas de mandarla al carajo, pero no tendría sentido, entonces le inventé que me dolía un poco la cabeza y que iba a la recepción para pedir un calmante.

– Tranquila, yo tengo analgésicos, ven conmigo.

– No te molestes Elena, los niños tienen sueño, ve tranquila, en la recepción me darán algo.

– No chica por favor, entra que los tengo a la mano, precisamente por tener niños vengo cargando con una farmacia.

Ahí estaba yo, tomándome un analgésico para curar el dolor fantasma. Tomé la pastilla, le di las gracias y me regresé a mi habitación por unos minutos, con la oreja pegada de la puerta para asegurarme de que fastidiosa amiga ya no saldría. Cuando calculé unos cinco minutos, salí de puntillas por el pasillo con las sandalias en la mano y me escurrí por las escaleras hasta el piso de abajo. Cuando toqué la puerta de Mario lo encontré completamente desnudo.

– Vaya, pensé que te habías dormido.

– La fastidiosa de Elena me encontró en el pasillo, pero no me saques de personaje ¿Quieres?

– Ok, ok, lo siento -me respondió sonrriendo con picardía-.

– Le traje su servicio a la habitación señor.

– A ver ¿Y qué trajiste?

– Postre claro.

Y le mostré un tubo grande de crema de chocolate que había traído comigo. El trató de meterme las manos en las tetas pero no lo dejé.

– Gabiii que te he deseado todo el día…

– Si pero las damas primero, me toca postre a mi, acuéstate.

No pudo evitar reir sorpendido, cuando me vio llenarle la verga y las bolas con chocolate.

– A mi me tocan un huevote con chocolate -le dije con morbo-.

Y enseguida me lancé a lamerlo completo, desde el ano -que le di lengua entero, haciéndolo suspirar de calentura- hasta las bolas, succionándolas suavemente una por una, luego le chupé todo el miembro sin dejar un centímetro sin succionar, poniendo mucha atención en el frenillo y su cabeza gruesa y brillante que comenzaba a soltar algunas gotas de su flujo, su sabor salado junto con el chocolate sabía delicioso, así que le puse un poco más en toda la cabeza, me la metí completa en la boca y la saboreé como una chiquilla glotona.

– Este chocolate va a llevar más leche -me dijo con la voz entrecortada-.

Yo me limité a guiñarle el ojo, mientras recibía toda su descarga en la lengua y me la tragaba sin dejar una sola gota.

– Cómete todo putica, mira que el dulce en la cuquita pude ser dañino, no dejes nada.

– Tranquilo, que no dejé ni una gotita -le respondí lamiéndome los labios-.

– Ahora me toca a mi, y quiero melones con chocolate.

Dicho esto, me recosté sobre la cama y me desaté la blusa; enseguida tomó el tubo y me llenó de chocolate ambos senos, el centro del pecho, el ombligo y comenzó a disfrutar de su postre. Estaba tan caliente, que me erizaba toda cuando se lamía mis pezones y los halaba con suavidad. Al igual que yo hice con él, no dejó un centímetro de mis tetas sin mamarse, haciendo que soltara gemidos de gusto. Luego, bajó lamiendo desde el centro de mis tetas hasta llegar al vientre y el ombligo, recogiendo todo el chocolate con su lengua, mientras metía el dedo del corazón en mi vagina; por momentos sólo lo dejaba adentro, luego lo movía haciendo círculos con lentitud mientras seguía chupándome el cuerpo y poniéndome a rogar.

– Ahhh Mariooo, dame guevooo por favorrrr!

– ¿Quieres este postre Gabita? -Me preguntó con picardía mostrándome la soberana verga parada que tenía entre las manos-.

– Si, si, siiii, métemelo ya, no aguanto.

– Tu lo pides nena y yo te complazco. Vamos, voltéate que te quiero en cuatro.

Hice lo que me pidió y me puse de rodillas, con los codos apoyados en el colchón y el culo parado. Entonces rodó la braga con sus dedos y enseguida sentí esa verga dura abriéndose paso y taladrándome con todo. Me tomaba por las caderas halándome fuerte contra su cuerpo, haciendo que mis tetas se balancearan como locas, sólo podías escuchar nuestros jadeos y el aplauso de mi vagina chocando contra sus bolas una y otra vez, hasta que nos corrimos como dos salvajes.

Luego nos quedamos tumbados uno junto al otro recuperando el aliento, no se cuánto tiempo estuvimos así, hasta que por fin comenzamos a hablar.

– Coño ¿Y qué quería la fastidiosa de Elena? ¿Que le durmieras a los muchachitos será?

– Jajajajajajaja no, fue que me la encontré con la familia entrando a la habitación cuando venía para acá y tuve que inventarle que iba a la recepción a buscar un calmante. Entonces, ya sabes cómo es, me hizo entrar a su suite y no me dejó salir hasta que me tomé la pastilla que me dio, luego tuve que esperar un rato antes de regresarme, salí con las sandalias en la mano.

– Jajajajaja que bolas, bueno sino ibas a tener que traértela también.

– ¿Con esos carajitos que pican y dan carraspera? No me jodas, será para que termináramos lanzándolos por la ventana.

– Tienes razón, como joden esos carajitos ¿Y viste a la mamá de Alberto? Al final estaba medio borracha y le estaba sacando fiesta al marido delante de todo el mundo.

– Coño si, jajajajaja que pena.

Nos quedamos chismeando un rato más sobre la fiesta, hasta que se hicieron casi las cinco de la mañana. A esa hora salí otra vez en puntillas y me fui a dormir por lo menos una hora, ya que tenía que estar en pie a las siete para ir al aeropuerto y tomar el avión. Y aunque en la mañana estaba más lenta que un computador modelo años 80, valió la pena todo lo que pasamos por esa cogida tan deliciosa con chocolate incluído, por lo menos hasta nuestro próximo encuentro.

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