Mi iniciación en el mundo femdom 2

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Habíamos dejado a Ernesto con aquel aparato metálico dentro de su esfínter, mientras que Martha y yo tranquilamente fumábamos un cigarrillo, y ella me explicaba todo lo que podría disfrutar teniendo a mi esposo completamente sometido y sus palabras no dejaban de fascinarme,

– bueno Gabriela, ahorita viene lo mejor, bueno lo mejor para ti, por que para tu esposo va a ser el inicio de su sumisión y su hombría se va a venir por los suelos,

Sabia que Martha se refería a penetrar de alguna forma a mi esposo, pero aun así le pregunte,

– te refieres a que lo voy a penetrar,

– así es Gabriela, y además suele ser uno de mis castigos preferidos, claro después de las nalgadas, ya que es la completa dominación de tu esposo, imaginate que invitas a algunas amigas y frente a ellas lo penetras duramente,

 La idea no me parecía nada mala y era justo lo que estaba deseando, así que apagamos nuestros cigarrillos y volvimos con Ernesto,

– bien Gabriela, retirale el dildo,

Me acerque a Ernesto, sujete la base del dildo y comencé a retirárselo lentamente y cuando lo saque por completo, me di cuenta que su esfínter estaba ya bastante dilatado y enrojecido, en verdad aquel aparato había echo su trabajo, Martha se acerco y le echo un vistazo,

– bien, esta excelente, ahora vamos a escoger el dildo que vamos a usar,

Martha se acerco de nuevo a aquel anaquel metálico lo abrió y después de observar en su interior durante unos segundos, saco un consolador de color negro, no era muy grande, digamos que era de tamaño y grosor mediano y tenia unas cintillas de cuero unidas a la base, me lo dio y me dijo

-puedes quitarte la falda para que te sea mas cómodo,

me quite la falda quedando únicamente en pantaletas y medias, tome aquel dildo de plástico y Martha lo fijo a mi cintura, cuando termino, aquel consolador de plástico quedo justo a la altura de mi pelvis y se tambaleaba de forma amenazante,

– vaya Martha, así que esto es tener un pene colgando,

– mas o menos Gabriela, ahora déjame ponerle un poco de aceite a tu sumiso…jajá jajá

Martha tomo el frasco de aceite y de nuevo comenzó a esparcírselo entre las nalgas a Ernesto,

– bien Gabriela, creo ya sabes lo que tienes que hacer,

Me acerque a Ernesto lentamente, mientras que con mi mano guiaba el consolador, lo apoye en su orificio anal y después sujete sus caderas con ambas manos,

– bien Gabriela, ahora comienza a introducírselo lentamente,

Seguí las instrucciones de Martha y comencé a empujar mi pelvis, Ernesto al sentir la presión de aquel aparato, comenzó de nuevo a moverse, pero apreté fuertemente sus caderas y comencé a introducirle el consolador,

– muy bien Gabriela,

Aquel aparato comenzó a desaparecer entre las nalgas de Ernesto, el claro comenzó a gemir de forma tremenda, se veía que cada centímetro que entraba le provocaba un gran dolor, pero la mordaza hacia perfectamente su trabajo y ahogaba sus gritos,

– muy bien Gabriela, asegurate que sea lo suficientemente doloroso para el,

sujete sus caderas lo mas fuerte que pude y continué introduciéndole el consolador, hasta que mi pelvis choco contra sus nalgas, para ese momento Ernesto se movía frenéticamente, así que Martha se fue hacia su cabeza y con ambas manos la sujeto, sometiéndolo aun mas,

– bien Gabriela, puedes comenzar,

Me acomode lo mejor que pude y después comencé a mover mi cadera lentamente de atrás hacia adelante, a pesar de que no le sacaba todo el consolador, una buena parte de el entraba y salía de su enrojecido esfínter,

– bien Gabriela, así, que tus movimientos sean firmes,

Me recargue un poco sobre la cintura de Ernesto y únicamente me centre en meter y sacar, con cada embestida que daba, las nalgas de Ernesto se levantaban ligeramente,

– vaya Martha, en verdad se siente bien,

– claro Gabriela, es lo mejor que puedes hacerle a tu sumiso…jajá jajá

Continué moviendo mis caderas y el aceite que le había puesto Martha facilitaba mucho las cosas, prácticamente el consolador se resbalaba entre sus nalgas, pero para Ernesto era bastante doloroso, ya que a los pocos segundos escuche como comenzó a sollozar,

– ya lo escuchaste Gabriela, llora como una muchachita,

– así es Martha, como una muchachita recién desvirgada,

ambas comenzamos a reír, Martha tenia razón, la hombría de Ernesto estaba ya por lo suelos, continué moviéndome mas y mas rápido, y procuraba que con cada embestida mis caderas pegaran contra las nalgas de Ernesto, me quedaba quieta unos instantes y se lo sacaba lentamente, Ernesto no dejaba de sollozar, y de moverse, pero Martha lo teia bien agarrado después de unos minutos, mis caderas comenzaron a cansarse, y decidí que era suficiente, pero antes de detenerme, le di unas cuntas embestidas con mayor fuerza,

– creo ya es suficiente Martha,

– tienes razón, Gabriela, vamos desatarlo,

Me retire de Ernesto y ambas observamos como su esfínter estaba bastante enrojecido y un hilillo de sangre salía de entre sus nalgas,

– tenias razón Gabriela, lo desvirgaste…jajá jajá

Cuando le quietamos las correas a Ernesto, el prácticamente cayo al suelo, su respiración era aitada y gemía bastante,

-Vamos a dejarlo así y después le retiramos la mordaza

salimos del sótano de Martha dejando ma ernesto sollozando en el suelo,

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