Mi esposa y yo en un club liberal

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Unas horas antes salíamos de casa con intención de cenar y terminar la noche en el local después de lo mucho que habíamos disfrutado en nuestras anteriores visitas. Mi esposa llevaba un vestido negro corto y una chaqueta blanca. Llegamos al club a la hora de apertura y no había prácticamente nadie. La noche no acababa de mejorar así que terminamos nuestras copas, nos desnudamos y entramos en el jacuzzi donde en aquel momento sólo había tres personas: un hombre solo y una pareja. Nuestra llegada no pasó desapercibida (ya os he dicho en otros relatos que mi mujer es muy atractiva y tiene un tipazo) y nos dimos cuenta que la pareja parecía tener interés en nosotros. Habíamos quedado en lados opuestos del jacuzzi y vimos cómo el hombre de la pareja le decía algo al oído de la mujer. Ella se dio la vuelta en nuestra dirección y se inclinó hacia delante facilitándole que la penetrase desde atrás. Empezaron a follar en esa postura en la que podíamos contemplar perfectamente la desnudez de la mujer y sus pechos bamboleándose. Era muy excitante verlos gemir y no nos pasó desapercibido que estaban orientados en nuestra dirección y de vez en cuando nos miraban. Si bien nunca habíamos realizado un intercambio vimos con claridad que nos estaban invitando a participar. El problema era que mientras que la mujer era una morena alta, guapa, esbelta y con un buen par de tetas, el hombre era tirando a bajito, feo, calvo, gordo y peludo. No me hizo falta preguntarle a mi pareja para saber que no era su tipo. Llegaron a aproximarse a nosotros casi tocándonos pero ni mi esposa ni yo nos movimos y entendieron que no estábamos interesados así que pararon y salieron del agua.

Fueron llegando otras parejas pero ese día parecía que cada uno iba a lo suyo y nadie se relacionaba con nadie. En el otro extremo del jacuzzi una pareja comenzó a enrrollarse, él se sentó en el borde y ella inició una felación que se convirtió en el centro de atención de quienes allí nos encontrábamos. Mi mujer se excitó rápidamente con la imagen y sin apartar la vista de ellos me cogió la polla y empezó a masturbarme suavemente. No tardamos mucho en besarnos y acariciarnos el uno al otro. Sin salir del jacuzzi ella apoyó su espalda en mi pecho y mientras yo seguía acariciando sus tetas abrió las piernas ofreciéndose. La pareja de la mamada se había marchado pero quedaban tres parejas que parecían cercarnos. Ninguna de ellas se encontraba a más de dos metros de nosotros. Nos miraban, sin embargo ninguna se atrevía a más que eso.

Mi mujer se cansó de esperar, se dio la vuelta dándoles la espalda, y se montó en mi polla en medio del jacuzzi. Era la primera vez que teníamos sexo en el agua. Ella gemía con los ojos cerrados, subía y bajaba encima de mí, nos besábamos y yo acariciaba su culo. Así estuvimos un buen rato hasta que noté otra mano tocando su trasero. Era la mano de un hombre que ya nos habíamos encontrado las otras dos veces que habíamos acudido al club y que tenía echado el ojo a mi esposa, pero su interés siempre había encontrado una negativa por parte de ella. Pensé si sería esa noche la que finalmente le diría que sí. Aparté mi mano y dejé que el desconocido tocara su culo a gusto. Durante un rato mi mujer siguió follando en el agua sin darse cuenta que no era mi mano la que estaba acariciándola, pero acabó por percatarse que había más de dos manos disfrutando de su cuerpo y bajando el ritmo se giró. Vio quién estaba a su espalda, y sin decir nada reemprendió la follada conmigo. Ya con lo que interpretó como un visto bueno, el hombre aprovechó y deslizó su mano entre nosotros para magrear el pecho derecho de mi mujer y acariciar su pezón. Eso incrementó la calentura de mi esposa que cada vez me follaba y gemía con más fuerza hasta que finalmente paró y nos hizo señas para que la siguiésemos.

En el reservado ya había varias parejas. Buscamos un sitio y los dos se echaron juntos en el suelo y empezaron a besarse mientras él manoseaba sus tetas y yo bajaba a comerle el coño. Al cabo de un rato en esa postura ella se incorporó un poco, buscó un preservativo que le puso con la boca y empezó a hacerle una mamada profunda mientras yo seguía con mi cunnilingus y él acariciaba su cabeza. Finalmente mi mujer se corrió en mi boca y decidió cambiar de postura montándose encima de él y empezó a cabalgarlo fuerte. Miré a mi alrededor y vi a la pareja de la mamada en el jacuzzi. Los dos eran muy atractivos. Él era moreno, con buen físico y una polla de buen tamaño. Ella era castaña de pelo largo, con cuerpo de modelo y un culo y unas tetas muy apetecibles. Gemía muy alto y tenía las manos apoyadas en la pared a la vez que levantaba el culo ofreciéndoselo a su pareja que la follaba duro por el coño mientras lanzaba miradas fugaces a mi mujer. Volví mi vista hacia mi esposa y ella me devolvió la mirada sin parar de montar a su amante a la vez que le ofrecía sus pechos. Entonces me indicó que me acercase y una vez de pie a su lado empezó a chuparme la polla que se endureció rápidamente. En esa posición aproveché para golpearle las tetas que sé que le encanta. Eso fue suficiente para que el tío no pudiese aguantar más y se corriese. No había durado mucho Me eché en el suelo y mi mujer se dejó caer a mi lado. La abracé y él se despidió. Quedamos allí echados viendo a otras parejas follar. La pareja de antes seguía, esta vez con ella en posición de perrito, hasta que el tío se corrió y se marcharon.

Mi mujer y yo quedamos echados charlando pero yo no me había corrido todavía y ella no se había corrido lo suficiente. Pronto tuvo mi polla en su boca y me la comía a cuatro patas. Tras un rato vi que llegaba un hombre canoso aunque en buena forma, le eché más de cincuenta años. Nos preguntó si se podía quedar. Yo miré para mi esposa. Ella levantó la vista de mi polla, le miró de arriba a abajo y le respondió con un escueto “Vale” volviendo a meterse mi polla en su boca. Él se acercó a nosotros y empezó a comerle el coño y el culo mientras la penetraba con dos dedos. Era la primera vez que en el club alguien que no fuese yo le hacía sexo oral. Ella se volvió loca con el tratamiento y apenas era capaz de seguir con la mamada, corriéndose un par de veces. De nuevo apareció la pareja con la que llevábamos coincidiendo toda la noche. En esta ocasión ella se puso de rodillas y empezó a hacerle una mamada mientras castigaba su coño con la mano derecha. Él gemía y lanzaba miradas a mi mujer. Ignorante de esas miradas mi esposa, después de todo lo que había disfrutado, decidió devolverle el favor a su nuevo amante, así que se apartó de mí. Volviéndose hacia el maduro desconocido le dio un buen morreo mientras él la acariciaba por todo el cuerpo. A continuación mi mujer sacó un nuevo preservativo, se lo puso con la boca mientras él soltaba un gemido de placer y empezó a montarlo. Durante la cabalgada su amante aprovechó para manosear sus pechos con una mano mientras con la otra le acariciaba el clítoris, pero desgraciadamente este tampoco le duró mucho acabando rápido y marchándose. Entre tanto la pareja seguía allí aunque él ahora se limitaba a contemplar a su novia que se masturbaba de rodillas con las dos manos gimiendo muy fuerte.

Una vez más mi mujer se acercó a mí y empezó a chuparme la polla hasta que completamente dura se montó en ella y empezó a cabalgarme. La pareja se marchó de nuevo. Cuando ya llevábamos un rato en esa postura apareció otra vez el hombre gordo, calvo y feo del jacuzzi que inició una masturbación a nuestro lado mirando a mi mujer. Ella no se dio cuenta hasta que la tocó con la mano pidiéndonos participar recibiendo una negativa. Entonces mi esposa se inclinó sobre mí y me susurró al oído con sonrisa maliciosa “¿Quieres que le dé un espectáculo a este tío?”. Le respondí que sí así que ella cerró los ojos y aceleró clavándose mi polla hasta el fondo mientras se echaba hacia atrás apoyando sus manos en mis piernas y mostrando sus pechos y pezones bien duros. Con esta imagen el hombre gordo incrementó a su vez el ritmo de su masturbación, gimiendo fuerte y volviendo a tocar a mi mujer pidiéndole que chupara su polla obteniendo un nuevo rechazo y retirándose. Los dos seguimos follando en esa posición otra vez solos. Ella se corrió dos veces más. Yo una y acabé en su boca, como siempre que habíamos ido a este club. Descansamos, bajamos a darnos una ducha, nos vestimos y abandonamos el local. En menos de cuatro horas mi mujer había disfrutado de tres pollas distintas. Sólo de pensarlo se me volvía a poner dura.

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