Mis primas son mis putas

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     Al conocer a mis primas me parecieron unas niñas cursis de capital.  Estoy sentado frente al ordenador estudiando, bueno sinceramente, estaba estudiando, de pronto me he desperezado pensando darme un descanso y he entrado en una página de fotos de chicas sexis, esto me ha hecho recordar y sonriendo para mí me he decidido a escribir mis recuerdos.  Soy un chico de pueblo y de los pequeños, tengo 20 años y si me tengo que describir, es de lo más fácil, normal en todo, 1.75 de altura y 65 Kg. de peso, rubio oscuro y sin ser guapo no se me da mal con las chicas, ah, me llamo Juan.  Estoy en la capital estudiando en la universidad, me hospedo en casa de mis tíos, vine a finales del verano pero la historia empezó en primavera.  Soy de un pueblo muy pequeño del levante español, mi familia desciende de allí desde muchas generaciones, se dedican al cultivo de la tierra pero la verdad no es terreno para grandes explotaciones por lo que las cosechas dan para subsistir y algo más.  Soy hijo único y mis padres siempre han querido que saliera del pueblo para labrarme un futuro mejor. 

                                      Mi madre tiene una hermana que cuando era joven no se conformó con la vida rural y decidió ir a la capital a buscar una vida mejor.  Cuando se fue, mi abuela le dio el poco dinero que había ahorrado, una mañana cogió el autobús y salió en busca de su sueño, sus comienzo en la capital no fueron ideales, pensó volver al pueblo pero su orgullo pudo más y aguantó hasta que encontró un empleo de dependienta en una zapatería, la verdad es que tenía mucho ingenio y voluntad, transformó la pequeña zapatería organizando el almacén, el escaparate y sobre todo los modelos, en poco tiempo empezó a crecer la venta.  Por supuesto el dueño no pasó por alto los cambios y apostó por dejar a mi tía hacerse cargo de la tienda, tanto que al final el hijo del dueño se fijó en ella y se casaron, ahora tiene dos tiendas de mucha categoría y les va muy bien.  De eso ya hace unos años, de hecho ahora tienen dos hijas preciosas y viven en un chalet en una urbanización de lujo.

                                      Mi madre pensó en ella cuando decidieron que yo debería salir a estudiar, mi tío no se opuso cuando le insinuaron que si podría hospedarme en su casa, había sitio de sobra y a él no le vendría mal hablar con un hombre, ya que estaba en minoría, era un tipo muy sencillo, nada que ver con mi tía que era un poco snob.  Tenían dos hijas, María de 21 años y Maite de 19 años, yo no las conocía, sólo de oídas y cuando me dijeron que iban a  venir al pueblo a conocernos y confraternizar antes de trasladarme yo a su casa me alegré, aunque me dio la impresión que también era para conocerme y dar el visto bueno.  Vinieron a casa un fin de semana largo de primeros de verano, tenían un coche pequeño pero de muy  buena marca, cuando bajaron me quedé impresionado, eran dos chicas guapísimas, súper elegantes y con mucho estilo pero cuando las oí hablar se me cayó el mundo a los pies.  Hablaban como dos niñas pijas, de una ñoñez total, en su vida habían pisado tierra blanda, eran dos urbanitas crónicas. 

                                      Nos saludaron como si fuéramos bichos raros, se notaban desplazadas totalmente de su ambiente, no habían visto animales de granja ni una huerta en su vida y no tenían ni idea de donde salían los alimentos que se comían.  Mi madre me había desalojado de mi habitación y la había transformado completamente, parecía una casa de Barbis, a mi me metió en una habitación que no se usaba junto al corral.  Para congraciarme, les proponía enseñarles los alrededores pero no mostraban el mayor interés aunque nos deshacíamos en atenciones, ellas sólo se dejaban llevar, siempre con una bebida de cola en la mano, no bebían agua nunca y las comidas eran de lo más elemental.

                                      Ya no sabía qué hacer para tenerlas entretenidas, las llevé a ver la fuente donde nacía el agua que bebíamos, se extrañaron de que no bebiéramos agua embotellada, les enseñé una poza en el río donde nos bañábamos en verano, el lugar era idílico, esto les gustó más pero no por el paisaje sino por la oportunidad de tomar el sol y ponerse morenas para la playa.  Estuvimos una mañana sobre unas rocas planas tomando el sol, yo me quité la camisa pero ellas se quitaron los suéter y se quedaron en sujetador, bajándose los tirantes y subiéndose las faldas, yo no sabía dónde mirar, me sabría mal si se burlaban al verme embobado mirándoles las tetas casi descubiertas y los muslos torneados.  La polla estaba a punto de reventar pero cuando tenía la “cosa” mal me levantaba y daba una vuelta por los pinos.  Ellas aunque se daban cuenta no decían nada, seguían cara al sol con las gafas de diseño.

                                      Una mañana se me ocurrió decirles si les gustaban las palomitas de maíz, eso les resultó familiar y parece que les interesó, les comenté que teníamos un campo plantado de maíz, podíamos coger y hacer muchas palomitas.  Como siempre cogieron sendas coca colas en la mano y fuimos paseando hacia el campo, yo desde atrás me fijé el buen tipo que tenían.  Mi prima María, la mayor, era más baja que yo, estaba un poco rellena y tenía unas tetas divinas, solía llevar unos sujetadores que le daban mucha libertad a sus duras tetas que se movían bajo la prenda que llevaba, parecían que tenían una riñas de gatos bajo la camisa, su hermana Maite era más delgada y tenía una cintura muy fina, que remarcaba las caderas como una guitarra y el pecho, no muy voluminoso, se adivinaba duro y erguido hacia arriba.  Caminaban delante de mí y me daba cuenta de lo mal que se adaptaban al campo, iban con tacones, no muy altos y con faldas bastante estrechas y sombreros, cuando llegamos se quedaron decepcionadas del aspecto del maizal, no se esperaban las plantas tan altas y tan espesas, se agobiaban con el calor, les di la alternativa de ir a coger higos en una higuera pegada al camino.

                                      Como no habían visto ninguna les chocó ver las frutas y me pidieron que le cogiera una cuantas, se las pelé, les enseñé como comerlas y les entusiasmó, me quedé extrañado pero si, les gustó mucho, de hecho quisieron ser ellas las que las cogieran.  Les advertí de lo peligroso que era pero mi prima pequeña Maite se empeñó en subir al árbol, aunque le informé de la fragilidad de las ramas, no me hizo caso.  Al estar la rama bastante alta, le tuve que hacer un peldaño con las manos para que llegara, cuando estuvo sobre ésta se balanceó peligrosamente pero se asió a otra rama y cogió varios higos, se los iba arrojando a su hermana que cogiéndose la falda de la orilla hacía de paraguas y las recogía, eso me permitió descubrir el tanga que llevaba puesto, era un triangulo, minúsculo, que no podía cubrir su pubis y marcaba sus labios carnosos.  Maite desde arriba se movía lentamente sobre la rama hasta que pasó lo lógico, se apoyó sobre una rama demasiado fina y ésta se partió, apenas le dio tiempo a cogerse de otra rama superior y evitar la caída pero le dio tal terror a caerse, que empezó a gritar histérica. 

                                      Yo la intentaba dirigir para que viniera hacia mí y bajara pero estaba paralizada, al fin se quedó en una rama a media altura aunque no se atrevía a saltar, estaba aterrada, la falda estrecha no la dejaba moverse y los tacones resbalaban sobre la madera, María viendo que se iba a caer, me dijo que la bajara como fuera.  No la podía coger, por lo que ella al ver el problema de la falda se la cogió y se la subió hasta la cintura, yo me subí a un cajón de fruta que había abandonado y me dispuse a bajarla, al llegar a su altura, me encontré con la cara entre sus piernas totalmente abiertas, su braga, por los movimientos forzados, se había desplazado a un lado, se había recogido en la ingle derecha y sus labios estaban semi abiertos mostrando un coño rosáceo depilado, excepto por una tira sobre el monte de Venus.

                                      No sé todavía que me pasó pero no pensé en el peligro a la caída, ni que era mi prima, ni que su hermana estaba debajo, nada de nada.  Mi boca se pegó a su coño y mi lengua recorrió sus labios de abajo arriba, al principio gritó, casi se suelta de la rama de arriba pero al zarandearse se quedó quieta y mirando hacia abajo vio como mi cabeza seguía hundida entre sus muslos, no podía ni cerrar las piernas ni soltar la rama, ni tirarse al suelo, sólo pudo suspirar de gusto al notar mi lengua atrapar su clítoris, quitarle la piel protectora y mordisquearlo.  María no podía creer lo que estaba viendo, su primo le estaba comiendo el coño a su hermana y ella no podía hacer nada, bueno algo sí que podía hacer.  Al verme pegado al coño de su hermana, con las manos cogiéndole las nalgas para atraerla más todavía, sus manos fueron directas a mi bragueta, apenas me di cuenta con lo atareado que estaba, sólo cuando noté la punta de mi polla mojada dentro de la boca de María, me percaté que me estaba dando una mamada de antología, lo malo es que yo tampoco podía evitarlo, ni quería pero estaba sobre un cajón como una estatua de lo más inestable. 

                                      Maite ya no gritaba ni lloraba, ni tenía miedo de caerse, sólo gemía de placer, sus piernas no podían abrirse más.  Mi lengua recorría todos sus rincones, hasta el ano tenía mojado de saliva, mi polla hinchada llenaba la boca de María, esta me tenía cogido de los muslos, la polla era chupada, lamida, mordida y engullida sin descanso.  Cuando Maite empezó a temblar comprendí que el orgasmo le llegaba inminente, no me dio tiempo de prepararme, mi boca se llenó de los jugos del coño de mi prima, ella cerró las piernas de golpe y no me dejaba sacar la cabeza, mi polla dijo, ¡ahora yo! y sin más empezó a salir leche a chorros.  Maite se escurrió de la rama, yo con la cabeza entre sus piernas perdí pie en el cajón y caí sobre María que con mi polla en la boca tuvo que abrirla dejando salir mi leche sobre su cara y vestido antes de caer al suelo en un revoltijo entre nosotros.  Lo primero que pregunté si estaban bien las dos, yo estaba bastante bien, suerte que la tierra estaba movida y blanda, me aseguraron que sí, nos miramos y nos echamos a reír todos juntos.

                                      La escena era una delicia, Maite con las piernas abiertas, la falda en la cintura, las bragas en un lado y el coño mojado y abierto, María con la falda subida a los muslos, el tanga mojado y la cara y el vestido lleno de leche espesa y yo la cara mojada y viscosa desde los ojos hasta la barbilla, con la polla asomando por la bragueta, dura todavía y con el glande lleno de leche.  Cuando se terminaron las risas, María me miró de una forma rara, sin más se levantó y me tumbó en el suelo, se soltó la falda que cayó al suelo y apartando a un lado el hilo del tanga se sentó sobre mi cara, apenas pude coger aire cuando mi boca estaba sellada por los labios calientes de su coño, estaba mojado y tenía un clítoris bastante más grueso que su hermana, no tardó en ponerse duro y con los labios apenas podía atraparlo.  Las caderas de María oscilaban desde el ano hasta el pubis, con el vello cortito me raspaba la lengua, el clítoris estaba endurecido y brillante, los labios vaginales estaban abiertos  llenos de flujos y el ano rugoso palpitaba con sus espasmos. 

                                      Maite no perdió el tiempo, acabó de soltar el cinturón y de un tirón me bajó los pantalones a los tobillos, mi polla parecía una caña más de maíz, sólo se molestó en quitarse la blusa, sus tetas saltaron libres, no llevaba sujetador, no sé cómo no me había dado cuenta.  Cuando se sentó sobre mí fue como entrar en un túnel engrasado, le llegó hasta el fondo, las bragas en la ingle no molestaron para nada, cogió mis manos y las puso sobre sus tetas, yo no veía nada, sólo los labios de María y las nalgas húmedas, aprecié los pezones de Maite, los imaginé pequeños, rosados y altos, me equivoqué en todo, en un movimiento de María que levantó el coño de mi cara un segundo, pude ver que los pezones eran café, con la areola grande y estaban a los lados de las tetas redondas, el capullo se me endureció todavía más al verlos.

                                      Con el camuflaje del maizal las chicas me cabalgaban sin piedad.  María ya se había corrido una vez y buscaba el segundo orgasmo frenéticamente, Maite por su cuenta quería que le llenara de leche todo el coño, me costaba un poco después de la corrida tan accidentada, yo levantaba mis caderas para que mi polla entrara más todavía en el coño de Maite, ella se movía en todas direcciones, rodaba u oscilaba de forma que todos sus pliegues eran excitados por el anillo de mi glande, buscó con su mano detrás de ella y me puso el dedo en mi ano, fue como encender una mecha, con unos pocos movimientos más de cadera, mi polla empezó a derramar leche a chorros, no dejó de moverse hasta que por sus piernas bajaba el semen hasta mis huevos.  María, dio un largo suspiro y se dejó caer, si cabe, un poco más sobre mi boca y me dijo…

  • Cómeme el coño, Juan me corro… 

                                      Yo seguí castigándole el clítoris desesperadamente hasta que empecé a tragar más flujos espesos de mi prima que manaban de su vagina, casi que me ahogaba, hasta que cayó sobre mí y se quedó pegada a mi vientre.  Cuando se repuso me besó en los labios.  Al regresar mis padres fueron los primeros en notar el cambio, sobre todo mi madre.  Cuando llegamos me miró disimuladamente y sonrió, las chicas estaban pletóricas, no dejaban de contar lo buenos que estaban los higos, mi padre sólo me miró cuando oyó lo de los higos y me preguntó con los ojos, un parpadeo mío le hizo sentirse orgulloso.  A los dos días mis primas se despidieron, me encantaba verlas, por un lado estaba triste porque ya se marchaban pero por otra se les notaba un cambio de actitud radical, pelos recogidos, pantalones vaqueros y camisas anudadas y más descuidadas que cuando llegaron, en la forma de hablar y sobre todo el interesarse en muchas cosas que antes ignoraban, me hacía sentir bien.  Cuando a principio de curso llegué a casa de mis tíos en la capital, quedé fascinado, en parte comprendí la forma de vida de mis primas, por eso me propuse no cambiar en lo posible, si bien me integraría lo más que pudiera a la vida de la capital.

                                      Mis tíos hacían una buena pareja, Antonio era muy abierto y amable, desde el primer momento nos caímos muy bien, me dio entera libertad para estar en su casa y se ofreció para solucionarme cualquier problema que me surgiera, mi tía Ana aunque más estirada también me recibió con mucha amabilidad, sin duda sus hijas le habían hablado mucho y bien de mí, me instalaron en una habitación que había en el ático del chalet, era una buhardilla, hasta entonces estaba llena de trastos pero la habían pintado y decorado con todo lo necesario, tenía una ventana que daba a la calle, se veían los chalets vecinos hasta el horizonte montañoso, me encontraba muy a gusto, pues en mi pueblo no se construían buhardilla ni tejados tan pendientes.  En la planta de abajo estaban las habitaciones de mis tíos y mis primas y en la planta baja el comedor, cocina etc.  Además lo rodeaba todo un jardín bien cuidado con una piscina cubierta por una carpa acristalada.  Mis primas desde que llegué no me han dejado solo en ningún momento, han estado pendientes de mí, ahora han vuelto a su ambiente, aunque conmigo siguen con una complicidad especial.  En estos ratos de descanso me gusta recordar los comienzos de nues……. ¡Eh!

  • ¿Qué pasa?
  • Ya estoy harta de todo, sobre todo de los hombres, de todos, me entiendes, de todos…  La entrada de mi prima María había interrumpido bruscamente mi momento de paz y recuerdos, estaba muy excitada y enfadada, intentaría averiguar qué pasaba…  No me lo podía creer, no había visto nunca a María así de enfadada…
  • Y tú ¿qué miras?  Eres igual que todos, sólo estás contento cuando tienes la polla en la mano…  La verdad, al entrar como un torrente en mi habitación me había pillado con la polla en la mano, me la estaba acariciando lentamente, mientras estaba sentado de lado frente al ordenador, sólo llevaba el pijama corto y la bragueta abierta.
  • Perdona María pero no comprendo que te pasa, ¿te has enfadado conmigo?
  • Sí, estoy enfadada con todo y con todos y tú lo vas a pagar, a ver, ¡bájate el pijama!  María me había obligado a bajarme el pijama, no sé qué quería pero cuando lo tenía debajo del culo, me lo cogió, me lo bajó hasta los tobillos, me lo sacó de los pies, me estiró hasta sentarme en el canto del asiento, estaba acojonado.
  • A ver… ¡Abre las piernas!  Siempre lo mismo, para vosotros sólo existe la polla…  Sin dudarlo un momento se arrodilló entre mis piernas, me esperé lo peor pero ella me cogió la polla, la zarandeó sin compasión y cuando estaba dura se la metió en la boca, la chupó con avidez, sin pausas, sólo la soltó para respirar y me dijo…
  • ¡Así que soy una mojigata, yo os demostraré lo mojigata que soy!  Yo alucinaba, no me sabía nada mal que me la chupara mi prima pero no entendí nada, estaba muy quemada y no creía que fuese por mí.
  • Te voy a comer la polla y me tragaré toda la leche que tengas, hasta dejarte seco, ¡cabrón!

                                      Cada vez estoy más preocupado, mi prima, la pija de las pijas con un lenguaje de lo más barriobajero… en esto se abre un poco la puerta de mi habitación y asoma la cabeza de Maite…

  • ¿Qué os pasa?, se oye el follón desde abajo, los papás se van a despertar.
  • ¡Tú!  Maite, no te quedes ahí, pasa y cierra la puerta.
  • Pero, ¿qué hacéis?
  • ¿No ves?  Le estoy comiendo la polla a Juan, es un hombre como todos y…  ¡¡¡Nadie me llama mojigata!!!
  • Pero, ¿qué culpa tiene él?
  • Directamente no pero así aprenderá.
  • Pero, ¿qué ha pasado?
  • Que mi novio me ha llamado mojigata, ya ves, el que folla como los conejos, que se corre nada más metérmela y que tiene una polla como un dedo…  ¡¡¡Me llama así!!!
  • ¡Mándalo a la mierda! pero no juzgues a todos igual.
  • ¡¡¡Voy a demostrarme y demostrar a todos que no soy mojigata!!!
  • Pues no sé cómo.
  • Juan.  Hoy me vas a ayudar, ¿verdad?
  • Claro, no faltaba más.
  • ¡¡¡Pues prepárate porque me vas a dar por el culo ahora mismo!!!
  • Perdona María, no lo hecho nunca, no sé si sabré.
  • Yo tampoco lo he hecho nunca pero hoy lo vamos a hacer, quiero demostrar que no soy mojigata.  ¿Me apoyarás Maite?
  • Bueno… haré lo que pueda hermana.

                                      María se levantó y con varios movimientos bruscos se quitó la camisa y la falda, el sujetador y las bragas aún tardaron menos en caer al suelo.

  • Coge de mi bolso un tarro de crema que hay y ven a mi lado.
  • ¿Qué tengo que hacer?
  • Pues supongo que lubricarme el culo y la polla de Juan, pónsela bien dura y que me meta dos dedos en el culo primero.
  • María, perdona de antemano si te hago daño, no sé si te cabrá mi polla dentro de ese culo tan estrecho.
  • No te preocupes, ya he visto que tu polla es el doble del cabrón de mi novio pero será un placer tenerla dentro aunque me partas por la mitad.
  • Maite, cómeme la polla antes de ponerme crema, porque hará mal gusto y yo le meteré los dedos a tu hermana para dilatarle ese ojito tan precioso que tiene, la verdad es que no me había atrevido a proponérselo pero siempre he querido clavarle la polla a María y ya que estamos, a ti también.
  • Será un placer comerte la polla, haré que se la metas sin daño, si me prometes que también me lo harás a mí.
  • Prometido.
  • ¿Cómo quieres que me ponga, Juan?
  • No sé, propongo que te arrodilles en la cama y apoyes la cabeza en la sábana.
  • ¿Así?
  • Si, ábrete las nalgas, ahora te meto el dedo con crema, dime si te hago daño…
  • Vale, mmm, noto tu dedo dentro de mí, parece más gordo de lo que es, me da miedo cuando sea tu polla.
  • Ahora ya te entra hasta adentro, ¿notas que entran dos ahora?
  • Ssssshhh, los noto, me siento llena, ¿cómo tienes la polla?
  • No te preocupes y relájate, el esfínter ya cede y mi polla está lubricada por Maite, me ha puesto crema hasta en los huevos.
  • Gracias hermana, eres un sol, mmm, gracias por acariciarme el clítoris, no lo esperaba pero me gusta mucho.
  • Maite, cógeme la polla y encárala al culo dilatado de tu hermana, échame más crema y acompaña mi polla hasta adentro, guíala hasta encontrar el recto.
  • ¿Así te gusta?… oooh,  María… ya te ha entrado el cabezón.
  • Yaaaaa, ya lo he notado, es más gordo de lo que esperaba pero me gusta mucho, ¡¡¡clávalo hasta adentro Juan!!!
  • Siiii, ya va para adentro, ya está más de medio miembro dentro de ti.  Maite por favor cógeme los huevos.
  • Los tienes duros como piedras Juan y pegados a la polla, te quedan dos dedos de polla hasta chocar con los huevos en el coño de mi hermana.
  • Juan, no sabes lo que siento con tu polla adentro, ¿verdad que no soy mojigata?
  • No María eres un encanto de mujer y muy caliente.
  • Pues no te corras dentro de mi culo por favor, avísame antes.
  • Como quieras pero no voy a tardar nada, me gusta cogerte de las tetas a la vez que te bombeo el culo y me pones a cien y tu hermana no lo hace nada mal pajeándome cuando la saco.
  • Te gusta de verdad.  Tienes las venas de la polla más hinchadas que nunca, me encanta y el coño de María no deja de manar jugos espesos.
  • María me voy a correr, ya no aguanto más,
  • Métela rápido hasta que no puedas más y me avisas, yo me voy a correr antes.  Siiii,  ya me viene, oooooh, Diossss, clávamela hasta adentro, no pares por lo que más quieras.
  • Mmmm, Maríaaa  no puedo más, me corro donde sea.
  • No espérame, sácala, te la mamaré y me tragaré toda tu leche.
  • Pero María, si te la sacas del culooooo…
  • Es igual, no soy mojigata, mmmmchhc
  • Maríaaaa por favoorrr.  ContinúAAAARRGGRGG…

Continuará.

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Gracias.

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