Fui al callejón a que me cogiera

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Sentada frente al ordenador con una copa de vino al lado, mi aburrimiento era tan extremo que no sabía qué hacer.

Miraba las redes sociales y comparaba mi vida con la de muchas compañeras de clases y amigas… Todas felices, viajando, divinas; y yo me miraba y no podía ser más desastre.

Llevaba casada cinco años y todo lo que dicen que es maravilloso estar casado es mentira, es pura rutina, no digo que en otros matrimonios no sea maravilloso pero en mi caso no es así.

Eiríkr y yo éramos muy jóvenes cuando nos casamos, todo era idílico al principio pero luego la rutina hizo estragos en nuestras vidas, él tenía su empresa donde tenía sus propias bodegas, producían el vino y tenía su marca.

Yo quise empezar a trabajar pero él dijo que no era necesario que quería que su mujer se quedase en casa para cuando él volviera de trabajar poder tener a alguien con quien compartir el día, sí, suena muy antiguo pero yo me había enamorado de él y es algo con lo que podía vivir, nuestra vida había cambiado mucho desde entonces, apenas salíamos, siempre que volvía de trabajar cenaba y mientras contaba cómo había ido su día, se sentaba a ver la tele un rato y luego se metía en el despacho a seguir trabajando, yo me iba a dormir, ya bien entrada la madrugada él se duchaba y se metía en la cama. Así un día tras otro. Ni siquiera teníamos sexo, si sucedía una vez al mes era como ver un eclipse, algo que no ocurre todos los días.

Era tan aburrido, el caso es que él no había sido así antes. Pero a raíz casarnos se había acomodado tanto que prácticamente podría decir que vivía con un señor mayor en vez de hombre de treinta años.

Cerrando el pc me fui a la habitación, me tumbé sobre la cama desnuda, sobé mis pechos con suavidad, subiendo y bajando las manos por mi cuerpo tocando la suavidad de mi piel, tiré de mis pezones una y otra vez, llevé una mano a mi entrepierna donde acaricié una y otra vez el clítoris, estaba tan mojada y tan caliente, saqué un consolador del cajón, acomodé las almohadas para estar más incorporada en la cama, miré al frente y me topé con mi reflejo, pero no parecía yo, veía a una chica sexy, desvergonzada; me encantaba, jugué con el consolador pasándolo por encima de mi coño una y otra vez sin meterlo simplemente rozando, era tan delicioso, lo introduje y me masturbé sacándolo y metiéndolo en mi vagina mientras acariciaba mi clítoris en menos de un segundo un potente orgasmo sacudió mi cuerpo.

Justo en ese momento decidí que esa noche la cosa iba a cambiar.

Me metí en el baño dispuesta a tener una sesión de mimos, me depile el pubis, me duche y me embadurné de crema y perfume.

Al salir de la ducha y mirar el armario decidí solo llevar un vestido, no iba a usar ropa interior.

Mirando al espejo me encantaba la nueva mujer que veía, un vestido negro brillante, de tubo, ajustado a mis curvas, el escote en v potenciaba mis pechos haciéndolos parecer más grandes aún. Me coloqué unos tacones negros altos y el pelo lo llevaba suelto y rizado.

Escribí un mensaje a Eiríkr:

“ Hola amor, te espero en el pub de siempre, no tardes, por cierto hoy quiero hacer algo diferente y es volver a conocernos, juguemos un poco, hoy puedes ser quien desees. Te quiero”

Cogí un taxi y me salí en dirección al pub, cuando llegue a la puerta había bastante ambiente, me senté frente a la barra y pedí un mojito.

Quince minutos más tarde ahí entraba Eiríkr, tan arrebatador como siempre, todas las mujeres lo miraban al pasar y es que es normal sangre nórdica corría por sus venas. Alto, moreno, de ojos azules, facciones duras era peligroso y atractivo a la misma vez, metro ochenta y cinco de puro músculo. Vestía con una camisa blanca y unos vaqueros negros ajustados, estaba arrebatador, en ese momento mi estomago se encogió y mi vagina pulsó humedeciéndose.

Se acercó a la barra y pidió un whisky sentándose justo a mi lado.

–         Hola, buenas noches, ¿cómo una chica tan guapa anda tan sola? –Dijo sonriendo de forma descarada.

Puse los ojos en blanco, ¿en serio no se le ocurría nada mejor? Aunque se le veía bastante inseguro y nervioso, así que decidí portarme bien y dejarlo correr, no iba a ser mala.

–         Pues la verdad es que había quedado con mis amigas pero me han dejado plantada, no han podido venir, y decidí tomar una copa, no me iba a ir a casa después de haberme arreglado. –le sonreí dulcemente.

–         ¿Te importa si te acompaño? –Preguntó dubitativo.

–         Oh para nada, será un placer, me llamo Tarah. –Le dije ofreciendo mi mano para estrecharla.

–         Encantado Tarah, yo me llamo Eiríkr. –Dijo con una sonrisa mientras cogía mi mano y posaba un húmedo beso sobre la muñeca interior.

Algo que hizo que mi respiración se cortara y mi corazón latiera más deprisa.

Siempre había deseado mi marido y en la cama era increíble pero el poco tiempo que disfrutábamos de ello me hacía sentir como una señora mayor que ya no recordaba que era sentirse deseada.

–         Bien Eiríkr y ¿a qué te dedicas? –Pues soy bombero.

–         Oh bombero, un hombre de uniforme y corazón valiente. ¿Y qué es lo que se te da mejor en tu trabajo?

–         Apagar fuegos con mi manguera. –Se acercó a mi oreja para susurrármelo.

Me reí nerviosa y me sonrojé como una adolescente.

–         Oh espero que apagues muchos…

–         No tantos como me gustaría. Pero dejemos hablar de mí. ¿Dime a que te dedicas tú?

–         Pues yo tengo un sex shop. –Sonreí de forma coqueta. Y vi cómo él contenía la respiración.

–         Mmm, eso es interesante, ¿Y los juguetes los pruebas tú? –Dijo mientras llevaba una mano a mi cintura y me acariciaba la espalda, su contacto me estaba relajando y excitando a la vez.

–         Claro que los pruebo, todos. –Dice cerrando los ojos momentáneamente disfrutando del contacto. Estaba excitada y él también, vio como tenía las pupilas dilatadas y sonrió satisfecho.

–         ¿Ahora llevas alguno para probarlo? –Me preguntó.

–         Sí, llevo puesto un plug anal.

–         ¿En serio? –Preguntó con los ojos muy abiertos.

–         Sí, en serio. –Jamás habíamos tenido relaciones sexuales anales, pero yo había usado juguetes para ir practicando.

Me agarró por el brazo y se acercó a mí oreja para hablarme sin que nadie se enterase.

–         Tarah, deja de jugar conmigo, me estás poniendo demasiado cachondo y sabes que no me gusta que jueguen conmigo ni que me mientan.

–         Eiríkr relájate, es un juego, se trata de que seamos dos personas diferentes, y que tengamos cosas nuevas para hacer, he sido paciente mucho tiempo pero la verdad ya me he cansado, quiero algo diferente y si no, aquí se acaba todo. No quiero seguir siendo una amargada sexual, así que si te parece seguimos con el juego sino siempre podemos ir a casa y lo siguiente que tendrás sobre la mesa son los papeles de divorcio.

–         ¿Todo esto por sexo? –Dijo apretando la mandíbula.

–         Todo esto por la falta de ello, quiero al hombre del que me enamoré, con quien compartir sexo y cosas nuevas.

–         Está bien, lo tendrás ahora vámonos a casa maldita bruja.

–         No, yo me quedo, si quieres seguir jugando conmigo aceptaré encantada sino te irás a casa con un calentón de mil demonios tú solo y para aliviarlo solo te quedará el consuelo de una paja.

–         Maldita bruja. —Dijo agarrándome la nuca, hasta subir a mi cuero cabelludo y tirando con firmeza pero sin hacer daño de mi pelo, devoró mi boca con ansia y fuerza.

–         Sí, pero esta noche mando yo y deberás obedecerme en todo. –Dije cortando el beso.

Apuré la copa, lo agarré de la mano y me lo llevé a la pista de baile meneando las caderas de forma sensual.

La música empezó a sonar, de forma lenta y sensual me acerqué a él y movía las caderas, roce mis pechos con su torso duro y mis pezones presionaron duros contra el vestido ajustado, me giré bailando, comencé a rozar mi trasero contra su polla, al momento estaba duro como una estaca pulsando contra mí. Sus manos subían y bajaban por mi cintura acariciándome de forma sensual.

La música paró y comenzó otra canción, todo el mundo iba a lo suyo, vi cómo se abría una puerta lateral del pub que daba a un callejón solitario sin salida y oscuro, era donde los camareros entraban y salían a fumar, alguien se había dejado abierta la entrada.

Agarré a Eiríkr de la mano y le pedí que me siguiera.

–         Nos vamos a meter en un lío, para, ¿dónde quieres ir? –No hacía más que protestar.

–         ¡Shhh! Calla y sígueme.

Salimos fuera y no había nadie, se veía un callejón lo suficientemente limpio para ser un callejón.

Lo besé de forma desesperada como si fuese mi única salvación, tocando todo su cuerpo hasta llevar una mano a su polla y acariciarla por encima del pantalón. No hacía más que gemir sobre mi boca.

Le abrí el pantalón y saqué la erección, comencé a darle suaves lametones en el frenillo y eso lo estaba volviendo loco, metí la polla entera en mi boca, hasta la garganta, y eso que mi marido no era precisamente pequeño, él agarró mi pelo y empezó a follarme la boca, era súper excitante me sentía como una actriz porno en su totalidad, estaba descubriendo cosas de él que no tenía ni idea de que hiciera.

Paré y me puse en pie, me apoyé contra la pared y me subí el vestido has la cintura. Me sentía muy atrevida y excitada.

–         Ahora, harás lo que yo te diga, porque mando yo. –Sonrió asombrado por mí atrevimiento. –Agáchate y cómeme el coño.

Se agachó y asombrado me dijo:

–         ¿Te has depilado? Dios nena, me tienes jodidamente cachondo. –Dijo agarrándose la polla.

–         Ahora come y calla. –Le dije acercándole la boca a mi coño.

Eso lo puso muy cachondo, subí la pierna encima de su hombro y el comenzó a lamer mi vagina y mi clítoris con rapidez, dando pequeños lengüetazos, succionando de cuando en cuando el clítoris, eso fue impresionante.

En ese instante vi como se abría la puerta por la cual donde habíamos salido nosotros alguien se había parado en seco cuando nos vio, era un camarero, un chico joven que nos había atendido antes, no tendría más que unos cinco años menos que yo.

Vi como llevaba su mano a su polla y empezaba a tocarse. Cerrando la puerta detrás de sí sin hacer ruido.

Le miré, sonreí y llevé una mano a mis labios hinchados de morderlos y le hice un gesto de silencio, sonriendo.

Él asintió y sé quedó en una esquina donde no se le veía.

Era muy excitante hacerlo en un sitio donde podían pillarte, pero era más excitante aún tener sexo cuando alguien te estaba viendo y saber que estaba igual de excitado.

Cogí a Eiríkr del pelo para que levantara la cabeza.

–         Fóllame.

Se levantó y me bajó el vestido por delante, me sobó los pechos y me mordió los pezones con fuerza tironeando.

Un suave gemido de placer se escapó de mi garganta y mi coño empezó a chorrear más aún si podía.

–         ¿De verdad llevas el plug anal? –Dijo girándome para ponerme de espalda a él.

Llevó las manos hasta mis nalgas para abrirlas y ver que sí estaba ahí.

–         Joder, cabrona. –Espetó. –Tócate el clítoris zorra, porque voy a follarte como nunca antes lo han hecho.

–         Mmm… sí. –Fue lo único que acerté a decir.

Jamás había oído hablar así a Eiríkr, pero era algo que me gustaba mucho y me ponía, nunca había conocido esa faceta de él.

Me apoye contra la pared y lleve una mano a mi clítoris, justo en ese instante el me penetró desde atrás con una sola embestida.

Las embestidas se volvieron duras y fuerte. No podía pensar en otra cosa más que él entrando y saliendo de mí, era tan delicioso.

–         ¿Te gusta esto verdad zorra, te gusta ser una guarra verdad?  Dios nena que cachondo me tienes estoy a punto de correrme, estas tan suave y apretada… uff. –Fue lo que acertó a decir mientras agarraba mi hombro para que las embestidas fueran cortas y duras.

–         Sí, me encanta que me folles así, y daría lo que fuera porque fuese cada día.

Un gemido gutural escapó de su garganta. Y azotó mis nalgas con fuerza sin hacerme daño pero lo suficiente para dejarme el culo rojo y mojarme más aún.

Froté mi clítoris más rápido sabiendo que justo en el momento en que me corra el también lo haría.

El glande rozaba contra mi punto g y me estaba volviendo loca.

Y entonces me corrí como nunca antes me había corrido, aun cuando todavía tenía retazos del orgasmo hice que Eiríkr saliera de mí, me agaché y empecé a chuparle la polla como si fuese el mejor helado.

–         Dios muñeca, sí así, que bien lo haces.

Penetro más hondo en mi boca mientras yo seguía chupando y lamiendo con mi lengua a la misma vez.

Justo en el momento en le hice una succión se corrió en mi boca llenándome toda la boca.

Miré su expresión de placer y sonreí mientras terminaba de limpiarle la polla.

Me ayudó a ponerme en pie y arreglarme el vestido. Y posó un pequeño beso en mi cuello.

–         Dios, ¿cómo has pensado en esto? –Me preguntó abrazándome.

–         Estaba cansada e insatisfecha así que decidí tomar las riendas

–         Pues me encanta. – Dijo sonriendo. –Te prometo que no volverás a quedarte insatisfecha.

–         Entra tú primero, después te sigo yo. Así nadie sabrá que hicimos.

Asintió y antes de irse me dio un casto beso en los labios.

Yo pasé por delante del camarero que se quedó boquiabierto pensando que le diría algo, lo miré de arriba abajo, sonreí y le hice un gesto de silencio con el dedo sobre los labios.

Estaba con el pantalón desabrochado, el pene fuera de haberse masturbado y el pantalón manchado de semen.

Me miró y asintió, después sonrió.

Al entrar fui con Eiríkr y lo agarré de la mano.

–         Vámonos a casa amor. –Me dijo con dulzura.

Asentí y nos marchamos.

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