Ayudando a la familia

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DING

Estiro el brazo y agarro el teléfono, en la pantalla un mensaje de mi hermana, diciéndome que viene de camino a casa y que necesita ayuda urgentísimamente para el trabajo.

Miro el reloj, pasadas las 11 de la noche del martes, y suspiro. No es que me lleve mal con ella, de hecho para llevarnos solo un año y hacer casi veinte ya que cada uno hace su vida por separado, nos llevamos bastante bien. Me giro, le digo a mi novia que siga ella con la serie, y salgo de la cama para hacerme un café.

Ni diez minutos despúes llama al telefonillo y sube. Isabel, a sus 36 años, sigue siendo un huracán de energía y tal como llega pasa directa a la cocina para agarrar una botella de agua.

– ¿Hola eh? – digo ligeramente molesto.

– Perdona David – contesta entre tragos – vengo muerta de sed y – continúa bebiendo hasta acabar la botella – me tienes que salvar la vida.

Agarro una de las sillas de la cocina y me siento, a la espera de sus indicaciones.

– A ver, cuéntame… tan grave no puede ser.

Ella no se sienta, sigue en pie y camina por la cocina. Tacones de aguja rojos, vestido blanco que ella seguramente describiría como crudo, o roto, pero que yo solo atino a definir como blanco. Maquillada, chaqueta de cuero, bolso… el contraste con mi camiseta y calzonas de rugby era más que notable.

– Perdona… – la interrumpo incluso antes de que hable – ¿vienes de fiesta o qué? Porque yo estaba tan a gusto con Natalia viendo una serie y…

– TSSSSHHH TSSSSHHHH TSSSSHHHH – chista parándome en plena frase, igual que con 14 años.

– A ver David, estaba en una cena de la empresa y literalmente, literalmente, he lanzado una propuesta a los jefes y me han dicho que si.

La empresa, en el caso de mi hermana, era una de las mayores agencias de publicidad y eventos de España. El lado glamouroso eran las fiestas, los cócteles, las presentaciones y los viajes. El menos glamouroso eran las jornadas de 20 horas que llegaban a pegarse, fines de semana incluidos. Algo que traía frito a su marido Miguel, mi sufrido cuñado.

– El caso es que mañana a las 10 de la mañana en punto tengo que presentarla, y necesito que sea brillante, fantástica, ¡CAUTIVADORA!

Por el tono de voz habría apostado que llevaba varios chupitos entre pecho y espalda.

– Pues muy bien, me alegro mucho, ¿pero que pinto yo? – pregunté ya un poco impaciente.

– Necesito que sea en vídeo – su tono de voz pasó de “vendedora” a “familia pidiendo un favor enorme”.

– Ay madre… – dije cerrando los ojos.

Por eso me escribió a las 11 de la noche, porque desde hacía dos años me había especializado en edición de vídeo, especialmente en producción para plataformas digitales en formatos de uno o dos minutos. Y al haber encontrado un nicho en el que me desenvolvía sin problema me había convertido en la ayuda perfecta para la presentación de mi hermana, por supuesto gratis y a contrarreloj.

Abrí los ojos y me la encontré enfrente de mi cara.

– Porfa David… es una oportunidad enorme para mí.

– Si eso ya lo imagino Isa, pero… es que son las 11, va a llevarme toda la noche. – intentaba apelar al sentido común, pero era evidente que no iba a resultar.

– Yo te ayudo, pero por favor por favor, de verdad que necesito clavar mañana la presentación.

Suspiré con resignación y le indiqué que pasara a mi estudio, que no era otro que el atestado segundo dormitorio del piso de Cuatro Caminos en el que llevaba viviendo cerca de dos años con Natalia, mi novia de toda la vida. Una enorme mesa con varios ordenadores y pantallas, y dos sillones.

Precisamente me acordé de ella y pasé al dormitorio. Dormía ya como un tronco, así que apagué la televisión y cerré la puerta, encaminándome al estudio.

– Vamos vamos vamos vamos – soltó mi hermana nada más verme entrar.

– Oye con calma, a ver ¿qué material tienes y de cuanto tiempo tiene que ser la presentación? – quería acabar con el asunto cuanto antes, quizás hasta tendría algo de sexo mañanero en cuanto echara a mi hermana de allí rumbo a su ansiada presentación.

Dos USB de 32Gb cada uno, enlaces a vídeos de ejemplo y un “tablón virtual” con decenas de fotos. Desde luego Isa tenía todo preparado.

Me puse a trabajar importando los vídeos y pasándolos a un formato más cómodo para editar, mientras mi hermana se sentaba a cotillear con uno de mis portátiles. Es uno de los aspectos en los que más nos diferenciamos, mientras que ella apenas tiene un smartphone potente y porque la empresa lo exigió, en mi caso podría sacar una pequeña fortuna vendiendo algunos de mis equipos informáticos. Como me dijo una vez, ella siente pasión por los zapatos como yo por los ordenadores.

La veía por el rabillo del ojo y me ponía nervioso, prestando inusitado interés por uno de mis ordenadores.

– Oye, ¿no ibas a ayudarme? porque aquí estoy pringando yo solo.

– Sisisisisi, voyvoyvoyvoyvoy… – saltó como un rayo y se puso a mi lado.

– ¿Por qué no me haces un café de cápsula anda? que yo no estoy tan despierto como tu ahora

Se me quedó mirando un segundo y se rió.

– ¿Tu te crees que yo llevo 30 expresos hoy o qué?

– Pues eso o vas dopada – dije girando la cabeza para mirarla

La cara que puso hizo que la pregunta fuera obligatoria.

– ¿No jodas que vas dopada? ¿pero que has tomado Isa?

– Hombre claro, ¿tu aguantarías el ritmo que llevo yo sin un empujoncito en polvo? – dijo guiñándome un ojo, que ahora si me fijaba, tenía las pupilas más dilatadas de lo normal.

Me debí de quedar parpadeando sus buenos diez segundos, porque le dió tiempo a ir a por su bolso, sacar un pequeño recipiente plateado y echarse un poco en la uña para esnifarlo delante mía.

– Alucino contigo.

– Que tú no la has probado, claro – dijo, molesta al sentirse juzgada.

– No te voy a decir que no, la he probado, he tomado, he repetido… pero no de forma habitual, y hace mucho de eso ya.

Me volví hacia la pantalla y continué ensamblando pedazos de vídeo, intentando olvidar ese extraño momento. Pero el caso es que no podía evitar mirar el reflejo en uno de los monitores. Mi hermana, a sus 36 años, era sin duda atractiva y sabía sacarle partido. Su 1.70 de altura, le calculaba unos 60 kilos pero bien distribuidos, su melena rubia y que fuera siempre con el look oficial de las mujeres de su oficina desde luego lo reforzaba. Saber que además se pegaba unas buenas fiestas aderezadas en coca le sumaba un conjunto que con cualquier otra habría provocado que le tirara la caña solo por probar. 

Bostecé, eran ya las tres de la mañana y necesitaba un descanso.

– Voy a parar, porque estoy dando cabezadas…

– ¿Quieres? – le faltó tiempo para acercarme el pequeño tubo metálico, sin duda pensando que hacerme cómplice reducía su culpa.

– Mira… en cualquier otro momento te mandaba a la mierda, pero estoy que me caigo, trae.

Eché un poco del polvo sobre el dorso de mi mano y lo llevé a mi nariz. Solo un pico, me dije a mí mismo, justo cuando noté el regustillo al fondo de la boca que indicaba que desde luego era de la buena.

– Anda mira quien es el que va dopado – dijo sonriendo desde el sillón.

Su sonrisa era contagiosa, así que me recosté en el otro sillón y di al play para ver si lo que teníamos hasta ahora era lo bastante bueno para su presentación.

48 segundos después saltó a mi cuello abrazándome.

– ¡LO HAS CLAVADO! ¡DIOS ERES UN CRACK! 

Juro que no entendía como pudo saltar con esos tacones sin haberse matado, y menos como podía mantenerse en equilibrio sentada de lado en el reposabrazos, pero al menos el vídeo estaba terminado y yo podría ir a dormir por fin. O intentarlo al menos.

– Bueno, ¿alguna cosa más? ¿llamas a un taxi o te llevo?

– Puffff, espera… espera… – volvió a su sillón y cogió el portátil con el que llevaba horas trasteando. Pulsó un par de botones y el vídeo saltó en el monitor principal de la mesa de trabajo.

La mamada era espectacular, sin duda había encontrado la sección de favoritos donde solo salen las iniciales de los vídeos y le había llamado la atención. El caso es que ahora la habitación estaba totalmente a oscuras excepto por la imagen de una joven a 4 patas en una cama, con un conjunto imposible de lencería, y devorando con pasmosa facilidad una polla del tamaño de un antebrazo.

– Ese sí que va dopado – dijo riendo – vaya vaya hermanito… ¿las horas dedicadas a esto también las facturas?

– Los descargo y los edito para practicar – acerté a decir muerto de vergüenza. Y era cierto, en alguna de las webs más conocidas de porno tenía una docena de videos de “grandes éxitos” con miles y miles de visitas y decenas de comentarios felicitándome o haciendo críticas. Sorprendentemente la comunidad online de editores de videos porno era muy constructiva, y fue la manera en que aprendí mi actual oficio.

– Si ya he visto tu canal, la leche David… sabes elegir bien los videos.

Sus ojos estaban clavados en la pantalla, había editado el vídeo sobreponiendo un zoom sobre la cara de la chica en el momento exacto en que llegaba al orgasmo, con la imagen de la polla penetrándola por detrás.

– Oye… si tienes que… ya sabes.

Miré entre mis piernas y entendí el motivo de su frase entrecortada. Me había empalmado como hacía tiempo que no lo hacía, la mezcla de coca, cansancio, porno y ver a mi hermana de un modo que me costaba imaginar tenía un efecto extraño.

– Puedo aguantar, tranquila. A todo esto, ¿es que vas a dejar el video entero o qué?

– Es un conjunto de Agent Provocateur – dijo

– ¿Un qué?

– Y unos Valentino Rockstud, justo los que llevo.

Miré a la pantalla, luego a sus pies enfundados en el mismo modelo de tacón, de nuevo a la pantalla.

Si, la puta casualidad, o su habilidad para encontrar ese vídeo en concreto, el caso es que a ambos nos pasó lo mismo por la cabeza, ambos nos miramos y rápidamente volvimos las miradas hacia la pantalla. La actriz, bocarriba con las rodillas casi a la altura de la cabeza y siendo follada sin piedad.

Ninguno nos movimos, seguimos viendo la escena, al ponerse a cuatro patas para chupar se apreció el tatuaje encima de culo que llevaba.

– ¿Ves? yo eso nunca podría – soltó.

– ¿El qué? ¿el tatuaje o follar así? – se me escapó, pero el caso es que quería oírselo decir.

Nos quedamos mirándonos mientras el único sonido en el estudio era la saliva siendo sorbida por la esforzada actriz.

– El tatuaje… que cuando yo quiero… así y más, porque mejor sin duda, que lo sepas.

– Ya… ahora me dirás lo que todas las tías cuando les preguntan si la chupan bien, que nunca se ha quejado nadie – contesté riéndome.

Giro el cuerpo hacia mí.

– No es que no se quejen, es que piden repetir.

Ahora si que el bulto en mis calzonas empezaba a doler. Tuve que recolocar las piernas, lo que solo sirvió para que se marcara más claramente.

– Ya te dije, que si necesitas… eso… es tu casa – me dijo sin perder detalle.

– En eso estaba pensando, en cascármela contigo delante, jaja.

Miró la hora en su reloj, faltaba poco para las 3 y media.

– Cada uno a su bola, ¿vale?

Me fijé yo en ella. Los pezones parecían que iban a atravesar el vestido blanco, ni me había dado cuenta que al ser con la espalda al aire iba sin sujetador. Parece que no era yo el único afectado por el vídeo. No dije nada, me giré hacia la pantalla, hundí mi cintura lo más abajo posible y me saqué la polla.

Realmente estaba a mil, me esforzaba por no mirar, pero la visión periférica delataba que mi hermana mayor estaba usando las dos manos para desfogarse.

La actriz vió recompensado su esfuerzo con una dosis sobrenatural de semen, que la salpicó de cara a vientre. Ambos miramos la pantalla vacía unos segundos.

– Saltará otro video ahora – dije en voz baja, y de repente se me ocurrió una idea absolutamente inapropiada.

– Pásame el portátil, rápido…

No tuve que repetírselo, en un segundo se recolocó el vestido, recogió el portátil y me lo pasó, siempre evitando cruzarnos las miradas. Rápidamente encontré justo el que buscaba, di al play y dejé el portatil en el suelo para disponer de espacio para mover mi mano.

– Que cabrón eres… – acertó a decir justo antes de taparse la boca con la mano libre para ahogar un gemido.

En la pantalla una rubia, delgada, 20 y muchos, con unos tacones de aguja plateados, masturbaba simultáneamente sus dos agujeros con sendos juguetes. Sabía que ella tenía esos tacones, de hecho recordaba que al ver ese video en su día me acordé de ella, de su look de pija calientapollas, y pensar entonces que “ella no era de esas, solo era una pose por el trabajo”. Y ahora estábamos a medio metro el uno del otro, a punto de corrernos.

– ¿Quieres más nieve? – preguntó mientras se servía un poco usando una de mis tarjetas de empresa. No me dio tiempo a contestar cuando se acercó a mi lado y me ofreció el otro pico de la tarjeta.

La miré y esnifé, sin dejar de pajearme, mirando a la pantalla donde la rubia se dedicaba a dar botes sobre ambos juguetes mientras agarraba sus tacones para hacer fuerza. La polla parecía querer reventar en mi mano, latiendo de tal manera que si dejaba la mano abajo más de un segundo el capullo se hinchaba de forma dolorosa.

Subí la mirada y apartó los ojos de vuelta a la pantalla, sintiéndose pillada mientras observaba la polla de su hermano.

– Mejor paro, es incómodo para los dos. – dije, pensando en romper el momento, encender la luz, y dar por concluida la situación.- O no… – respondió.

Las uñas, largas y brillantes con el borde en rojo, arañaron lentamente mis huevos, que se apretaron de tal forma que el tronco de la polla se plantó contra mi vientre.

– Diossss Isa…

No iba a decirle para, no iba a decirle estás loca, o estamos locos, o mi novia nos va a pillar… apagué el cerebro, perdido en un mar de coca y vicio.

– Dale, tu sigue… – su mano izquierda se puso tras mi cuello, acariciándome con ternura, mientras las uñas de su mano derecha arañaban mis huevos y chocaban con mi mano al pajearme. Miraba la pantalla y luego a ella, que no perdía detalle de la paja que me estaba haciendo. Pellizcó el escroto entre mis huevos, separándolos, y los agarró con la mano entera mientras la mía aceleraba el ritmo y mis ojos se quedaban en blanco, pillando momentos sueltos del vídeo.- Tu mira el video. Ese susurro fue como una puñalada al poco sentido común que aún sonaba en mi cerebro. Abrí los ojos a tiempo de ver a la rubia sacando sus juguetes y chupándolos con entusiasmo. Desplacé la mirada hacia el lado y otra rubia, mi hermana mayor, se pellizcaba un pezón sobre el vestido sin dejar de amasarme los huevos. – Porque está Natalia durmiendo a dos metros sino te juro que… – no terminé la frase cuando sus dedos entraron en mi boca. El dulzor salado de su coño y el amargor de la coca me callaron.- Ahora pones cualquier web y todo el porno es step-esto, step-aquello… ¿te has dado cuenta?  La pregunta de mi hermana se las traía, claro que era consciente de que el género de pseudoincesto con hermanastros, madrastras y astros/astras varios era ya casi lo más habitual en cualquier página de porno. Pero esto era otra cosa, era sangre, era 18 años viviendo juntos en familia, y más de tres décadas como hermanos, y como durante todo ese tiempo ella estaba llevando la voz cantante, literalmente me tenía por los huevos. Tocaba reaccionar. – ¿Sabes que no se ve casi nunca en esos videos hermanita? – abrí los ojos justo a tiempo para verla desviar su mirada de mi capullo a mi cara – Besos… nunca se besan… – tragué saliva mientras bajaba el ritmo de mi mano. – Quizás eso sea demasiado tabú, ¿no crees?  No hizo falta más, soltó mi polla y pegó su cara a la mía. La habitación a oscuras excepto la pantalla donde la rubia seguía pegándose un homenaje con sus dos juguetes con el volumen a cero, yo casi tumbado en el sillón con la polla fuera en su mayor empalme desde que cumplí 20 años, y mi hermana reclinada sobre el reposabrazos, girando hasta quedar sobre mi. Según abría ella boca la cogí por la cintura. Apoyó en mis rodillas los empeines de sus pies aún calzando esos tacones rojos, y bajó su cintura apoyándola en mi vientre hasta colocar mi rabo entre sus nalgas. El gemido que soltamos fue simultáneo, como buenos hermanos. – No tienes huevos hermanito… todo esto es calentarte… solo eso. Las pupilas como dos vinilos me miraban fijamente, dándome una vía de escape. Decidí no tomarla, sino lanzarme en plan kamikaze, lamiendo sus labios. Comenzamos a comernos las bocas en total silencio, las lenguas rasposas por la nieve eran una sensación nueva para mi, pero la facilidad con que nos estábamos compenetrando era algo aún más nuevo. Las lenguas se enroscaban, los labios se mordían, la saliva fluía de una boca a otra… siempre con los ojos abiertos, no queriendo perdernos ni un detalle del acto prohibido que estábamos viviendo. Su coño palpitaba contra mi polla. Sus nalgas competían en dureza contra mis manos, sobando su culo con fuerza, separándolas para permitir que el tronco se apoyara a lo largo de toda la raja. Sus manos tiraban de mi camiseta hacia arriba que enseguida acabó en el suelo para no estorbar en la comida de boca que nos pegábamos. – ¿A qué hora se va Natalia? – preguntó entre que mordía mi labio inferior y lamía el superior.- A las 8 sale, a las 7 se levanta – contesté, acariciando con ambos índices su ojito del culo, mientras jugueteaba a enredar su tanga alrededor de mi polla. Seguimos besándonos, tocándonos, mis dos manos fusionadas a su culo mientras mi polla sacaba brillo a su perineo. Podía sentir su coño encharcado pegado a mi cintura, sus manos en mis hombros sujetándose para hacer fuerza, masturbándonos el uno contra el otro. – ¿Qué quieres hacer? – preguntó de nuevo Me quedé mirándola, la viva imagen del puto vicio encima mía, mi propia hermana mayor, frotándose contra mi polla. Ni de coña desperdiciaba la ocasión. La levanté de encima mía dejándola en el sillón, y cogí mi móvil. “Cielo, he salido con Isa a su oficina a por unas cosas que nos faltan, remato la faena allí. Un besito” – Adecéntate un poco por si se asoma, voy a cambiarme, decide donde vamos pero tu no te escapas. Entré al dormitorio, la pantalla del móvil de Natalia aún iluminada tras recibir mi mensaje, pero ella dormía a pierna suelta. En silencio saqué unos calzoncillos, un polo y unos chinos, me cambié en el salón y volví al estudio. Isabel parecía haber dormido ocho horas, el vestido de nuevo en su sitio, la chupa en sus hombros, el pelo arreglado y ni rastro del pintalabios desperdigado tras la sesión de preámbulos que nos habíamos pegado. Dos miradas, un dedo al labio para indicar que no hiciera ruido, y salimos al descansillo. Ni una palabra hasta el ascensor, a las cuatro de la mañana cada ruido se multiplicaba por veinte, por algún milagro el ascensor estaba en mi planta y subimos. Pulsamos el botón para bajar al garaje a la vez y de inmediato pasamos a besarnos de nuevo. La pegué contra el espejo y metí la mano entre sus piernas, ni rastro del tanga con el que había estado jugando antes. – ¿Buscas esto? – lo agitaba frente a mi cara, vacilona, sonriendo, de nuevo al control.  Lo cogí de su mano y me lo guardé, agarrándola ahora fuerte de la cara, lamiéndole la boca y forzando mi lengua contra la suya al mismo ritmo que mi dedo corazón se deslizaba entre sus labios vaginales, sin entrar en ella. DING La puerta del ascensor se abrió, una mirada rápida, nadie cerca, y directos a mi coche. – ¿A dónde vamos? – dije metiendo la llave. Antes de hablar llevó ambas manos a mi paquete, botón fuera, cremallera abierta, y polla al aire. Nos miramos, y bajó su cabeza. Se la introdujo entera, notaba el tope de su boca, la curva de su garganta, sus movimientos de succión. Mis huevos apretaban queriendo eyacular pero mi polla estaba tan dura que resultaría del todo imposible. La soltó y levantó la cabeza cogiendo aire. – Esto para que veas que no me voy a rajar, ¿y tu? La miré perplejo, nos habíamos pasado casi media hora metiéndonos mano y masturbándonos, y aún temíamos que en cualquier momento el otro se detuviera. – Voy a follarte como la zorra que eres. Her-ma-ni-ta. Sonrió, volvió a pajearme una vez más, y me soltó para dejarme arrancar. – Tira para el Parque de Berlín, y aparca por López de Hoyos – dijo mientras escribía rápidamente en su móvil.  En 5 minutos habíamos aparcado y salido del coche, solo una pareja más caminando por Madrid poco antes del amanecer. Entramos en un portal y seguí a mi hermana hasta una puerta en el bajo. Tras unos segundos después de llamar al timbre nos abrieron. Una mujer de treinta y muchos, cara de sueño y de estar acostumbrada a esto… o a lo que ella creía que estaba viendo. Le enseñó la pantalla de su móvil, le soltó 40€ a la chica y pasamos directamente a un pasillo. Veinte pasos hasta la puerta, suficiente para otro morreo y más sobeteos.  Entramos, luz azulada, cama king size, ducha para dos o más personas… un picadero por horas. – ¿Vienes mucho aquí hermanita? – solté mientras me quitaba el polo y ella la chaqueta.- No, pero algunos clientes si que nos preguntan luego donde irse con alguna de las azafatas, o hay que buscarles también a la chica… pero me moría por venir.- ¿Fiel a Miguel?- Casi siempre, algún viaje largo he tenido ocasión de echar una canita, ¿y tú con Natalia? – pequeño interrogatorio pre-locura.- Alguna mamada estando de fiesta, alguna ex-novia que pasaba por Madrid, pero esto… La miré de arriba a abajo cuando dejó caer el vestido. Pubis perfectamente rasurado, brillante, hinchado. Pezones rosados, duros, erguidos en dos tetas pequeñas pero increíblemente bien puestas. La melena rubia estratégicamente echada a un lado, y la mayor cara de zorra que había visto en mi vida. Mi polla se puso tan dura que la cremallera saltó sola, como indicándome que dejara de admirar y me pusiera a taladrar. Isa se echó atrás, quedando sentada en la cama con las manos apoyadas hacia atrás, esperando a ver que hacía. Terminé de quitarme el pantalón y los calzoncillos, y me acerqué cogiéndola por las rodillas hasta hacerla apoyar los tacones en el borde del colchón. Pegué mi cara a su coño, el olor a hembra en celo me estaba enviciando más aún. – Pídemelo- ¿Qué? ¿El qué? – le temblaba la voz, pillada con la guardia baja, o con las piernas abiertas.- Pídeme que te coma el coño – solté, seguido de un lametón en su ingle.- Cómemelo, por favor – gimió, su cuerpo sudando brillaba ante el cambio de luces de aquella habitación.- Pídemelo bien, ya sabes lo que quiero – iba a disfrutarlo.- Cómeme el coño hermanito… – gimió de nuevo, aún más por el tabú social y biológico que rompíamos.- Seguro que puedes pedirlo mejor aún, hermanita – mordí el trozo de carne entre la nalga y la ingle izquierdas.- ¡Cómele el coño a la pedazo de puta de tu hermana joder!  Ahora si, metí la cabeza entera, lamí y chupé esa carne rosa entre los labios apretados y calientes. Clavé la mirada en sus ojos, que se entrecerraban al sentir como el clítoris era rozado, chupado, succionado y mordido. Mis manos agarraron su culo, con los pulgares jugando con el ojito. Metí la lengua entera a lo largo de ese coño y relamí toda la humedad que generaba. – ¡Hijo de puta menuda comida me estás pegando! – la miré, solté las manos de su culo y la agarré por los tacones, abriéndola de piernas y obligándola a alzar el culo.- Si yo soy un hijo de puta… es obvio que tú también lo eres, hermana. Lamí su culo, era la primera vez que lamía uno y no sabía que sabor esperar, pero estaba tan encharcada que sabía a coño. Gemía, me insultaba, se insultaba a si misma, fuera completamente de sí. – Dios, chupa, chúpalo, chúpale el culo a tu hermana mayor, vamos joder… uffff. Dios que puta me pones… Me estaba poniendo a mil, iba a acabar corriéndome solo comiéndole los dos agujeros. Solté sus tacones y metí la primera falange de dos dedos, separando sus labios y metiendo la lengua en el hueco abierto. A la tercera penetración con la lengua empezó a correrse, su cintura convulsionando por momentos y sus muslos atrapando mi cara. – ¡Joder! – dijo levantando la cabeza, su boca brillante de salivar, justo a tiempo de verme ponerme en pie y tumbarme sobre ella.- A pelo, ¿verdad? – no esperé su respuesta, metí el capullo y el resto de la polla entró como si su coño estuviera hecho a medida.  Gemimos al unísono de nuevo, a un ritmo endiablado de follarnos sin pausa ni respiro, ansiosos por consumar el pecado que llevábamos 3 horas cometiendo. Cogió mi mano y la llevó a su cuello, mirándome un segundo, el tiempo que tardé en entender lo que quería. Apreté lo justo y su boca se abrió de placer y vicio. – ¿Te gusta así hermanita? ¿te gusta duro? – cada palabra me ponía la polla más dura. Empezó a asentir cuando dejé caer un chorro de saliva en su boca abierta, pillándola por sorpresa otra vez, aunque el temblor en su coño me indicó de inmediato que había encontrado algo nuevo que le había gustado. – Vaya cerda que eres pedazo de puta – volví a escupir en su boca, pero el movimiento frenético de la follada hizo que cayera en su mejilla. Solté la mano de su cuello y se lo restregué por la cara hasta la boca, donde los dedos se sincronizaron con mi polla para penetrarla simultáneamente. Miré al lado y mi cara en el espejo del cabecero me devolvió la sonrisa, taladrando a mi propia hermana a nuestros treinta y pico años, follando en un habitación por horas, puestos hasta las cejas… y gozando como nunca. Se agarró con las manos detrás de sus gemelos, tirando de sus piernas hasta ponerlas casi enmarcando su cara. Saqué los dedos de su boca y me agarré al borde de la cama para hacer toda la fuerza posible. Cada penetración llegaba hasta el fondo de su coño, su ojito totalmente estirado chocaba con mis huevos, rebotando contra su carne empapada. Bajé más la cabeza y continuamos comiéndonos la boca, sin bajar el ritmo ni un poco, al límite del esfuerzo, con las lenguas fuera de las bocas para poder seguir respirando. Cada músculo de mis piernas y espalda empezaba a darme calambres, y mis huevos no aguantaban más. – ¡Me corro joder! – aparté la cara mientras notaba mi polla temblando desde el capullo hasta la base en el interior de mi pelvis- ¡ENCIMA! ¡LO QUIERO ENCIMA! Me echó hacia atrás clavándome uno de los tacones en el pecho, justo el tiempo suficiente para salir de su coño y empezar a lanzar chorros espesos sobre ella. No necesitaba ni agarrármela, uno tras otro salían disparados tras las horas de calentón y vicio. Mis manos mantenían a Isa abierta de piernas mientras el primer chorro caía entre sus tetas, el segundo a punto estuvo de llegar a su cara, quedándose sobre las sábanas, y los otros seis chorros caían sobre su torso, vientre, caderas y muslo. Nos quedamos mirándonos mientras resoplábamos, solté sus tacones para poder sentarme sobre la cama y verla, mi propia hermana a sus 36 años cubierta de sudor, saliva y corrida. Mi polla palpitaba, aún dura, cubierta de sus flujos y brillando bajo la luz azul de ese picadero. Su mirada volvía a mi polla, y esta reaccionaba, provocándole una sonrisa al ver como mientras sus dedos esparcían mi semen sobre su cuerpo, conseguía volver a endurecerme como antes. – Quiero más, hermanito… – dijo al ver que ambos seguíamos dispuestos.- Lo que tu me pidas… Me levanté y la hice incorporarse, dejándola de rodillas frente al espejo-cabecero de la cama, poniéndome detrás de ella y agarrando sus manos pegadas a la pared. – ¿Esto quieres Isa? ¿quieres que tu hermano pequeño siga follándote como a una puta? toda cubierta de corrida y quieres más, ¿verdad? Asintió sonriendo, echando el culo hacia atrás, buscando el contacto con mi polla que ya se deslizaba sobre ese coño casi en carne viva. El primer azote la hizo chillar un momento, pero su culo volvió buscando más guerra. El segundo consiguió que pegara la frente al espejo, arqueando aún más su espalda, consiguiendo que la punta de mi polla se acoplara a su coño, solo empujé mi cadera y volví a entrar en ella, sin siquiera guiarla a su coño. Agarré su melena con ambas manos y tiré de su cabeza hacia atrás, moviéndome lentamente dentro y fuera, obligándola a mirarme a través del reflejo. No me miró a mi, sino a si misma, su reflejo, su maquillaje corrido, su cuerpo cubierto de sudor y semen, su pelo tirante hacia atrás siendo dominada por su propio hermano. Entrecerró los ojos y volvió a correrse, lentamente, girando la boca para lamernos, besarnos. Continuamos así despacio, acelerando muy poco a poco el ritmo, solo disfrutando del sabor de la boca del otro y del placer en nuestros cuerpos. – Voy a seguir… queriendo más… ¿y tu?… – soltó casi en un murmullo entre las dos lenguas- Si te refieres… a después de esta noche… Asintió, sus pupilas ya menos dilatadas, el subidón no podía llevar durándonos horas, ya no nos quedaba la excusa de ir puestísimos. Era solo puro vicio. – Quiero hacerlo todo, probarlo todo, y quiero que TU me lo des – aceleró los movimientos de su culo, casi perreando, su coño y mi polla al límite de la resistencia.- Pues vamos a hacerlo, hermanita, vas a ser la más puta de Madrid si quieres… y pienso disfrutarlo… disfrutarte, empezando por esto. Eché su cabeza hacia atrás del todo y la reventé, cuarenta segundos de percusión continuada al máximo de velocidad que mis piernas y mi cintura aún eran capaces de dar. Su cuerpo temblaba de nuevo, soltó las manos del espejo y agarró mi cabeza, justo cuando notó mi corrida en su interior. – ¡CABRÓN SIIIIII! !LLÉNAME ASÍ JODER! !POR PUTAAAaaaaa..aa..aaaaaaa..aaaaaa…. – caí hacia atrás en la cama y ella sobre mí, aún comiéndonos las bocas mientras mi polla saltaba fuera de su coño y la corrida caía sobre la cama. Quince minutos después estábamos duchados, vestidos y saliendo por la puerta con dos minutos de diferencia. Isa me esperaba dentro de mi coche lista para que la dejara en la oficina, donde tenía ropa para cambiarse. DING “Buenos días cari. Acabo de despertarme. Espero que pudieras rematar la faena con tu hermana” Y tanto.   (Dedicado a Alicia)

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