Adicta por sus vergas

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Lo cierto es que, me apenaba reconocer abiertamente lo mucho que había disfrutado la experiencia y lo mucho que deseaba estar en sus manos nuevamente, ser utilizada como tapete de sala por el resto del día, por decirlo de alguna manera.

Aquel mensaje no era una invitación, y la manera en como me estaban ordenando por alguna razón me causó una excitación difícil de describir. Lo leí varias veces y en lo único que atinaba a pensar era en sus grandes vergas… entrando una y otra vez en mis agujeros, mi coño lo recordaban también, pues se humedecía con el solo recuerdo de aquella noche.

Estaba nerviosa y me preparé con cierta incertidumbre, no sabía muy bien que esperar, recordando que ellos querían cumplir mi otra “fantasía” la cual involucra el sado…

Finalmente toqué en punto de las 8.00PM la puerta marcada con el #885.

Uno de ellos abrió la puerta, poseedor de una sonrisa encantadora o quizás solo por mis nervios lo es que lo vi de aquella manera. Definitivamente son algo digno de admirar, pues resultan visualmente atractivos además de lo bien trabajado y cuidado que tienen el cuerpo.

– No te quedes ahí, pasa. 

Usaba solo bóxers negros ajustados, pude ver que gran parte de su brazo derecho tenía tatuajes, los cuales no noté la ocasión anterior, en el cuello traía un látigo colgado como si fuese una serpiente colgando un extremo de cada lado.

Tras colgar el letrero de NO MOLESTAR, cerró la puerta tras de nosotros.

Con su mano me tomó del cabello jalándome la cabeza hacia atrás de manera que quedé viendo el techo sosteniéndome de su brazo para no caer ante aquel brusco movimiento, su mano se deslizó debajo de mi vestido.

– ¿Ya estás mojada? ¡Vaya puta que eres! Sin dudas tienes potencial… y ya que nosotros hemos despertado la Puta en ti, te modelaremos y te usaremos a nuestro antojo.

Dicho esto se acercó para besarme invadiendo mi boca con su lengua y explorando rincón de esta, me empujó con su corpulencia hasta chocar con la puerta, le tomé por la nuca urgiéndolo hacía mi, mientras con una pierna le rodee, aprovechando la oportunidad para deslizar mis dedos arriba abajo por su espalda con la mano que tenía libre, bruscamente cesó de un instante a otro cualquier contacto, dejándome atrás desconcertada y sin saber que hacer o decir.

– Ese fue tu premio por haber llegado puntual y haber obedecido en los detalles, no te acostumbres, no es algo que solemos hacer.

Mi rostro reflejaba la confusión que sentí en esos momentos.

Se sentó al borde de la cama junto a su hermano, quien también usaba bóxers solo que los de él eran blancos, sostenía una bebida en la mano mientras observaba sonriendo. La única diferencia física visible era que uno de ellos tenía tatuajes y el otro no.

– Desnúdate y colócate de rodillas – ordenó el que sostenía la bebida.

Ante mi propio asombro, obedecí. Retiré mi vestido dejando al aire mis pechos redondos y firmes, con los pezones totalmente duros, me coloqué de rodillas observándoles expectante en busca de su siguiente instrucción.

Se puso de pie caminando hacía mi, le seguí con la mirada, hasta que sentí un fuerte golpe en el rostro que me hizo voltear la cara.

– ¡No tienes permitido vernos a los ojos Puta!

Por simple acto reflejo le miré con odio por aquel golpe, por lo que recibí un golpe más. Me tomó del cabello y me arrastró hasta llegar a la cama, donde me puso sobre sus rodillas cono si fuese una niña chiquita y comenzó a darme fuertes azotes en el culo con su mano abierta.

– ¡Sin gritos puta! ¡No te muevas! Seguro que con esto entenderás. 

El sonido de los golpes de su mano desnuda sobre mi piel, comenzaron a llenar el ambiente. Aquel delicioso dolor comenzaba a excitarme.

Intenté guardar silencio, pero no lo logré, inevitablemente de mi boca salían gemidos de dolor y placer, lo cual ocasionó que incrementara la intensidad ante mi respuesta.

Sentí como el gemelo tatuado levantaba mi cabeza para ver mi rostro el cual debía estar ya descompuesto por la lágrimas, tomó mis manos y las entrelazó en mi nuca, no necesitó darme ninguna instrucción, sabía que debía dejarlas ahí y así lo hice.


La tanda de nalgadas duró unos minutos más. Intenté morder mis labios, pero aún así inevitables sonidos y gemidos salieron de mi boca…

– Ahhhhhh, mmmmmm, ahhhhhhhh , au!

Apenas terminó se puso de pie por lo que resbalé de sus piernas cayendo directamente al suelo, para colocar entonces un pie sobre mi espalda, presionando hacia abajo.

– Recuerda tu lugar Puta.

El chico de los tatuajes me tomó por el cuello hasta lograr que me pusiera de rodillas, limpió mi rostro restregándolo contra su bóxer, con este acto pude sentir su verga, en ese momento sentí unas enormes ganas de introducirla a mi boca.

Por mero instinto bajé su bóxer y metí su verga que estaba en algún punto entre dura y a punto de explotar.

Me miró hacia abajo sonriendo. Entonces cerró ambas manos en forma de puño en mi cabeza, tomando grandes mechones de cabello para asirse con firmeza, y comenzó a practicar un facefuck, metiendo su verga hasta el fondo en cada ocasión.

Cuando sentí el primer signo de ahogo intenté alejarme, empujando con mis manos, a lo cual el me alejó totalmente y me dio una serie de golpes en el rostro con la mano abierta o bien con el dorso de ésta hasta que sentí mi rostro caliente.

– ¡No puedes retirarte si yo no lo autorizo! ¡Si vuelves a hacerlo te castigaré! 

Después de esto el otro gemelo ayudó a mantenerme en aquella posición sujetando mis manos tras mi espalda elevándolas casi a la altura de mis hombros, limitando cualquier movimiento que intentara hacer e incluso forzando mi posición hacia el frente, la elevación de mis brazos producía un dolor en mis hombros, al encontrar resistencia en cierto punto.

¡Aquello resultaba tan excitante! Aguanté como pude, sentía grandes arcadas y una gran cantidad de saliva espumosa escurrir por mi boca cayendo sobre mis senos, en un hábil movimiento, el mellizo que tenía su verga en mi boca, sostuvo mi cabeza introduciendo su gran miembro lo más profundo que le fue posible mientras con su otra mano apretó mi nariz para correrse abundantemente directo en mi garganta.

Cuando me sentí al punto de la asfixia me soltaron y caí al suelo apenas pudiendo sostenerme, para inmediatamente sentir un fuerte dolor sobre mi espalda, no identifiqué bien el instrumento con el cual estaba siendo azotada, solo sentía dolor en todas partes de mi cuerpo, fui consciente entonces que los dos estaban golpeándome.

Me removí en el piso de aquel lugar, totalmente desnuda e indefensa, pero no quería estar en otro lugar…

Cada uno me tomó de una muñeca y me colocaron una especie de grilletes e hicieron lo mismo en mis tobillos, éstos a su vez tenían una argolla metálica.

Me condujeron entonces hasta los pies de aquella cama, la cual era del estilo que tenía barrotes, ataron cada una de mis muñecas a la cama ayudados las argollas y unas sogas, inmovilizando mi cuerpo de ésta manera, acercaron una banca la cual deslizaron bajo de mi para ayudar al peso de mi cuerpo y que se soportara en la banca.

Tomaron mis tobillos y los ataron junto a mis muñecas.

Mi sexo quedaba totalmente expuesto, conmigo en aquella precaria posición. Introdujeron en mi boca una bola y con las cintas a sus extremos la sujetaron a mi nuca.

– No queremos despertar a los vecinos ¿Cierto? dijo riendo el mellizo de boxers color blanco.

Se colocaron frente a mi. En sus manos sostenían una vara de madera.

– Soy Ian – dijo el mellizo tauado – riendo un poco – nunca nos presentaron adecuadamente.
– Mi nombre es Fer – dijo el otro.

Cada uno eligió un lado para azotar cada parte de mi cuerpo que quedaba expuesta de mí en aquella posición. Podía escuchar como la vara cortaba el aire haciendo un peculiar sonido. 

Grité ante aquellos rápidos, fuertes y constantes golpes, sin que ellos mostraran algún indicio de detenerse, veía como mi piel comenzaba a inflamarse y las huellas de aquel instrumento se mostraban ahora sobre mi dolorida piel, los ojos de ambos brillaban deleitándose de aquella tortura. Muchas ocasiones sus impactos eran casi al mismo tiempo, guardaban un ritmo perfecto.

– ¡Ahhhhhh! ¡Aghhhhh! ¡Auuuuuuuuu! ¡Duele!

Por un instante se detuvieron. Mi respiración se había agitado, estaba sudorosa y mi rostro lleno de lágrimas.

Fer se acercó a mi coño palmeando fuertemente para después separar mis labios y dejar expuesto mi clítoris.
Una vez que lo tenía firmemente sujeto comenzó a golpearlo también con aquel instrumento, en ese punto si que grité de verdad, aquel dolor era muy intenso en una zona tan delicada, detuvo entonces los golpes con aquel Ian presionaba un extremo de su vara contra las plantas de mis pies. Fer me mostró su duro miembro listo para entrar en mi.

Me llenó con aquella gran verga de un solo golpe y me embistió sujetando la estructura de aquella cama , sus embestidas me llenaban y me hacían gozar de placer una a la vez, mientras que Fer me proporcionaba intensas oleadas de dolor en las plantas de los pies.

Aquella combinación era perfecta, el dolor, el placer, juntos combinándose y confundiéndose.

Se retiró en un solo movimiento dejándome completamente y ansiosa, estaba totalmente mojada en aquella área. Me miró y sonrió tomando nuevamente la vara y azotando directamente mi sexo, sustituyendo el placer que había sentido por dolorosos e intensos azotes.

Aventó la vara y me embistió nuevamente por unas cuantas ocasiones mas, hasta que sentí como me llenó de su semen, caliente…

Me liberaron de aquellas ataduras para ponerme de pie y atarme los brazos juntos a mi espalda, apretándolos firmemente.

Ian estaba recostado en la cama y Fernando me condujo para montarme en él, me retiraron la bola que cubría mi boca.

– Muestrame tu lengua – ordenó Ian, obedecí de inmediato, me mostró una pinza dentada la cual cerró aprisionando mi lengua.

-Ahhhhhhh – exlamé sin dejar de moverme ni un solo momento.

Estaba de frente a Ian quién tomó uno de mis senos y lo estrujó, pellizcó y palmeó hasta que me encorvé por el dolor que me producía, colocó sus manos alrededor de mi cuello, nunca antes había experimentado el shocking, él comenzó a cerrar sus manos, entonces intensificó sus embestidas y no pude mas que entregarme a un gran, gran orgasmo.

Son hábiles, debo reconocerlo, pues justo cuando estaba teniendo mi orgasmo, Ian me jaló por la pinza que sujetaba mi lengua hasta que aterricé en su pecho y de un solo movimiento Fer me penetró por mi agujero trasero.

Por la sorpresa aquello fue doloroso, pero solo mientras me acostumbré.

Quitaron la pinza de mi lengua ocasionando que me contrajera por el dolor al tiempo que Fer comenzó a sodomizarme mientras azotaba mis doloridas nalgas y muslos. Ian aprisionó mis pezones con entre su pulgar y una de las falanges de su dedo índice, jalándolas en dirección a mis caderas mientras que las embestidas de Fer me empujaban para el lado contrario, me tomó por el cabello hasta forzar mi cabeza casi asta tocar mi espalda, estaba expuesta, me sentía llena y estaba a punto de tener otro gran orgasmo.

Ellos se corrieron uno después del otro después de que yo tuve el segundo gran orgasmo de aquella noche.

Me incorporaron para que limpiara sus vergas con mi boca, lo cual hice con entusiasmo, después de todo, debería agradecerles de alguna manera por tanto placer.

– Tienes prohibido coger con nadie mas – dijo Fer, si lo haces… te arrancaré la piel con mi látigo. Serás nuestra sumisa de ahora en adelante. Ya sea que te llamemos los dos o uno a la vez deberás estar disponible en cada ocasión. 

– Te garantizamos un gran placer bajo el yugo de nuestras vergas, nuestro cuerpo y nuestro gusto por los castigos corporales ¿Aceptas?

Afirmé sonriendo.

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