Mi vecina Viuda

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No había sido un buen día, desde que me levante las malas noticias se sucedían una detrás de otra, que mas me podría pasar. Pero quien iba a pensar que cambiaria.

Delante de mí, andando, iba la señora Consuelo con su hijo menor, cargada con bolsas. La señora Consuelo era una vecina cuarentona, la conocí cuando entre a vivir en el piso de estudiantes hacia algo mas de un año y medio, lo que sabia de ella era porque un compañero de piso le había dado clases a uno de sus hijos y me lo había contado. Había enviudado unos años antes, tenia tres hijos, uno de 10, el que la acompañaba, otro de 15, al que le había dado clases mi compañero de piso estudiaba música, y otro de 21 años que trabajaba de repartidor de bebidas. Con el mayor había coincidido en algún local de musical o bar.

Fijándome bien, lo cierto es que la señora Consuelo no estaba mal, tenía un buen tipo, aunque estuviese algo rellenita, tenía una buena culata (culo) y una delantera envidiable (pechos), en su juventud tubo que ser un monumento.

Aunque iba distraído mirando el movimiento rítmico de su culo, me di cuenta que su hijo se había bajado de la acera, y andaba por la carretera.

–         Cuidado – dije tirando del brazo del muchacho hacia mí.

Una moto, que pareció surgir de la nada, estuvo a punto de atropellarlo.

–         Ismael – dijo la señora Consuelo – cuantas veces te he dicho que no te separes de mi.

Se volvió hacia mi, por primera vez vi aquellos ojos verdes, la señora consuelo era morena.

–         Gracias, lo podían haber atropellado.

–         Suerte que lo vi.

La dulzura con se dirigió a mi, se convirtió en una severa bronca al hijo. Que estaba a punto de llorar, más por el susto que por la bronca.

–         Venga que no ha sido nada, seguro que aunque no hubiese intervenido no habría pasado nada.

Me volvió a mirar y sonrió. Abrazo maternalmente a su hijo y este se calmo.

–         Me llamo Consuelo, creo que somos vecinos.

–         Si yo me llamo José Antonio, si vivo en el bloque de al lado, en el segundo en el piso de estudiantes.

–         Te tenía visto.

–         Déjeme que le ayude.

–         No hace falta.

–         Insisto, vamos en la misma dirección, y yo no llevo ningún peso.

–         Pero con una condición, no me llames de usted, no soy tan mayor…

–         No por supuesto como quiera… quieras.

Aunque tuviera 40 años, estaba muy apetecible, aquel escote de la camiseta en forma de U que permitía ver el nacimiento de sus pechos, enseñando canalillo era muy sensual.

–         Bien, vamos – dijo su hijo Ismael se había adelantado – Ismael no te alejes mucho.

–         Mientras vaya por la acera el peligro es menor.

–         Así que estas estudiando en la universidad.

–         Si estoy ya en segundo.

–         ¿Que estudias?

–         Ciencias Económicas.

–         Mi hijo Daniel, dijo que no quería estudiar y esta trabajando en una distribuidora de bebidas, pero mi otro hijo, Víctor esta preparándose en el conservatorio.

–         ¿Será músico?

–         Eso es lo que intenta, aunque creo que terminara siendo profesor, y tu que quieres ser.

–         Pues no lo se, por lo pronto estudiar, después entrar a trabajar en alguna empresa en el departamento de administración o similar.

–         Que bien, ya hemos llegado, quieres entrar y tomarte un refresco.

–         No gracias, se lo agradezco …

–         Te he dicho que me tutees.

–         … te lo agradezco, pero he quedado con unos compañeros y llego tarde.

–         Bueno la invitación queda realizada.

–         Gracias otro día.

Consuelo entro en su edificio y yo seguí hasta el siguiente, pensaba que medidas tendría, 120-90-120. Me gustaría verla desnuda.

Durante los siguientes días nos vimos un par de veces desde lejos y me saludo con la mano.

Un par de semanas después de aquel incidente, un viernes por la noche, rondando la media noche, volvía a casa había decidió volver antes para estudiar, para ser mediados de mayo era una noche calurosa. Pase por delante del balcón de Consuelo, ella estaba apoyada en la baranda tomando una bebida.

–         Buenas noches – dijo Consuelo.

–         Buenas noches.

–         Tan pronto de vuelta.

–         Si, tengo que estudiar, y además hace mucho calor.

–         Si, es verdad, quieres un refresco.

–         No quiero molestar.

–         No, así me haces compañía, Ismael y Pablo están con su abuelo y Daniel pasara la noche con su novia.

–         Bueno un refresco.

Subí a su piso. Consuelo llevaba puesto el pijama y una bata a juego con el.

Me indico que me sentase en el sillón, ella marcho a la cocina.

–         Que es lo que quieres – dijo desde la cocina.

–         Es lo mismo, cualquier cosa fresca.

–         Que es lo que bebes, Gin-tonic …

–         No, suelo beber Ron con cola.

–         Vale oído cocina – lo dijo en tono alegre.

Unos minutos después salía con dos vasos, sonriendo.

–         Parece ser que los jóvenes os ponéis de acuerdo y tomáis ron-cola, como mi hijo Daniel.

–         No todos, otros jóvenes toman… – dije mirándola.

–         Vodka – Naranja – dijo sonriendo.

–         Screwdriver, eso otros jóvenes toman destornillador.

–         Gracias.

–         No se merecen, sabes la historia de esa bebida, porque se le llama destornillador.

–         No; pero seguro que tu si.

–         Pues si, se remonta a los años 50, a los obreros estadounidenses del petróleo, que removían la bebida con …

–         … un destornillador – dijo Consuelo riéndose –  ¿No tienes novia?

La pregunta me pillo algo por sorpresa.

–         Aquí no.

–         ¿Y en tu pueblo?

–         Tampoco – rehecho del pregunta conteste – tengo amigas.

–         Supongo que de tu edad.

–         No todas, las hay mas jóvenes y mas… mayores.

Mi respuesta pareció dejarla algo confusa, y sonrojada.

–         ¿Mayores? ¿Como yo?

–         No quedamos en que tu no eras mayor, estas en la mejor edad – dije descaradamente.

Su sonrojez aumento.

–         Uf, creo que el calor está aumentando – dijo Consuelo.

Había cogido un camino algo me decía que tenía que ser atrevido.

–         Si quieres puedes desnudarte para estar más fresquita.

–         ¡Si y que tu lo veas! – dijo sonriendo.

–         No será la primera vez que veo a una mujer hermosa desnuda.

Me levante y me acerque a ella que permanecía de pie.

–         Y tu lo eres y mucho – dije.

La cogí por la cintura y la atraje hacia mi, la bese, un beso en los labios, corto, comprobando la calidez de sus labios, ella posiblemente por lo inesperado no hizo nada, quedando algo aturdida.

Cuando reacciono, me dio un pequeño empujón.

–         Soooo, caballo; creo que te has desbocado.

–         ¿Por qué?

–         No se si te has dado cuenta, pero te doblo la edad.

–         Y…

–         Soy muy mayor para ti.

–         Una mujer es tan mayor como crea serlo, y para mi no lo eres.

–         Podría ser tu madre.

–         Pero no lo eres y por eso me alegro.

Nuevamente la volví a besar, pero esta vez un beso largo, esta a diferencia de la primera colaboro, nuestras bocas se abrieron para dejar que nuestras lenguas se buscaran, el frenesí se adueño de nosotros.

–         No puede ser – dijo separándose bruscamente de mi.

–         Como quieras, será mejor que me vaya – dije girándome y dirigiéndome a la puerta.

–         Por favor no te vayas – dijo, sentí como su mano se posaba en mi hombro – quédate.

Me gire, nos juntamos y nuevamente nos besamos apasionadamente, esta vez no hubo separación brusca.

–         Debo estar loca.

–         ¿Por qué? Por sentir pasión.

–         Pero …

No deje que continuase, la volví a besar, primero en la boca, después en el cuello, y tras hacer que su bata cayera al suelo, en el canalillo de sus pechos. Unos gemidos de placer escaparon de su boca.

Comencé a desabrocharle la blusa del pijama, besando y lamiendo cada centímetro de piel que desnudaba, cuando estuvo totalmente desabrochada la blusa, mis manos se posaron sobre su sujetador beige claro, sobre las copas, que ocultaban las grandes tetas de Consuelo, sentí como su cuerpo se estremecía, tire hacia abajo las copas del sujetador dejando sus tetas libres, pellizque sus pezones que aun siendo grandes quedaban empequeñecidos en el global de su pecho, dio un pequeño grito, estaban duros, comencé a chuparlos mientras mis manos se dirigieron a la espalda y con destreza desabroche el sujetador, casi inmediatamente la blusa y el sujetador cayeron al suelo.

Seguí chupando y mordisqueando los pezones, sus manos agarraron mi cabeza y sus gemidos iban en aumento aun mas cuando metí mi mano desde la cintura, por debajo del pantalón del pijama y de sus bragas, traspase su bello púbico, hasta llegar a su entrepierna, y tocar el clítoris y su raja, estaba húmeda. muy húmeda un grito escapo de su boca.

–         Dios!!!!

En la posición que estábamos, y sin dejar de acariciar su cuerpo hice que lentamente se dejara caer sobre el sofá, agarre el pantalón del pijama y sus bragas por la cintura y tire de ellas hasta que me las quede en la mano, la observe unos segundos, ella me miraba con ojos de deseo, su lengua salía y entraba de su boca humedeciendo sus labios. Me desnude despacio pero sin vacilar. Una vez desnudo me acerque a ella, me senté en el borde del sillón junto a ella. Su mano se dirigió a mi polla, mientras mi mano acariciaba sus muslos por fuera, y por dentro hasta volver a acariciar su clítoris e introducir mis dedos en su vagina, un gemido fuerte surgió de su garganta, a la vez que comenzó a acariciar mi polla, que ya estaba dura y tiesa. Unos minutos después, su cuerpo se agitaba.

–         No puede ser, estoy llegando – dijo jadeando.

Entonces su cuerpo se estremeció, cerro las piernas que hasta ese momento las había tenido abiertas de par en par, atrapando mi mano, yo seguí.

–         Espera, no sigas, mejor en la cama – dijo.

–         Como tú quieras.

La ayude a levantarse, y nos dirigimos a la habitación, estaba algo revuelta.

–         Perdona el desorden no esperaba a nadie.

Ella estaba de espaldas a mí, la cogí por la cintura y la atraje hacia mi, mientras besaba su cuello, mi polla toco su espalda, nuevamente sentí como su cuerpo vibraba, se giro y en su rostro, en sus ojos vi reflejado el deseo. Se echo hacia tras, dejándose caer sobre la cama. Yo la aguante para que fuese lentamente, y seguidamente me tumbe a su lado, para acariciarle las tetas y mordisquear sus pezones, me situé entre sus piernas.

–         Métemela, quiero sentirla dentro.

Primero pase mi polla por el exterior de su entrepierna, acariciando el clítoris, volvió a gemir, agarro la almohada con las manos, vi como se mordía el labio inferior con los dientes cuando mi polla se situaba en la entrada de su vagina, un pequeño empujón y comenzó a entrar, cada pequeño empujón era un grito de placer de ella, me agarro el trasero con las manos.

–         La quiero mas adentro, la quiero toda dentro – dijo entre balbuceos y usando las manos para atraerme hacia ella.

Una vez toda dentro no me permitía sacarla, tenia que dar pequeños empujones, sintiéndose un chasquido al golpear mis testículos contra su cuerpo. Ella permaneció con las piernas totalmente abiertas, hasta que a punto de llegar nuevamente las entrecruzo en mi espalda, y así alcanzo un nuevo orgasmo. Aunque cansado, y sin correrme, permanecí sobre ella.

–         Quiero ponerme encima.

Cumplí su deseo, me separe de ella, y me coloque boca arriba, mi polla comenzaba a deshincharse, pero ella con suavidad comenzó a acariciarla para que volviera a tener el tamaño apetecible. Pronto se presto a ponerse encima, la visión de sus tetas desde mi posición era impresionante. Una vez ensartada por mi polla, comenzó a moverse estuve a punto de reírme, supe contenerme, sus tetas se movían de un lado hacia otro describiendo todo tipo de movimientos circulares y de arriba a bajo y de derecha a izquierda, decidí poner fin a su movimiento agarrándolas fuertemente por los pezones.

Tras unos minutos de baile desenfrenado, se dejo caer sobre mí.

–         Estoy a punto de llegar otra vez pero no puedo mas – dijo jadeando.

–         Relájate.

Comencé a dar pequeños empujones pélvicos, no solo ella estaba a punto de alcanzar el orgasmo sino que yo estaba a punto de correrme, y así fue, ella alcanzo su tercer orgasmo y poco después yo me corría, para satisfacción de los dos, aunque creo que mas para ella.

Permaneció sobre mi unos minutos, para después colocarse a mi lado.

–         Uf, hacia años que no lo hacia ni tan seguido – dijo aun jadeante del esfuerzo.

–         ¿Cuántos?

Apoyo su codo en la cama y se giro hacia mí.

–         Unos 10 años, desde que murió mi marido.

–         Después no ha habido nadie.

–         Bueno hace unos 5 años un compañero de trabajo; pero no pasamos de los besos, el era casado.

–         Como es eso, eres una mujer hermosa, deseable. Cualquier hombre se volvería loco por ti.

–         Con tres hijos.

Yo también me gire, quedando frente a ella, empecé a acariciarle la teta, pellizcarle el pezón.

–         ¿Te gusta?

–         Si, aunque me gusta mas esto…

Acerque mi boca a su pezón, y a la vez que se lo chupaba y mordisqueaba, metí mi mano en su entrepierna y volví a acariciarle el clítoris. Ella gimió.

–         Aun quieres más.

No dije nada, ella bajo la mano a mi polla, sintiendo como volvía a ponerse dura.

–         Veo que si, bendita juventud, tenéis un aguante… yo estoy molida.

–         Quieres que pare.

–         Ni se te ocurra.

No estaba dispuesto a parar, me estaba volviendo a excitar, igual que ella. Mi dedo no solo acariciaba su clítoris, sino que entraba y salía de su vagina, haciendo que se excitara más y más, su mano agarraba mi polla moviéndola, intentando que alcanzara su máxima expresión.

–         Métemela, me voy a volver a correr y la quiero dentro.

Ella se abrió de piernas dejándose caer sobre la cama, yo me situé encima, entre sus piernas y se la metí.

–         Si, así, más….

Nuevamente sus gemidos iban en aumento, pero esta vez fueron silenciados al sellar su boca con la mía, su lengua buscaba con ansiedad la mía, y nuevamente como si un rayo la hubiera alcanzado se estremeció, se puso rígida.

–         Otra vez, es increíble, es el cuarto, nunca ni de joven …

Tras el orgasmo comenzaba a relajarse, puse sus piernas sobre mis hombros y volví a empujar, esta vez con penetraciones mas profundas.

–         Me vas a destrozar, no se si aguantare.

Pero aguanto, y justo antes de volverme a correr ella alcanzo un nuevo orgasmo.

–         No puedo mas, me duele hasta el coño y nunca menor dicho.

Se levanto, me miro.

–         Quieres algo.

–         Tu que crees – dije pasándome la lengua por los labios.

–         Sera verdad, déjame descansar, me refiero si quieres algo de beber.

–         Un ron cola, por favor.

–         Después de lo que hemos hecho lo del favor sobra.

Vi encenderse una luz, cerca de la habitación, y más tarde el ruido de la cisterna; pero eso fue lo último que recuerdo, me quede dormido.

Cuando me desperté, Consuelo estaba a mi lado, tenia puesta la blusa del pijama y las bragas, yo permanecía desnudo. La poca luz que entraba por la ventana indicaba que debía ser tarde. Acerque mi cuerpo al suyo, haciendo que mi polla tiesa rozo con su muslo, metí la mano por debajo de su blusa acariciando sus pechos, ella comenzó a despertarse con gemidos, abrió los ojos y me miro.

–         Buenos días – dije.

–         Buenos días – contesto.

Se estiro sobre la cama, y de pronto como si algo le hubiese picado.

–         Días, ¿Qué hora es?

–         No sé.

Miro al reloj de la mesita.

–         Las 12, las 12… es muy tarde, tienes que irte.

–         ¿Por qué?

–         Mis hijos pueden venir en cualquier momento, rápido vístete.

Me levante.

–         Vale, me dirigí al comedor, recogí mi ropa y me fui vistiendo.

–         Rápido, no sé cuando llegaran.

Termine de vestirme, quise besarla pero ella me empujo hacia la calle y me cerró la puerta. Baje las escaleras, ya en la calle me cruce con su hijo Daniel.

–         Noche movida – dijo Daniel sonriendo.

Me mire y me di cuenta que me había abotonado la camisa mal. Pensé suerte que no se imagina que la movida había sido con su madre.

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