mi vecinita 3

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Cuando salió Alba, Carlos se duchó y fue a su cuarto, al entrar pudo ver que la luz de la habitación de Rocío se encendía, se acercó a la ventana y comprobó que ésta miraba en su dirección pero hacia como si no le hubiese visto, después abrió el armario y sacó varias prendas, sujetadores, braguitas y vestidos que dejó sobre la cama. Muy despacio se quitó la camiseta que llevaba puesta, al hacerlo, Carlos pudo comprobar que no llevaba nada debajo, por lo que sus tetas quedaron colgando y perfectamente visible para él, después tiró de los lados de la braguita hasta desnudarse por completo, se acercó a la ventana y le dijo.

ROCÍO.- He visto como ha llegado mi madre.

Y sin más bajó al persiana dejándole sin palabras y lo que era peor, sin el espectáculo que esperaba tener nuevamente.

La tarde siguiente llamaron a la puerta y allí estaba Rocío, vestía un pantaloncito corto y una camiseta ancha en la que se movían libremente sus pechos, se notaba claramente que no llevaba sujetador.

ROCÍO.- Hola, después de lo ayer no pensaba venir pero mi madre me ha obligado.

CARLOS.- ¿Qué fue lo de ayer?

ROCÍO.- ¿Qué fue lo de ayer? Cuando entró mi madre en casa llevaba el vestido desgarrado y las bragas en la mano.

CARLOS.- ¿Por eso cerraste la ventana?

ROCÍO.- Tú qué crees.

CARLOS.- Bueno, vamos a dejarlo. ¿Tienes ya tanga para el masaje?

ROCÍO.- No, ya te dije que mis padres no me dejan comprar tangas.

CARLOS.- ¿Sabes lo que vamos a hacer? Ahora mismo nos vamos tu y yo y te compras unos cuantos para cuando te de los masajes, o para salir algún día si te gustan.

Rocío sonrió ante la expectativa de tener su primer tanga y movió la cabeza asintiendo. Fueron a un centro comercial, subieron a la tienda de lencería y Carlos comenzó a elegir ropa, Rocío le seguía por los diversos expositores y miraba sin articular palabra, aún no sabía qué era lo que su vecino se proponía pero veía como cogía tangas, braguitas y sujetadores.

Cuando Carlos pensó que ya tenía suficiente ropa cogió a su vecinita de la mano y la llevó a uno de los probadores mas alejados, al llegar a la puerta la dijo que pasase, después entró él y se sentó en el taburete.

CARLOS.- Desnúdate y pruébate esta ropa interior a ver cómo te queda.

ROCÍO.- ¿Tu no esperas fuera?

CARLOS.- ¿Fuera? No, quiero ver cómo te queda puesta.

ROCÍO.- Es que cuando me pruebo la ropa solo me ve mi madre, me da mucha vergüenza hacerlo delante de ti.

CARLOS.- ¿Cómo? Si ya te vi desnuda el otro día, venga desnúdate ya no seas tonta.

Rocío se sonrojo repentinamente y comenzó a quitarse la camiseta muy despacio, quería alargar al máximo el tiempo por la vergüenza que sentía, sabía que era una tontería porque ya se había desnudado y masturbado delante de él, pero ésta era una situación nueva y no sabía cómo afrontarla. Cuando se quitó la camiseta quedaron a la vista sus redondos y hermosos pechos, sin poder evitarlo vio como sus pezones crecían delatando su excitación.

Carlos admiraba esas redonditas y perfectas tetas y veía como en la pequeña areola rosada destacaban unos pezones puntiagudos completamente erectos, al verlos alargó la mano y pasó los dedos por encima, los acarició con delicadeza y los pellizcó con suavidad, al hacerlo notó como ella temblaba, entonces abarcó las tetas con sus manos y las apretó con fuerza, un nuevo temblor de su vecinita le dejó claro que estaba muy excitada.

CARLOS.- Quítate toda la ropa.

Rocío obedeció de inmediato quitándose el pantalón y dejando a la vista unas diminutas braguitas blancas, por un instante se quedó parada sin saber si quitárselas o dejarlas puestas.

CARLOS.- Ahora las braguitas. ¡Quítatelas ya!

Al oírle, ella se agachó un poco tirando de los lados de la braguita y sacándosela frente a él. Carlos entonces pudo ver a escasos centímetros de su cara el pubis recortado de su vecinita, era un pequeño triangulito de pelitos de color moreno que terminaban donde crecían los pliegues del clítoris. Llevó su mano a éste y lo acarició suavemente, ella al notarlo dejó caer su espalda hacia atrás apoyándola contra el espejo del probador.

Rocío percibió como los dedos de su vecino rozaban su clítoris y entonces notó como un calor enorme inundaba su sexo y sus piernas le fallaban, se apoyó rápidamente en el espejo del probador y en ese instante vio como los dedos recorrían su vulva desde el clítoris hacia el perineo abriendo ligeramente sus labios vaginales, sin ser consciente de lo que hacía apretó con fuerza la espalda contra el espejo y separó más las piernas, esos dedos la estaban dando un placer indescriptible y tenía dificultades para respirar

ROCÍO.- Ummmm, me gusta mucho.

Carlos la miraba y veía como su vecinita, con los ojos cerrados, se mordía el labio inferior, animado por esa visión continuó pasando el dedo por la vulva pero esta vez introduciéndolo más profundamente, después paró a la entrada de la vagina y lo metió dentro de ella. Rocío se encogió al sentirlo y apretó sus piernas con fuerza manteniéndolo dentro.

CARLOS.- ¿Te gusta?

ROCÍO.- Ummm. Siii, me encanta.

CARLOS.- ¿Quieres que siga follándote con el dedo?

Rocío abrió los ojos y le miró con cara dubitativa. Carlos sacó el dedo y volvió a meterlo, ella como respuesta abrió las piernas permitiéndole una mayor penetración.

ROCÍO.- Si por favor hazlo.

Carlos volvió a recorrer la vulva con sus dedos, al hacerlo, estos se impregnaban con los fluidos que ya continuamente segregaba el sexo húmedo de su vecina.

CARLOS.- Abre los labios con tus manos, quiero que me enseñes tu sexo bien abierto.

Ella sin pensarlo puso dos dedos a cada lado de su vulva y a continuación tiró con suavidad hacia el exterior permitiendo que Carlos pudiera ver por completo su rosada vagina por la que deslizaban sus flujos dándole un aspecto brillante.

CARLOS.- Así, sigue abriéndolos mientras yo te acaricio.

Los dedos de Carlos se movían con agilidad a lo largo de la vulva y penetraban en el pequeño orificio vaginal de Rocío que ya era incapaz de contener los gemidos, notaba como su vecino la penetraba una y otra vez y estaba disfrutándolo como nunca hubiera creído, cuando él metía y sacaba los dedos ella dejaba caer sus caderas sobre ellos para que la penetración fuera más profunda, la sensación de tenerlos dentro era mucho más placentera que cuando se masturbaba en su habitación, su vecino estaba acariciando su clítoris con una mano mientras con la otra estaba literalmente follando su coño, ahora entendía porque su madre había sido tan ligera de jovencita. -¿Qué se sentirá al tener un pene dentro? Pensó- La sola idea de ser penetrada la volvió loca, necesitaba saber qué se sentía, quería que su vecino la follara allí mismo.

ROCÍO.- Ven, fóllame por favor.

Carlos se quedó sorprendido, sabía que estaba muy excitada porque su sexo no paraba de segregar flujos, pero no pensaba que pudiera llegar a ese extremo. Sin esperar un segundo se incorporó, ella rápidamente desabrochó su pantalón y metió la mano en él para sacar su polla, cuando la tuvo fuera la rodeó con los dedos y la movió arriba y abajo como si estuviera comprobando si la tenía erecta.

ROCÍO.- ¡Métemela por favor! ¡Fóllame!

CARLOS.- ¿Estás segura? Eres virgen y puedo hacerte daño.

ROCÍO.- No importa, fóllame ya, por lo que más quieras.

Mientras decía esto, con su mano guiaba la polla hasta colocarla entre sus piernas, ahora notaba como la punta rozaba su vulva y esto la volvía loca, intentaba orientarla hacia la entrada de su vagina pero no acertaba, la posición en la que se encontraba no permitía que ésta entrase.

ROCÍO.- ¡Métela por favor! ¡Métemela ya!

Abrió las piernas todo lo que pudo y empujó las caderas hacia delante para ofrecer su sexo a esa verga que se deslizaba por sus labios sin llegar a penetrarla, sus movimientos eran rápidos y descontrolados, intentó guiar la punta a la entrada de su vagina pero no lo consiguió, cada vez que la tenía a punto su vecino empujaba y la polla se deslizaba nuevamente por la vulva sin conseguir su objetivo, esto la enfadaba y la excitaba al mismo tiempo, notar como la verga recorría por completo sus labios hasta llegar la final de los mismos para después hacerlo en sentido inverso, hacia que sintiera una descargas continuas de placer ante las que no podía evitar soltar un fuerte gemido.

ROCÍO.- Ummmm, siiii, me encanta.

Al oírla, Carlos sintió miedo, estaban en un local público y podían llamarles la atención en cualquier momento, por lo que decidió parar. Cuando iba a retirarse tuvo la necesidad de sentir la calidez de ese sexo húmedo, para ello, bajó un poco sus caderas, colocó la punta de su pene a la entrada de la vagina y empujó despacio penetrándola solo con el glande, al hacerlo, se vio envuelto por las paredes estrechas y húmedas de esa vagina sintiendo una agradable sensación de calidez, se retiró y volvió a penetrarla despacio, a pesar de introducir solo el glande notó como ella agarraba con fuerza sus brazos y aceleraba la respiración.

ROCÍO.- Ummmm. Siiii. ¡Dios! Me encanta.

Carlos se retiró ante la mirada extrañada de ella.

ROCÍO.- ¿Por qué? Sigue por favor.

CARLOS.- Aquí no podemos, si te oye alguien podemos tener un problema y luego tus padres me matarían.

ROCÍO.- No por favor, no haré ruido te lo prometo.

En su rostro se veía desesperación, acaba de tener por primera vez en su vida una polla en contacto con su sexo y se había quedado sin saber que se sentía al tenerlo dentro por completo.

ROCÍO.- Por favor vamos a seguir, te prometo que no haré ruido pero no me dejes así.

CARLOS.- No, ya tendremos tiempo, ahora pruébate la ropa que he elegido.

ROCÍO.- No por favor, te lo ruego, por favor.

Al ver que él no cambiaba de opinión, cogió de mala gana la prenda que le daba su vecino y se la puso sin decir palabra, al ver como le quedaba puesta sonrió, era un tanga, el primero que iba a ponerse en su vida, se lo colocó y notó como se ajustaba a sus caderas y presionaba su sexo, al mirar pudo percibir como los fluidos que inundaban aún su vagina dejaban una pequeña machita en la telilla. Carlos alargó la mano y presionó con un dedo introduciendo la tela entre los labios vaginales de forma que la telilla se manchó por completo con los fluidos de Rocío.

CARLOS.- Ésta me la quedaré yo, así podré olerla todas las noches para recordar tu sexo.

Roció sonrió y apretó con sus dedos la tela metiéndola aún mas entre los pliegues de su sexo.

ROCÍO.- Mejor así.

Siguió probándose nuevos tangas y sujetadores hasta que encontró un juego de encaje azul celeste, el tanga era normal pero el sujetador era de caladitos, sin tirante y dejaba ver perfectamente sus areolas y pezones, al verse reflejada en el espejo sonrió y miró a Carlos.

CARLOS.- Éste te gusta.

ROCÍO.- Sí, me encanta, es muy bonito.

Al final se llevaron varios tangas y un par de sujetadores, al salir del centro comercial Carlos separó el primero que se había probado y lo olió.

CARLOS.- Éste es para mí.

Rocío sonriendo respondió que ella podía darle más y que esa noche tendría el primero, eso sí, luego tendría que devolvérselos o su madre se daría cuenta.

Se montaron en el coche y cuando iban camino de casa Rocío miró tímidamente a Carlos y le hizo una pregunta.

ROCÍO.- Mis compañeras me han dicho que suelen masturbar a sus novios y que en ocasiones les hacen otras cosas. ¿A ti te gusta que te lo hagan?

Carlos sabía a que se refería su vecinita al decir “otras cosas”, pero quería oírselo decir a ella, con la edad que tenía ya era hora de que comenzase a llamar a las cosas por su nombre.

CARLOS.- ¿A qué te refieres con otras cosas?

ROCÍO.- Uffff, pues otras cosas, ya sabes, a hacer cosas con la boca.

CARLOS.- Ahhh, quieres saber si me gusta que me hagan una mamada.

ROCÍO.- Si, eso. ¿Te gusta?

CARLOS.- Claro, a todos los hombres nos gusta, nos da mucho placer cuando una mujer nos come la polla.

Miro a Rocío y vio como ésta se sonrojaba.

CARLOS.- ¿Te da vergüenza hablar de esto?

ROCÍO.- Si, mucho.

CARLOS.- Pues no deberías, es una práctica sexual más y todas las mujeres suelen hacerlo con sus parejas. ¿Quieres hacerlo tú?

Rocío se llevó las manos a la cara tapándosela por la vergüenza al tiempo que respondía.

ROCÍO.- Si, me gustaría, pero no sé cómo se hace y tengo miedo de hacerlo mal cuando salga con un chico por primera vez.

CARLOS.- Bueno, eso tiene fácil solución, puedes hacerlo antes con otro hombre.

ROCÍO.- No se, es que me da mucha vergüenza y quizás no le guste como lo hago. Además, no conozco a nadie con quien hacerlo.

CARLOS.- ¿Te gustaría probar conmigo?

ROCÍO.- ¿Tú quieres?

CARLOS.- Por supuesto.

ROCÍO.- Pero es que no se, lo he visto en algún video pero no creo que sepa hacerlo bien.

CARLOS.- No te preocupes que ahora te explico cómo se hace.

Carlos paró el coche y la invitó a entrar en una heladería, allí pidió un helado de cucurucho y se sentaron en una esquina del salón.

CARLOS.- Bien, ahora coge el cucurucho y rodéalo con tus dedos, a continuación pasa la lengua suavemente por la parte superior del helado y después abre bien los labios y rodéalo con ellos.

Rocío siguió sus instrucciones y comenzó a pasar la lengua por el helado, ésta se deslizaba por la superficie una y otra vez hasta que Carlos hizo una señal, entonces ella cerró los labios alrededor del helado como le había dicho anteriormente.

CARLOS.- Ahora mete todo el helado en tu boca.

Rocío intentó meter todo el helado pero era imposible, sus labios eran incapaces de abarcar ese grosor.

ROCÍO.- No puedo, no me cabe en la boca.

CARLOS.- No te preocupes, eso puede pasarte también cuando vayas a hacer una mamada, hay hombres que tienen unas pollas desproporcionadas y por su tamaño no podrás comértelas, pero no te preocupes porque no es normal, seguramente tus novios las tendrán de la media y te las comerás enteritas.

Rocío escuchaba atenta lo que decía su vecino y eso la tranquilizaba, aunque seguía pensando que quizás tenía la boca demasiado estrecha y no iba a poder hacerlo en condiciones.

CARLOS.- ¿Ves esas gotas que están cayendo por el lateral y manchan tus dedos? Pasa la lengua y recógelas.

Rocío obediente comenzó a pasar la lengua por los laterales del helado recogiendo todas las gotas que iban chorreando.

CARLOS.- Así, chupa bien helado, cuando se lo hagas a un tío tienes que chupar la punta y recorrer los laterales, pero no te olvides la parte de abajo, la zona del frenillo es una de las que producen más placer a los hombres. Y por último, tienes que intentar meter en tu boca la polla apretando bien los labios al hacerlo, eso es importante, el hombre tiene que sentir la presión de estos cada vez que la metas y la saques. Ahora prueba a hacerlo con el helado.

Rocío comenzó a chupar el helado pasando la lengua por  todo su contorno, después, al notar que unas gotas se deslizaban por el lateral y bajaban hacia sus dedos, pasó la lengua rápidamente recogiéndolas para a continuación subir de nuevo y meter el helado íntegro en su boca, sin detenerse y mirando a Carlos fijamente, inició un movimiento con la mano metiendo y sacando el helado de su boca de forma continua.

Carlos la miró sonriendo y levantó el pulgar en señal de aprobación.

CARLOS.- Lo estás haciendo muy bien, si la chupas igual que lo haces con el helado tu novio estará más que satisfecho.

Rocío sonrió sin dejar de chupar el helado, su vecino le había enseñado la teoría pero ahora estaba deseando ponerlo en práctica.

ROCÍO.- ¿Cuando vas a dejar que te lo haga a ti?

CARLOS.- ¿De verdad quieres hacerme una mamada?

ROCÍO.- Si, ya te lo he dicho, pero tendrás que tener paciencia si no lo hago bien.

CARLOS.- Estoy seguro que lo harás perfectamente, solo de pensarlo la tengo ya empinada. Vámonos rápido.

Rocío se río y se levantó rápidamente de la silla, estaba deseando tener la polla de su vecino en la mano para poder practicar lo que acababa de aprender, no sabía si sería capaz de meterla entera en su boca pero haría lo posible para que así fuera.

Cogieron el coche y fueron en dirección a su casa, a medida que se acercaban, Rocío se movía inquieta en el asiento, estaban a punto de llegar y no sabía dónde iba a llevarla Carlos para que se la chupara.

ROCÍO.- ¿No vas a parar para que haga eso contigo?

CARLOS.- ¿Eso? ¿Qué es eso?

ROCÍO.- ¡Jo! No seas tonto, para que haga lo mismo que con el helado.

Carlos no salía de su asombro, estaba ante una chica de 18 años que era incapaz de pronunciar la palabra mamada.

CARLOS.- A ver, dime que quieres hacerme una mamada.

ROCÍO.- ¡Jo! No seas así, no me hagas esto.

CARLOS.- Venga, quiero oírtelo decir, dime “Carlos, quiero hacerte una mamada”.

ROCÍO.- ¡Jo! Eres malo conmigo, sabes que me da mucha vergüenza.

CARLOS.- ¡Venga!

ROCÍO.- Carlos por favor, déjame que te la haga.

Carlos metió el coche en su plaza de garaje, lo paró y llevo la mano entre las piernas de su vecinita apretando con fuerza su sexo, al instante ella respiró profundamente separándolas por completo.

CARLOS.- Vamos, pídemelo como te he dicho.

Su mano se movía con agilidad y sus dedos ya estaban por debajo del pantalón de la chica acariciando su vulva por encima de la braga. Rocío empujaba las caderas hacia delante abriendo las piernas para que él la tocase con total libertad.

ROCÍO.- Ummmm, sigue, me gusta.

Carlos puso los dedos sobre su sexo apretándolo con fuerza.

CARLOS.- Venga, pídemelo. ¿Qué quieres hacerme?

Ella, completamente excitada y sin capacidad de controlarse, respondió de inmediato.

ROCÍO.- ¡¡Déjame que te la chupe!! Quiero hacerte una mamada.

El dedo de Carlos ya se movía en el interior de la vagina de la chica, lo metía y lo sacaba y ésta no dejaba de subir y bajar sus caderas acompasándolas con cada penetración.

CARLOS.- Repítemelo, quiero volver a oírte.

ROCÍO.- Quiero hacerte una mamada, déjame que te chupe la polla por favor.

Carlos se desabrochó el pantalón liberando su polla, ella al verlo se inclinó hacia delante, cogió la verga con su mano y se la metió en la boca sin esperar un segundo.

Como la había enseñado su vecino, primero pasó la lengua por el glande para después rodearlo con los labios y chuparlo sin descanso, después giro la cabeza y al ver a Carlos con los ojos cerrados, se metió la polla en la boca de un golpe, sintió una arcada y tuvo que sacarla, pero hizo un nuevo intento, quería tenerla toda dentro y demostrarle a Carlos que era capaz de chuparla como la mejor. Ya de forma automática, su cabeza subía y bajaba y su boca devoraba una y otra vez esa verga tan deliciosa, sus labios se apretaban con fuerza alrededor de ese tronco y ella notaba como las gruesas venas se deslizaban por ellos causándola una gran excitación. Cuando estaba esmerándose en realizar la mamada tal y como le habían dicho, Carlos la interrumpió.

CARLOS.- Muy bien mi niña, lo estás haciendo muy bien, ahora mueve tu lengua en el glande, especialmente en el frenillo, chúpamelo bien,  estoy a punto de correrme.

Rocío, obediente y satisfecha por lo que acababa de decirla, comenzó a pasar la lengua por le frenillo y por el glande con mayor insistencia, sus labios se cerraron entorno al capullo hinchado y morado mientras su lengua no dejaba de acariciarlo. Pasados unos segundos notó como él se arqueaba y la cogía por el pelo.

CARLOS.- Voy a correrme. ¿Quieres que lo haga en tu boca?

Rocío asintió con la cabeza y segundos después notó como un chorro de líquido tibio inundaba su boca. Mientras recibía la leche veía como Carlos sujetaba con fuerza su cabeza penetrando su boca una y otra vez con esa polla que no dejaba de lanzar semen a su garganta. Cuando por fin notó que él aflojaba la presión se incorporó mirándole con cara de incertidumbre.

ROCÍO.- ¿Te ha gustado? ¿Lo he hecho bien?

Carlos la miró y pudo ver la duda en su rostro, al mismo tiempo se fijó en su pelo revuelto, la camiseta desajustada y las gotas de semen resbalando por la comisura de sus labios, estaba realmente hermosa.

CARLOS.- Ufff, ha sido de las mejores de mi vida, lo has hecho de maravilla, creo que no vas a tener ningún problema cuando se lo hagas a tu novio.

Rocío sonrió satisfecha y de forma instintiva sacó la lengua recogiendo el semen que resbalaba por sus labios metiéndolo después en su boca.

ROCÍO.- ¿Volveremos a repetirlo otro día?

CARLOS.- ¿Te ha gustado?

ROCÍO.- Si, mucho, creo que podría hacerlo otra vez ahora mismo.

CARLOS.- ¿Tanto te ha gustado?

ROCÍO.- Siii, no se por qué te extraña.

Carlos la miró sonriente y dijo que era hora de ir a casa. Cuando subían en el ascensor Rocío estaba inquieta.

ROCÍO.- ¿Cómo voy a explicar a mis padres que me has regalado ropa interior?

CARLOS.- No te preocupes, tu padre no tiene porque enterarse. ¿O acaso mira las bragas que llevas cada día?

ROCÍO.- No, pero mi madre las ve cuando las echo a lavar.

CARLOS.- Por tu madre no te preocupes, ya me encargo yo, seguro que a ella no le importa si llevas braguitas o tanga.

ROCÍO.- Eso espero, si mi padre se entera no va a dejarme salir en mucho tiempo, y menos verte a ti.

Cuando llamaron a la puerta abrió Alba, está miro a su hija con cara inquisitiva.

ALBA.- ¿De dónde vienes ahora, no iba a darte un masaje? En lugar de un masaje parece que vinieras de echar un polvo.

Al decir esto miró a Carlos con una sonrisa pícara.

CARLOS.- Para dar los masajes es conveniente llevar tanga en lugar de braga, así que hemos salido para comprarle algunos.

ALBA.- Vaya, es la primera vez que veo que un masajista regale lencería a su cliente.

Se notaba que Alba estaba disfrutando con la situación y esperaba que su hija dijese algo, pero ésta permanecía en silencio mirando al suelo.

ALBA.- ¿Las has elegido tú o ha sido Carlos? Sí ha sido él tendrás que enseñárselos para que vea cómo te quedan puestos.

Rocío sonrojada y sin ser capaz de decir nada entró en la casa y fue directa a su habitación.

CARLOS.- Eres mala con ella, no deberías tratarla así.

ALBA.- Es demasiado inocente, cualquier día se la follará el primer listo que llegue y la hará una desgraciada, eso sí no lo has hecho tú ya.

CARLOS.- No te preocupes, aún no lo he hecho.

ALBA.- Ya, pero veo como la miras y se que a la primera oportunidad que tengas lo harás. ¿Es que no tienes bastante conmigo? Después del polvo que me echaste el otro día sabes que estoy dispuesta a hacer todo lo que me pidas, lo que quieras. No creo que haya muchas mujeres que te ofrezcan lo que yo, y eso que podría tener todos los hombres que desee. ¿O te crees que con este cuerpo no puedo elegir?

CARLOS.- Te equivocas, se que estás muy buena y que cualquier hombre se volvería loco por tenerte, de hecho a mí me pones cachondo solo con verte. No se por qué crees que quiero follarme a Rocío.

ALBA.- ¿Ah no? Vaya, porque el otro día cuando me iba me lo dejaste bien claro, la condición para follar conmigo era que te ayudase con ella, además, solo hay que ver tu cara  cuando la miras, y encima la compras ropa interior, seguro que ya la has visto con ella puesta. ¿Me equivoco?

CARLOS.- No, no te equivocas, pero solo quiero enseñarla a enfrentarse a la vida, que sepa actuar cuando tenga una relación con un chico o cuando un hombre intente hacer algo con ella, eso que debería enseñarla su padre y tú.

ALBA.- Yo ya lo hago, no ves como dejo que tú la espabiles.

CARLOS.- Ya, pero también dejas que la soben todos los babosos del baile y no haces nada para evitarlo, aunque supongo cual es el motivo, todos ellos saben demasiado sobre tus encuentros sexuales extramatrimoniales y tienes que callarte y dejar que se aprovechen de ella para comprar su silencio.

Alba se quedó callada sin saber que decir, su vecino acababa de acertar de pleno, los hombres del baile se la habían follado por turno en el almacén y ahora no podía evitar que se aprovecharan de su hija o se lo contarían todo a su esposo.

ALBA.- No creo que sea tan grave, cuando yo era joven tuve que tirarme a casi todos los chicos del barrio y no me ha ido tan mal, así que tampoco importa que la niñita de mi marido pase por las manos de unos cuantos hombres, así dejará de ser tan mojigata.

CARLOS.- Es una pena que pienses eso de tu propia hija.

ALBA.- Si, pero tú estarás ahí para follártela cuando baje la guardia. ¿O no?

Carlos oyó un ligero ruido en el pasillo y al mirar comprobó que Rocío estaba escuchando toda la conversación, inmediatamente hizo una señal a Alba para que se callase aunque ya era demasiado tarde. Rocío entró en su habitación dando un portazo y cerrando por dentro. A partir de ese momento Rocío cerraba todos los días la persiana de su habitación impidiendo que Carlos pudiera verla.

El viernes Lucas llamó a Carlos para invitarle a cenar en su casa, iban a poner algo de picoteo y después podrían ir a bailar al pub como era su costumbre. Carlos dudó por un momento, después de lo que había ocurrido temía que la niña pudiera decir algo inoportuno, pero por otro lado estaba deseando verla, así que aceptó.

Carlos llamó a la puerta y al abrirse se encontró a Rocío frente a él, sin poder evitarlo la dio un repaso de arriba abajo comprobando que vestía de nuevo ropa más propia de una niña que de una adolescente, llevaba una blusa de flores sin tirantes y una minifalda de color azul celeste que le daban un aspecto de una autentica lolita, sus largas piernas que terminaban en una pequeña faldita corta, sus pechos apretados por la blusa que no dejaban nada a la imaginación y marcaban sus pezones y su pelo recogido en una coleta, hacían que estuviera más que apetecible. Por un momento dudó en preguntarla si llevaba alguna de las prendas íntimas que la había regalado, pero la mirada indiferente de ella le aclaró que era mejor no hacerlo.

La cena se desarrolló con normalidad, Alba y él cruzaban sus miradas de vez en cuando sabiendo lo que ambos pensaban, pero nadie hizo ningún comentario fuera de lugar. Todos estaban sentados en los sofás y las bebidas y canapés se encontraban en la mesita baja situada en medio. Rocío se había sentado frente a Carlos y éste no podía evitar mirar de vez en cuando en su dirección, al llevar una faldita tan corta, en el momento de sentarse se había subido casi hasta el inicio de las caderas dejando a la vista la totalidad de las piernas y tapando escasamente el lugar donde comenzaban las braguitas.

Carlos estaba nervioso, por un lado intentaba evitar mirarla pero por otro su subconsciente le traicionaba y sus ojos iban directos al triangulo entre sus piernas. Lucas pareció darse cuenta y bromeó con ello.

LUCAS.- Parece que nuestra niña ha crecido demasiado y la ropa empieza a quedarle un poco corta, menos mal que ahora estamos en familia pero luego en el pub no podrás sentarte de esa manera, allí ten más cuidado. ¿Vale cariño?

Rocío asintió con la cabeza, al mismo tiempo miró a Carlos y se movió en el asiento separando ligeramente las piernas y mostrándole claramente su braguita. Al instante comenzó un leve movimiento abriéndolas y cerrándolas, Carlos no podía apartar la vista de ellas, estaba completamente hipnotizado viendo el triangulo de tela que sin ninguna duda pertenecía al tanga azul que él la había regalado. En un momento en que Lucas fue a la cocina a por bebida ella miró fijamente a su vecino, en ese instante separó por completo las piernas exponiendo su vulva tapada únicamente por una fina y diminuta tela, al hacerlo, éste pudo comprobar que el triangulo del tanga era tan pequeño que a duras penas podía tapar los labios vaginales, por lo que sobresalían por los laterales mostrándose casi al completo.

Rocío, que no paraba de observarle, llevó la mano entre sus piernas y con un dedo presionó la telilla hundiéndola en la vulva. Al quitarla, Carlos pudo comprobar que en la tela aparecía una manchita de humedad que poco a poco se extendia sin parar, era evidente que su vecinita tenía su sexo totalmente húmedo.

Carlos no apartaba la vista de ese punto y ella se recreaba mostrándole todo lo que sabía que él quería ver.

ROCÍO.- ¿Te gusta lo que ves?

Carlos la miró sorprendido ya que estaba presente su madre.

ROCÍO.- No te preocupes por ésta, ya no tiene nada que decir.

Alba permanecía callada evitando mirar a ambos.

ROCÍO.- ¿Quieres más? Eso es lo que me pareció oír el otro día cuando hablabas con mi madre. ¿No querías follarme? Mira, aquí lo tienes.

Mientras decía esto apartaba la tela del tanga con los dedos mostrando su sexo rosado y brillante en el que aparecían algunas gotas de flujo.

CARLOS.- ¡Tápate por favor! Va a venir tu padre, hazlo por él.

ROCÍO.- ¿No te gusta? Claro, te gusta más el de mi madre, ya se porque no quisiste follarme el otro día, la prefieres a ella, pero no me importa, seguro que hoy en el pub encuentro otro tío que si quiera metérmela.

CARLOS.- No seas tonta, cállate.

En ese instante se oyó a Lucas salir de la cocina por lo que Rocío se tapó rápidamente.

Terminada la cena cogieron el coche y fueron al Pub.

Como era habitual, al entrar les saludaron todos los presentes, poco después Lucas y Alba estaban bailando y uno de los hombres sacó a Rocío, era el mismo que la vez anterior la había sobado con total libertad. Cuando estuvieron en la pista la cogió por la cintura y comenzó a girarla una y otra vez repitiéndose la misma historia de siempre, en cada giro pasaba la mano por su culo tocándolo a su antojo.

Al finalizar la canción el hombre la llevó hacia la barra donde estaban sus amigos, ella dio dos besos a todos y se colocó de espaldas a la barra rodeada por estos, al instante, el hombre llevó la mano al culo de Rocío y comenzó a acariciarlo por encima de la faldita, su mano se deslizaba apretando los glúteos y aproximándose al borde inferior sin que nadie se diera cuenta, segundos después su mano ya había subido la falda y se había adentrado entre las piernas de la chica explorando la ropa íntima que llevaba debajo.

Carlos no podía creerlo, ese viejo estaba metiéndola mano otra vez sin que ella hiciera ningún gesto de desagrado ni intentara retirarla. En ese momento vio como el hombre decía algo al oído de su vecinita para después irse en dirección a los servicios, unos segundos después le seguía ella y un minuto más tarde iba uno de sus amigos, un hombre fuerte y calvo. Por un momento dudó que hacer, seguro que solo iban al servicio, pero y si pretendían abusar de ella, rápidamente les siguió para comprobar qué ocurría, entró en el WC y vio que allí no estaba ninguno de los dos, miró en la pista de baile pero tampoco estaban, salió a la calle por si hubiesen ido a fumar pero allí tampoco estaban,

Carlos entonces se acercó a Alba y la preguntó quién era el hombre que había bailado antes con su hija y si era de fiar, ésta respondió que se llamaba Manolo y le conocía desde que empezaron a ir a ese pub, era un tío normal aunque un poco golfo y le gustaba mucho sobar a las mujeres al bailar.

Carlos tuvo un presentimiento y se dirigió de inmediato al almacén, al llegar abrió la puerta ligeramente y se encontró con una escena inesperada, Manolo abrazaba a Rocío y y estaba acariciando su culo por debajo de la fada, detrás se encontraba el hombre calvo que ya la había quitado la blusa y estaba desabrochando el sujetador, una vez que lo consiguió lo arrojó al suelo dejando los pechos de la muchacha al aire, al quedar libres se balancearon mostrando su turgencia y destacando por encima de todo los dos pezones ya erectos. Al verlos, Manolo se lanzó sobre ellos chupándolos y mordiéndolos con auténtica ansiedad.

ROCÍO.- Uyyy, ten cuidado por favor, me haces daño.

Manolo no la hizo caso y siguió mordiéndolos mientras bajaba la cremallera del pantalón y sacaba su verga que estaba completamente empalmada. Sin dar crédito a lo que sucedía, Carlos vio como Rocío se hincaba de rodillas y sacudía la polla de Manolo frente a su cara para después meterla en su boca, la dio dos chupadas y después la sacó, a continuación pasó su lengua por el glande hinchado y volvió meterlo entre sus labios iniciando una mamada que a Manolo le pilló por sorpresa.

MANOLO.- Joder la Zorrita como chupa.

El movimiento de Rocío al hacer la mamada producía un balanceo de sus tetas que no pasaba desapercibido, el calvo al verlo no pudo contenerse y las rodeó con sus manos apretándolas y pellizcando sus pezones, esto hizo que la muchacha gimiese de forma perceptible, lo que alentó a los dos hombres en las pretensiones que tenían con ella, lo que había comenzado como un simple manoseo podían terminarlo con una buena follada, nunca hubiesen pensado en tener una muñequita como esa a su disposición.

Manolo hizo una señal al calvo y seguidamente cogieron a  Rocío y la llevaron junto a la mesa, mientras el primero se sentaba en ésta y hacia que la chica siguiera chupándole la polla, el segundo se ponía detrás de ella y subía la falda hasta la cintura para a continuación apartar el tanga y explorar su sexo con los dedos.

Rocío, sin saber lo que pretendían, seguía chupando la polla con auténtica maestría, su lengua recorría el tronco en toda su extensión y después la rodeaba con sus labios para tragársela una y otra vez. Cuándo notó que el hombre que estaba detrás metía la mano bajo su tanga, sintió un gran calor en su sexo y se mojó sin poder evitarlo, los dedos habían apartado la tela y penetraban en su zona más íntima produciendo en ella una oleada de placer a la que era incapaz de resistirse, por momentos tenía que dejar de chupar la polla para poder respirar, oía sus propios gemidos y no podía detenerlos, quería seguir mamando esa polla pero también deseaba que el hombre que estaba detrás siguiese tocándola, esos dedos que se hundian en su cavidad más íntima hacían que disfrutase de una forma descontrolada.

ROCÍO.- Ummmm, siiii, métemelos, me gusta.

Manolo miró sonriendo al otro y le hizo una señal.

MANOLO.- Está Zorrita es tan puta como su madre, fóllatela.

Carlos, ensimismado viendo la escena, no se había percatado que alguien más contemplaba lo que estaba sucediendo, en ese instante comprobó que Alba estaba junto a él viéndolo todo con la tez pálida y sin ser capaz de articular palabra, lo que ocurría en aquel almacén la desbordaba y no sabía cómo actuar, era evidente que esos dos hombres se la habían follado anteriormente en ese almacén y ahora pretendían hacer lo mismo con su hija.

Rocío se esmeraba en conseguir que Manolo disfrutase de la mamada que le estaba haciendo, recordaba todo lo que le había enseñado su vecino y procuraba hacerlo sin dejar un detalle, su lengua jugaba con el glande y acariciaba especialmente el frenillo, después rodeaba el capullo con sus labios apretándolos con fuerza para que al deslizarse  por ellos el placer fuese mayor. De vez en cuando miraba hacia arriba para ver la cara de Manolo, cuando lo hacía, veía que éste la sonreía y, sujetándola por la coleta, empujaba hacia adelante las caderas clavándole la polla literalmente en la boca, a pesar de ello intentaba aguantar el envite y seguía chupando sin parar.

De vez en cuando oía que ellos hablaban, pero estaba tan concentrada en chupársela que no prestaba atención. Por otro lado, los dedos seguían acariciando su sexo penetrándola de forma intermitente, cada vez que rozaban su clítoris o se adentraban en su vagina, recibía una descarga de placer y tenía la sensación de estar meándose, no se había tocado pero sabía que estaba completamente empapada, esto la hizo recordar el día en que su vecino metió el glande en su vagina para después retirarlo, no podía quitarse de la cabeza como el glande presionaba su vulva para después deslizarse entre sus labios abriéndolos hasta acabar penetrándola. -¡Dios! Que sensación más ricALBA.- Al pensar esto notó como su sexo se humedecía nuevamente y de sus labios salían palabras que ni siquiera pensaba.

ROCÍO.- ¡Fóllame por favor!

Manolo al oírla espoleó a su compañero.

MANOLO.- Vamos joder, fóllate ya a esta Puta, no ves que te lo está pidiendo.

Rocío movía su cabeza con rapidez tragándose una y otra vez la polla y al mismo tiempo empujaba con sus caderas hacia atrás para ensartarse en los dedos que estaban follando su coñito virgen, estaba ansiosa por ser penetrada.

El calvo dejó de follarla con los dedos, tiró del tanga hasta bajárselo a las rodillas y se quitó el pantalón y el calzoncillo, ahora su verga gorda y grande apuntaba al coño húmedo y perfectamente lubricado de la muchacha.

Sin que ella se diese cuenta ya la tenía cogida por la cadera con una mano mientras con la otra colocaba la verga entre sus piernas, sin capacidad de reacción, Rocío notó como el glande morado e hinchado se apretaba contra su vulva y presionaba para separar sus labios y deslizarse en el interior de su rosada y estrecha vagina. En ese instante se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y supo que había ido demasiado lejos.

ROCÍO.- Noooo, por favor, eso no, soy virgen.

MANOLO.- ¡Joder Cabrón! Vas a tener suerte, encima vas a romper un virguito.

Rocío se revolvía intentando sacar al calvo de entre sus piernas, pero éste la sujetaba con fuerza y seguía presionando para follarse ese coño tan deseado.

EL CALVO.- ¡Cállate Zorra! Si hace un minuto me estabas pidiendo que te follara.  

ROCÍO.- No por favor, te la puedo chupar a ti también pero no me la metas, por lo que más quieras.

MANOLO.- Vamos zorrita, estate quieta y sigue chupándomela mientras él te folla como es debido.

Manolo la cogió con fuerza de la coleta y la obligó a bajar la cabeza para que continuase la faena, ella sin posibilidad para resistirse comenzó a chupársela de nuevo ya sin poder oponerse a los deseos de los dos hombres.

En ese momento Alba, alterada por lo que estaba viendo, entró en el almacén.

ALBA.- ¡Dejadla en paz! Ya habéis tenido bastante por ahora.

MANOLO.- Vaya, esto mejora, ahora tenemos a la madre y a la hija juntas.

Carlos abrió la puerta y entró también en el almacén. Al verle, Manolo le miró sonriendo.

MANOLO.- Vaya, llegas a tiempo, apúntate a la fiesta que hoy tenemos aquí dos Zorritas dispuestas a todo.

ALBA.- Venga, dejadla a ella y me quedo yo aquí con los dos, podéis hacer lo que queráis conmigo.

MANOLO.- Eso no es nada nuevo, en este Pub ya hemos hecho todos lo que hemos querido contigo, jajaja.

ALBA.- Todo no, tu sabes que hay una cosa que me pediste y no te dejé, si lo quieres ahora puedes tenerlo.

MANOLO.- ¡Joder! No me digas que vas a dejar que me folle ese culazo que tienes.

ALBA.- Déjala y lo tendrás, lo tendréis los dos si queréis.

Manolo miró al calvo que al entrar Alba había cesado en sus intentos de follarse a Rocío. Éste le hizo un gesto afirmativo, estaba de acuerdo en dejar a la chica si con ello podía follar el culo de la madre.

Carlos lo entendió perfectamente, la madre tenía un culo espectacular y era más goloso que follarse a una niñata virgen e inexperta.

MANOLO.- De acuerdo, pero primero tiene que acabar de hacerme la mamada, ya la ha empezado y tiene que terminarla.

Rocío hizo un gesto afirmativo a su madre y volvió a inclinarse sobre la polla de Manolo, de un golpe se la tragó entera e inició un movimiento constante de su cabeza subiendo y bajando y chupando con insistencia esa verga con el fin de que se corriese lo antes posible.

MANOLO.- Joder que bien chupas zorrita, eres casi mejor que tu madre.

Mientras hablaba sujetaba la cabeza de la chica con fuerza penetrando su boca con fuertes golpes de cadera, Rocío notaba como con cada envite la polla entraba más adentro de su boca llegando a producirla arcadas. A pesar de ello seguía moviendo su lengua cuando podía para acariciar el frenillo y hacerle terminar cuanto antes.

MANOLO.- ¡Dios! Voy a correrme. Siiii, abre bien la boca Zorrita, prepárate pare recibirme dentro.

Rocío se preparó para recibir la leche que Manolo estaba a punto de expulsar, de repente sintió como la polla se hinchaba en su boca y expulsaba con fuerza un chorro de semen que tragó como pudo, siguió chupando sin parar y recibió una nueva descarga, incapaz de tragarla entera vio como salía por sus labios bajando hacia el mentón, sin haberse repuesto, un nuevo chorro inundaba su boca llenándosela por completo.

Manolo seguía follando su boca pero ya con menos ímpetu, ahora la sujetaba por el pelo y empujaba levemente con las caderas para soltar las gotas de leche que aun expulsaba su pene.

MANOLO.- Joder que bien la chupas, se nota que en casa tienes una buena maestra.

Cuando Manolo por fin acabo de correrse soltó el pelo de Rocío, ésta entonces se incorporó y vio que tenía la blusa en la cintura, la faldita subida hasta las caderas y el tanga a la altura de las rodillas, por lo que tanto sus pechos como su sexo se encontraban a la vista de todos los allí presentes, rápidamente Alba se acercó y la ayudó a vestirse, entonces Rocío reparó en que Carlos estaba viéndola y al cruzarse sus miradas bajo la vista avergonzada.

MANOLO.- Bueno, ahora te toca a ti cumplir lo prometido, estoy deseando follar ese culazo de zorra que tienes, y vosotros podéis quedaros a mirar o participar si lo preferís.

Estás últimas palabras iban dirigidas a Carlos y Rocío que ya estaban junto a la puerta.

ALBA.- No por favor, es mejor que vosotros os vayáis con Lucas para entretenerle, si no me ve preguntará por mí.

Rocío intentó decir algo pero su madre no la dio tiempo.

ALBA.- Venga, salid ya que yo voy en unos minutos, ahora me toca a mí disfrutar de estos dos machos.

MANOLO.- ¿Tan rápido crees que vamos a acabar? No estés tan segura, ahora vamos a recrearnos follándote ese culito. Y tu Zorrita puedes quedarte para aprender cómo lo hace tu madre, si lo hace igual que con el coño va a ser un autentico escándalo.

Carlos cogió a Rocío por el hombro y la sacó del almacén, ésta le miró avergonzada.

ROCÍO.- Lo siento, no quería que pasase esto, pero al oíros hablar el otro día sentí tanta rabia que hoy no he podido controlarme, lo que no imaginaba era que iba a llegar tan lejos.

CARLOS.- No te preocupes, lo que ha pasado ya no tiene solución pero tienes que ser más sensata en tus acciones, has corrido el riesgo de que hicieran cualquier cosa contigo, y lo peor es que tu se lo has pedido.

ROCÍO.- Si, lo sé, pero es que no se qué me ha ocurrido, estaba muy descontrolada y era incapaz de parar.

CARLOS.- Bueno, ahora déjalo, lo mejor es que vayamos con tu padre para que no eche de menos a tu madre, ella ya sabe cómo tratar a esos fieras, desde luego experiencia no le falta.

ROCÍO.- ¿Pero tú estás enfadado conmigo?

CARLOS.- No, enfadado no, pero me temo que tengo parte de culpa en todo esto, al fin y al cabo he sido yo quien te ha adentrado en este mundo del sexo.

ROCÍO.- ¿Pero seguirás dándome masajes y ….?

CARLOS.- Shhhh, tú no te preocupes, ahora vete con tu padre y baila con él, yo voy a regresar al almacén para ver como está tu madre, no quiero que esos dos se desmanden.

ROCÍO.- ¿Vas a verlos a ellos o a follártela tú también?

CARLOS.- Joder Rocío. ¿No has aprendido nada?

ROCÍO.- Es que me da rabia y también envidia que estés con ella. ¿Por qué no quieres estar conmigo?

CARLOS.- ¿Quién te ha dicho que no quiero estar contigo?

ROCÍO.- No sé, es la impresión que me da.

CARLOS.- Pues estás muy equivocada, desde que te conocí, con tu aspecto de niña tímida y buena que nunca ha roto un plato, estoy deseando follarte. Aunque ahora ya no eres así  de timidita, hace unos meses eras incapaz de mantener una conversación como ésta e incluso de mantenerme la mirada, y ahora ya ves, estás aquí pidiéndome que te folle, has dado un cambio radical, has perdido tu inocencia.

ROCÍO.- Es que antes solo había hablado alguna vez con mis compañeras de clase de sexo y había leído y visto algún vídeo, pero ahora lo he probado y sé que me gusta, me gusta mucho, incluso entiendo que mi madre hiciese todo lo que hacía cuando era joven.

CARLOS.- Ya, pero tu has cambiado completamente.

ROCÍO.- ¿Tú prefieres que me comporte como antes? Si te gustó más así puedo hacerlo.

Al decir estás palabras le miró con cara pícara y bajó la vista fingiendo estar avergonzada.

CARLOS.- Creo que vamos a entendernos muy bien, ahora vete con tu padre mientras yo vigilo a tu madre.

ROCÍO.- Vale, lo hago si prometes que harás conmigo lo mismo que haces con ella.

CARLOS.- Puedes estar segura de ello.

Rocío sonrió y se fue rápidamente a la pista de baile con su padre, ahora sabía que tardaría poco en tener lo que tanto deseaba.

Carlos se dirigió al almacén, entró y cerró la puerta por dentro, no quería que nadie les molestara.

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