Mi tía Linda

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Autor: Quizis

Siempre le tuve mucho aprecio a mi tía Linda, aunque no la veía mucho. Desde muy joven fue bailarina, por lo que casi siempre estaba viajando haciendo presentaciones con su grupo de danza así que la veía en visitas esporádicas o en reuniones familiares, pero siempre me saludaba con muchos ánimos, me consentía bastante y me traía regalos. Siempre me pareció que era una mujer muy bella y su actitud animada y juvenil la hacían muy popular entre todos, además de que tenía un corazón de oro. Sin embargo, sus viajes la mantenían lejos mucho tiempo y hubo acontecimientos que llegó a perderse por mas que intentó estar presente. Estas ausencias provocarían que, una vez me reencontrara con mi tía Linda, mi forma de verla cambiara radicalmente.
Verán, poco después de que cumplí trece, mi tía tuvo que viajar con su grupo de danzas. Realizarían presentaciones en varias ciudades, unos cuantos festivales y algunas presentaciones privadas, y en el trayecto verían que nuevos contratos podrían salir para aumentar más la racha de trabajo. Esto provocó que su viaje se extendiera mucho más de lo usual y para cuando la volviera a ver yo ya tendría dieciséis años. 
Era la boda del primo Alberto, todos estaban emocionados de que finalmente después de tanto tiempo sentara cabeza, pero una parte de la emoción se debía también a que mi tía Linda había vuelto a la ciudad y había confirmado su asistencia a la recepción de la boda. Yo tenía ansias de verla, extrañaba su carisma y posiblemente me traería algún obsequio. Esperaba ver a la bella y dulce tía que recordaba, pero cuando finalmente llegó vi algo completamente distinto.
Cuando ella se fue yo apenas acaba de salir de mi infancia y la veía como mi tía tierna y consentidora, pero ahora en plena adolescencia veía a una mujer despampanante y sensual. En cuanto la vi, sentí un vuelco en el pecho y el pulso acelerado. Siempre pensé que su rostro era bello, pero ahora también me fijaba en su delgado pero escultural cuerpo definido por tantos años de danza. Para empeorar las cosas, se había puesto un vestido azul con las mangas y parte del escote semi transparente bastante corto, unos tacones altos que hacían que sus piernas de bailarina estuvieran tensas y unas medias negras que las resaltaban aún más. Me quedé paralizado mientras ella iba mesa por mesa saludando a todos hasta que llegó a la mía, me levanté con timidez y me dispuse a saludarla, pero ella me abrazó de inmediato y me dio un enorme beso en la mejilla para luego decirme lo mucho que me había extrañado y lo alto que me había puesto. Yo solo podía pensar en sus pechos apretados contra mí.
La recepción transcurrió con normalidad, salvo por el hecho de que no podía evitar mirar a mi tía de reojo constantemente y morderme el interior del labio cuando cruzaba las piernas o se repasaba el ajustado vestido con las manos. Hasta que llegó la hora de bailar. Mi tía bailó con todos los que pudo y demostró que definitivamente el baile es lo suyo, hasta que corrió hasta mí y, tomándome de las manos, insistió que bailara con ella. La canción era animada, pero había que bailarla bastante pegados. Ahí estaba con mi mano en su cintura, sus pechos apretados contra mi y nuestras mejillas juntas, además de que una de sus piernas quedó entre las mías, sumado a su delicioso aroma y el constante movimiento de caderas. No pude evitar tener una erección. Me asusté por unos instantes, era imposible que mi tía no lo hubiera sentido, podía sentir como mi pene se frotaba contra su muslo al ritmo de la canción, pero ella siguió como si nada hasta terminar, me dijo que como bailarina estaba orgullosa de que yo me moviera tan bien y luego de eso se fue a bailar con un primo y la reunión siguió con total tranquilidad.
Pasaron unos tres días cuando recibí una llamada de mi tía:
-Hola, tía Linda, ¿cómo va todo?
-Todo de maravilla, señorito. Quería pedirte un favor.
-Seguro, tía.
-Aún tengo muchas de las cosas de mi viaje empacadas ¿podrías venir hoy en la tarde y ayudarme a desempacar todo esto?
-Seguro, allá estaré.
-Excelente! Aquí te espero!
Llegué luego de la hora de almuerzo, y cuando toqué el timbre de su apartamento, mi tía me recibió totalmente empapada, con una toalla envuelta en su cuerpo y otra en su cabeza. Por pura decencia hice el amague de apartar la mirada, pero en realidad quería ver más.
-Oh, por Dios, discúlpame, dejé que se me hiciera tarde. Que vergüenza contigo abrir así.
-No pasa nada, tía, tal vez debí llegar más tarde.
-No, tranquilo, entra entra. Puedes ir revisando las cajas y las maletas mientras yo termino de arreglarme. 
Mi tía linda se dirigió entonces a su cuarto, mientras yo me arrodillaba ante un grupo de paquetes que habían en el suelo, quería distraerme para sacar cualquier pensamiento impío que tuviera. Pero entonces, unos quince minutos después, escuché unos tacones entrar a la sala. Me giré y vi a mi tía usando el mismo vestido azul que usó en la boda del primo Alberto, con las mismas medias y los mismos tacones. Me quedé de piedra y boquiabierto.
-Ah, sí, esa es la misma mirada que hiciste cuando nos vimos en la boda. En serio te gusta como luzco en este vestido, pero seguro te gustará más así.
Deslizó sus manos lentamente por sus caderas hasta el borde de la falda y empezó a subirla justo hasta la parte donde empezaban sus nalgas. Yo me puse de pie aún sin poder decir alguna palabra y sentí la erección apretandose en mis pantalones. Ella se acercó lentamente, meneando su cuerpo con cada paso y haciendo que los tacones sonaran con firmeza.
-Te has vuelto todo un hombre mientras estuve lejos, pero aún te falta algo.
Sentí la pared en mi espalda, me tenía acorralado. Aunque ella me doblaba en edad, yo era aún más alto, sin embargo era obvio que ella era quien tenía el control. Se apretó contra mí, metiendo su pierna entre las mías como cuando bailamos y sintiendo mi erección con su muslo. Tomó mis manos y puso una en su pierna y la otra en su nalga, no pude resistir y apreté esa nalga con fuerza y ella soltó un pequeño gemido en mi oído que casi me enloquece. Luego tomó mi rostro con sus manos y me habló, con sus labios a pocos milímetros de los míos:
-¿Me deseas, señorito?
-S-sí…
-¿Te gusta sentirme?
-Sí
-¿Te masturbaste pensando en mi?
-Yo…eh…sí
-Picarón. ¿Qué harías para que tu tía Linda te haga de todo?
-Lo que sea
-¿Lo que sea?
-Sí
-Eso quiero verlo.
Entonces se apartó de mi bruscamente y retrocedió mientras me observaba con una mirada burlona, al parecer mi frustración le divertía. Se cruzó de brazos bajo los senos apretandolos, y meneaba ligeramente la cadera mientras sonreía. Se notaba que podía leer mi cara de deseo como un libro y se iba a aprovechar de eso.
-Ruégame.
Fue como si un hechizo hubiera caído sobre mí, porque cuando me di cuenta estaba de rodillas rogándole que me follara, que dispusiera de mí, que hiciera conmigo lo que quisiera. Ella sonrió con satisfacción y se lamió el labio perversamente. Yo también sonreí aliviado, pues vi el deseo en sus ojos, pero ella quería torturarme más.
-No es suficiente.
-Por favor, tía Lina, te lo ruego, te lo ruego!
-Eres mi sobrino, tendrás que esforzarte más para convencerme.
-Dije que haría lo que fuera.
-¿Cómo lo vas a demostrar?
-Seré tu esclavo, tía Linda!
-Mmmmm me gusta como suena eso. ¿Estás consiente de que tendrás que hacer TODO lo que yo diga?
-Sí!
-¿Que seré tu ama y podré hacer contigo lo que me plazca?
-Sí!
-Muy bien, vamos a ver…
Mi tía Linda se acercó lentamente, meneando sus perfectas caderas mientras avanzaba poniendo una pierna frente a la otra con una sensualidad increíble. Entonces pisó mi mano y movió su pie como si estuviera apagando un cigarrillo. El dolor era intenso, pero me di cuenta que más intensa era mi excitación. Siempre recordé a mi tía como aquella mujer alegre, noble y atenta que me abrazaba con cariño y me decía lo mucho que me había extrañado, pero ahora me tenía completamente dominado a sus pies, ahora yo era su juguete y me encantaba. 
-Acabas de descubrir que esto te gusta, que tierno. A partir de ahora vas a ser mi esclavo, vas a ser mi juguete, vas a ser mi tapete. Pórtate bien y podrías tener una recompensa.
-Sí…tía.
-Mmmm tan joven y tan pervertido. Pude notar como saboreabas esa palabra. Te excita que sea tu tía la que te está haciendo esto, ¿cierto?
Mientras decía eso, pisó mi mano con más fuerza y movió su pie como si pisara algún bicho. Entre mis alaridos de dolor y excitación no pude evitar darle la razón, era verdad lo que decía.
-Bien, señorito, veamos qué tan buen esclavo eres. Mi zapato…límpialo. 
No tuvo que especificar cómo quería que lo limpiara. Bajé mi rostro hasta el zapato que aprisionaba mi mano y empecé a lamerlo. Su risa maliciosa me confirmó que hice justo lo que quería. Pero al estar lamiendo su zapato me di cuenta de que estaba a escasa distancia del dorso de su pie, envuelto en esas sensuales medias negras que ascendían cubriendo sus perfectas piernas y más allá a donde la falda aún alcanzaba a cubrir. Entonces cedí a mis ganas y empecé a besar su pie y su tobillo.
-No recuerdo haberte dicho que hicieras eso, pero está bien, te lo has ganado. Quítate la ropa y sigue.
Quitó su pie de mi mano y yo me apresuré a quitarme la ropa lo más rápido posible para poder volver a besar su pie. Pero antes de eso la miré a los ojos, y su mirada me daba permiso de hacer más, así que feliz me dispuse a besar no solo su pie o su tobillo, sino también sus piernas, sus rodillas, sus muslos, acariciarlos con mis manos, rozar mi rostro contra ellos. La textura de las medias era el mayor placer que podía sentir en ese instante, y sin darme cuenta me encontré a mí mismo frotando mi pene contra su pierna como si fuera algún perro en celo. La risa de mi tía Linda, que hasta ahora había sido leve y picarona, se convirtió en una carcajada maliciosa:
-Me encanta tu iniciativa, sobrinito! No solo quieres ser mi esclavo, mi juguete y mi tapete, sino que quieres ser mi mascota también! Ven aquí! Te lo has ganado!
Me agarró del cabello y me escupió en la boca. Luego, con la otra mano, se subió el vestido revelando que sus medias tenían un orificio entre las piernas, y que no llevaba ropa interior, por lo que ante mi estaba la vagina de mi tía en todo su esplendor. Haló mi cabeza y hundió mi rostro entre sus piernas.
-Come. Este es el único alimento que te voy a dar.
Y yo obedecí. Lamí, chupe y saboreé todo, y mi tía no dejaba de apretar mi cabeza contra ella mientras gemía y agitaba sus caderas. 
-Eso es, señorito! Comeme, comeme toda! Sí! Así! Amor! Amoooor! Mi vida comeme!!
Finalmente me soltó, se dio la vuelta y volvió a apretarme contra su culo. Lamí y mordí sus nalgas y todo lo que había en medio. Mi tía Linda no dejaba de gritar hasta que finalmente alcanzó el orgasmo y me dejó el rostro completamente empapado.
-Eso fue espectacular, señorito. Ven, voy a darte algo de amor. 
Me llevó hasta el sofá y me sentó en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá. Ella se sentó detrás mío y me rodeó con sus piernas, se quitó lentamente los zapatos y empezó a acariciar la punta de mi pene con sus pies, mientras con sus manos tomaba mi rostro y finalmente me dio un largo beso, repasando toda mi boca con su lengua. Sentir de nuevo la textura de sus medias en mi pene mientras que al tiempo sentía su lengua enroscada con la mía fue indescriptible. 
Ella empezó a acelerar el movimiento de sus pies y se lamía los dedos para luego acariciar la pura punta de mi glande.
-Vamos, señorito, córrete. Córrete! Quiero esa leche! Quiero esa lechita tibia, solo para mí!
En ese momento no aguanté más y me corrí. Mi tía se dio cuenta por mis movimientos y se adelantó, tomó sus zapatos e hizo que me corriera dentro de ellos, luego se los puso.
-Mmmmm que rico se siente. Bien hecho, sobrinito.
-Tía Linda, nunca había sentido algo tan genial como esto. Ni la masturbación se le compara.
-Awww sobrinito, eres tan inocente que es tierno. Esto de hoy no es nada comparado a lo que haremos mañana.
-¿Mañana?
-Sí, porque mañana vendrás a seguir ayudándome con el equipaje, y es una orden

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