En la oficina 2

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Quede allí sonriendo ya que había sido más fácil de lo que pensaba. La semilla ya estaba plantada y solo había que esperar un poco para que germinase.

Y asi fue, al dia siguiente estaban los 2 allí en la puerta con la cabeza agachada. No se atrevían a levantarla.

–         ¿Qué queréis? – dije muy secamente.

–         Hemos pensado lo de ayer y… veras… nosotros…

–         ¿Qué? – les grite a la cara.

–         Aceptamos tu propuesta.

–         ¿Estáis totalmente de acuerdo en todos mis puntos?

–         Si, solo te pedimos que no seas extremadamente duro con nosotros y que nuestra hija quede fuera de todo esto.

–         Habéis aceptado y tendréis que apechugar con lo que se me ocurra a mí en cada momento.

–         Está bien – dijeron los 2 mientras miraban al suelo casi llorando.

–         Bien, José. Quiero que cierres la puerta del despacho con pestillo.

Asi hizo José volviendo a continuación a ponerse ante mi

–         Bien perros, quiero que os desnudéis

–         ¿Cómo?, Pero…

–         No quiero tener que volver a repetirlo

Los 2 empezaron a hacerlo muy lentamente, como queriendo retrasar el momento, lo cual fue mucho mejor para mi porque estaba cada vez disfrutando más.

He de reconocer que el cuerpo de Sonia hacia honor a la idea que me había imaginado de ella. Vientre plano, tetas firmes (seria sobra la 95), piernas esculturales. Al llegar a la ropa interior se detuvieron y me miraron.

–         Del todo – grite enfadado.

Empezaron a quitársela y quedaron lo 2 totalmente expuestos ante mí.

–         Dad gracias que  no me apetece exhibiros, pero tened presente que lo hare.

–         Está bien.

–         Está bien que – grite.

–         Esta bien…. ¿Amo?

–         A partir de ahora todas vuestras frases quiero que acaben con la palabra Amo o Señor, ¿entendido?

–         Si, Amo – dijeron los 2 a la vez.

–         Eso esta mucho mejor. Hare de vosotros 2 buenos perros a mi servicio. Quiero que cuando acabéis el trabajo os quedéis hasta el final conmigo. Asi será a partir de ahora.

–         Si mi Amo.

–         Bien podéis vestiros e iros a vuestro puesto.

Asi hicieron y se marcharon. El resto del dia no los vi ya que no se atrevían a estar ante mí. Llego la hora del fin del turno. Se había ido ya el resto de mis empleados menos ellos. Estaban los 2 esperándome.

Fui hacia sus mesas. Allí estaban los sin levantar la vista de las mesas. Me puse delante de ellos.

–         Bien perros, ya estamos solos.

–         Si mi Amo – respondieron los 2

–         Bien, vamos a ir a vuestra casa, o, mejor dicho, a mi nueva casa.

–         Iremos antes a hacer una copia de las llaves de la casa para mí. Así podré ir siempre que quiera.

–         De acuerdo Señor.

Fuimos hacia el garaje y cogimos su coche. José conducía y yo me senté detrás con Sonia.

Le puse la mano sobre la pierna y ella se sobresaltó. Con una sonrisa en la boca, fui subiendo por su muslo hacia su pubis.

–         Pero si estas empapada. Menuda puta que eres – dije entre carcajadas. José, ¿No le das a tu mujer lo que le hace falta? La puta va a mojarte todo el coche.

Sonia estaba roja de vergüenza y a José se le notaba cara de sorpresa. Con una mano en su coño, puse la otra sobre sus tetas. Le abrí la blusa que llevaba y desabroché su sujetador dejando sus tetas al aire.

–         ¿Te gusta puta?

–         Si, mi Amo – dijo Sonia roja de vergüenza.

Llegamos a la casa.

–         Amo, no se si mi hija estará en casa. Ha salido con unas amigas, pero no se a que hora vendrá. Por favor, delante de ella no…

–         Sera delante de quien yo quiera – dije gritando, a lo que tanto una como otro bajaron la cabeza.

Entramos en la casa y estaba vacía. Ellos respiraron al ver que su hija no estaba allí. Yo fui hasta el salón y me senté allí.

–         Cornudo, tráeme algo de beber.

–         ¿Qué quiere el Amo?

–         Una coca cola que tengo sed, y tu puta ven aquí conmigo.

Sonia se sentó a mi lado. Esta vez directamente le quite la camisa y a continuación, el sujetador quedándose en tetas delante mía.

–         Que preciosos melones tienes, tan redondos y perfectos – lo cual era cierto. Levántate y quítate la falda.

Ella lo hizo y quedo con un tanga delante mío. Agarrándolo de los lados, tire de él hacia abajo dejándola totalmente desnuda ante mí. Tenia en coño totalmente depilado y fue fantástico verla en toda su desnudez.

–         Bien puta, ahora de rodilla al suelo y comienza a chupar.

Aun teniendo dificultades para la erección debido a mi minusvalía, me puedo correr normalmente si se hace bien. Ella fue al suelo y empezó a chupar. En eso momento entro José con una coca cola para mí.

–         Perro, no es justo que la puta este vestida y tu no asi que desnúdate también y al suelo.

El no le quitaba el ojo de encima al verla chupando una poya que no era la suya, lo cual hacia mas placentera si cabe la felación de Sonia. Su cara era un autentico poema, asi que le pregunte

–         ¿Qué pasa cornudo? ¿Acaso no te has masturbado pensando en alguien de tu entorno?

El bajo la mirada y se puso totalmente rojo

–         Contesta cabrón – grite

–         Si mi Amo.

Noté que Sonia ante la declaración quiso levantar la cabeza pero con mi mano se la mantuve donde tenia que estar, en mi polla.

–         Veamos -dije. ¿De quién se trata?

–         Uhmm… ejem… yo….

–         Dilo cabrón

–         De una amiga de mi mujer. Se llama Laura y la verdad es que esta muy buena mi Amo.

Noté los resoplidos que daba Sonia sobre mi poya al oír como José confesaba.

Tras un rato chupando, al fin note que me llegaba el orgasmo y acelere con mis manos el movimiento de Sonia. Cuando me llego la eyaculación, ella se intentó retirar, pero yo con mis manos la mantuve corriéndome totalmente en su boca.

–         No quiero ni una gota en el suelo. Quiero que te la tragues toda, pero antes espera, dale un beso a tu pareja. Quiero que compartáis mi semen.

 Sonia se levantó y fue donde estaba José. Yo la miraba como iba con ira en su cara. Se agacho donde estaba en y le paso casi todo mi semen. El con gran asco en su cara, empezó a tragarlo.

Yo disfrutaba mas cada momento la humillación que estaban sufriendo los 2.

–         Bien puta, José ya ha confesado y ahora te toca a ti.  ¿has sido totalmente fiel a tu pareja? Es algo que me extraña porque con ese cuerpazo debes de tener un montón de pretendientes.

Ahora la azorada era ella. Bajo la vista e hizo un signo de negación con la cabeza. Los ojos de José se salían de sus orbitas

–         Hubo una vez un hombre en el gimnasio que…

–         Explícate bien. Creo que el cornudo esta deseando oír tu historia

–         Era bastante atractivo y siempre iba a mi misma hora. Estuvimos tonteando un par de meses, hasta que decidimos quedar fuera del gimnasio.

–         ¿A dónde fuisteis?

–         A un hotel mi Amo.

–         ¿Y qué te hizo?

–         Hicimos el amor.

–         Vamos que te folló.

–         Si mi Amo.

–         ¿Te dio por el culo?

–         Yo no quería mi Amo, pero el insistía y… no me pude negar al final.

La cara de José se descompuso totalmente con esa revelación. Las lágrimas se le salían de los ojos y la miraba con desprecio y asco.

–         Vaya, vaya, de lo que nos estamos enterando ¿verdad. José?

Me parecía que como primer dia estaba bien y les dije que se vistieran. Lo hicieron totalmente en silencio sin apartar la vista del suelo.

Una vez vestidos nos sentamos los 3 en el sofá, yo en medio y ellos a mis lados. Se oyó en ese momento sonido de llaves y entro su hija. Se quedo un poco incrédula al verme en el salón.

–         Hola – dijo ella

–         Hola Paula – dijo su madre. Eduardo esta el Paula, nuestra hija

Yo me levanté y le di 2 besos. Ella me correspondió muy animada.

–          Es nuestro jefe – dijo Sonia.

–         Ven con nosotros a tomar algo – dije yo.

–         De acuerdo, pero esperad que me ponga un poco mas cómoda. Voy al cuarto y salgo enseguida.

Fue hacia el cuarto y a los 2 minutos vino donde estábamos. La verdad es que, si la madre estaba bien, la hija no desmerecía para nada a su madre. Tenia un cuerpazo con el añadido de la juventud. Unas tetas firmes y un culo espectacular.  Todo esto aderezado con una cara angelical, hacia de Paula una verdadera muñeca.

–         Siéntate aquí José deja a tu hija sentarse – dije.

Ella lo hizo en seguida. Se la notaba una chica muy alegre y desinhibida. Le ofrecí que quería tomar, mandando a continuación al perro a preparar la bebida.

Asi transcurrió gran parte de la tarde, bebiendo, hablando y riendo de las ocurrencias de uno y otro. Pasado un rato vi que Paula iba ya un poco entonada y empecé a hacerla preguntas mas intimas de las que habíamos hecho hasta ahora.

–         Y dime Paula, ¿Tienes novio?

–         Nada serio. Tonteo con algunos, pero solo eso.

–         Aja, y ¿de sexo cómo vas? – dije guiñándole un ojo.

–         Buenoo… eso…

–         Tranquila, tus padres no creo que se escandalicen por nada que digas, ¿no es asi?

–         Tranquila hija, cuéntanoslo – dijeron ambos ante la mirada que les eche.

–         ¿Eres virgen aun? – pregunte

–         No, ya no – se atrevió a confesar.

La cara de José y Sonia era de total estupefacción. Creían que su hija seguiría virgen hasta el matrimonio, pero esta, estaba tan bebida que le daba igual las miradas que le echaban sus padres.

–         ¿Que pasa? – dije. Esta siendo sincera y ya somos todos mayorcitos para escandalizarnos.

–         Nada, nada – dijo Sonia.

–         ¿Sabes lo que hacen tus padres? – le dije a Paula.

–         No – me dijo con una sonrisa en la boca ante la mirada de preocupación de sus padres.

–         Pues ahora lo vas a ver.

Acto seguido les dije a los 2 que se pusieran de pie. Lo hicieron entre sollozos y miradas de súplica hacia mí. Paula le miraba atentamente, divertida. A una orden mía, empezaron a quitarse la ropa delante de su hija quedando solo en ropa interior. Paula los miraba entre incrédula y curiosa por el hecho de ver a sus padres totalmente desinhibidos solo con una orden mía.

–         Eso es dominio – dijo Paula mirándome a mí,

–         No es solo eso. ¿Qué quieres que hagan?

–         Me gustaría verlos follar.

–         Eso está hecho – dije guiñándole un ojo a Paula.

A una orden mía y ya llorando abiertamente, acabaron de desnudarse completamente y se tiraron en el suelo. Allí José empezó a besar a Sonia por el cuello y esta reacciono de inmediato.

–         He dicho follar, nada de besos – dije gritando.

José entonces cogió su polla y puso su capullo sobre la entrada del coño de Sonia. Con un leve empujón, comenzó a metérsela y Sonia comenzó a gemir. Con cada embestida sus tetas se movían arriba y abajo. Estuvieron asi hasta que un ruido característico de José indico que se iba a correr. Mientras tanto, Sonia lo había hecho 2 veces ya. Unos segundos más y José empezó a llenarle el coño de leche a Sonia. Al acabar cayo derrumbado encima suya y Sonia también exhausta, aguanto con su peso.

–         ¿Qué te ha parecido? – pregunta a Paula.

–         Fantástico. Siempre había deseado verlos follando. ¿Cómo has conseguido que te obedezcan en todo?

–         Son mis perros durante el próximo año y han de hacer todo lo que les ordene.

–         ¿Todo, todo?

–         Asi es.

–         Me gustaría probar alguna vez a mí también.

–         Vamos a hacer una cosa. A partir de hoy y hasta nueva orden, Paula será la dueña de esta casa. Se hará todo lo que ella ordene, excepto cuando yo venga que pasará a estar por debajo de mi a mis ordenes, ¿Te parece bien, Paula?

–         Me parece fantástico – dijo emocionada.

–         Tu los vigilaras por mi mientras no esté con ellos

–         Asi será

–         Siempre que estéis en casa tendréis que estar desnudos – dije a José y Sonia. No quiero enterarme de ningún momento que no lo estáis, a no ser que tengáis visitas. Pasareis todo el dia en el suelo como los perros que sois sirviendo a vuestra nueva Señora. ¿Entendido?

Los 2 bajaron la cabeza ante mis palabras asintiendo con la cabeza mientras clavaban la vista en el suelo.

Estaré encantado de vuestros comentarios en garvil42@hotmail.com. También podéis agregarme para hablar si queréis

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