En la oficina

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Hola. Mi nombre es Eduardo. Tengo 51 años y soy de Madrid. Llevo 4 años casado con una mujer y estuve casado con otra anteriormente de la cual no tuve hijos. Con esta nueva, tampoco he tenido hijos ya que soy minusválido, esto es, deambulo en silla de ruedas. Debido a la enfermedad que tenía, tomaba una pastilla que se comía mis espermatozoides, así que no pude tener hijos. Como yo digo, tomaba la píldora masculina.

            Tengo un negocio aquí en Madrid. Es una pequeña empresa de catering y eventos. La verdad es que no me puedo quejar ya que me da lo suficiente para vivir sin ahogos y tener una vida muy cómoda.

            Respecto a mí, deciros que soy Amo. Considero a la mujer un bien máximo y por eso me gusta darles lo que desean, todo en esta parcela del sexo a la que siempre me he sentido muy atraído. Mi primera experiencia como Amo fue después de separarme de mi primera mujer. Como he dicho, siempre me atrajo este mundo y al sepárame decidí probarlo, sin darme cuenta de la adicción que crea. Pensando ahora en aquella primera relación, siento vergüenza de lo inútil que era, pero, por algún sitio hay que empezar.

            Respecto a mí empresa, deciros que tengo 8 empleados a mi cargo. Como os he dicho, la empresa cada vez va mejor, sobre todo pasada la crisis, y por eso estaba pensando en cómo ampliar el negocio.

Un día estaba con un empleado mío que se llama José y le comenté:

–         Esto va cada vez mejor. Tenemos varios trabajos en ciernes y estoy bastante liado. Estaba pensado en contratar a una secretaria.

–         Pues si te decides a ello, dímelo porque mi pareja está buscando trabajo y quizás te podría venir bien – dijo José.

–         No sabía que buscaba trabajo. Dile que venga el jueves para una entrevista sobre las 12.00 a.m.

–         De acuerdo. Se lo diré sin falta.

La semana fue pasando y yo me olvide de José y Sonia (su mujer). El jueves a las 12.00 tocaron a la puerta de mi despacho:

–         Hola Eduardo – era José el que me hablaba.

–         Ah, si. Hola José.

–         Esta aquí Sonia para lo de la entrevista

–         Ah, me había olvidado totalmente.

–         Si quieres se va y vuelve otro día

–         No, da igual. Hoy es tan buen día como cualquier otro para hacer la entrevista. Que pase.

Se aparto de la puerta y entro por esta un pedazo mujer de bandera. Morena, 1,70, 60 kg., ojos negros. La típica mujer de revista que todos nos preguntamos donde las guardan después de hacer las fotos. Tendría una 95 de pecho y un culo muy apetecible.

–         Hola. – Me dijo

–         Hola, buenos días.

–         He venido para la entrevista de trabajo.

Desde el momento que la vi, supe que le iba a dar le puesto.

–         Bien, pasa, pasa.

Pase toda la entrevista mirándola e imaginándomela desnuda. Si sin

ropa estaba igual que con ropa iba a ser todo un espectáculo.

            No sabía lo que me estaba contando, solo me imaginaba tomándola como a una autentica puta. Ella a mis pies suplicándome piedad y yo sin hacerla caso, uhmm, fue delicioso.

            Finalizo la entrevista y le dije que ya la llamaría con lo que decidiera. Acto seguido, entro José para preguntar que tal le había ido.

–         Bien – dije yo. No me habías dicho que tenías una pareja tan espectacular – le dije guiñándole un ojo.

–         Si. Nos conocemos desde la universidad. Estamos juntos desde entonces y ya tenemos una hija de 18 años.

–         ¿Vive aun con vosotros?

–         Ya sabes, hoy en dia es difícil que se emancipen

–         Y, ¿que tal os va?

–         Muy bien. La adoro y estamos todo el día juntos.

Así acabo en día y nos fuimos cada uno a su casa. Cuando Sali del despacho, ella seguía en la oficina esperando a su chico, así que puede darme otra estupenda vista de ella. Esta vez fue de su culo ya que estaba echada sobre la mesa de José.

            Al día siguiente, volví a la oficina. Cuando llevaba una hora más o menos en mi despacho, alguien llamo a la puerta. Grite que pasaran y lo hizo José.

–         Hola Eduardo.

–         ¿Qué tal, José?

–         Venia para ver que tal la entrevista de ayer y si habías pensado algo.

–         Perdona, pero se me paso ayer ya que estaba muy ocupado, pero tranquilo que a lo largo del día te digo algo.

Yo tenía claro que la iba a contratar, porque una hembra así no se la puede dejar escapar, pero quería jugar un poco con ellos y tenerlos nerviosos para ver hasta donde necesitaban el trabajo.

            Al llegar la hora de salida, volvieron a llamar a la puerta. Era José de nuevo.

–         Hola de nuevo. ¿Has pensado algo ya? Siento ser pesado, pero se acerca el fin del día y como no me has dicho nada, …

–         Si, si, pasa José. He estado meditándolo y la voy a contratar. Como te he dicho la empresa va bastante bien y necesito algo de ayuda.

–         ¡Es fantástico! – dijo José con una gran sonrisa. Enseguida la llamo para decírselo

–         Si. Dile que el Lunes empieza a trabajar.

Era Jueves, así que tenía todo el fin de semana para ir pensando cómo podía abordar este tema.

Llego el Lunes y allí estaba ella, impresionante como siempre. Llevaba unos pantalones blancos ajustados que marcaban toda su ropa interior y una blusa abierta dejando entrever un poco su escote.

–         Hola Sonia.

–         Hola Eduardo.

–         Adelante, pasa. Siéntete como en casa. Esta será tu mesa – Dije mostrándole una mesa que teníamos vacía. José te ira poniendo un poco al día de todo y si necesitas algo, ese es mi despacho.

Ella se acomodó enseguida y yo pase al despacho. Paso la mañana, llamaron a la puerta y ella apareció.

–         Hola Eduardo. Venía a ver si necesitas algo, ya que si no me gustaría ir a comer algo.

–         Nada mujer. Haz caso a tu hombre en tus labores y con eso me basta.

–         Esta bien. Hasta luego entonces.

Salió del despacho y yo me quede como un bobo viendo su culo contonearse.

Paso una semana y la vida continuó sin contratiempos. Yo con la vida mas alegre solo de ver a Sonia en el trabajo. Un dia, la llame al despacho:

–         Sonia, me hace falta que me ayudes con estas cuentas que necesito para hacer la declaración de hacienda. Ponte en ello ahora mismo y deja todo lo que tengas entre manos.

–         Enseguida jefe – dijo con una sonrisa en sus labios.

–         Lo quiero como muy tarde para pasado mañana.

–         De acuerdo.

Salió del despacho y me quede allí como siempre viéndole el culo, ya que siempre usaba faldas cortas al tener unas piernas esculturales.

A los 2 días entro en mi despacho;

–         Hola Eduardo, ya tengo lo que me pediste. ¿Dónde te lo dejo?

–         Trae para acá que voy a empezar ahora mismo con la declaración.

–         Esta bien. Hasta luego

Tengo la sabia costumbre de revisar todo antes de hacer nada importante e hice lo mismo con las cuentas que Sonia me había dado. Enseguida note que había un error en ellas, error que si no hubiera notado, habría supuesto defraudar una buena cantidad con la consiguiente multa o quien sabe si prisión. Decidí aun asi no decirle nada a Sonia y continúe haciendo la declaración.

Al dia siguiente, la llame al despacho:

–         Sonia, quiero que vayas ahora mismo al banco a presentar esta declaración.

–         Bien Eduardo, ahora mismo voy.

En mi mente se estaba fraguando un plan para poseerla y cuando se fue, me relamí pensando en ello.

A los 2 días, la llame al despacho:

–         Sonia he estado revisando estas cuentas y hay un error aquí – le enseñe el error remarcado en rojo.

–         No puede ser.

–         ¿Lo repasaste?

–         Si.

–         ¿Seguro?

–         La verdad es que estaba un poco agobiada con otra cosa y no tuve tiempo.

–         Fantástico. ¿Te das cuenta de que si hacienda se da cuenta puede suponer la quiebra de la empresa por la multa que nos pondrán?

Ella estaba totalmente roja y solo balbuceaba

–         Esto es el colmo. Te contrato para que me ayudes y tu me cavas la fosa.

–         Eduardo, lo siento. Te juro que fue sin querer.

–         Faltaría mas que fuese queriendo. Ahora no se que puedo hacer. La declaración ya está presentada.

–         Si quieres voy al banco e intento que me la devuelvan.

–         Si. Hazlo ahora mismo – dije sabiendo que eso era prácticamente imposible.

Se fue y a la media hora entro con la cara roja como un tomate.

–         Me han dicho que ya estaba enviada y que no podían devolvérmela, esto…, Eduardo yo…

–         Fantástico – decidí presionarla aún más. Pues si me ponen una multa la vas a pagar tú y tu pareja.

–         Eduardo, sabes que no tenemos dinero para eso.

–         Eso no me importa, ha sido tu error y es tu deuda.

Y dicho esto Sali del despacho enfadado y me fui a mi casa. Quería dejar madurando el tema un poco.

Al dia siguiente volví a la oficina y allí estaban José y Sonia, esperándome. Entre en mi despacho y me siguieron hasta él los 2. Sus caras eran un poema. Estaban pasándolo realmente mal.

–         Veras Eduardo, veníamos a hablarte de lo de ayer. No puedes pretender que paguemos la multa si es que te la ponen, no tenemos dinero para eso – el que hablaba era José.

–         Mira, tu santa mujer a metido la pata y en este mundo el que la hace la paga. Tampoco podéis pretender que sea yo el que pague por un error de tu chica.

–         Eso también es cierto, pero no sé, algo podremos hacer para salir de este lio, ¿no?

La cosa se estaba poniendo cada vez mejor para mis intereses.

–         No se me ocurre la forma. ¿Habías pensado tu algo?

–         Anoche estuvimos los 2 hablando y llegamos a una conclusión. Me he fijado como miras a Sonia, desnudándola cada vez que esta delante de ti, y hemos pensado que, si nos liberas de la deuda y prometes no poner ninguna denuncia contra ella, podrás tenerla.

–         ¿Una sola vez? Eso no es suficiente.

–         ¿Cuánto tiempo estaría bien según tu criterio?

–         La declaración es de año en año, por lo que tendría que ser un año por lo menos.

–         Eso es demasiado. Es totalmente inaceptable.

–         Entonces ateneos a las consecuencias.

–         Joder Eduardo, es una proposición muy fuerte. Déjanos al menos pensarlo.

–         Esta bien. Pero déjame concretar mas mi oferta. Tendrá que ser mi esclava durante todo un año. Año en el que deberá hacer todo lo que yo le diga. Es más, tu estarás también incluido en el lote. Los 2 pasareis a ser mis sirvientes y con sirvientes me refiero a sirvientes para todo. Si lo hacéis asi, te prometo que la deuda la pagare yo y no habrá represalias por mi parte. Si no es asi, ya sabe que ocurrirá.

–         Eso es del todo inaceptable – dijo José y cogiendo a su mujer salieron de la oficina.

Estaré encantado de vuestros comentarios en garvil42@hotmail.com. También podéis agregarme para hablar si queréis.

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