Orgía de madres 2

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La madre de Facundo es una mujer de aproximadamente 45 años, cabello corto y negro, piel blanca y tiene grandes senos, aparentemente operados. Su culo tiene forma de corazón invertido y un poco de pancita. Como si fuera alguna actriz porno madura. En el sexo, Esther, que es el nombre que me dio, es una experta mamadora de glandes. Se introdujo todo mi miembro hasta que se atragantaba y lagrimeaba. Ella, arrodillada, hacía pequeñas pausas para masturbarme y admirar mi verga que se introducía con mucha satisfacción. Me parecía curioso que producía bastante saliva, como las perras cuando distinguen comida. Ella, por supuesto, quería comerse toda la longitud de mi pene, perfectamente humectado gracias a su boca. Yo colocaba mis manos sobre su cabeza al ritmo del mete-saca se su hocico. Dejaba caer toda la baba entre su escote. Lamía y relamía todo mi sexo. Succionaba la bolsa de mi escroto y se detenía para decir:

–          Qué rico sabe. Toda la leche que hay aquí será mía.

Sentí que salía líquido pre seminal y ella lo succionó con placer.

De pronto sentí que me estaba perdiendo de algo extraordinario. A pocos centímetros, contemplé a mi madre abierta de piernas, sobre el sofá, cediéndole su vagina a Facundo.  Él estaba arrodillado lamiendo los labios vaginales, lo humedecía para introducir un dedo, luego dos y tres.  Él también poseía cabello negro como su madre, pero no era tan blanco como ella. Era delgado y de mirada penetrante. Facu olía ese chocho y murmuraba cosas que no llegué distinguir. Probablemente decía lo bueno que era comerse esa vagina. Ella gemía agradecía con jadeos y llevaba los dedos  a su clítoris para sobarlo con violencia.

Durante el cunnilingus de facundo hacía mi madre/puta, esta última interrumpió su disfrute para ver, con ojos muy abiertos, cómo Esther me practicaba sexo oral, y luego su mirada chocó con la mía.  Sabíamos que nuestro morbo había llegado muy lejos y sonreímos con malicia.

Habíamos empezado muy bien la faena. Era turno de devolver favores. Así que intercambiamos posiciones.  

Me saqué completamente los pantalones y senté a Esther sobre el mismo sofá en el que estaba mi madre gozando. Menos mal que cabían ambas. Me puse de rodillas al costado de Facundo y ni se inmutó. Ahora saboreaba y metía los dedos en el ano de mi madre. Ella cerraba los ojos y se mordía los labios. Dejé que disfrutaran. Me sentía bien.

Esther acomodó su cabeza en el espaldar y se sacó las tetas, sin quitarse el brasier transparente, mientras le bajaba la tanga  con encaje.  La prenda estaba mojada y con un fuerte olor riquísimo.

Noté que, a diferencia de mi madre, Esther se hizo el diseño de un triángulo en su monte de venus. Me pareció excitante el detalle y que la figura apuntara a su rajita. Su sexo estaba muy bien cuidado y tenía bastantes lunares. Rápidamente Esther puso sus piernas sobre mis hombros y me invitó a hacer lo que quisiera con su vagina.

–           Es toda tuya. Me gusta que me muerdan.   

No le dije nada y me abalancé sobre sus labios perfectamente lubricados. Busqué rápidamente su clítoris y empecé a jugar con él.

-Ahí, ahí- afirmaba mi nueva perra-.

Con una mano, ella me sobaba la cabeza como diciendo “buen chico” y con la otra jugaba con sus tetas y apretaba sus pezones que se endurecían cada vez más. Estábamos en la gloria. Teníamos a dos perras incestuosas ofreciendo sus preciadas conchas. Ambas jadeaban y ordenaban. Nos tenían como sus perros.

Un par de minutos después, Facundo tomó a mi madre y le dio vuelta. Ahora ella apoyaba sobre sus piernas en el sofá y tenía  brazos en el respaldar. Exhibía su gran culo. Facundo lo manoseó y hacía sonar el latex que mamá traía puesto. Introdujo su lengua en el ano por el orificio que tenía el conjunto que ella llevaba y metía dedos en su coño. Así estuvo un buen rato hasta que se quitó la ropa y dejó al aire su miembro. Era casi de mi tamaño, doblada hacía la izquierda. Nuevamente acomodó a mi progenitora y la arrodilló  para que se la chupara. Se la metió con violencia y ella casi ni pudo reaccionar y ya  tenía la polla en la boca. Me gustó verla sometida por otro. Con ese traje negro.

Se la chupó con rapidez e intentaba hablar. Qué rico se oye una mujer cuando quiere decir algo teniendo una pija en la boca.

Traté de no distraerme tanto porque tenía que complacer a Esther. Ella fue muy profesional conmigo.  Entonces le pregunté:

–          ¿Quieres que te la meta ya?

–          Sí, hazlo ya.

–          Quiero que tu hijo vea como te penetro.

Me incorporé y puse en cuatro a Esther sobre el sofá. Me saqué la camiseta  y quedé completamente desnudo. En sus nalgas, Esther también tenía varios lunares y pasé mis largos dedos sobre su culo.

–          Facundo, – le advertí-  mira cómo se la meto a tu mamá

–          Dale colega, dale duro a esa perra. Y mira cómo la zorra de tu madre se come mi verga.

–          ¿Qué tal lo hace?

–          Tiene talento para mamarla.

Introduje mi miembro en su panocha con lentitud. Sentí cómo sus paredes vaginales me recibían cálidamente.

–          Qué delicioso. Mira, Facu, mírame – dijo Esther con voz excitada-. Hijo, mírame.

–          Eres toda una putita, mamá- le respondió él-  ¿Te gusta su verga?

–          No, me gusta. ¡Me encanta!

Empecé a empotrarla una y otra vez. Le daba nalgadas pero ella me gritaba que quería que le diera más fuerte. Miré a Facundo y asentía. Así que le di más fuerte hasta dejarle el culo rojo. Era masoquista. Me hubiese encantado jalarle de los pelos, pero llevaba una cabellera corta.

La agarré con ambos brazos y los jalé hacía atrás. Ella se apoyaba solo sobre su cabeza  piernas. En el sofá. Así le introducía mi miembro. Entré en un éxtasis que no me fijé en qué momento, mi madre y facundo empezaron a copular. Él se recostó en el suelo y ella lo montaba.  Le daba cachetadas y se movía en círculos sobre  su verga.

–          Pídeme que te dé más fuerte – ordenaba mi mamá-.

–          Más fuerte.

–          Agárrame del culo.

–          ¿Así, Diana?

–          Ahora apriétalo contra tu pene.

–          Así, amor, así.

–          Qué bien lo haces. Sigue así.

Se decían guarrerías. Mi madre se calentó tanto que fue directo al cuello a besarlo y morderlo.  Pero seguía moviendo el culo para que la polla de él siguiera sacándole los jugos.

Mi madre es una mujer de fácil orgasmo con unos movimientos más y con la chupada de tetas que le estaba dando facundo, ella se corrió. Terminó sudada sobre el cuerpo de Facundo pero él quería más.  Ambos se pusieron de pie y fueron a otro sillón más pequeño. Mi progenitora  se recostó colocó los pies sobre los hombros de Facu y  él  dirigió su miembro a su orificio vaginal y volvió a darle.

Por mi parte, seguía penetrando a Esther pero quise cambiar de posición. Me senté y ella hizo lo mismo encima de mí. Me cabalgaba y sus grandes tetas chocaban en mi cara.

-Chúpalas, muérdelas, juega con ellas, bebé.

No perdí el tiempo y así lo hice. Eran grandes pechos, mucho más que los de mi madre. Su hermoso cuerpo rebotaba sobre el mío. Eso me impedía ver qué estaban haciendo la otra pajera incestuosa de la sala. Esther se movía tan bien que sentí que un gran chorro de leche estaba punto de salir y le dije que cambiáramos de posición.

–          Unos segundos más, espera- me contestó.

–          Estoy apunto de correrme. Aguanta un poco más.

–          Pero…

–          Aguanta, mierda- dijo con súplica y con los ojos cerrados mientras rebotaba sobre mi pene.

Hice lo posible. Traté de pensar en otra cosa pero las tetas sobre mi cara, su buen culo y esa vagina jugosa y su agitada voz me lo impedían. Además escuchaba cómo  mi hermosa madre era penetrada  y decía groserías. El choque de sus pelvis era fuerte.  Era imposible pensar en otra cosa. Aguanté como pude y sentí  de pronto sentí mucho líquido sobre mis genitales.

Esther me abrazo y asfixio con sus tetas. Maravilloso. Era una mujer de orgasmos con squirt: eyaculación femenina, como otros le llaman.  Nuestras piernas se mojaron con su corrida y alzo su culo para sacar mi pene.  Se sentó al costado y ambos quedamos con la mirada hacia Facundo y mi madre copulando.  Era como si estuviéramos en el cine viendo una porno.  Con su mano derecha me pajeaba mientras mirábamos y con su izquierda se masturbaba.

–          Hay que unírnosles- me dijo al oído-.

–          De una vez. Aún no me corro.

–          Lo sé, corazón. Vamos.

Caminamos desnudos hasta ellos. Esther cogió a su hijo por detrás y se besaron. Fue un beso sucio. Separamos a los amantes. Senté a mi madre  e introduje mi verga sin permiso. Ella respondió rápidamente.

–          Chúpala, perra- ordené-.

–          Soy una sucia. La quiero en mi vagina.

–          Primero chúpala

–          Por favor, la necesito en mi vagina.  Ahora quiero correrme con tu pene.

Sentí que Esther me cogió por atrás. Aprecié sus grandes tetas. Me acariciaba todo el pecho y me susurraba al oído obscenidades.

–          Qué puta es tu mamá. Quiere que la preñes. Quiere tu semen.

–          Sigan, así. Qué bien se siente estar entre dos maduras.

Mi madre succionaba mis huevos y los lamía como si fueran paletas.

Facundo empezó a hacerse una paja en la cara de mi madre mientras me la  mamaba . Así que ella decidió turnarse las pollas. Mientras chupaba una, pajeaba otra.  Dio escupitajos en cada miembro hasta quedarse sin saliva. Las manos de Esther Acariciaban nuestros culos y nos nalgueaba.

–          Chupa, perra, chupa- Esther estaba excitadísima-.

–          Mira cómo se la chupo a tu nene- contestaba-. Huele a mi vagina. Mmmmmm …

–          Y el pene de tu hijo a mi conchita.

–          Mmmmm… Sí y sabe bien.

–          Mucho contigo. Ahora quiero que me den. Pero aquí será imposible. Subamos.

Nos detuvimos de golpe. Sudorosos.  Esther me cogió del brazo y me hizo subir por las escaleras.  Sus tacos sonaron fuerte.

–          Suba con cuidado, señora – señaló Facundo-.

–          No me digas señora, dime Diana.

–          Está bien.

–          Quiero tu leche adentro. 

–          ¿Culito?

–           Ya veremos jajajjaja

Los tacos de mi madre también hicieron bastante ruido y  Facundo le dijo que tuviera cuidado para que no se cayera. Eran tacos punta.

Llegamos a una habitación con una cama King, se veía muy confortable. Esther me tiró y se puso encima, me masturbó un rato y metió mi pija en su concha. Se sentía súper cómodo. Facundo llegó con mi madre, sacó lubricante y un par de dildos de una cómoda. Se colocó detrás de su madre. Hizo unas maniobras para lubricar el ano de la mujer que le dio la vida e introdujo lentamente su pene. Era lo que quería Esther: su doble penetración. Soltó un pequeño grito de dolor. Se repuso y se movió.

–          Qué rico carajo. Qué rico. Si, Sí, así. Dale, Facu. Así dámelo.

Dos vergas jóvenes le daban un placer sin lugar. Casi al punto de poner los ojos blancos. Agarraba las tetas y las  apretaba.

Una vagina se puso en mi cara, cortándome la visión.

–          Mami también quiere a su bebé dentro, aunque sea la lengua. Mmmmmm…

¿No es la gloria? Follándome a la madre de otro y con mi madre pidiéndome placer. Pero no todo puede salir tan bien. En mi éxtasis escuché unos ruidos  provenientes de afuera y la puerta  de la habitación, que estaba entrecerrada, se abrió de golpe. Alguien había entrado.

Continuará.

Para consultas, peticiones, intercambio de fetiches a relatoseroticoslatin@gmail.com 

Un comentario sobre “Orgía de madres 2

  • el agosto 11, 2019 a las 2:51 pm
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    preciosas madres y que suerte teneis chicos de tener como madres a dos ninfomanas y
    buenas o excelentes folladoras solo me parece que cada hijo tendría que follar mas con
    su propia mama y mas veces en trio

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