Mi cara de Puta 2

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Como era costumbre cada verano, el sol ha estado brillando desde un cielo azul, todo el día. Pero este año las cosas iban peor. Estábamos casi a 50 grados y según los pronósticos, en los próximos días, se esperaba más aumento en la temperatura. Había terminado el turno en mi trabajo y me dirigía a casa. Manejaba mi coche por las avenidas, era la hora de salida de la mayoría de los trabajadores y las calles estaban atestadas de tráfico vehicular.

A pesar de llevar el aire acondicionado de mi auto al máximo nivel, pareciera que lo llevara apagado. Mi frente me sudaba, bajando hasta mis ojos y cegándome momentáneamente, obligándome a limpiar el sudor con mi mano y por consecuencia embarrando el rímel de mis ojos por todo mi rostro. Miré el reflejo de mi cara en el espejo retrovisor y realmente me veía horrible. Por un momento pasó por mi mente, esas escenas en las películas porno, donde la chica realiza sexo oral profundo y termina con lágrimas negras de maquillaje por todo su rostro. No me importaba verme así, pero mil veces hubiera preferido que fuera a consecuencia de mamar una buena verga y no por los efectos de este maldito calor.

De igual manera, el sudor corría por toda mi espalda, hasta llegar a la raja que separa mis nalgas. Sentía los pelos de mi panocha pegajosos por el sudor, y no sé si era mi imaginación, pero me daba la impresión que el interior del auto apestaba a panocha remojada. Y aún me faltaban varias millas para llegar a casa. Mi humor era el de una autentica perra rabiosa. Si de por sí, mis compañeros de trabajo me consideraban como a una bitch antisocial y con una cara de pocos amigos, si me vieran en ese momento estarían completamente convencidos de todo eso. Quería llegar a casa y desnudarme, tomar una cerveza fría y una ducha con agua helada. Y hacerlo todo al mismo tiempo si fuera posible.

Finalmente llegué a mi casa. Estacioné mi auto y me bajé lo más rápido que pude. Me urgía entrar y deshacerme de mi estorbosa ropa. La curva de mis senos se notaba a la perfección a causa de la humedad de mi blusa, y la mancha de sudor en mi culo, a través del pantalón, era muy visible. Los pantalones vaqueros no deberían permitirse en un día como este. En ocasiones como esta, me arrepentía de vestir tan goth y de tapar mis tatuajes con mangas largas.

Al cruzar hacia mi casa, miré a la casa contigua y vi a un adolescente. Me imagino que venía de la escuela y al igual que yo, muriéndose de calor. El chaval me dedico una sonrisa, levantando su mano derecha. Le dediqué una de mis peores miradas, e ignorándolo, seguí mi camino a casa. No estaba yo de humor para saludar a vecinos encajosos. Entré a la casa y siento una oleada de aire fresco en mi rostro. Tommy, mi esposo, recién acaba de llegar también y había encendido el aire acondicionado. Solo estaba en pantalones, sin camisa. Me tomo un segundo para mirar su delgado cuerpo y el incipiente six pack en su abdomen. El gym está surtiendo efectos, pienso para mí y a pesar de mis bochornos, sonreí.

Así que camino despreocupadamente hacia el baño, dejando tiradas mis ropas por el suelo. Primero la blusa, a lo que le sigue mi sostén, dejando libres mis pechos. Mis pezones se ponen erectos al sentir la frescura del aire acondicionado. Me deshago de mis zapatos con un par de patadas, lanzándolos lejos de mí. Bajo mi pantalón con cierta dificultad. Le sigue mi pequeña pantaleta, la cual al quitarla jala los pelos de mi pegajosa y húmeda panocha. Me provoca un ligero dolor, el cual ignoro, para luego encender el agua de la regadera.

Entro a la ducha y siento inmediatamente el agua fría aliviar mis molestias. Dejo que caiga por mi cabello y levanto el rostro para sentir como revivo al contacto del agua. El refrescante líquido, resbala por mis pechos, poniendo erectos mis rozados pezones nuevamente, para luego seguir su camino hasta mi espeso vello púbico. Paso mi mano, lavándolo y metiendo un par de dedos dentro de mí, como lo hago cada vez que tomo un baño. Repito la operación en mi vagina para luego pasar mi mano a mi trasero y lavar cualquier suciedad que pueda tener entre mis nalgas.

El sonido de los pies descalzos en el suelo de baldosas es inconfundible. La transparente puerta del shower se abre y veo a mi esposo desnudo, sosteniendo una botella de cerveza, ofreciéndomela. Me conoce bastante bien. Por eso lo amo.

Tomo la botella y le doy un trago, mientras lo veo entrar con su pene semi erecto.

PERLA: Thank you, daddy. Ha sido un día horrible. ¿No sé qué odio más, si el calor o a todos los de mi trabajo?

Le digo sonriendo. Entra en la ducha y desliza sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome su ya, ahora sí, erecto trozo de carne.

PERLA: Eso se siente como una rica verga dura.

Mientras nos besamos, el agua corre por nuestras caras, rompo el beso y empiezo a lamer y besar sus mejillas. Me da vuelta, de repente, empujando su verga hacia mí culo.

PERLA: Cógeme. Cógeme rico.

Mientras con una mano me agarra las tetas, y con la otra toma su pene y trata de apuntarlo a mi coño. Pero su verga rebota y empuja contra mi agujero trasero.

PERLA: Ooh, daddy, puedes follarme el culo más tarde, pero es mejor que me hagas venir primero por delante.

Le digo, parando mis labios, poniendo cara de trompudita.

TOMMY: Trato hecho.

Me dice, deslizando su cuerpo hacia abajo, con mi espalda contra el vidrio, empujo mis caderas hacia su cara. Abre con sus dedos mi vagina, metiendo su lengua entre mi vello púbico, recortado en forma de triángulo. Empuja su lengua entre mis labios vaginales, probándome. Su lengua es deliciosa, picante y caliente. Con las manos en mis nalgas, me acerca más, empujando su lengua hasta donde puede estirar. Intenta mover la lengua dentro y fuera.

PERLA: Oh, Dios … más…más…

Animándolo a darme más lengua, disfrutando el delicioso sexo oral.

Empieza a trabajar en mi vagina, con tanta energía como puede. Siento como sus manos toman mis nalgas, abriéndolas exageradamente. Siento uno de sus dedos picando mi ano, haciendo fuerza hasta que logra entrar. Suelto un leve quejido, su solitario dedo en mi trasero es ahora acompañado por otro más, empujando en mi oscuro agujero secreto, y su cara corriendo con mis jugos y el agua de la ducha, mientras su lengua entra y sale de mi abierta vagina. Comienzo a temblar.

Me encanta por ambos lados, su lengua en el coño y los dedos en el culo. Está empujando sus dedos con el mismo vigor que empuja su cara hacia mi vagina. Con cada movimiento, conduce sus dedos, más profundo, en mi intestino y mi respiración se convierte en jadeos, y luego grito al sentir como me llega el orgasmo.

PERLA: ¡Sí!… ¡Mierda! … ¡Más!”… ¡¡más duro, maas!!… ¡¡Agghhh… Sí… Sí!!… ¡¡Dame maaas hijo de puta!… Quiero maaas!!

Entre jadeos, recupero la respiración nuevamente. Saca sus dedos de mi ano, ofreciéndomelos. Los tomo en mi boca hambrienta, chupándolos, lambiéndolos, limpiándoselos, como si fueran la más rica paleta de dulce.

PERLA: ¡Dios …eres un… maldito, sucio… bastardo!

Le increpo, mirando hacia abajo, con mi cabello mojado y despeinado.

PERLA: Apuesto a que tu lengua está cansada.

TOMMY: Uh-huh

Me dice, sentándose en el piso de la ducha y mirándome con sus labios brillantes y su cara sonriente.

PERLA: Bueno, cariño, es hora de tu pequeña recompensa, levántate bebé

Le digo con mi horrible y grotesca sonrisa.

Llegamos a la parte que más amo de nuestras sesiones de sexo. Me doy la vuelta, extiendo mis largas y esbeltas piernas y separo mis nalgas con mis manos, dejando al descubierto mi culo. Siento sus labios en mi agujero trasero, mientras estoy parada.

PERLA: Mmmm….eso está bien, cariño. Ahora ponme jabón y cógeme por el culo.

Así que me reclino contra el vidrio de nuevo, y con jabón en la mano, comenzó a lubricar mi agujero, haciéndome gemir, al empujar su dedo dentro de mí, otra vez.

PERLA: Urghhh … eso es, papi. Tu dedo se siente bien. Pero no es suficiente, dame tu verga.

Mi voz es una orden. Sé lo que quiero y lo quiero ya. Y entonces deja caer el jabón y tira de mis caderas hacia él. Se detiene cuando su verga toca mi culo:

TOMMY: Empuja hacia atrás.

Lo intento, empujando con fuerza, y la cabeza de su pene se desliza lentamente dentro de mi ano.

PERLA: ¡Oow… oow… maldición… mierda! …

Jadeo al sentir la primera estocada. Tengo la cabeza de su verga dentro de mi culo. Siento una mano a mi alrededor y comienza a jugar suavemente con mi clítoris.

PERLA: ¡Diooss…. eso está rico…!

Mis palabras son casi un suspiro. Con cuidado, y deliberadamente, comienza a moverse. Primero se aleja de mí, la cabeza de su pene se desliza fuera, pero mi agujero oscuro permanece ligeramente abierto. Empujo hacia atrás para empalarme yo sola en su miembro, y siento como entra de nuevo, más fácilmente esta vez. Empujo un poco más, y lo siento más profundo. Su pene se mantiene más fuerte y más caliente que antes. Sigue acariciando mi clítoris con un ritmo suave y constante, pero con más presión.

Me muevo hacia adelante una y otra vez. Más duro y más rápido. Las paredes apretadas de mi culo agarran su pene, exprimiéndolo. Ahora está con medio pene dentro de mí y me acaricia más rápido.

PERLA: ¡FOLLAME!

Le ordeno. Y así lo hace. Empuja en mí, más profundo, y luego retrocede. Ahora está listo, y se mueve lentamente dentro y fuera de mí. Estirando, abriendo y follándome el culo. Está en silencio, pero respira profundamente y gruñe cuando su polla se desliza dentro de mí. Muevo y empujo mis nalgas, mostrándole mi agujero fruncido, estirado, apretado y abriéndome mientras me coge. El calor y la presión son intensos, pero es un calor rico, no como el de antes.

PERLA: ¡Maldita sea, más profundo! ¡Más! He querido tanto esto, tu verga dentro de mí, tanto. Es preciosa, tan grande, me encanta. ¡Fóllame más fuerte, puedo soportarlo!…

Le grito, animándolo a que me dé más fuerte y más profundo en mi adolorido culo.

PERLA: ¡Cógeme duro, hijo de puta! ¡Dame más verga, más fuerte!

Le ordeno, arriesgándome a que me reviente el culo o que me saque algún desecho de mi intestino.

PERLA: ¡Dios! ¡Aggghhh, joder! ¡¡Es demasiado!!

Grito, al sentir como su gorda verga ha llegado a lo más profundo de mi recto, instintivamente, se detiene al escuchar mi grito, temiendo haberme hecho algún daño.

PERLA: ¡Dios mío, no te detengas! ¡Hazlo de nuevo! ¡Rómpeme! ¡Reviéntame el culo, como solo tú sabes hacerlo!

Le vuelvo a ordenar. Se sale de nuevo, y antes de que mi culo se cierre, me coge tan fuerte como puede, agarrando mis caderas con fuerza.

PERLA: ¡¡Aaahhhhh!! ¡Dios, sí! … sí … ¡quiero que me folles y te metas en mi culo! Folla mi culo duro y vente en mí.

Le vuelvo a gritar, sabiendo que al día siguiente no podré sentarme normal. Pero no me importa, en ese momento quiero gozar y entregarme a mi hombre.

Me coge con más fuerza Y más violencia, entrando y saliendo de mi adolorido recto. La presión se acumula en su pene y da un grito fuerte, liberando su carga de semen dentro de mí, llenando mis intestinos. Siento, como algo brillante detrás de mis ojos cerrados, haciéndome ver luces y llegando yo también al orgasmo. Siento su verga soltando chorros de leche dentro de mí. Uno, dos, tres chorros. Llenándome, provocándome una sensación parecida a la de querer cagar. Siento como poco a poco, su pene va perdiendo dureza, hasta escapar de mi ano. Con las pocas fuerzas que me quedan, me inclino para limpiarle su verga en un delicioso ATM, como siempre solemos hacerlo, sacándole las ultimas gotas de semen.

Finalmente, quedamos en silencio por algunos momentos, tratando de recuperar el aliento.

TOMMY: Mmmm, encantador… ¿Te gustó eso? No quería hacerte daño.

Me dice tiernamente.

PERLA: Tu sabes mi secreto, cariño. Me encanta tu verga en mi culo.

Regalándole, de nueva cuenta, mi diabólica sonrisa.

TOMMY: Te amo.

Sonríe.

PERLA: ¡Yo más!

Terminé de bañarme, me seco con una toalla y me voy desnuda a la cocina, disfrutando del aire fresco en todo mi cuerpo. Tomo otra cerveza de la heladera y me dirijo a la sala de la casa. El trabajo me dejó agotada, pero no tanto como la cogida que me acababa de dar mi esposo y aún estoy adolorida de mi culo.

Sentí como si alguien me mirara, y repentinamente, volteé mis ojos a la ventana, alcanzando a sorprender a mi adolescente vecino, mirándome, pero del lado de su patio, por encima de la barda divisoria. Se quedó congelado al verse descubierto, al igual que yo, quedé sorprendida y ni siquiera me pasó por la cabeza cubrir mi desnudo cuerpo. Nos quedamos viendo a los ojos por una fracción de segundo, luego, él, salió corriendo al interior de su casa. Rápidamente, bajé la persiana de la ventana y aunque por un momento pensé en decirle a mi esposo o ir a reclamar a la casa de mi vecino, decidí que lo mejor era quedarme callada por ahora. No sabía quién me había tomado las fotos a escondidas (que comenté en mi anterior relato) pero definitivamente ya tenía al sospechoso.

El pequeño cabroncito me la tenía que pagar, y tenía que ser de la peor manera.

CONTINUARÁ.

perlita.medina007@gmail.c

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