cuero y acero – relatos eroticos

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 Este relato se lo dedico a una lectora que además de animarme a escribirlo me ha dado varios consejos que me han sido de mucha ayuda. Con todo mi agradecimiento.

Nos habíamos conocido a través de un foro de BDSM, A través de un hilo sobre prácticas sadomasoquistas. Ella había hecho comentarios respecto a experiencias pasadas en las que no había conseguido alcanzar su límite que era lo que más deseaba contestándole yo qué conocía técnicas que sin duda no había sufrido y podían sobrepasarla incluso a ella.

Al poco dejar ese mensaje me escribió un email diciéndome: ¿Usted cree que realmente podría lograr forzar mi límite? Son muchos los que me lo han prometido y nadie lo ha logrado.

La contesté que estaba convencido de ello y que estaba dispuesto a demostrárselo si ella quería. Allí empezó un intercambio de mensajes a lo largo de muchos días en los que ella me fue relatando sus experiencias pasadas, sus fantasías y deseos.

Finalmente nos pusimos de acuerdo para tener una sesión. Como en todos los casos en los que preparaba una sesión de tal intensidad la hice multitud de preguntas respecto a límites, su estado de salud y el uso de la palabra de seguridad.

Sería muy largo de contar todo lo pactado pero podría resumirse en estos cinco puntos:

1.- Estaba perfectamente sana. No tenía ningún problema de salud que pudiera influir.

2.- Podía hacer con ella lo que quisiera siempre y cuando no produjera daños o marcas permanentes.

3.- Nada de sexo ni ningún tipo de penetración.

3.- No podía amordazarla. La gustaba poder gritar a su antojo y también yo lo prefería así para que tuviera libertad decir su palabra de seguridad si deseaba detener la sesión

4.- Si en algún momento decía la palabra “rojo “era la señal para detener completamente la sesión.

Tras dejar todo acordado fijamos un día y una hora para la cita. Decidimos llamarnos por los nombres que teníamos en el foro punto ella me dio una descripción sobre cómo era y cómo iría vestida para que la reconociese: cabello pelirrojo, delgada y no muy alta, vestido negro largo con lunares y una rosa blanca en la mano.

Llegado el día me presenté puntual vestido con traje y corbata. Apenas tuve que esperar unos minutos para verla. No fue difícil reconocerla pero era incluso más guapa de cómo me la había imaginado, unas facciones finas y delicadas con una piel blanca como la porcelana. Caminaba ansiosa mirando al suelo con timidez. Pareció reconocerme porque se plantó delante de mí sosteniendo la rosa delicadamente con ambas manos.

-Freya? – Dije citando su nombre en el foro.

-Sí, yo soy su esclava – respondió en un gesto completamente espontánea que me sorprendió gratamente.

Tomé la rosa de sus manos y la conduje hasta la mazmorra que había alquilado para tal ocasión. Considere que se sentiría más cómoda qué llevándola a mi casa. Entramos y cerré la puerta para después girarme frente a ella.

-En este punto tengo la costumbre de preguntar si estas completamente segura. Si te diriges hacia la puerta puedes marcharte sin temor a enfado o represalia por mi parte. Si permaneces ahí entonces iniciaremos la prometida sesión.

Su respuesta no se hizo esperar. Se colocó de rodillas y puso sus manos en la nuca. estaba decidida a continuar.

-Levántate perra – obedeció sin duda alguna. Me acerqué y la contemplé dando varias vueltas a su alrededor. Complacido con mi examen me situé detrás de ella y con ambas manos agarré su vestido a la altura del cuello y lo desgarré de un fuerte tirón. Gimió de sorpresa pero no movió ni un músculo. Pude ver su ropa interior blanca y sencilla. Desabroché el sujetador y rompí igualmente el tanga de hilo que llevaba puesto.

-Las perras no tienen derecho a llevar ropa – dije mientras reforzaba mis palabras con un fuerte bofetón.

Se tambaleó por la fuerza del impacto y la sorpresa pero continuó impasible. Únicamente agachando de nuevo la cabeza y susurrando:

-Si mi amo

Dada la resistencia que había mostrado en sesiones previas tal y como me lo había relatado yo sabía que aquí había que jugar fuerte. La coloqué el collar que tenía preparado con la Correa y sin siquiera darle la orden la obligué a ponerse a 4 patas. Obedeció sumisamente y la conduje al interior de la mazmorra.

Había programado meticulosamente todo el proceso de castigo. 1º la conduje hasta la Cruz y haciéndola levantarse la sujeté a la misma. Fui a buscar la lengua de acero. Un látigo corto que solo reservo para los peores castigos ya que está fabricado con acero trenzado y puede causar un dolor terrible incluso con los golpes más leves.

-Crees poder resistir cualquier cosa perra. Pues para ir preparándote te corresponden 50 latigazos con la lengua.

-Si amo. haga lo que quiera conmigo. Soy suya.

-Quiero que cuentes cada golpe perra. Sí pierdes la cuenta serán 10 azotes más.

Ella asintió con la cabeza e inicié el castigo. el látigo silbo golpeando fuertemente sus suaves y firmes nalgas.

-AHHHG UNO MI SEÑOR!! GRACIAS MI SEÑOR!!

No la permití recuperar el aliento. Una y otra vez el acero golpeaba su piel dejando marcas rojas qué poco a poco con el castigo continuada se convertían en finas heridas. Cuando consideré que su trasero ya había sufrido bastante me centré en la parte baja de su espalda. Ella seguía chillando y contando los golpes mientras la lengua la martirizaba con precisa crueldad.

-AHHH VEINTICUATRO MI SEÑOR!! GRACIAS MI SEÑOR!!

Fueron 25, 30, 35. así hasta llegar a los 50 azotes prometidas. Sus piernas ya le fallaban sosteniéndose únicamente gracias a las correas de la cruz pero aun así su voz no se quebraba, estaba claro que era tan resistente como me había dicho.

La descolgué De la Cruz y al soltarla perdió pie por un segundo lo que me hizo reaccionar inmediatamente para sostenerla. No fue necesario ya que se repuso inmediatamente.

-Mi amo no se preocupe por esta puta. Estoy lista para que cualquier cosa que quiera hacerme.

La conduje de pie sujetándola por el collar hasta donde se encontraba la polea. Un accesorio que permitía colgar por las muñecas o los tobillos a la sumisa. Sujetándola de los brazos cerré las correas sobre sus muñecas y giré la rueda de la polea para colocarla tan solo a unos centímetros del suelo. No necesitaba más para lo que tenía planeado.

En un pequeño soporte en la pared colgaban varias barras y fustas. Escogí una fusta larga qué en condiciones normales sólo se empleaba en equitación. Di unos cuantos golpes al aire para comprobar su flexibilidad y la coloqué sobre uno de sus pechos.

Miro la terrible herramienta con miedo pero no dijo nada.

-Muy bien putita. Vamos a calentar un poco tu cuerpo antes del castigo principal, serán veinte fustazos en cada pecho. Cuéntalos o ya sabes lo que ocurrirá.

-Si mi señor – Contestó sumisa.

Casi sin dejarla terminar la frase comencé el castigo de sus pechos con la fusta repartía intencionadamente los golpes por toda su superficie haciendo que se enrojecieron a ojos vista. ella gritaba y lloraba pero contaba cada golpe si error y agradeciendo su castigo.

-AAAYY DOCE MI AMO GRACIAS MI AMO POR CASTIGAR A ESTA PUTA!!

Sometí al mismo tratamiento su otro pecho. Cuando me detuve gimoteaba y las lágrimas recorrían sus mejillas. Aun así sabía que no había llegado a su límite. Todavía faltaba para eso pero sólo era un calentamiento.

De entre todo lo que había traído seleccione dos pinzas de varillas. Se trataba de dos varillas metálicas Unidas por una goma punto se colocaban en los pezones y a medida que se movían las gomas hacia el centro de las varillas aumentaba la presión pudiendo llegar a ser insoportable.

Sus Pezones estaban duros por la excitación. Situación que aproveché para colocarle sin dificultad las varillas en ambos uniendo las gomas casi hasta llegar al centro punto lo hice con tal brusquedad que no pudo reprimir un chillido.

-AAAAAAGHH!! DUELE, DUELEEEEE!!

Era un buen paso en la dirección correcta pero insuficiente aún. Tomando a la de los tobillos los até a la polea haciendo que todo su cuerpo se mantuviera en el aire con una humillante postura abierta de piernas completamente expuesta. Miro con sorpresa. Estaba claro que eso no se lo habían hecho nunca. Volví a dónde se encontraban las barras y fustas para coger una gruesa vara de madera de Arce. De nuevo agitándola para comprobar su flexibilidad me gire hace a ella y la dije:

-Hora de calentar ese coño puta. Esta vez serán treinta golpes. No esperes piedad porque no te la concederé.

Naturalmente cumplí mi promesa y golpeando sin compasión su vagina no tardaron en estallar los gritos de dolor y esta vez las súplicas.

-AHHH MI AMO. TRES MI AMO!!!! PIEDAD DE ESTA PUTA POR FAVOOOR!!

Ella ya me había advertido qué pasaría algo así. Pero habíamos dejado establecido que lo único que podía detener la sesión era la palabra de seguridad y estaba claro que aún no había llegado el punto en el que la emplearía. no detuve el castigo y ella Asimismo aún sin dejar de gritar y suplicar no dejó de contar cada golpe de la vara.

-Treinta mi señor!! Por favor no más. Me está destrozando.

-Silencio perra – La interrumpí – Aun no estoy satisfecho. Es hora de estirar un poco esos firmes labios.

Acompañando mis palabras con acciones coloque en sus labios mayores dos pinzas de acero sin guardas con sendas pesas de trescientos gramos enganchadas a cada una. A pesar de la incómoda posición arqueó su espalda mordiéndose los labios conteniendo el grito. Era evidente que quería retarme. Pero yo ya había previsto esto y dispuse todo para el plato fuerte.

Coloque en una mesa frente a ella una pequeña caja de madera labrada y una bolsa alargada de terciopelo.

-Bueno perrita. Por mucho que estés padeciendo sé perfectamente que todo esto no es nuevo para ti aunque haya sido más intenso. Pero lo que viene ahora te aseguro que no te lo esperabas.

Recogí la bolsa de la mesa y la abrí frente a ella para sacar una pequeña vara de color negro con dos puntas metálicas en el extremo. Se trataba de una picana, un aparato diseñado para dar descargas eléctricas. Aunque estaba preparado para que las descargas fueran de bajo voltaje el dolor y la sensación desagradable que provocaban no eran fácilmente sufribles.

Ella abrió mucho los ojos. Nunca había sido castigada con eso aunque había oído hablar de ello. Iba a decir algo pero sin darla tiempo aplique una descarga en uno de sus muslos.

-AHHHHH!!! Que es eso?? No había sentido nunca algo así!!!!

Viendo el efecto causado por mi castigo seguí torturando sus piernas con las descargas. Aproveche el momento para retirarle las varillas de los pezones que ya amenazaban con tornarse de un color morado. Ella al notar cómo se aliviaba la presión pareció suspirar de alivio pero solo se trataba de dejar espacio para qué las crueles descargas lamieran sus ya dañados pechos.

-AGGHH!! PIEDAD!! PIEDAD!! HARE LO QUE QUIERA AMO!!! METAMELA! MI CULO VIRGEN ES SUYO PERO PARE ESTE TORMENTO POR PIEDAAAAD!!!

Me detuve un instante para hacerla creer que me había ablandado. Pero después alargué la mano entre sus piernas y retiré las dos pinzas con pesos que llevaba sonriéndola con malicia. Ella se percató de lo que lo esperaba y no pudo ni articular palabra punto solo lloraba y sus lágrimas rodaban por sus mejillas cayendo sobre su pecho sudoroso.

Hacer que las puntas de la picana hacia su vagina rozándolas para que sintiera el frío del metal. La tensión era palpable hasta que pulse el botón del aparato y la corriente eléctrica recorrió toda su intimidad espoleada por la humedad del flujo que la inundaba.

AHHH!!! AHHH!! NOOO!! BASTA!!! BASTA!!!

Esas palabras me hicieron dudar pero recordando qué ella misma había dejado claro que sólo en la palabra de seguridad podía detenerlo proseguí con una larga descarga qué hizo convulsionar sea todo su cuerpo.

Me detuve a contemplar mi obra: ella jadeante y abierta de piernas, cubierta de sudor y lágrimas Con su vagina chorreando parecía a punto de perder el sentido. Estaba realmente preciosa. Aunque podía haberme pasado horas contemplándola ya me sentía muy cerca del objetivo final. Me acerqué de nuevo entre sus piernas y esta vez la descarga fue en su húmedo y abultado clítoris.

-AAAGHHHHHH!! – Fue un grito profundo, sostenido, que parecía imposible que pudiera ser emitido por una garganta humana. todo su cuerpo se tensó y luego cayó flácida colgando de sus ataduras. Temía que se hubiera desmayado pero entonces volvió a alzar la mirada y me habló:

-Por favor mi amo… basta… Compasión…

En otras circunstancias y con otra persona hubiera escuchado. Pero ésta no era una situación corriente. Ella quería que la rompieran y eso era lo que iba a hacer.

Dejé la picana en la mesa y cogí la caja de madera. El recurso final que tenía reservado. Me situé ante sus ojos y la abrí para que pudiera admirar su contenido.

los ojos de ella se abrieron como platos y su hermoso rostro se tornó en una mueca de puro terror. Había abierto ante ella la caja en la que guardo las agujas, finos estiletes de acero que atravesaban limpiamente la piel.

-NO AMO ESO NO!!! NUNCA ME HAN TORTURADO ASÍ!! POR FAVOOOOR!!

-CALLATE!! Eres mi puta, mi juguete y sufrirás como yo lo desee.

Colocándome detrás de ella saque 8 agujas cortas de la caja ideas clave a lo largo en sus nalgas. Viendo que no podía escapar del castigo intentó resistirse como pudo ahogando los gritos de dolor que pugnaban por salir de su garganta.

Tras la que había sido la primera prueba de su resistencia a aquel nuevo castigo seleccione otras agujas más fines de la caja. Agarré con fuerza uno de sus pechos y mirando a sus ojos sádicamente pellizqué una zona de piel alrededor de sus aureolas y la atravesé de un lado al otro.

Esta vez no pudo contener el grito ni aún menos las lágrimas.

AHHH!!!! ME DUELE!! ME DUELE!! POR FAVOR PARE!!

Sus gritos no hacían sino espolear más aún mi determinación. Repetí el proceso hasta que tuvo seis agujas en cada pecho haciendo el dibujo de un círculo alrededor de sus oscuras aureolas.

Parecía no tener ya fuerzas para gritar pero eso cambio cuándo sintió que la aguja atravesaba uno de sus ya muy dañados pezones.

-AHHHH!!! NO PUEDE SER!!! NUNCA ME HABÍAN HECHO ESTOOOO!!!

Una segunda aguja penetró de nuevo en el pezón haciendo un dibujo de una Cruz con la anterior. Hice lo mismo con su otro pezón para nuevamente quedarme mirando la obra que estaba dibujando en sus carnes.

a estas alturas lloraba sin control susurrando palabras incoherentes pero el terror regreso a sus ojos cuando vio cómo se acaba otras 8 agujas de la caja y me situaba entre sus piernas.

-NO!! POR PIEDAD MI AMO!! EN EL COÑO NO!! MI POBRE COÑITO QUEDARA DESTROZADO!! POR LO QUE MAS DESEE!!! EN EL COÑO NO!!!

Una rápida bofetada la silenció y pude centrarme en lo que tenía delante. Haciendo con fuerza uno de sus labios mayores lo atravesé en un único movimiento. Gritó de tal manera que parecía que iba a salírsele el corazón del pecho. Clave la punta de la aguja en la cara interior de sus muslos para mantener el labio abierto y tome otra aguja para clavarla hasta que sus labios permanecieron abiertos con cuatro agujas atravesándolos.

-Has mostrado una increíble resistencia perra. Pero se que estas al límite de tus fuerzas y el broche de oro que te tengo preparado será el que termine de romperte.

De una caja más pequeña saque una finísima aguja con un engarce dorado. Se la mostré y ella aunque temerosa no parecía entender que pretendía hasta que me acerqué lentamente con ella a su clítoris y empecé a presionarlo con la punta de la aguja.

-AHHH!! AHHH!! AGGHHH!! NO!! NO!! NOOO!! QUE ME ESTÁ HACIENDO!! ES HORRIBLEEEE!! PIEDAAAD!! NOOOO!!!

No hubo piedad. La cruel punta de acero atravesó su clítoris como si fuera de papel. El grito que emitió fue desgarrador. Tras eso me retiré una vez más para sentarme en una silla frente a ella y mirarla. Esta vez estaba claro punto había logrado quebrarla.

-Rojo… Por favor… mi señor… Rojo…

Al escuchar su palabra de seguridad y sabiendo que había logrado alcanzar su límite la retire con delicadeza las agujas. De esas de sus tobillos y la baje de la polea. No podía sostenerse en pie por lo que la tomé en brazos y la llevé hasta la ducha con la intención de asearla y reanimarla.

Debido a que no podía sostenerse en pie ni mucho menos ducharse sola la deje con cuidado en el suelo y me quité yo mismo la ropa para poder ayudarla. fue entonces cuando me percaté de que tenía una erección considerable pero recordando nuestro acuerdo me quité todo pensamiento libidinoso de la cabeza. Ya había disfrutado enormemente con su tortura.

Abrir los grifos y empecé a enjabonarla con mimo. la sensación del agua corriendo por su piel pareció espabilarla y pudo sostenerse sin ayuda. Mientras la lavaba el pelo miró hacia el suelo viendo mi pene erecto apuntando hacia ella y luego me miro a mí. Sonrió divertida al ver mi turbación y los evidentes esfuerzos que hacía para no rozarla.

Por sorpresa se agachó y sujetando mi pene con ambas manos se lo introdujo con maestría en la boca. Succionándolo y masturbándolo al mismo tiempo. Yo no podía creerlo. Había roto una de sus propias normas.

Dado mi alto grado de excitación no pude resistir por mucho tiempo ese tratamiento. Me corrí entre grandes gemidos dentro de su boca. Ella continuó su trabajo hasta dejarla totalmente limpia. Si levanto relamiéndose el semen de la comisura de los labios y me miró sonriendo.

-Solo usted ha conseguido domarme.

Gracias a todos por vuestras valoraciones y opiniones. Como siempre acepto críticas constructivas y para cuanto queráis podéis escribirme a mi correo: donatienm40@gmail.com

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