Follda por el albañil 3

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Primera parte: https://www.relatosporno.club/2019/08/01/follada-por-el-albanil/

Segunda parte: https://www.relatosporno.club/2019/08/21/follada-por-el-albanil-2/

Ese día, fue el inicio de ese mes y una semana que duró el albañil con el trabajo que hizo. Una intensa actividad sexual y de más experiencias para mi marido, pues no sólo fue con el albañil, sino con alguno que otro chalán que trajo, todo lo recuerdo, aunque no como quisiera, pues hay muchas cosas que no recuerdo, pero al ir escribiendo, como hasta ahora, voy acomodando algunos detalles para poder relatarlo con la mayor veracidad.

Más tranquilo, es decir, con una actividad más tranquila, mi esposo me podía coger unas dos veces y ya no podía más, tenía que pasar un día para que se le volviera a parar, así que por lo regular, en cada sesión, él me cogía muy rico, pero ya al final, es decir, ya que el albañil terminaba de cogerme, aunque también era pocas veces, una dos o tres, en días sería una.

Bueno, esto también considerando que seguido llevaba a chalanes que ya estando ahí, al verme, se emocionaban, le comentaban a él de que estaba yo rebuena, que qué, rico culo tengo, en fin, comentarios parecidos, él haciendo algo de teatro, y yo igual, como paso con Ramiro, un muchacho de unos 16 años, que hizo comentarios sobre mí varias veces en el día. Al llegar la hora de la comida, me puse una falda corta, más o menos a la pitad de mi pierna, entre mi pubis y mis rodillas. Les serví de comer y llegaron. Al servirles, procuré rosar con mi pierna el brazo de Ramiro, sentí como puso algo duro su antebrazo, como queriendo sentirme más, en eso, Ruperto me habla.

Sí, ¿se te ofrece algo?

No, es que le quiero decir algo, pero no quiero que se enoje.

No, no me enojo, dime.

Es que…

Anda dime, ya te dije que no me enojo.

Es que desde que llegó Ramiro anda diciendo que usted esta re buena.

Yo que me encontraba a unos centímetros de Ramiro, vi cómo se apenó bajó la mirada, a ver Ramiro, ¿cómo es posible que digas eso de mí? Lo dije en un tono, como medio serio, pero que no fuera tan fuerte que sintiera temor.

No dijo nada, quedó callado, me acomodé de forma que quedé parada a su lado, a unos 30 cm de él y medio recargada en la mesa, dándole la espalda a Ruperto, pero viendo a Ramiro que tenía la mirada baja. Lo podía sentir nervioso, apenado, como queriendo correr.

Por fin habló, pe…pe…perdón, discúlpeme, pero es que no pude aguantar decirle a Ruperto que está usted muy bonita.

Pero Ramiro, a poco ¿te gusto?, pero te llevo casi el doble de tu edad!!

No, nada más 14 años. Me lo dijo en un tono muy bajito.

De verdad ¿te gusto?

Sí mucho.

Mira, no te de pena, como profesora, estoy acostumbrada a los muchachos se sientan atraídos por mí, les gustan mis piernas, a veces veo que se fijan en mi busto. A ti ¿qué te gusta de mí?

Todo, dijo más en confianza, y vi que su mirada la tenía en mis piernas.

Lo que hice, fue tomarlo de la barbilla y levanté su cara, le pregunté ¿Te gustaría tocarme mis piernas?

SSSSií

Le tomé la mano, que nerviosamente jugueteaba con la cuchara, y la bajé, la coloqué en mi pierna izquierda, y llevándola de abajo hacia arriba, despacio, pude sentir los nervios que tenía al estar sintiendo mi piel.

Me dio mucha ternura y de nuevo recordé cuando a los a 7 u 8 años, me dejaba coger y disfrutaba como disfrutaban mis compañeros conmigo

¿Te gusta tocarme?, si mucho.

Con cuantas chicas has estado así. Me sentí como heroína de nuevo, cuando me dijo con pena, no, nunca, lo más es besar a una amiga en la boca o a mi novia.

Bueno, mira, lo primero que debes saber es que a una mujer hay que empezar a acariciar despacio, al menos al inicio de la primera vez, aunque ahorita, es diferente, ya que trato de entenderte y bueno, come, y ahorita nos damos unos minutos para platicar.

Le tomé la mano que ya más tranquilo, estaba normal, no temblaba, pero me di la vuelta, la metí por debajo de mi falda y la coloqué en mi nalga, así la dejé mientras yo hacía que recogía los trastes de la mesa y otras cosas, él me tenía tocando, acariciándome, y le tomé la mano de nuevo, y la metí entre mis piernas, así corazón métela y acaricia, siénteme.

Al terminar de comer, lo tomé de la mano, lo jalé para que se parara, yo con mi estatura, le llegaba al hombro, por lo que bajé un poco la vista y le pude ver su bulto muy parado y… Ya me desvié del tema que les platico, La parte 3, ya retomaré más adelante lo que pasó.

Así que, al principio era casi todo el día de manosearme, cogerme, besarme, ya con el paso de los días, era más tranquilo, pero nunca dejaba de manosearme, meter su mano por debajo de mi falda y acariciarme mi panocha o mis nalgas o besarme, a veces se ponía en cuclillas, me besaba las piernas mientras me acariciaba las nalgas y metía su boca entre la entrepierna y la pantaleta y con su lengua me hacía sentir uno o dos orgasmos.

Bueno, sigo con ese primer día.

Cuando me besó, mientras me acariciaba mi vagina y besaba mi boca y pecho, escuché a mi marido que dijo

Ey, ey, ya, ya, y me tomo de la mano y me levantó de las piernas de Ruperto, el se quedó a medias, pues lo que hizo fue chuparte, excitarme y provocarme unos ricos orgasmos. Pero él no se había satisfecho, pues lo que yo le hacía era agarrarle su verga, pero encima del pantalón, podía sentirla grande y dura, pue eso hizo que me calentara más y sintiera más los orgasmos.

Me levanté y aún sentía su mano como pegada a mí, entre mis piernas, tocando mi vagina y mi culo.

Mira Ruperto, dijo mi marido.

NOTA: Antes de seguir, les comento que todo esto es real, que así lo viví, que puede ser un 90 % ya que el resto 10% es algo parecido, pues no recuerdo bien por un lado, y por el otro, al estar escribiendo, me excito y mi imaginación me hace sentir tanto deseo que les confieso, cuando empiezo a escribir, estoy vestida normal, pero conforme voy escribiendo, recordando, me voy quitando la ropa y como ahorita, ya estoy desnuda, así, estoy escribiendo y mi  dedo me frota mi vagina o mi mano,  mis pechos, como, hace unos minutos, dejé de escribir, me recargué en la silla y media recostada, con las piernas medio abiertas y estiradas, me frotaba mi vagina y mis pechos los repegaba a mí, y después de unos minutos, como 4, me vine bien rico. Descansé otros y ya estoy de nuevo escribiendo.

Ya has sentido algo a mi mujer, por eso me gustaría ya explicarte la segunda parte de lo que tengo que decirte. Supe que mi marido ya estaba excitado pues ahorró unos 10 minutos de cosas que teníamos que decir, de acuerdo como lo planeamos y ensayamos, en una de esas, voltea, me ve y me cierra su ojo, por lo que entendí que era hora del inicio de la parte definitiva.

Ahorita vengo, dije, me despegué de su brazo, pues me tenía parada a un lado y con su brazo izquierdo me tenía rodeada mis muslos de tal manera que su dedo índice, lo podía sentir muy cerca de mi vagina, pero por debajo de mi pantaleta.

Al despegarme, me dijo. Anda puta, ha llegado el momento que tanto deseaste.

Me sonreí, no para él o para Ruperto, me sonreí nerviosa y porque después de tantos meses, (5) y cuatro pruebas, por fin tenía la libertad de sentir plenamente y libre, es decir, con el permiso de mi marido, lo que deseara de sexo.

Caminé a la recámara, me iba quitando la blusa, la falda. Y llegué al baño, donde había puesto la ropa, pues sabía que tenía que darme una pequeña lavadita, así que tomé la jicarita, la medio llené de agua, entre fría y caliente, quedó a la temperatura ideal, me senté en la taza y abierto mis piernas, dejé caer poco a poco un chorrito de agua, mientras con mi mano derecha, frotaba mi vagina, y mi culo, para llegar limpia a este momento. Terminé después de un minuto, me levanté y con la toalla, me sequé.

Estiré mi mano, y tomé mi pantaleta, mi tanga, que cubría a penas mi vello púbico, y de atrás delgado se metía entre mis nalgas.

Como ya me la había puesto para ver cómo se me veía, ya sabía que, al empinarme, separar un poco mis pies y con mis manos abría mis nalgas, se vería mi culo, sólo tapado ligeramente por la delgada tira de mi pantaleta.

Me puse la falda, era de licra, rosa, muy ajustada, me llegaba a unos 10 cm arriba de mi rodilla, la blusa, blanca, con tres botones, uno que quedaba cerca de mi cuello, el segundo, exactamente a la altura de mis pezones, que hacían que se abriera lo suficiente para enseñarle la mayor parte de mi busto, y el tercer botón, a la altura de mi ombligo, claro, sin brasier. Y me dirigí a la sala. Los pasos que daba, con mis tacones, despacio, lento, hizo ver a mi marido que estaba lista.

Bien Ruperto, dijo, Creo que es hora, le dijo.

Ven amor. Si le dije, y caminé a donde se encontraba.

Mi movimiento era despacio, traté de moverme sexy, sin exagerar el movimiento de mi cadera, ya lo habíamos ensayado.

Pues mira Ruperto, esta así es mi mujer, si la ves con su vestido, y su blusa, la verás siempre así o más, pues estando en la casa se viste más provocativa, o muy puta, como quieras definirlo.

Vi al albañil y estaba sin poder decir nada, la verdad, mi cuerpo estaba y sigue estando muy bien cuidado, firme y mis pechos nada aguados.

Podrías servirnos algo, me dijo, claro, ¿qué quieren? Agua de sabor, simple, refresco, café, cerveza o una cuba.

Este… mmmm, híjole, tartamudeaba algo mi amigo Ruperto, y eso que ya me había tenido en sus brazos y manoseado.

Bueno, si me das una cerveza, yo también dijo mi marido, se me olvido decirles que ya me había puesto en la puerta, procurando que la luz que entraba por la ventana a mi espalda, me hiciera dar un contraste a mi falda, por lo que podían ver mis piernas y la entrepierna dibujada a través de la falda se traslucía, y vi tanto a mi marido como al albañil, viendo mis piernas. Eso me provocó más excitación, pues imaginaba como estarían los dos conmigo de calientes.

Calculé el moviendo de mi culo, abrí el refri, y aunque no tenía por qué agacharme, lo hice, para que me pudiera ver más.

Regresé, le di su cerveza, que me agaché para que me pudiera ver mis pechos, me giré y a un par de pasos estaba mi marido, le di su cerveza y me quedé a su lado, parada, medio crucé la pierna, y mi marido empezó a hablar.

Mira Ruperto, como puedes verla, no tiene forma de explicarte lo que ves, decirte que esta bien buena, lo puedes ver, que tiene unos ricos pechos, igual, los ves, su sonrisa coqueta, sus ojos coquetos, y a su 1.49 m de estatura, se me antoja mucho, no sé a ti.

La… la verdad, egem, egem, mmmm, está, estás, la verdad muy linda,

Interrumpí, y le aclaré, mira Ruperto, quiero que sepas que, como cualquier mujer, me gustan palabras bonitas, de amor etc., pero para mí, ya en esta situación, al excitarme, me gustan más, las palabras más sucias, como que me digas, que puta tan rica, que culo tan rico, etc.

Muy bien me dijo. Acto seguido, mi marido dijo.

¿Ves su falda? ¿A dónde le llega?, pues mira, me agarró me giro un poco, quedé dándole las espaldas a mi marido, (o sea, de frente a Ruperto) y tomó la parte de arriba de la fada, la subió, me la acomodó y después la tela que estaba estirada, de abajo la ajustó a su altura normal, así mis piernas quedaron casi en su totalidad descubiertas, pues la orilla de la falda me quedaba unos 5 cm debajo de mi pubis.

¿La ves? Le dijo. Mientras su mano la ponía en mi pierna y la subía, subiendo al mismo tiempo la falda y dejando al descubierto mi pantaleta.

Mira Ruperto, los precios que me diste están aquí listos para que midamos y sacar el valor total de la mano de obra, de lo que dé, yo te pagaré el 20% en efectivo, proporcionalmente cada semana, y mi mujer, te pagará, indistintamente… mejor que ella te lo diga.

Yo me preparé, me acomodé en la pierna de mi marido, sentada, procurando abrir lo suficiente mis piernas, pero no tanto que pareciera exagerado y romper con la emoción.

Así Ruper, yo te voy a pagar con esto mira, y deslicé mi mano sobre mi muslo interno a llegar a mi vagina, la que froté encima de la tela de mi tanga, y también con esto, me levanté, me empiné, apoyando mi frente en el hombro de mi marido, sujeté con cada mano, cada nalga y la abrí, así quedo mi culo, tapado solo con el hilo delgado de mi pantaleta, después me dijo mi marido que se veía muy rico mi culo, con su halo obscurito y que podía ver como se movía cuando yo lo apretaba y aflojaba.

Después de unos segundos me enderecé y tomando mis pechos por encima de la blusa, los froté y le dije, esto es tuyo.

Ya la respiración se me entrecortaba por la emoción que sentía, no nada más por desearlo, sino por imaginarme como estaría él de caliente, con su verga dentro de su pantalón, y toda mojada.

Esta soy yo, y conmigo te pagaré el 80% de la mano de obra. Pero antes de que dijera algo, completé la idea.

Se corazón que estás pensando que tu trabajas para tener dinero y cubrir tus necesidades económicas. NO te preocupes, si te pones abusado, podrás sacar más de que sacarías con el trabajo aquí.

¿Cómo? Preguntó con una voz suave.

Mira, te voy a dar permiso que me saques con tu cel. (apenas iniciaban los celulares con cámara, muy baja calidad, pero se veían bien) unas dos fotos, las enseñes a tus amigos y conocidos, y es que la idea es más o menos así…

Visitas a un amigo o persona a la que le hayas hecho un trabajo y le dices.

-Fíjate que estoy trabajando, remodelando una casa, lo bueno es que el marido se va temprano y regresa tarde. No sé si sea cierto pero el sábado no me pagó la señora, que según perdió el dinero, ¿y qué crees?

Ya el lunes que llegué, pues le dije que necesitaba dinero, pero como no tiene forma de conseguir y si le dice a su esposo, seguramente tendrá una bronca, se ofreció a pagarme con su cuerpo, y la verdad esta rebuena, bueno, yo le dije que necesitaba dinero por los gastos que tengo y al no saber que hacer, me sugirió que si tenía algún amigo, que lo trajera, y que ya me arreglara con él, que se la cogiera y el dinero yo lo cobraría, abonándolo a la deuda.

Y bueno, Ruper, ya con eso, pues, si consigues más conocidos, o igual, con personas que hayas hecho algún trabajo, pues también, el chiste que entre más consigas y más cobres, pronto podré cubrir el 80%, y si te interesa, pues podrías decirles a otros amigos, con el mismo cuento, pero ya sería dividido entre tú y yo, o sea, un 40% para ti y un 60% para mí. ¿Cómo ves?

Claro que le gustó la idea, y más animado me preguntó.

Bueno Lucerito, tú eres muy bonita, una puta bien rica y muy cogible, pero cómo serían los hombres que quieras que te traiga.?

Me sonreí y le dije. Mira amor. Te voy a platicar esto y así podrás ver mi gusto. ¿Sabes lo que es ninfómana?, mmm, no… tengo la idea, pero no bien.

Las ninfómanas somos mujeres que nos gusta el sexo, (en el hombre que le gusta mucho el sexo, se le llama satiriasis) que lo importante es que nos cojan. Sentir una verga dentro y que tenga estilo el hombre que nos haga sentir plenas.

Ruperto, quiero decirte que para mí, nunca fue determinante para tener sexo, que, si era guapo o rico, lo que siempre me ha interesado es el placer que me dan los hombres con sus vergas, ¿y sabes? A eso le dedico más, a los feos y viejos, pue sellos son más difíciles que consigan mujeres con buen cuerpo, pero a todos los tratos por igual. Me gusta darles amor, pues lo que ellos me dan es muy placentero para mí, así que trato de corresponder en todo, además, también me ayudan con el gasto de la casa.

Preocúpate de encontrar quien quiera pagarme bien.

¡Ah!, ¿sabes? También te comento que, desde chica, a los 7, 8 años, muchos me decían que tenía bonitas piernas, que si me cuidaba sería la atracción de los hombres. Después a los 8 años, casi 9, que pude platicar de esto con mi mamá, ella me daba consejos de como vestir y como ser con los hombres dependiendo de la edad, así que, con eso, se me despertó otra actitud.

El ser exhibicionista.

Por eso me gusta vestir muy provocativa, o muy puta, como lo quieras ver.

Por eso, no te preocupes, a quien me traigas lo hare sentir como ninguna mujer los ha tratado y más ahora, que tuve una regresión, que al decir del psicólogo es regresar a una actitud que de chico te dio cierto placer, y vuelves a tener esos mismos gustos o deseos. Es decir, hay personas que tienen regresión, por cualquier cosa, vuelven a agarrar actitudes o acciones que de chica las tenían y que ya en la madurez, a los 25, 30, etc., no hay edad, pueden volver a presentarse, y eso me pasó.

¿Cómo?, no comprendo bien.

Mira, con la experiencia del alumno que su mamá platicó conmigo, me hizo regresar a mis primeros años, a los 7 u 8, que me cogían, no sentía mucho, pero al verlos sobre mi hombro, su cara y con que ganas me cogían, me hacían sentir un placer diferente pero que gozaba, sentía orgullosa que podía satisfacer y calentar a mis compañeros de clase, o igual, de otro salón.

Mira, te explico.

Una vez, jugando básquet, un niño se me pegó y pude sentir su cosita dura entre mis pompis, después, no me quedé con las ganas y le dije, que le había sentido su cosa dura, y me dijo que era porque cuando me veía así, se le ponía, que eso era que creo, le gustaba yo.

¿De veras te gusto?, le pregunté, sí, mucho, otras veces me he sentido así, y sin más, le dije, ¿qué te gustaría o que sientes?

Pues creo que es eso de besarte o agarrarte tus pompis. Yo sentí curiosidad por saber que se sentía y pues ya no éramos unos bebés, ya muchas veces habíamos platicado entre compañeros de clase, sobre sexo y todo eso.

Sabíamos qué hacía el hombre y la mujer, y como lo hacían, y que nos vamos a la parte de atrás de los salones, donde se acomodan las bancas rotas y otros desperdicios, y le dije, así me agarró y me bajó el short, me colocó su verga en la entradita de mi culito, y empujó, como no entraba bien, aunque me dolía pero no era mucho, echo saliva y entró, al sentir como entraba y salía, mi sensación era muy rica, peros e me ocurre verlo por encima de mi hombro, y su cara de placer y como me veía y em decía, que rica putita aaa, pude sentir sus contracciones de su verga cuando estaba sintiendo su orgasmo.

Esa experiencia me dejó un placer de sentirme una heroína, de darle placer a los hombres. Pues eso regresó con el alumno de doce años, yo de 30, bueno, 29 años, casi 30.

Así que unos 20 días antes de mi cumpleaños 30, sentí una curiosidad mayor de poder querer satisfacer a los hombres, que tanto no tenían mucho sexo, como aquellos casados que sus mujeres no les daban oportunidad de satisfacerse.

Por eso Ruperto, aquí estoy, soy toda tuya, mi panocha, mi culo, mi boca, mi cuerpo, es tuyo, si aceptas el trabajo serás mi dueño, hazme como quieras, mira, quieres cogerme por mi culo, dame, o quieres que te la mame, y te vienes en mi boca, o te la mamo, y para terminar me la metes en mi culo o en mi panocha y terminas.

Sólo dos cosas que he vivido te voy a pedir, nada que me deje chupetones, bésame como quieras, pero no me dejes chupetón. Y la otra, nada que me cause dolor, bueno, dolor por algún maltrato, pues hay dolores más ricos, como si me la metes por mi culo, si tu verga es gruesa, me va a doler, pero es normal, o igual, si estas muy excitado, me ha pasado que me dan de nalgadas, me gusta mucho, pero a veces se pasan de fuertes. Que sean suaves, se lo dije con una sonrisa.

Bueno, dijo mi marido, interrumpiendo la plática. Como puedes ver, ella es una puta que estará a tu disposición, a partir de ahorita, pues al terminar este día de prueba, pues para eso es, para que la pruebes y la hagas como quieras, será tuya, yo seré un espectador. Pero si me gustaría comentarte algo que para mi fue y es importante, para que comprendas y sepas del porqué apoyo a mi mujer en esto.

–          No, si no es necesario que me digas, trato de entenderte.

–          ¿A si? ¿Y cómo qué?

–          Es que Lucerito es tan caliente que no le das lo suficiente.

Bueno, en parte tienes razón, dijo ella, pero no, no es tanto eso, es que tengo muchos deseos y curiosidad, pero lo que él quiere decirte es por todo lo que tuvo que pasar para que ahorita estés aquí viviendo esta experiencia.

Bueno, sí quieres, soy todo oídos.

Mira, dijo mi marido, yo me viene a dar cuenta como por el 8 de diciembre, cuando regresó a casa de su fiesta de fin de año en la escuela, pero ella, empezó, con esta experiencia que tuvo con su alumno el fin del año escolar, por el 29 de junio.

Cuando la caché el día que regresó de su fiesta, me hice el borracho, ella con confianza se quitó el suéter largo que traía y pude ver el tipo e vestido que se había llevado a la fiesta, cuando la cuestioné ella trató de buscar pretextos, pero era demasiado tarde para ella, me había dado cuenta de lo que había pasado, así que no le quedó otra de explicarme. Ese día, que llegó como a la 1 am, estuvimos platicando hasta que amaneció.

Bueno, esto lo platicaré ampliamente en la siguiente parte, la 4ta. El short rosa.

¿Por qué ese título?

A mi esposo le encantaba que me vistiera sexy, lo motivara, y eso no me causaba ningún esfuerzo. Un día llegó a casa con un short de algodón, color rosa, un poco delgado, por lo que al ponérmelo para que me lo viera, lo hice sin pantaleta, claro, a propósito, y se me marcó mi panocha, la costura se metió entre mis labios vaginales, dando una imagen muy motivadora para su gusto. Lo que hizo fue ponerse en cuclillas frente a mí, me puso sus manos en mis nalgas, y acercó su boca a mi vagina, sobre la tela, y empezó a mordisquearme, eso me causo una excitación tremenda y así, en pocos minutos tuve dos orgasmos, y…

Continuará…

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