Soñando de madrugada.

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Me despierta la alerta del celular con un mensaje. Es de Carlos, mi esposo. Recién desciende del avión y quiere avisarme que viene a casa. Hace tres semanas que se fue de viaje por el trabajo. 

-“Bonita, ya voy en camino; llego en veinte minutos. Despiértate, porque hoy no te salvas”.

Me sobresalta la premura del momento y deseo que se retrase el taxi para poder arreglarme un poco. Miro la hora; son las 4 de la madrugada. 

Me dirijo al baño para asearme un poco y ponerme las bragas de encaje rosa que le encantan. Cambio su camiseta vieja con la que suelo dormir por una de color negro ajustada que marca mis senos. Humecto mis labios y rocío perfume sobre mi cuerpo. 

Regreso a la cama y miro el reloj de nueva cuenta; estoy justa de tiempo. Me envuelvo entre las sábanas y me siento sobre la cama, recargando mi espalda sobre la cabecera. Es cuestión de esperar.

Mientras aguardo el momento, observo una foto de Carlos que siempre llevo en mi celular. Me la envió un día mientras manejaba por la carretera: sonriendo al volante, recargado sobre su mano, portando gafas oscuras y una camisa azul. 

Comienzo a tocarme por encima de las bragas sin dejar de observar esa fotografía. Suelo hacerlo siempre que Carlos está fuera de casa y yo estoy ganosa. 

En algún momento tiro el móvil de lado y sigo tocándome mientras cierro los ojos imaginando que son sus manos las que me recorren. Aguardo con ansias el momento en que las yemas de sus dedos pellizquen mis pezones y sus labios besen mi cuello. 

Un ruido interrumpe la fantasía; es el sonido de la llave abriendo el cerrojo de la puerta. Escucho el golpe del equipaje cayendo al suelo y después unos pasos que se dirigen hacia la recámara. Yo me muerdo los labios y pellizco con mis manos las sábanas, sintiendo un vacío de emoción en el estómago con cada paso que se aproxima.

-“Hola, guapo. Estás listo?”

Le pregunto riéndome mientras siento como una oleada de calor recorre todo mi cuerpo. Siempre intentamos hablar como si estuviéramos actuando en una película porno, pero al final terminamos como un par de tontos.

Carlos camina hacia mí y se sienta a mi lado sobre el borde de la cama. Comienza a darme besos entrecortados mientras se quita la ropa con la calma que lo caracteriza. Roza la cara interna de mis muslos con sus dedos, subiendo despacio hasta llegar a la entrepierna. 

-“Mmmhmmm… ya estás mojada, bonita. Déjame ayudarte.” 

Con sus manos toma mis tobillos y los coloca hacia los lados hasta quedar con las piernas abiertas. Sin quitarme las bragas, las pone de lado y me mete dos dedos lentamente mientras besa mi cuello. Yo sigo tocándome, arqueando mi espalda recargada contra el muro, apretando la otra mano contra el colchón al tiempo que gimo de placer. Cada embestida hace que abra más las piernas y que mueva mi cadera al ritmo de su mano. 

-“Dime que te está gustando…”

-“Mucho, cariño! No te detengas… ahí, mi vida, ahí…”

Mis piernas se cierran de golpe, aprisionando nuestras manos, dándonos un beso profundo que ahoga todos mis gemidos. Tenía tres semanas sin sacarme un orgasmo. 

Seguimos besándonos en medio de la madrugada mientras espera a que mis piernas se relajen para poder sacar sus dedos de mí.

Cuando retomo el aliento, me toma de las manos para ponerme de pie. Carlos sigue sentado y me coloca de frente. Pasa sus manos por mi cuerpo y me besa el vientre, el hueso de la cadera, los costados, y con cada beso va dejando un rastro de saliva sobre mi piel. 

Levanta la mirada, sonriendo. Sus ojos tienen un aire de ternura que me derrite.

Tira de mis bragas hasta que llegan el piso y después me jala por el culo para colocarme encima de él. Me siento a horcajadas y me saca la camiseta con movimientos torpes hasta liberar mis senos, que terminan quedando a la altura de sus labios. Aprieta mis tetas con su mano para aprisionar mis pezones y los lame con la punta de la lengua. Me gusta escucharlo gemir mientras sus labios succionan como si estuviese hambriento.  Yo me abrazo a él, pegando su cara contra mi cuerpo, sintiendo el vello de su barba rasparme la piel. Él me mira de reojo y me tira sonrisas pícaras cuando libera mis pezones en espera de mis súplicas para retomar el movimiento. 

Después juega en mi concha con su pene. La cabeza oprime ligeramente la entrada y se desliza con facilidad, haciendo que se erice la piel. 

Me levanta suavemente y me penetra de golpe. Lanzamos al unísono un gemido que deja en claro lo mucho que echábamos de menos una cogida. 

Rodeo sus hombros con mis brazos y comienzo a moverme mientras recorro su rostro con besos tiernos. Carlos me abraza por la cintura y se pega contra mi pecho, haciendo un esfuerzo por dejarse mimar.  

-“Carlos… está tan dura, amor… cógeme así, cielo” 

Le susurro entre gemidos suaves mientras paso mis manos por su nuca, en tanto que él  aprieta mis nalgas con sus manos, intentando besarme con movimientos poco controlados. 

Se detiene de golpe y me tumba boca abajo sobre la cama. Usa su lengua para recorrerme a lo largo de la espalda hasta llegar al culo. Me besa las nalgas, las amasa y golpea mientras mete un almohadón por debajo de mi cadera. De nuevo comienza a cogerme de golpe, sujetándome de los costados y deteniéndose por momentos para besarme la espalda. Yo respingo más el culo para sentir cómo entra y sale de mí sin descanso. 

De pronto, siento un último golpe de su cadera contra mis nalgas y lo escucho gemir mientras se viene dentro de mí.

-“Bonita… bonita mía… ”.

Su cadera se tensa contra mis nalgas y yo muevo el culo en movimientos circulares para exprimir lo último de Carlos. Se tumba encima de mí y continúa besándome la espalda.

Nos quedamos un momento recostados, insistiendo en lo mucho que hacía falta una madrugada como ésta. 

Con calma, Carlos sale de mí y me da un último beso en las nalgas antes de irse al baño. Yo me quedo en la cama, buscando la ropa que traía puesta y tratando de acomodar un poco la zona de guerra. 

Nos acostamos abrazados, recargando mi cabeza sobre su pecho. Carlos me da un beso en la frente antes de cerrar los ojos. 

-“Extraño mucho dormir contigo cuando estoy lejos de casa…”

Susurra Carlos mientras acaricio despacio su barbilla con mis dedos y poco a poco caemos en un sueño profundo. 

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