madre e hija

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Aunque este relato bien podría haber ido en la categoría lésbica, he considerado más adecuado publicarlo aquí ya que el hilo conductor tiene más que ver con la filiación que con la orientación sexual. Mi idea es seguir publicando una línea de relatos explotando la sexualidad de estos personajes, los cuales publicaré en las categorías que mejor considere que se acercan al núcleo narrativo. Sin más, les dejo aquí el primero de un número indeterminado, espero sinceramente que lo disfruten.

Alicia entró en el portal de su casa pasada sobradamente las 21:30 de la noche del viernes, se frotó el talón del pie que le llevaba machacando un rato por culpa de los tacones. Mientras que para la mayoría de la gente el viernes solía ser un día con menor carga laboral, no lo era para ella. La empresa en la que trabajaba estaba ultimando un proyecto y el plazo final estaba alarmantemente cerca lo que obligó a ella y a su equipo a ampliar su jornada a fin de recortar todo los posible el retraso acumulado. Sabiendo que no iba a estar pronto en casa para preparar la cena abrió el whatsapp, seleccionó el contacto “Tamara❤”

Amor, mira a ver que encuentras para cenar.

Hoy llegare algo tarde

18:03

Tamara❤

Holii!!! No te preocupes por la cena,

 yo me ocupo de ello.

 Bsss Tqm ❤❤

                                           18:35

Había sido un día realmente agotador, continuas reuniones, llamadas, desplazamientos de uno a otro departamento, etc. Al final parecía que podrían entregarlo a tiempo, pero ahora solo quería llegar a casa, tirarse en el sofá y descansar de una semana realmente agotadora.

Alicia era lo que en un argot informal podía calificarse de “mujer de bandera”, o como se dice ahora, una “MILF”. Tenía 42 años muy bien llevados con cuerpo de 1,73 m de alto al que había moldeado en el gimnasio haciendo aerobic y fitness. Uno de sus elementos más singulares era una larga cabellera rubia y lisa que le llegaba poco más arriba de sus glúteos, trabajados en el gimnasio; sus pechos, sin ser exagerados podían calificarse como grandes, los cuales eran el centro de atención de cuantos hombres…y, algunas veces, mujeres se cruzaban con ella.

Salió del ascensor en la 5ª planta del edificio donde vivía y se dirigió a la puerta B, por fin en casa. Metió la llave en la cerradura, la giró y entró en su hogar.

-Ya estoy en casa

-Hola mamá, ¡bienvenida!

La que había hablado era su hija, Tamara, con la que vivía sola. Alicia colgó el bolso en el perchero y dejando los zapatos en el recibidor se dirigió al sofá donde se dejó caer rendida. La cabeza de su hija asomó por la puerta de la cocina:

-He pedido una pizza para cenar, debería llegar en 10 minutos. Dijo con una sonrisa angelical.

Pizza…otra vez…ains– pensó Alicia, entornando los ojos y sonriendo para sus adentros. Tamara era una buena chica, buena estudiante, responsable con la limpieza de la casa… y una autentica negada en la cocina. Lo cual implicaba que todas las veces que Alicia llegaba tarde la cena consistiera en pizza, kebab, hamburguesa o demás comida rápida que luego se veía obligada a quemar haciendo horas extra en el gimnasio.

Cuando salió de su ensimismamiento, vio a su sonriente hija asomada a la puerta mientras en su mano agitaba suavemente un botellín de cerveza a fin de atraer su atención.

– Eeeooo ¿Quieres?

-Uf, si por Dios, gracias cariño.

Tamara salió de la cocina con el botellín de su madre en una mano mientras que en la otra llevaba un vaso de coca-cola para sí misma, le alcanzó la cerveza a su madre quien dio un trago antes de lanzar una exclamación de gusto mientras su hija se recostaba sobre el reposabrazos del sofá.

Alicia no pudo evitar mirar a su hija, una jovencita de cara ligeramente redondeada, con una bonita sonrisa y unos expresivos ojos marrones, más bajita que su madre medía 1.65m. delgada, propietaria de una densa melena castaña ondulada que le llegaba a la mitad de la espalda, vestía un pijama corto azul celeste en el cual se adivinaban unos pechos aun pequeños pero prometedores, no así su maravilloso culo, un culito redondito y respingón el cual hacía que todo aquel que lo mirase quisiera sobarlo o tocarlo como si fueran unos bongos, su madre la primera.

Durante el tiempo que esperaban la pizza, estuvieron hablando de trivialidades hasta que a los 10 minutos llamaron al timbre. Tamara se levantó disparada hacia el hall a recoger la pizza y Alicia supuso que debía tener hambre pues cuando volvió al salón ya traía la caja abierta y doblada, lista para ponerla en la mesa. Comieron en silencio, una más que nada por el cansancio, y la otra por puro hambre. Alicia no podía evitar preguntarse dónde narices metía su hija todo lo que comía porque, sin ser muy deportista, siempre mantenía su delgada figura. Había caído ya ¾ de la pizza cuando ambas se consideraron saciadas, Alicia se recostó sobre el reposabrazos del sofá, momento que aprovechó su hija para recostarse en ella

– Entonces ¿Cómo fue el trabajo ma’? ¿Todavía estáis con ese proyecto? – Preguntó Tamara recostada sobre las piernas de su madre.

-Si hija, aún estamos con ello y con reuniones y con trabajos con el plazo justo y con clientes que dan por culoNecesito relajarme porque vaya semanita llevo. – Dijo mientras se llevaba frotaba las sienes con un bufido de fastidio.

– ¿Y … hay algo que yo pueda hacer …para ayudarte? ¿Mm? – contestó su hija con tono y sonrisa inocente mientras con el dedo le dibujaba círculos en el muslo.

Alicia se sonrió, se incorporó dejando la cabeza de su hija sobre sus piernas, que la miraba tumbada boca arriba, y adoptó una pose pensativa, como si se le hubiera ocurrido una idea genial.

-Sí, ahora que lo dices, hay algo que podrías hacer. – Se inclinó sobre su hija, acercando su boca a su oído mientras deslizaba suavemente una mano por el costado de su hija – ¿Qué te parece si…? – Dijo susurrando en su oído.

Manteniendo su bonita sonrisa, los ojos de Tamara se abrieron un poco más y adquirieron un brillo, un brillo pícaro. Sabía lo que su madre quería…y a ella le encantaba.

Eso está hecho mami– dijo mientas le daba un suave pico en los labios. –Tu dúchate y déjame que ya recojo esto– pidió mientras se levantaba momento en el cual Alicia aprovechó un cachete en el pantalón de pijama

Ouch– ronroneó Tamara mientras contoneaba sus caderas en dirección a la cocina.

Ya en el baño, Alicia se despojó de su ropa y se introdujo en la ducha, abrió el agua caliente y dejó que esta mojase y calentase su cuerpo, relajando sus músculos. Alicia decidió no usar esponja esta vez, por ello fueron sus propias manos las que recorrieron cada centímetro de su piel aplicando el gel de ducha, en brazos, piernas, pechos. Adoraba sus pechos firmes, redondos; continúo frotándolos un rato, simplemente por el placer que sentía al hacerlo; posteriormente sus muslos, glúteos y finalmente su vagina. Dirigió la alcachofa de la ducha a ese punto mientras se enjabonaba, sus dedos y el agua caliente golpeando su clítoris hicieron que la excitación de Alicia aumentase, se metió un dedo, después dos y cerró los ojos cuando un sordo gemido junto a un respingo azotó su cuerpo. Inmediatamente paro la masturbación, no convenía precipitarse. Giro el manillar del agua 180º y un agua helada salpico cada centímetro de su ser, después de la relajación del agua caliente siempre gustaba de sentir la activación que le provocaba agua fría, que además ponía sus pezones erectos. Salió de la ducha, se secó cuerpo y pelo y se dirigió despacio a su habitación, desnuda, donde dejó encendida tan solo la tenue luz de las lámparas y se dirigió a su cama de matrimonio. Se recostó sobre sus almohadas en el respaldo de la cama, apoyándose con los brazos en el cabecero. Abrió sus piernas.

-Cariño, ven con mamá- haciendo especial énfasis en “mamá”.

Al momento, por un lateral de la puerta del cuarto apareció Tamara, tal como Dios la trajo al mundo. Su melena castaña estaba echada hacia delante tapando sus pechos, apoyó su espalda en el dintel de la puerta doblando una pierna y mientras una mano bajaba sensualmente por su muslo la otra agarraba una manzana a medio comer. Tamara mordió suavemente la manzana y mientras sonaba el “crac” miró a su madre con una sonrisa traviesa y una mirada nada inocente. Alicia no pudo si no preguntarse si una visión similar fue la que impulsó a Adán a morder la fruta prohibida, porque de ser así, pensó, nadie podría habérselo reprochado. La joven arrojó la manzana hacia tras con estudiado descuido y avanzó despacio cuan modelo de pasarela masticando tranquilamente la manzana hacia los pies de la cama, se subió y avanzó a gatas hacia a su madre contoneando sus caderas, relamiéndose y mordiéndose el labio inferior. Se incorporó de rodillas frente a ella y se fundieron en un beso; primero corto, después más largo, evolucionando a tornillo. Mientras sus lenguas se buscaban y retorcían sin parar, las manos de Tamara buscaron los pechos de su madre a la par que ésta con una mano le sujetaba la cabeza y la otra acariciaba el culo de su hija. Tamara paso de la boca a las tetas de su madre y mientras sus manos amasaban ambas su boca iba alternándose entre los pezones, sorbiendo, mordiendo y chupando indistintamente.

La excitación de Alicia crecía por momentos, su hija trabajaba sus pechos con gran habilidad, Tamara volvió a colocarse a la altura de su cara y se fundieron en un beso de amantes, largo y apasionado. Cuando sus labios se separaron Alicia cogió con ambas manos la cabeza de su hija, la miro a los ojos y, moviendo suavemente la cabeza en gesto de asentimiento, le susurró

-Hora del postre mi amor, comete a mami.

Tamara no necesitaba más, la sonrisa y la mirada de deseo que le dirigió a su madre fueron más elocuentes que cualquier palabra que pudiera pronunciar. Sin dejar de mirarle a los ojos se relamió con lascivia y se tumbó frente a su monte de venus, objeto de adoración que le esperaba entre las piernas abiertas de par en par de su madre, la cual volvía a recostarse apoyándose sobre el respaldo, lista para una larga y satisfactoria comida de coño.

Tamara inició besando suavemente la cara interna de los muslos, mientras acariciaba delicadamente con las uñas y las yemas de sus dedos los alrededores de la vagina de su madre. Conforme los besos se iban acercando desde los muslos a la vagina fueron sus manos las que se desplazaron a acariciar los muslos, mientras que con su boca fue besando despacio alrededor de la vagina haciendo un circulo, podía sentir que la respiración de su madre se aceleraba ante la proximidad de sus labios. Tamara besó suavemente la derecha, después la izquierda, bajo a la parte inferior de la raja de su madre y sacando la lengua lamió suavemente hacia arriba hasta que llegó, para gran alivio de su madre, al clítoris. Lo lamió, lo besó y se lo metió en la boca succionándolo ligeramente mientras sus manos empezaban a separar los labios mayores y menores mientras oía los primeros suspiros de su madre quien había cerrado los ojos para concentrarse en las sensaciones a la vez que se acariciaba sus pechos. Su hija comenzó entonces un movimiento repetitivo de lengua de abajo a arriba asegurándose de que la lengua quedaba lo más plana posible para abarcar mayor superficie de vagina, mas cuando se iba acercando al clítoris contraía la lengua a fin de ejercer una mayor presión sobre éste antes de succionarlo cada vez con mayor avidez. No llevaba un minuto realizando esa operación cuando empezó a notar que la vagina de su madre empezaba a humedecerse, señal de que estaba habiendo un buen trabajo, aunque los gemidos y suspiros de Alicia ya le decían todo. Comenzó entonces uno de sus movimientos estrella, succionaba fuertemente el clítoris para después mover a gran velocidad la lengua de izquierda a derecha provocando que todas las terminaciones nerviosas enviasen sin parar impulsos del placer.

-Ahhhhh…sssiii…que bueno…sigue así, tesoro… ¡No pares! Ahhh…ahhh…uufff. -Gemía suavemente la madre, cada vez más excitada.

Las lamidas de Tamara aumentaron de intensidad, centrándose sobre todo en la rajita y los labios mientras que con la mano masajeaba el clítoris al que de vez en cuando le dedicaba un beso, una succión o incluso un suave mordisco, momento en el cual su madre no podía sino ahogar un grito.

La hija, ante la excitación de su madre comenzó unos ejercicios más intensos y, enterrando profundamente su cara en el coño de su madre, comenzó a mover la lengua ávidamente dibujando en su vagina el abecedario. Ante la intensidad de las lamidas Alicia colocó sus manos en la cabeza de su hija, lo que le permitía ajustar el ritmo y de vez en cuando hacer que hundiera más la lengua en su interior mientras se mordía el labio para no gritar de gusto por lo que le hacía su hija. Notó un leve empujón en la mano, Tamara estaba intentando alejar su cabeza pues Alicia, en su celo, no se percató de que había presionado mucho y su hija necesitaba coger aire.

Aaahhhh…uf…uf…arf. -Jadeaba Tamara aspirando al fin aire antes de seguir con la tarea mientras su madre jugueteaba con su pelo a modo de disculpa.

Sin dejar de asegurarse de mantener la cabeza de Tamara entre las piernas, Alicia se estiró hacia un cajón de la mesita de noche de donde saco un paquete de cigarrillos de 120mm, más largos que los habituales. Lo cierto es que Alicia no era una fumadora habitual, nunca fumaba en su vida diaria, era de esas personas que no se veía afectada por el efecto adictivo del tabaco, pero de la misma forma que otras personas fuman después del sexo, a ella lo que le gustaba era hacerlo follando.

Mientras su hija seguía devorando ávidamente su coño, Alicia encendió el cigarrillo y le dio una larga calada, disfrutando su sabor y exhalado el denso humo despacio. Alicia gimió y se mordió ligeramente el labio al notar como su hija había empezado a introducirle los dedos en la vagina, primero uno, después dos, y finalmente tres mientras su lengua no dejaba de trabajar en el clítoris. Fue aumentando el ritmo lentamente, y cambió la postura de sus dedos haciendo que formasen un gancho hacia arriba buscando estimular su punto G mientras que su boca comenzaba a realizar ejercicios de succión y algún mordisquito en el clítoris, haciendo que los nervios de su madre se tensasen. Mientras tanto Alicia masajeaba sus pechos y pezones mientras disfrutaba del espectáculo de su hija comiéndosela literalmente.

Ssssiii…esso es mi amor…asssiii…comete a tu madre…aaahhhh– Mientras agarraba a su hija del pelo y le frotaba la pelvis en la cara, poniéndosela perdida de babas y jugos.

Tamara, lejos de hacer siquiera un mohín disfrutaba como una loca de su madre. Sacó los dedos de dentro de la vagina y se tumbó ligeramente de lado mirando a su madre, que la observaba en silencio mientras daba nueva calada a su cigarrillo, y se chupó los dedos como si fueren una piruleta y volvió a su postura anterior lista para seguir tomando su postre. Volvió a aumentar la intensidad de las lamidas, sus manos acariciaban las ingles y los labios exteriores de su madre. Alicia estaba súper excitada, el coño le chorreaba, aunque ya no podía saber que era suyo y que era de su hija de lo empapado que estaba; sus suspiros y jadeos aumentaron de intensidad los cuales no pasaron desapercibido para Tamara que deslizó suavemente una mano buscando su propio clítoris mientras colocaba su lengua en punta a fin de follarse a su madre con ella como si fuese un pequeño pene. Ésta no pudo evitar cerrar los ojos y contraer las piernas del espasmo que le sobrevino.

aahhh… ¡joder! ¡Ah!

Su cadera ya se movía sola acompasándose a la perfección con los movimientos de su hija, que le tenía el clítoris en un estado de excitación máxima. Aprovechando un momento en que la lengua de Tamara estaba lamiendo apasionadamente en movimientos verticales, le agarró de improvisto la cabeza firmemente, forzándola a seguir practicándole el cunnilingus sin poder apartarse. Al principio su hija mantuvo el ritmo, pero conforme pasaban los segundos y se le agotaban las reservas de aire empezó a forcejear para liberarse. Alicia la tuvo así unos cuantos segundos más y, excitada por la situación, froto fuertemente su vagina contra la cara de su hija y la libero de su agarre. Tamara se dio la vuelta sobre si misma hasta queda boca arriba mirando al techo mientras daba grandes bocanadas en busca de aire, todo esto sin apartar su mano de su chochito el cual ya empezaba a mostrar una ligera humedad ante la sonriente mirada de su orgullosa madre.

Alicia dio la última calada a su cigarrillo y exhalo el humo despacio, sensualmente y lo apagó en el cenicero cercano; realmente Tamara había hecho un gran trabajo ahí abajo, pero Alicia necesitaba más así que, cogiendo suavemente el mentón de su hija, le hizo levantarse hasta su altura y le dio un profundo y largo beso saboreando sus propios jugos que aún permanecían en la boca de su hija.

Hija, quiero que me la metas, quiero que me penetres, y lo quiero…lo necesito… ahora.

La respuesta de su hija no se hizo esperar, le devolvió un beso igual de apasionado que el anterior y sin decir nada se dirigió a unos de los cajones de la mesilla de noche de dónde sacó un cinturón de arnés del que colgaba una gorda polla de látex hiperrealista de unos considerables 23 cm. Tamara se ajustó el cinturón y se acercó a su madre, la cual agarró el inmenso falo con una mano, le escupió y comenzó a pajearlo y lamerlo mientras miraba fijamente a los ojos de su hija para darle una mínima lubricación mientras su otra mano no dejaba de masturbarse. Cuando consideró que el consolador estaba suficientemente lubricado le guiñó el ojo a su hija quien, poniéndose de rodillas frente a su madre que la esperaba con las piernas abiertas y masajeándose el clítoris delicadamente, apuntó el falo de goma a la entrada de la vagina de su madre. Podía sentir su creciente ansia, su coño chorreaba, su respiración era entrecortada, presionó levemente y sintió como su madre comenzaba un suave jadeo…y la penetró de un golpe seco. El cuerpo de Alicia se estremeció como si le hubieran dado una descarga eléctrica, su respiración se detuvo. Fue un instante, un instante en el que el cerebro de Alicia colapso y después gimió de gusto

– ¡AAAGGHH! ……aghh……aaah.

Tamara volvió a empujar, y después otra vez, aumentando el ritmo paulatinamente, pero asegurándose siempre de que su madre recibía la totalidad del consolador en su interior con unos violentos golpes de cadera. Tamara sabía que lo que de verdad le gustaba a su madre cuando usaban el dildo era ser penetrada duramente y, gracias a la sesión de sexo oral que le había dado no iba a haber problemas con la lubricación por lo tanto todo lo que tenía que hacer era enterrar profundamente la polla de látex dentro de su madre, sin pausa, sin piedad.

Mientras la penetraba, amasaba apasionadamente los pechos de su madre, le lamía los pezones, se los pellizcaba mientras ésta solo podía jadear, y arañar la espalda y el culo de Tamara que empezaba a jadear a su vez tanto por la excitación de follarse a su madre como por el esfuerzo físico que le suponía el complacerla. Tras unos minutos de continuo bombeo los cuerpos de ambas empezaban a mostrar síntomas de sudoración. Alicia estaba disfrutando enormemente de las atenciones de su hija, pero se recordó que ella también tenía derecho a disfrutar por lo que consideró que ya era hora de ir cambiando. Mientras su hija jadeaba por el esfuerzo de llenar su vagina de polla, Alicia le cogió de la cabeza con una mano y, mientras le deba un profundo beso como agradecimiento por su labor, llevó la otra mano a su vagina para hacer de tope y detener el constante asedio que ésta sufría por parte de su hija.

-Muy bien hija, lo has hecho muy bien. Ahora mami te va a mostrar cómo está de agradecida.

La joven asintió levemente y comenzó a retirar el dildo de la vagina de su madre, mientras ésta distraídamente le acariciaba el pelo y le apartaba algunos mechones de la cara, Tamara aprovechó para, de manera improvista introducirle de golpe el consolador de un rápido y fuerte golpe de cadera. La reacción instintiva de Alicia ante un ataque semejante fue abrazarse a su hija mientras pegaba un grito más de placer que de dolor, este movimiento le había pillado por sorpresa.

– ¡AAAHHHH! … ¡AHH! …aahhh…uufff

Finalizado ese pequeño momento de éxtasis, Madre hija se miraron, una con cara de sorpresa aun suspirando; la otra mostrando una pícara sonrisa y una mirada de quien sabe que ha hecho una travesura y que le ha salido bien.

-Tamara, eso…ha sido… ¡AHHHG!… ¡joder…joder! …ahhh

De nuevo Tamara había aprovechado que su madre había bajado la guardia para embestir en un movimiento similar esta vez mirándola fijamente y mordiéndose el labio en señal de desafío. Inevitablemente Alicia sufrió por segunda vez un gran espasmo de placer. Esta vez Tamara sí se retiró del todo y ante la todavía sorprendida cara de su madre le guiño un ojo y le lanzo un beso al aire. Alicia agarro suavemente a su hija del pelo, la atrajo hacia sí y tras un beso que hablaba de paz, sin separarse, la miró a los ojos

Ahora vas a ver lo que es bueno, pequeña zorra– Mientras le propinaba un cariñoso pero sonoro cachete en la nalga para que se apartase.

Alicia estiró la mano hacia el cajón de su mesilla, lo abrió y saco de allí otro cinturón con armes. Sin embargo, este era un arnés doble, tenía en el frontal un falo de menores dimensiones, aunque no menos realista y el otro lado contaba además de un vibrador para quien portaba el cinturón. Nada más verlo pareció que a Tamara se le pasaban los síntomas de cansancio y el brillo en sus ojos revelaba que era plenamente consciente de lo que iba a pasar en un momento. Mientras Alicia procedía a ponerse su cinturón su hija comenzó a quitarse el suyo, pero su madre tenía otros planes, se sentía un poco fetichista.

-No, no, no, no cariño, no te lo quites, déjatelo puesto

Tamara sonrió y mirando a su madre con ojos de corderito puso voz de niña tímida y buena

– ¿Mama quiere que su hija tenga polla? Dijo mientras simulaba una lenta paja y lanzaba un beso al aire hacia su madre y sonrió, mostrando su conformidad con la idea.

Alicia se incorporó de pie en la cama y poniéndose frente su hija, que permanecía arrodillada con las manos en los muslos, con una mano sujetó el arnés frente a ella y la otra se posó en la cabeza de su hija, le acarició suavemente el pelo y llevo la mano a su nuca. Se miraron a los ojos y tras medio segundo de contacto visual en la cual se dijeron que estaban listas Alicia tomó el mando:

-Abre grande amor, abre bien.

Sin dejar de mirar a su madre, Tamara abrió su boca y sacó la lengua lista para recibir el dildo de su madre quien se lo introdujo suavemente a fin de que la joven le hiciera una mamada para lubricarlo antes de enterrarlo en su interior. Tamara empezó una lenta felación usando únicamente su boca, recorriendo con la lengua la longitud del miembro, apretando con sus labios el glande con el que jugueteaba usando su lengua, fue aumentando paulatinamente la profundidad a la que se introducía el juguete hasta que llegó al tope, se quedó un momento parada, acostumbrando su boca al falo y disfrutando con la sensación de tenerla llena. Se retiró lentamente y repitió la operación varias veces a fin de dejarlo bien ensalivado. Por su parte, Alicia movía las caderas en un suave vaivén mientras acariciaba el pelo de su pequeña mamona.

-Siii, eso es cariño…métetela toda…así…lubrícala bien…enseña a mamá como sabes chupar una polla.

Aprovechando uno de los momentos en que Tamara tenía el falo incrustado hasta la garganta, aprovechó para sujetarle la cabeza y a aumentar la velocidad de su vaivén.

-Toma…así…grande…mírame…mírame te he dicho… ¿te gusta lo que te hace mami? … ¿te gusta que te folle la boca? ¿mmm?

Tamara no tenía más opción que aguantar, sus ojos empezaron a lagrimear mientras mantenía el contacto visual con su madre, sabía lo mucho que le gustaba verle la cara mientras le ahogaba con el consolador. A los pocos segundos notó como la polla le tocó la campanilla activando de manera inevitable el reflejo del vómito. Tamara sufrió una fuerte arcada que hizo que su madre la liberase de su agarre y le sacase el consolador; la joven estaba jadeando y clamando por aire mas el dildo quedado totalmente cubierto de saliva, listo para introducirse en el coñito de la joven.

Alicia se recostó boca arriba en la cama y activó el vibrador, mientras tanto Tamara se subía a horcajadas situando su vagina pegada el dildo, comenzó frotándolo contra la entrada de su vagina, notando como la punta de tocaba el clítoris lo que le provoco los primeros cosquilleos de placer, entonces separo sus labios vaginales con una mano mientras que con la otra sujetaba la polla de látex frente a su entrada. Primero la introdujo un poco, gimió y subió de nuevo su pelvis; de nuevo bajó introduciéndose lentamente ahora hasta la mitad de la longitud de la polla; volvió a subir en medio de un suave gemido; y volvió a bajar, despacio, primero hasta el glande; paró un instante y siguió bajando hasta la mitad. En ese momento dirigió a su madre, que no perdía detalle del ritual de su hija, una sonrisa cómplice; cerró los ojos, inhaló suavemente por la nariz y se dejó caer, empalándose lo que quedaba de dildo de golpe. Esto le hizo pegar un profundo suspiro por el repentino aluvión de sensaciones que le hizo echar la cabeza hacia atrás, arqueó la espalda apoyando sus manos en las piernas de su madre, mientras su cuerpo se recuperaba de la repentina oleada de placer.

Permaneció así unos segundos, asimilando todo el placer que sentía y lentamente inicio un suave trabajo de caderas moviéndolas en círculos y de atrás hacia delante mientras con las manos se acariciaba sus pechos y jugueteaba con su melena mirando a su madre con picardía. Alicia amasaba con intensidad sus propios pechos y, mientras un pezón recibía suaves pellizcos, el otro recibía la atención de su lengua; el vibrador que tenía enchufado le provocaba un cosquilleo de placer constante en su interior y sumado a la visión de su hija sobre ella follándose era un conjunto que tenía a la afortunada madre a mil. Tamara fue aumentando paulatinamente el ritmo, mientras los suspiros no dejaban de salir de su boca y empezó a cabalgar a su madre como si fuera una amazona.

-ah…ah..ah…ssssiiii….ma…ma…¡más!….ufff, que gusto…ahhh…Dios ¡Síi!

 Alicia, caliente por la situación, aumentó un punto más la intensidad de su vibrador mientas sujetaba de las caderas a su amante y le ayudaba con la penetración empujando ella misma con su cadera. Los jadeos y suspiros fueron aumentando de intensidad, hasta que Tamara se dejó caer sobre el pecho de su madre, se fundieron en un húmedo beso mientras Alicia seguía percutiendo el coño de su hija sin prisa pero sin pausa, sin que ésta pudiese hacer mucho más que jadear de gusto. Pero no estaba dispuesta a quedarse así así que mientras su madre le follaba ella comenzó de nuevo con su fetiche por las tetas de su madre, las amasaba como si fuera una pastelera, estrujándolas, lamiendo sus pezones, mordiendo y succionando lo que le provocaba a Alicia continuaos espasmos de placer que reflejaba a su vez en los pellizcos y azotes que propinaba en el culo de su traviesa hija.

Debido a la continua vibración Alicia empezó a notar una sensación familiar en su interior, sabía que se estaba acercando al orgasmo y, si conocía bien a su hija, ella tampoco debía andar muy lejos, de hecho, Tamara ya no articulaba palabra alguna, todo lo que salía de su boca no eran más que jadeos y suspiros. En ese momento Alicia supo que había llegado la hora de la traca final.

Detuvo el asedio al que estaba sometiendo a su hija, le levantó la cabeza que tenía hundida en sus tetas y apartó el pelo ya le cubría ya la cara para ver el sudoroso y cansado rostro de su hija, que le devolvió la mirada con una sonrisa respirando fuertemente, pero, aunque la mirada mostraba cansancio, había un brillo que seguía pidiendo juego.

-Date la vuelta amor mío. Déjame llevarte al paraíso.

La cansada sonrisa de Tamara se ensanchó ligeramente mientras respiraba con agitación, sin tomarse siquiera la molestia de apartarse el pelo de la cara, se dio la vuelta hacia los pies de la cama, que daba a la puerta, la cual daba a un corto pasillo con un gran espejo al otro lado desde donde pudo contemplar a ambas, decidida a no perder detalle se colocó en posición perrito apoyada sobre sus antebrazos. La casa estaba a oscuras, la única luz que había provenía de la tenue iluminación de las lámparas de las mesillas de noche. Tamara se vio a sí misma a cuatro patas, sudando, respirando fuertemente, con el pelo revuelto y la cara sucia de sudor, babas y fluidos vaginales y sin olvidar del arnés que aun colgaba de su cintura y que casi tocaba la cama. De la dulce y angelical hija que había recibido a su madre hacía unas pocas horas no quedaba nada.  Vio a su madre, escultural, incorporarse de pie en la cama detrás de ella, con su piel y especialmente sus tetas, brillando por el sudor y la humedad. La vio estirarse y echar su melena hacia el lado izquierdo de su cara; sonrió al espejo con malicia, sabía que Tamara no se estaba perdiendo detalle y con el pie acarició levemente su clítoris haciendo que se estremeciese y lanzase un gemido sordo. Alicia se situó de rodillas tras su hija, era su forma preferida para acabar, podía acceder fácilmente a cualquier rincón de su cuerpo, controlándola, y Tamara en cambio solo tenía que centrarse en disfrutar.

Alicia se inclinó sobre su hija, apartándole el pelo y besándola suavemente el cuello mientras acariciaba sus costados con las unas provocándole un cosquilleo, continuó besando su espalda mientras hacia abajo mientras le sobaba sus pequeños pechos. Tamara solo podía suspirar y arquear la espalda como respuesta a esos estímulos. Cuando llegó a la parte baja de la espalda, introdujo su mano bajo las piernas, le masajeó suavemente el clítoris lo que provocó que las piernas de Tamara temblasen de la excitación. Alicia subió un nivel más su vibrador, un espasmo recorrió su cuerpo, sabía que no iba a poder aguantar mucho más; coloco el arnés a la entrada de la vagina de su hija y comenzó a meterlo de seguido. Aunque ya estaba más que acostumbrada a la sensación del dildo enterrándose en sí, el cuerpo de Tamara no pudo sino estremecerse de gusto al sentir se nuevo el juguete entrando

 –mmmmmm– gimió suavemente. Una vez metido, Alicia lo saco lentamente, regodeándose en los suspiros de su hija, que se agarraba fuertemente a las sabanas y, una vez fuera, tomo aire y lo enterró de un solo golpe hasta el final lo que hizo que Tamara se paralizase y diese un grito el cual antes de acabar ya era un jadeo de placer a pesar de la lagrimas que corrían por sus mejillas.

– ¡AAAAGGGHHH! ……¡Aagh!¡AAAHH!

-Uffff, ya no eres tan chulita ¿eh? Te voy a follar…mmmmm…siii… ¡te voy a joder hasta que no puedas más! –Dijo en respuesta a las dos embestidas sorpresa que le había dado ella.

Alicia suspiro satisfecha de la clavada y alargo la mano hacia la mesilla de noche donde extrajo otro cigarrillo de la cajetilla, mientras lo encendía e inhalaba pausadamente Tamara había empezado ella misma a follarse lentamente gimiendo cada vez que se enterraba la polla. Su madre exhalo y, con una sonrisa perversa puso su vibrador al máximo que le hizo sentir un intenso impulso eléctrico en su interior, agarró a su hija de las caderas y empezó a bombear con fuerza, sacando y metiendo la polla de látex en su totalidad, ignorando los jadeos de su hija que no era capaz ya de articular palabra tales eran las sensaciones que le recorrían. Alicia aumento el ritmo acorde a su propio estado de excitación, nalgeando a su jadeante potrilla mientras daba profundas clavadas inmersa en sus propias sensaciones. Mientras su hija no cesaba de gemir y rogar.

– ¡Toma! …mmmm. ¿te gusta? ¿eh?… siii… esto te gusta… vamos pequeña… correte…correte para mami…uuuffff

-Ah…ah…ma…mamá…pfff…por …favor. AAGGHH. ¡Ay!, aahhhh ¡ay!

Repentinamente sintió la familiar sensación de la inmediatez de orgasmo que venía desbocado y sin frenos, apretando el cigarrillo con los labios agarro a su hija con una mano por la cintura y la otra le recogió el pelo en una coleta de la cual tiró como si fuesen las riendas provocándole a Tamara un repentino tirón

-Ahhh… AAAAAAYYYYYY…AAHHGG…NOOOO…AAAYYYY– Gritó grito en medio de los jadeos mientras su madre ya la perforaba sin piedad alguna.

Ambas hembras estaban desbocadas notando como el orgasmo llenaba sus sentidos dando ambas un grito de máximo placer. Alicia arqueo su espalda en una última embestida de cadera contra su hija, estoy hizo que el tirón del pelo fuese más acentuado lo que arrancó un mayor grito de su hija, no supo si por el tirón o por el tremendo orgasmo que le hizo poner los ojos en blanco.

Alicia soltó del pelo a su hija mientras se dejaba caer sentada en el respaldo de la cama cansada y aturdida por el orgasmo; observó cómo Tamara aún permaneció a cuatro patas un instante antes de derrumbarse como un peso muerto de puro agotamiento, totalmente derrotada. Mientras Alicia apuraba su cigarrillo con gran placer, se entretenía pasando los dedos por la polla recogiendo los fluidos vaginales de su hija y llevándolo a su boca, saboreándolos distraídamente. Miró a su hija cuyas piernas aún se estremecían débilmente del reciente orgasmo, y pudo ver su vagina aun expulsando flujo, con una mirada divertida jugueteo con ella usándolos dedos de sus pies haciendo que la inconsciente Tamara soltase un pequeño gemido. Al sentir humedad en las sabanas bajo su pie empujo suavemente a su hija para apartarla y no pudo menos que reír:

-Sera zorrita la niña, mira como lo ha dejado todo. – Se dijo a si misma

Efectivamente, el intenso orgasmo sufrido por Tamara había provocado que literalmente se corriera a chorros dejando todas las sabanas bajo ella empapadas. Dio la última calada a su cigarrillo, lo apagó en el cenicero, se incorporó se dirigió al baño estirándose mientras exhalaba el humo antes de darse una nueva ducha. Mientras tanto dejaría a su hija recuperarse tranquilamente, se lo había ganado.

Cuando Alicia volvió a salir del baño su hija seguía en la misma postura en la que había caído, la pobre había sido vencida por el sueño. Sonriendo amorosamente, le dio un tierno beso en la cabeza y se dirigió al salón mientras Tamara murmuraba algo ininteligible en sueños.

Tumbada en el sofá y bebiendo un gin tonic, Alicia se percató de una lucecita en su móvil, evidentemente un mensaje, abrió el whatsapp y vio que era un mensaje de su amiga Raquel, le había escrito hacía una media hora aproximadamente así que si le contestaba ahora posiblemente aun obtuviera respuesta.

Raquel

Alí, amor!!! que tal todo?

                               23:42

¡Hola! Perdona, estaba con Tamara

Que he llegado reventada

 y me estaba ayudando a “relajarme” jejeje

                               00:12

Raquel

Si, si ayudando jajaja

¿qué? ¿cómo ha ido?

                               00:13

Ufff, bestial, de hecho, aún está tirada

 en la cama, se ha portado muy bien

Pero necesitaba desahogar tanto estrés

                                               00:16

Raquel

Jajaja, conociéndote a ti la pobre ha debido quedar agotada

Oye, pues justo de eso quería hablar contigo

¿Quieres venirte mañana? Estará Susana, y ya sabes

 lo que le gustan tus atenciones (guiño, guiño)

                                                                              00:20

Mmmmm, de acuerdo. ¿a la hora de comer?

                               00:22

Raquel

¡Sí, claro! Tu vente y ya nos lo

 pasamos bien las tres. ¡Te esperamos!!

Bssss

                                                               00:23

Bsss! Y a Susana también

                               00:25

Justo en ese momento, oyó un ruido, levantó la vista y vio a su hija aparecer en el salón con un aspecto de puro agotamiento, iba con el pelo totalmente revuelto, arrastrando penosamente los pies y de hecho aún llevaba puesto el cinturón de arnés, hecho del cual no parecía haberse percatado.

– Hombre! ¡Por fin te levantas! ¿te vas ya a dormir?

– ¿mmm? – respondió cansadamente. –Si…si, me ducho y… y me voy ya…estoy reventada– murmuró.

-Buenas noches amor. Ven dale a mami un beso. – Tamara se acercó a su madre que le dio un tierno piquito en los labios antes de dejarla marchar.

Tamara se alejó hacia su habitación arrastrando los pies. –Parece un zombi. – Se dijo a si misma mientras reía para sus adentros. Al poco oyó el sonido de la ducha del cuarto de su hija. Ella estaba cansada también y quería descansar, pues mañana le esperaba un día intenso también, satisfactorio, pero intenso. Terminó su copa y se dirigió a su habitación, retiró todas las sábanas las cuales arrojó a un lado de la habitación, ya lo recogería mañana. Sacó un juego nuevo de sábanas, pero como era inicios de verano y la temperatura era agradable, únicamente puso la funda del colchón. Antes de acostarse se acercó a la habitación de su hija, pues la luz seguía encendida y lo que vio la enterneció. Tamara estaba tumbada boca abajo a plomo, sobre la colcha de su cama; la pobre debía estar tan cansada que había gastado sus últimas fuerzas en secarse de la ducha y dirigirse a la cama donde se dejó caer rendida en los brazos de Morfeo. Alicia apagó la luz y le arrojó un beso desde la puerta.

-Buenas noches tesoro, que descanses.

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