D. Ramon

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Me llamo Inés, ahora mismo tengo 38 años. Llevo casada con Jorge desde los 24 años, el tiene 50. La diferencia de edad le hace ser muy seguro. El es alto, guapo, brillante, y no esta mal dotado. Yo soy morena, mido 168, mis pechos son pequeños, pero eso si son muy firmes, y eso se nota cuando hago topless, aquí donde vivo, en Galicia, todas lo hacen, pero algunas atraemos miradas… y yo las atraigo por su firmeza, no por su volumen, a pesar de dos embarazos que nos proporcionaron una niña de 13 años y un chico de 12. Después le pedí a Jorge que se hiciera la vasectomia.

Aunque al principio nuestras relaciones eran sencillamente increíbles, sobre todo porque el sabia todo lo que tenia que saber para llevar al cielo a una chica de 21 años y yo solo había mantenido dos relaciones serias. Sin embargo, como sucede con todo, el tiempo va causando estragos…y lo que era increíble fue haciéndose monótono.

No se cuando fue, hace unos meses, estábamos en la cama.. el me besaba, me acariciaba, pero esta vez introdujo un tema nuevo…algo que no esperaba.

– Eres preciosa.

– Tonto

Nos besábamos, me acariciaba el pecho suavemente… estabamos desnudos… en los preliminares.

– ¿Sabes que en la oficina te desean?

– Idiota…

Ambos trabajábamos en una consultoría. Jorge me había conseguido el trabajo después de terminar mi carrera de Ciencias Empresariales.

– No, en serio…te desean… especialmente uno

– Y quien¿ – decidí seguirle el juego.

– D. Ramón.

– Ese?

D. Ramón. era el dueño de la consultoría. Un hombre entado en años, majestuoso, severo, seguro de si mismo, educado, pero con esa mirada fría que nunca sabes que transmite…físicamente un adefesio.

– Si.. te imaginas… con el

– No

– Seguro que te morirías de placer. – su mano acariciaba mi sexo, mojado.

– Uhm.. seguro que no.. pero tu sigue tocándome.

El mantuvo ahí su mano… comenzó a besarme suavemente.

– Imaginatelo aquí… contigo. Besándote. Tocándote.

– No…

– Claro que si…seguro que gemirías y te correrías como estas haciendo ahora.

Ciertamente, me estaba empapando.

– No… metémela mi amor.

– Pídeselo… pídele que te la meta.

– Jorge dame…

– No… di mi nombre.

Si es lo que quería…

– Ramón metémela toda… ya por favor metémela.

– Sera un placer pumita.

Mi coño chorreaba… pero la polla de Jorge estaba durisima… no recordaba cuando la había tenido tan dura… gemí y grite mientras el me la metía golpeándome con fuerza y sacándome todos mis jugos. El se vació completamente dentro de mi. Hacia tiempo que mi orgasmo no era tan satisfactorio.

Nos tumbamos…y quedamos quietos…

– ¿te ha gustado verdad? Imaginarte con el jefe.

– No seas idiota.

– Ya… pero te ha gustado.

Si. Pero no pensaba admitirlo.

– Mira Inés, he pensado en algo para darnos vidilla… no tienes porque aceptar, yo te quiero y se que tu a mi también. No pasa nada ¿vale?.

– ¿Que es?

– Entregarnos. A el.

– ¿eh?

– Si. Los dos.

– Esas loco jajaja

– No. Hablo en serio. Seria una forma de recuperar el sexo en nuestra vida de la manera mas emocionante.

– Tu estas muy pasado de vueltas Jorge.

– ¿Dime que no te ha gustado imaginártelo?

– Mira, imaginármelo es una cosa, la realidad, otra diferente. Ademas que te hace pensar que el aceptaría algo así.

– Porque ya lo ha aceptado, solo si tu lo aceptas.

Lo mire.

– ¿como?

– Lo hablamos hace unos días. El lo sugirió, veladamente, al final hablamos claro. Quiere cenar o comer un día con nosotros. Le he dicho que lo hablaría contigo.

Me quede sin palabras. ¿Hablaba en serio?.

– Mira Jorge, las fantasías son fantasías, pero quitate de la cabeza que yo vaya a aceptar algo semejante. No se si es cierto, pero si lo es, estáis locos, y como vuelvas a hablarme de esto sera mejor que te marches de casa, y ahora, si haces el favor, vete a dormir a la sala.

– Inés…

– !Que te largues!, no quiero despertar a los niños, venga, fuera.

– Escucha…

– !Fuera!.

Estaba indignada. Yo no era una vulgar puta.

Jorge salio de la cama y se puso un pijama… me rogó un par de veces y se fue a la sala. En la soledad de mi cuarto las lagrimas asomaron a mi rostro…lo que había sucedido, aquella proposición, era sencillamente lo mas indecente y bajo que me habían dicho jamas. Estaba asqueada de vergüenza, humillada.

Al día siguiente, desayunamos con los niños y aparentamos toda la normalidad posible. Una vez que los niños se fueron a tomar el autobús del colegio, Jorge me pidió que nos olvidáramos de todo aquello… como si fuera tan sencillo… pero le quería… así. que…decidí dejarlo pasar.

Lo peor fue en la oficina. Yo no podía mirar a Ramón a la cara… pensar que habían hablado de mi, o que el me había imaginado en cierta forma…me sentía… tenia ganas de irme. Jorge paso al despacho de D. Ramón, ¿hablarían de lo de esa noche?… Si lo hicieron, nada cambio, no hubo ningún trato anormal, ni ninguna mirada peculiar…

Pasaron varias semanas. La excitación de aquella noche no volvió a producirse, hacíamos el amor con total normalidad. El no volvió a insinuar nada. Todo era demasiado “normal”… y muy aburrido.

Una noche estábamos besándonos, tocándonos… desnudos en la cama. El me trabajaba muy bien…me comía el coño de una forma perfecta…

– Montame ya… por favor…que gusto.

– ¿quien debe montarte?

Lo entendí…

– D.Ramon…metémela.

Y me penetro… fuerte… con violencia… su orgasmo y el mio llegaron al tiempo…. Y fue… increíble.

Nos relajamos… entre besos… caricias.

– Que me pasa Jorge

– Lo deseas. No por amor. Te excita la idea… ¿porque no lo reconoces?

– Es una fantasía… nada mas que eso.

– Si. Pero podemos hacerla real. Y se terminara cuando queramos. Podíamos comer con el y escuchar su propuesta.

– ¿Así que te gustaría verme con el?

– Si

– Uhm…¿así.?

Comencé a besarle, lamerle… los labios… los pezones…termine buscando su polla…la lamí antes de metérmela entera en la boca… jugué con sus huevos. Gemía como un poseso…

– ¿esto quieres que haga con el y no contigo?

– !Si amor!

Se la comí entera… se corrió…en mi boca… y como era costumbre me lo trague. Me gustaba. Descansamos.

– Dile que acepto comer… nada mas.

Me beso feliz. ¿En que me estaba metiendo?.

Vi que tomaba el móvil y enviaba un mensaje. La respuesta llego rauda.

– Dice que se alegra. Mañana, no quiere esperar… con lo hermosa que eres, no me extraña

– ¿Como puedes estar feliz por esto?

– Feliz y excitado.

– Aun no me he comprometido a nada… y no creo que lo haga.

Me beso. Y dormimos.

El día siguiente transcurrió normal. D. Ramón no lanzo ni una mirada, ni una llamada, nada. Buenos días. como siempre, y nada mas. Tampoco vi a Jorge despachar con Ramón. Pero a la 13:30 salimos para nuestro descanso de mediodía, que se prolongaba hasta las 15:30. Jorge me guio a un restaurante, de los caros, aunque cercano a la oficina. Le pregunto por una reserva al maitre, nos guio a un reservado. D. Ramón llego al momento.

– Buenas tardes.

– Buenas tardes.

– Bueno, la comida aquí es excelente. Os gustara ¿conocíais el lugar?.

– La verdad es que no D. Ramón -respondió Jorge.

– ¿Y tu Inés?.

– Es la primera vez que vengo, aunque conocía el nombre.

– Bien. Este restaurante, ademas de buena comida, tiene a bien ser muy discreto…

Entro un camarero. Pedimos. Un primero de langostinos para los 3, carne estofada de segundo para mi, y bacalao para Jorge y Ramón. Un vino de Rioja escanciado convenientemente daba fe del nivel del lugar.

La comida transcurrió hablando de tema absolutamente intrascendentes… asombrada me di cuenta de que estaba desesperada por abordar la cuestión que nos había llevado allí ¿o quizá seria todo una broma?. La respuesta llego después de los postres y durante el café.

– Bien. No estamos aquí solo para comer ¿verdad?

– No D. Ramón.

– ¿Inés?

– No D. Ramón.

– Bien. Creo que Jorge te ha planteado una propuesta, no se trata solo de que te conviertas en mi amante, eso no tiene gracia, sino de poseeros… hacer lo que quiera, cuando, donde y como quiera. Por supuesto, te follare, claro. Bien ¿seguimos hablando?.

– Si D. Ramón, claro que si.

– Que lo diga ella.

Le mire…estaba tranquilo. Creo que disfrutaba de la situación. ¿tendría experiencia en todo aquello?

– Yo he venido solo a escuchar, no me he comprometido a nada.

– Claro. Lo entiendo. Y ahora que lo has escuchado ¿que?.

– Inés.. tienes que responder a D Ramón.

No sabia que decir. Estaba paralizada.

– Bien. No esperaba menos de una mujer como tu. Lo entiendo. Tomate el tiempo que necesites. Ni que decir tiene que nada cambiara en vuestro trabajo. Todo seguirá igual. No mezclo lo personal, y el placer, con el trabajo. Ahora, vamos, y sobre todo Inés, tranquilizate. No pasa nada. Hemos tenido una excelente comida.

Aquello iba en serio…

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