Sexo con mi tia

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INTRODUCCION

Durante los días de veraneo del año 2000 cuando los integrantes de la familia de Darío regresaban a su ciudad de origen dejando al joven muchacho en casa de su tía Doris y su tío Dionisio confiaban en que el muchacho aprovechara la oportunidad de estudiar y estar en casa de sus tíos durante toda la carrera.

Doris una mujer de treinta y cinco años de profesión enfermera que era una excelente ama de casa , antes de irse a su trabajo por la tarde preparaba el desayuno para toda la familia e incluso cuando tenía tiempo procuraba dejar la cómoda lista para que su esposo pudiera comer al llegar a casa. Físicamente era hermosa su piel de color perla como recién bronceada era la envidia de sus compañeras, su hermosa sonrisa y corte de cabello moderno la hacían parecer mucho más joven. Para los hombres que trabajaban con ella sus hermosos pechos eran la mejor cualidad de aquella mujer pero sus amplias caderas y trasero bien paradito la hacían la delicia de todos en su clínica e incluso de los jefes que trabajaban con ella. 

Por supuesto que el hombre de la casa Dionisio era el primero en salir de la casa, acostumbrado a sus largas jornadas de trabajo y ver poco tiempo a su esposa durante el día  se quejaba constantemente por el horario de su mujer, puesto que siempre tenía que ser el el sacrificado. 

El joven Darío trató de adaptarse lo antes posible a la dinámica de la pareja, lo que menos quería era entrometerse en los asuntos que no eran de su incumbencia, y trataba de pasar desapercibido durante todo el día para no molestar a su tía Doris, mientras se preparaba para ir a trabajar o hacía la comida, las responsabilidades del muchacho eran pocas durante los primeros días de aquel verano, llegó con el suficiente tiempo para hacer los recorridos en camión a la que sería su nueva escuela. Un tanto solitario por las circunstancias que le tocaban vivir nunca se quejó de no tener amigos o amigas con quien compartir sus horas libres.

El primer día de clases Darío acudió a clases por la tarde, le habían asignado el turno nocturno por lo que la mayor parte de la mañana estaría en casa, pero por ser el primer día decidió irse muy temprano.

Dionisio y Doris estaba en casa cuando el muchacho salió hacia la universidad, la pareja después de 10 años de casados no era tan feliz como al principio, Dionisio se había convertido en un hombre que solo quería satisfacer sus propias necesidades sin darle mucha importancia a lo que le gustaba a su esposa, sin embargo Doris seguía siendo complaciente con el.

Doris llevaba puesto el uniforme de enfermera mientras que Darío la observaba moviéndose ágilmente por la casa, al pasar por enfrente de su marido este la sujetó firmemente por la cintura, la puso en medio de sus piernas Parma disfrutar de sus preciosas nalgas presionando su miembro.

-mi amor creo que la llegada de Darío es un problema ¿no te parece?-

Mientras empezaba a meter sus manos por debajo de la blusa de su esposa y masajeaba sus hermosos pechos por encima del sujetador.

-tal  vez –

Doris movía sugerentemente sus caderas para acomodarse en el regazo de su esposo y poder disfrutar de las caricias que le estaba proporcionando.

Sentados en el sillón principal de la sala, con la ventana principal iluminando toda la habitación, sin ningún pudor la pareja seguía disfrutando de sus juegos sin darle importancia a que las cortinas estuvieran abiertas. Dionicio empujó a su mujer para ponerla de pie, de un solo tirón bajó sus pantalones hasta las rodillas dejando a la vista su hermoso trasero delicadamente decorado con una tanga color rojo de encaje, se acercó para besar los glúteos.

-amor me tengo que ir a trabajar pero te prometo que en la noche te doy lo que quieres- 

Una mueca de desagrado de Dionisio se hizo evidente en su cara pero sabía que ella tenía razón así que tuvo que detenerse.

Doris era una mujer muy inteligente, muchos se referían a ella como la más inteligente de la clase en sus años de universidad, en la clínica donde trabajaba también era considerada por sus compañeros como la mejor y sus pacientes la apreciaban.

Una de las actividades que más disfrutaba Doris durante su jornada de trabajo era estar en la sala de operaciones para realizar las vasectomías, la mayoría del personal en su estación de trabajo eran mujeres. Lo que más disfrutaba era poder ver a los pacientes desnudos de la cintura para abajo al momento de la cirugía. 

En particular ese día que su esposo la puso caliente antes de irse a trabajar  no dejaba de pensar en lo mucho que deseaba poder disfrutar con un pene diferente al de su esposo, desde antes de casarse no había tenido oportunidad de conocer a otros hombres.

Al llegar a la clínica un hombre de unos cincuenta años estaba sentado en la sala de espera, a Doris no le pareció nada extraordinario y siguió hasta su estación de trabajo. El señor que había visto sentado era su paciente. Al presentarse en el consultorio Doris lo recibió con una amable sonrisa y comenzó a hacer las preguntas de rutina, como siempre la pregunta más incómoda era la que a ella más le emocionaba.

-está usted rasurado de los testículos y el pene para la operación?-

-no señorita nadie me indicó que tenía que venir rasurado-

– no se preocupe nosotros le ayudaremos-

Los ojos de la enfermera brillaron de intriga al darse cuenta que tendría que ayudar al paciente a realizar la tarea, ingresandolo en un cubículo pequeño que se encontraba a un lado de su escritorio le indicó a su paciente que se quitara la ropa, se levantó del escritorio para traer sus herramientas para rasurar. Al abrir la puerta del cubículo encontró a su paciente sentado en una silla y le indicó 

-póngase de pie-

El paciente hizo lo que la mujer le indicaba dejando al descubierto su miembro, al darse cuenta Doris del tamaña de aquel pedazo de carne no pudo disimular su asombro y el paciente no hizo otra cosa más que sonreírle. Inmediatamente Doris se arrodilló frente a él para comenzar a rasurar el área completamente fuera del procedimiento común, Doris decidió no utilizar guantes para esta tarea, queria sentir la piel de aquel hombre con sus propias manos. Sin el menor pudor comenzó a manipular el miembro, experta en la materia y siempre disfrutando de ella, acariciaba el miembro de aquel varón sin remordimientos le indicó que separa las piernas para poder rasurar sus testículos, Doris no se quedaba con las ganas de acariciar delicadamente cada centímetro del pene. La cara de satisfacción de aquel hombre mientras era tocado por su enfermera lo decía todo, de apoco el pene comenzó a tomar volumen haciéndose cada vez más grande en la mano de Doris, su boca quería sentir aquel miembro entrando en ella pero la enfermera sabía que no estaba bien lo que hacía, podía ser descubierta en cualquier momento pero no le importaba.

Doris podía sentir como su vulva se inflamaba debajo de su uniforme, mientras sus pezones luchaban por salir de sus sujetador, su profesionalismo la detenía y su deseo la impulsaba a seguir, cuando terminó de rasurar a su paciente, lo volteó a ver desde su posición y acariciado la punta del pene le dijo

-ya está listo, pase al consultorio lo espera la doctora-

Al levantarse le dio un pequeño golpe al pene de aquel hombre como despidiéndose de un nuevo amigo. Salió de la habitación moviéndose sensualmente para que su paciente la pudiera observar, se dirigió a su escritorio procurando que nadie la viera estiró la parte de enfrente de su pantalón para observar los jugos que su vagina que empapaban su ropa interior, metió los dedos para comprobar que estaba completamente mojada, apretó con fuerza su clítoris con los dedos, sus dedos empapados en jugos vaginales los llevó a su boca para saborearlos, volviendo rápidamente a la realidad recordó que tenía que asistir a la doctora en la cirugía.

Realizó sus actividades como de costumbre asistiendo en la operación a la doctora de turno y finalizó esta dándole instrucciones al paciente de los cuidados que debía de tener durante su tiempo de reposo. El paciente sin decir una sola palabra la escuchó atentamente y al finalizar la consulta le entregó una tarjeta con su número de teléfono que llevaba grabado su nombre.

-llámame cuando quieras- le dijo el paciente

El hombre se retiró sin hacer ningún otro comentario, a Doris le agradó la caballerosidad del tipo y guardó la tarjeta en su bolsa.

Durante ese día Doris asistió a otras operaciones pero no encontró nada interesante que hacer, estaba ansiosa por volver a casa para disfrutar de su marido.

Al llegar a casa se dio cuenta que su esposo no estaba, al revisar los mensajes de su celular un mensaje la hizo enojarse, su marido había decidió salir con algunos amigos. Enojada, caliente y frustrada entró a la casa solo para darse cuenta que su sobrino Darío había llegado antes que ella, ahí fue donde se dio cuenta que esta noche a pesar de haber tenido entre sus manos aquel pene tan apetecible no recibiría nada más.

Se acercó al sillón para saludar a su sobrino, el joven introvertido estaba exhortó viendo el celular por lo que no se dio cuenta que su tía se acercó a él, al levantar la la vista Darío se encontró con el rostro de su tía, le pareció que era hermosa, nunca la había visto tan de cerca, estando de pie frente a él pudo notar que sus pechos que se movían dentro de su blusa. Su tía se inclinó para darle un beso en la cabeza.

-hola mi amor ¿como te fue en la escuela?-

El chico realmente se encontraba intimidado por la presencia de su tía y la actitud que tenía con él, la única mujer con la que había compartido este tipo de contacto físico era su madre, al ser un chico tan introvertido las chicas de su edad no se fijaban en el. 

-bien tía pero ando un poco estresado todavía no se muy bien todo lo que tengo que hacer-

-Si te entiendo por lo pronto déjame consentirte con la cena-

A pesar de la frustración sexual que experimentaba Doris se entia comprometida con el muchacho así que fue a tomar una ducha rápida, acostumbrada a vivir sola con su marido salió del baño desnuda para dirigirse a su recámara, recordó que su sobrino estaba en la planta de abajo pero pensaba en que tal vez la pudiera ver desnuda, esta sensación la hizo sentirse viva.

Fue a sus habitación y tomando una blusa de tirantes y un pequeño short se los colocó sin ropa interior como hacía siempre que estaba en casa.

Darío a pesar de parecer un chico bastante calmado tenía una afición bastante comprometedora, disfrutaba de ver pornografia en su celular durante los momentos de relajación. Una vez que su tía subió a la parte alta de la casa el muchacho cambió la imagen en su celular, retomando la actividad que estaba haciendo viendo un video porno, en él se observaba a una pareja en donde la jovencita en él disfrutaba de la verga gorda de su amante, Darío sabía que no tenía tiempo de masturbarce en ese momento ya que su tía regresaría en cualquier momento.

Doris regreso con el cabello mojado, las gotas escurrieron de su cabello mojaron un poco la blusa justo a la altura de sus pechos provocando que se marcaran sus pezones erectos por el frío al verla su sobrino no logró contenerse y se apretó el miembro por encima de su pantalón, Doris notó el gesto del muchacho pero no le dio mucha importancia. Ella sabía que un jovencito como él nunca llegaría a satisfacerla. Sonrió disimuladamente y entró a la cocina. Darío la observaba en cada movimiento esperando poder ver un poco más de lo debido, sin pensar mucho en las consecuencias de sus acciones espero a que su tía estuviera de espaldas para tomar fotografías de sus hermosas nalgas.

La cocina estaba separada del comedor por una puerta, dentro de la cocina un pequeño desayunado destinado para este fin estaba decorado bellamente.

-Darío acompáñame en la cocina- le indicó Doris a su sobrino.

Al entrar en la cocina el muchacho se quedó parado en la puerta con los ojos bien abiertos, su tía estaba inclinada buscando un sartén para preparar la comida, en su ropa se notaban los labios vaginales apretados contra la tela, el muchacho no reaccionó hasta que su tía lo invitó a sentarme en el desayunador. La situación le parecía muy divertida a Doris estaba segura que aquel joven no sabía nada sobre mujeres.

-siéntate ahorita te preparo la cena-

El joven se entró en una de las sillas donde frecuentemente su tía le daba la espalda y furtivamente el chico seguía tomando fotografías de su tía, quería estar seguro de no dejar pasar esta oportunidad, su miembro crecía dentro de su pantalón tratando de liberarse de la opresión que le causaba el muchacho se apretaba el miembro tratando de liberarlo. Doris seguía con sus inocentes juegos, su mal humor había desaparecido gracias a su sobrino y queria saber hasta donde estaba dispuesto a llegar el muchacho.

Doris se puso de frente al muchacho para seguir platicando con él, pero hábilmente el joven no quitaba sus manos del celular y disimuladamente le tomaba fotos a sus tetas, él sabía que esa noche descargaria toda su leche viendo las fotografías de su tía.

A un lado de la silla donde se encontraba Darío estaba un pequeño mueble donde Doris guardaba algunas cosas, poniéndose a un lado del muchacho se puso en cuclillas para sacar un secador, apoyándose en su pierna derecha pudo sentir un objeto extraño, no podía creer las dimensiones de su miembro, Doris estaba fuera de sus cabales al imaginar el tamaño de aquel pene.

-perdón hijo no quise incomodarte- 

Enderezandose inmediatamente y retirándose lo más que pudo del chicho. Doris nunca se imaginó lo que tenía en medio de sus piernas.

-no te preocupes tía no me hiciste daño- extrañado por la reacción de su tía no le dio más importancia. Las cosas en la cena transcurrieron sin más contratiempos hasta que los dos decidieron ir a dormir. 

Las habitaciones se encontraban en la parte de arriba de la casa por lo que al subir las escaleras Darío como todo un caballero dejó que su tía subiera primero, sus verdaderas intenciones eran poder ver de cerca su trasero.

-que duermas rico sobrino-

-tu también tía- 

Fueron las palabras que intercambiaron y se dirigieron a sus respectivas habitaciones 

Doris no resistía más el cúmulo de sucesos excitantes de ese día, era demasiado para ella y necesitaba descargar toda su excitación, ella había notado que su sobrino le tomaba fotos durante la cena, entró en su habitación y esperando un tiempo prudente salió de ella para dirigirse a la puerta del muchacho, arrodillada frente al cerrojo podía ver parte de la habitación, frente a ella el joven estando de espaldas se quitó la camiseta de superhéroe que traía puesta, se quitó los tenis sin desamarrar las agujetas, bajo su pantalón para retirarlo con todo y boxer, Doris observaba los glúteos del joven, su cuerpo comenzó a reaccionar al ver a su sobrino desnudo, el chico se giró para sentarse en la cama. 

La sorpresa de Doris al ver el miembro semi erecto de su sobrino fue mayúscula al darse cuenta que era más grande y gorda que la de su paciente, instintivamente su mano buscó su vulva para empezar a acariciarse, Darío seguía disfrutando de su cuerpo frotaba su miembro con una mano mientras con la otra comenzó a revisar las fotografías que había tomado, ver a su tía con aquella ropa tan pegada lo había dejado excitado y deseoso de poder ver algo más.

Los jugos vaginales de Doris no se hicieron esperar su short de pijama este se mojó completamente viendo cómo se masturbaba el muchacho, sabía que era una situación prohibida pero le encantaba, sus dedos comenzaron a buscar su clítoris por dentro de su pijama esto era mejor que pajearce sola en su cuarto, el espectáculo que le estaba dando su sobrino sin saberlo la ponía cada vez más caliente. El muchacho comenzó a intensificar sus movimientos, una sola mano no era suficiente para cubrir el tamaño de su pene pero lo intentaba con mucha dedicación. Doris sabía que el muchacho estaba viendo sus fotos y esto aumentaba su excitación.

Darío comenzó a eyacular copiosamente y con tal potencia que su semen alcanzó una distancia considerable, continuó eyaculando por un par de segundos más, sin duda estaba disfrutando como pocas veces lo hacía.

-aaaaaaagggggg tía me encanta tu culo quiero venirme dentro de ti-

Las palabras del muchacho resonaron en los oídos de Doris que escuchaba atentamente lo que el chico decía. Se levantó del piso tratando de hacer el menor ruido posible y fue a su cuarto. Cerró la puerta y enseguida se quitó la ropa, su vello púbico estaba completamente mojado por sus jugos, sin pensarlo se tiró sobre la cama para comenzar a meterse con fuerza dos dedos, en su cuerpo sentía como si su sobrino la estuviera masturbando , desde ese momento no podría dejar de pensar en el tamaño de su pene y se preguntaba ¿sabrá cómo usarlo?

Sin embargo su fantasía la hacía creer que el chicho sería un estupendo amante y que pronto lo tendría en medio de sus piernas, este solo pensamiento la hizo acabar entre gemidos ahogados de placer.

Esa noche más tarde Dionisio llegó a su casa bastante tomado de la reunión con sus amigos, a Doris le molestaba cuando su esposo llegaba en ese estado, no toleraba el olor a cigarro y cerveza, pero en esta ocasión no quería dejar pasar la oportunidad de disfrutar del sexo que él le daba aún que fuera muy poco complaciente.

Dionisio llegó a la cama con su mujer que se encontraba desnuda para deleite de Dionisio retiró la sábana que cubría su cuerpo y comenzó a masajear los pechos de su mujer a pesar que estaba dormida sus pezones reaccionaron a sus caricias de forma instantánea, el tipo comenzó a besarlas con salvajismo sin tomar en cuenta lo que su esposa quería, Doris despertó mientras él se bajaba el cierre del pantalón para meter su miembro en su boca forzándola a que se lo chupara, ella acostumbrada a este tipo de situación no le dio mayor importancia. No disfrutaba de esta situación pero esta noche era diferente el recuerdo del miembro de su sobrino la alentaba a sentir un pedazo de carne caliente en dentro de su vagina.

Dionicio poniéndose en medio de las piernas de su esposa la penetro rápidamente, a los pocos minutos sin esperar satisfacer a su esposa se corrió dentro de ella para luego acostarse a dormir sin decir una sola palabra. Doris se levantó para hacer del baño decepcionada una vez más con la actitud de su marido, abrió la puerta del baño, encendió la luz y debido a la somnolencia que experimentaba dejó la puerta abierta, desde su cuarto Darío observaba el cuerpo desnudo de su tía, el ruido hecho por su tío al llegar lo había despertado, el chico observó el cuerpo de su tía completamente desnudo.

Al sentarse en el retrete Doris comenzó a llorar por la situación que estaba pasando con su marido, no podía entender por qué se comportaba de esa manera a esta alturas de su vida. Doris se levantó del baño y se dirigió a su habitación para perderse de la vista de su sobrino en la obscuridad.

El muchacho disfruto de ver a su tía desnuda pero no comprendía cuál era la razón de su llanto la simple idea que alguien le pudiera estar haciendo daño le pareció muy molesta y quería enfrentar la situación pero no creía tener ningún derecho.

A la mañana siguiente Dionisio se levantó muy temprano para irce a trabajar como de costumbre, esta vez su mujer no se levantó para hacerle su desayuno, él entendió que se encontraba molesta por qué llegó tarde la noche anterior, pero nunca supo que esa noche fue un punto de inflexión en su relación.

Doris se estiró en su cama mientras recordaba seguír molesta por lo sucedido durante la noche pero sabía que la situación con su sobrino la animaría un poco, esta vez quería seguir jugando con el. El muchacho se despertó cuando su tío se fue a trabajar el ruido provocado por la puerta cerrándose lo hizo reaccionar, no sabía nada sobre mujeres, pero lo que sí entendía era que si alguien que se siente mal lo mejor era consentirlo, así que fue a la cocina, prepara un café y cosino un omelette de huevos con jamón para su tía, colocó todo en una bandeja para llevarle el desayuno a la cama y subió las escaleras, toco la puerta.

-buenos días tía puedo pasar?-

Doris despertó con el sonar de la puerta 

-si pasa- 

Sus ojos hinchados de tanto llorar era evidencia del sufrimiento que le causaba su esposo, Darío entró con la mesita que había preparado para consentir a su tía, se acercó a ella y puso la comida delante de ella.

-¿qué estás haciendo?-

-Hola tía buenos días quise agradecerte por lo bien que te has portado conmigo, se que no es fácil tener en tu casa a un desconocido como yo-

-Cómo dices eso tú no eres un desconocido eres como un hijo para mi, gracias por el desayuno nunca nadie me había preparado el desayuno antes-

-Que bueno que te guste, tratare de hacerlo cada vez que pueda- 

Doris lo tomó de la mano y lo jalo hacia ella para darle un tierno beso en la mejilla, estás pequeñas caricias hacían despertar en Darío el deseo juvenil que le hacía hervir la sangre.

-bueno tia te dejo para que disfrutes de tu desayuno yo me voy a bañar para irme a la escuela-

Poco a poco el chico a la que ella consideraba poco capaz fue sorprendiéndola con cada una de sus atenciones. Al salir del baño Darío se dirigió a su cuarto para ponerse la ropa que tenía preparada en su cama, su tía estaba en la parte de abajo de la casa, con un mejor semblante que la noche anterior esperaba a su sobrino sentada en la sala tomando un café y hojeando una revista. 

Esta vez solo llevaba puesto un camisón que llegaba hasta sus muslos, con las piernas cruzadas recibió al muchacho.

-tia me tengo que ir a la escuela te veo más tarde-

-A no eso sí que no, no vas a salir de esta casa hasta que desayunes-

Al ponerse de pie los pechos de Doris se marcaban en la tela y sus pezones se veían marcados y firmes al caminar, al pasar frente al muchacho este pudo notar que no llevaba ropa interior, la tela solo cubría delicadamente su trasero, la erección que experimentó Darío al ver por primera vez a una mujer vestida así fue descomunal.

Su tía lo tomó del brazo jalandolo hacia la cocina, comenzó a moverse como de costumbre ágil y graciosa en aquel lugar. El chico no perdía de vista la imagen de su tía. Doris estaba disfrutando de mostrar su cuerpo casi desnudo al chico. Cuando el desayuno estuvo listo se acercó a la mesa y se lo sirvió.

Se acercó al muchacho tanto que sus pechos se cargaron en el brazo de el, se inclinó para susurrarle en el oído

-Gracias por preocuparte por mi, me encanto el desayuno-

Incapaz de reaccionar a tal muestra de cariño Darío solo cerró los ojos aceptando con agrado sus palabras.

-de de nada tía – 

El temblor en su voz denotaba el nerviosismo al que estaba sometido, Doris continuó jugando con la mente del chico, se sentó frente a él en la mesa de cristal transparente, Doris encontró la posición correcta para mostrarle a su sobrino sus piernas y por qué no su sexo.

En efecto Darío pudo ver las hermosas piernas de su tía pero no podía resistirse a ver la vagina de aquella mujer que le ofrecía esta nueva experiencia, el vello púbico era abundante pero podía ver un poco de sus labios vaginales color rosa, apenado por la situación pero sobre excitado Darío comió rápido para levantarse de la mesa e irse a la escuela.

-ya me voy tía gracias por el desayuno-

-espero que te haya gustado-

-si me encanto- 

Doris seguía moviendo sus piernas abriendolas y cerrandolas para que el chico pudiera ver todo lo que quisiera 

El chico se levantó de la silla provocando que su tia hiciera lo mismo de inmediato, Doris se acercó a él y mientras lo abrazaba aprovechó para restregar sus tetas en el pecho del chico, él puso sus manos alrededor de su cadera, Doris quería sentir el miembro del chico para sentir la erección que tenía, en su abdomen pudo sentir la dureza del miembro del chico y deleitarse con su tamaño. Le dio un beso en la mejilla y se despidió de él hablándole al oído.

-Te veo en la noche para cenar juntos-

-si- fue la respuesta de Dario

El chico salió de la casa con las piernas temblorosas de nerviosismo y los testículos llenos de leche al grado que le dolían. Mientras que Doris seguía disfrutando de lo que podía provocar en su sobrino a pesar de ser mayor que el, estando en su caso sola y caliente las posibilidades de tener un pene dentro de ella eran nulas sin embargo su coño no se conformaría esta vez con unas simples caricias. 

La temperatura de su cuerpo era tan caliente que no pensaba con claridad, se sentó en una silla de la cocina y recorrió con la mirada todos los objetos que había a a su alrededor, tenía la intención de encontrar algún objeto que pudiera meterse en el coño y simular una penetración. Doris nunca fue de las mujeres que les gustan los consoladores por esa razón nunca compro uno.

Pensaba en utilizar el mango de una cuchara pero le parecía muy poca cosa, quería sentir su coño lleno, recordó que en el refrigerador tenía unos pepinos de buen tamaño su mente divagaba entre la realidad y la fantasía, sus piernas se abrieron de inmediato cuando sacó de la nevera el objeto de su deseo, lo puso sobre la mesa y fue a su cuarto por un condon.

Desesperada por la excitación y completamente mojada, colocó el condón en el pepino de inmediato recordó el largo y gordo pene de su sobrino, delicadamente desarrolló el condón sobre el objeto, sabiendo que disfrutaría de tenerlo dentro de ella, sin más preámbulo subió una pierna a la mesa, dejando expuesto su sexo, tomó con la mano derecha el pepino y lo dirigió a la entrada de su vagina. Completamente mojada como estaba empezó a introducir el objeto delicadamente, sus gemidos se perdían en la soledad de su casa, deseaba que alguien la observara mientras se masturbaba, era una de sus fantasías reprimidas.

Poco a coco su vagina fue acostumbrándose al tamaño del pepino el rose de aquel objeto en las paredes vaginales la hacía delirar de placer. Con las tetas al aire, los ojos cerrados y el pepino en el coño se sentía plena, se retiró de la silla y sin sacar al pepino de su interior se acostó en el piso de la cocina, abriendo lo más que podía las piernas comenzó a meter salvajemente el pepino en su coño, en su fantasía el rostro de su sobrino era el protagonista y el pepino su pene. Este pensamiento la hizo correrse con mucha fuerza. Podía sentir las palpitaciones de su vulva apretando el pepino en su interior, satisfecha por la corrida disfruto durante un tiempo tirada en el piso, y en ese momento tomó la decisión que cambiaría la vida de su familia, se cogeria a su sobrino.

Retiró el pepino de su coño mientras se estaba en el piso de su cocina, un golpe de realidad la llevó a analizar la situación, nunca antes se había comportado de esa manera, no entendía por que las circunstancias de su matrimonio la habían llevado al extremo de satisfacer sus deseos sexuales con un pepino, pero a pesar de todas estas cuestiones sentirse satisfecha la hacía sentirse bien consigo misma. Quitó el condón del pepino y lo arrojó a la basura, como si fuera un objeto muy preciado para ella besó el pepino en señal de agradecimiento para después dejarlo en el refrigerador.

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