Un amigo me inicia en el placer anal 2

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Dicen que la curiosidad mató al gato. En mi caso la curiosidad siempre me ha llevado a superarme a mí misma, he sido bastante curiosa desde pequeña y jamás me conformé con una explicación a medias de las cosas, quizás por eso peco de fastidiosa porque cuando pregunto algo y no estoy conforme con la respuesta, insisto hasta obtener un argumento convincente.

Ya habían pasado unos meses desde mi encuentro con mi amigo D, las cosas entre M y yo habían vuelto a su cauce normal y a nivel profesional estaba bastante estable. Sin embargo, de vez en cuando el recuerdo de esa noche intensa con D y aquella experiencia nueva con mi ano me hacía poner muy cachonda. A menudo imaginaba como hubiese sido si hubiese dejado penetrar mi culo por D, que hubiese sentido tener aquel falo gigante dentro de mí, si hubiera podido disfrutarlo o el dolor me hubiese dejado fuera de combate. Igual esa curiosidad ya habitaba en mí y sé que mi naturaleza demandaba solucionar esa incógnita.

M me gustaba muchísimo, en realidad lo amaba y sé que el también a mí, a pesar de ser una relación tóxica y adictiva. El sexo era genial, pues como ambos fuimos la primera pareja sexual del otro fuimos descubriendo muchas cosas en el camino. Sin embargo, el sexo anal nunca fue un tema entre nosotros, de hecho, creo que jamás lo habíamos intentado ni siquiera hablarlo. Por eso, esa noche que estuve con D fue tan memorable, sentir sus dedos jugando con mi ano y luego ser penetrada por esos, dedos despertaron una faceta que ni yo misma sabía que existía.

Una mañana me fuiste a buscar para dar un paseo y luego irnos al cine. Apenas me subí a tu auto me dijiste: “Cambio de planes. Tengo las llaves del apartamento de mi primo, está de viaje y me las dejó en caso de emergencia. Y cogerte, para mí, es una emergencia” ambos reímos y emprendimos los 23 km para llegar a nuestro destino. Todo el camino estuvimos tocándonos y diciéndonos cosas sucias que nos haríamos, incluso yo te saqué el pene para hacerle una paja mientras manejaba. Tu primo tenía un hermoso apartamento frente al mar, decorado sencillo pero con muy buen gusto. Apenas entramos empezaste a quitarme la ropa. “Me tienes loco, todo el viaje me estuviste envenenando, mira como me pones” mientras sacabas su pene grande y muy erecto de tu pantalón. Yo también venía muy cachonda y apenas vi tu miembro, me abalancé sobre él para tragármelo completo. Te senté en el sofá del hall y me arrodillé en el piso frente a ti para darte una mamada profunda y lenta. Echabas tu cabeza hacia atrás disfrutando mi labor mientras que yo buscaba mi clítoris con una mano y así ponerme a la par contigo mi amado M. 

Sentía tus gemidos confundiéndose con el sonido del mar, la luz del sol iluminaba cálidamente la habitación y el olor a salitre y a tu perfume me hipnotizaban y excitaban. Sentí tus manos tomándome de la cabeza para imponerle ritmo personal a mi mamada mientras yo te miraba como si tratara de decirte cuanto te amaba con mis ojos. En un momento sacaste su pene de mi boca y me dijiste “Quiero llegarte en las tetas”, obediente me quité el brassiere y expuse mis senos que ya tenían los pezones duros y parados como dos gomas de borrar, ansiosa de ser bañados con tu leche caliente. Empezaste a pajearte sobre mi hasta que recibí mi recompensa: toda tu leche en mis tetas. Mientras acababas, con mis manos masajeaba mis senos con tu leche como si de una crema se tratara. Me miraste con una media sonrisa y me dijiste “Sabes como volverme loco” Te devolví la sonrisa y me levante a darme una ducha. Tenía las tetas llenas de leche y toda la vagina chorreando mis jugos.

Recogí mi cabello en una coleta antes de entrar a la ducha. Dejé correr el agua tibia por mi cuerpo mientras me enjabonaba, pude escuchar que habías puesto música en el salón. Disfrutaba aquel momento delicioso cuando entraste totalmente desnudo al baño y preguntaste “¿Te puedo acompañar?” Sin esperar mi respuesta entraste a la ducha y con una esponja comenzaste a tallar mi espalda mientras me besabas los hombros y acariciabas con una mano mis senos. Yo estaba tan caliente como el agua que bañaba nuestros cuerpos cuando empezaste a enjabonar mi coño, y fue allí cuando de nuevo recordé aquella noche con D y sus dedos fuertes masajeando mi ano. Decidí lanzarme al vacío contigo y tomando tu mano te guié hasta mi ano. Estabas a mi espalda, pero pude sentir tu cara de sorpresa ante esta nueva situación. Comenzaste a tocar toda mi raja muy enjabonada y de vez en cuando jugueteabas con mi ano tímidamente. Decidí tomar de nuevo tu mano y apretando tu dedo medio lo guié a la entrada de mi culo mostrándote el camino a seguir. Como buen alumno, delicadamente empezaste a meter tu dedo que yo recibía encantada. Poco a poco empezaste a meter y sacar tu dedo muy suavemente mientras me susurrabas al oído “¿Te duele pequeña? y yo me limitaba a sacudir negativamente la cabeza. Cerré la llave de la ducha y te pedí que buscaras las toallas. 

Te sequé tu cuerpo mientras te besaba por todos lados y nos fuimos a la cama. La habitación tenía una cama king size, con unas sábanas grises impecables y numerosos cojines decorativos. A la izquierda un hermoso ventanal dejaba que la luz del sol entrara acariciando cada pieza del poco mobiliario que tenía. Me senté en la cama mientras me decías: “Ponte cómoda, voy por unos tragos”. Me tumbé en la cama y cubrí mi cuerpo desnudo con la sábana mientras disfrutaba de un hermoso cielo azul que podía ver a través de la ventana. 

Regresaste con dos copas de vino blanco y me propusiste brindar por nosotros, mientras que en mi interior yo brindaba por lo que pensaba hacer. Me empezaste a besar retirando la sabana de mi cuerpo, chupaste mis senos deliciosamente mientras que tu mano se abría paso en mi vagina que empezaba a lubricarse de nuevo. Acercaste tu boca a mi sexo mientras abrías mi vagina con tus manos y tu lengua trataba de sacar de su escondite a mi clítoris que palpitante te esperaba. Tuve un orgasmo intenso que hizo que manaran mis jugos manchando la cama. Te incorporaste y me metiste tu verga durísima en mi vagina muy abierta para ti, me cogiste duro y delicioso hasta lograr otro orgasmo más en mí. Me pediste que me pusiera en cuatro y encantada accedí, me penetraste rítmicamente mientras yo estimulaba mi clítoris con mis dedos alcanzando niveles de excitación increíbles. 

Y fue cuando decidí ofrecerte mi culo virgen como un trofeo, sin moverme de esa posición busqué a tientas tus manos que estaban apoyadas en mis nalgas y de nuevo te guié hasta mi culo. Entendiste de inmediato lo que quería hacer y clavaste tu dedo en mi ano suavemente mientras yo respondía con un movimiento de caderas acompasado y firme. Sin pensarlo saqué tu huevo de mis entrañas y empinando mi culo te invité a traspasarlo con tu pene. Dijiste “¿Estás segura?, nunca lo hemos hecho por ahí!” y sin hablar, sólo empinando más mi culo y abriéndome las nalgas con mis manos te di la respuesta acertada. Escupiste mi ano para lubricarlo y empezaste tu misión de entrar en aquel agujero virgen hasta ahora. Sentía una emoción, una mezcla de miedo y placer cuando empecé a sentir la cabeza de tu pene abriéndose paso en mi ano. Sentí dolor obviamente, pero un dolor tan masoquista que no quería dejar de sentirlo. Cuando toda tu cabeza estuvo adentro pensé que lo peor había pasado, pero no era así. Cada centímetro de tu tronco hacia que sintiera como me desgarraba por dentro, sentía un ardor insoportable pero un placer nuevo al mismo tiempo. Me dijiste “Si quieres no te lo meto más, es la primera vez y no quiero hacerte daño” A lo que respondí “Daño me harías si no me das todo tu huevo ya, lo quiero todo adentro”

Creo que eso activó el sádico interno que vive en todos los humanos y sin piedad empezaste a taladrarme. Sentía como entrabas y salías mientras que en cada empujón yo me quedaba sin aliento y por momentos el dolor hacia que gritara. Me mordía los labios aguantando aquel bombeo incesante que hacía que sintiera como si un hierro al rojo vivo estuviera follando mi culo. Incluso hubo un momento donde se me salieron un par de lágrimas para no retorcerme del dolor. Pero yo, más masoquista atendiendo a tu sadismo, me excitaba sentir como me penetrabas de esa manera totalmente nueva para ambos.

Comencé a tocarme frenéticamente el clítoris para lograr encadenar ambos placeres y mitigar un poco el dolor que sentía y para mi sorpresa, tuve un orgasmo casi que inmediatamente gritando tu nombre lo que desencadenó casi al mismo tiempo tu orgasmo en mi culo. Jadeando me lo sacaste y volviste a ser el mismo amante dulce de siempre que con cara preocupada me dijo: “¿Te dolió mucho pequeña?, lo siento” y me dabas besos por toda la cara mientras me abrazabas. “Estuvo delicioso M”. “Realmente estuvo muy rico” respondiste sonriendo. Toqué mi culo y observé en mis dedos tu semen mezclado con un hilito de sangre. Me levanté de nuevo a la ducha y noté como me dolía el trasero al caminar. Pensaba que en realidad esto había sido espectacular y que merecía la pena repetirlo.

De vuelta en la cama, te encuentro relajado y te pregunto qué te había parecido.

“¿Desde cuándo tenías esta curiosidad?” fue tu respuesta, yo recordando de nuevo a D te dije “No sé, me provocó de pronto, además tu sabes que yo soy muy curiosa siempre, no hace falta que algo o alguien me la active.

Esa noche no podía sentarme bien en el auto cuando me llevaste de vuelta a casa, al llegar me preguntaste “¿Esto se volverá a repetir?” y te dije “Sólo tienes que pedirlo mi amor”

Pude ver de nuevo al sádico en tus ojos mientras te respondía y yo encantada aunque adolorida de poder hacerlo mil veces más.

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