Un amigo me inicia en el placer anal

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Compartir entre amigos es uno de los placeres que te da la vida

Soy de las personas que a pesar de no tener un séquito de amigos, los que tengo son atesorados por mi como si se trataran de la joya de un faraón; cuando me necesitan siempre pueden contar conmigo y yo con ellos. Ese día donde mi vida no estaba del todo bien me encontré casualmente en el pasillo de la universidad con D, uno de mis amigos mas cercanos quien al ver mi cara de pocos amigos me invita a tomar una cerveza. Aceptó y empezamos a charlar camino a la tasca. Le conté que había tenido un mal día, que iba bastante mal en una materia, que no había podido cumplir con una asignación y que de paso mi novio y yo habíamos tenido una semana de peleas intensas que solo habían logrado alejarnos. A su vez D comenzó a decirme que a su pareja y a él tampoco les estaban saliendo las cosas bien, y que ella se había ido unos días a la casa de su mamá en otra ciudad después de un enfrentamiento terrible que habían tenido. Al parecer a ambos en el tema del amor nos había caído una maldición.

Llegamos a una tasca cercana muy agradable, nos sentamos en una mesa y pedimos dos cervezas muy frías “para congelar la rabia” según dijiste. La música del lugar era deliciosa, sonaba sin cesar Soda Stereo, Police y otras estrellas que hoy consideraríamos clásicos. Entre historias empezó a transcurrir el tiempo y a aliviar nuestras penas entre cervezas que iban y venían. Me levanté al baño y al regresar sobre la mesa había una jarra de sangría y algunos pasapalos. Me dijo:”¡Cambié el menú a ver si nos cambia el humor!” ambos reímos y brindamos por dejar atrás a “esos malvados” que nos acababan de amargar el día. Creo que no fue buena idea lo de mezclar bebidas, pues pronto empecé a sentirme alicorada al igual que D.

Reíamos por tonterías y cantábamos a todo pulmón las canciones que ambientaban el lugar. D era muy guapo, de hecho, uno de los más guapos del grupo, era muy alto y de buen cuerpo pues practicaba artes marciales, cabello castaño y ojos marrones grandes y expresivos pero lo que más llamaba la atención era su sonrisa. Era de esas personas que si sonreía el lugar se iluminaba, pues no sólo su sonrisa era realmente hermosa estéticamente hablando, sino que poseía ese no-sé-qué que hipnotizaba. Nos levantamos a bailar en varias oportunidades algunos sets de música latina, nos estábamos divirtiéndonos de verdad y noté como un par de chicas lo miraban cada vez que salíamos a la pista a bailar. Le dije mientras bailábamos “D eres un galán, ve a aquellas dos babeadas por ti, son bien lindas, deberías acercarte y darles tu teléfono” D las mira de reojo y dice “Nada que ver, yo ando con una de las más lindas de este lugar” lo golpeo suavemente en el hombro y le digo que no me fastidie, que si quiere vaya a saludar a las chicas y que deje de decir mentiras.

“¿Mentiras? No miento L, tu eres muy linda, no serás la más hermosa de la Universidad, pero a mí me pareces además de súper agradable y simpática, muy linda”

“¿Vas a seguir fastidiándome? De seguro me vas a pedir algo” le dije en tono burlista.

Justo en ese momento D se detiene en pleno baile y dijo “No te voy a pedir nada, te voy a dar” y acto seguido me besa dejándome invadida de una extraña sensación que recorría mi espalda como un camino de hormigas.

No sé qué cara puse pero él mirándome fijo me dijo “L, no sé qué pasa pero desde que empezamos a bailar sentí muchas ganas de besarte. No te enojes por favor” A lo que simplemente le respondí con otro beso. Nos fuimos a sentar en nuestra mesa y pasaron un par de minutos sin hablarnos, hasta que dijiste “No sé qué me esté pasando, pero no puedo resistirme a la tentación de besarte y tocarte. Si quieres te llevo a tu casa ya y no hablamos más de esto”.

Yo tenía la mente hecha un lío, pensaba en mi novio, en la novia de D, en nuestro grupo de amigos, en todo. Pero no podía resistirme a la idea de seguir besando a aquel hombre.

En un momento de lucidez le dije “Mejor llévame a casa” De inmediato D pagó la cuenta y nos fuimos en búsqueda de su auto. Caminamos en silencio hasta el estacionamiento, y entramos en el auto con una mezcla de vergüenza y miedo.

Frente al volante me mira y me dice: “Lo siento. No quise molestarte, no sé qué me pasó, espero poder remediar esto, pero es que me siento tan bien contigo, hoy estas tan linda y nos hemos divertido tanto…” y casi sin darme cuenta me vuelve a besar. Ésta vez no me quedé inmóvil, sino que mis brazos lo rodearon aproximándolo a mi cuerpo, lo que provocó que él me tomara de la misma manera. Estuvimos besándonos como si no hubiese un mañana mientras acariciábamos nuestros rostros y cabello. Sentí como empecé a mojarme y me moría por saber si él tenía el mismo grado de morbo que yo, quería tocar su pene pero no me atreví hasta que el tomo mi mano y mirándome a los ojos llevo mi mano a su entrepierna diciendo: “L, mira como me pones” y sentí su falo durísimo y grande, esto provocó que la humedad de mi vagina se acentuara y que mis pezones se pusieran tan duros que me fastidiaba el brassier. Me dijo “Te llevare a tu casa ahora antes de que podamos hacer algo de lo que nos vamos a arrepentir” y emprendimos el camino. Yo vivía a 25 minutos de la universidad y esos minutos la pasamos en silencio. Al llegar a mi portal, me voltee para tomar mis libros del asiento trasero de su carro y salir, mientras D me miraba con una expresión que aún no logro descifrar, justo cuando iba a salir D me hala por un brazo y me vuelve a besar apasionadamente dejándome ya sin voluntad, sentía como bajaba su mano hasta mi escote y la metía entre mi blusa y mi brassier, continuamos besándonos apasionadamente en su auto, yo le apretaba el pene aun escondido dentro de su pantalón pero muy duro y el me tocaba por todas partes como un ciego explora un lugar nuevo. Vi como un señor paseaba a su perro y trataba de atisbar curioso lo que sucedía dentro del auto pero no podía detenerme y el saberme vista sólo aumento mi perversión. Comenzó a lloviznar y le dije: “Entremos, que mis padres no están”

Vi como tu mirada ardía al igual que mi vagina. Lo siguiente que recuerdo es estar en mi cama acostada al lado de D mientras lentamente me quitaba la ropa y besaba mis senos mientras yo apretaba su pene sobre su ropa interior. D tenía un pene enorme y hermoso, era el más grande que había visto y lo llevaba totalmente depilado por lo que se veía aún más grande. D me tumbó de espaldas y prácticamente me arrancó mi panty para meterme sus dedos rítmicamente en mi vagina, tenía unas manos fuertes producto de su deporte y unos dedos iguales de fuertes pero ágiles que metía y sacaba a su antojo “Estás muy apretadita, ¡qué rico!” me dijo sacando sus dedos y chupándoselos descaradamente para volvérmelos a meter. Yo lo pajeaba mientras recibía aquel placer de su parte cuando sonó el timbre de mi casa. Casi salto de la cama, me envuelvo con una sábana, y salgo corriendo a la puerta, pregunto quien es y escucho la voz de mi vecina preguntando si estaba bien pues sabía que esa noche estaría sola, abro un poco la puerta y le digo que me disponía a bañarme y que todo estaba bien y mientras la señora hablaba que si ella estaba a la orden, que la llamara cualquier cosa, etc. yo sentía como por mi muslo bajaban mis jugos estimulados por los dedos deliciosos de D.

Al irse mi oportuna vecina me dirijo de nuevo a la habitación y me consigo a D totalmente desnudo acostado en mi cama, masturbando aquel pene grandísimo y con esa sonrisa que desarma al mundo diciéndome “¿En qué estábamos? casi me abalanzo sobre él.

Le besé el espectacular pecho, le mordí suave los pezones y seguí bajando hasta meterme sólo la punta de su pene en mi boca. Me dijo “Eres una diabla L, con esa carita de inocente” Lo miré y me sonreí pues el aún no sabía lo “diabla” que puedo ser y empecé a trabajar sobre aquel falo grandísimo que jamás pude meterme totalmente en mi boca sin sentir que me faltaba el aire. Mientras se lo chupaba me cambio de posición acercando mi culo a su cara, me acaricio las nalgas de una manera deliciosa y de vez en cuando con su índice y pulgar abría mis nalgas para acariciar la parte externa de mi ano. Jamás había recibido semejante caricia lo que hizo que casi tuviera un orgasmo,sentia como sus dedos masajeaban suave pero firmemente el area alrededor de mi ano lo que provocaba que sintiera esa zona caliente y palpitante,pude sentir como se me dilataba el ano como preparandose para acoger al nuevo visitante. Tuve miedo al dolor,pero al mismo tiempo la curiosidad producida por aquellas caricias nuevas hacian nacer en mi una faceta que no conocia pero que me encantaba y me impulsaba a pedir mas. Acto seguido D se colocó sobre mi y empezo a ponerse un condon, senti un vacio en mi estomago pensando que aquel gran tallo iba a desflorar mi culo inocente.En un segundo tuve una mezcla de emociones que iban desde el terror al dolor hasta la curiosidad por sentir como sería aquel hombre dentro de mi.Adivinando mi pensamiento ,D con su media sonrisa dijo”L,no voy a hacer lo que no quieras que haga.Quedate tranquila y goza” y me metió aquella enormidad por mi vagina lo que hizo que se me escapara un grito. Tapándome la boca me dijo “te va a oír la vecina” y me reí pensando en que la vecina también gritaría al ver semejante pene. Me folló divino, sentí que su falo llegaba a lugares donde jamás había llegado nadie, me excitaba mucho escucharlo casi que bramar como un toro cada vez que me empujaba aquel tronco durísimo en mi cuca. Me dio vuelta sin sacármelo y me coloco sobre su cuerpo para que yo lo montara, tuve dos orgasmos deliciosos antes de volver a cambiar de posición poniéndome en cuatro y metiéndolo primero suavemente para ir dándome más duro, De pronto me acaricio las nalgas y las abrió mientras me decía observando mi ano “Tienes un culo muy lindo L, ¿ya te han dado por ahí? “ “¡No! y no vas a ser tú él que me reviente con esa monstruosidad que tienes” le dije pues en verdad no había tenido experiencias anales de ningún tipo y sinceramente no me llamaba la atención, sonriendo me dijo “No haré nada que tú no quieras hacer, pero déjame mostrarte algo” Y acto seguido sentí como su dedo mojado me acariciaba de nuevo la periferia de mi ano mientras mantenía su firme pene clavado en mí cuca mientras lo movía casi imperceptiblemente. Seguía dándome ese masaje nuevo y encantador mientras me abandonaba a esa nueva experiencia, con una mano me acariciaba la espalda y las nalgas cuando de pronto sentí como su dedo invasor entraba por mi ano virgen, di un respingo al principio pero el placer producido fue mayor. bajé la parte superior de mi cuerpo dejando mi culo aún más expuesto para esas caricias novedosas mientras suavemente era penetrada por su pene y su dedo en mis dos orificios, tuve un orgasmo intenso, inolvidable. Sentía como mis esfínteres se ceñían ante sus visitantes y D preguntaba “¿Te gusta? ” me sentía perra, me sentía nueva… no me gustaba, ¡me encantaba! Ese dedo entrando y saliendo de mi culo me enloquecía y fue el preámbulo para que D tuviera su primer orgasmo conmigo. Le pedía por favor que no me lo sacara, aunque sabía que ya el había acabado, lo mantuvo duro unos minutos y aquel dedo seguía su labor hasta arrancarme un orgasmo que jamás había sentido antes. Nos acostamos muy juntos respirando como fieras . Esa noche lo hicimos dos veces más antes de que amaneciera.

Al día siguiente me dolía todo el cuerpo, pero mi vagina y mi ano eran los más lesionados. Me fui a la universidad pensando en que no quería ver a nadie y menos a D y efectivamente así fue por unos días hasta que me lo conseguí de nuevo en los pasillos del instituto. Nos saludamos como si nada hubiese pasado y nos hicimos las preguntas de cotidianidad que se hacen los amigos. Al despedirnos D se acercó a mí y dijo: “No puedo olvidar esa noche, creo que jamás lo haré” y respondí “Sinceramente, yo tampoco”

Han pasado casi 30 años de ese encuentro que jamás se repitió, aun somos amigos y cada vez que nos quedamos solos me pregunta “¿Aún recuerdas?” y le respondo con una sonrisa. Gracias a D mi curiosidad por el sexo anal despertó y pude abrirme a un mundo de placer que no conocía y que en realidad disfruto.

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