De cornudo a putita

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Fue un día del mes de julio, un día como otro cualquiera. Serian sobre las 14:00 horas y me encontraba prestando un turno de vigilancia en un hospital de Toledo donde presto servicio, ya que soy vigilante de seguridad. Me llamo Daniel y cuando ocurrieron los hechos que voy a narrar tenía 39 años y estaba casado con María que, si las cuentas no me fallan, tendría 32 años ya que es 7 años menor que yo. Vivimos en un pueblo cerca de Toledo y ella trabaja en un centro comercial en Madrid.

María es una mujer voluptuosa si entendemos esto como una mujer maciza, vamos que esta cañón o jamona. Mide 178 cm, pesa unos 70 kilos, tiene un pecho prominente y unas nalgas apretadas que tiran para atrás, además de una larga cabellera y una bonita cara redondeada, acompañado todo ello de un matiz provocativo en la mirada que la hacen irresistible a los ojos de cualquier macho que se precie.

La llamada fue súbita por lo sorpresiva e inesperada, además de irreconocible. Era un numero oculto. Aun así, lo cogí, no sé porque lo hice, no suelo atender llamadas de estos números. Al descolgar lo primero que oí fue un ruido metálico de fondo (que más tarde identifiqué como una el sonido de una caldera) y una clara voz de mujer, entre airada y confusa:

– ¿Eres el novio de María José? me pregunto

– ¿Quién es? – le respondí yo

-Pregunto por el novio de María -volvió a insistir

-No soy su novio, soy su marido. ¿Quién llama?

-Ah, eres su marido, vaya vaya, que sorpresa-me contesto con un tono claramente perceptible de sorpresa en su voz-. Esta sí que es buena-continúo diciéndome- Pregunto por un novio y me encuentro con un marido. Escucha bien lo que te voy a decir, presta atención.  Di a tu mujer que deje en paz a Salvador, mi novio, o tendrá problemas graves conmigo. Tu solo dila eso – Y colgó.

Me quede perplejo e inmóvil durante un tiempo indefinido. Como estaba solo en el parking del hospital, pude apoyarme en uno de los pilares a la vez que mi sesera empezó a cavilar acerca de lo que acababa de ocurrir, tratando de asimilarlo. Después de un tiempo dándole vueltas al asunto sin llegar a nada en concreto y en vista de que la hora del relevo se acercaba, decidí marcharme entre perturbado, airado y algo mareado, deseando que el turno se acabara de una vez para irme a casa y hablar cuanto antes con mi mujer sobre ello.

En casa, a medida que pasaban las horas mi zozobra aumentaba, apenas probé bocado y tuve que abrir una vereda en el pasillo del comedor de tanto ir y venir por él. Creo que llegue a eso que llaman paroxismo nervioso, pero no estoy seguro ya que desconozco los alcances y efectos de ello. En todo caso, hube de estar muy próximo. Encontrándome pues en este estado, fueron pasando las horas hasta que por fin el ruido de una llave en la cerradura de la puerta me indicaba que María acababa de entrar en nuestra casa.

A pesar de la carcoma que me corroía por dentro, al principio no la dije nada, decidí reservar mi locución para después de la cena, por lo que el resto de la tarde transcurrió sin mayores novedades. Después de cumplir con el ultimo tramite gastronómico del día en el que apenas ingerí nada, nos sentamos en el sofá del comedor y antes de ver la consabida película o serie nocturna, sin más dilación y sin ningún tipo de aseptismo, formulé la pregunta que había estado rumiando por tiempo incalculable.

¿Quién es Salvador?

Me miró fijamente durante unos segundos con una cara que Velázquez nunca habría querido para uno de sus cuadros. La pregunta la había dejado estupefacta. Finalmente atino a decir:

– ¿Como que quien es Salvador? -contesto

Lo que has oído-respondí. Y acto seguido volví a preguntárselo de nuevo. ¿Quién es Salvador?

Un cliente-respondió. Espera un momento-dijo entre claros balbuceos. – ¿Quién te ha dicho que conozco a Salvador?

-Eso es lo de menos. – ¿Qué pasa con ese tío? ¿Quién es?

-Ya te lo he dicho. Un cliente del centro comercial que va a comprar allí de vez en cuando

-Pues según alguien que os conoce parece ser que es algo más que un simple cliente

Ante esta última frase se me quedo mirando otro lapsus de tiempo indeterminado sin saber bien que responder. Finalmente, a la desesperada soltó una perorata del tipo de no confías en mí, yo nunca te engañaría con otro, como puedes pensar que ni ella misma se creía. Pero no la sirvió de nada porque estas alturas yo ya estaba a por todas. Temerariamente decidido, lance otra embestida a su línea de flotación:

-Mira María José, no me tomes por gilipollas, porque esta mañana me ha llamado una tipa diciéndome que dejaras en paz a su novio o que te las tendrías que ver con ella

– ¿Qué te ha llamado una mujer?

-Sí, una mujer que decía que era su novia.

-Pues no se….

– ¿Como que no sabes? ¿Me puedes explicar cómo es posible que me haya llamado una tía que no me conoce de nada y me suelte eso? ¿Tú crees que si no hubiera pasado nada entre él y tú me iba a venir con estas?

Se quedó callada mirando a la nada, momento que aproveche para lanzar la última andanada que tenía reservada, un farol digno del mejor jugador de póker. Mirando al reloj dije:

-En media hora va a llamar de nuevo, voy a poner el altavoz del móvil y los dos vamos a oír lo que tenga que decir.

Esto último la desarmo por completo. Antes de que bajara la cabeza, vi copiosas lagrimas que cayeron sobre las plaquetas al tiempo que me respondía:

-Vale. Si. Para mi es más que un cliente-dijo sollozando

– ¡No jodas! -Brame. Al decir esto percibi una voz gutural que no era la mía-No, no, no-dije. ¿Quieres decir que te has liado con él?

-Sí, hemos salido varias veces-me respondió nuevamente entre sollozos

– ¿Os habéis acostado?

Si, nos hemos enrollado algunas veces

Salí del comedor y fui al baño, me senté en la taza y me puse a llorar. Perdí la noción del tiempo haciéndolo. En un momento dado me levanté y volví al comedor, donde continuaba ella con la vista fija al frente y ya sin lágrimas, Ni me miro cuando me senté.

¿Cómo has podido hacerme esto-le pregunte

Ella había recobrado un aplomo que me sorprendió, pero más lo hizo su respuesta:

– ¿Qué quieres que te diga? Con Salvador me encuentro muy bien. Es atento, amable y servicial conmigo, me da mucho cariño

– ¿Y yo no te lo doy todo eso?

-Ya no, he ido perdiendo la ilusión contigo y no lo has visto o no lo has querido ver, mi vida era muy aburrida hasta que apareció el

-Antes de liarte con otro, podías haber tenido la decencia de decírmelo y hubiéramos dejado la relación.

-Vale, sí, tienes razón, yo te quiero, pero nuestra llama se ha apagado hace mucho tiempo

– ¿Me quieres y te lías con otro? No te entiendo

-Es fácil de entender. Al no darme atención y amor, lo he buscado en otro, ya apenas ni follabamos.

-Eso no es cierto

-Si lo es, un polvo los domingos y de compromiso-para a continuación añadir-Te quiero. Y súbitamente me abrazo.

La devolví el abrazo y sin saber porque comencé a morrearla a la vez que la magreaba las tetas. Estaba excitado sin motivo aparente y mi polla de 18 cm gruesa como un astil así lo delataba. Nos levantamos y fuimos directos al dormitorio donde nos metimos en la cama, desnudándonos en menos tiempo que se tarda en decirlo y sin más preámbulos me dispuse a penetrarla

-No, no-me dijo

– ¿Cómo qué no? ¿Qué no qué? -respondí al no saber bien a que se refería

-Qué no me la metas-dijo, a la vez que cerraba las piernas, Y añadió-mi coño ahora es de Salvador y si me la metes seria como engañarle

– ¿Pero qué cojones estas diciendo? ¡Abre las piernas ahora mismo!

– ¡Te he dicho que no! Si tantas ganas tienes… ¡cómeme el coño!

Jamás he forzado a una mujer a hacer lo que no quiere hacer. Resignado, me eché hacia atrás y con avidez comencé a comer su coño como sé que a ella le gusta, primero en el centro, describiendo suaves círculos y luego de abajo a arriba en lametones suaves empleando la punta de la lengua

-Ummmm…..si, si, asiiiii-no pares…ummmm

– ¿Te gusta, zorrita, te gusta cómo te lo cómo?

-Ummm…sigue, sigue… ummmm…ahhhhh

– ¿Así? ¿Así?

-Siiiiiiiiii

Acelere el ritmo de los lametones y ello desencadeno la explosión. Ella se corrió dando alaridos como una perra en un orgasmo brutal, a dúo con el mío en perfecta sincronización, descargando una abundante cantidad de semen que me dio tiempo a soltar en su tripa, formando un pequeño charco. Se limpió, se volvió hacia mí y comenzó a hablarme:

– ¿Te ha gustado?

 -Mucho

-Sabes que te quiero y deseo seguir contigo-me dijo mirándome a los ojos-mientras añadía-pero no voy a renunciar a Salvador

-Mañana lo hablamos… ¿Te parece?

Sin responderme, se dio la vuelta y ahí me quedé tumbado boca arriba en la cama mirando al techo con las manos entrelazadas, reflexionando en todo lo que había ocurrido desde que recibí esa llamada hasta la comida de chocho que había hecho hacia dos ratos, un chocho que estaba siendo follado por otro hombre. Y el pensar en esto último inexplicablemente me excitaba. Y mucho.

(Continuara) 

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