Putas, machos alfas y machos débiles 3

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Estaba en clase cuando me vibró el móvil avisándome de un whatsapp. Hace unas semanas era una chica normal que cuando el símbolo del whatsapp se encendía en su teléfono quería que fuese su novio el que le había escrito, pero últimamente sólo deseaba ver un mensaje de Jacobo. Y así fue esta vez para mi alegría. “Ven a mi despacho cuando termine tu clase”. Mire el reloj. Quedaban 5 minutos, aunque como siempre que esperaba para ver a mi amo, el tiempo se ralentizaba y se me hacía eterno. Cuando terminé la clase salí a verle rápidamente disculpándome con mis amigas.

Toqué a la puerta y asomé la cabeza para pedirle permiso para pasar.

–       Siéntate puta – me dijo señalándome la silla. Me encantaba su voz y cómo sonaba de autoritaria. Me estaba haciendo adicta a todo lo relacionado con él.

–       Sí, amo. – respondí mientras me sentaba. Él sacó varios objetos de su cajón. Una pulsera digital, unos adhesivos y lo que parecían barras de piercing.

–       Quiero que a partir de ahora te pongas esto. – Me entregó la pulsera. – Es una smartband. Controla tu pulso, tu sueño y me envía los datos. ¿Has oído hablar del internet de las cosas?

–       Sí, mi novio Javi tiene una empresa tecnológica y me habla de muchas de esas frikadas… Son objetos conectados a internet ¿verdad? La TV, la nevera, la lavadora, el reloj… – Respondí.

–       Exacto – afirmó extrañado porque lo conociese. – Esto son unos adhesivos que deberás de colocar en cualquier tanga o braguita que te pongas. También quiero que te cambies las barras de los piercing de tus pezones y te coloques estas. Y esta tercera barra te la pondrás en tu clítoris. Irás a hacerte el pendiente el lunes (era viernes).

–       Sí amo, lo haré, pero… No entiendo nada – dije extrañada. ¿Para qué era tanto aparato?

–       Cuando una chica se excita sus pezones se erizan, su clítoris sobresale y el flujo vaginal aumenta. Quiero tener controlado y medir cómo te excitas, cuándo te excitas y por qué te excitas.

No pude evitar poner cara de asco… Me parecía todo de alguna clase de perturbado, no me cuadraba con la idea que tenía de Jacobo. En ese momento Jacobo se incorporó y sin apenas darme cuenta me dio un bofetón en la cara. Hacía mucho que nadie me pegaba. Desde que era niña y mi padre me cruzó la cara alguna vez, nadie me había dado una bofetada. Eché mis manos a la cara y le miré con cara de susto. Él se levantó, me cogió, me incorporó y me puso contra la mesa sujetándome. Yo no hacía ademán de resistirme pero me asusté un poco. Levantó mi falda y me dio un fuerte azote.

–       No quiero que vuelvas a poner esa cara de asco. Eres mía y puedo hacer contigo lo que me dé la gana. Encima que me preocupo por controlar tu placer, me miras como si me tratase de un perturbado, puta. – Me dijo muy cabreado mientras no dejaba de agarrarme con fuerza.

–       Perdona amo, yo… No lo pensé lo siento. – No sé qué me ocurría pero había vuelto a pasar de perturbado al macho alpha que tanto me excitaba siempre.

–       Quiero que me pidas que te azote. El dolor hace corregir comportamientos inadecuados. Quiero que me pidas que te azote y me agradezcas cuando lo haga. – Me dijo enfadado. Odiaba haberle enfadado.

–       Por favor, amo, azótame. Ayúdame a portarme mejor. – Supongo que para él era una delicia que una chiquilla de 18 años con la falda levantada le pidiese que le azotase para portarse mejor.

Mi petición no se hizo esperar y me azotó con fuerza. No pude evitarme un gemido de dolor.

–       Gracias amo… – Repitió la operación. – Gracias amo…

Continuaba con los azotes y yo le seguía dando las gracias. Al principio se las daba sólo porque él me lo había ordenado. Pero luego me di cuenta que se lo agradecía de verdad. No quería volver a enfadarle y si aquello contribuía a ello, no tenía más que palabras de agradecimiento aunque me doliese el culo. No los conté pero me azotó unas 10-15 veces. El culo me ardía, no creía que me pudiese sentar.

Cuando terminó me cogió por la barbilla y me levantó la cara para que le mirase. Tenía la cara roja de tenerla contra la mesa y de aguantar los azotes. También tenía todos los pelos cayéndome por la cara. Pero ver que su cara de enfado había desaparecido me llenó de alegría. No pude evitar sonreír y volver a darle las gracias por educarme.

–       Me colocó la smartband en mi muñeca y la encendió. En ella se veía un cuarto inferior de una circunferencia y un 0 en su interior. Al colocarme vi que él tenía una igual. Pero la suya tenía cuadrado con un 3 dentro.

–       ¿Qué significan estos símbolos y números? – Pregunté extrañada.

–       Más adelante te lo explicaré. Por cierto, aún falta algo que no te he dado. Y tiene que ver con lo que tendrás que hacer esta noche.- Sacó un pequeño aparato que nunca había visto.

–       Te colocarás esto en tu clítoris. Es un vibrador especial que yo controlo desde mi smarthphone. – morbazo, pensé… Mi amo podría darme placer en el momento en que quisiera. Mi imaginación divagaba hacia qué momentos de mi vida cotidiana podría tener eso puesto y que mi amo lo activase pero continuó hablando interrumpiendo mis fantasías.

–       Quiero que hoy te coloques este vibrador y salgas de fiesta con tu novio Javi. Irás a la discoteca Kapital y allí tendrás que chuparle la polla a otra persona que no sea tu novio en uno de los baños.

–       ¿Qué? No puedo hacer eso amo… A ti sí, pero a otros… Además cómo lo puedo hacer con mi novio delante? Aún no está preparado para consentirme unos cuernos. Por favor ordéname otra cosa, lo que sea. – Dije nerviosa. Sabía que no podía desobedecerle y no quería hacerlo, sólo suplicarle que me mandase hacer algo distinto.

–       Parece que no aprendes Claudia… Verás, aún no te he aceptado del todo como mi esclava, estás a prueba y he de decir que no vas por buen camino – Dijo mientras se recostaba en su silla. – Como castigo te tragarás la corrida del tío al que se la chupes, no quiero que quede ni una sola gota ¿entendido? Ni una. Luego irás con tu novio a enrollarte durante 5 minutos seguidos sin despegar su boca de la tuya. Y ya sabes que no puede tocarte las tetas, son mías. Si vuelves a presentar una queja, no incrementaré el castigo, simplemente te irás y no te aceptaré como esclava.

“Esclava”. Era la primera vez que empleaba esa palabra. Siempre me había llamado puta, nunca se había dirigido a mí como esclava. Pero me excitó de sobremanera escuchárselo. De cualquier modo, fuese cual fuese el término, no quería desobedecerle y perderle de ninguna forma.

–       Vale amo. No sé cómo pero lo haré. No quiero perderte. – Dije mientras mi cabeza se preparaba para lo que iba a suceder.__

–       Bien puta. Si no cumples mis órdenes no volveremos a tener estos encuentros. Ahora bien, si alguna vez me mientes en algo. Empapelaré la universidad con tu foto en tetas – me dijo mirándome fijamente muy serio. Aquello me dejó helada. Supongo que no sería capaz, pero el recordar que tenía algo con lo que chantajearme hizo que me sintiese más sumisa hacia él.

–       Sí, amo – Dije mientras me iba pensativa a casa.

Me duché y me vestí con un tanga de hilo al cual coloqué el adhesivo para medir mi flujo. También coloqué el vibrador en mi clítoris y cambié las barras de mis piercing. Piercing que mi novio aún desconocía por cierto. Pensé varias veces en enseñárselos ya que le iban a volver loco, pero eso haría que fuese aún más difícil mantener la prohibición de Jacobo de que Javi me tocase las tetas. Me coloqué el escote del vestido y suspiré. Cada vez se complicaba todo y no quería perder a ninguno de los dos. Amaba a Javi, deseaba a Jacobo y en la noche anterior había visto indicios de un Javi sumiso y consentidor que me concediese este estilo de vida.

Sonó el timbre y era él. Se había puesto particularmente guapo. Los pantalones beige y la camisa que más me gustaban de todo su vestuario. ¡Claro! Aún le tenía sin correrse desde ayer. Lo había olvidado por completo. Me dio un beso apasionado y me dijo lo guapa que estaba. Me preguntó por la smartband de mi muñeca, le respondí que era para controlar el ejercicio que hacía. Nos tomamos unas copas en mi casa antes de ir a Kapital, discoteca que por la media de edad que había (ventipico), no era muy del agrado de Javi (30), pero ese día no puso ninguna pega. Estaba particularmente sumiso y atento conmigo. Se levantaba a servirme las copas y cuando se me derramó una en el suelo se apresuró él a limpiarlo diciéndome que no me molestara. No podía dejar de mirarme las piernas y mi escote y aquello me encantaba.

Hay qué ver lo que puede cambiar un hombre por su deseo de expulsar su semen. Sonreí por dentro. Miré el reloj del móvil, ya eran las 2:30 y ya estaba lo suficientemente chispa por las copas. Cogimos un taxi y entramos a Kapital Todo pagado por Javi, ni siquiera tuve que insinuar nada esta vez, hoy estaba particularmente atento y me encantaba. Aunque era algo cruel pagarme la entrada de una discoteca para que se la chupe a otro tío, la verdad. Pero las órdenes eran las órdenes…

Pedimos dentro la consumición, bailamos, tonteamos y hicimos un poco el tonto. Yo intentaba mirar alrededor en busca de chicos. Había muchos pero… Cómo chupársela a otro sin que mi novio se enterase. Era imposible iba a fallar a Jacobo. Mi cabeza no paraba de dar vueltas sobre cómo podía hacer. En uno de los momentos se encendió por sorpresa el vibrador de mi clítoris. Me cogió por sorpresa y me agarré a Javi. Era un vibrador muy pequeño que justo se enganchaba a mi clítoris y lo hacía todo muy intenso.

–       ¿Estás bien? – Me preguntó al oído

Sonreí afirmando con la cabeza y aparentando tranquilidad. Le dije que iba un momento al baño que no se moviese de aquí. Me dijo que me acompañaba pero le dije que no, que me esperase en la pista. Me acerqué a los baños y el vibrador vibraba con aún más fuerza. La verdad que el alcohol y lo caliente que me estaba poniendo ese aparato ayudaban bastante para cometer una locura. Vi varios grupos de chicos, ninguno sólo. Cuando de repente me cogieron por detrás.

–       Hola, guapa, ¿buscas a alguien?

Era un chico muy alto, fuerte y muy guapo. Parecía que me había tocado la lotería o que el destino se ponía de mi parte pero aún así, le había dicho a Jacobo que iba al baño, con algo de cola aquello podía convertirse en 15-20 minutos, pero era muy difícil en ese tiempo ligarme a un chico, enrollarme con él, calentarle para que quiera llevarme al baño, dejarme, chupársela y conseguir que se corra. Imposible más bien, iba a tener que por primera vez en mi vida tomar la iniciativa yo, pero aquello me costaba muchísimo. En ese momento la vibración aumentó muchísimo. Se me escapó un pequeño gemido que esperaba que quedase ahogado por el ruido de la discoteca pero tuve que agarrarme al chico que acababa de conocer.

–       ¿Estás bien guapa? Si quieres vamos fuera a que te dé el aire.

–       Sí, gracias. – afirmé. Genial, estando solos seguramente me entrase. Pero pronto recordé las palabras de mi amo “tendrás que chuparle la polla a otra persona que no sea tu novio en uno de los baños”.

–       Mejor vamos al baño, no me ha sentado bien alguna copa.

El chico sonrió. “Claro, vamos”, me dijo mientras me llevaba cogida. Yo no paraba de mirar hacia todos los lados desde que él se había presentado para ver si Javi se acercaba. Entramos en un reservado del baño de chicos (en el de chicas había cola y yo no tenía tiempo) con la excusa de que me encontraba mal, pero todos gritaron y dijeron alguna barbaridad. No me importó en ese momento. Que media discoteca pensase que era una puta era el menor de mis problemas. Al entrar en el habitáculo privado con wc cerré el pestillo, me apoyé contra la pared y mordí mi labio inferior. No tenía mucho tiempo si quería obedecer a mi amo a la vez que conservaba a mi novio. El chico al que acababa de conocer entendió perfectamente la indirecta. Sonrió, me entró y comenzamos a enrollarnos. Sus manos fueron directamente a mis tetas. No le culpo, siempre ha sido así. Son de un tamaño algo desproporcionado para el cuerpo pequeño que tengo. Las tocó, las sacó por fuera del vestido sin dejar de besarme y de comerme el cuello. Mis manos, que siempre permanecían quietas agarrando al chico y dejando que él tome la iniciativa fueron directamente a su polla y al ver que estaba dura a desabrocharle el pantalón. Esta vez no tenía tiempo para dejarme hacer, tenía que acelerar la situación.

Se lo bajé y él pensó que quería follar ya y metió su mano por debajo de mi vestido. Se la paré ya que no quería que descubriese el vibrador que tenía colocado.

–       No… Tengo la regla, te la quiero chupar – Mentí mientras me arrodillaba.

El sonrió encantado y se terminó de sacar la polla. Era descomunal. Nunca había visto una polla tan grande. Debía de medir unos 20-22 cm. Era aún más grande que la de Jacobo. Aquello me puso muchísimo. Tuve que abrir mucho la boca para meterme su glande en ella. Intenté pajearle mientras se la chupaba con mi mano derecha mientras con la izquierda le tocaba los huevos. Estaba empapada. Mi novio en la pista de baile y yo en el baño de tíos de la discoteca, con las tetas por fuera del vestido y con una polla descomunal en la boca esperando a que se corriese para ir a liarme con mi novio. El vibrador seguía en funcionamiento y sentí que pronto iba a correrme. ¿Tenía permiso? No recordaba que me lo hubiese prohibido y la peculiar situación en la que me encontraba me impedía tanto pedirle permiso a mi amo, como intentar aguantar con eso vibrando en mi clítoris mientras vivía la situación que acabo de describir.

Abrí un poco las piernas cuando sentí que me iba a correr. Intentaba no cesar en mi mamada pero inconscientemente había bajado el ritmo. Cerré los ojos ante mi inminente orgasmo y de pronto el vibrador se apagó. “Ahora no por favor” pensé. Paré de chupársela sin darme cuenta aunque no me la saqué de la boca y llevé mi mano derecha debajo de la falda.

–       ¿Qué coño haces? no pares ahora – Me dijo mientras me cogía del pelo y empezaba a follarme la boca. Saqué mi mano de mi tanga y agarré su polla con el fin de no ahogarme. Tardó unos 10 segundos desde que me agarró del pelo en empezar a correrse.

No sé si soltó mucha cantidad o es que había recibido su corrida en una postura incómoda al estar él forzándome a chupársela pero no pude tragarlo todo y parte se cayó a mis tetas. Sabía que tenía que tragarme hasta la última gota así que me senté en el wc esperando a que se fuera, pero él se apoyó en la puerta mirándome.

–       ¿No te vas? – Le pregunté mientras recuperaba la respiración. Casi me había ahogado mientras me cogía del pelo metiéndome esa monstruosidad.

–       No tengo prisa – sonrió.

Él no tenía prisa y yo no tenía tiempo, no era una buena combinación y unido a la calentura que llevaba y que cada vez me importaba todo menos cogí la corrida de mis tetas y me la comí.

–       ¡Vaaaaaya! Eres una auténtica guarra – exclamó.

–       No… – me avergoncé. – Es sólo que no me gusta dejar nada cuando como, así me educaron. – Dije lo primero que se me pasó por la cabeza.

–       Pues si te educaron a no dejar nada, ha caído un poco en el suelo – me dijo mientras señalaba un poco de semen que debía de haber caído de una de mis tetas sin darme cuenta.

No… Aquello era demasiado. No iba a comer ese semen del desconocido del baño de una discoteca. Jacobo no tenía cámaras en todo el mundo y no se daría cuenta. Hice un ademán de levantarme pero algo dentro de mí no quería desobedecer a Jacobo… Además incluso este tío que acababa de conocer y él podrían estar compinchados. Pero no, me daba demasiado asco y no podía humillarme así delante de ese desconocido. En ese momento mi vibrador se activó en una velocidad de mucha potencia lo que hizo que volviera a sentarme en el wc.

–       ¿Estás bien? – Me preguntó el chico.

–       Sí… Tranquilo – intenté aparentar tranquilidad mientras mi excitación volvía a crecer y mi respiración a acelerarse. Intenté durante unos segundos mantener la compustura y olvidar aquella vibración pero aquello era imposible. Ese dichoso aparato estaba enganchado justo en mi clítoris y era demasiado intenso. Mi excitación aumentaba exponencialmente después de haberme quedado antes justo en las puertas de mi orgasmo.

–       ¿Entonces qué? Vas a hacerme ese desprecio de dejar ese poco ahí tirado en el suelo – dijo humillándome y riéndose de mí. En ese momento me estaba levantando y el vibrador se aceleró muchísimo.

Me dejé caer desde el wc de rodillas y luego a 4 patas con la corrida delante. Jadeaba de placer pero en ese momento pensé que Javi seguramente vendría a buscarme al baño y me iba a acabar pillando. Tenía que terminar con todo eso ya si no quería quedarme sin novio. Levanté una mano para recoger el semen pero sentí que me iba a correr y tuve que volver a apoyarla. No sé por qué, algo me incitó a lamerla yo misma del suelo mientras empezaba a correrme. Me ponía estar tan guarra. Con las tetas fuera de mi vestido a 4 patas lamiendo el semen de un desconocido al que se la acabo de chupar mientras me corro. Fue un orgasmo delicioso. El segundo mejor que había tenido en toda mi vida (el primero era claramente el de Jacobo).

–       Nunca había visto una tía tan guarra. Toma mi tarjeta, por si quieres repetir. – me dijo. Sinceramente no quería. Tenía la polla más grande que jamás había visto pero había disfrutado muchísimo más chupándosela a Jacobo. El punto G de las mujeres está en el cerebro y no en ninguna otra parte. Guardé la tarjeta por si mi amo quería alguna prueba pero no tenía intención de volver a llamarle a no ser que se me ordenase.

Salí en busca de mi novio y justo le vi viniendo de la pista hacia los baños.

–       ¿Dónde coño estabas? Has tardado muchísimo, tampoco hay tanta cola no? – Me preguntó.

En ese momento me abalancé a su boca. Era la última parte que faltaba de mi orden y no quería dar ninguna explicación de lo que había ocurrido. Ni siquiera una mentira. Estuvimos liándonos los 5 minutos que Jacobo me había ordenado y al separarnos me dijo:

–       Sabes rara, ¿has vomitado?

–       Sí… Un poquito, perdona.

–       Mi princesa no sabe beber – me dijo mientras me acariciaba el pelo.

Era tan dulce conmigo… Si supieras que tu princesa acaba de chupar otra polla.

Me dio pena y consideré que ya le había tenido lo suficiente en castidad. El otro día se quedó caliente, ahora había estado sólo mientras yo se la chupaba a un desconocido y luego se había enrollado conmigo. ¡Qué menos que un orgasmo! Le dije de entrar al baño y cuando entramos volvieron los gritos y las coñas. Sin darme cuenta me metió en el mismo habitáculo en el que había estado de rodillas hace nada.

Me puso contra una pared al igual que el anterior desconocido y sus manos fueron a mis tetas. Os encantan a todos, pensé. Pero esta vez le paré las manos.

–       Aún no tienes permiso para tocarlas – le dije poniendo cara de zorra. Primera diferencia con el desconocido.

–       Follar o chupármela sí que podré no? – me preguntó sumiso. Qué rico era pidiendo permiso. Aquí radicaba la diferencia de un macho alpha de verdad y un macho beta.

–       No, volví a sonreír. No me vas a follar y no te la vas a chupar. Y como te portes mal tampoco te vas a correr hoy. – Le dije mientras le sentaba en el wc y le bajaba los pantalones. Nada de mamadas, segunda diferencia.

Cogí su polla con la mano derecha y empecé a pajearle. Estaba excitadísimo.

–       El otro día me pareció que te ponía mucho imaginarme que era otro tío el que me follaba, no? – le pregunté con voz de zorrita.

–       Bueno sí… – agachó la cabeza avergonzado – es una fantasía que tengo desde hace bastante tiempo. Pero no quiero hacerla, simplemente me puso.

–       ¿No quieres hacerla? Eso significa que no quieres que tu novia disfrute como se merece… – seguía con voz lo más puta que podía.

–       Sí, sí, quiero que disfrutes, me encanta que disfrutes. – me dijo fuera de sí debido a la excitación.

Solté su polla y me apoyé en frente de él contra la puerta. Subí mi falda e introduje mi mano dentro de mi tanga como si me masturbase.

–       Pues yo quiero disfrutar de más pollas… ¿No vas a darme tu consentimiento?

–       ¿No te sirve con la mía? – me preguntó aún resistiéndose a aceptar ser un cornudo, mientras comenzaba a pajearse él mismo.

–       No es que no me sirva… Es que me pondría mucho follarse a otros sabiendo que tú eres mi novio y lo acepta… Tendría unos orgasmos increíbles, ¿no me merezco ese placer?

–       Uff sí, pero es que imaginarte con otros… Me pone mucho pero a la vez me enfada y me cela. No quiero perderte. ¿No puedo darte yo ese placer?

Me acerqué a él y le puse mi escote cerca. Si me sacase las tetas sería mucho más fácil pero no quería dar explicaciones sobre los piercing.

–       Tú me das mucho placer y te amo. Nunca me separaría de ti. Pero tengo 18 años y quiero realizar fantasías. ¿No me vas a dar permiso?

–       ¿Me puedo correr? – me dijo intentando esquivar la pregunta.

–       No. Hoy tampoco te vas a correr, creo que no te lo has merecido. Dije seria colocándome el vestido. Intentaba imitar los órdagos que Jacobo lanzaba conmigo.

Su cara cambió completamente.

–       Perdóname Claudia, no quería decir eso, necesito correrme por favor, llevo un día entero pensando en ti, volviéndome loco, deseando que llegase este momento. – me dijo sumisamente. Qué diferente era a Jacobo. E incluso al desconocido al que se la acababa de chupar. Tercera diferencia por cierto. Uno me agarró por la cabeza para correrse en mi boca mientras otro me suplica su permiso.

–       ¿De verdad crees que no me merezco otras pollas, Javi? – Dije volviendo a acercar mi escote y a gemir a su oído.

–       Sí, te mereces otras pollas Claudia. De verdad que me pondría muchísimo que hicieras lo que te diese la gana con otros tíos, tan sólo ayúdame a asumirlo por favor. Lo único que quiero es que disfrutes como te mereces. – me dijo sumisamente. Me recordaba a mí con Jacobo. Cuarta diferencia contando estas humillaciones.

–       Tranquilo, yo te ayudaré. Pero tendrás que obedecerme y no te volverás a correr sin mi permiso. – le dije intentando ponerme todo lo seria posible.

–       Te lo prometo. ¿Me puedo correr ahora? – veía en su cara la desesperación. Sinceramente me daban ganas de ponerle a prueba y negárselo. Pero dudo mucho que pudiese obedecer y era ir demasiado lejos.

–       Mmmm… Depende. ¿En qué vas a pensar? Sólo te daré una oportunidad para contestar – seguía intentando imitar a los métodos de Jacobo.

–       En ti disfrutando con otro tío – me respondió sin dudar ni un instante.

–       Interesante… ¿Y cómo te gustaría que tuviese la polla ese tío, Javi? – le respondí juguetona. Quería seguir torturándole.

–       Más grande que la mía, para que disfrutes más incluso que conmigo – estaba desesperado. Tan sólo quería correrse.

–       Entonces, ¿vas a ser un buen perrito faldero y aceptarás tus cuernos? – le dije con voz de niña buena mientras me bajaba el escote sin llegar a enseñar mis pezones.

–       Síii te prometo que seré tu perito y aceptaré los cuernos que me quieras poner Claudia.

–       Entonces córrete perrito – dije mientras me echaba hacia atrás mordiéndome el labio inferior y sonreía.

Desde un metro más atrás observé la situación. Tras muchas súplicas y humillaciones le había dado permiso para correrse a mi novio haciéndose él mismo una paja. Conmigo en frente vestida y con las tetas guardadas. Qué diferencia con Jacobo o el desconocido de antes. Pero le amaba. Además había asumido el papel que le correspondía conmigo. Sólo tenía que entrenarle un poco. Suspiré emocionaba ante la vida llena de placer que podía esperarme.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *