Putas, machos alfas y machos débiles 4

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Me desperté la mañana del sábado con una llamada en mi móvil. No tenía excesiva resaca pero si que recuerdo haberme despertado algo desorientada. Ayer había sido un gran día, un paso más hacia mi deseo de tener la vida dual que toda mujer soñaría y la cual Jacobo me había descubierto. Un novio cariñoso y sumiso y amantes que me otorguen todo el placer que pueda imaginar. Precisamente la llamada era de Jacobo por lo que no le quise hacer esperar.

–       Hola amo – dije con voz de recién levantada.

–       Hola zorrita. ¿No tienes nada que contarme de ayer?

Le relaté con detalle todo lo que había sucedido hasta que me tragué toda el semen del desconocido y cómo me había sentido en este momento. Omití la parte de mi novio Javi ya que no me había preguntado por ello.

–       Muy bien Claudia, ahora vamos a la segunda prueba que influirá en la decisión de si te acepto o no como mi esclava – Si me acepta o no… ¿De verdad con todo lo que había hecho sería capaz de rechazarme y no volver a hablar conmigo? Suponía que no, pero ni loca iba a arriesgarme.

–       Lo que ordenes, amo – mi corazón volvía a acelerarse ante una nueva orden.

–       Quiero que escribas a ese chico del que me has hablado y te ofrezcas a ser tu esclava durante una noche. Solo lo harás durante la noche de hoy, luego bloquearás su número y desaparecerá de tu vida. Especifícale que sólo serás su esclava sexual, nada de dolor, ni torturas fuera de unos azotes en el sexo – me explicó.

La prueba no me parecía complicada. El chico era muy guapo y mi novio hoy quedaba con unos amigos. Tendría la noche para mí. En ese momento reparé en la pulsera (smartband) que Jacobo me había dado. En la pantalla seguía apareciendo ese cuarto de círculo pero ahora aparecía un 1 en vez de un 0. Le pregunté a Jacobo acerca de ello.

–       Aún no es el momento de explicártelo, pero ese símbolo y ese número representa un rango dentro de tu entrenamiento. Las líneas circulares representan la sumisión y que sólo sea un cuarto de círculo quiere decir que eres sólo una aspirante – me explicó. ¿Aspirante? En ese momento me vino a la cabeza su pulsera. Tenía un cuadrado y un 3.

–       ¿Y el 1? – pregunté aunque intuía que era un nivel dentro del rango de aspirante. Tras la prueba de ayer había cambiado. Pero Jacobo no quiso seguir respondiéndome estas dudas y sinceramente, no era lo que más me preocupaba ahora mismo.

–       ¿Cómo va la transformación de tu novio, Javi, en un cornudo sumiso? – me cambió de tema con toda naturalidad, como el que habla del tiempo.

–       Estoy en ello… Creo que pronto lo tendré – respondí orgullosa.

–       Mira Claudia, te explicaré algunas cosas para ayudarte en el proceso. Los sumisos son distintos a las sumisas. Para vuestra dominación hay que descubriros un mundo de placeres pero para la clave en la dominación  de un sumiso es la negación de esos placeres, es decir, de sus orgasmos. ¿Hace cuánto que se ha corrido? – me preguntó. La verdad es que me había dado cuenta de lo que Jacobo me decía. Desde la prohibición de correrse, Javi había estado más atento y sumiso que nunca en nuestra relación.

–       Ayer le dejé correrse… Aunque sin yo hacerle nada, se hizo una paja pensando en mí con otro chico – le dije tímidamente, teniendo miedo de haber actuado mal por haberle permitido ese orgasmo – es que me dio pena después de todo lo que hice.

–       La educación de un sumiso no puede basarse en la pena, Claudia. Debes de hacer siempre lo que sea necesario para convertirle en aún más sumiso hacia ti. Es tu responsabilidad educarle y corregir su comportamiento, para que cada vez te obedezca más y mejor.

–       Tienes razón amo, no me dejaré volver a influir por mis sentimientos – le dije excusándome.

–       Como te decía una forma de que tu novio se vuelva más sumiso es la castidad, pero existe otra manera de acelerar esa sensación si se ha corrido recientemente. Debes de provocarle, llevarle al borde del orgasmo y ordenarle que se detenga, se la guarde y siga con su vida. Y repetir el proceso cada X tiempo. Esta técnica se llama tease and denial (provocación y negación). Al llevarle al borde del orgasmo varias veces y negárselo, la sensación que experimentará el sumiso es similar a la de llevar algún día sin haberse corrido – me explicó. Atendía atentamente todas sus palabras. Era increíble todo lo que llegaba a saber Jacobo sobre la sexualidad de las personas (al menos desde mi juvenil punto de vista).

Me ordenó realizar estas operaciones y luego ponerle un aparato de castidad del que yo guardaría la llave. Jacobo me colgó tras haberme dado todas las órdenes y comencé por escribir al chico de ayer.

–       Hola… ¿Te acuerdas de mí? Nos conocimos ayer en Kapital – tecleé en whatsapp.

–       Conocí a varias chicas ayer en Kapital, sé un poco más concreta – me contestó. Parecía que le gustaba jugar conmigo.

–       La del baño… – escribí sabiendo que se acordaba perfectamente.

–       Conocí a más de una en el baño. Estáis desatadas las chicas de hoy en día. Especifica un poco más – Me imaginaba su cara riéndose de mí. Como cuando me comí su semen y él me miraba riéndose. Pero no me importaba jugar a su juego. Después de esta noche no volvería a saber de él.

–       La que te chupó la polla y se comió luego todo el semen – respondí excitándome por humillarme ante un desconocido.

–       Aaah, sí, la tetuda tragalefa. Encantado, me llamo Mario. – me respondió. “Tetuda tragalefa”, grandísimo hijo de puta pensé.

Le expliqué las condiciones que me había marcado Jacobo (sin mencionarle a él claro está). Mario aceptó encantado, me dijo que daba una fiesta en su casa esta noche con unos amigos y que quería que fuese su camarera y luego acabar follando con él o un amigo suyo. Le dije que tenía novio y que no quería que me presentase a mucha gente, el mundo es pañuelo como dicen siempre.

–       No te preocupes, si te parece te pondré una peluca y una máscara veneciana – me escribió. La verdad que no podía pedir más. Me parecía una prueba bastante sencilla en comparación de la primera en la que tenía a mi novio pululando por la discoteca mientras yo me escondía a chuparle la polla a Mario.

Fui a casa de mi novio vestida con una minifalda y un top bastante sexys e hice lo que Jacobo me había indicado. Le dije a Javi que jugaríamos a un juego y me pasé toda la tarde provocándole, haciendo que se masturbara hasta llegar al borde del orgasmo y ordenándole parar y que se guardase la polla. La verdad que aquello me gustaba y mucho. Ver la cara de placer y admiración hacia mi de Javi mientras se masturbaba mirándome y escuchando mis historias (todas relacionadas con cuernos), sumada a su cara de frustración y resignación al ordenarle parar y no correrse eran una mezcla increíble. Me estaba calentando de sobremanera.

Reconozco que por un lado me daban ganas de subirme encima de la polla de mi novio y cabalgar hasta que se corriese, pero no podía hacerlo. Lo tenía terminantemente prohibido y no vendría nada bien en el entrenamiento de Javi como cornudo sumiso. “Una pena” pensé mientras me mordía el labio inferior en una de las ocasiones. Aunque si soy sincera, esperaba disfrutar mucho más esta noche con Mario que de lo que podría disfrutar ahora con Javi. Cuando terminé de negarle el orgasmo a Javi durante 8 veces durante la tarde sentía que no podía más.

–       Te mereces todo Claudia. Todo el placer que puedas imaginar y desear, te mereces tenerlo – me dijo cogiéndome una mano – no soy nadie para negártelo.

–       Vaya… – sonreí pícara – así que ¿te estás convirtiendo en un buen perrito faldero? – le dije juguetona, volviendo amorderme el labio inferior.

–       Sí… No sé que te pasa últimamente pero te prometo que me estás volviendo loco, sólo deseo verte disfrutar, dentro de mí siento que te lo mereces – me dijo con la respiración acelerada. Sin duda se esforzaba por complacerme para que le permitiese correrse pero eso no iba a ser así.

–       Entonces… ¿Me dejarás follarme a otro esta noche? – le dije poniendo la voz de más zorra que era capaz de poner.

–       ¿Esta noche? Me preguntó nervioso. De verdad que tengo ganas de que lo hagas pero… ¿Tiene que ser esta noche? – me dijo con una mezcla de calentura y nerviosismo.

–       No… No tiene por qué ser esta noche – vi como sonreía – Pero te colocaré esta aparato – dije mientras sacaba el dispositivo de castidad – Y no te correrás hasta que yo no haya disfrutado con otro tío. Tú decidirás el día.

–       No por favor – me suplicó. Era tan dulce ver a un tío de 30 años, dueño de una pequeña empresa suplicándome por un orgasmo de forma tan sumisa.

–       Vete a la ducha, échate agua fría para que se te baje eso, póntelo y dame la llave. Si no me obedeces endureceré las condiciones – cambié mi cara de juguetona a todo lo seria que podía. – Te juro que si no eres un buen perrito no volverás a correrte.

–       Perdona Claudia… La verdad es que tienes razón, te lo mereces, te lo he dicho antes, no sé que me ha pasado. Voy a ponerme este aparato y por favor haz hoy lo que tengas que hacer porque sinceramente te lo mereces y sólo quiero que seas feliz y que disfrutes. – me dijo rindiéndose.

–       ¿Y qué quieres decir con “lo que tengas que hacer” perrito? No me gustan los eufemismos – respondí volviendo a poner voz juguetona.

–       Fóllate al tío que necesites Claudia mientras yo esté esta noche en castidad por ti – me dijo a la vez que me acariciaba el pelo y suspiraba para irse al baño.

–       Bueeeno… – Pensé mientras sonreía– Parece que todo va saliendo perfectamente y ahora me espera una noche de placer con Mario y puede que algún amigo suyo. Con que estén la mitad de buenos que él, disfrutaré mucho en las próximas horas.

Javi interrumpió mis pensamientos volviendo del baño con el aparato puesto y dándome la llave con una sonrisa nerviosa. Me la colgué en mi escote.

–       No la pierdas, no me jodas por favor jeje – me dijo nervioso.

–       No te preocupes… La tendré colgada de mi cuello mientras otro me folla. Cuando esté a cuatro patas y me follen se moverá al mismo ritmo que mis tetas – respondí poniéndome juguetona.

Sentí como Javi suspiraba. Ese pensamiento le había puesto muy cachondo pero el aparato de castidad le impedía empalmarse. Se llevó las manos a sus huevos. Ya le empezaban a doler.

–       Va a ser una noche muy larga para mí – me dijo.

–       Y muy placentera para mí – le respondí mientras le daba un beso y le acariciaba los testículos. Me marché moviendo el culo de su casa. Tenía ya que ir a ver a Mario.

Cuando llegué a su casa estaba solo, me saludó cogiéndome de la cintura y dándome dos besos para luego guiarme hasta en una habitación. Me ordenó desnudarme y ponerme la ropa y la peluca que estaba encima de la cama. Era un disfraz de sirvienta francesa. Zapatos de tacón negros, unas medias blancas hasta medio muslo en donde se situaba un lazo negro. Faldita corta y abierta negra y blanca que hacía que meterme mano fuese muy accesible y sencillo y un top blanco con volantitos. También tenía dos guantes largos blancos que tapaban mi pulsera. Por supuesto no me la quité.

Decidí no hacerle esperar, sabía a lo que había venido y no iba a andar jugando. Mientras me desnudaba, Mario no dejaba de mirarme lascivamente. Me encantaba provocar a los chicos y que admirasen mi cuerpo. Y más aún a este tipo de chicos. Guapo, alto, fuerte, con carácter… No llegaba a la altura de Jacobo pero sin duda era de los más interesantes a los que había conocido en mi vida. Comencé a vestirme lentamente, quería provocarle un poquito. Cuando terminé de vestirme, guardé la llave del aparato de Javi (no sabía lo que me esperaba y no quería perderla), me coloqué la peluca y la cofia.

–       ¿Qué tal estoy? – le pregunté contoneándome de forma coqueta

El me cogió bruscamente y me puso contra uno de sus armarios dándome uno de los mejores morreos que había recibido en toda mi vida a la vez que me agarraba una de mis piernas por debajo, casi en el culo y me la levantaba. Aquello me puso muy cachonda pero tras unos segundos de morreo se separó de golpe de mí quedando yo exhausta pegada al armario.

–       No estás mal. Maquíllate los labios de rosa y ponte la máscara veneciana si no quieres que te vean. Mis amigos están a punto de llegar. – me dijo riéndose.

Mario era bastante diferente a Jacobo. Mi amo era más calmado. Firme y autoritario siempre, pero con un carácter más lineal. Mario era más variable, como una montaña rusa. Parecía que le daban ataques pasionales como ahora poniéndome contra el armario o cuando me cogió del pelo y empezó a follarme la boca con dureza en el baño de Kapital y a los pocos segundos cambiaba bruscamente y podía estar riéndose y hablando muy calmado y seductor. Sinceramente era una pena que no volviese a verle tras esta noche porque sin duda era un chico que merecía la pena conocer en el ámbito sexual.

Me miré al espejo tras ponerme la máscara. La verdad que estaba irreconocible. La peluca rosa parecía de verdad, debía de ser buena, y la máscara me tapaba gran parte de la cara. Respiré tranquila, ya no había peligro de que alguno de los amigos de Mario me conociesen. Y encima estaba muy muy sexy. Sonreí satisfecha y Mario apareció por delante de mí. Tenía una mordaza de esas de bola también rosa.

–       Si te preocupaba tu anonimato supongo que no querrás hablar – me dijo mientras se reía y me ponía la mordaza sin preguntarme.

A Mario le encantaba reírse de mí y humillarme cuando tenía la ocasión. Volví a mirarme al espejo. Estaba aún más sexy que antes. El timbre hizo que me sobresaltara. Ya estaban sus amigos aquí. Mario me cogió del cuello y me miro amenazante

–       Pórtate bien y no me hagas enfadarme – me dijo lleno de ira. Me asusté, tenía miedo que me hiciese daño, realmente no le conocía de nada. Asentí con la cabeza sumisa. Pero no contento me dio tres fuertes azotes con cara de rabia.

–       Muy bien zorrita, así me gusta – dijo con una amplia sonrisa mientras me acariciaba el pelo. Definitivamente parecía tener dos personalidades y además totalmente opuestas.

Mario abrió la puerta y aparecieron tres amigos. Mi corazón dio un vuelco cuando vi que uno de los tres era Javi, mi novio. Oí un grito de sus amigos al verme. Intenté tranquilizarme, estaba disfrazada, con peluca y una máscara, era casi imposible que me reconociese. Pero no era capaz de tranquilizarme. Mientras los chicos seguían haciendo bromas con Mario sobre mí yo intentaba serenarme. Tenían aproximadamente la edad de mi novio (30), aunque Mario parecía más joven.

–       Bueno, no seáis maleducados y presentaros – les dijo Mario – Ella es zorrita – añadió riéndose

–       Hola, soy Rishiaki – dijo el primero mientras me daba dos besos. Yo acompañaba con la cara ya que con la mordaza me era imposible hasta hacer el sonido del beso.

–       ¿Rishiaki? – contestó Mario

–       Bueno ella dices que es zorrita no? Además no puedo verla, para qué dar el nombre real – rió Rishiaki – Puedes llamarme Rish – me dijo sonriendo y todos empezaron a reir al darse cuenta de que con esa bola metida en la boca no podría llamarle de ninguna forma.

No paraba de fijarme en mi novio Javi. No me quitaba los ojos de encima pero no parecía reconocerme. Me miraba con lujuria. “Qué cerdo pensé”, espero que sea culpa el calentón que le había dejado y de las pintas de puta que llevaba y que no mirase así a las chicas en general. “Que se joda con el cinturón”, pensé enfadada”.

–       Yo soy Kuranyi – dijo el segundo riéndose y siguiendo con la coña de los sobrenombres– es una broma, soy Fabián, me dijo al tiempo que me daba dos besos.

–       Yo soy Javi – la verdad que fue el más tímido de los 3 y el único que no me agarró para darme los dos besos.

–       Bien, como os podéis imaginar, será nuestra camarera esta noche. Le iréis pidiendo lo que queráis y ella os servirá sin rechistar – añadió riéndose. Los otros también rieron aunque Javi tímidamente – La única condición es que cuando ella os sirva pondrá su culo en pompa para que le deis un azote en agradecimiento.

–       Tío sabes que tengo novia – le dijo Javi

–       Vamos jefe – le contestó Mario. ¿Jefe? ¿Trabajaba con él? Tierra trágame – Claudia no está ni se va a enterar de nada – En ese momento agradecí no haberle desvelado mi verdadero nombre a Mario.

Rish y Fabián le animaron y también dieron a entender que trabajaban para él. Empezaron a pedirme copas y fui sirviendo con la bandeja uno a uno. Tanto Rish como Fabián me azotaron con ganas cuando puse mi culo en pompa tras servirles. Le tocaba el turno a Javi y tras entregarle su copa me coloqué para el azote. Javi me indicó que no y me incorporé.

–       Eh, eh, no me jodas Javi, las reglas son las reglas – le espetó Mario.

–       No seas pesado Mario –contestó Javi enfadado.

–       Venga, que no estamos en el trabajo, aquí eres un igual – le recriminó Mario. Zorrita, pon el culo en pompa a su lado y estate hasta que te dé el azote. No me importa cuánto tiempo sea.

Me coloqué como me ordenó Mario. Tenía bastante intriga en saber cuánto tiempo tardaría Javi en darme el azote si es que me lo daba. Si no lo hacía estaría muy orgullosa de él. Pero para mi sorpresa tras unos 5 segundos de colocar mi culo me dio el azote. No fue tan fuerte como el de los otros dos pero sí mucho más fuerte de lo que me esperaba. No me había hecho ninguna gracia. Luego serví a Mario y su azoté resonó en el piso. No pude evitar gritar de dolor aunque la bola ahogó parte de mi grito. Rieron todos menos Javi que le recriminó su actitud.

–       Anda no seas aguafiestas – le espetó Mario, mientras me sacaba las tetas por encima del vestido. Tuve miedo que Javi me las reconociera, las había visto demasiadas veces pero por suerte nunca con los piercing. Todos gritaron al verlas. Eran enormes y los piercing en los pezones les ponían demasiado.

–       Esto es para motivaros a beber más rápido. En la próxima copa que os sirva podréis tocarles una teta a la vez que le dais el azote – emitieron unos ruidos-gritos que me recordaron a los orangutanes de algún documental. Qué simples eran los tíos a veces, pero lo cierto es que me estaba poniendo muy cachonda pasearme por delante de mi novio y sus empleados en tetas sin que él sepa que soy yo.

Rish y Fabián me pidieron que les sirviese a la vez. Cada uno empezó a sobarme una teta y contaron hasta tres para darme un azote a la vez, uno en cada nalga. Gemí al recibirlo mientras ellos reían. Javi también y mucho, se echaba la mano a la cara. Que se riesen de mí los desconocidos me ponía cachonda, pero mi novio al cual aspiraba a convertirle en un perrito faldero no me hacía ninguna gracia. Mario puso música y me ordenó bailar así como estaba, con las tetas fuera.

–       ¿Ésta tiene más tetas que la chica de Javi no? – Le preguntó Rish a Fabián.

–       No lo sé pero a mí me está poniendo demasiado – le contestó éste – ¿Cuántos años tienes zorrita? – Con los dedos señalé 18 y todos volvieron a gritar y a aplaudir.

Yo bailé todo lo sexy que sabía hacerlo y vi como ninguno me quitaba los ojos de encima. Ni siquiera Javi, aunque a éste le veía una cara mezcla entre la lujuria y sufrimiento. Se acomodaba sus partes de vez en cuando, debía de molestarle mucho el aparato de castidad que impedía que se empalmara. “Que se joda”,  pensé, “por el azote y las risitas”. Mientras me fijaba en mi novio Javi, Rish y Fabián habían cuchicheado algo con Mario.

–       Venga zorrita, te vas a la habitación con mis dos amigos. Y pórtate bien eh, les quiero bien satisfechos si no te voy a castigar – me dijo mientras me azotaba muy fuerte en el culo – Volví a quejarme mientras los cuatro reían.

–       Vaya zorras que conoces eh Mario – le dijo Javi riéndose – Ya me dirás de dónde las sacas – añadió soltando una carcajada.

Si tenía algún remordimiento por follarme a dos amigos y empleados de mi novio en la habitación contigua a donde él se encontraba habían desaparecido en ese instante por ese comentario de mierda. Es más, tenía muchas ganas de follármelos a los dos. Noté como la baba me caía por culpa de la bola.

–       Te va a hacer falta la boca, zorrita – me dijo Fabián mientras me quitaba la bola. Yo permanecía callada y obediente.

–       ¿No dices nada? – Me preguntó Rishiaki – bueno, tampoco queremos hablar mucho contigo – me dijo a la vez que se bajaba los pantalones. – Ya que no quieres hablar al menos haz algo útil con esa boca – añadió a la vez que me colocaba a 4 patas encima de la cama y me metía su polla en mi boca.

–       Buah, qué delicia follarse a la tetuda esta de 18 años – afirmaba Fabián mientras ponía su polla en la entrada de mi coño – ¡Y la puta está empapada! – Los dos rieron a la vez que se chocaban las dos manos.

–        

Los dos tenían unas buenas pollas. No eran tan grandes como la de Mario pero sí que más que la de Javi. “Conozco las pollas de los cuatro de esta casa” pensé. Y mi imaginación seguía divagando. Si mi novio me viese sin la máscara ni la peluca, a cuatro patas, vestida de sirvienta, en casa de uno de sus amigos y empleados, con la polla en la boca de otro y mientras otro más me folla. Me seguía mojando y calentando más del morbo que me estaba dando. Los dos siguieron follándome la boca y el coño y alternándose para tocarme las tetas.

–       Oye, teníamos que hacer una doble que hace mucho que no lo hacemos. Y además nunca la hicimos con una tan joven – Le dijo Fabían a Rish.

–       Pues sí – le contestó éste – pero cuidadín con los roces. – Ambos rieron – ¿Pares o nones? Para sortear el agujero – Le dijo Rish.

Hablaban de lo que me iban a hacer sin dejar de follarme. Me empecé a excitar de sobremanera. Que dos tíos me estuviesen follando a la vez mi boca y mi coño y hablasen de mí como un objeto me volvía loca. ¿En qué me estaba convirtiendo? Sentí que me iba a correr en breves, pero ambos sacaron sus pollas de mí interrumpiendo lo que iba a ser un delicioso orgasmo. Se ve que ya me habían sorteado.

Me subí encima de Fabián que me follaría de nuevo el coño, el cual me pegó hacia él para que Rish pudiese meterme su polla en el culo tras untársela bien de vaselina. Se notaba que no era el primer trío que practicaban. En ese momento me sentí nerviosa, sólo había tenido una vez una polla en el culo y era la de Jacobo. Tenía miedo que me doliese pero no fue así. Tenía mucha vaselina y me la metió muy despacio.

Cuando tuve por fin las dos pollas dentro sentí algo totalmente distinto a lo que estaba acostumbrada. Me sentía llena, muy llena por dentro. Empezaron a moverse.

–       ¿Te gusta, puta? – Me preguntó Fabián. Asentí con la cabeza. Realmente la sensación física no era del todo placentera ya que estaba demasiado llena, pero el morbo era insuperable. Dos tíos con dos pollas follándome. Empezaron a mejorar el ritmo y cuando entraba la del coño salía la del culo. No pude empezar a gemir algo fuerte. Me estaba volviendo a calentar muchísimo y esta vez no tenía una polla en mi boca que ahogase los gritos.

–       ¡Mario! ¡Mira a tu puta! – gritó Rish entre risas. Mario y Javi entraron y vieron el espectáculo. Rieron los dos.

–       ¡Espera que sobra un agujero! – dijo Mario corriendo hacia mí con su copa en la mano. Se bajó los pantalones y tras pajearse unos instantes y empalmarse me la metió en la boca – ¡Javi, corre, saca una foto!

Rish y Fabián seguían coordinando muy bien sus embestidas, suerte que ahora la polla de Mario ahogaba mis gemidos y Javi no podía reconocerlos. Sentí que me iba a correr. Pensar que tenía tres pollas dentro follándome mientras mi novio miraba y me hacía una foto era demasiado. Empecé a gritar como podía sin sacarme la polla de Mario de la boca.

–       ¡Se está corriendo la muy puta! – gritó Mario mientras todos reían. No me importó. Tuve otro de los mejores orgasmos de mi vida. Mejor incluso que el que tuve en el baño sólo con Mario y sólo superado por el del despacho de Jacobo.

Luego siguieron follándome y Fabián que era el que más tiempo llevaba fue el primero en correrse. Se separó y tiró el condón a la basura tras hacerle un nudo. Luego me coloqué a cuatro patas con la polla de Rish aún en mi culo y la de Mario en mi boca. Rish se corrió el segundo mientras me azotaba el culo y me decía lo puta que era y también tiró el condón.

–       Te esperamos abajo que vamos a llegar muy tarde – le dijeron a Mario – ¡pero hay que repetir! – volvieron a reir.

Sentí como se iban y Mario se iba a correr. Sacó su polla de mi boca me quitó la máscara y se corrió en mi cara pajeándose esos instantes finales. Yo no cesaba de jadear, estaba exhausta. Mario se levantó y cogió los dos condones de la basura, los cortó y derramó el semen de Rish y de Fabían uno en cada teta.

–       Venga, quítate la peluca y una foto para el recuerdo – me dijo cogiendo el móvil.

–       Y una mierda – le dije enfadada ante tal proposición mientras me levantaba a buscar la máscara. No me fiaba de él.

–       ¿De verdad quieres que le diga a Javi que la puta que se han follado sus amigos en realidad es su dulce princesa? – me dijo riéndose.

En ese momento me paralicé. ¿Cómo sabía que era su novia? Nunca le había visto. Quizás les había enseñado alguna foto mía pero entonces… ¿desde cuando lo sabía? Me giré lentamente aterrada mientras Mario levantaba la manga de su camisa y hacía que reparase en su muñeca. Una smartband del mismo color que la de Jacobo con un cuadrado y un 2 en su interior (mi amo tenía un cuadrado con un 3). ¿Era un amigo de Jacobo?

–       Venga puta, Jacobo quiere una foto de recuerdo. No me obligues a decirle a tu novio la puta de novia que tiene y a Jacobo que no has obedecido en nada de lo que te hemos ordenado. Es la última vez que te lo digo – la cara de incrédula que tenía debía de ser increíble. Podía pasar de tener tan cerca la vida que quería con mi novio cornudo y mis amantes a perderlo todo.

Me quité la peluca agachando la cabeza sumisa y empezó a hacerme fotos.

–       Mira a la cámara cerda – me decía – junta las tetas – yo era tan sólo un autómata que obedecía en todo lo que me decía.

–       Ahora trágatelo todo para que puedas marchar – me dijo riéndose sin soltar el móvil. Obedecí. Levantaba cada una de mis tetas y lamía el semen que había derramado. Luego con mis manos cogía el de mi cara y hacía lo propio. Estaba derrotada.

Mario volvió a su faceta más tierna y me acarició el pelo.

–       No te preocupes por las fotos. El móvil es de Shantom y me las borra automáticamente. Sólo la tendrá Jacobo – me dijo con toda naturalidad. Levanté mi cabeza desorientada.

–       ¿Qué es Shantom? – pregunté

–       ¿En serio Jacobo no te ha explicado al club al que perteneces? – rió Mario – qué forma de proceder más rara tiene este hombre.

–       ¿Pertenezco a un club? – estaba totalmente desorientada.

Mario me dijo que hablase el lunes con Jacobo que me lo explicaría todo. Me vestí y me fui a mi casa rendida. Caí frita en la cama y desperté el domingo al medio día. 44 whatsapp y 12 llamadas perdidas de mi novio. La verdad que no tenía ganas de nada, andaba con la cabeza en las fotos que Mario me había sacado y ese misterioso club al que dijo que yo pertenecía y por la pulsera que llevaban, también lo hacían Mario y Jacobo. Le dije a Javi que me había enterado de que había estado zorreando con una y hoy no quería hablar con él. Apagué el móvil y me pasé la tarde del domingo ida viendo alguna serie. Reparé en la smartband. El cuarto de círculo que según Jacobo significaba “Aspirante” (ahora sé que el rango era de ese misterioso club) y en vez de un 1 aparecía un 2. Cuanto más puta, más asciendo, yuhuu, pensé irónicamente.

El lunes a primera hora estaba en la tienda de los piercing. A pesar de todo lo que me había pasado no quería desobedecer a Jacobo y una de sus órdenes había sido hacerme un piercing en el clítoris a parte de los que ya tenía en los pezones. Lo hice y luego fui a clase con bastantes molestias en esa zona.

Cuando llegaron las 12 acudí como siempre al despacho de Mario. Estaba al final de un largo pasillo en el que no había más personas que él. Y menos mal, porque si no me hubiesen escuchado gemir y recibir duros azotes y seguramente los dos estaríamos expulsados de la universidad. Cuando caminaba por el pasillo vi que Alba salía del despacho de Jacobo.

Alba era mi peor enemiga. Las dos éramos consideradas las más guapas de la clase pero ella estaba un escalón por encima para los chicos. Tenía 19 años (había repetido un curso en el instituto) y tenía fama de haberse follado a media universidad. Rubia de pelo liso, ojos azules y unas tetas que aunque no eran tan grandes como las mías, las llevaba siempre perfectamente colocadas en unos escotazos que provocaban infartos a los tíos de la universidad. En alguna ocasión se había referido a mis tetas como ubres. La odiaba… Estaba saliendo con el que era considerado el chico más guapo de la universidad y yo según ella “con un viejo de los que en breves tomarán viagra”.

Cuando la vi saliendo estaba limpiándose un poco la boca y tenía el pintalabios corrido. Qué estupidez, serán imaginaciones mías pensé. Me echó la mirada de desprecio habitual a la que ya estaba acostumbrada y yo hice lo mismo. Toqué a la puerta del despacho de Jacobo y al entrar le pillé subiéndose los pantalones.

–       No por favor… – se me escapó en voz alta.

–       ¿Algún problema Claudia? – me dijo con naturalidad mientras terminaba de abrocharse los pantalones.

–       ¿Qué hacía ella aquí? – No pude evitar una cara mezcla entre el asco que Alba me producía e incredulidad por lo que parecía haber ocurrido hace unos instantes.

–       No estaba de acuerdo con la nota que le puse y estábamos revisando… su examen. Y tenía razón la verdad. Le he subido de sobresaliente a matrícula de honor – mi cara era de aún más incrédula.

–       ¿Pero sólo hay una matrícula para la clase y se la va a llevar esa puta zorra de mierda? – le recriminé a Jacobo. Mi odio por Alba era enorme.

–       Lárgate de aquí Claudia – me dijo con desprecio. – No voy a molestarme ni en pegarte ni en castigarte, definitivamente no te quiero como esclava.

Un calor ascendió por todo mi cuerpo a mi cara y mi pulso se aceleró. Me tiré a sus pies.

–       Perdóname amo, no volverá a ocurrir. Te lo juro, te lo prometo, nunca jamás te hablaré así ni incumpliré ninguna de tus órdenes. Le supliqué durante un rato mientras me ignoraba e incluso llegué a llorar. Le explicaba cuánto odiaba a Alba y todos los enfrentamientos que habíamos tenido pero todo era en vano. Parecía ignorarme completamente. Me di cuenta de que le necesitaba, quería seguir siendo su esclava, nada me importaba más ahora mismo.

–       Te juro que no te voy a pasar ni una Claudia, es tu última oportunidad. Al más mínimo gesto de asco, reproche o tardanza en incumplir una orden, no querré volver a verte. Has agotado mi paciencia – dijo mientras llamaba por teléfono. Mi cara se iluminó ante una nueva oportunidad, no volvería a fallarle. – Ven ahora mismo – dijo antes de colgar – Alguien más iba a venir pero no me importaba ya nada. Sólo quería no decepcionar a Jacobo.

–       Quítate la ropa y ponte este collar– me dijo mientras sacaba un collar con correa de perro – obedecí sin rechistar.

Cuando terminé mi amo cogió la correa y me colocó a 4 patas mirando la puerta. Agaché la cabeza el señal de sumisión pero mi amo me hizo levantarla tirándome del pelo. Abrieron la puerta. Era Alba. Mi estómago se hizo un nudo. Alba se echó a reir.

–       ¿Y estooo? – dijo mientras se le iluminaba la cara – Esto sí que no me lo esperaba yo – añadió riéndose divertida.

–       Claudia me estaba comentando antes que eras una puta y una zorra de mierda– le dijo Jacobo.

–       Así que esta perrita piensa que soy una puta y una zorra – dijo acariciándome la cabeza. La odiaba con todas mis fuerzas. Me daban ganas de levantarme, darle un bofetón en la cara y tirarle del pelo hasta dejarla calva pero sabía que no podía hacer nada más que esperar a cuatro patas a lo que mi amo me ordenase.

–       Bésale las sandalias y pídele perdón a Alba, perrita – me ordenó Jacobo mientras daba un tirón de la correa.

Sabía que con la más mínima duda podría perder a mi amo así que me humillé ante mi peor enemiga sin dudar ni un instante. Le besé los pies y le pedí que me perdonase.

–       ¿Y bien Alba? ¿Perdonas a Claudia? – le preguntó Jacobo.

–       ¿Por dos besos? No… Así no va a aprender a ser educada – rió Alba. Mi odio seguía en aumento.

–       Tienes razón – continuó riendo Jacobo. Me dio la vuelta mirando hacia él y me levantó la falda – Con cada azote ladrarás y le darás las gracias a Alba por corregir tu comportamiento. Y recuerda que no sólo te castiga por insultarla si no por tus celos – me dijo al oído.

El primer azote no tardó en llegar. Solté un pequeño grito. Me había hecho mucho daño. Esa zorra se había quitado una de sus sandalias planas y me había azotado con ella.

–       ¡Guau! Gracias Alba – otro azote llegó y otra vez grité quejándome – ¡Guau! Gracias Alba – Otro más. El daño iba en aumento – ¡¡Guau!! Gracias Alba.

Al principio los azotes hacían que odiase a Alba aún más si cabe. Pero a medida que seguía humillándome y sintiendo el dolor que ella me infligía no pude evitar sentirme sumisa e inferior a ella. Terminó de azotarme y el culo volvía a arderme como nunca.

–       Gracias,  amo, por corregir mi comportamiento. No volveré a fallarte – le dije sumisa.

–       No he sido yo quien te lo ha corregido Claudia – Me dijo sonriendo. – Giré a cuatro patas, desnuda como estaba y miré desde el suelo a Alba.

–       Gracias Alba por ayudarme a ser mejor esclava de Jacobo – terminé por humillarme.

–       De nada perrita – dijo frotándome con fuerza la cabeza mientras reía – Ya repetiremos. Adiós amo, cualquier cosa que necesites ya sabes que estoy a tu disposición.

¿Amo? ¿También Alba era su esclava? Los celos y el odio hacia ella volvieron a apoderarse de mí aunque esta vez los interioricé  y no mostré nada de ellos. No quería volver a fallar a Jacobo. Estaba tecleando algo y mi pulsera vibró. Miré hacia ella y el 2 había pasado a ser un 3. Seguía a cuatro patas en ese frío suelo pero levanté orgullosa y sonriente mi cabeza hacia Jacobo.

–       Tan sólo te queda una prueba para que seas definitivamente mi esclava, Claudia. ¿Cómo va el cornudo?

–       Bien, ya me ha consentido que me acueste con otro aunque aún no se lo he confesado – le respondí.

–       Tienes cinco días para entrenarle. El viernes por la noche Claudia y yo iremos a cenar a tu casa. Tu novio cocinará y tu servirás la comida. Luego haré contigo lo que me plazca mientras tu novio recoge todo – me dijo con su rostro serio y autoritario. Era cierto que la sumisión de Javi hacia mí había aumentado mucho en los últimos días pero no estaba segura de conseguir que se comportase en una situación así. En cualquier caso imaginarme la situación hizo que me pusiese muchísimo.

–       Sí amo, lo que tú ordenes.

–       Muy bien puta. Ahora vayamos a lo que has venido. Vístete porque voy a explicarte qué es Shantom y qué es lo que te espera.

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