Adicta por sus vergas 2

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  En el instante que la reja metálica se cierra  tras de nosotros veo como Ian desciende del coche que nos condujo hasta ahí, un Ford Mustang Negro propiedad de Fer.

          – Baja – Ordena Ian con la puerta abierta y su  asiento inclinado hacia adelante para que yo pudiera bajar.

          Bajé desperesándome un poco, el viaje aunque corto se hizo tedioso al no tener con quién platicar, veo que Fer baja de igual manera para sacar algunas cosas de la cajuela, la cual ya había abierto a distancia.

          – ¡Desnúdate! – Ordenó Ian retirándose los lentes oscuros que utilizaba.

          Le miré con cierta duda la cual se disipó al sentir su gran mano estamparse contra mi rostro.

          – ¡Perra! ¿Eres sorda acaso? – me gritó encima al tiempo que jalaba de mis prendas para dejarme desnuda en aquel polvoriento camino.

          Fer estaba preparando la soga con la que ató mis manos juntas  al frente por las muñecas y sin decir más ambos subieron al coche. Ian sostuvo el otro extremo de la cuerda por la ventanilla abierta, jalándome cual animal por aquel camino.

          Me sentí un tanto aturdida, ya que no sabía a dónde llegaríamos o si pudiera haber alguien que me viera en aquella precaria situación.  No me gustaba eso del exhibicionismo ¿Y si alguien me reconociera?

          La velocidad se fué incrementando de a poco hasta que mi paso era algo entre correr y trotar. Nunca he sido muy atlética por lo que aquello me dejó completamente exhausta.

          – ¡Cuida de no tropezar Perra! – gritó Ian ¡Si caes te arrastraremos hasta nuestro destino!

          ¡Aquellas declaraciones estresarían a cualquiera!

          Cuando llegamos, mi cuerpo se encontraba totalmente cubierto de sudor, el cual aunado al polvo del camino, me hacía lucir realmente asquerosa.

          Ian forzó a que me pusiera de rodillas cuando llegamos. Liberó mis manos y colocó un collar en mi cuello, con una cadena que colgaba de éste.

          Me alegré muchísimo cuando Fer sacó una botella de agua, imaginado que ésta satisfacería mi sed, sin embargo fui testigo de cómo él depositó su contenido en un plato para perro ubicado tenían junto a la puerta de entrada de aquel lugar, ante mi rostro de perplejidad.

          Aquello no me agradó en lo absoluto, pero mi sed era muy grande, por lo que luchando contra el sentimiento de humillación que sentí en esos momentos, decidí tomar el contenido del plato, solo que al instante sentí como con el pie Fer lo lanzaba por los aires.

          – ¡Eres una perra y las perras no utilizan sus manos! ¡Ahora te quedarás sin agua por estúpida!

          Aquello me estaba contrariando más y más. Nunca antes se habían comportado así conmigo, siempre he intentado seguir sus tontas reglas, pero nunca hablaron de tratarme como a un animal.

          Deposité mis manos sobre mi regazo y bajé la cabeza intentando ocultar mis lágrimas, ya que incluso con todo aquello, no había otro lugar en el cual quisiera yo estar.

          Salió entonces un hombre mayor a recibirnos, los trataba con respeto y por sus actitudes y lenguaje corporal, se podría decir que aquel hombre estaba a su servicio.

          Tras intercambiar algunas palabras y sin prestarme demasiada atención me guiaron jalando de la cadena, caminando a 4 puntos hasta una habitación de aquel lugar. Por la estructura sabía que esa habitación estaba destinada para… que ellos disfrutaran de su gusto por el sado.

          Ian me guió hasta  un espacio donde tenían un desagüe y baldosas y una manguera con una regadera al final de ésta…

          – ¡Te ensuciaste demasiado! ¡Eres una perra asquerosa!- Fer entonces tomó la manguera, abrió la llave y descargó el agua sobre mí, cogiendo a su vez un estropajo y restregando la totalidad de mi cuerpo con una enorme cantidad de espuma y jabón, aquello dejaba ardiendo mi piel por la textura que tenía, solo que por la manera y la rapidez con que lo hacía no me permitía nada fuera de quejarme. Después sentí las manos de Ian lavando mi culo y mi coño.

          Cerraron la llave y quedé ahí chorreando de agua.

          – Ya te hemos lavado por fuera, ahora lo haremos por dentro – Ian sonrió mostrándome los necesario para colocarse un enema.

          Fer jaló de mi collar lo cual me hizo resbalar a causa del agua  que había debajo mío, sin permitir que me incorporara me arrastró hasta un banco donde me ató con el culo bien arriba y aplicaron aquel doloroso procedimiento.

          Algunas lágrimas corrían por mi rostro ya que aquello resultó vergonzoso al igual que doloroso, para terminar con un proceso similar al anterior. Ian decidió que “Demasiado limpio” esta sobre-valuado.

          Fer acercó una toalla y me permitió retirar el exceso de agua de mi cuerpo y cabello, con aquello casi le besaba los pies, pues mi cuerpo comenzaba a temblar sin control.

          Colocaron grilletes en mis muñecas y tobillos y después sin ningún tipo de lubricación un pug en mi culo con una cola falsa cola colgando de éste.

          – ¡Augggggggghhhhhh! – Exclamé frente a sus sonrisas cuando mordieron mis pezones con unas pinzas dentadas de las que colgaban unas campanillas.

          Salimos de la habitación de la misma manera en la cual entramos, conmigo caminando a cuatro puntos y Fer guiando de mi cadena. Llegamos a su habitación e Ian se dirigió a la suya.

          Fer me colocó en una suave, limpia y cómoda cama para perro que tenía a los pies de su cama.

          – ¡Espera aquí! – Exclamó y me dió un par de nalgadas.

          Aquello estaba resultando muy extraño, pero de alguna manera me gustaba, me gustaba ser usada sin previo aviso por aquellos machos, ser azotada y humillada aunque ésto último no es de mis actos favoritos pero para mi sorpresa estaba descubriendo cuánto me excitaba..

          Fer regresó tras darse un rápido baño, presentándose ante mí desnudo y húmedo permitiendo que observara a detalle su perfecta y bella anatomía.

          – Se que te gusta lo que ves. Tienes un Amo perfecto – declaró.

          Por simple instinto me coloqué a cuatro puntos y moví mi cola de un lado a otro al tiempo que mis campanillas sonaban,  a lo que él rió fuertemente.

          – ¡Buena perrita! Acarició mi cabeza, inclinandola  al tiempo para que me pusiera a lamer su verga.

          ¡Delicioso!  – pensé – Sonreí y le miré a los ojos.

           – ¡No tan rápido perrita! solo fué un pequeño premio. Se retiró de ahí creando en sonido característico en mi boca, cuando retiró su pedazo de carne de un solo tirón: ¡plop!

           Se vistió con ropas holgadas y salimos de ahí para dirigirnos al comedor.

           Me colocaron a un lado de ellos durante la cena, en la misma humillante posición, hincada con mi peso sobre mis talones, apoyando mis palmas sobre el suelo frente a mis rodillas y con el collar puesto.

           De vez en vez me dedicaban alguna caricia o me ofrecían restos de su comida los cuales introducían a mi boca y dejaban sus dedos ahí para que los lamiera, me  llamaban con un chiflido a donde estaban ellos para que caminara moviendo la cola.

           Aquello era humillante y aún así no entendía como mi excitación crecía. Platicaron de todo y de nada mientras yo les miraba atenta esperando su siguente instrucción.

           Ian se puso de pie caminando en mi dirección. Sentí algo de pánico evidenciándolo con la posición que adopté e incluso retrocedí un poco.

           – ¿Miedo perrita? ¡Aún no comenzamos! Se retiró el cinturón en un movimiento…

            – ¡No he hecho nada! – Supliqué al saber que me azotaría mi piel desnuda.

            – ¡Yo tampoco! – rió – Entonces, ¿Porqué lloras? ¡No necesitamos una razón para castigarte! ¡Eres una perra y las perras y sus agujeros están hechos para satisfacer a sus amos! – Me pateó de costado haciendo que me desparramara por el suelo. ¡Hemos sido muy blandos con ella Hermano!

            – Creo que tienes razón Ian. Poniéndose éste de pie caminó hasta colocarse a un costado de su hermano y al mismo tiempo ambos frente a mí. – Hoy es el día para solucionarlo. Pero mañana la quiero solo para mí.

            Ian rió fuertemente. 

            – Bien, será toda tuya. Solo no te olvides de grabar lo que harás ¡Pervertido!

            Tomaron de mi cadena y me condujeron al cuarto donde me habían lavado.

             Ahí me colocaron a un banco, similar a un banco de ginecología pero adaptado para sus necesidades donde mi espalda quedaba levemente inclinada hacia atrás, como si estuviera en una silla para tomar el sol. Mis piernas quedaban dobladas  con mis rodillas casi pegadas a mis senos, pero quedaban completamente abiertas para dejar mi sexo expuesto.

            Mis brazos quedaban abiertos en unos soportes que tenían a cada lado del respaldo.

             Fer se acercó con un vibrador al que le giraba una esfera en un extremo, depositó una gran cantidad de lubricante directo en mi clítoris y asió la cabeza giratoria directo a esa sensible zona de mi ser, lo presionaron y se aseguraron de dejarlo firmemente en esa posición…

            Evidentemente mi cuerpo reaccionó. Les miré un poco insegura, después de lo vivido horas antes…

           Comencé a retorcerme y ellos comenzaron a golpear mis muslos de manera suave con unos gatos de nueve colas, no como los había conocido anteriormente, éstos no eran de piel, eran suaves, los golpes se sentían pero no lastimaban demasiado.

            Mi cabeza se comenzaba a aturdir por el placer, alcanzaba a escuchar las campanillas colgadas en mis pezones.

            – ¿P-puedo correrme? – Pregunté con cierta duda y temor.

           Ellos sonrieron.

           – Hoy no tendrás que pedir permiso – dijo Ian deteniendo sus golpes para proceder a decorar mi senos con varias docenas de pinzas de madera.

         Aquello dolía pero mis gritos provenían de la estimulación que estaba sintiendo.

         Fer se hizo espacio para introducir cuatro dedos en mi bien lubricado coño, jugueteó unos momentos moviendo sus dedos en aquel espacio que ahora se contraía a causa de la estimulación extra.

          Se enfocó a sacar y meter de manera rápida e intensa los dedos a modo de bombeo hasta que mis gritos sin control le indicaron que había logrado que me corriera nuevamente.

          Quitaron cualquier estimulación por unos segundo para acercar a continuación una máquina con un gran greuso y largo dildo en un extremo… dirigida directo a mi coño, me sentì completamente llena aunque se deslizó sin problema hasta que encontró cierta resistencia.

          – Máxima velocidad hermano, dejemos ese coño abierto.

          Vi sus rostros de satisfacción cuando me corrí un par de veces más pidiendo clemencia ante la intensidad de toda esa estimulación y mi incapacidad de contenerme.

          Rumbo a mi siguiente orgasmo gracias a aquel artefacto , retiraron en un solo movimiento las pinzas de mis senos, tanto las de madera como las dentadas, ayudándome a tener un super intenso orgasmo que me dejó completamente exahusta, con aquella máquina aún bombeando dentro de mí.

          Comenzaron a quitar mis ataduras así como aquella máquina para conducirme a la cama…

          Fer se recostó en ella  e Ian me ayudó a montarme en él. Sabía que aquella era su posición favorita para una doble penetración…

          Fer mordía mis pezones y senos sin piedad, mientras que  mis manos eran sujetadas a mi espalda por Ian, quien estaba abriéndose paso por mi culo al tiempo que golpeaba fuertemente uno de mi glúteos hasta que me fué imposible resistir.

          – Aghhhhh , Aghhhhhh ¡Duele! grité.

          Tomó entonces una paleta de spanking y continuó azotando mis glúteos y un poco mis muslos mientras que Fer se dedicaba a torturar mis senos. 

          – ¡Alto! ¡Duele! ¡Duele! grité sollozando

          Continuaron con aquel tormento por unos momentos más intensificando las mordidas y los golpes.

          Mis gritos, aunque intensos se confundían entre el dolor y el placer.

          Logré correrme intensamente una vez más en aquella posición.

          – Creo que te has corrido lo suficiente perrita. Dijo Fer al tiempo que se ponía de pie.

          Sonreí aun disfrutando mi último gran orgasmo.

         Me acomodaron boca abajo con el culo bien arriba… y ayudado por Fer quién abrió ampliamente mis nalgas, Ian me enculó una y otra vez hasta que volví a gemir de placer. Fer entonces le ayudó a su hermano para que se recostara conmigo bien enculada y sin sacar su gran verga.

         – ¡Sujeta tus piernas puta! Te quiero bien abierta. En aquella postura podía ver a Fer de  frente.

          Sostuve  de manera firme mis piernas dobladas mientras que Fer golpeó mi vientre con un cinturón sin poder evitar que algunos azotes llegaran a mi coño. Luché contra mi instinto de protegerme en cada ocasión.

          Grité sin poderme controlar ante aquel castigo.

           – Auuuuuuu – ¡Para! ¡Detente por favor!

           Podía apreciar como mi piel cambiaba de color, de rojo intenso a morado en algunas partes.

           Las manos de Ian se cerraron firmemente en mi cuello, cerrando poco a poco.

           – ¡Abre más! – Gritaba Fer.

           Mis gritos y quejas ya no salían de mi boca, pues Ian apretaba tan fuerte que apenas un hilo de voz salía.

           Mi rostro debía estar rojo al igual que mis ojos. Al tiempo ambos me liberaron de aquella posición Fer se acercó y colocó mis piernas sobre sus hombros.

           Sentí su gran y dura verga abriendose paso por mi culo también. Con aquello me iban a destrozar la suma de sus dos descomunales vergas no las podría contener.

           Me tomó por el cuello Fer nuevamente con una de sus manos.

           – Auuuuuuu ¡Me romperán! – grité por instinto.

           – Fer apretó al punto de la asfixia.

           – ¿Quieres que te desmaye? Así no lo sentirás… Su sonrisa afloró.

           – N-n-no p-p-or f-f-avor – apenas un hilo de voz salió por mi boca que permanecía abierta en busca del ansiado oxígeno. Fer escupía grandes cantidades de saliva en ella.

          – !Entonces agradece a tus amos perra! 

           Me abofeteó tanto y tan fuerte que apenas si pude articular palabra cuando se detuvo.

           – Gracias por encular a esta perra – dije sin mucho ánimo.

          – ¡Más convincente y un poco más agradecida! Volvió a abofetearme y apretó nuevamente mi cuello ahora con sus dos manos.

          – ¡Gracias por utilizar a esta perra tan poco digna, espero que mis agujeros sean de su completo agrado!

           – Puede mejorar, pero es un buen comienzo perra.

            Fer empujó con mas fuerza  hasta que mi culo cedió.

           – ¡Nooooooooooooooooooooooo! ¡Auuuuuuu! Snif.

            Se movían acompasados y al encontrar mi culo completamente dilatado, comenzaron a meter y sacar a un ritmo mas apresurado hasta que ambos se corrieron casi a la par.

           Me arrojaron a un lado como si me tratara de una muñeca de trapo, algo con lo cual jugaron, rompieron y luego se aburrieron.

           – !Agradece y limpia a tus amos perra! – Exclamó Ian golpeándome el rostro con aquella deliciosa verga.

           Aunque mi culo palpitaba, aquellas vergas ¡Eran mi adicción! No había manera de negarlo, no deseaba hacerlo tampoco. Solo quería mas y mas de ellos y del deliciosos placer que me frozaban a alcanzar. Si ésta perra esta para servirles.

           Las dejé relucientes y besé sus pies, aquel gestó les agradó por lo que me permitieron utilizar la cama para perro que Fer tenía en su recámara.

           Linda perrita, dijo cuando me acarició una última vez antes de dormir. Ahora descansa, mañana… mañana te volveré aún mas dócil.

           Sonreí al sentir su aprobación.

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