El albañil

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introducción: Mis días de trabajo, inician por lo regular a las 6 am, en lo que hago el desayuno, me baño, etc. Dan las 7:40, hora en la que me subo a mi auto y me voy a la escuela. En 10 minutos estoy ahí, e inician clases a las 8.

Ah. Pero, este día es sábado. 23 de mayo de 1998 para ser más exacta.

Han pasado ya 5 meses y medio, casi, de aquel día que mi marido se dio cuenta de mis preferencias sexuales. Ese 5 de diciembre de 1997, que hicimos la despedida de fin de año en la escuela, ya que el 12 era de la dirección general, que por lo regular, lo hacían en la plaza de toros de Pachuca y que por razones obvias no fui. Por dos razones.

Una, que mi marido estaba muy molesto y yo algo triste, pues me pedía el divorcio.

Dos, que, al ir, vería a varios profes, no sólo de mi escuela, sino también de otras, y lógico, sería un tema muy seguro, la relación personal entre ellos y que se les ocurriría ir a alguna parte. Yo no podría negarme, ya que a parte que me gusta, si me negara, se podrían sentir rechazados y no quería que sintieran eso de mí, así que mejor le hablé al director de mi escuela y le dije que estaba malita.

                Para dejar más clara la idea, también se cumplían, 11 meses de ese 24 de junio, que tuve la plática con la mamá de un alumno. Que marcó la tercera etapa de mi vida sexual. La primera, de bebe, o kínder, que eran besos en los labios, segunda etapa, la que empecé a experimentar entre los 6 y 8 años y en la que se dio todo mi despertar al sexo y que gracias por el apoyo, no solo de mi mamá, sino también de mi papá.

                Eran recuerdos que tenía, unos me emocionaban, otros me entristecían, por que pasé unos meses muy difíciles, me refiero de ese 5 de diciembre hasta, más o menos, el viernes 17 de abril.

Ese día llegó mi marido como a las 5 pm. Por lo regular estaba llegando a las 8 ó 9 de la noche, aunque ya estaba más tranquilo, el trato para conmigo era muy distante, no me trataba mal, ya no me reprochaba nada, bueno, eso desde febrero, así que me extrañó que llegara a esa hora.

                Ya llegué Lucerito, me dijo con una voz algo más amable, y casi, como antes, por eso, me sentí muy bien, me dio mucho gusto escucharlo decirme así, Lucerito, tenía un tiempo que no me llamaba de esa forma y también que llegara temprano. Dejó sus cosas en el sofá, se quitó la corbata, y me dijo.

–        Me gustaría platicar contigo, pero, si te pido un favor, ¿lo haces?

Yo titubeando, sin saber que actitud tomar, pues sentía ganas de abrazarlo, brincar y abrazarlo del cuello y enredar mis piernas a él. Que no es alto, mide 1.68 m pero combinado con mi 1.51 m sí hay algo de diferencia. Me contuve, y entre cortada por la emoción de que me estaba hablando y diciendo así, sentí que volvería a ser igual que antes. Me equivoqué, no fue igual que antes.

–          Sí, dime, me salió un poco suave la voz, me sentía que las piernas se me aflojaban de no saber que era y porque, y de qué, y.. bueno.

–          Se acercó a mí, pero no mucho, se puso como a un metro, yo estaba vestida con un short rosa, algo ajustado, como todos los que uso, y zapatillas, como me pongo para estar cuando él llega a casa y me vea así.

–          ¿Podrías ponerte el vestido que te llevaste en diciembre?

Me sorprendió, ¿por qué? Me pregunté, de que estaba sintiendo o planeando.

 Agregó, no digas nada, quiero, saber algo. Por favor, ¿podrías?

Ya no quise saber más, su forma de portarse era muy diferente a la de los últimos 4 meses, pero, sobre todo, a los días de diciembre que vivimos muy tensionados.

Asentí con la cabeza, traté de disimular mi sorpresa y preocupación, me dirigí a la recámara, y en todo ese tiempo, pensaba, que querría, que quería hacer, tal vez verme como me vio ese día para reprocharme y tranquilamente decirme que ya tenía los documentos de divorcio y por eso, ¿trataba de ser muy amable?

        En mí mente

Ya no quise pensar más, nerviosa, con el vestido que usé esa vez con zapatillas de tiritas, rojas, empecé a caminar a la sala. El vestido era rojo, con una tira que salía de la pretina, a la altura de la cintura, subía a mi cuello, y bajaba por el otro lado, de unos 5 cm de ancho en la parte inferior, y al subir se ponía más ancho, al tapar mi seno, pero que si me veías de perfil podrías verlo duro, firme y redondeado, pasaba por la parte de atrás de mi cuello para bajar de nuevo y terminar igual, en la pretina del lado derecho. Por la espalda, lucía toda descubierta, sólo en la parte de la cintura, la tela era un poco más flojita. de largo, cubría la mitad de mi pierna. Algo floja, se movía y a veces dejaba ver más arriba, con esto, lógico, muchos chavos, no me quitaban el ojo de encima y que para mí era muy, pero muy, excitante, tanto para mí, pues, me emocionaba al pensar que estrían sintiendo, ellos, y ellas, algo d envidia pues mi cuerpo y mis piernas, no eran muy comunes. Modestia aparte, no muy largas, no muy llenas, pero sí como me decían muchos, muy atractivas, muy bien torneadas y que excitaban.

Se encontraba en el sofá, viendo la tv.

–          Hola, dije, él volteó y se me quedó viendo.

Se sonrió, se levantó y se acercó a mí, una actitud que no me esperaba pero que, al sentirlo, me volvió el alma al cuerpo, colocó sus manos en mi cintura, y sentí caliente, me abrazó, me apretó y me dijo suavemente.

–          Te amo mucho Lucerito, me gustas demasiado, quiero que sepas que me costó mucho trabajo al principio, pero después de que vino Jorge, se me movió el tapete y empecé a dudar si era lo correcto divorciarme, pues te amo, me gustas mucho y siento mucho sexualmente, cogerte y tener tu cuerpo junto al mío. Me gustaría envejecer contigo, ¿te gustaría?

Me agarró todo eso de sorpresa, sus palabras, el tono de voz, lo que me dijo, y para rematar, su pregunta. Hice lo que al principio quise hacer, lo tomé del cuello, brinqué y lo abrasé del cuello con mis brazos y de su cintura, con mis piernas.

–          Sí, sí, sí, le decía mientras lo besaba por toda su cara.

–          Hay algo más me dijo, recargué mi cara en su hombro, sentí sus manos que me sujetaba de mis nalgas.

–          Dime, le dije.

–          Tú deseo sexual, qué es exactamente.

–          Guardé unos segundos de silencio, no sabía cómo decirlo. Bueno, le dije, a las mujeres como yo, se nos antoja mucho sentir la verga dentro, ese meter y sacar, aunque también si nos chupan o manosean, igual sentimos mucho deseo. Podemos tener varios orgasmos uno tras otro, y estar unos días bien, otras lo desean diario, yo no, yo con que me cojan…. Me quedé callada.

–          Sigue amor, no te de pena, estoy preparado para escucharte y entenderte, pero sobre todo para apoyarte.

–          Seguí con más confianza. Bueno, si me coges…

–          No, me interrumpió, habla de lo que sientes, no hables dirigiéndote a mí como segunda persona, dime como lo sientes por favor, ya te dije, quiero saber todo de ti, tooodddddooooooo, para que sienta yo como si siempre estuve ahí contigo.

Quiero saber que deseas, que has hecho, que son tus sentimientos, tooodddddooooooo.

Así entonces más calmada le platiqué cosas de las que había vivido, dieron como las 12 am, me interrumpió y dijo. Por eso te pedí ese vestido, para que con ese pudiéramos recrear lo que pasaste ese día.

Amor, de hoy en adelante, seré todo tu apoyo, como tú papá lo fue con tu mamá.

Me levanté de la sorpresa, como, ¿lo sabes? Sí, platiqué con tu papá y comprendí muchas cosas, te diré que ya estaba casi convencido de no dejarte ir, pero con lo que platicamos en la mañana tu papá y yo, quedé muy claro conmigo mismo, no te dejaré nunca.

–          ¿Desde cuándo empezaste a dudar de separarte de mí? De ese día que llegó Jorge con sus amigos e hicimos el teatro que era accidental.

–          ¿Por qué no me dijiste nada?

–          Porque seguía con la duda, una que me ha matado mucho.

–          ¿Cual?

–          Que, si te diera mi apoyo y todo lo que soy, y al rato resulta que ya te enamoraste de otro y me dejas.

–          Pero amor, y lo abracé, como se te ocurre. Estoy contigo porque te amo y sólo contigo quiero estar.

–          No me lo tomes a mal, pero durante toda mi vida he estado con muchos hombres, pero jamás me he dejado llevar por lo que siento sexualmente, estoy segura y nunca te dejaré.

–          Bueno, me dijo, entonces sigamos disfrutando la noche, ya mañana o un día de estos haremos un plan de como podremos iniciarnos juntos en esta nueva etapa, el compartirte con otros estando yo.

De esta forma llegamos a este día, ya todo de acuerdo entre él y yo, planeamos lo que ahora será, bueno, no sólo lo de hoy, sino lo sucedido de junio del año pasado a este día, bueno, dejaré algunas cosas para otros relatos, creo que es mejor.

                Son ya las 9 am de ese sábado 23 de mayo. Nerviosa preparo todo. El me ayuda con algunas cosas, mientras voy a mi recámara a checar de nuevo la ropa que me iré poniendo.

                Ya listos con todo, dieron las 10. Nos sentamos a la mesa para desayunar, casi no platicamos, creo que él estaba igual o mas que yo, con sus pensamientos en lo que iría a pasar.

Casi puntual, Ruperto llegó.

Suena el timbre, baja, me dijo mi marido, yo le dije, pero ¿que pasó con lo planeado?

Mira me dijo, creo será más excitante, y se pondrá más nerviosos, si tu abres, él entra, lo saludas con un beso en la mejilla, pero tus labios toquen casi los de él, le dices, pasa, y te adelantas, súbete un poco más la falda, hará, que, al ir subiendo las escaleras, se te vea más de tus piernas. Estoy seguro que se excitará mucho.

Me agradó la idea y me dirigí a la puerta de entrada e hice lo que me dijo mi marido.

Pasa, le dije, entró le mostré el sofá para que se sentara, le ofrecí algo de tomar y le dije, ahorita viene mi marido.

Vestía una falda plisada, azul claro, medio transparente, si me paro en la puerta, seguramente, se podrá ver mi entre pierna a trasluz.

Por la cara que ponía, su vista como que em veía y no, estuve segura que si me veía mi panocha, a través de la tela. Mi blusa, con tres botones, uno de ellos estratégicamente puesto para que quedara a la altura de mis pezones, lo que permitía que se abriera más mi blusa en la parte de arriba, que al empinarme y colocar el vaso con agua que me había pedido, vi de reojo, como me veía mis pechos, y su cara de no poder creer lo que estaba pasando.

Dejé el vaso y le dije. Ahorita vengo, voy a ver si mi marido no tarda.

Casi al entrar a la recámara, él iba saliendo. Me abrazó me dio un beso y em preguntó.

–          ¿Como te sientes, que cómo me siento?, estoy que no puedo conmigo misma, las piernas se me aflojan, mi panocha late muy fuerte, cosquillas en el estómago, respiración casi sin poder controlarla y mi corazón que va como si fuera por herencia.

–          ¿Y tú?

–          Yo, con muchos nervios, no por que decir o que pasa, sino, por saber que este amigo te cogerá, y lo que ha de estar sintiendo.

Lo abracé, y le di un beso, ala vez le decía. Gracias amor, muchas gracias por apoyarme así, soy una mujer muy feliz y orgullosa de tener un marido como tú.

Se fue a la sala, le pidió los costos por metro lineal o metro cuadrado, dependiendo de que era el trabajo.

Cuando terminaron, yo, atenta en la puerta de la recámara, esperé a que mi marido dijera la palabra clave para que yo saliera y fuera a donde é estaba.

Bien Ruperto, dijo mi marido, con estos precios, podremos hacer cuentas del costo total del trabajo, no lo hacemos ahorita pues tenemos mi mujer y yo, una propuesta de pago, que tal vez no te convenga, por eso, si quedamos de acuerdo, entonces tomaremos las medidas de cada cosa que tienes que hacer.

Mira Ruper, es difícil empezar, y es que, hasta hace unas semanas, mi actividad inicial, al recibir a una nueva amistad en casa, y esto, si esa persona estaría constantemente en contacto con nosotros, si no, no lo hacía.

Pero esta vez Ruper es más complicado, pues es la primera vez que lo voy a hacer.

Bien, mira, así conocí a mi esposa, y en los primeros meses tuvimos un poco de diferencias, pero como la pudiste ver, está bien buena, así acostumbra a vestir, me lo hizo saber, que era muy importante para ella y que lo que deseaba es que la apoye, después e unas veces, terminé por aceptar, y desde entonces, ya 7 años casi, aquí estoy, diciéndole al amigo que mi mujer tiene una forma de vestir, que si saliera su foto en una revista de moda, tendría al pie de foto, ella, muy sexy, pero si saliera en una revista par caballeros, diría, ella, una muy puta.

También cuando el amigo llegaba con su novia o su esposa, mi mujer, con algún pretexto, se la llevaba, a la recámara al patio o a la cocina, para que yo pudiera decirle al amigo lo que debía.

A mi mujer le gusta vestir, muy atractiva, (ahí fue la clave, em preparé), conté hasta 20 y salí de la recámara y me dirigí a mi marido, que al verme que llegaba, estiró su brazo, me acerqué y lo puso alrededor de mi cintura, yo me senté y la falda quedó más arriba de mi pierna que cuando estaba parada.

Pues sí Ruper, así como vez a mi mujer, así te digo. Estas piernas pueden ser tuyas, al mismo tiempo que su mano se ponía encima de mi pierna derecha, la subía un poco y después la bajaba a la rodilla, para volver a subirla, esta vez, quedó por debajo de la tela de mi falda, Ruperto no despegaba su mirada de mis piernas.

Pe..pe..erdón, no comprendo, o sí, pero no quiero equivocarme.

Me puse de pie, caminé hasta llegar a un metro y medio de él, subí mi falda a la cintura, así que él pudo ver mi pantaleta de hilo, roja y todo lo que en ella estaba.

Lo que quiere decir es que esto va a ser tuya, mi vagina, mi culo, mis pechos, toda yo seré tuya y estaré a tu disposición como tu esclava.

Se quedó con cara de wath.

Si Ruperto, le dijo mi marido, en la vida de mi mujer han pasado varias etapas que su deseo sexual ha sido diferente entre una y otra, por eso en esta, después de la discusión que tuvimos a fines del año pasado, que casi nos divorciamos, ella tuvo un cambio en sus deseos sexuales, que por eso se te esta entregando, tu serás su dueño en el tiempo que dure tu trabajo.

Si, sé que es algo complicado para ti, le dije, sin darle tiempo a decir algo. Tu trabajas por dinero, vas a decir, que estoy muy bien, pero que te interesa más el dinero, pues mi marido te pagará el 20% y yo el 80%, pero no te preocupes, tengo ya un plan en donde si te pones buso, ganarás más.

Te daré dos fotos mías, podrás decirles a tus amigos, claro, no a todos, sino a los que más veas con posibilidad de cobrarles caro, que estas trabajando en la casa de esta señora, que según se le perdió el dinero del pago de la semana, pero para compensar, ella esta dispuesta a dejarse coger por algún conocido mío, y ese dinero, sería el abono a tus honorarios.

Así que yo estaré a tu disposición, entre más me traigas, mas ganaras, y si cubrimos el pago, y hay tiempo, de los que sigan sería 60% para mí y el 40 para ti. ¿Cómo ves?

Muy padre, dijo él.

Pues para que pruebes y sepas antes de decidir, hoy seré tuya como si ya estuvieras trabajando aquí, pero eso si te digo, sin temor, de verdad, si al final de este día, ya que me hayas probado como quieras, no te convence y no aceptas el trabajo, no te preocupes, simplemente dime que no aceptas y ya. De otra forma, te esperaré el lunes ya para iniciar la remodelación.

Mira, le dijo mi marido, ella será toda tuya, cada vez que quieras, aunque esté yo y te vea, si quieres agarrarle las nalgas o meterle la mano, o lo que quieras, tu no te preocupes, tu eres su dueño.

Mira, por ejemplo,

Mi marido me tomó del brazo, se paró y me dijo, párate aquí, mira, le dijo si ella estuviera aquí, y tienes ganas de coger, agárrala así la pones aquí, al empinas y te la coges, le decía así mi marido, mientras me llevaba a la silla, me empujó suavemente, y me levantó la falda, se acercó a mí como si me estuviera metiendo su verga.

Ruperto pudo ver mis nalgas, mi culo.

Ah, dije, solo dos cosas, que te prohíbo, hasta el día de hoy que he sufrido.

Primera, que no me chupes, o, mejor dicho, que, si me chupas, no me dejes el chupetón.

Segunda, nada que em cause dolor. Me refiero a dolor, por alguna acción agresiva, pues hay dolores que se aceptó. Por ejemplo, que me quieras coger por mi culo, y tu verga esté gruesa, me va a doler, pero es un dolor natural que acepto, solo sería que me la metieras despacio.

Otra cosa que em ha pasado es que se excitan tanto que me dan nalgadas, si, si me quieres nalguear, hazlo, me gusta, pero que no sea muy fuerte por favor.

Continuará….

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