El novio de mi amiga es un stripper 2

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– ¿Qué pasa con Saavedra?

– Que quiere contratarme para un show a domicilio.

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Lara se quedó boquiabierta al escuchar la respuesta de Raúl. Seguía montada sobre él, sintiendo su polla llenándole el coño después del polvo que acababan de echar y sin saber qué decir. Era la primera vez que escuchaba eso del show a domicilio y, con todas las barbaridades que se le pasaban por la cabeza al imaginar cómo podría terminar un espectáculo de ese tipo, lo que más la desconcertaba, enfadaba, preocupaba y hasta excitaba, era que el nombre de Saavedra entrara en la ecuación.

Eva Saavedra era una ex de Raúl, una de las que dejan resaca. Y Lara, además, también tenía su propia historia con ella. Una mala historia.

– Cuéntamelo desde el principio -le dijo Lara a su novio con un tono que oscilaba entre el cabreo y el desconcierto.

– Estaba en el camerino, cambiándome de ropa para venir ya para casa, y ha entrado David -el dueño del local donde trabaja Raúl- para hablar conmigo. Y me llega y me dice que si quiero subir de nivel y ganar más dinero. “¿Cómo?”, le pregunto. Y me dice que haciendo shows a domicilio, que hay una tía muy interesada en contratarme y que es una oportunidad cojonuda para ganarme un dineral.

– ¿Un dineral?

– Quinientos pavos por menos de una hora de curro…

Se hizo el silencio mientras se sostenían la mirada. Raúl, que agarraba a Lara de los cachetes, empezó a hacerle caricias amasándole el culo con las manos.

– Me he quedado callado cuando me lo ha dicho. Es un pastón pero me han asaltado mil preguntas y, al final, para ganar tiempo, le he dicho que tenía que pensármelo. Evidentemente es algo que primero tengo que hablar contigo. Y, entonces, ha empezado a insistirme… Me coge y me dice que no tengo que pensarme nada, que ojalá tuviera él la suerte que tengo yo de que las tías me busquen como me buscan, que si, a parte del dinero, voy a tener la oportunidad de follarme a la pava que me busca y a toda una despedida de soltera…

Esas últimas palabras de Raúl molestaron a Lara que, de inmediato, se apartó sus manos del culo y le descabalgó para volver a sentarse en el sofá visiblemente mosqueada.

– ¡Lara, yo tampoco quiero! -suplicó Raúl en un tono bastante convincente-. Y no me ha hecho ni pizca de gracia que David haya intentado convencerme tirando de ese argumento. Bastante al límite llevo mi trabajo en los pases privados en el local, a pesar de que tú y yo lo hayamos acordado, como para permitir que se me atribuya una condición que, para nada, soy yo.

– Sí, ya… -Ya no había desconcierto en el gesto de Lara, solo cabreo-. Pero resulta que es Saavedra y, entonces, la cosa cambia. ¿No?

– No, no cambia. Pero se vuelve tan trascendente como para contártelo de inmediato.

– ¿Y por qué te quiere precisamente a ti? ¿No estaba en Londres? ¿Cómo se ha enterado de que eres stripper?

Raúl respiró hondo y cogió a Lara de las manos.

– Lo que voy a decirte ahora no es un reproche…

– Mal empiezas si pretendes echarme la culpa a mí -le interrumpió Lara, cada vez más cabreada.

– ¿Me dejas que te cuente? Lara, por favor, que esto no es fácil para mí tampoco.

Lara no podía quitarse de la mente las mil escenas sexuales que, en ese momento, estaba imaginando entre su novio y Saavedra. Sabía que Raúl y Saavedra habían follado mucho y muy alocadamente: el polvo en medio de la pista de baile de una discoteca de Salou era su peor fantasma, pero no el único. También estaba aquel otro contra la Giralda o las incontables ocasiones en las calas naturistas de Almería. Mentar a Saavedra era nombrar al mismísimo diablo.

– Saavedra me ha jodido dos relaciones -protestó Lara-. No voy a permitir que tú seas la tercera. ¡Ni de coña! Esa zorra parece que me persigue, ¡joder! Y, encima, con el curriculum que tenéis… ¡Ni loca!

Raúl no se lo pensó dos veces y tiró de Lara par levantarla del sofá con el firme propósito de que volviera a sentarse sobre él para montarle. Lara se resistió inicialmente pero, al final, claudicó y le montó. Esa posición en el sofá era la garantía de la sinceridad que se dedicaban y, ante la dulce insistencia de Raúl, comprendió que tenía que darle ese voto de confianza.

– A ver ese “no reproche” de qué va -dijo Lara finalmente.

– ¿Cómo se llamaba la tía aquella que estuvo contigo y con Paula la noche que os hice el privado en el reservado del local?

– Cinthya -respondió Lara-. ¿Qué pasa ahora con ella?

– Que es amiga de Saavedra -respondió Raúl.

A Lara le cambió entonces la cara. Recordó cómo terminó aquel strip teasse y, sin tenerlo del todo claro, empezó a ser capaz de imaginar cómo podrían haberse desarrollado las cosas hasta llegar el punto en el que estaban.

Aquella noche, como recordaréis de la primera parte de esta historia, Lara no pudo contenerse y, en el reservado, no dudó en tratar de comerse la polla de Raúl delante de su amiga Paula y la susodicha Cinthya cuando él terminó con su desnudo integral. Así que supuso que Cinthya le contaría la experiencia a su amiga Saavedra y que, de alguna manera, sabiendo lo que le va la marcha a esa zorra, Saavedra habría terminado por enterarse de que el stripper era Raúl.

De manera que, efectivamente, fuera lo que fuera lo que iba a contarle su novio, no era un reproche.

– ¿Cómo sigue la historia? -preguntó Lara entonces dejando que se le relajaran los músculos vaginales.

– Volvemos a la conversación con David de esta noche -respondió Raúl-. Empieza a decirme que la tía que quiere contratarme insiste en que quiere que sea yo el stripper y, para coaccionarme, me dice que cuando hice mi primer pase privado la tía que me contrató también insistió mucho y que yo acepté.

– Si lo llego a saber no insisto tanto -protestó Lara recordando que fue ella misma la que le insistió a David como parte del plan que había trazado con Raúl.

– Pues, me coge David y me dice: “No querías entonces y mira que bien te va. ¿Por qué no pruebas también ahora?”. Y, claro, en aquella ocasión yo sabía que eras tú quien me reclamaba pero, ¿ahora? ¿Quién viene a buscarme ahora y para algo que no hago? Así que le he preguntado. Y me dice “Eva Saavedra se llama”. A David ese nombre no le suena de nada, claro. Pero, en cuanto lo he oído, he supuesto que se trata de ella. No sé cuántas Evas Saavedra habrá en el mundo pero, que insista en que sea yo el stripper que quiere y lo haga con tanta insistencia como quería venderme David, solo puede haber una. Así que he disimulado para que David no sospeche que aquí había gato encerrado y le he tirado más de la lengua para que me contara todo lo que hubieran hablado y, al final, he podido atar cabos. Me dice que Saavedra le ha dicho que ha oído hablar mucho y bien de mí y que una amiga suya lo flipó tanto que estuvo a punto de no poder contenerse y lanzárseme encima una noche en un pase privado, pero que se le adelantó otra tía que me comió la polla antes. Por eso me ha tentado con lo de que, si hago el trabajo, encima puedo hartarme de follar.

Lara se puso colorada al descubrir que David sabía lo de la “mamada interruptus”. Luego se relajó un poco al acordarse de que, afortunadamente, el jefe no sabía quién era ella ni la relación que tenía con Raúl.

– ¿Sabía ya David lo de que te quise comer la polla o se ha enterado por ella?

– Se lo conté yo el viernes siguiente. ¿No te acuerdas que te lo conté?

– ¡Ah, sí! -reaccionó Lara al recordar aquella conversación-. Porque sospechas que hay cámaras en los reservados y que David lo oculta.

– Exacto -añadió Raúl casi de inmediato-. Para que viera que soy legal y que me tomo el trabajo muy en serio.

– ¿Y cómo has relacionado a Cinthya con Saavedra? Porque, aunque acepte que ella puede ser muy insistente si te ha descubierto, eso no las relaciona.

– Pero su teléfono sí… Aprovechando que David sabe que voy de legal, le he dicho que si me podía dar el teléfono de “esa Eva Saavedra” para hablar personalmente con ella y que me cuente lo que quiere y me lo ha dado.

– ¡¿Es que aún tienes su teléfono en el móvil?! -Lara volvió a ponerse seria.

– ¡Como para no tenerlo! -respondió Raúl-. Así puedo no contestarle si algún día dijera de llamarme.

Raúl se sabía de memoria el teléfono de Saavedra. Hay personas de las que, por mucho tiempo que pase, no olvidas ni su DNI. Sin embargo aquella respuesta era real y sincera y a Lara le pareció lógica. Se calmó de nuevo.

– ¿La has llamado?

– No. Primero tenía que contártelo.

– ¿La vas a llamar?

En los segundos que duró el silencio que se hizo a continuación, Lara sintió en su interior como la polla de Raúl pasaba de morcillona a palote. Se ofendió.

– ¡¡Quieres verla!!

Fue a hacer el ademán de descabalgarle, pero Raúl se lo impidió sujetándola fuertemente de las caderas.

– Una despedida de soltera es siempre un desmadre, Lara. Perdóname si la polla me reacciona al imaginar a un puñado de lobas desinhibidas… Eso es lo que me espera detrás de la llamada a Saavedra. ¡Y me asusta mucho! Si estamos como estamos ahora mismo, si quiero que sepas que soy sincero con todo mi ser y con toda la verdad de mi cuerpo, erecciones involuntarias incluidas, es porque solo te quiero a ti y solo quiero hacer el amor, ¡o follar!, contigo. Ya lo sabes… Lo que yo tengo contigo va mucho más allá de las cositas que me haces.

De nuevo se hizo el silencio mientras se sostenían la mirada. A pesar de las dudas e inseguridades que aquella erección le provocaban, Lara sabía que había sinceridad en las palabras de su novio. Así que, cuando aceptó que sabía que las pollas tienen vida propia, empezó a batir el culo apretándolo firmemente sobre Raúl para que no olvidara lo que estaba en juego si, en algún momento, él optaba por engañarla.

– ¿Sabes lo que te juegas si me mientes, verdad?

– Así como tú sabes que solo tienes que decirme que deje el trabajo para que me parezca buena idea..

– Fóllame en la terraza -susurró Lara entonces con lascivia.

Le descabalgó, se puso de pie y no dejó de mirarle pícaramente hasta que llegó a la puerta de la terraza, que estaba al lado del sofá. Entonces fue que miró a la puerta, la abrió y salió al exterior.

Sabía perfectamente lo que hacía y por qué lo estaba haciendo. El miedo a que Rubén quisiera recuperar el sexo al aire libre porque ya lo tuvo con Saavedra, la empujaba a ofrecérselo ella también aunque nunca antes lo hubiera hecho o aunque tuviera pudor y rechazo a hacerlo. Se atrevía a probarlo para decidir si le compensaba el sacrificio.

Raúl, por su parte, adoraba de Lara que, en realidad, siempre era más fuerte que sus propios miedos. Sabía que, para Lara, ese mecanismo funcionaba con el miedo. Y el veía cómo, en realidad, funcionaba por el valor. Y, cada vez que estas cosas pasaban, disfrutaba viéndola hacer las cosas, a sus formas, y a sus tiempos.

Por eso permaneció en el sofá mirándola feliz hasta un poco después de que Lara saliera a la terraza.

Estaba de pie, estilizada y con las manos apoyadas sobre el pasamanos cromado de la baranda de cristal sopesando las vistas. La madrugada del viernes al sábado apenas estaba comenzando y las quince terrazas que se repartían en las cinco plantas del edificio de en frente estaban apagadas. Aunque conocía las rutinas y sabía que era bastante improbable que alguien se asomara desde los quince metros que la separaban del edificio de en frente, también era consciente del modo en que se estaba exponiendo, tanto física como moralmente. Y, aunque era consciente del riesgo, lo asumía y terminaba por vencerlo. Por mucho miedo que, antes, le hubiera dado.

Por otro lado, aunque pudieran verla divinamente desde la décima a la sexta planta del edificio de en frente, Lara estaba en un octavo y su campo de visión se dividía entre el edificio y las vistas que, en perpendicular por la derecha, le ofrecía el horizonte y una amplia avenida arbolada de la ciudad. En esa dirección, el edificio más cercano estaba a más de cien metros.

Y también le parecía una situación excitante. Estaba cómoda sexualmente.

Raúl se levantó y, al llegar a la puerta, se quedó mirándola un rato, viéndola de espaldas. ¡Tenía un culo! Tenía un cuerpazo que que le ponía muy cerdo y la polla muy dura. Cuando se imaginó cómo iba a darle en esa misma postura, abriéndole solo lo necesario las piernas, imaginó la cara de vicio y placer que pondría ella y se le reflejó en el rabo. No pudo aguantarse más y recorrió los tres metros que les separaban, necesitaba apretarse contra el culo de Lara.

El polvazo con gemidos desmedidos y orgasmos varios que echaron no hace falta que os lo cuente, podéis haceros una idea. Raúl se corrió dos veces y Lara se llevó se llevó el tercero , que la remató, cuando, por primera vez, absorbió con gusto todo el glande de la polla por el culo.

Sus contracciones anales fueron las que arrancaron el segundo orgasmo de Raúl.

Mantuvieron la postura mientras recuperaban el aliento. A Raúl se le bajó la erección y se le volvió a poner morcillona pero, el hecho de estar penetrando analmente, le seguía excitando y quería continuar hasta meterla del todo. Y, claro, no puedo detenerse hasta que, al final, lo logró.

Y entonces los gemidos de placer de Lara terminaron explotando por toda la avenida.

Inevitablemente, una de las terrazas de en frente terminó por encenderse. Ya era tarde para esconderse del tío cuarentañero que salió y les cazó de lleno. Manteniendo la compostura mientras les sacudían los últimos espasmos, también se mantuvieron firmes, expuestos y convencidos de que eran libres y capaces de vencer a ese momento y ese tabú.

Y vieron al vecino de en frente sobarse sin pudor los huevos.

Con el “ji ji” y el “ja ja” del momento, terminaron por despedirse los tres y, Raúl y Lara, regresaron a su salón y a su sofá. Seguía apagado y con la tele puesta; Con porno en la pantalla y el volumen flojito.

– Prepara un par de copas -le pidió ella.

En la pantalla, la webcammer seguía ofreciendo su espectáculo a cambio de monedas. Era una andaluza con un acento simpatiquísimo y súper morboso que, cuando se excitaba, ponía muy caliente.

Y aquel descaro y naturalidad con que decía las cosas que decía…

Raúl regresó con las dos copas y las dejó en la mesita. Le dio un muerdo a Lara y se acomodaron en el sofá, uno en cada extremo, desnudos, abiertos de piernas y pensando cada uno en sus cosas mientras miraban a la webcammer.

– ¿Cuál es el siguiente paso? -preguntó Lara sin dejar de mirar a la tele.

– Es evidente que Saavedra sabe que yo soy el stripper. Así que sé cómo de crecidita se va a manifestar en cuanto me ponga en contacto con ella. Va a venir vacilona…

– O sea… Que das por hecho que vas a hablar con ella…

– No -respondió Raúl sin vacilar y sin sentirse atacado-. Presupongo cuál es su actitud para que decidamos juntos cómo reaccionar y qué hacer según la información que tenemos. Y, cuanta más información tengamos, mejor. Pero sigo igual de decidido a no hacerlo si nos parece mala idea.

– O sea… Que te parece que puede ser una buena idea…

– No te pongas a la defensiva, Lara.

– Tú deja que yo me ponga como me dé a mí la gana y ponte tú como quieras. Que, de momento, poniéndome yo a la defensiva y respondiéndome tú con tu calma, nos estamos entendiendo… ¿Por qué te parece que puede ser una buena idea?

– Para empezar por las pelas -respondió Raúl-. Y, para continuar, porque me siento capaz de controlar la situación y que no se me vaya de las manos.

– Aunque esté Saavedra de por medio…

– Aunque esté Saavedra de por medio.

– ¿Ya has pensado cómo hacerlo?

– Se me ha ocurrido algo cuando venía de camino.

– Cuéntamelo.

– Lo primero que necesito es que tú también estés -empezó a decirle Raúl-. En cuanto me entere de si Cinthya va también a la despedida, tú tendrás que convencerla para que te invite. Por lo que me han contado, y como nos podemos imaginar, en un strip teasse privado a domicilio no va a haber moral ni respeto que detenga a la que no los tenga. Yo puedo oponerme pero, estando tú, seremos dos contra las que sean.

– ¿Tienes que hacer desnudo integral?

– No lo sé, puedo enterarme. Aunque imagino que podría negarme lo mismo que supongo que la cliente puede pedir… Y que todo tiene un precio…

Lara se enfrentó a la escena de imaginarse en una casa llena de locas desatadas dispuestas a sobrepasarse con el stripper y se creyó capaz de superarlo. Luego metió a Saavedra en la escena y se le revolvieron las entrañas. Ya no temía por Raúl, pero se imaginaba a la otra. Si lo quería en una fiesta privada no iba a ser para reírse de él precisamente, sino para buscarle un polvo. La hija de puta de Saavedra iba a ser la más golfa de todas. Aquello ponía a Lara de muy mala leche.

Ellas no se conocían en persona. A pesar de ser cierto que, Saavedra, le había reventado dos relaciones a Lara, a parte del tiempo que había pasado de aquello, en cada ocasión Lara permaneció en la sombra y nunca llegó a encararse con ella.

– Pero sí que es posible que sepa quien soy -pensó entonces-. Aunque puede que no nos relacione juntos a Raúl y a mí. Que, en ese caso…

Lara tuvo por primera vez la sensación de poder devolvérsela a Saavedra. Suponiendo que las cosas fueran como imaginaban: con una hijaputa vacilona loca por follarse a su ex, que ha terminado de stripper, poder impedírselo en su propia fiesta era un golpe que la satisfacía.

– Pero, si es ella la que llama, entonces es porque no es la novia… ¡Mierda! -se lamentó.

Esa forma de pensar hizo que se fuera viniendo arriba. Era una oportunidad y el premio valía la pena.

– ¿Y si no consigo que Cinthya me invite? -le preguntó entonces a su novio.

– Teniendo en cuenta lo que te vio hacerme, si sabe que yo voy a ser el stripper creo que va a haber un ambiente favorable para que te termine invitando. O para que la termines convenciendo.

– ¡Vale! Pero tú tienes que enterarte primero si Saavedra sabe que estamos juntos.

En aquel momento, de facto, Lara aceptó que Raúl pusiera en marcha la maquinaria aunque aquello desembocara en el más disparatado de los escenarios posibles; Daba luz verde a un juego sexual bastante imprevisible.

– ¡Anda que si termino siendo otra vez yo la que te chupo la polla…! -bromeó.

– Entonces, si quieres, te dejaré que lo hagas…

– Cómeme el coño -volvió a susurrar Lara con su irresistible lascivia.

Se abrió los labios con los dedos y se acomodó en el sofá para que Raúl llegara y obedeciera. No se esperaba aquella respuesta pero, oírla, la puso de repente súper cachonda. Sabía que no tenía vergüenza para comerse una polla delante de más tías, ya había intentado hacerlo antes, y le dio morbo la escena.

Luego, mientras Raúl le hacía con la lengua maravillas en el clítoris y gemía gozosa, la imaginación dibujó una orgía de mujeres, Saavedra incluida, follando con Raúl, y se excitó más todavía.

– Es la venganza perfecta -pensaba entre gemidos-. Restregarle que Raúl tiene para darnos a todas y que, en vez de elegirla a ella, me ha elegido a mí.

Y, la satisfacción que aquella situación le produjo, trajo consigo un nuevo orgasmo de los que, a puerta cerrada, se escuchan hasta en el garaje y, con la puerta abierta, son capaces de hacer que vuelva a asomarse a la terraza el cuarentañero del edificio de en frente.

La noche no dio para mucho más. Después de aquello, quitaron a la webcammer y se pusieron la tele para tenerla de fondo mientras se apuraban sin prisa las copas. Pasaron por el baño uno detrás de la otra y se fueron a dormir.

Desnudos, en la cama, la madrugada al final sí que les regaló un último polvo de duermevela.

Al día siguiente Raúl le envió un mensaje a Saavedra: “Buenas tardes, soy Raúl. ¿Qué tal? Me han informado de que estás interesada en contratarme para una despedida de soltera”.

Trató de mostrarse todo lo aséptico y seguro de sí mismo de lo que fue capaz. Pretendía no manifestar ninguna emoción para que, al responder, fuera Saavedra con sus palabras la que se descubriera primero. Presuponía que ella se mostraría altanera, era el principal raso ge su caracter.

Sin embargo ocurrió todo lo contrario y Saavedra se mostró simpatiquísima y súper encantada de haberse reencontrado con él y, encima, de semejante manera.

– ¡Tío! En serio, tienes que ser nuestro stripper. Seguro que no hay otro con más morbo y más chispa que tú -era el tono en el que se pronunciaba.

Estaba solo en casa. Lara había salido con Paula a echar un café después de haber comido. La incertidumbre de no ser capaz de descubrir el rollo extraño que se traía Saavedra hizo que, al final, dejara los mensajes y terminara por llamarla. Tenía que escucharle la voz para saber de qué palo iba y, en el fondo, esa nueva Saavedra tan amigable y cariñosa le había despertado los buenos recuerdos del pasado. Le apetecía una charla sin sentir la espada de Damocles colgando sobre su cabeza.

Hablaron. No terminaba de creérselo: Saavedra era solamente la versión buena de Saavedra, una que él conocía. A lo largo de la media hora que estuvieron hablando, Raúl no supo vislumbrar si le estaban vacilando y, sin desechar la posibilidad, se comportó como si no fuese a ocurrir. Fue una charla amena de dos viejos amantes del pasado que volvían a ponerse en contacto con nuevos roles totalmente diferenciados pero poniendo en común las cosas buenas que habían sabido mantener uno del otro. Y, después de contarse, de recordar, de reírse, informarse, confesarse, despedirse y de colgar, Raúl en seguida le mandó un mensaje a Lara.

– Acabo de hablar con Saavedra, he terminado por llamarla. Ha ido genial. Tengo toda la información que necesitamos pero ha habido algo raro: En vez de aparecer la Saavedra mala, ha aparecido la buena. ¿Qué quieres saber primero, que te lo cuente?

El teléfono comenzó a sonar mientras lo sostenía con la mano.

– Dime corazón -dijo al descolgar.

– Estoy con el manos libres, con Paula en su casa. ¿Quién es “Saavedra la buena”?

– Alguien de quien parece que no quieres que te hablen -respondió Raúl contrariado.

– Yo a la defensiva, tú con tu calma. Recuerda. Así nos entendemos…

– Saavedra la buena es una tía divertida y con buenos sentimientos que conozco de hace tiempo y de la que creo que, de haberos conocido de otra manera, habría podido ser una buena amiga tuya… Mejorando lo presente, Paula, por supuesto. Que ya sabes que te quiero porque sé que eres la mejor amiga que tendrá nunca. ¿Cómo estás, niña?

– En mi flow, como siempre -respondió Paula.

– ¿Y a Lara? ¿Cómo la ves?

– Estoy flipando con ella y con el historión… ¿Te ha contado lo de su plan de venganza, no?

– Sí, esta mañana.

– Pues, ahora mismo, mucha cara de intentar plantearse siquiera un escenario en el que exista esa Saavedra que describes, no es que tenga. Pero está predispuesta a que nos des más detalles para ir visualizando la composición emocional. Así que cuéntanos más de quién es y de la sensación que te ha dado.

– No sé si fiarme -respondió Raúl-. Es una intuición, pero no lo tengo del todo claro. ¡Ah! ¡Bueno! Te pone cara, sabe quién eres, pero no sabe que estamos juntos. He pensado que, tal vez por ahí, podamos saber de verdad de qué pata cojea.

– ¿Por qué? -preguntó Lara.

– Supongamos la situación de una Saavedra que, en el fondo de su corazón, siente algo de culpa por haberte levantado dos novios.

– ¡Eso no me lo habías contado! -y, una palmada contra un hombro, sonó a continuación de las palabras de Paula.

– ¿Sois capaces de suponerlo? -preguntó Raúl.

Ambas dijeron que sí.

– Lara… ¿Estás preparada para que te hable emocionalmente de mis buenos tiempos con Saavedra? ¡Paula! Responde tú si se queda callada.

– Sí. Sí que lo está -respondió Paula de inmediato.

– Pues continúo… Hace un momento he estado hablando con la Saavedra que sé que trataría de pedirte perdón de alguna manera. Y sé de la manera en que lo haría… Cree que estoy soltero y, en todo momento, se ha portado conmigo como la Saavedra atrevida y despreocupada que siempre fue para mí. Y, el caso, es que me la quiero creer. Esa Saavedra, además, sabe lo que me hiciste en el local… Y sabe como fui con ella sexualmente en el pasado y sé cómo intenta ser sexualmente en el presente conmigo y, si es quien dice ser, también cómo intenta ser sexualmente contigo. Insisto… No sabe que tú y yo estamos juntos. Así que, si piensa que no nos conocemos, va a intentar compensarte… Si no me equivoco, va a ser Cinthya quien se ponga en contacto contigo. No va a hacer falta que la busques tú. Si Saavedra sabe que también estás por aquí, va a aprovechar nuestro reencuentro para compartir sexualmente contigo a sus amigos, Entre los que me cuenta… Lara… ¿Eres capaz de suponer esa situación? Esta vez no contestes, Paula…

Se hizo el silencio durante unos interminables segundos.

– ¿Y tú? ¿La cuentas entre esas amigas tuyas que son sexualmente así y quieres compartirla conmigo?

– Solo si es de verdad y confiamos en que no va a hacernos daño -Raúl guardó silencio unos segundos para que, esa posibilidad, diera su primer golpe para convertirse en probabilidad porque, a continuación, terminó la frase-. Que no me olvido que, puede ser que no, porque Saavedra nos la esté jugando a los dos y, la buena, no exista.

– Esa me imagino yo lo que estaría tramando en realidad -dijo Lara-. Provocaría la forma de dejarnos en evidencia a los dos delante de sus amigas. Como si lo estuviera viendo…

– ¿Lo estáis viendo realmente? -preguntó entonces Raúl.

– ¡Hostias! ¡Qué bueno! Eres un crack -exclamó Paula.

– ¡Coño! -reaccionó Lara apenas un segundo después.

– Si nos está engañando, va a llevar el engaño hasta el final. Sabemos exactamente cada uno de los movimientos que va a hacer y en qué momento podemos retirarnos del juego si lo descubrimos. Incluso sabemos cómo saldremos del juego: tú no acerarás ni por asomo tu boca a mi polla, yo no dejaré que nadie lo haga y, en cuanto termine, nos vamos. Yo con mi excusa y tú con la tuya. El problema no es que nos la pueda estar jugando, si es mala, Saavedra no va a salirse con la suya. Nuestro movimiento importante, lo que tiene que preocuparnos, es cómo vamos a reaccionar si sus intenciones son sinceras, cuál entendemos que es nuestra victoria. Sea como sea, vamos a ganar esta partida.

Se volvió a hacer el silencio durante unos interminables segundos.

– Y… Saavedra la buena y tú creéis que, la victoria, es que yo la perdone, nos montemos un festival de bienvenida, le contemos que estamos juntos y que, entonces, dejemos de ser una pareja de dos para que empecemos a ser una de tres, ¿No?

– Lo que yo tengo contigo va mucho más allá de las cositas que me haces, recuerda… Y con ella nunca hice, ni haré, las cosas que sé que solo quiero hacer contigo. Y, créeme, quiero que hagamos muchas cosas…¡Y no solo sexuales! El resto de cosas que solo las haría contigo. Entre Saavedra y tú, es siempre tu cara la que aparece en mi mente. Y sé lo que eso significa.

Otro silencio que parecía no tener fin.

– Tiene cara de estar dándole una vuelta al asunto, pero solo la primera. No va a responderte ahora mismo porque necesita darle otras diez mil más todavía pero, por lo menos, está empezando a darlas.

– Hay tiempo -dijo Raúl-. Puede darle vueltas a eso un par de días antes de ver si Cinthya se ha puesto en contacto con ella o de si, caso de no haberlo hecho, quiere y sabe cómo hacerlo ella. La despedida es dentro de dos semanas y supongo que, en estos días, yo tendré que volver a hablar con Saavedra y tendré oportunidad de seguir tanteándola por si nos la estuviera jugando. Seguimos teniendo la oportunidad de actuar con prudencia e inteligencia y pisar sobre seguro.

Y, por fin, el último silencio: uno bastante más breve.

– Nos entendemos -intervino Lara-. Hablamos luego. ¿Qué vas a hacer de cenar?

– Hoy nos merecemos cena cerda.

– ¡Mola! ¿Estás buscando peli?

– No lo tengo claro y admito sugerencias.

– Ok. Si se me ocurre algo te lo digo. Te quiero -y colgó.

Lara seguía teniendo miedo de que Raúl prefiriera, por cualquier razón, dejarla por Saavedra. Ya se lo habían hecho dos tíos antes, él no tenía por qué ser diferente. Y sabemos cómo supera Lara sus miedos, ¿no? Efectivamente: afrontándolos, incorporándolos y superándolos. Y no olvidemos que, de ese comportamiento, Raúl lo que admiraba de Lara era su valor.

Los dos sabían que, Si Saavedra la buena existía, la despedida de soltera iba a terminar en orgía; Que Lara no se negaría. Así que no les hizo falta hablar del tema durante los días siguientes. Esa noche tuvieron cena cerda, buena peli, porno y sexo y su vida transcurrió con normalidad hasta que, el jueves siguiente, Lara y Cinthya se pusieron en contacto.

Fue Lara la que envió el primer mensaje. En vista de que el plan no iba según lo previsto, y puesto que estaba decidida a resolver de una vez por todas, para bien o para mal, el asunto Saavedra, pasó a la acción. La excusa era proponerle ir al local la noche siguiente a ver a Raúl sin más razón que porque se había acordado de ella. La verdadera intención era la de colarse en la despedida a cualquier precio.

Y pasó…

Quedaron para verse la noche del viernes. Quedaron primero para tomar unos vinos, Lara quería conocerla y dejarse conocer más allá de lo estrictamente sexual. Luego fueron al local en el que, como cada viernes, Raúl trabajaba. Se sentaron en la barra al llegar. Allí se tomaron la primera cerveza antes de pasar a las mesas junto el escenario. Tras las dos primeras actuaciones, primero el grupo de las chicas y, después, el de los chicos, y de pasar de las cervezas a las copas, la conversación se fue centrando en aspectos más íntimos y morbosos. El rato les estaba pareciendo tan bueno que, al final, decidieron pedir un reservado y se preguntaron si sería posible contratar un privado del stripper Raúl.

– ¿Puede ser otro? -la pregunta de Cinthya pilló a Lara por sorpresa.

– Sí, claro -le respondió al reaccionar-. ¿Es que te ha pasado algo con Raúl?

– No, nada. Es por otra historia.

– ¿Quieres a alguno en particular? -dijo Lara pasándole la carta que, con los servicios del local, estaba sobre la mesa.

Cinthya echó un vistazo para terminar eligiendo al azar y Lara se dio cuenta: No estaba buscando a otro, sino evitando a Raúl. Y, sabiendo como sabía que la despedida de soltera estaba cerca, la razón por la que Cinthya le evitaba debía tener algo que ver con ella. Aquí estaba la oportunidad de abordar el tema. Había que seguirle el juego.

Con la excusa de ir al baño, Lara aprovechó para enviarle un mensaje a Raúl y darle novedades. Al novio le sorprendió que pensaran en otro stripper y Lara le explicó que, precisamente por ahí, era por donde podía entrarle para hablar de la despedida de soltera.

– Y tranquilo que, esta vez, ni se me pasa por la cabeza meterme una polla en la boca.

Al regresar, aprovechó para buscar a David, el jefe del local, para pedirle el reservado y el pase privado de Josué, el otro stripper elegido. Casi no había hecho más que volver a sentarse en la mesa con Cinthya, cuando llegó David para llevarlas al reservado.

Aunque era de similares características que el anterior, el del día del strip teasse de Raúl, este otro estaba ubicado cerca de la ultima fila de mesas alrededor del escenario principal. Era el último de los que había en esa pared, el que se quedaba más al descubierto. Al entrar, Cinthya se aseguró de echar bien las cortinas para que no se viera nada desde fuera. Lara recordó que, la otra vez, llegaron a descorrerlas y dejar solo los visillos, así que supo que, aquel comportamiento de Cinthya, era intencionado. Y, si lo era, algo escondía. Empezaba a tener munición con la que interrogarla y tratar de dirigir la conversación.

– ¿Cómo será el Josué este? ¿Sabes cuál era de los de antes?

– Creo que el alto moreno de detrás, pero solo por relación de ideas. No me hagas mucho caso -respondió Cinthya.

Sin bajar el tono de la conversación, Lara sí que se dio cuenta de que Cinthya se ponía, cada vez, más nerviosa. Como si, fuera lo que fuera, era algo a lo que se le acababa el tiempo. Era el momento de empezar a investigar.

– Tengo la sensación de que hay algo que te inquieta -dijo Lara-. ¿Puedo preguntar?

– No, no es nada… -Cinthya no sonó convincente.

– ¿Seguro?

– Bueno. La verdad, es que… -se quedó callada un segundo-. Vas a pensar que estoy loca…

– ¿A mí me vas a hablar de locuras en un sitio como este después de nuestra primera vez?

Cinthya se rió con aquel comentario de Lara. Le sirvió para relajarse. Y, por fin, empezó a hablar.

– Ayer, cuando recibí tu mensaje, me pareció que me venías como caída del cielo. Llevo unos días pensando que hay una cosa que quiero probar a hacer y que no puedo hacer sola pero tampoco puedo hacerlo con mis amigas porque tiene que ver con ellas.

– ¿Con ellas? -Lara olía cada vez más cerca el asunto de la despedida de soltera.

– Sí. Por eso me alegré tanto cuando apareciste. Porque, sin que seas del todo una desconocida, eres la menos conocida y contigo sí que puedo probar a hacerlo. Necesito tu ayuda para hacer una locura…

Lara llegó a temerse que aquello era algún tipo de declaración lésbica y se puso nerviosa. Sin embargo, que tuviera que ver con las amigas seguía manteniéndola centrada y atenta.

– Supongo que esperas que no me escandalice -dijo Lara-. No te preocupes, cuéntame que es lo que quieres hacer.

– La semana que viene tenemos una despedida de soltera que pretende girar a orgía premeditada con el stripper. Se supone que, para cuando llegue a la casa, ya tendremos que estar todas desnudas y desinhibidas. Hasta están hablando de comprar marihuana… El caso es que, conociendo como conozco a una de ellas, la organizadora, esa fiesta va a quedar inmortalizada en decenas de fotos y vídeos y le tengo un poco de miedo a todo: a las fotos, a los vídeos, a que mis amigas vean cómo se me puede ir la olla…

– ¿Pues no dices que es una orgía premeditada? Eso es porque a todas se os va a ir la olla…

– La verdad es que no. Tengo una amiga que está convencida de que puede terminar en orgía y que quiere hacer todo lo posible para que así sea. Tenemos un grupo de whatsapp en el que no hace más que pegar tiritos y, aunque todas le seguimos la broma, todas hablan de boquilla y hay un par de ellas que, además, no me dan buen rollo.

– ¿Y cómo puedo ayudarte?

Cinthya guardó silencio un instante y luego tomó aire para soltar finalmente su bomba.

– ¿Te quedarías completamente desnuda conmigo y me grabas cada vez que venga el stripper?

Y, entonces, apretó los labios, achinó los ojos y encogió el cuerpo como si esperara una respuesta de mosqueo.

Sin embargo, Lara guardó silencio y le sostuvo la mirada mientras pensaba su respuesta. Quedarse desnuda delante de un tío al que no conocía no era algo que le hiciera gracia.

– ¿Y por qué no has elegido a tu amiga la que es también desinhibida para hacer esta prueba?

– Porque no quiero que sepa que me da miedo lo de las fotos y los vídeos. Piensa de mí que juego a su mismo nivel y quiero que lo siga pensando…

– ¿Y por qué no has elegido a Raúl que, con ese, ya tenemos confianza en andar medio desnudas?

– Porque Raúl es el stripper de la despedida y, si me ve hoy haciendo esto, el sábado nos cargamos el factor sorpresa cuando vuelva a verme y puede que no salga la orgía.

Ya estaban todas las cartas sobre la mesa, Lara podía tomar una decisión y actuar. Y, como sabía cuántas preguntas tenía que hacer y lo lejos que tenía que llegar para conseguir su plan, también supo que tenía que hacer lo que tenía que hacer.

– Supongo que, si quieres enfrentarte de verdad a esta experiencia, voy a grabarte con mi móvil, ¿No?

– Por eso eras la candidata ideal… No tenemos la confianza suficiente como para que quisieras chantajearme de algún modo con esas imágenes. ¡De verdad que vi ayer el cielo abierto cuando me escribiste! ¡Esta te la debo!

De repente Lara sintió que Cinthya era totalmente inofensiva. Se le vino a la mente la situación en la que “Saavedra la buena” no existía y comprendió que, en ese caso, Cinthya no encajaría de ninguna manera con Saavedra la mala. Y, en ese momento, Cinthya estaba depositándole su confianza en las manos. Entonces se relajó, no debía preocuparse por dobles intenciones y, tan solo, le quedaba el modo de invitarse a la despedida y de, en el proceso, seguir obteniendo toda la información que fuera posible para sentirse mejor.

Le echó un vistazo a las cortinas del reservado para asegurarse de que estaban bien echadas y se llevó las manos al bajo de la camiseta, cogiéndosela con las manos cruzadas por delante del vientre.

– ¿Quieres desnudarte ya? -le preguntó a Cinthya antes de mover las manos.

Miró el reloj, cerró los ojos y respiró profundamente.

– Que sea lo que Dios quiera… -respondió la una y pensó la otra.

Se desnudaron las dos con cierta inquietud, más por sus propios demonios personales que por la excitación del momento; Que fue la que comenzaron a buscar una vez acomodadas.

Para romper el hielo, comenzaron a hacerse fotos la una a la otra. Y, en la conversación, Lara consiguió conocer todas las emociones que, por parte de Saavedra y Cinthya, iban a conectarse y explotar en la despedida. Lo había soltado todo y todo parecía ser sincero.

– Ese es el único secreto que hay… -estaba contándole Cinthya-. Que Raúl crea en todo momento que va a una despedida de soltera. Porque Saavedra le conoce y dice que, si se entera de que no hay novia, de que no hay un límite, hay cosas que no hace.

– Como quedarse en una orgía que es el sueño de todo tío -interrogó Lara al aire.

– Por ejemplo…

Al principio parecía contradictorio pero luego le encontró sentido. Raúl tiene límites. Muy amplios, sí, pero los tiene. Y es cierto que nunca se mueve fuera de ellos. Si no había novia en la despedida, un solo motivo para frenarle, algo no previsto, no haría nada que ni siquiera hubiera llegado a hacer habiendo una novia de verdad. De hecho, no haría nada que no hubiera sido pactado anteriormente con las partes implicadas.

¡Y ahí estaba el talón de Aquiles del plan de Saavedra! Que, si no hablaba de la orgía previamente con Raúl, sabía que Raúl se negaría a quedarse. En ese caso, le daba igual si Raúl estaba soltero o salía con alguien. Por eso no le preguntó, porque, en su plan de actuación, no podía preguntárselo todavía! Su chulería le empujaba a no querer ser la primera la manifestar realmente sus sentimientos.

– ¡¡Porque los tiene!! -alcanzó Lara como conclusión-. No quiere hablarle de montarse una orgía por si es él quien tiene razones para decirle que no… Teme al rechazo… Le importa… ¡Me cago en la puta!

Lara regresó a la realidad tras su descubrimiento y revisó su alrededor para situarse y encontrar cómo continuar la charla que se había quedado en el aire.

– Entonces, a parte de que, ahora, tus venzas algunos demonios con esto, la historia está en que Saavedra no sabe si Raúl sale con alguien y ese puede ser un límite…

– O que siga enfadado con ella…

– ¡¿Están peleados?!

Josué las sorprendió con su llegada. Claro que, él también se llevó su sorpresa cuando se encontró con dos mujeres desnudas dentro del reservado. Lara fue la primera en reaccionar. Cogió el móvil.

– Tú a lo tuyo -le dijo primero al stripper-. Y tú lo mismo…

Conforme iba avanzando el “I´m a slave” de Britney Spears, los tres fueron metiéndose en su papel: Josué de stripper profesional, Cinthya de actriz porno amateur en el papel de “escenas para ser chantajeada” Y Lara de amiga desinhibida y aficionada a los vídeos. Por su parte, tenía un particular subidón al creer tener la sartén por el mango. Eso de que Saavedra se sentía en deuda de algún modo con Raúl era una grandísima noticia.

La primera actuación de Josué apenas duró un total de cinco minutos. Pues fueron suficientes como para que Cinthya bailara de rodillas sobre el sofá, controlándose para no abalanzarse sobre el stripper, pero excitada como ella sola, y para que Lara se moviera de pie alrededor del pequeño escenario buscando encuadres de cámara sin parar. Y sintiendo, además, cierta excitación cada vez que las cortinas le rozaban el culo.

– Todo lo que te cuente Josué esta noche, es verdad -aprovechó que aún tenía el teléfono en la mano para enviarle un mensaje a Raúl-. No podemos cruzarnos contigo esta noche. Ella no. Sal sin vernos, no respondas. En casa te cuento.

– ¿Qué haces? -terminó por preguntarle Cinthya.

– Ponerte nerviosa -le respondió mientras terminaba de escribir “esta noche tengo que ser una chica mala”.

– Lo estás consiguiendo.

– ¡Bah! No te preocupes -respondió Lara mientras le acercaba el móvil, después de haber borrado cualquier constancia de mensaje-. ¿Quieres ver el vídeo?

Se sentaron cerca para verlo juntas. Aparte de comentar las mejores jugadas, la charla iba también dejando salir las emociones que ambas sentían. Aquello había sido un subidón alucinante para las dos. Y, a juzgar por el paquetón que había disfrutado bajo el tanga de Josué, el subidón había sido para todos.

Había merecido la pena.

– Ahora os entiendo -le dijo Lara a Cinthya-. Con este subidón yo también estaría loca por montarme una orgía con Raúl.

– Ojalá salga bien.

– Me apuntaba con vosotras si pudiera…

A Cinthya le cambió la cara.

– Pues, si te digo la verdad, me acordé de ti cuando Saavedra me contó que quería hacer esto. Pero, cuando empezamos a ver quien sí y quien no y por qué, a ti te tocó que no.

Cinthya guardó silencio unos segundos para ver si Lara lo entendía por sí misma.

– Y, como yo me abalancé a comerle la polla aquí, si me ve desnuda en una despedida de soltera, igual se piensa que quiero rematar el asunto y se os joden los planes -Lara lo había entendido perfectamente.

– Por eso que me escribieras ayer me pareció que no podía ser una casualidad…

– Yo no sería un problema -reaccionó Lara de inmediato-. A parte de lo que me dijo aquella noche, que tú también lo oíste, he vuelto a verle alguna que otra vez y es un asunto que está más que superado…

– ¿Seguro? -preguntó Cinthya con una especial luz en la mirada.

– Tanto como que, si estuviera por aquí, te lo traía para que te lo confirmara él mismo. Dice que, ahora, le doy buen rollo.

– No puede verme hoy aquí. No lo olvides

– Pues que se lo pregunte Saavedra. No como clienta, sino como amiga…

– ¿Y qué excusa le pongo yo a Saavedra para decirle que me he enterado de esto? ¿Con quién he hablado? Porque, si le cuento la verdad, aparte de que me muero, ni se lo cree…

– Tampoco hace falta que se lo digas ahora mismo, mujer… Deja que el segundo pase de Josué te ayude a decidir. Que, de aquí al sábado tienes tiempo…

Y, en ese momento, Lara tuvo la certeza de que terminaría por ir a la despedida de soltera.

Lo había conseguido. Sabía que, de una u otra manera Cinthya terminaría por contarle a Saavedra y, si movía bien las piezas, todo estaría bajo control.

– Si Raúl le hace creer a Saavedra que le inspiro confianza, mucha confianza, pasaré de ser un estorbo a ser imprescindible. Y, si de verdad siente algo por él, será ella misma quien me invite, no Cinthya. Necesitará saberlo todo de mí. Y, ya sabéis lo que dice el refrán, que “el enemigo, cuánto más cerca, mejor” -`pensaba Lara-. Así que solo me queda hacer que Cinthya tenga muchas ganas de invitarme…

Le dio un sorbo a su copa, estableciendo con él un punto y aparte en la conversación. Y, después del trago, continuó llevando a cabo su propio plan.

– ¿Te puedo contar ahora un secreto yo? -preguntó confiando que, tal y como pasó, Cinthya respondería afirmativamente-. Pues que, ahora, se me ha ocurrido a mí hacer una cosa que me gustaría hacer cuando venga Josué… O incluso antes…

– ¿El qué?

– Abrir las cortinas enteras y dejar solo los visillos… No te cuento el morbazo que me ha dado antes cada vez que me rozaban las cortinas el culo…

– ¿Y que nos vean, aquí, guarreando con el stripper?

– A lo mejor, que te vean esta noche, hace que te importe menos que te vean el sábado que viene..

Aquello le dio que pensar, le parecía una buena razón. Pero Cinthya necesitaba un último empujón.

– ¿Tú eres capaz? -le preguntó a Lara.

– ¡Me da un morbo que te cagas! -le respondió-. Y que me grabes tú también, si quieres…

– Y que nos pueda grabar cualquiera del local -Cinthya se asustó.

– Ni se nos reconoce tras los visillos, ni nos conocen. Estaremos expuestas pero no en peligro… ¡Puto morbo! -y Lara se mordió los labios.

Era más que evidente que Cinthya era juguetona y que no le gustaba sentirse menos que nadie. Tenía toda la pinta de ser la sumisa perfecta. Aceptaría el reto. Y, para terminar de animarse, continuaron hablando de fantasías y justificaciones para hacerlas o no hacerlas realidad. Lara manejaba aquella conversación a la perfección y estaba haciendo con Cinthya lo que le daba la gana. Estaba vendiendo su papel de “soy la tía más divertida con la que puedes contar en una orgía” y, la otra, se lo estaba comprando entero.

Lo que, aparte de ponerla como una moto, acrecentaba sus ganas de contar con Lara el sábado siguiente.

Lara, por su parte, estaba aceptando una revelación y es que, en realidad, no estaba sobre actuando para nada sino que, por el contrario, realmente le excitaba sobremanera lo de exhibirse desde el reservado. Se sentía culpable por no estar haciéndolo con Raúl pero, en realidad, que fuera precisamente delante de otro le servía de información para saber cómo de segura estaba de sí misma: algo que comprobar antes de compartirlo abiertamente con su pareja.

– Que sea lo que Dios quiera -respondió Cinthya.

– Amén, hermana -remató Lara con una pícara y sarcástica sonrisa.

Lara se levantó del sillón corrido y fue a la entrada del reservado, agarró la cortina de la izquierda y la descorrió hasta la pared del fondo; Quedaban a la vista del reservado de al lado, que también tenía abierta esa cortina, y de toda la gente que fuera, tanto a los aseos, como a cualquier otro reservado de los siete un ocho que había.

Cinthya miró a los del reservado contiguo. Eran dos parejas. Vestidas y pudorosas, bastante más que ellas desde luego, pero con la complicidad necesaria como para no escandalizarse al verlas. Por otro lado, a Cinthya le relajó el asunto de las perspectivas. Sentada tranquilamente en el sofá no se la veía mucho desde fuera.

– Los de al lado estarán flipando -pensó-. No saben si somos clientas o strippers…

Lara regreso a la entrada del reservado, cogió la otra cortina y repitió la operación de descorrerla hasta la pared del fondo. Comenzó escondiéndose detrás de la cortina hasta que comprobó que, de pie, el respaldo del sofá debía taparla, más o menos, hasta la mitad del culo. Cuando supo cuánto enseñaba y le echó un vistazo al local para saber a quiénes y cuántos se lo enseñaba, fue jugando con la cortina. Cuando llego a la pared del fondo, cualquier podría verla totalmente desnuda desde el final de la rajita del culo hasta más arriba de la cabeza. Desde el reservado contiguo sí que la habían visto en toda su depilada plenitud. Se sentó sin prisas.

– Me encanta… -le susurró a Cinthya- Me pone muchísimo… ¿Nos hacemos fotos otra vez?

Desnudas y sentadas comenzaron a hacerse las primeras fotos mientras que, poco a poco, se iban viniendo arriba para posar la una para la otra. Lara fue la primera en posar subida de rodillas sobre el sofá. Ese fue solo el primer paso pues, durante el rato que estuvieron con las fotografías, hasta llegaron a posar subidas sobre el pequeño escenario del reservado.

No levantaron una expectación exagerada en el local, tampoco lo pretendían y buscaban de no llamar la atención más de lo necesario, pero, a las parejas de al lado, sí que las hicieron reaccionar. Una de las chicas, descorrió su lado del visillo desde la pared a la mitad del riel: invitando a las chicas a hacer ellas lo mismo. Fue Cinthya quien se levantó del sofá para abrirla también en cuanto vio que lo hacía la chica. Y los abrieron lo justo como para dejar el campo de visión de los dos reservados siendo solo uno, pero aun tras el visillo para todos los que pasaran por el pasillo al baño, o a cualquier otro reservado.

-¿Curráis aquí? -preguntó la chica pensando que conocía la respuesta.

– No -respondió Cinthya con el punto justo de morbo en su mirada y su sonrisa.

Y, a la chica de al lado, lo que se le vio en la mirada fue la curiosidad; Una curiosidad igual o más de morbosa.

Si a Lara le hubieran dicho al llegar al local, que iba a terminar haciendo lo que estaba haciendo, no se lo habría creído ni local y, sin embargo, en ese momento se sentía segura y sabía que quería hacerlo y que no iba a suponer ningún problema con Raúl. Es más, en cuanto Raúl se enterara era bastante probable que le gustara y le pareciera cachondo y morboso. De nuevo le pareció curioso con qué velocidad se había ido desinhibiendo en las últimas semanas o meses. Y, sin embargo, cada vez se sentía más segura abriendo sus limites y era más feliz. Y Lara tenía algunos que otros límites que se le había ocurrido que quería ir abriendo y, cada vez que los repasaba, sentía que el momento de florecer del todo estaba aún más cerca.

– Toma -le pasó su móvil a Cinthya-. Grábame un vídeo.

Se levantó del sofá y, de nuevo, se subió al pequeño escenario del reservado. Se puso de espaldas al resto del local y, mirando a cámara, ocultándose tras la barra de pole dance. Empezó a flexionar las piernas con las rodillas hacia fuera, restregando descaradamente sus flujos vaginales contra la barra mientras se agachaba. Se quedó de cuclillas unos segundos, apretada contra la barra, y con un gesto, supo transmitirle a Cinthya que ya podía dejar de grabar. Entonces, sin levantarse, bajó del escenario y volvió a sentarse junto a su amiga.

– Es para mi amiga Paula y su novia -mintió piadosamente pero con toda la intención-. La que venía conmigo el día que nos conocimos.

Y, entonces, en un mensaje de whatsapp envió el vídeo y un mensaje que decía: “ya me contarás mañana qué os parece”.

Lara sabía que Paula entendería ese mensaje en plural: le estaba pidiendo que le mandara el vídeo a Raúl y le decía el momento hasta el que no podía responderle.

Fueron pasando los minutos y cada vez estaba más cerca el momento en que Josué volviera al reservado para hacer su segundo pase, el del desnudo integral. Y, de nuevo, iba a llevarse una sorpresa cuando viera la disposición de, no uno, sino dos reservados.

– ¿Te has liado alguna vez con una tía? -preguntó Cinthya.

– No, ¿Por?

– ¿Te importa si en alguna ocasión, por no abalanzarme sobre él, te agarro a ti?

– Tócame todo lo que tengas que tocarme -terminó de responder Lara.

Es bastante probable que Josué no eligiera al azar el tema que escogió para su segundo pase. Decidirse por un remix de “átame o déjame” de Mónica naranjo que duraba doce minutos olía mucho a que quería pasar con las dos mujeres desnudas, cuanto más tiempo, mejor. Le fue cambiando la cara cuando, al acercarse desde la puerta del backstage al reservado, se encontró con la plaza en la que le tocaba torear: Allí estaban esperándole las dos mujeres desnudas, pero también había otras dos parejas y todo un local a la vista, protegido por tan solo un visillo. La sonrisa de sincera complicidad y calma con que le recibió Lara cuando cruzó el visillo para entrar al reservado, le relajó. Luego tuvo tiempo para meterse en su papel y disfrutar como acabaron disfrutando todos.

Y, aquellos doce minutos, fueron uno de esos momentos que se convierten en gratos recuerdos y que terminan pasando a formar parte de la historia de un local.

Comenzó de la misma manera que la primera vez, con Josué siendo un profesional, Lara de pie grabando y moviéndose para buscar encuadres y Cinthya, sentada, dejándose llevar. Tardó poco en llevarse las manos al sexo y dejar entrever ver sus caricias escondían una masturbación en toda regla. Cada vez que Lara se le acercaba, Cinthya no dudaba en meterle la mano en la entrepierna para empaparse los dedos con sus fluidos. Lara también chorreaba y no lo ocultaba. Y se dejaba tocar abiertamente por su amiga y solo por su amiga. Y no dejaba de moverse y de buscar encuadres, a la vista de todos de culo para arriba.

Cuando David, desde la barra, se dio cuenta del festival que se estaba montando en el reservado, poco a poco fue jugando con la iluminación del local para concederle todo el protagonismo. Las chicas se dieron cuenta. Lara se giró y miró al local, se habían convertido en el centro de atención de alrededor de veinte personas. Josué se giró también hacia el local, cruzó la mirada un instante con Lara, que estaba delante de él, y conectaron. El stripper siguió bailando pero, ahora, su espectáculo era para todos. Lara cruzó entonces su mirada con David, al que reconoció al fondo, dentro de la barra, y contoneó el cuerpo insinuante pero discreta al compás de la música. Y, entonces, David fue bajando la música ambiente que tenía la sala y le fue dando volumen al ´”átame o déjame” que daba ritmo al espectáculo del reservado.

Cinthya cogió su móvil y volvió a ponerse de rodillas sobre el sofá. Se parapetaba tras Josué de las miradas del local y grababa a Lara y al stripper mientras que, con la espalda y los brazos, empezaba a dejarse llevar al compás de la música. Cuando le entraron ganas de echarse la mano al sexo comprendió que le estorbaba el móvil y, entonces, se lo alargó a uno de los chicos de al lado para que la siguiera grabando.

Lara terminó de venirse arriba, le dio también su móvil a los de al lado y, ni corta ni perezosa, se subió con Josué al pequeño escenario para bailar con él. A pesar de no saberse la coreografía que pudiera tener Josué preparada, lo cierto es que casi le iba adivinando todos los pasos y, en apenas cuatro compases, Josué pasó de temer que aquello se fuera de madre a encontrarse sobre el escenario con una compañera alucinante con la que hacer un strip teasse.

Bailaron para sí mismos, para Cinthya, para las dos parejas de al lado y para todo el local. Desde las mesas y la gente que había en la barra, se tocaban las palmas y se jaleaban los movimientos más excitantes. Cinthya no había podido aguantar y había vuelto a sentarse en el sofá para, abierta de piernas, masturbarse sin pudor y, las dos parejas de al lado, también se habían descocado. Uno de los chicos había conseguido dejar a su novia en sujetador y, la otra, le estaba sobando la polla a su novio por debajo del pantalón mientras que él grababa con el móvil con una mano, y le metía la otra por debajo de la falda.

Josué uso la raja del culo de Lara para mantener la polla oculta hasta el último momento, después de haberse quitado el tanga. Se tocaron, se tocaron mucho, pero los dos sintieron en todo momento estar moviéndose dentro del respeto. El resultó de su increíble conexión en el escenario fue que Cinthya se corrió antes incluso de verle la polla a Josué, que las dos parejas de al lado pasaron un rato inolvidable y que, el resto del local, aplaudió aquella actuación entusiasmado. Al terminar la canción, David se encargó de volver a cambiar la iluminación y la música en el local para devolvernos a la intimidad.

Lara y Josué se despidieron con un par de besos justo antes de bajarse del pequeño escenario. Él se marchó del reservado y ella se acercó al respaldo del sofá para que, desde el reservado de al lado, le devolvieran los teléfonos y se intercambiaran algunas que otras palabras agradables. Luego volvió a sentarse junto a Cinthya.

– No tengo prisa ninguna por volver a vestirme -le dijo-. Estoy cachondísima y me encanta sentirme así.

– eso es porque no te has corrido -le respondió Cinthya.

– Pues, entonces me parece que voy a seguir así hasta que llegué a casa.

– ¿Te va a venir a dar palo ahora que te vean correrte después de haberles enseñado todo lo demás?

– No, no es eso. Es solo que, hay momentos que sí, y hay momentos que no. Este es uno de los de no -y, con un gesto hacia la barra, Lara intentó que Cinthya creyera que la razón era cualquier otra menos ella. Y Cinthya se creyó que se refería a la gente de fuera y le pareció buena razón y no preguntó más por el tema.

Fueron relajando el tono poco a poco hasta que llegó el momento de volver a vestirse. Cuando se acabaron las últimas copas, antes incluso de que finalizara el tiempo que disponían de uso del reservado, decidieron marcharse.

– Si algún día quisieras trabajar con nosotros, no dudes en llamarme -le dijo David desde la barra a la par que le daba su tarjeta de visita.

Lara llevó a Cinthya a su casa y se despidieron no sin antes haberse encargado de dejar en el aire el asunto de la despedida de soltera. Luego cruzó la ciudad con el coche y se fue a casa. Cuando llegó, abrió la puerta, se desnudó, la cruzó y la cerró y apareció desnuda en el salón.

– He sido una chica mala. Creo que me merezco un castigo…

Raúl, que la aguardaba también completamente desnudo, sentado en el sofá y con una erección de caballo, cogió su móvil y se puso de pie.

– Eso me han contado Paula, Josué… Y David

– ¿David?

– Salte a la terraza, anda…

Polvazo insuperable. Cuando Lara pudo expulsar en gemidos toda la excitación que traía desde el local más la que se estaba llevando con ese polvo, no paró hasta conseguir que el vecino cuarentañero de en frente se asomara a la terraza. Y, en esta ocasión, el vecino salió desnudo. Lara estaba tan venida arriba que hasta le brindó el cuarto orgasmo. Los tres primeros habían llegado juntos, justo un poco antes.

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