El novio de mi amiga es un stripper 3

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– ¿Podéis hacerme el favor de no me ponerme los dientes largos?

Desde algún lugar, fuera del ángulo de visión que tenía desde la terraza, Lara escuchó aquel sarcástico lamento en la una voz de mujer. Estaba reponiéndose del cuarto orgasmo y, de inmediato, miró al vecino de en frente por si él veía a quien pudiera haberlo dicho.

– Del cuarto -le pareció entenderle por el movimiento de labios.

Sintió como Raúl le sacaba la polla. Estaba de nuevo con las manos sobre el pasamanos cromado de la barandilla de cristal y el culo en pompa. Tratando de recuperar las fuerzas para que no le flaquearan las rodillas. Entonces Raúl se puso a su lado, le besó en la boca y, a continuación, le echó la mano el hombro para ponerla de cuclillas.

– Cómeme la polla… ¿Quieres que el vecino lo grabe?

Lara le trincó la polla a Raúl con la mano y, sobándosela sin soltarla, se incorporó.

– Quiero que hagamos todas las cosas que te ponen cachondo. Quiero que hagamos todas las cosas que me ponen cachonda. Pero no va a grabarnos… Se puede reconocer la casa y, por lo tanto, a nosotros… -susurró lascivamente al oído de su novio antes de volver a ponerse de cuclillas.

Se masturbó hasta tener que caer de rodillas mientras se abandonada al desahogo de hacer y gozar una fantástica mamada. Fue un broche perfecto para dar por finalizado el rato en la terraza y regresar a la intimidad del hogar. Tenían una conversación muy interesante que mantener y, aunque seguían cachondísimos, les podían más las ganas de hablar. Además, afortunadamente la conversación les iba a mantener a tono.

– Prepara un par de copas -dijo Lara-. Tengo que ir al baño…

– Hay costumbres que no se pierden -pensó Raúl con una sonrisa en la cara.

Entró en la cocina y preparó las bebidas. De vuelta al salón volvió a coger el móvil y lo sincronizó con la tele. Estaba abriendo en la pantalla el primer mensaje que Lara le había enviado avisándole de que la noche iba a ser movidita y que terminaba con ese “esta noche tengo que ser una chica mala” cuando ella regresó al salón. Miró la tele, leyó el mensaje, miró a Raúl mientras se sentaba en su sitio del sofá y le dio un sorbo a su copa.

– Estaba en el camerino -empezó a relatar Raúl en voz alta- esperando noticias tuyas. Lo último que sabía era que os ibais a un reservado y que ibas a ser buena. Y, no hago más que leer que me dices que, todo lo que me cuente Josué, es verdad y entra Josué flipando en el camerino y, a voces, suelta con lo que se acaba de encontrar en su privado…

Raúl hizo un silencio que Lara interpretó como un pie para que respondiera.

– Todo tiene una explicación. Te cuento cómo he llegado hasta ahí…

– No, no… -la interrumpió Raúl pisando del “cómo” en adelante-. Si, al menos, tú eras la que estaba grabando… Pero la historia sigue… Josué cuenta que, en su reservado, hay dos tías en bolas y que, mientras una intenta contenerse para no lanzarse encima suya y follárselo, la otra lo graba en vídeo… Por la descripción he sabido que tú grababas -dijo relajando el tono de voz-. No esperaba que fueras a hacer algo así pero, una vez que lo has hecho, tampoco es nada del otro mundo.

– Tenía que ganarme a Cinthya y me había pedido que lo hiciéramos -dijo entonces Lara.

– No -volvió a casi interrumpirle Raúl-. Que no quiero que te justifiques. No es eso… Ahora me cuentas cómo te ha ido -sonrió-. Te estoy contando mi proceso…

– ¡Ah! Vale… -había amor en el brillo de la mirada con que Lara, escuchaba a Raúl-. Sigue contándome…

– Hasta ese momento Josué decía que qué pena que fueras tan recatadita: porque tú eres la que está realmente buena de las dos… Así que, escuchando sus batallitas, me voy metiendo en mis pensamientos y, como me dices en el mensaje que no puedo cruzarme con Cinthya, aprovecho que sé que tenéis las cortinas echadas para salir del local y venirme para casa. Una vez aquí, evidentemente, no puedo dejar de pensar en lo que estarás haciendo…

Lara fue a abrir de nuevo la boca y, con un gesto, Raúl volvió a insistirle en que se estuviera callada.

– ¡Porque, entonces -entonó enfatizando sus primeras palabras para darle un reinicio a su exposición-, me llega el mensaje de Paula que, tras prevenirme de que no puedo ponerme en contacto contigo esta noche, me dice que, ella y yo, podemos hablar del vídeo todo lo que queramos. Y, sin más explicación, me manda tu vídeo en la barra del pole dance y te encuentro, caliente como una perra, restregando el coño contra la barra y a la vista, ¡al menos de espaldas!, de todo el local tras los visillos del reservado…

Hizo una pausa para darle un trago a su copa, abrir el mensaje de Paula y poner el vídeo en la tele. Y allí estaba Lara, en 4k, poniéndose caliente a sí misma de verse. Los dos estaban prestándole atención a las imágenes.

– Tres veces más he visto el vídeo antes de llamarla -dijo Raúl -. A esta tía la quiero cada vez más… Ha sido ella quien me ha puesto en situación contigo y su “teoría del florecimiento interior de Lara”. Dice que te veía venir y que tenía la sensación de que, este vídeo, era el modo que tenías de decirnos que había llegado el momento… “De hecho”, me ha dicho, “seguramente llegue mucho más lejos de cualquier cosa de la que te enteres esta noche”…

Se hizo un silencio en el que hubo un interrogatorio directo en un cruce de miradas. Raúl le preguntó si había algo más y Lara respondió afirmativamente con una sonrisa de “momento complicado”.

– ¿Qué más hay?

– Quiero ser webcammer -respondió Lara corriendo antes de querer arrepentirse de hacerlo-. Quiero ser webcammer -volvió a repetir con bastante más seguridad en sus palabras.

– Yo quiero hacerte fotos desnuda en espacios públicos…

– ¡Hecho! -respondió Lara-. Luego acordamos los límites de las dos cosas…

Se hizo un breve silencio. Raúl se quedó entretenido unos segundos en lo que acababa de pasar y Lara estaba esperando que terminara de contarle. Porque todavía no sabía qué era lo de David.

– ¡Que no has terminado de contarme! -dijo entonces para traerle de vuelta a la realidad.

– ¡Ah! ¡Coño!… Pues… Me he llevado hablando con Paula hasta que, en segundo plano, he escuchado cómo me entraban tres mensajes seguidos de whatsapp. Fuera lo que fuera,, me ha parecido importante. Así que, lo he abierto sin colgarle a Paula y, cuando lo he visto, le he dicho que ya volveríamos a hablar; Que acababa de recibir un vídeo de mi jefe y me estaba esperando cualquier cosa.

– ¿Cómo que un vídeo de tu jefe?

– Si hija, sí. Como te lo cuento…

Entonces Raúl lanzó el mensaje de David a la tele. La conversación comenzaba con un “¡Tío! Tienes que ver esto”, a continuación la miniatura de un vídeo para reproducir, de unos doce minutos de duración y, por último, un “Quiero a esta tía trabajando con nosotros ¡pero ya!” que no dejaba lugar a dudas: el vídeo iba a ser subidito. Y, yendo la noche como iba, estaba claro que iba a encontrarse con algo grande.

Después de darle a Lara unos segundos para que leyera los mensajes, le dio al “play”.

– ¿Te acuerdas que te dije que sospechaba que había cámaras en los reservados? Pues aquí la tienes…

Era un plano cenital, la cámara debía estar escondida cerca del techo. El objetivo, aunque estaba fijo, tenía zoom. Con el plano abierto se veía todo el reservado y, tras los visillos, buena parte del resto del local. Al acercar el zoom la imagen se centraba sobre el pequeño escenario.

El vídeo comenzaba con Josué subido ya sobre el pequeño escenario, con Cinthya en el sofá poniéndose a tono y Lara de pie con el móvil en la mano; Un poco antes de que David jugara con la iluminación del local para darle protagonismo al reservado sobre lo demás.

Y, poco después, lo que pasa es que Lara le da el teléfono a los del reservado de al lado y se sube en el escenario a bailar con Josué y a poner todo el local animadísimo con su espectáculo improvisado de strip teasse.

A Raúl le llamaba la atención el comportamiento de Lara, claro, y le prestó atención hasta al más mínimo detalle en cada una de las dos veces que, de primeras, se había visto el vídeo.

Era la primera vez que veía a Lara subirse sus límites sexuales movida por el valor en vez de por el miedo y eso, a Raúl, le gustaba. Es cierto que, por otro lado, el vídeo exhibía unos restregones que daban miedo pero, sin embargo, al terminar el vídeo, estaban las palabras claves que habían hecho que Raúl, no solo no estuviera molesto por todo lo que acababa de ver, sino que, por el contrario, fuera el hombre más feliz del universo.

Al terminar de ver el vídeo y de dejar pasar unos segundos de silencio, repitió las palabras que le llevaron a la clave de su felicidad.

– Tú no te has corrido… -le dijo en voz alta y mirándola a la cara.

Y es por eso que, ambos, habían disfrutado como lo habían hecho del polvazo que acababan de echar en la terraza.

– No has podido estar en una parte de mi… ¿Teoría del florecimiento has dicho? Pero, evidentemente, sé a partir de qué momento es imprescindible que estés. Y, mis orgasmos, tienen que ser siempre contigo.

Se hizo de nuevo el silencio, un silencio tierno y cariñoso, en el que, sin tener que decirse nada, fueron poniendo en común todas las emociones que, hasta ese momento de final feliz, les había dado la noche. Estaban tranquilos, liberados.

– Así que webcammer -sonrió Raúl.

– Sí. Y… También he empezado a fumar hierba… Paula…

Raúl exageró la sonrisa. Se le leía un simpático “estás como las maracas de Machín”. Recibió la información y no le dio más importancia.

– Me ha dicho David que te ha ofrecido trabajo… Me ha pedido que te convenza porque sabe que hemos coincidido varias veces en el local.

– ¿No sabe que fui la que te quiso comer la polla? Pensaba que sí… No. No voy a currar en el local. Los días que tú trabajes serán los ratos que yo aproveche para ir calentando al personal por la cam para empezar a tener orgasmos luego ya, cuando tú llegues.

– ¡Ah! ¿Que tengo que estar yo?

– Es algo de lo que no hemos hablado, si lo dices por los límites. Y tenemos que hablarlo todo.

– Pero, que lo tienes todo ya pensando, ¿no? Pues entonces no me preocupo… Cuéntame, a parte de la experiencia, ¿Qué tal ha ido con lo demás?

– Según Cinthya, Saavedra cree que sigues enfadado con ella y tiene miedo a que, si te dice de montaros una orgía, le digas que no. Así que se ha inventado lo de la despedida para asegurarse que te va a tener desnudo delante de un montón de tías en bolas cuando te tiente. Te tiene muchas ganas…

– ¿Vas a la despedida?

– ¡Calla! Que no me querían invitar porque, como Saavedra sabe lo de que te quise comer la polla en el reservado, decía que, si me veías, te iba a cortar el rollo y le iba a joder el plan… Le he dado la vuelta y he terminado convenciendo a Cinthya de que, ese asunto, tú y yo lo tenemos más que superado y que, ahora, soy una clienta esporádica del local, que te da buen rollo.

– ¿Por tanto?

– Por tanto Cinthya hablará con Saavedra para invitarme porque soy su amiga más guay para compartir una orgía. Bueno, su segunda amiga más guay, que Cinthya es la sumisa de Saavedra… Total, que si Saavedra no se fía, puede preguntártelo a ti porque le he dicho que tú confirmarás mi versión. Todo dependerá de las ganas que tenga Saavedra de darle una alegría a su amiga… Y me parece a mí que se la va a dar. Así que tendremos noticias estos días.

Volvió a hacerse el silencio unos segundos.

– Parece que vas a tener razón -comenzó a hablar de nuevo Lara-, que existe Saavedra la buena y que nos hemos cruzado con ella… ¿Qué te hizo para que crea que estás enfadado con ella?

Raúl tomó aire y resopló sin decir nada. Se mordió de manera imperceptible el labio de abajo y reordenó las palabras antes de hablar.

– Saavedra nunca será mujer de un solo hombre. No, al menos, mientras siga resultando atractiva para dos o más. Al final siempre, aunque lo tenga todo, vuela y se reinicia… Me engañó vendiéndome lo contrario y, al final, me la vino a hacer cuando más falta me hacía: después de que, ella misma, fuera la que me empujara a embarcarme en el negocio de la asesoría…

Se quedó callado. El negocio de la asesoría era el responsable de que la economía de Raúl hubiera sido tan deficiente y peligrosa como lo estaba siendo hasta que empezó a trabajar de stripper. Era una deuda que arrastraba de hacía años, que se había hecho enorme y que, aunque Lara sabía su procedencia, se estaba enterando en ese momento que tuvo que ver con Saavedra.

A Raúl le dolía particularmente que, durante un tiempo, Lara había que soportar el mantenimiento de la economía doméstica por un problema que él arrastraba con otra mujer: le parecía totalmente injusto y esa era la principal razón de sus tensiones. Luego, una vez resuelta la deuda, y con la perspectiva del tiempo, Raúl había tenido oportunidad de reevaluar las circunstancias en las que Saavedra se la jugó y, simplemente, lo había entendido y lo había perdonado.

Una vez que fue capaz de perdonarla, tuvo la ocasión de volver a ver a “Saavedra la buena” en sus recuerdos y, aunque apareciera de extrañas maneras de nuevo en su vida, quiso darle un voto de confianza a aquel reencuentro. Y parecía no haberse equivocado.

– Pues se siente culpable… -respondió Lara.

Volvieron a guardar silencio unos segundos. Estaban descartando la sospecha de que Saavedra hubiera querido jugársela a ambos de alguna manera y, ahora que sabían cuál eran las verdaderas intenciones de aquella historia, se estaban dando cuenta de las muchísimas ganas que ambos tenían de montarse aquella orgía y de hacer las paces con Saavedra.

Y Lara, que conoce a Raúl como si lo hubiese parido, continuó hablando.

– Le vas a escribir tú como tarde más de lo que creas estrictamente necesario, ¿Verdad?

– Sí, pero no le voy a decir todavía todo lo que sé… Ni sé tampoco lo que le voy a decir.

Cogió el móvil para buscar un fotograma exacto del vídeo que le había enviado David y dejó la imagen congelada en la tele cuando lo encontró. La cámara ofrecía su plano cenital, con el zoom bastante abierto. Sobre el pequeño escenario del reservado, Lara estaba de pie frente a Cinthya, con las piernas levemente abierta y echada hacia delante: sosteniéndose las manos en las rodillas y con el culo en pompa. Josué estaba justo detrás, completamente desnudo, empotrado contra ella. Le asomaba el capullo apuntando hacia arriba entre los cachetes de Lara que, con el culo, le tenía bien protegida el resto de la polla. Cinthya estaba en el sofá sentada, abierta de piernas y masturbándose mientras les miraba. A la veintena de clientes que había en el resto del local, se les veía haciendo palmas. Ellos veían a Josué de espaldas.

– Me interesa más esto -dijo refiriéndose a la pantalla-. Cuéntame cómo estás…

Lara sintió que Raúl era adorable. Sintió la felicidad de comprobar que su relación era magnífica. Y como ciertamente lo era, quiso seguir haciendo de ella una suma de momentos inolvidables y le hizo un regalito a su novio.

– Coge el móvil para hacerme fotos… Que te lo voy a contar en el garaje…

Se levantó del sofá y se fue al dormitorio en busca de una bata de seda que se echó por lo alto. Cogió las llaves y el móvil, se las echó a los bolsillos y, mientras Raúl reaccionaba, se sentó en el sofá para anudarse unas sandalias romanas de cuña que se había puesto como calzado. Raúl se puso un pantalón deportivo, una camiseta y unas sandalias y se marcharon de casa para bajar al garaje por el ascensor.

Lara no se anudó la bata en ningún momento, ya tendría ocasión de hacerlo si es que se cruzaban con algún vecino. A Raúl se le hacía cada vez más grande el bulto que le colgaba bajo el pantalón deportivo. Al entrar al garaje, tras encender la luz y darle el móvil a Raúl, Lara se encargó de que la bata estuviera siempre bien abierta mientras comenzaba a pasear posando para las primeras fotos.

– Tenía un dilema conmigo misma -comenzó a decir-. A nivel sexual estaba dando unos pasos que jamás pensé que habría dado y, muchas veces, me escandalizaba de mí misma y no me reconocía. Sin embargo, no solo hacía las cosas que hacía sino que, además, resulta que al final me terminan gustando… Había un choque. Sabes lo que te digo, ¿no?

Raúl asintió. Entonces Lara se quitó la bata y siguió paseando por el garaje con ella, sujetándola desde el cuello con un dedo a modo de percha, cara que le cayera extendida por la espalda.

– Al principio te eché la culpa a ti. Me escondía en un “son las cosas que a él le gusta hacer” y que, por eso, las hacía. No me gustaba verme en ese rol. Pensar así solo servía para humillarme y para que, cada vez, te fuera cogiendo más manía. No me parecía justo con todo lo que los dos hemos pasado para llegar hasta donde hemos llegado. Pero es que, además, me gustaba. Tenía que aceptar que me gustaba. Tenía que abandonar los viejos límites y descubrir dónde y por qué pongo los nuevos. Sabía que tú, con tus cosas, me ibas a ir proponiendo experiencias nuevas pero, a parte, quería saber las que se me ocurrían a mí por mi lado. Me sigues, ¿No?

Raúl volvió a asentir sonriendo. De hecho, sentía que la estaba siguiendo bastante bien porque, en los momentos oportunos, había conseguido sacar buenas fotos. Así que, la seguía tan bien, que no se le estaba escapando detalle.

– ¡Genial! -continuó diciendo Lara-. Porque así ya te puedo contar lo siguiente.

Habían llegado a la altura de su coche. Sacó las llaves de la bata, que dejó sobre el capó, y pulsó el mando de la puerta del garaje.

– A mí lo que me pone es esto -dijo mientras caminaba desnuda, con las llaves en la mano, hacia la puerta del garaje, que se estaba abriendo-: ¡El exhibicionismo! Estar expuesta a que me vean pero sin saber quién me puede estar viendo… Y juguetear con e eso de cruzarme con alguien inoportuno… Si entrara ahora mismo algún vecino -dijo señalando ya a la rampa exterior por la que empezaba a caminar-, sabría resolverlo de una manera distinta para cada uno y regalándote, además, la foto más acertada.

Lara estaba saliendo a la calle completamente desnuda y sin nada con lo que cubrirse en un mal momento. Raúl estaba cachondísimo.

– Ya puede verme cualquiera -siguió diciendo sin detenerse-. Y ya estoy yo con el calentón loco. Ya veo que tú también… El caso es que, ahora mismo, estoy cachonda porque, la gente que pudiera verme sin darme cuenta, no puede reconocerme. Si se asoma alguien del primero se le caza en seguida…Bueno pues, esta excitación en un entorno seguro, es la que me anima a hacer cualquier cosa que quepa en este entorno seguro. Como, por ejemplo, que me hagas unas fotos sobre un coche de la calle…

A las dos de la madrugada de un viernes a un sábado no solía haber mucho movimiento en la calle en que vivían. La gente en los edificios dormía y prácticamente no había tráfico. De la rampa del garaje al portal del edificio había alrededor de veinte metros y, a la acera de enfrente, unos doce. La calle tenía aparcamientos en linea a ambos lados y se iluminaba por farolas naranjas que pendían de las fachadas de los altos edificios, de entre ocho y doce plantas, que la delimitaban.

Lara se subió al capó de un BMW azul metalizado y comenzó a posar ofreciendo las primeras imágenes explícitamente sexuales. Se masturbaba insinuantemente, abriendo las piernas tanto como podía y manteniendo la espalda erguida mientras Raúl le hacía fotos.

Buscando planos cada vez más generales, Raúl se fue alejando poco a poco del coche en el que Lara seguía jugueteando. Hasta que llegó el momento en que descubrió que, lo que de verdad le estaba excitando, era precisamente alejarse y ver a Lara más sola. Todo lo que él se fuera alejando, podría ser la seguridad que Lara tenía en sí misma. Y empezó a comprobarlo.

A cincuenta metros de Lara tenía la polla que le iba a estallar. Ella seguía en lo alto del coche sin achantarse. Entonces, en el extremo opuesto de la calle, vio a alguien que doblaba la esquina desde la avenida y que se acercaba por la acera en la que estaba Lara. La avisó con un movimiento de cabeza mientras caminaba de regreso hacia ella.

Lara giró la cabeza y, a unos veinte metros, la luz de la farola iluminó la cara del transeúnte. Era Víctor, el hijo adolescente de unos vecinos del noveno. En cuanto supo de quién se trataba, se tranquilizó y decidió quedarse como estaba mientras que Raúl llegaba; Que llegaría hasta ella antes que Víctor, seguro.

Cuando Raúl llegó a su altura se bajó del coche y, juntos, recorrieron los cinco metros que les separaban del portal del edificio. Raúl se sorprendió, pensó que correrían de nuevo hacia el garaje. Ese movimiento, por el contrario, esa encontrarse sí o sí con el muchacho. Víctor llegó a su altura cuando Lara ya había metido la llave en la cerradura.

– Buenas noches -le dijo Lara al muchacho cuando les alcanzó.

Víctor respondió un vergonzoso “buenas noches” y bajó la mirada. Sin embargo, mientras cruzaban el portal no podía evitar ir examinando todo lo que veía de Lara. Ella, además, se mantenía erguida y firme en el caminar, como si andar desnuda por la calle fuera lo más normal del mundo. Raúl no le quitaba ojo al muchacho y se lo estaba pasando igual de bien que él.

Al entrar en el ascensor, Lara marcó las dos plantas en la botonera: el octavo, a donde iban ellos, y el noveno, a donde iba Víctor.

– Y tienes que hacerme la foto, ¿no? -dijo, preguntándole a Raúl, cuando el ascensor comenzó a moverse.

Sabía que Víctor levantaría la mirada al escucharla.

– Esto es lo que pasa cuando pierdes una apuesta -empezó a decirle Lara al muchacho-, que hay que pagarla. ¿Quieres hacerte una foto conmigo? Me la tengo que hacer cada vez que nos cruzamos con alguien. Y puedes mirarme lo que te dé la gana.

Piso segundo, tercero, subiendo… Raúl preparó el móvil, dispuesto a hacer esa foto y Víctor, cuando picó el anzuelo, no dudó en entretenerse mirándole el coño a Lara.

Jugando con el espejo, Raúl consiguió dos planos de cada uno y una fotografía estupenda.

– Dime tu número…

– Seis, uno…

– Ahora te la mandamos.

El ascensor se detuvo en el octavo y, Lara y Raúl, se despidieron de Víctor con un buenas noches. Cuando el muchacho llegó a su casa, todos dormían. No había terminado de llegar a su dormitorio cuando sintió la vibración del móvil en el bolsillo del pantalón. Entró a oscuras en su cuarto, se sentó en la cama y abrió el mensaje.

Le habían enviado la foto pero difuminando la cara de Lara. Se la veía de cuerpo entero, morbosa y excitante y a él mirándola. Y, con la foto, iba un mensaje.

– Si alguien se entera, puede que no vuelvas a verme pagar mis apuestas -decía.

– Te has dejado la bata en el garaje -dijo Raúl mientras volvían a acomodarse en el sofá.

– Seguro que mañana, cuando me vaya a ir a casa de Paula, sigue ahí. Tranquilo…

– ¿Te quedas tranquila con el muchacho y lo que haga con la foto?

– Seguramente la foto ya ha salido de su teléfono, pero nadie puede afirmar que yo soy la chica desnuda. Estoy a salvo. ¿Te parece un límite aceptable para esta y cualquier otra foto que sea potencialmente susceptible de terminar en Internet? A mí me da morbo…

– A mí también me lo da -respondió Raúl.

– Y antifaz con la webcam -terminó de decir.

Había entendimiento en sus miradas, como si estuvieran firmando un pacto en el que ya se recogían los límites más generales de aquel nuevo universo sexual que se proponían construir. Se sonreían sin decirse nada…

– Tengo muchas ganas de “orgía Saavedra” -confesó Lara-. Puedes decirle quién soy y que lo digo con esas mismas palabras.

– Eso me lo tienes que contar bien…

Raúl se desnudó de nuevo y se acomodó en el sofá para empezar a comerse el coño de Lara. La miraba mientras, con la lengua, dibujaba ochos sobre los labios inferiores; Esperando escuchar las primeras palabras de Lara.

– Tengo muchas ganas de recibirte desnuda con otro puñado de lobas. Y de que bailes y te dejes que te vayamos haciendo todo lo que nos dé la gana mientras te desnudas. Tengo muchas ganas de que le sigas el juego a Saavedra cuando te proponga pasar a mayores… Que haga contigo lo que quiera, que le hagas lo que te dé la gana… Quiero que me veas follar por primera vez con una tía y quiero que grabes mi primer orgasmo lésbico. Quiero follar contigo justo a continuación. Que te luzcas cuando me folles, ¡Que te luzcas cuando nos folles a todas! Quiero que haya tantos orgasmos que te conviertas en leyenda… Quiero follar con Saavedra, ¡por lo menos dos veces! La primera para darme el gusto de gozarla a placer y, la segunda, para que ella te coma la polla mientras yo me la follo y, de las dos, yo sea siempre la más cerda de las putas. Porque yo quiero ser siempre la más cerda de tus putas…. ¡AaaahhAAAAAhHHHHHHAAAAAHHHH!

Con ese relato es normal que el calentón se les disparara de inmediato. Raúl encontró los movimientos perfectos de lengua para estimularle el clítoris a voluntad y, coincidieron en el oportuno punto y final. Lara se llevó un orgasmo de tal calibre que los espasmos hacían que despegara el culo un palmo del sofá.

– ¡Japuuuuuuuutaaaaaaaaaa! -la voz de mujer de la presunta vecina del cuarto, se escuchó por segunda vez en la noche; Entrando por la abierta puerta de la terraza.

Los días siguientes todo se desarrolló según lo previsto. El sábado, estando en casa de Paula, Cinthya le envió un mensaje a Lara diciéndole que había quedado con Saavedra para contarle lo de la noche anterior y que, sobre todo, iba a decirle de apuntarla a la fiesta. El domingo por la tarde, fue Saavedra quien inició una conversación con Raúl.

– Quiero comentarte una cosa -le decía por mensaje-. Cabe la posibilidad de que, en la despedida, esté la chica que te quiso hacer aquello… ¿Sabes lo que te digo?

– ¿Quién? ¿Lara? ¡Estupendo!

Saavedra se sintió amenazada. En el fondo no quería que fuera cierto eso que le había contado Cinthya: Que una tía le daba buen rollo.

Tardó un par de segundos más de la cuenta en decir nada, los suficientes para que Raúl se diera cuenta de lo que pasaba realmente: era algo más que el sexo lo que estaba moviendo a Saavedra a organizar aquel tinglado. Se sintió culpable entonces de no contarle la verdad sobre Lara, pero decidió mantenerlo en secreto un poco más hasta que pudiera decidir cuál era la mejor manera de manejar aquella información.

Saavedra quería enterarse de todo sobre Lara y Raúl la vio venir y le fue dando los capotazos oportunos. Ella estaba celosa y él tenía que disimular. Entonces cesaron los mensajes y el teléfono comenzó a dar tono de llamada. En la pantalla ponía “Saavedra”.

Cuando terminaron de hablar, Raúl le envió un mensaje a Lara, que estaba en casa de Paula.

– Cinthya te va a escribir en breve. Son buenas noticias.

De nuevo volvió a sonarle el móvil. Raúl descolgó.

– Dime, corazón.

– Manos libres, ¿Qué ha pasado?

– Saavedra se huele que estamos juntos.

– ¡¿Y eso te parecen buenas noticias?!

– Sí. Porque ahora tiene interés por conocerte y por saber si nos llevamos algún juego entre manos.

– ¡¡¿Y ESO TE PARECEN BUENAS NOTICIAS?!!

– Ha aceptado el riesgo. Lo consiente si es que es verdad… No vamos a actuar a sus espaldas. Y, además, si le da por jugar ella también, que es evidente que va a hacerlo, se va a ir poniendo más… ¿Cómo lo diría? ¿”Divertidamente bruta”?… ¡Vamos! Que hasta nos va a costar no reírnos ante la evidencia.

– ¿Le molestará si jugamos a confundirla?

– Lo que le molestaría es que no lo hiciéramos.

– Mensaje de Cinthya -apareció en la pantalla del móvil de Lara mientras hablaban.

– Acaba de llegarme la invitación.

-¿Tan pronto? No cabe duda, Saavedra se lo huele. Disimula con Cinthya, igual le ha dicho algo. Aunque, conociendo a Saavedra, este juego va a querer jugarlo ella sola contra nosotros. Hablamos luego. Te quiero. ¡Paula! Hasta luego, bombón…

– ¡Chaito! -respondieron Lara y Paula al unísono.

Lara cogió el teléfono, Cinthya seguía escribiendo. Efectivamente le estaba diciendo que contaban con ella para la despedida. Le dijo el dinero que tenía que poner y la añadió al grupo de Whatsapp en el que estaban el resto de tías que iban a ir también. Después de los saludos y las presentaciones iniciales, Saavedra calentó un poquito el ambiente, tal y como Cinthya había dicho que solía hacer.

– Lara, ¿A ti qué te parece una despedida de soltera en la que todas terminan desnudas?

– Una buena despedida de soltera. Sin lugar a dudas.

– ¿Y si ya están desnudas antes de que llegue el stripper?

– Entonces es una muy buena despedida de soltera.

-¡De verdad que no hay quien te reconozca! -le dijo Paula a Lara después de ver la charla que mantenía en el móvil.

– Pero estoy muchísimo mejor ahora que antes -respondió Lara dejando el teléfono sobre la mesa-. No me digas que no…

Paula asintió reconociéndolo y se quedaron de charla un rato más hasta que Lara se marchó de nuevo a casa. Todo estaba listo y en marcha. Comenzaba la cuenta atrás que, al final de la semana, iba a llevar a Lara y a Raúl a participar en su primera orgía. ¡Y no una primera orgía cualquiera, sino aquella primera orgía!

Entre semana, en el grupo de whatsapp, los diferentes ratos de charla le habían permitido a Lara hacerse una composición de personajes y tomarle la medida a cada una de las otras ocho chicas; Saavedra y Cinthya incluidas. De las seis desconocidas había un par que, como decía Cinthya, no se les pillaba bien el punto. Sin embargo, de las cuatro que quedaban, tres eran susceptibles de dejarse llevar si se las dirigía correctamente y, la última, la última era un sol. A Lara le parecía un grupo curioso y morboso para una orgía.

Y ya no se escandalizaba al imaginarse a si misma comiendo coños. De hecho, tenía muchas ganas de probar los de la orgía y hasta se había masturbado ya en alguna que otra ocasión fantaseando con la escena. Sin caer en la ninfomanía, Lara era un ocho y medio en desinhibición sexual y se llevaba todo el día con la excitación en la piel: aunque fuera a ralentí.

El viernes por la tarde estaba especialmente cachonda. Estaba en casa, eran poco más de las siete de la tarde y Raúl acababa de irse al trabajo. Ya no se verían hasta poco después de medianoche. No hacía más que recordar escenas de todo lo de la semana anterior, de la experiencia que había vivido en el local. Se cumplía la primera semana de su nuevo yo, ese que había tenido un “minuto cero” tan excitante e inolvidable como lo vivido en el reservado.

Se desnudó, se encendió un canuto y abrió la puerta de la terraza. Tenía en el dormitorio la caja con la webcam wi-fi que se había comprado y estaba decidida a dejarla montada y probada esa misma tarde.

No le resultó difícil y, antes de que terminara de anochecer, ya veía en la tele las imágenes que lanzaba la web cam y había empezado a trastear las posibilidades de la app.

– Ya estás a la vista de todo el mundo… -suspiró-. ¡Hostias!

Se levantó corriendo del sofá y volvió a su cuarto a por el antifaz, que también lo tenía ya listo. Era liso, de seda negra, sin ningún tipo de adorno. No lo necesitaba: La verdadera singularidad y belleza del antifaz estaba en la silueta totalmente irregular que lo recortaba por el exterior y la silueta de los ojales. Lara estaba tan deseable como irreconocible con él puesto.

Se volvió a tirar en el sofá, cogió el móvil y dirigió la cámara, que había colocado en una leja a la altura de la tele, para buscar el encuadre que más le convenciera. Cuando lo tuvo, posó recostada, con las piernas abiertas y tapándose el coño con el móvil que, desde el vientre, sujetaba con la mano muerta. Le mandó la foto a Raúl.

– Tengo un problema -escribió.

– ¿Quién eres? ¿Qué haces con el móvil de mi mujer? -respondió bromeando con los emoticonos oportunos-. Cuéntame, ¿Qué te pasa? -escribió a continuación-. Por cierto, ¡Me encanta el antifaz!

– Pues, que… Verás… -comenzó a escucharse en un mensaje de voz-. ¡Que estoy muy cachonda! Y… Y que tengo ganas de ponerme juguetona pero me da miedo que luego, cuando llegues, esté “cansaílla” y no sea justa contigo…

– O también podrías estar incluso más cachonda de lo que estás ahora… -respondió Raúl por escrito.

– Me gusta como piensas -Lara también escribió.

Raúl estaba enamorado de la seguridad de su novia y de que, por fin, fuera consciente por sí misma de que avanzaba y crecía desde el valor, y no desde el miedo. Sabía también que Lara tenía cabeza y, como se tenían medidos los límites, incluso los que no estaban medidos, le hizo una última pregunta para asegurarse.

– ¿Y no vamos a estar luego muy cansados para nuestra orgía de mañana?

– No porque tenemos para dormir como angelitos hasta después de comer. Incluso hasta después de la peli de vaqueros… Lo que vamos a hacer es ponernos a punto…

A Raúl le pareció suficiente.

– Pues, si lo tienes todo previsto, empieza tú y, luego, me apunto yo cuando llegue. Te dejo, que me toca ensayo para escenario. Pero que sepas que mi mente perversa ya me está advirtiendo de que, por tu culpa, esta noche pierdo yo en algún momento el paso.

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