Ella es casi mi hermana

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  En esta ocasión les voy a relatar una experiencia de mi juventud. Podría parecer un tanto inverosímil, pero el hecho es totalmente real. Solo he cambiado el nombre de la persona involucrada, a quien llamare Claudia. Lo incluyo en la categoría de “Amor Filial”, al leerlo van a entender por qué. Los hechos son como sigue.

          Eran los tiempos en que yo cursaba la preparatoria, tiempos de juventud y libertad. Tiempos inolvidables de salidas a pasear, combinados con días de largas tareas y estudios para exámenes. También romances con los consecuentes dramas ocasionales.

          En ese tiempo yo participaba en un grupo de deportivo de la escuela, en el cual también estaban algunos amigos y amigas míos. Ahí fue cuando empecé a hacer amistad con Claudia. Estudiábamos ambos en la misma preparatoria, pero en diferente grupo, motivo por el cual antes no habíamos entablado amistad. Claudia se hizo novia de un buen amigo mío a quien llamare Raúl y, junto con otros amigos, formábamos un grupo de inseparables.

          El caso es que poco a poco entre ella y yo empezó a nacer una profunda amistad, pero en realidad no había ninguna atracción de tipo sentimental o sexual. Prácticamente éramos como hermano y hermana, y de hecho, con el paso del tiempo así nos empezamos a llamar mutuamente. Ella me decía “hermanito” y yo a ella “hermanita”. La amistad entre ambos era sincera y nos teníamos mucha confianza. Siendo así, poco a poco empezamos a tener largas sesiones de pláticas donde nos contábamos todos nuestros problemas y así fue como ella empezó a contarme las situaciones que en ocasiones pasaba con mi amigo Raúl, quien era novio de ella. Raúl era un tanto inmaduro o indeciso en cuanto a la relación con Claudia y muchas veces la dejaba plantada para irse a visitar a otra amiga de él, de la cual yo sabía que estaba enamorado, pero al no hacerle ella caso, tenía que “conformarse” con andar con Claudia. Pero en cuanto aquella amiga de él le llamaba o le decía que necesitaba algo, el acudía sin importarle dejar plantada a Claudia.

          Claudia en ocasiones lloraba amargamente a causa de esas situaciones y yo la consolaba y trataba de ponerla contenta para que se olvidara de los problemas. Para ese entonces yo también había empezado un noviazgo con otra chica y le platicaba a Claudia de las situaciones que a veces sucedían. Poco a poco el acercamiento era más íntimo, pero aun sin atracción de ningún tipo, hasta que no sé cómo, poco a poco empecé a fijarme en ella físicamente, cosa que antes no me había pasado.

          Claudia era una chica, digamos “normal”, nada fuera de lo común, no podría decir que era toda una belleza. Era de piel morena, cabello muy rizado, cara no demasiado atractiva, digamos “normal”, pechos pequeños, cintura regular, pero lo que si tenía bastante bien debido a las rutinas de ejercicios eran sus nalgas y sobre todo sus piernas. Unas piernas morenas, suavecitas, torneadas, firmes, producto de los ejercicios. Con el paso del tiempo, sus piernas fue lo primero que empezó a atraerme de ella, pues cuando nos juntábamos a solas a platicar, ella casi siempre tenía puestos shorts o la falda de uniforme escolar, la cual usaba a medio muslo, con lo cual sus piernas lucían bastante bien. Además de que al estar en plena confianza, pues éramos como “hermanitos”, no se cuidaba mucho de no mostrar sus preciosas piernas al sentarse, pues no pensaba que yo fuera a sentirme atraído por ella.

           Frecuentemente ella iba a mi casa a platicar o a pedirme algún consejo, o inclusive algún libro para estudiar. Pasábamos horas en mi habitación, tan solo platicando de diferentes cosas, sin ningún acercamiento de otro tipo. Pero tal vez debido a tanta cercanía, a los constantes problemas entre ella y Raúl y la necesidad de cariño que ella sentía, las cosas sin querer y sin planear, fueron cambiando poco a poco en corto tiempo. Aunado a esto algunas dificultades que yo mismo empecé a tener con mi novia en ese tiempo y a que empecé a fijarme en las deliciosas piernotas de Claudia.

           En una de esas ocasiones que ella fue a visitarme a mi casa, estábamos platicando tranquilamente, pero yo no podía dejar de mirarle las piernas. Se le veían deliciosas y no encontraba la manera de acariciárselas, estaba que ya no me aguantaba las ganas de tocar esos muslos suaves y firmes. Así que tratando de medir primero la situación, le dije que se le veían muy suavecitas sus piernas, que si las tenía velludas y se depilaba o que si eran así al natural,  haciéndome yo el inocente, tratando de mantener el asunto como algo casual, para no meterme en problemas. Ella riendo confiadamente, me dice:

          -“Claro que no me depilo, así las tengo.”

          -”No te creo, se ven muy suavecitas. ¿Me dejarías tocarlas?”

          -“Claro que puedes tocar, no tiene nada de malo, además somos “hermanitos”, ja ja ja ja…”

           Acto seguido, pase mi mano suavemente sobre su muslo, ella mirándome fijamente, pero creo que también en ese momento sintió algo diferente, algo de atracción. O tal vez ya desde antes deseaba que yo le insinuara algo. Se las acaricie solo un par de minutos, que para mí fueron la gloria, para después retirar mi mano. Era suficiente por esa ocasión, aunque ganas de continuar no me faltaban.

           Poco después de eso, ella empezó a visitarme más frecuentemente, buscando cualquier pretexto para ir a mi casa a platicar. Y yo no encontraba la manera de lanzarme a fondo, tocarla, acariciarla. Además que ella en todas esas veces iba vestida con shorts que hacían resaltar esas piernas que ya me tenían loco por estar en medio de ellas.

          Lo que tanto deseaba se me concedió el día menos pensado. Era una tarde y ella de repente llego a mi casa. Yo acababa de salir de bañarme y estaba solo en casa cuando ella llego, así que cuando le abrí la puerta para dejarla pasar, estaba vestido solo con un pants deportivo y sin nada en el torso. Ella al verme se hizo la bromista y según ella se cubría los ojos para no verme, diciéndome que estaba semidesnudo. Le dije:

          -“No seas ridícula, ni que estuviera yo desnudo.”

          -”Claro que no, pero nunca te he visto con tan “poquita ropa”, “hermanito”, ja ja ja ja.

Me contesto, acompañando la respuesta de una risa nerviosa, mientras entraba e íbamos a mi habitación para platicar como en otras ocasiones. Yo ya estaba que no me aguantaba, menos en esa situación, yo recién bañado, a medio vestir. Ella sentada en la cama, vistiendo una falda corta, con sus riquísimas piernas al descubierto. Así que haciéndome el tonto, me acosté boca abajo en mi cama y le dije que me diera masaje, ya que estaba sin camiseta. Debo aclarar que esto nunca antes lo habíamos hecho, pero de alguna manera tenía que tantear hasta donde podía llegar con ella, o saber si ella también deseaba algo más. Además quería aprovechar que estábamos completamente solos.

          Ella primero se sentó junto a mí, poniendo sus manos en mi espalda desnuda, empezando a frotarme a manera de masaje por unos minutos. Al quedarnos ambos en silencio, podía escuchar su respiración algo profunda, lo cual interprete como que estaba empezando a excitarse. Al ver que ella no se atrevía a nada más, pero tampoco se retiraba, decidí dar un paso más. Le indique:

            -“Tienes que acomodarte bien para que me puedas masajear, así no vas a poder”.

            -“¿Y cómo debo ponerme, según tú, “hermanito”? ji ji ji.”

            -“¿Pues qué no has visto cómo se ponen las masajistas? Tienes que ponerte como si estuvieras montada encima de mí.”

            -“Pero… es que… traigo falda corta. Se me va a levantar toda.”

            -“¿Y que tiene de malo? ¿No somos como hermanos? Además no te puedo ver, estoy boca abajo, y solo serán unos minutos.”

            -“Este… Bueno, pero no vayas a voltear a verme.”

          Yo mantenía mi cara enterrada en la cama, sintiendo la tensión del momento. Podría decirse que se sentía la tensión sexual de ambos y las ganas que estábamos tratando de disimular. Sentí cuando ella se levantó de la cama y después de pensarlo por unos segundos, sentí ahora como se montaba a la altura de mis nalgas, abriendo sus fabulosas piernas y alcanzando a tocar mis costados con el interior de sus muslos, cosa que me provoco mil deliciosas sensaciones. Pude percibir lo profundo y largo de sus respiraciones, producto de la excitación que ella misma estaba experimentando. Era una situación con enorme tensión sexual, que ninguno de los dos se atrevía a avanzar más allá.

          Ella montada encima de mí, empezó primero a frotarme la espalda con sus manos, haciéndome sentir riquísimo, más por la manera en que ella respiraba y por saber que sus piernas desnudas estaban a mis costados, con su concha prácticamente encima de mi cuerpo, solo separados por la tela de la ropa. El peligroso juego se prolongaba más y más, pasando los minutos, ella respirando cada vez más profundo. Hasta que por fin decidí atreverme a un poco más y deslizando una de mis manos, empecé a acariciar una de sus piernas, de manera suave, avanzando poco a poco, para ver hasta donde ella me lo permitiría, sorprendiéndome al darme cuenta que ella no me detenía, si no que al contrario, me acariciaba más y más la espalda, respirando ya de manera más agitada, meneando un poco su cuerpo sobre el mío, disimuladamente.

          Repentinamente, ya presa de la excitación, ella misma fue quien decidió dar el paso definitivo, más por la posición en que se encontraba, pues yo seguía boca abajo, con mi cara enterrada en la almohada. Sentí como se inclinó sobre mi espalda despacio, y de pronto sentí su aliento caliente sobre mi cuello y mi oído… Empezó a besarme el cuello de una manera por demás excitante, riquísima, pasando la punta de su lengua por mi oído, haciéndome estremecer de placer. Ya no pudimos aguantar más, y volteando mi cara hacia ella, empezamos a besarnos, metiendo nuestras lenguas mutuamente en nuestras bocas, ya bien calientes, sin importarnos nada más que nosotros mismos. Le pedí que me dejara voltearme para quedar de frente a ella, cosa que de inmediato acepto.

          Se levantó levemente, permitiéndome girar debajo de ella para quedar boca arriba, quedando entonces ella montada encima de mí, con sus tremendas piernas abiertas a mis costados, haciéndome sentir el delicioso contacto de su piel morena con la piel de mi torso. De inmediato continuamos besándonos riquísimo, pasando nuestras lenguas de una boca a la otra, mientras ella empezaba ya a gemir de placer, respirando de manera agitada, presa de la pasión contenida tal vez desde antes y que la habíamos estado reprimiendo ambos.

          En esa posición, me permitía ahora si darme un banquete acariciando esas piernas de locura, subiendo mis manos por debajo de su corta falda hasta acariciar sus nalgas por encima de su ropa interior y después por debajo de la misma, mientras seguíamos besándonos bien calientes. Aunque aún estaba yo vestido de la cintura hacia abajo y ella seguía vestida, su concha estaba apoyada directamente en mi bulto durísimo, meneándose ya sin disimular, mientras yo la sujetaba de sus nalgas y la apretaba contra mí, mientras levantaba mis caderas de la cama, apoyándole mi bulto contra su concha cubierta solo por su delgado calzoncito, como queriendo penetrarla aun así vestidos como estábamos. Era una situación desesperante que no íbamos a aguantar por mucho tiempo.

          La fiebre llego a su punto máximo, en el cual ya no pensamos en nuestra relación de “hermanitos”, ya no pensamos yo en mi novia ni ella en su novio, quien era mi amigo. Ya solo éramos un hombre y una mujer deseosos de probar nuestros cuerpos por primera vez. La situación estaba cargada de un morbo indescriptible que aun hoy en día recuerdo con claridad. No nos importó tampoco que no tuviera condones a la mano en esa ocasión, solo me preocupe de recordar que la puerta de mi habitación estaba cerrada y asegurada por dentro, por si acaso. Lo único que deseaba era penetrarla, ensartarla por primera vez, meter mi verga durísima y disfrutar de estar en medio de esas piernas morenas y suaves, y por lo visto ella deseaba lo mismo.

            A continuación y estando así debajo de ella, me baje mi pant junto con mi ropa interior, haciendo que mi verga totalmente dura saltara como resorte, pegando en su concha aun cubierta por su calzoncito, cosa que la hizo emitir un pequeño quejido de placer, mientras me miraba fijamente con la mirada llena de excitación, acariciándome el pecho con sus manos, mientras empezaba a menearse sobre la dura verga, deseando ser penetrada. Solo duramos así unos cuantos minutos, pues luego con un movimiento rápido la tome de su cintura y gire con ella, quedando ahora ella debajo de mí y yo entre sus piernas, para hacerle lo que se me antojara. Así que lo que hice fue terminar de quitarme la ropa mientras ella miraba mi verga endurecida con sus ojos cargados de pasión. Luego la hice levantar un poco sus caderas y le baje rápidamente la faldita junto con su sexy calzoncito, deslizando ambas prendas por sus piernas desnudas, quedando al fin desnuda de la cintura hacia abajo, que era lo que más me importaba. En ese momento aún no me tome la molestia de desnudarla de su torso, pues en la calentura de la juventud, estaba más enfocado en meter mi verga en su concha que en cualquier otra cosa.

            Tenerla así, semidesnuda en mi cama era como una alucinación que por fin se hacía realidad. Ella mirándome con los ojos vidriosos, su boca entreabierta gimiendo, sus piernotas bien abiertas dejando a mi vista su conchita bien depilada, suavecita, totalmente cerrada y ya brillosa por sus jugos pasionales, mientras yo estaba de rodillas entre sus piernas, con mi lanza totalmente erecta y lista para penetrarla, así al natural, sin pensar en riesgos ni consecuencias. Estábamos totalmente enloquecidos por la fiebre. No nos decíamos nada, solo nos mirábamos y sabíamos que ya no podíamos aguantar más y que nuestra relación de “hermanos” se había acabado ahí. Lo único que podría echar a perder nuestro momento, sería que repentinamente se presentara mi novia en mi casa a buscarme.

            Me acerque más a ella, tomando mi verga con mi mano para colocar la punta directamente sobre la hendidura de su riquísima panocha. Ella apretó fuerte sus ojos y soltó un gemido que trato de apagar, mientras abría más las piernas con sus rodillas flexionadas para permitirme acercarme más. Se la frote de arriba abajo, a lo largo de su hendidura, abriéndole los pequeños labios de su vulva, mientras mezclaba los fluidos de ambos. Era la locura, pero ya no podía aguantarme más. Me incline sobre ella, sosteniendo todavía mi verga con mi mano, para guiarla hacia su interior. Con mi otra mano sobre su rodilla flexionada, le separe más su pierna para abrirla bien y quedar completamente entre esos muslos deliciosos, mientras la punta de mi verga iba entrando primero entre sus pétalos, avanzando levemente hasta encontrarme con una sorpresa.

            Sentí como la punta de mi verga encontraba resistencia para avanzar. ¡Por increíble que pareciera, mi querida amiga aún era virgen! Pero eso lejos de detenerme, solo hizo que mi morbo aumentara, pensando que era el afortunado de ser el primero en estar dentro de aquel riquísimo cuerpo, metiéndole mi verga completamente al natural. Y más lo comprobaba al sentir como al avanzar poco a poco, su cerradísima panocha me recorría mi prepucio totalmente hacia atrás, dejándome la punta bien descubierta al ir entrando, hasta provocarme un delicioso dolor que solo conseguía enardecerme más. Ella al ir sintiéndose penetrada por primera vez, apretaba sus ojos, mientras dos lagrimitas resbalaban por sus mejillas y con su mano trataba de ahogar las exclamaciones de placer y dolor de su boca, mientras sus piernas temblaban a mis costados. La hice retirar sus manos de su boca para poder escuchar sus exclamaciones y gemidos, cosa que me excitaba aún más, colocando sus manos sobre mi espalda para que me acariciara, hasta que poco a poco ella tomaba la iniciativa y me apretaba fuerte contra ella, poniendo sus manitas en mis nalgas.

            Deje caer poco a poco el peso de mi cuerpo encima de ella, mirándola excitado mientras ella apretaba sus ojos gimiendo  y se estremecía al ir penetrándola despacio, disfrutando la estrechez de su caliente y mojada cueva, hasta que de pronto la resistencia cedió y mi verga resbalo de golpe hasta el fondo, haciéndonos soltar un largo gemido que no pudimos evitar. Era una sensación indescriptible por todo el morbo de la prohibida situación, por ser la primera vez que ella estaba así con un hombre, con una verga clavada dentro de su cuerpo. Nos quedamos así solo unos momentos, ella jadeando recuperándose de la desvirgada, mientras yo la miraba y me llenaba más de morbo al sentir como su panocha apretaba mi verga como pulsando. Empecé a besarla otra vez, mientras con mis manos recorría sus nalgas y sus piernas desnudas, con sus rodillas flexionadas a mis costados, sostenidas en esa posición por mis brazos.

            Ya solo me importaba disfrutar de su cuerpo, así que primero empecé a menearle mi verga dentro de ella en círculos, sin sacársela, arrancándole gemidos de placer, sintiendo como mi punta tocaba hasta el fondo de su apretada cueva. Después empecé a bombearla rítmicamente, sacándosela casi por completo y metiéndosela de golpe, acoplándonos perfectamente al mismo ritmo, ella debajo de mí, levantando sus caderas contra mí, correspondiendo a las embestidas, y yo encima de ella sacándosela y metiéndosela, embistiéndola sin piedad, enloquecidos por el placer y por la calentura de nuestra juventud. A pesar de que entre nosotros había una amistad sincera y nos teníamos cariño como amigos, esto no era “hacer el amor”. Era una cojida desenfrenada, de jóvenes en la plenitud de las hormonas, producto de la fiebre antes contenida y disimulada. Estábamos entregándonos al máximo, mientras ambos gemíamos de placer y solo se escuchaba el PLAP PLAP PLAP de los golpes de nuestros cuerpos desnudos embistiéndose a fondo. Casi no articulábamos palabras, ella estaba enloquecida en su primer cojida y yo lleno de morbo y placer al tenerla así, lo único que exclamábamos eran gemidos y gritos de placer, ella solo de vez en cuando me decía algo…

            -¡Aaaahhhhh… daleeee… sigueeee… aaaahhhhhh… aaaaahhhhhh!

            -¡Aaaahhhhhh… Claudiaaaaaaa… que… rica… estaaaaass… aaaaahhhhhh!

            -¡Aaaaaahhhhh… aaaahhhhh… assssiiiii… daleeee… aaaahhhhhh!

            Sentía deliciosamente increíble estar así con ella, acariciándola toda, agarrándole todo el cuerpo, metido entre ese par de piernas que me tenían loco, cosa que nunca hubiera imaginado antes, cuando pasábamos largas sesiones de pláticas entre amigos confidentes. Y ahora estábamos así, desnudos, cojiendo sin condón y sin pensar en nada más que en gozar. En un momento dado me quite repentinamente de encima de ella y la puse en cuatro, para poder cojerla viéndola desde otro ángulo. Quería disfrutarla al máximo, quería hacerla que sintiera su primer cojida al máximo también. Le separe un poco sus piernas colocándome entre ellas y de un solo empujón le aloje toda mi verga dentro, haciéndola gritar de placer, mientras yo sentí que su estrecha y recién desvirgada panocha me pelaba la verga riquísimo.

            -¡Aaaahhhhhh… Claudiaaaaaaa… que ricooooo!

            –¡Aaaaiiigggghhhhhh… Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh… no pareeeeeeesssss!

            Estando en esa posición, tomándola de su cintura y de sus riquísimas y duras nalgas, viendo como mi verga entraba y salía empapada de su cerrada concha que parecía querer atraparla con sus labios, enloquecí completamente de morbo y placer, así que ahora quería tenerla totalmente desnuda. En esa posición la hice que se incorporara para sacarle la blusa y el bra apresuradamente, dejándola totalmente desnuda ante mi vista. Su piel morena se veía deliciosa, su tersa espalda perlada por la humedad sudor producto del calor que nos llenaba. La mantuve incorporada, tomándola de sus pequeñas tetas, apretándola contra mí, pegando mi pecho en su espalda húmeda, mientras ella meneaba sus nalgas contra mi pelvis, ensartándose ella solita en mi verga mientras seguíamos gimiendo enloquecidos, sin pensar que el tiempo se prolongaba, haciendo un tanto riesgosa la situación.

            Después de un buen rato de disfrutarla así, me puse como estaba al inicio de todo esto, acostado boca arriba, pidiéndole a ella que se montara, cosa que hizo de inmediato. Con su suave manita tomo mi verga dirigiéndola a su hendidura, mirándome fijamente con una mirada que nunca antes había visto en ella y de un solo golpe se dejó caer, clavándosela completa hasta los testículos. Sentí nuevamente su increíble estrechez y una oleada de inmenso calor que envolvió mi verga al estar dentro de ella, estaba inundada de fluidos de placer. Apoyando sus manos en mi pecho, empezó a cabalgarme de una manera increíble, guiada no por experiencia, sino por el enorme placer que estábamos sintiendo, le salía de manera natural. Yo la acariciaba de sus tetas, de su vientre, su cintura, sus nalgas y sobre todo, de sus riquísimas piernas que me tenían atrapado entre ellas, mientras su panocha me apretaba la verga como ordeñándola para sacarle todo lo que pudiera, cosa que sucedió después de tener ella el tan ansiado orgasmo, el primero de su vida, o por lo menos el primero cojiendo. Empezó a moverse de manera descontrolada, mientras aumentaba la velocidad y subía y bajaba metiéndose y sacándose mi tranca, gimiendo ya a gritos.

            -¡Aaaahhhhhh… aaaahhhhhhh… que rico… sientoooooo…aaaaahhhhhhhh!

            -¡Aaaahhhhhh… Claudiaaaaaaa… dale mi reinaaaa… daleeeeeeeee… venteeeeeeeee!

            -¡Aaaayyyggggghhhhhh… sssiiiiiiiii… asiiiiii… maaaassssssss… aaaaaaahhhhh!

            -¡Vente mamacitaaaa… vente yaaaaaaaaaa… chiquitaaaaaaa!

            -¡Aaaahhhhhh… yaaaa… yaaaaaaaaaaaaahhhhhhh… aaa-aaaa-aaa-AAAAAAAAAAGGGGGHHH!

            En cuanto ella se vino, yo ya no pode aguantar más. Era imposible aguantar así, metiéndosela al natural, sintiendo las paredes de su cueva apretando mi verga al venirse ella en tremendo orgasmo y soltando tal cantidad de fluidos que me mojo hasta los testículos de una manera deliciosa. La tome fuerte de las nalgas y empecé a embestirla rápido, duro, mientras ella solo gemía y jadeaba recuperándose de su orgasmo. Y en una explosión, la  apreté contra mi muy fuerte, apalancándola de sus nalgas y penetrándola hasta el fondo. Empecé a disparar chorros de espeso semen dentro de su cueva, sintiendo que se me salía hasta el alma, mientras ella se meneaba como queriendo sacarme hasta la última gota. Tal vez por tanto morbo, tal vez por tanto deseo contenido, o tal vez por lo apretado de su concha, sentí que me saco una enorme cantidad de semen, que quedó alojado en lo más profundo de su interior, mientras mi verga pulsaba expulsando hasta lo último.

            Fue algo increíble. Nos quedamos agotados, ella desmadejada encima de mi pecho. Sintiendo las respiraciones jadeantes de ambos, recuperando el aire, sudorosos. Agotados, pero llenos de placer, una sensación de enorme relajación, pecho contra pecho, sintiendo nuestros latidos y nuestras respiraciones recuperando poco a poco la normalidad. Mientras mi verga aun dentro de su cuerpo se iba aflojando poco hasta permitir la salida de la enorme cantidad de fluidos mezclados dentro de ella, chorreando hasta la cama. Solo se rio juguetona y me dio un pequeño beso en la mejilla. Después de largos minutos, se levantó, mirándome coquetamente, diciéndome que le había gustado muchísimo su primera vez, que no se la imaginaba así.

            Nada de drama, nada de reclamos o arrepentimiento. Ni siquiera menciono el hecho de que no usamos protección. Solo empezó a vestirse mientras hablaba de otras cosas, como si nada. Yo la contemplaba, aunque si me sentía algo preocupado de que fuera a resultar embarazada, pero no dije nada. Quería pensar que por suerte nada iba a suceder. Ya descansado, me incorpore también y me vestí, mientras seguíamos hablando de las tareas y de un libro que ella necesitaba. Finalmente la encamine a la puerta y nos despedimos. Ella me dio otro corto beso, pero esta vez en mi boca, riéndose nuevamente. Luego la vi irse, caminando, moviendo esas hermosas y tremendas piernas que me habían hecho gozar hacía apenas unos minutos.

            Nuestra relación continuo normal, al menos en público, como si nada hubiera sucedido. Delante de los conocidos, de mi amigo y de mi novia, seguíamos siendo como “hermanitos”. Fue algo no declarado, pero ambos sabíamos que no había de por medio nada más que amistad y pasión. Afortunadamente ella no resulto embarazada. No sé si ella había estado cuidándose con algún método, a manera de prevención por si llegaba a hacerlo con mi amigo algún día, pero no quise preguntarle ni mencionar el tema. Después de esa primera vez, ella continuo visitándome en mi casa esporádicamente como acostumbraba hacerlo, pero en repetidas ocasiones terminábamos nuevamente teniendo sexo, igual de intenso que la primera vez y, aunque en algunas ocasiones si tuve la precaución de usar preservativo, debo confesar que otras veces me ganaba la calentura y la penetraba al natural. Ella no ponía ninguna objeción, simplemente se dejaba llevar. Esta situación se prolongó por cierto lapso de tiempo, hasta que las cosas empezaron a complicarse al empezar ella a involucrar sentimientos, lo que condujo a dramas y reclamos.

            Si esta experiencia les gusto, tal vez más adelante les narre otras de las ocasiones que tuvimos sexo, incluyendo una ocasión en que mi novia casi nos descubre al llegar a buscarme cuando mi amiga estaba en mi casa. O un tiempo en que mi novia y yo terminamos por varios meses y mi amiga y yo ya casi parecíamos novios, pues cojiamos cada vez que podíamos.

            Saludos y espero sus comentarios.

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