Quedamos solos en mi casa

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Mis padres habían acudido temprano al cine. Fátima, mi novia, había quedado con las amigas para ir a la graduación de una de ellas, por lo que, la tarde, presumía ser bastante aburrida. Tenté a la suerte y me puse un par de videos pornográficos, pero, tras dos masturbaciones, echaba en falta algo más, así que, la llamé, aunque, seguramente me echaría la bronca.

-Amor, siento llamarte, pero echaba de menos escuchar tu voz.

-Hola, Chris. Tranquilo, cariño, al final mis amigas me dejaron plantada.

-¿Cómo es eso? – Me incorporé como un resorte de la cama.

-Vanessa.

-¿Habéis vuelto a discutir?

-Para variar. Es idiota, al final no hemos podido acudir por su culpa.

-¿Por qué no vienes a casa? Estoy solo, y podremos hablar tranquilamente.

-Me parece bien, amor. En un ratito estoy allí.

Comencé a limpiar un poco la casa, ante la inminente llegada de Fátima, y, al acabar, saqué de mi estantería una de las miles de películas de acción que tenía. Sí, de acción. A Fátima le encantaban y a mi, también. Al rato, llamaron al timbre.

-Hola, nene – Dijo Fátima, pasando delante de mí, y besándome en los labios.

-Van Damme – Dije, señalando la carátula de la película.

Me miró como si me hubiese salido un tercer ojo.

-Nada de Van Damme. Tengo algo que será mucho más interesante.

Pasamos al salón, y le dije, que fuese poniendo la película, en lo que preparaba las palomitas y las bebidas. Al volver, Fátima me miró, con una sonrisa torcida.

-Siéntate conmigo.

Dejé las palomitas y las bebidas en la mesa, y me acurruqué a su lado. Le dio al play, y, en la pantalla, salió algo que no esperaba ni en mis mejores sueños, una felación. Fátima me miró divertida.

-He pensado que podría ser excitante.

Tragué saliva, y me acomodé al lado de Fátima, sin decir una sola palabra. “¿Excitante? Más que eso, diría yo”.

Sylvia Saint hablaba con un actor sobre sus derechos, mientras él le quitaba las esposas en comisaría; al final pasó lo inevitable, Sylvia, le hizo una mamada al actor. Miré de reojo a Fátima. Se mordía los labios, mientras, mi polla amenazaba con romper mis pantalones.

-Esta bien, ¿no? – Preguntó.

-Bueno… El argumento deja mucho que desear.

Comenzó a reírse, y, mirándome a los ojos, me dijo.

-Imagina que estas solo. Yo no estoy aquí.

Volví mi vista a la pantalla, y, sin pensarlo, saqué mi polla de los pantalones, y comencé a masturbarme.

-La tienes a punto, ¿eh?

Miré a Fátima. Se quitaba en esos momentos los zapatos y los pantalones, para dejar a mi vista unas hermosas bragas azules.

-Yo también lo estoy – Dijo, pasándose dos dedos por la tela de las braguitas.

Pasé la mirada de la pantalla a mi novia, y no sé qué me excitaba más, si la película, o tener a Fátima en el sofá, a punto de masturbarse. Comencé a moverla más rápido.

-Eso es, pequeño.

Fátima se quitó las bragas, y me mostró su hermoso tesoro. Estaba brillante debido a la excitación.

-Por si no lo sabes, las mujeres también nos masturbamos.

Dicho esto, comenzó a meterse un dedo, y a moverlo lentamente, soltando pequeños jadeos, cosa que me excitó en exceso, y comencé a mover mi polla más rápido.

-La tienes más grande de lo que recordaba, mi amor – Dijo, gimiendo.

No aguantaba más, necesitaba follármela. Así que, me incorporé, pero, la mano libre de mi novia, me detuvo.

-No, chiquitín. Nada de sexo. Hoy toca masturbación.

Se acomodó un poco mejor, y, abriéndose de piernas, comenzó a meterse dos dedos.

-Jo- Der. Que bueno – Gimió.

Mi mano se dirigió a mi polla, y, mirando la cara de placer de mi chica, comencé a masturbarme. Era muy excitante.

-Dios, que mojada estoy – Dijo, mirando a la pantalla de la televisión.

Pero mi mirada solo era para ella, para sus gestos, sus gemidos, y su excitación. Me encantaba verla así. Aumenté mi movimiento, cada vez más.

-Mira que polla tiene. La adoro.

Lejos de ponerme celoso, aquella afirmación hizo que la excitación fuese a más, e imaginé a Fátima, follándose al actor. La paja comenzó a aumentar considerablemente, ante esa imagen.

-Dios, me quiero correr – Dijo Fátima, aumentando el ritmo de sus dos dedos en su coño.

-Córrete para mí, amor – Supliqué.

Comenzó a convulsionar en el sofá, y un chorro salió disparado, manchando la tapicería del mismo.

-Me corro, Fátima. No puedo más.

Se incorporó rápidamente, y colocó la cabeza justo debajo de mi polla, para recibir su premio. Sacó la lengua, agradecida.

-La próxima ocasión – Dijo, limpiándose los restos con la mano – Te prometo que follaremos mientras la vemos… O intentamos verla – Dijo, levantándose y yendo al baño.

Desde aquel día, ansío que llegue ese momento.

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