lo que paso en el autobus

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Me llamo Nick, tengo 60 años, y soy conductor de autobús. Pensaréis que mi trabajo es un tanto aburrido. No os voy a llevar la contraria, lo es; pero, de vez en cuando, pasan cosas realmente interesantes, como la que voy a preguntar ceder a relataros.

Era viernes, y la jornada llegaba a su fin, solamente quedaba la parte más dura: La madrugada. Aquí los jóvenes es donde suelen dar más la lata, borrachos, empastillados, y demás lindeces. Pero aquella noche, iba a ser un poco distinta…

Había dejado a prácticamente todos los viajeros, apenas quedaban dos en la parte de atrás… Cuando me iba acercando a la última parada, donde, en teoría, de debían apear, algo por el retrovisor, me hizo mantenerme alerta…

Eran un hombre y una mujer, y, tenían una actitud… Un tanto extraña desde el principio; miré y la chica estaba de rodillas, con el chico sentado en uno de los asientos, con la cabeza apoyada en el respaldo, y soltando pequeños gemidos.

“No puede ser lo que estás pensando, Nick”, me dije. Pero, al fijarme detenidamente, así era… Le estaba haciendo una mamada. Mi polla, como es normal, empezó a molestarme en mis pantalones ante tal visión.

La muchacha, miró hacia delante, para comprobar que ejercía mi profesión; es decir, conducir, sin prestar atención. Pero me pilló mirando, qué se le va a hacer.

Lejos de parar, continuó mirándome a través del espejo retrovisor, y continuó lamiendo la polla del chico de al lado…. Yo, no sabía dónde meterme. Así que, la miré fijamente para comprobar cómo reaccionaba.

Me observó, sacó la polla de su boca, y me sacó la lengua descarada…

“Si paro el autobús, y voy hacia atrás… ¿Qué pasaría?”, me pregunté…

Y, sin pensarlo, así lo hice. Aproveché que pasaba por un lugar recóndito, donde apenas pasaba nadie, y paré el vehículo.

-Te ha costado, ¿eh?

Al escucharla decir aquello, mi polla amenazó con salirse del pantalón.

-No sabía tus intenciones…

Se levantó, y arrodillándose frente a mí, me bajó la bragueta, y sacó mi dura verga.

“Esto no puede ser real”, pensé.

-Chupamela – Pedí, preso de la excitación.

Aún no sé cómo logré balbucear aquello, pero dio resultado.

Su lengua paseó por mi polla, desde la base a la punta, haciéndome soltar un gemido de placer.

-Dios mio, que bien lo haces… ¿Cuántos años tienes?

No me apetecía acabar encarcelado.

-26 – Contestó.

Entonces, me dejé hacer. Su lengua era tan viperina, que creía correrme allí mismo.

-¿Y él?

-Ese imbécil… Comencé a chuparsela, y se quedó dormido, el muy cretino.

Me fijé en su rostro joven. En su ropa, oscura, mientras, ella, continuaba jugando con mi glande.

-Lo… Lo haces muy bien, pero quiero follarte.

Me observó juguetona, se levantó, apartando si falda, y, echando la braguita a un lado, me dijo.

-Fóllame bien duro.

La levanté, la coloqué en el suelo, a cuatro patas, y comencé a metérsela despacio.

-Joder, pedazo de pollón – Gimió.

-Qué ese idiota no aproveche este culito, me parece un delito – Dije, gimiendo.

Lo que pareció excitarla aún más, porque comenzó a gemir muy fuerte, y a decir palabras obscenas.

-Follame hasta el fondo, cabron.

Y así lo hice, mis caderas comenzaron a moverse rápido, introduciendo mi duro miembro en su interior, mientras, ella no dejaba de gemir.

-Correte en mis tetas – Me imploró.

Al escucharla, mi polla emanazaba con escupir todo su veneno. La chica estaba a punto.

-Me corro, joder – Dijo, pareciendo leerme el pensamiento.

Rápidamente, saqué mi polla de su interior, y me masturbé, cerca de si carita.

-Eso es… Correte ya.

Mi gemido de placer, siguió acompañado de un chorro de semen que empapó sus mejillas.

-Gracias, señor autobusero.

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