Lo que mi Novia me regalo

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¡Hola!… mi nombre es Natalia, tengo 28 años, soy bisexual y uno de mis pasatiempos favoritos es escribir. En esta ocasión escribí sobre algo personal que considero una de las experiencias que sin duda quedará en mi corazón, en mi mente y en mi cuerpo por el resto de mi vida.

A veces las cosas no siguen el camino planeado, pero eso no significa que las cosas no vayan a terminar bien… y eso tuve que vivirlo hace unos días…

Viernes 20 de septiembre

Mi día empezó con normalidad, salí de mi casa hacia mi trabajo muy emocionada porque para ese día Adriana (mi novia) había planeado una celebración con motivo de mi cumpleaños, al salir cada una de su trabajo. Normalmente de lunes a viernes vamos con mi novia al gimnasio por las tardes después de trabajar pero obviamente ese día no iríamos al por los planes que habíamos acordado.

Como iba contando, empecé mi día con normalidad aunque más emocionada de lo que regularmente soy por las mañanas pero esa emoción fue disminuyendo ya que en las primeras horas el trabajo empezaba a complicarse y lo peor de todo era que por asuntos que no eran míos pero a veces toca resolver los problemas que otros provocan. Ya para medio día, el estrés solo iba aumentando y yo no veía la hora de poder salir de la oficina pero durante toda la tarde el estrés siguió aumentando y mi mal humor también, ni siquiera tuve tiempo para poder contestarle los mensajes a mi novia porque me tenían en una reunión “de emergencia” para resolver el problema que otro compañero había provocado por su negligencia. Yo me sentía preocupada y enojada porque sabía que Adriana estaba preocupada por mí, por no tener alguna respuesta mía a sus mensajes.

La hora de salida ¡por fin había llegado!… pero… resulta que por seguir resolviendo el problema que no era mío, no podía salir hasta que todo quedara solventado. Mi mal humor creció aún más pero no me quedó más remedio que resignarme y trabajar hasta la hora que fuera necesario. Ya para ese momento para mí lo peor no era trabajar hasta tarde, porque me ha tocado hacerlo en otras ocasiones durante los 6 años que llevo trabajando en esa compañía, ese día lo peor para mí era que mi novia ya me estaba esperando en el estacionamiento de la oficina. ¿Cómo iba a hacer para que me disculpara por cancelar mi celebración de cumpleaños que ella había planeado?

Adriana había invertido tiempo y dinero en la cena o en lo que fuera que tenía planeado para esa noche, porque no me quiso dar detalles, solo me dijo que era una sorpresa. Pero ya no podía hacer nada, por el momento, más que disculparme y esperar a que ella comprendiera la situación.

Dejé todo mi trabajo por un momento, no tuve el valor de salir y hablarle personalmente porque sabía que me iba a sentir peor de lo que ya me sentía, así que sólo la llamé y le conté la situación en la que estaba y que era mejor que se fuera porque no quería que se aburriera esperándome, ya que no tenía idea a qué hora iba a terminar de trabajar. Pero como lo pensé, se enojó. Trató de no demostrarlo pero fue inútil y terminamos discutiendo un poco; y era justo lo que me faltaba para catalogar este día como “un pésimo día”.

Por un momento entré en pánico pensando en que nuestra relación iba a terminar en ese instante, y a pesar de tener 2 años de relación, sentía que habíamos compartido toda una vida y que esa vida estaba por irse al carajo por culpa de mi trabajo. No era la primera vez que, por mi trabajo, cancelaba algo o discutía con Adriana y si de algo estoy segura es que ella no se lo merece. Me ha regalado dos maravillosos años junto a ella, a pesar de los pocos problemas que hemos tenido a consecuencia de sus celos o de mi trabajo pero siempre habíamos podido superarlos pero no me preocupaba pensar que ese día había llegado al límite que ella tenía de compresión hacia mí y mi trabajo, yo estaba consciente de que era mi culpa si eso sucedía.

Terminé la llamada con mi novia y regresé a lo que estaba haciendo, traté de enfocarme únicamente en mi trabajo pero lo sucedido con Adriana me desconcentraba por momentos y eso me atrasaba más, sin embargo, poco a poco logré avanzar hasta que terminé. No quise ver la hora porque sabía que eso solamente volvería a enojarme, así que rápidamente apagué todo, tomé mis cosas y salí. Iba caminando por el pasillo para la salida y de pronto recordé que no había llevado mi carro ya que el plan era que Adriana iría por mí, me quedé paralizada por un instante y todo el enojo volvió a mí pero ya no valía la pena seguir así y tenía que pensar en qué podía hacer para poder llegar a mi casa. Casi de inmediato supe que tenía dos opciones: pedir un taxi y esperar a que llegara lo antes posible para que los pocos compañeros que también se habían quedado trabajando, no me vieran parada como idiota esperando el taxi. La otra opción era esperar a que mi compañero de contabilidad saliera y me llevara a mi casa, porque siempre me ha dicho que en situaciones como la de ese día puedo esperar a que él salga y con gusto me llevará a mi casa. Algunos compañeros dicen que yo le gusto y por eso él es atento conmigo pero nunca me ha interesado saber si le gusto o no, al contrario, lo detesto pero por el bien del ambiente laboral procuro tratarlo con cordialidad.

En fin, ninguna de las dos opciones me agradaba, pero entre la primera y la segunda, me quedé con la primera porque lo que menos quería en ese momento, era tener que soportar las idioteces o conversaciones vacías de mi compañero y menos quería darles de qué hablar al resto de compañeros si se enteraban que yo había salido de la oficina con él, y si ese rumor llegaba a mi novia, seguramente sólo iba a empeorar las cosas con ella.

Llegué al estacionamiento, saqué mi celular para pedir un taxi pero justo en ese momento el encargado de seguridad de la empresa se me acercó y me dijo que me estaban esperando. Me sorprendí porque no tenía idea de quién me esperaba, no podía ser Adriana porque me hubiera avisado, así que me preguntaba quién podría ser y no estaba muy lejos de ser mi peor pesadilla pues supuse que tan mal había sido mi día que solo faltaba que mi compañero de contabilidad hubiera salido antes y como sabía que yo estaba trabajando aún, haya decidido esperarme. Por segundos dudé en ir hacia la dirección en la que el encargado de seguridad me había dicho que estaba el carro donde me esperaban, pero ¿ya qué? Lo importante era llegar a mi casa, así que caminé… cuando vi el carro no pude evitar enojarme y sentirme muy culpable al mismo tiempo…

Me acerqué al carro y traté de ver algo por las ventanas pero como son polarizadas fue imposible ver algo; abrí la puerta, y ahí estaba… tan hermosa y tierna como siempre cuando duerme. Sí, Adriana, ¡me estaba esperando! subí al carro y cerré la puerta lo más lenta y silenciosamente posible para no despertarla, vi la hora en mi celular, faltaban escasos 3 minutos para las 7 de la noche lo que significaba que me había esperado por aproximadamente ¡3 horas! me sentí la peor mujer sobre la tierra, me repetí que Adriana no merecía eso y sentí un miedo enorme porque pensé que quizás ella me había esperado solo para decirme que no seguiría conmigo por lo sucedido, por haber cancelado nuestra celebración de esa noche.

A pesar de sentirme culpable y con miedo, no quise despertarla y seguí observándola por unos minutos más pero mientras lo hacía me puse a recordar desde el día en que nos conocimos, nuestra primera cita, nuestro primer beso, la primera vez que hicimos el amor, etcétera, tantos recuerdos y que todo entre nosotras había sido tan natural, sincero y bonito que por momentos yo creía que estaba viviendo en un sueño…

Yo tenía claro que cada momento con ella había valido la pena y no me arrepentía de nada, como dice la canción “…me di cuenta que tuvo sentido haber recorrido lo que recorrí si al final de cuentas él (ella) era mi recompensa…” ella era más que una recompensa para mí, un regalo y la respuesta de Dios ante mis preguntas si algún día yo conocería realmente el significado de amor verdadero. Pero lo ocurrido esa tarde me hacía pensar que ella merecía a alguien mejor, que yo no merecía su amor y que había llegado el fin del sueño que estaba viviendo y todo por mi culpa.

Con tantos recuerdos y emociones en mi mente no pude resistirme más y la besé, solamente toqué sus labios con los míos, no había nada erótico en ese beso pero sí mucho amor y agradecimiento por tantos bellos momentos compartidos. No sabría decir con exactitud cuántos segundos estuve besándola así pero cuando sentí que sus labios se movieron, dejé de besarla mas no me alejé.

Quería decirle tantas cosas, pero no salía una sola palabra de mi boca, su mirada era indescifrable y siendo honesta hubiera preferido ver su mirada de enojo y no sufrir tratando de descifrar la mirada que tenía esa noche. Me di por vencida y no supe hacer nada más que bajar la mirada al mismo tiempo que suspiré y le dije: – … “lo siento” …-

Adriana no dijo nada y estuvimos en silencio unos minutos. Había sido un día terrible para mí y pensar en el hecho de que mi relación con Adriana podría terminar esa noche me ponía muy triste y no pude evitar que cayeran algunas lágrimas de mis ojos, sobre todo después de haber recordado tantos momentos junto a ella. Pero comprendí que no podía quedarme callada porque la culpable había sido yo, así que tomé la iniciativa, aunque sin saber realmente qué decir…

-de verdad lo siento, yo no quería…-bajé la mirada de nuevo – no quería arruinar esta noche, no quería que discutiéramos de nuevo por culpa de mi trabajo y.…- suspiré– no quiero perderte-

Levanté la vista esperando una respuesta y secando mis lágrimas, pero no dijo nada, su mirada era tranquila y me daba miedo pensar que esa tranquilidad podía significar que estaba sintiendo lástima por mí al saber que iba a terminar nuestra relación. Yo esperaba su respuesta, por muy doloroso que fuera, necesitaba escuchar en qué pensaba o qué quería, pero en lugar de eso me sorprendió que  solamente giró su cuerpo hacia los asientos de atrás para alcanzar una bolsa de papel y un vaso de esos donde los restaurantes sirven las bebidas para llevar…

Adriana: – te compré algo para que comas- dijo poniéndome la bolsa en mis piernas y deteniendo el vaso con su mano derecha

Yo estaba entre sorprendida y desconcertada, tanto que dejé de llorar de repente. Estaba sorprendida porque a pesar de todo se había preocupado por mí y como sabe que cuando tengo mucho trabajo hasta dejo de comer, se tomó el tiempo de comprarme algo para que comiera al salir de trabajar. Pero también estaba desconcertada porque me vio llorar, me disculpé y a pesar de saber que yo no me sentía bien, no me decía nada sobre lo ocurrido o qué pasaría con nosotras.

Adriana: -no podemos quedarnos aquí toda la noche, empieza a comer…- comentóal darse cuenta que yo me quedé inmóvil ante su actitud-…es tu sándwich favorito, un tradicional de pollo, sin tomate y partido a la mitad, como te gusta… y este es tu café, también como te gusta, no muy cargado… ¡ah! y con leche, tómalo…-dijo sin cambiar el semblante de su rostro

-gracias- respondí agarrando el café, aún desconcertada y sorprendida… y pensaba ¿cómo puede ser tan tierna y fría a la vez? Se preocupa por mí, lo sé, pero se da cuenta que estoy sufriendo y ¿no me dice nada?

Yo no podía seguir así…

-Por favor Adriana… de verdad lo lamento, sí fue mi culpa, sé que no es la primera vez que arruino algo por culpa de mi trabajo pero sabes que no es intencional…-suspiré y continué– amore mio lo siento, ya no quiero que sigamos así, no quiero que estés así conmigo, no sabes…-

Adriana: – así ¿cómo? – interrumpió sin demostrar de nuevo alguna expresión

-Así … así de indiferente conmigo, no sabes cómo me duele-

Adriana: -entonces preocuparme porque comas ¿es ser indiferente? –

-no mi amor, no me refería a eso… me refiero a…-

Adriana: – bueno entonces dedícate a comer y luego hablamos- volvió a interrumpir

Su interrupción y su actitud empezaron a molestarme, pensé que a lo mejor ella sólo me había esperado porque sentía la obligación de llevarme a mi casa porque sabía que no había llevado mi carro. Así que creí que lo mejor era bajarme del carro y pedir un taxi para irme a mi casa y así no empeoraban las cosas con ella, al día siguiente hablaríamos con más calma si es que ella aún quería arreglar las cosas y seguir conmigo. Para ese momento se me había olvidado que el siguiente día (sábado) sería mi cumpleaños, con todo lo que había sucedido no tenía cabeza para pensar en mi cumpleaños.

-Creo que no estás en condiciones o simplemente no quieres hablar ni estar conmigo ahora, así que no te sientas obligada a llevarme a mi casa, puedo irme sola. Te agradezco y lamento mucho que me hayas tenido que esperar pero creo que será mejor no molestarte más. Por cierto, gracias por la comida, me la llevaré… y de verdad lamento lo ocurrido-dije mientras tomaba mis cosas y acomodaba la bolsa con el sándwich y mi café

Adriana– ¿Así que te irás sola?… o no será más bien que ya tienes quién te lleve –comentó con ironía, tomando el volante con ambas manos y sin voltear a verme, su vista estaba fija al frente

Yo ya estaba por abrir la puerta del carro cuando escuché su comentario y me detuve secamente… yo sabía hacia donde iba ese comentario y no me hizo ninguna gracia

– ¿Qué?… ¿a qué viene ese estúpido comentario? – le pregunté molesta e indignada

– por favor-sonrió siguiendo con su ironía – sabes perfectamente de qué hablo –respondió

Cerré los ojos y respiré profundo, esto se estaba yendo por un mal camino y debía evitarlo, tenía que poner todo de mi parte para no agravar las cosas pero ella no estaba colaborando en absoluto con su actitud y sus comentarios.

bueno, está claro que estás enojada, tienes razón de estarlo pero ya me disculpé y al parecer no ha servido de nada eso también lo entiendo y por lo mismo considero que será mejor que dejemos esta conversación aquí… hablaremos mañana, si quieres por supuesto… de nuevo te pido que me discu…

– ¿Acaso él no puede esperarte unos minutos más? ¿y yo sí tengo que esperar horas? – interrumpió de nuevo con su ya, elevado sarcasmo y no lo soporté más, ya había tenido mucha paciencia con sus comentarios, pero éste había llegado al límite

– Adriana ¡basta! ¿sí? Entendiendo tu enojo, entiendo que no quieres hablar conmigo, entiendo que no aceptes mis disculpas pero eso no te da derecho a insinuar cosas que no son… sé perfectamente que te refieres a que me iré con el idiota de mi compañero de contabilidad y no quiero imaginar las cosas que pasan por tu cabeza, cuando siempre te he demostrado que no lo soporto y no me interesa en lo más mínimo ni como amigo…-estaba realmente indignada por sus insinuaciones, eso se convirtió en enojo y sin darme cuenta continué diciendo– pero ¿sabes qué? En vista de que tú no estás en condiciones de llevarme, no veo el por qué no pueda pedirle a él que me lleve, así te doy verdaderos motivos para que dejes de insinuar las cosas y tengas con qué hablar. Es más, te dejaré lo que me compraste para comer porque llegó el día de aceptar la cena que me ha ofrecido desde hace tiempo, de alguna forma debo agradecerle que se tome la molestia de llevarme a mi casa ¿no crees? – ni yo entendía o creía lo que estaba diciendo, pero el enojo me ganó y lo dicho, dicho estaba, no había marcha atrás… Además, solo cuando dije eso, logré que Adriana cambiara su expresión en el rostro y me dirigiera la mirada, más que enojada eso sí, pero al menos ya no se veía indiferente

Adriana: – no te atreverías a hacerlo dijo demostrando el gran enojo que sentía

– ¿por qué no? Si fuiste tú quien estuvo insinuándolo, prácticamente fue idea tuya, así que gracias por la idea… no te quito más el tiempo, descansa y si quieres hablamos mañana –di por terminada la conversación o más bien discusión y tomé mis cosas para salir del carro

Justo estaba abriendo la puerta para poder salir del carro, pero en cuestión de milésimas de segundos el brazo derecho de Adriana pasó por mi espalda y alcanzó a agarrar la puerta con fuerza y con la misma fuerza la cerró, me dejó con la boca abierta. Hasta el día de hoy, me sigo preguntando cómo tuvo la rapidez y la fuerza para hacerlo casi sin darme cuenta. 

Sin decir una sola palabra retomó su posición en el asiento y de inmediato encendió el carro, yo sólo la observaba aún sorprendida por lo que había pasado, no hice algún comentario y mejor me acomodé en el asiento. No era que tuviera miedo por la actitud de Adriana, sino que esto no había pasado en ningún momento durante nuestros dos años de relación y realmente me sorprendía su actitud.

Salimos del estacionamiento y empezamos el trayecto en la calle principal, había tráfico pero afortunadamente estaba avanzando; aunque seguramente ese sería el recorrido más largo e incómodo que hemos tenido las dos. Llevábamos casi 15 minutos en el tráfico y tanto mi asombro como mi enojo habían desaparecido, solo me quedaba la incomodidad ante lo sucedido pero ya no le daba tanta importancia, mejor me dediqué a prestarle atención a la canción que estaba sonando ya que la música había empezado a sonar automáticamente desde que Adriana encendió el carro pero tan distraída estaba que no me había dado cuenta. La música me ayudó tranquilizarme y decidí comerme lo que Adriana me había comprado, ella seguía manejando y solo giró su rostro para ver que ya me estaba comiendo el sándwich, su mirada se notaba más relajada pero no dijo nada y regresó su vista al frente. Aún así, me tranquilicé al ver su semblante más relajado.

Sonaron un par de canciones más mientras yo comía y cada vez me sentía mucho más tranquila, sin duda la música es de mis mejores compañeras en cualquier momento y más en los no tan buenos. Seguimos avanzando en el tráfico y llegamos a un punto en el que se divide la dirección hacia mi casa y hacia el apartamento de Adriana, me pareció extraño que ella decidiera cruzar hacia la dirección de su apartamento y no hacia mi casa como pensé que sería pero no dije nada; ya que las cosas se habían calmado ¿para qué provocar otra discusión?

Al contrario, me tranquilicé mucho más porque eso significaba que Adriana ya estaba igual de tranquila que yo porque si me llevaba a su apartamento quería pasar tiempo conmigo ¿no?

El trayecto ya estaba tomando más tiempo de lo normal, a pesar de que el tráfico avanzaba, yo sentí que ya llevábamos bastante tiempo de recorrido pero tampoco quise hacer comentario alguno respecto a eso, mejor me limité a concentrarme en la música y funcionó, tanto que mientras sonaba “Amore Mio” de Thalía sentí la necesidad de tener a mi novia como siempre, sonriente, relajada y muy cariñosa conmigo. No pude evitar sonreír y desearla cada vez que sonaba un “amore mio” … la emoción de la canción me ganó y me hizo hacer una estupidez…

Literalmente tiré mis cosas y la bolsa de papel donde estaba la basura de lo que comí para los asientos traseros y aprovechando que un semáforo nos había detenido, me acerqué a mi novia y le di un inocente beso en su mejía. Me alegró tanto que no lo rechazara que decidí darle otro beso, pero esta vez tomé su rostro, lo giré ligeramente y le di un beso en sus labios, beso que tampoco rechazó, yo confiada de que todo se había arreglado y cegada totalmente por la emoción de la canción, le di otro beso pero esta vez un poco más agresivo y con claro sentido sexual, eso no fue lo malo porque tampoco lo rechazó y eso mismo me hizo pensar que ella estaba deseando lo mismo que yo pero hubiera sido mejor dejar eso hasta ahí. Aquí viene mi estupidez… El semáforo ya había dado luz verde pero el tráfico no permitía ir más que a 10 k/h así que era casi como estar sin avanzar.  Yo no resistía más estar sin sentir sus besos y sus caricias, así que decidí hacérselo saber y la volví a besar, poco a poco fui bajando con besos por su cuello y con mi mano derecha empecé a acariciar su pierna derecha, que por cierto la llevaba al descubierto porque ese día decidió usar una falda que sabe que me encanta como le talla sus hermosas piernas y caderas. Mi deseo iba creciendo, mis besos y mis caricias en su pierna también, sentí la urgencia de hacerla mía, sobre todo cuando sentí que su respiración se agitaba pero a pesar de eso ella no había dicho o hecho nada, hasta que mi deseo no se pudo contener más y empecé a introducir mi mano por toda la parte interna de su pierna. Estaba por llegar a su entrepierna y sentir si estaba igual de excitada que yo, pero eso no pudo ser, porque rápidamente ella tomó mi mano y la retiró fuertemente, a mi parecer un poco violenta, aunque ella dice que no fue de esa forma.

De nuevo su actitud me asombraba y me confundía, dejé de besarle el cuello y me separé completamente…

– ¿En serio? – le pregunté

– No es el momento, no es el lugar y no estoy de ánimos para eso – fue su respuesta, fría y cortante

Ok, tenía razón, no era ni el lugar, ni el momento y entiendo que no tenía ánimos por lo que había pasado pero me sentí muy mal de la forma en que retiró mi mano y que fríamente me haya respondido. Yo no sabía que más decirle y sonará extraño pero no estaba enojada aunque sí dolida por su rechazo pero confieso que ese día extrañamente su rechazo me hizo desearla aún más.

Traté de encontrar otra respuesta a su rechazo más que el argumento que me había dado y lo único que se me ocurrió pensar era que tal vez me había rechazado porque tenía planeado terminar conmigo, eso también explicaba por qué me llevaba a su apartamento y no a mi casa. Parece una locura, lo sé, pero ante los hechos era lo único que me parecía más lógico que su respuesta.

Para bien o para mal ya nos hacía falta poco para llegar a su apartamento, y cuando digo para bien, me refiero a que esa tortura e incomodidad estaban por terminar y para mal porque lo más probable era que esa noche todo iba a terminar entre Adriana y yo, o al menos era lo que yo percibía por su actitud y rechazo. Aún así, traté de no entrar en pánico, cerré los ojos y de nuevo me concentré en la canción que estaba sonando. 

Desde los primeros segundos me sentí parte de la canción, la escuché con tal concentración que de nuevo me dejé llevar, sólo que esta vez fue a otro nivel…

A los casi 30 segundos de haber empezado la canción, el deseo que aún tenía creció el doble ¿por qué? En realidad, no lo sé, pero eso mismo me hizo pensar en que si esa sería la última vez que estaba con Adriana, tenía que pasar una “última buena noche”. Yo necesitaba liberar mi deseo y no me importó si ella se enojaba o no, de todas maneras, a esas instancias, si todo se iba a acabar ya nada podía ser peor, así que en mi mente empecé a fabricar cada escena que la canción mencionaba. Recosté un poco el respaldo del asiento y tomé una posición más cómoda, casi acostada, no vi la reacción de Adriana porque tenía los ojos cerrados pero supongo que pensó que me iba a dormir durante los pocos minutos que faltaban para llegar a su apartamento. 

Yo ya sabía qué iba a hacer y lo hice, desde el momento en que sonó la frase: “nomás regálame la última luna y una noche que no olvide jamás… desnúdame de a poco, bésame a lo loco” toda mi mente se concentró en Adriana, empecé poniendo mis manos en mi boca suavemente pasando mis dedos por todo el contorno de mis labios imaginando que eran los labios de Adriana mientras empezaba a desnudarme lentamente como sólo ella ha sabido hacerlo. Poco a poco bajé los dedos de mi mano derecha a mi cuello y los de mi mano izquierda a mi pecho. Acariciaba mi cuello y mi seno izquierdo mientras pensaba en la última noche junto a quien considero el amor de mi vida. Bajé mis dedos del cuello a los botones de mi blusa y empecé a desabrocharlos torpemente porque lo hacía sólo con una mano,  supongo que para ese entonces Adriana ya se había dado cuenta de lo que estaba haciendo pero ya no me importaba y ella no hacía o me decía algo, así que continué con los botones y cuando terminé, metí mi mano izquierda y por debajo del sostén seguí acariciando mi seno… “enrédate en mi pelo, consúmeme en tu fuego, muérdeme los labios, no me tengas piedad. Devórame esta noche con besos que me asombren y que mi propio nombre me hagan olvidar” seguí con mi mano en mi seno, mientras mordía mi labio inferior recordando todas las formas en que ella me había besado y en ese momento yo deseaba tanto todas sus formas de besar por todo mi cuerpo. Mi interior estaba por estallar, recordar el rechazo de Adriana increíblemente me estaba excitando más, sólo pensaba y deseaba hacerle el amor… lentamente bajé con mi mano derecha por mi estómago y llegué hasta el inicio de mi pantalón, sin pensarlo desabroché los dos botones y dejé mi mano entre la tela del pantalón y mi piel. “Desnúdame de a poco… invéntame un momento que no tenga final, aprisióname en tus brazos, quiébrame en pedazos, arrójalos al viento… ámame una vez más y vete ya…” con esta última frase de la canción saqué mis dos senos por arriba del sostén, bajé la cremallera de mi pantalón y metí por completo mi mano por debajo de mi ropa interior. Literalmente mis dedos se deslizaron automáticamente debido a lo mojada que estaba, no pude evitar un gemido y tampoco quise evitarlo, quería que Adriana se diera cuenta que con o sin ella estaba dispuesta a hacer lo que deseaba. Fue en ese momento en que perdí la noción del tiempo y del lugar, repetía en mi mente “ámame una vez más y vete ya” …Abrí los ojos y justo como lo había pensado, Adriana estaba viéndome, pero no me importó y seguí tocándome ya sin cerrar los ojos. Mis dedos ya bajaban y subían por encima de mis labios vaginales y cada vez el movimiento era un poco más rápido sin caer en lo violento

Adriana: – ¿Qué estás haciendo? –

– ¿Acaso no es obvio? – respondí con voz agitada

Adriana– Quiero decir que porqué lo estás haciendo –

– ¿Tampoco es obvio eso? –

Adriana sólo suspiró y dijo: – bueno, detente ahora mismo-

Yo no hice caso a lo que me dijo y continué con el movimiento de mis dedos en mi vagina y con mi otra mano acariciaba mis erectos pezones. Estaba por meterme dos de mis dedos cuando Adriana me detuvo con su mano…

– Te dije que te detuvieras –

– ¡Suéltame! – le respondí completamente agitada y traté de liberar mi mano, pero no lo logré -Podrás prohibirme tocar tu cuerpo pero no tienes derecho a decirme qué puedo o no puedo hacer con el mio ¿quedó claro? – le dije un poco molesta

Adriana no dijo nada pero así como yo no le había echo caso, ella tampoco lo hizo, tomó mi mano un poco más fuerte, la sacó por completo de mi entrepierna y la llevó por encima de mi cabeza al mismo tiempo que se inclinaba hacia mí. Su rostro quedó muy cerca del mío, me vio a los ojos por unos segundos y sin decir nada me besó. 

Por fin estaba sintiendo sus suaves labios y su cálido aliento, mi cuerpo se empezó a relajar aún más cuando su lengua acarició la mía y fue entonces cuando me dominó por completo, soltó mi mano y con la suya bajó por mi abdomen metiéndola a mi entrepierna y sin aviso o lentitud me penetró con uno de sus dedos, lo sentí tan rico que mientras nos besábamos no pude evitar gemir en su boca, lo que hizo que ella detuviera el beso pero siguió penetrándome…

– A ti que te quede claro que sólo yo puedo hacerte esto –susurró en mi oído mientras me penetraba

En ese momento yo no tenía cabeza para nada más que para disfrutar de lo rico que se sentía su dedo dentro de mí y el delicioso sabor que su lengua me había dejado, que no supe qué responder. Me encanta cuando Adriana se ponía así de posesiva con mi cuerpo, se sentía dueña de él y de alguna manera me hacía sentir que yo era tan importante y especial para ella que no concebía la idea de que otras manos (incluyendo las mías) tocaran mi cuerpo.

Mientras me seguía penetrando lentamente, tomé su cara con mis manos, la traje hacia mí y la besé pausadamente debido a mis gemidos.

– otro dedo… por favor… – le pedí casi suspirando pues me estaba quedando sin aliento

Pero de nuevo ignoró lo que le pedí e hizo todo lo contrario, sonrió con perversidad y sacó el dedo con el que me estaba penetrando, en ese instante le di la mirada más asesina que he hecho en mi vida, pero ella no se inmutó y aún sonriendo llevó el dedo a su boca. Cerró sus ojos y lo chupó con la misma lentitud con la que me había penetrado, lo hizo tan bien que le tuve envidia al dedo, así que no tuve más remedio que sacarlo de su boca con mi mano y traté de llevarlo de nuevo a mi vagina pero ella no lo permitió y retiró su mano.

Adriana:  Tenemos que bajar del carro – comentó tranquilamente

– ¿Qué? – le pregunté molesta y confundida

Adriana: – ya llegamos… por sino te habías dado cuenta –

– no me puedes dejar así –le dije con tono de súplica

Adriana no dijo nada y bajó del carro, yo me quedé inmóvil ante su acción. Mientras ella abrió una de las puertas de atrás para bajar sus cosas y las mías, yo subí la cremallera de mi pantalón, regresé mis senos dentro del sostén y abotoné de nuevo mi blusa. Al terminar de tomar nuestras cosas, caminó hacia la puerta de mi asiento y la abrió

– Vamos, hay que entrar – dijo mientras me ofrecía su mano para que pudiera bajar

Yo estaba muy molesta pero tomé su mano y bajé del carro, sin entender su comportamiento y tratando de adivinar lo que podría pasar estando en su apartamento. Y es que cada vez era más confuso para mí porque bajé del carro y ella siguió tomándome de la mano desde el estacionamiento hasta llegar al ascensor que nos lleva al 8 piso donde está su apartamento. A pesar de estar muy molesta, sentir su mano y cómo tomaba la mía con delicadeza y cariño me hacían sentir mejor.

Entramos al ascensor sin decir nada, ella presionó el botón #8 y el ascensor empezó a subir. Durante el poco tiempo que duró el viaje en el ascensor, sólo trataba de adivinar qué estaba pensando Adriana y si realmente esos eran nuestros últimos minutos juntas pero por mi mente jamás pasó que lo que estaba por venir se convertiría en el mejor regalo de cumpleaños que pude haber tenido este año y que el mal día que había tenido, tendría su recompensa…

Fin del capítulo 1 de 2 

Importante: ***Créditos de las canciones que aquí se mencionan, a quien corresponda***

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