Follada en la comisaria

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¡¡¡Hola!!! Soy Linda… Y soy una estafadora… Sí, suena fuerte pero es cierto. Me echaron del trabajo y tuve que buscarme la vida. Empecé de vendedora de pisos y me dí cuenta de que muchas veces, no hacía falta tener un piso para venderlo. Me explico: la táctica es simple… comprar una tarjeta de teléfono, poner un anuncio muy ventajoso dando ese número, reunirse con los “pardillos”, enseñarles un piso ya apalabrado en la agencia, cobrar la señal y hacer desaparecer la tarjeta. En un “día bueno” puedes “venderle” el mismo piso a cuatro clientes diferentes… No se puede hacer demasiado seguido pero de las ventas legales cobro muy poco, trabajo para varias agencias como freelance y es una mierda, gracias a esto vivo bien.

No siempre fui así… Yo era una administrativa feliz con un novio normal. Bueno, John era policía, supongo que sigue siéndolo. Fue al cumplir treinta y cinco… esa edad en la que ya no eres joven, yo volví a mis quince. Hubo un cambio de horario ese año, tuve que comer siempre en la oficina, poco y rápido. No lo sabía pero eso me hizo perder diez kilos. Los que llevaba intentando dejar atrás años. Dejé de ser una rellenita simpática, en mi cuerpo aparecieron curvas que no recordaba, tal vez nunca las había tenido… 

Los compañeros de trabajo empezaron a tratarme distinto… ya no era “uno más”… me invitaban a tomar algo después, nunca me dejaban pagar… Acabé viéndome con un mensajero diez años más joven con una enorme y ruidosa moto.

El primer mes me sentía muy culpable… John no sabía la que se le venía encima. Curiosamente, ese mes desapareció la monotonía de una relación de diez años. Al mínimo que él me tocaba o me rozaba por la noche me entraban los remordimientos de mujer adúltera y, sin que él lo supiese, lo compensaba con un polvo. Con dos hombres a todo trapo aquel mes acabé con el coño escocido…

Fue un espejismo… Después de aquello, inconscientemente buscaba razones para discutir. Cualquier cosa que él hacía estaba mal y se lo hacía saber a gritos. John aguantó como un santo… Por las noches me siguió follando… yo me empezaba negando pero, a poco que insistía, me rendía a él.

La cosa no duró mucho… Un día él llegó tarde de patrullar. Desde el sofá, le eché la bronca por una razón que ya ni recuerdo… acabé levantándome y yéndome dando un portazo. Por supuesto, lo tenía preparado… Lo que sí recuerdo es la frase que grité al salir:

  • ¡¡¡Quiero mi espacio!!!

La verdad es que fui muy injusta con él… Me fui a vivir con Alfred sin darle ninguna explicación. Volví a recoger mis cosas cuando sabía que él no estaba. En fin, ya estaba hecho.

Alfred dejó pronto de trabajar para mi oficina. Era impuntual e informal como pocos. A mí me empezó a llevar de juerga por la semana como si tuviera veinte años. Empecé a llegar tarde, a rendir poco… incluso un par de veces me dormí en el trabajo. Perdí el empleo…

Sólo pude encontrar lo de vendedora por libre… Mal pagado, Alfred en paro y sin ganas de trabajar. Empezamos a estar muy apurados… 

Un consejo, chicas (o chicos)… No planeéis una estafa “sólo por una vez”. Salió tan bien y tan fácil que lo repetí… lo repetí… y lo repetí.

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Creo que no lo voy a repetir más… Me miro los pies y lo pienso.

Sí… descalza y con grilletes en los pies. Así me tienen en la comisaría del barrio de San Juan. La más cercana al piso que intenté “vender” hoy…

Me gustaría seguir con John… ¿Qué será de él? ¿Seguirá patrullando en la comisaría de centro? Lo mío con Alfred acabó cuando me harté de que me chuleara…

Esta mañana iba a “vender” el piso tres veces. Tres parejas… la mayoría son parejas. Por eso, me presento atractiva pero no provocativa. Leggins negros y un vestido de punto por encima. Atuendo serio pero dejando ver un poco el cuerpo… A los hombres los camelas con una sonrisa… a las mujeres cuesta más.

Los primeros bien… les meto prisa y va el tío corriendo a un cajero para darme tres mil. Firmo un recibo lleno de datos falsos… Cuando me busquen ya no me van a encontrar.

Los segundos… parecían pardillos de manual. Lo mismo… les metro prisa… “no tenemos ese dinero encima”, “podéis ir a buscarlo, yo espero aquí”… El tío rebusca en su chaqueta… ¿Buscará una tarjeta, tiene dinero en efectivo?

El tipo sacó una placa de policía. Se puso frente a mí, cortándome una posible huída… La chica me grita desde atrás. Me ordena dejar el bolso despacio en el suelo. Después me manda juntar las manos en la nuca… Yo estoy acojonada, paralizada… la sensación de haberla cagado es enorme… Sé que no hay vuelta atrás pero desearía desaparecer sin más. Obedezco a todo… Noto el metal frío de las esposas en una muñeca… Me lleva esa mano a la espalda, después la otra. Vuelvo a oír el ruido metálico del grillete cerrándose, similar a una llave de carraca.

Había jugado con John a ser esposada… Follé esposada. Pero esto es diferente… No puedo pedirles que me suelten… Puedo pedirlo pero no me van a hacer caso. Cada grillete tiene un trinquete que permite apretarlo sobre la muñeca. La forma es “anatómica” atrapa la muñeca sin posibilidad de escapar. Sólo dos eslabones, apenas diez centímetros entre las muñecas. Al ponerlas a la espalda, tus brazos tiran hacia afuera y se nota la presión… Duele si te aprietan los grilletes. Al menos no apretó mucho, es incómodo pero no doloroso.

La chica me cachea… me manosea sin pudor… me aprieta las tetas, me toca el culo, me toca la entrepierna por fuera del leggin. ¡¡¡Joder, que no tengo nada encima, está todo en el bolso!!! Me siento humillada, pero no soy capaz de protestar.

Registra mi bolso por completo… ¡¡¡Ohh no!!! Encuentra una bolsita de maría… Sí, cosas de Alfred. ¡¡¡Mierda!!! La posesión es delito, me recuerdan… Encuentra el móvil con la tarjeta temporal… el dinero de la pareja anterior, el resguardo del anuncio en prensa… los datos del piso en la ficha de la agencia… pone “vendido”, la semana próxima lo ocuparán.

¡¡¡Estoy perdida!!!… Me sacan esposada y cierran con las llaves que yo traje. En el descansillo ya está llegando la tercera pareja. Se asustan.. preguntan por mí… por mi nombre falso: “¿Señorita Elisabeth?” El tipo se pone ocurrente:

  • No os va a poder atender… está un poco liada -dice.
  • Tranquilos, creo que mejor que no veáis este piso, ya está vendido -añade.

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Me llevan a la comisaría en el asiento de atrás… me ponen el cinturón por delante, apenas me puedo mover.

Al llegar, la chica me lleva a una especie de sala de espera. Hay un mostrador y dos agentes uniformadas. Según me ven llegar, una me sienta en el banco en el que todavía estoy. Me quita los zapatos y me pone los grilletes en los tobillos. Los aprieta sobre el leggin para que no me hagan daño, ¡¡¡Un detalle!!! Se lleva mis zapatos y veo de lejos como los mete en una bolsa.

La agente de paisano que me detuvo estaba entregando mi bolso a la otra uniformada. Sacaron mi documentación de la cartera, copiaron mis datos en un formulario. La que me puso los grilletes, me levantó y me volvió a cachear, ella fue más moderada pero también me repasó entera. Al acabar, dijo:

  • Inspectora, la detenida ya está controlada, puedes recuperar tus esposas.

La inspectora acabó de cubrir papeles y se volvió… llevaba en una bolsita lo que consideraba “pruebas” (marihuana, dinero, resguardo del anuncio…). Me liberó las manos y se llevó sus esposas.

Una de las uniformadas sacó otras idénticas de una caja y me gritó enseñándomelas:

  • Tenemos “pulseras” de sobra. Pórtate bien y no las tendrás que llevar todo el tiempo.

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Eso fue lo último que me dijeron. Hay otras dos chicas en la sala. He visto que para salir hay que usar una llave, pero no sé qué pasará ahora.

Entra la inspectora que me detuvo. Trae un par de papeles y se los entrega a las uniformadas. 

  • Vale, procesamos -dice una.

La inspectora sale y la guardiana se dirige a mí:

  • Linda Wilson, ha llegado el informe de tu detención. Ven aquí.

Me levanto temblorosa… me cuesta andar con las cadenas. Mis pasos son pasitos la mitad de largos de lo normal. Llego al mostrador muerta de miedo.

Me enseña una hoja de identificación… mi nombre y mis dato tomados del carnet. Me dicen que firme si los datos son correctos… firmo. Me toman las huellas… sin tinta, con lector electrónico… me hacen varias fotos: de frente, de perfil…

Me enseñan una lista de lo que llevaba en el bolso… todo detallado. Faltan las cosas que apartaron como pruebas… Se lo digo. Sí, eso se almacena aparte, ya te lo dirán. Han puesto mis zapatos en la lista.

  • ¿Llevas sujetador? -me pregunta de repente.
  • Sí.
  • Pues debes quitarlo, se considera peligroso.
  • Tengo calor… ¿Puedo quedar en camiseta?
  • Sí…

Me estoy cociendo, ahogando… Me quito el vestido de punto. Llevo una camiseta de tirantes blanca debajo… una básica… Obedezco, me quito el sujetador… puedo quitármelo sin quitar la camiseta. Siempre he tenido grandes senos, es lo que tenemos las gorditas. Perdí un poco al adelgazar pero sigue siendo una copa C. Las tetas liberadas se desparraman bajo la camiseta… La firmeza a mi edad ya no existe.

Guardan el vestido y el sujetador, apuntan ambas cosas como pertenencias. Firmo el informe… 

Me enseñan mis derechos por escrito.. debo firmarlos… No estoy para leer este tocho… hago que leo y firmo. Podría poner que me van a ahorcar mañana, ya lo he firmado.

  • Como acabas de leer, los guardias usaremos esposas y grilletes cuando convenga y siempre por tu seguridad -me recalca la agente, después me ordena sentar.
  • ¿En el mismo sitio? -pregunto.
  • Sí… El informe lo estudiará el teniente de guardia. Te llamará, te interrogará y te informará de las pruebas. Él decidirá si mañana vas a la cárcel municipal o te liberamos por falta de pruebas. Hasta que te llame, espera ahí.

Me senté… Al lado habían sentado a otra chica. Rubia, alta… viste como fulana, seguramente lo es. Traía unos taconazos, se los han quitado y le han puesto grilletes. La tía me mira desde arriba y dice:

  • Cuando el señor teniente vea esa camiseta te declara inocente.

Pongo mala cara pero ella sigue:

  • O te encierra para pasar la noche contigo, cariño.

Me veo y me doy cuenta… la camiseta es escasa y visto desde arriba parece un generoso escote. Mis tetas parecen dos enormes manzanas. Pero no hay sujetador y todo se mueve mucho… no lo pensé… esto es un desastre.

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JOHN:

16:00… Acabo de llegar al despacho. Mi compañera se ha ido. Empieza mi turno. Llevo dos meses trabajando como teniente en la comisaría de San Juan. Más que policía soy un burócrata. Debo leer los informes de actuación, interrogar a los detenidos, explicarles la acusación… completar los informes, corregir errores. Los informes están plagados de errores. No sé en qué piensan mis compañeros… Bueno, sí lo sé. Yo fui inspector de calle durante diez años. Ya tengo cuarenta y eso era muy duro… mejor puesto, menos desgaste, más dinero… pero echo de menos indagar, preguntar, hacer hipótesis, confirmar… la investigación policial. Un inspector nunca se concentra mucho haciendo un informe… tengo que corregirlos para que en el juzgado no los echen abajo y los malos acaben en la calle.

Abro el fichero con el “menú del día”… los detenidos hoy que aún no han sido interrogados. Tarda un poco… ¿Por qué me dejó Linda? siempre que tengo que esperar mi cabeza se repite esa pregunta. Ella hablaba de las vigilancias, los días que llegaba muy tarde, el riesgo… yo creo que había otro. Llevaba un tiempo de ausencias raras, excusas poco creíbles, pequeñas mentiras…

Hoy tenemos cinco hombres y cuatro mujeres. Veo los informes… ¡¡¡Ehh!!! No puede ser… ¿Qué ha pasado? Los datos coinciden… parece una broma macabra… Leo el informe a toda prisa… intento calmarme. Leo el resto… todo dentro de lo normal, no hay asesinos ni violadores, sólo robos y estafas de poca monta.

Llamo a la encargada de calabozos. Ella me va a ir trayendo a los detenidos. Le doy una instrucción poco común:

  • El expediente femenino número tres, me la traes la última de todos.
  • A mandar, teniente, como usted diga.

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LINDA:

Sigo aquí desesperándome… Me detuvieron a media mañana. A las 14:00 o eso debía ser nos trajeron agua y unos bocatas incomibles. No dejé nada… es asqueroso pero necesito fuerzas.

A las dos chicas que estaban antes que yo ya se las han llevado. Una mujer llega preguntando por un número de expediente. La guardiana se acerca a la infeliz, esposas en mano. La engrilleta con las manos delante y se la llevan como está… descalza y esposada de pies y manos. No es una perspectiva muy halagüeña pero, la verdad, deseo que me lleven ya. La espera me está matando… Ya deben ser las siete de la tarde o más. Quedamos a la espera la fulana rubia y yo…

Mi compañera dice que después de la entrevista ya no vuelves aquí… O te sueltan y sales a la calle o te llevan a un calabozo donde debes esperar a la furgoneta que te lleva a la cárcel. La cárcel municipal es una instalación para personas a la espera de juicio. Si te declaran culpable te llevan a un penal… No sé cómo puede ser un penal pero seguro que no se pasa nada bien allí.

Entran a por mí… “Número cuatro”. ¿Cuatro? ¡¡Se han saltado el tres!! El cuatro es la rubia… Oigo los clicks de las esposas y se la llevan.

….

Uff…. hace como dos horas que se llevaron a la rubia. Hay ventanas enrejadas en la habitación… ya no entra luz por ellas. Pregunto a la vigilante… ya hace que ha cambiado el turno y ahora sólo está una uniformada. Me dice que había otros dos hombres que interrogar. Que seguro que falta poco.

….

Como media hora después llega mi turno. Viene la guardiana con las esposas. Me resigno, me voy levantando… pero a ella le parezco lenta:

  • Manos delante en posición de rezar, ¡¡¡YA!!! -me grita.

Me pone los grilletes muy apretados. ¡¡¡Ayyy!!! Duele… La mujer que vino a buscarme agarra la cadena de las esposas y tira por mí. La sigo como puedo… mis pies arrastran la cadena. Va rápido, tiene prisa… casi tengo que ir a saltitos.

Me lleva a un despacho, llama, nos dan permiso, entramos… ¡¡¡Ohh!!! Casi muero de un infarto al ver al hombre que me esperaba tras la mesa. Él era inspector en centro… no quería ascender a teniente. Ufff… me quiero morir… que me trague la tierra.

  • John, mi turno acaba ahora, podrás tú sólo -dice la mujer.
  • Sin problema… yo tengo guardia… me quedo toda la noche -responde él.
  • Siéntala y quítale las esposas -sigue John.
  • ¿Sin esposas?, Estás seguro -pregunta ella.
  • Déjalas sobre la mesa, si hay problemas sé usarlas.

Ella obedece… Agradezco que me suelten las manos. Sobre todo por lo apretadas que estaban. Deja las esposas encima de la mesa, justo entre él y yo. Se despide y se va.

Me quedo mirando a John… Él me mira, duda, pero acaba soltando una puñalada:

  • ¿Qué tal Linda?, ¿Ya encontraste tu espacio?

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JOHN:

Uff… creo que me he pasado con eso. Veo sus ojos humedecerse… No, no ha sido profesional. Pido perdón… sólo una vez pero lo pido. Le explico la acusación:

  • Estafa. Engañar para lograr un pago en tu beneficio es estafa. Las pruebas son demoledoras: testimonio de los dos inspectores, han declarado tus víctimas anteriores, tenías documentación que demuestra que el piso no estaba disponible, pusiste el anuncio, el teléfono tenía una línea temporal, te han encontrado dinero encima.

Ella calla… yo sigo:

  • Posesión de drogas. Treinta gramos de marihuana. Te la encuentran dos agentes. No hay forma de negarlo.

Debo preguntarlo:

  • ¿Tienes algo que decir?, ¿Te declaras culpable o inocente?

Hace lo que todos ante una situación así… se echa a llorar. Llevaba tiempo aguantando… Yo tampoco aguanto más. Me levanto… me acerco a ella, me agacho… le doy un pañuelo, la acaricio, la intento consolar. Pido perdón mil veces… Querría preguntarle cómo ha llegado a esto pero no me atrevo.

No sé muy bien cómo pero acabamos en un sofá que hay en el despacho, situado contra la pared del fondo. Es el que usamos en las guardias para dormitar. Yo estoy sentado… ella derrumbada sobre mi regazo. Ella descansa… yo me estoy poniendo a mil. Las ganas de sexo empiezan a querer salir del pantalón… No sé cómo acabará esto.

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LINDA:

¡¡¡Ahhh!!! Me siento cómoda con la cabeza sobre él… Noto al niño duro ahí en la entrepierna. Si me dejo ir, dormiré sobre él toda la noche. Si tenemos sexo, tal vez me pueda aprovechar… ¿Eso es como ser puta? Sí, pero no tengo nada que perder, ¡¡¡Esto es una emergencia!!!

Estoy cansada, derrotada… Él empezó siendo cruel pero no aguantó mucho… No vale para ser cruel. Pasó a ser profesional, seco… La verdad es que la he cagado bien.

No me queda otra… descanso un poco y lo voy a seducir… Luego ya veremos. Una fuga no es posible… las entradas están vigiladas. Debo intentar que presente un informe mejor que el que tiene…

¡¡¡Ehhh!!! Qué pasa… Uff, me he dormido. Vaya seductora estoy hecha. Me quedé dormida con la cabeza sobre su entrepierna… ¡¡¡Ayyy!!! Me estiro y sigo encadenada, con grilletes en los tobillos. El duerme. Podría cogerle el arma… No lleva arma. ¿La llave de los grilletes? No tengo idea… Las salidas estarán vigiladas.

Sigo mi primer plan… le toqueteo la entrepierna… El monstruito se ha vuelto blando. La palpo bien por encima del pantalón… ¡¡¡Uy!!! Lo empiezo a notar duro… sigo. Le abro un botón de la camisa y le beso el ombligo… lo chupo con mi lengua húmeda… al tiempo sigo trabajando su entrepierna.

Despierta… me toma por las axilas… me sube suavemente hasta su nivel. Me besa… profundo, con lengua… ¡¡¡Ahhh!!! Me ha metido las manos por la camiseta… Acaricia mis pezones. 

Le quito la camisa… lo beso en el pecho, en los pezones.. lo empapo de mi saliva. Él me quita la camiseta… me acaricia los pezones… Me estruja las tetas…. ¡¡¡Ayy!!! Me encanta… Me besa los pezones… va bajando… me besa el ombligo… 

Es el momento… hablo con voz melosa… de un poco tonta:

  • Para quitarme las bragas tendrás que liberarme los pies.

Se levanta… Va hacia un archivador… El candado abre con combinación, lo abre, dentro hay un arma, también hay una llave colgada de una cadena. Se la cuelga al cuello… Viene hacia mí… Si me suelta y logro coger esa pistola, las cosas pueden cambiar.

Me besa… en la boca, en el cuello… ¡¡¡Me gusta!!! Lo estoy engañando o disfruto… Un poco de todo. Se pone a mi espalda… me besa los hombros.. me mordisquea… ¡¡¡Ahhh!!!

¡¡¡Me gusta!!!

¡¡¡Ayyy!!! Noto un grillete en mi mano izquierda. Eso no me gusta… Me junta las manos en la espalda… Me engrilleta fuertemente, aprieta hasta que mis muñecas no pueden girar. Deja las palmas hacia afuera. Veo las esposas que traje hasta aquí, sobre la mesa. ¡¡¡Mierda!!! Él tenía otras en el cinturón… Estas son de bisagra… son mucho más incómodas.

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JOHN:

No, señorita, perdona pero no te voy a dejar libre con un arma cargada a tu alcance… Te gustaba follar con esposas. Vamos a ver si te sigue gustando.

  • ¿Qué haces?, ¿No te fías de mí? -pregunta ella.
  • ¿Debería? -pregunto yo.
  • La verdad es que no lo sé -dice ella.

La beso en la boca… me empieza rechazando… pero no… ahora empuja ella. Le manoseo las tetas… Le doy la vuelta, de rodillas sobre el sofá. Le quito los grilletes de los pies… La desnudo por completo… La siento, me arrodillo, se la chupo… No me gusta mucho pero ella alucina. Venga chica concéntrate… suave… húmedo.. lento… Noto como se convulsiona, chilla bajito, se fuerza a que sea bajito para que no la oigan. Sigo… un poco más rápido… Se retuerce.. seguro que las esposas le duelen un poco. Chilla… se va a correr… paro… paro… Quiero que nos corramos a la vez.

La tumbo sobre el sofá… Con cuidado, está esposada y puedo hacerle daño. Pongo un cojín entre las esposas y su espalda. Sigo de rodillas, le beso las tetas y la toco un poco… no se me vaya a enfriar… Está caliente y húmeda. Así me gusta. Me bajo los pantalones… arranco el calzoncillo. Me tumbo sobre ella con cuidado… La vuelvo a besar en la boca… manoseo las tetas…

La penetro con cuidado… con cuidado al principio… entra fácil… Estás muy húmeda, muy lubricada. ¡¡¡Ahhh!!! Hasta el fondo… despacio… despacio…

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LINDA:

¡¡¡Ahhh!!! Está dentro… ¡¡¡Me gusta!!! Chillo, me retuerzo… Estoy tumbada, las manos esposadas bajo mi cuerpo. Menos mal que puso el cojín… Él encima… más de setenta kilos de hombre… Estoy completamente indefensa… a su merced. Algo me dice que no lo he podido manipular…

¡¡¡Ahhh!!! Penetra cada vez más fuerte, su piel es suave, cálida… está sudado… yo también… ¡¡¡Me encanta!!! Sudor con sudor… Me retuerzo, intento no chillar… Me gustaría arañarte la espalda pedazo de cabrón… Te la dejaría marcada. ¡¡¡Ahhh!!! Si me muevo mucho me duelen las muñecas. Lo noto… está ahí.. yo estoy ahí… él está ahí… ¡¡¡Ahhh!!! noto el líquido caliente dentro de mí… Lo noto sí… Él se retira y yo me retuerzo de placer, jadeo, voy recuperando la respiración, poco a poco.

Él se sienta en el otro extremo del sofá… Me intento levantar… ¡¡¡Ahhh!!! Me cuesta, no tengo manos. Él me ayuda… Me tumba sobre su regazo… aún esposada. 

  • Por favor, suéltame las manos -le digo.

Él maniobra agachado… Me prende de nuevo los pies. Pero me suelta las manos… mucho mejor. Me quedo sentada en el sofá. Veo como guarda en el archivador los dos pares de esposas, la llave y mi ropa. Cierra todo con el candado… Sí, siempre te gustó controlar: abre con combinación, no te puedo quitar la llave, si te duermes puedo escapar: desnuda y con grilletes en los pies. Está claro que no llegaría muy lejos.

Vuelve al sofá… Me tumbo sobre su regazo… No parece que vaya a conseguir mucho… Al menos una última noche con él.

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JOHN:

Cierro los ojos y descanso… Han pasado dos años y puedo decirlo: no hay otra como tú, Linda. He tenido líos con otras chicas… por alguna razón todas policías, pero no hay como esta estafadora, mi delincuente… Te llevaría a casa y te dejaría allí indefinidamente… encadenada a la cama.

Oigo un suave ronquido. Siempre has tenido gran facilidad para dormir. Creo que si te fueran a ejecutar mañana estarías durmiendo como un tronco.

Me levanto y, a la débil luz de un flexo, completo tu expediente. Dioss… ¿Qué puedo hacer para que parezcas menos culpable? Pongo que no te resististe, que no negaste los hechos… Tampoco confesaste.

De momento te acusan de una estafa consumada y dos intentos, todo en un solo día. Hay más denuncias… Supongo que el fiscal ordenará una rueda de reconocimiento. Si te identifican en todas, la condena va a subir de los diez años. La posesión de drogas no ayuda nada.

Hago lo mismo que cuando te enfadabas y te quedabas a dormir en el sofá para no venir a la cama conmigo. Aprovecho que estás dormida, me coloco detrás de tí, apartándote con cuidado y hago la cuchara. El plan es que despiertes pegada a mí… Yo me duermo…

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LINDA:

Despierto… todavía está oscuro. No sé la hora… Me levanto, me estiro. Voy hacia la ventana. La abro… tras el cristal hay sólidas rejas. Me agarro a ellas y veo la calle… No hay personas, no hay coches… la ventana da a una calle secundaria. 

Acerco mi cara a las rejas… mi cabeza no cabe por entre ellas. Siento que ya estoy en la cárcel… pagando por mis errores. ¡¡¡Ahhh!!! Noto una presencia cálida y suave… algo me mordisquea el hombro… me acaricia con los dientes… me moja con su saliva.

  • Estás desnuda, vas a alegrar al que pase por la calle -dice con voz suave.

Me aparta de la ventana abrazándome… con una mano en cada pezón. Me repasa entera por la espalda… con las manos y con la boca. No me deja darme la vuelta… Quiere jugar a que no lo vea… Vale, yo jugué varias veces a imaginar que era otro pero conozco tu voz, tus manos, tu boca, tu saliva, tu piel, tu olor, tu sudor…

Hace lo que suponía, me pone a cuatro patas sobre el suelo. ¡¡Ahhh!! Me penetra desde atrás.

  • No podemos hacer otra postura -le digo con voz infantil.
  • Llevas grilletes, no puedes abrir las piernas -contesta.

¡¡¡Ahh!!! Me penetra más fuerte… más rápido… dentro… fuera… dentro… fuera… ¡¡¡DENTRO!!! Me coge por el pelo… Llevo una media melena hasta los hombros. Últimamente, he cambiado mucho de look por mis estafas. Pelo corto, pelo rizado, peluca rubia… Cada vez un número de teléfono diferente, doy un nombre diferente, el piso es de una agencia distinta (ventajas de ser la pringada de todas) y voy con un aspecto distinto.

¡¡¡Ahhh!!! ¡¡¡Ahhh!!! Me retuerzo, grito… él se corre, yo también…

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JOHN:

Nos sentamos y hablamos mucho tiempo. Ella recostada sobre mí… buscando calor, amparo. Falta poco para el amanecer. Le enseño el reloj en la pared… Dice que no lo había visto. Voy al archivador… cuelgo el arma con cartuchera del cinturón. Hago lo mismo con las esposas de bisagra.

Le doy su ropa, le libero los pies. Se viste. Mientras se pone la camiseta, aprovecho: le vuelvo a poner los grilletes en los tobillos. 

  • ¿Me llevas al calabozo? -pregunta.
  • No, vamos directamente al furgón -respondo.
  • Son las 6:45, a las 7:00 suben a los detenidos -añado.

Ella se levanta, resignada… Falta algo. Le enseño las esposas de cadena.

Me las pide… ella misma se las pone. Compruebo que estén bien, sin apretar.

La llevo al garaje. Allí “llenan el camión de la basura”… sí, así le llamamos.

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LINDA:

Llegamos a un garaje. Hay una furgoneta grande. La perspectiva no es nada halagüeña, veo como suben a detenidos y detenidas con un horrendo cinturón de cuero al que enganchan las esposas.

Él entrega unos papeles a la que parece la oficial al mando. Otra guardiana viene hacia mí con uno de los cinturones.

No puedo evitar decirle algo muy bajito antes de separarme de él…

  • Intenta venir a verme, por favor.

Doy varios pasos al frente y me detengo junto a la guardiana. Levanto las manos y la dejo que haga lo que tenga que hacer

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