Mi compañero de trabajo me da por el culo

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Hola a cada uno, me llamo Isabel y hoy les vengo a compartir una nueva experiencia que tuve con un compañero del trabajo. Yo jamás en la vida creí que dentro del trabajo haría semejante cosa. Respeto mi oficina, mi trabajo y sobre todo a las personas que trabajan conmigo, pero esta vez fue la excepción. Respecto a mi físico, soy una mujer de tez blanca, de complexión delgada, cabello ondulado color negro y sobre mis atributos tanto como pechos como trasero los tengo medianos y firmes. En cuanto a mi trasero lo tengo levantado algo que a muchos hombres les encanta. Tengo 45 años y aunque ya estoy cerca de los 50 me mantengo en forma.

Este segundo viernes del mes, sucedió algo totalmente inesperado. Y es que disfruté de un rico y maravilloso momento con uno de mis compañeros de trabajo. Aunque en realidad es un subordinado de mi área, digo compañero por respeto. En fin, este viernes fue un día largo para mí, ya que no logré terminar como esperaba. Eran las 10:00 pm y la mayoría y diría que casi todos ya se habían marchado, solo quedábamos cinco. Conforme pasaban los minutos se fueron yendo los demás hasta quedar Adrián y yo.

–          ¿te falta mucho?, me preguntó él acercándose a mi escritorio.

–          Ya casi estoy por terminar, ¿y tu…que tal vas?

–          Ahora es cuando terminé.

–          Vaya! Y me vienes a ayudar, ¿verdad?

–          Jaja si no tuviera sueño, lo haría con gusto.

–          Jaja que mala suerte tengo

–          Deberías darte un pequeño descanso.

–          ¿A esta hora?, estaría loca si no quisiera llegar a mi casa.

–          Hablo en serio, relájate un poco.

Estaba ya cansada y de verdad quería detenerme un poco.

–          ¿Pero para que descansar?, si ya te vas.

–          …bueno nadie me espera en casa, si de verdad me harás caso, te acompaño.

Lo miré y me detuve.

–          Solo por esta vez porque si quiero acabar.

Durante el receso que me di, platicamos. De todo un poco. Me habló sobre su soltería, sus planes. Yo por otro lado, le platiqué sobre mis hijos. Claro no todo. Entre otras cosas. Por un momento ambos nos quedamos en silencio y nos miramos el uno al otro.

–          ¿Qué?, le pregunté

–          Nada, respondió riendo.

–          ¿Nada?,

–          Jaja en serio, nada.

–          ¿Qué te traes tú?

–          Acuérdate que soy casi tu jefa.

–          Jaja casi, tu lo haz dicho

–          No te burles. Ahora vengo, le dije riendo.

Lo dejé y me dirigí al baño. Entre a una cabina, desabroché mi pantalón y lo bajé acompañado del panty y me senté. Al tomar mucha agua durante el día, las ganas de orinar eran demasiadas. Tantas eran que al dejar que saliera ese líquido, disfruté del placer al orinar. De repente escuché una puerta. Me detuve, me limpié y me subí todo. Al salir, unas manos me tomaron fuertemente. Era Adrián. Su fuerza me llevo a los lava manos. Me besó el cuello. Yo al estar totalmente sorprendida, no sabía como actuar.

–          Aquí no hay cámaras, dijo.

–          Adrián!! Detente!! ¿Qué crees que haces?

–          ¿A caso crees que no me di cuenta?

–          ¿De que hablas?

No podía moverme. Sus manos me tenían sujetada de los brazos que me era imposible moverme.

–          Tu querías esto, ¿no?

–          ¿Qué? ¿Yo?, le pregunté exaltada.

–          Sii!!

–          Estás loco!! Suéltame!!

–          No, no puedo.

–          Adrian!!!

Dios, no podía quitármelo de encima. Forcejee, pero era imposible ganarle. No paraba de besarme ni de olerme el cuello. Mi trasero golpeaba el borde del lava manos.

–          Hueles muy rico, Isabel!!

–          Para!! Por favor!! En serio!!

No sabía que hacer. Su mano derecha liberó mi brazo izquierdo y la puso en mi entrepierna para luego apretar mi zona íntima.

–          Noo!!! Adrián!! No me toques!!

–          No te hagas tonta, sabes te gusta!!

Aunque solo pusiera su mano sin presionar ni nada, podía encender esa llama en mí, la situación no ayudaba mucho. Con ambas manos traté de zafar su mano de esa parte pero no podía.

–          ¿Por qué haces esto?

–          Porque me encantas, Isabel!! Siempre me haz gustado!!

–          No es cierto!! Lo haces…porque estamos solos!!

–          No.

Aunque tenía el pantalón, su mano presionaba de modo que encendiera eso en mí a pesar de que me sentía muy incómoda.

–          Para!! No sigas!! Detente!!

–          No puedo. Siempre quise esto!!

–          Estoy casada y lo sabes!!

–          No me importa!! Vamos, Isabel!! No te haré daño!!

No tenía ni idea de lo que iba a pasar. Quitó sus manos de encima para luego tomar mis muñecas y mantenerlas juntas. Con su mano derecha las mantenía derechas mientras que con la izquierda se aflojó la corbata y quitársela.

–          No te atrevas!!! Adrián!!!

Sin decir nada, enrolló mis muñecas de tal modo que no las pudiera separar.

–          Esto lo voy a notificar, Adrián.

–          ¿De verdad lo vas a hacer?, me preguntó deteniéndose y mirándome a los ojos.

Dios, su mirada era tan retadora que no dije nada más. Es un buen compañero, pero lo que estaba haciendo no estaba nada bien.

–          Por favor!! No lo hagas!!

Desabrocho mi pantalón y me lo bajó dejándome los pantys.

–          Adrian!! Te lo suplico!! No lo hagas!!

Estaba tan desesperada y tan nerviosa. Con su mano izquierda subió mis muñecas y con la derecha se atrevió a bajar el panty. Junté las piernas pero aun así logró bajármelo.

–          Dios, que hermosa concha tienes, Isabel.

Cerré mis ojos conteniéndome.

–          No lo hagas, no sigas, no sigas, decía en voz baja.

Plantó su mano en mi vagina y empezó a frotar directamente en mi clítoris. Trague saliva. Dios, no podía creerlo. No tenía respeto por mi.

–          Adrián, dije su nombre en voz baja.

–          No puedo dejarlo pasar, Isabel.

–          Si…si puedes. Para, no sigas.

Continuó frotando.

–          Mírame, me ordenó

Su rostro se acercó a mí y me miró fijamente a los ojos. Conforme pasaron los minutos mi cuerpo y mi mente habían aceptado desistir por completo. No iba a hacerlo cambiar de opinión. Su froté comenzó a generarme placer, pero no quería demostrarlo. Apreté los labios. De la nada, frotó más rápido haciendo que liberara un gemido.

–          Veo que te gusta ahora.

–          No.

–          Claro que si.

Se detuvo y subió los dedos para llevarlos a su boca.

–          Te sabe muy rica. A vagina y a orines.

–          No digas eso.

–          ¿Por qué?, si es verdad. Y saben muy bien.

Sus manos fueron a mi blusa y empezó a desabrochar. Al liberar el último botón, dejó al airé mis copas. Metió su cara entre mis dos senos y los olió.

–          Dios, que delicia de tetas.

Colgó su índice derecho en mi copa izquierda y jaló sacando mi seno.

–          Mira que rica es, dijo muy excitado y ansioso.

Trague saliva de lo nerviosa que estaba. Sin dudarlo acarició mi punta con su lengua. Con su otra mano la subió a mi otra teta y la presionó. Quitó el broche del brasier y salieron ambos senos frente a su cara.

–          Dios, que hermosas.

Una vez dicho eso, empezó a chuparlas. Yo simplemente mantenía las manos arriba. Al presionar mi seno izquierdo, salió un chisguete.

–          Mierda!! ¿Aún te sale?, que ricura.

No dije nada. Tapó mi punta con su boca y succionó bebiendo un poco de mi blanco líquido.

–          Te sabe dulce, Isabel. Qué delicia!!

Succionaba mi seno. Bebía de mí. Mientras lo hacía dividió rascar mi clítoris convirtiendo en un momento mucho más perverso y excitante.

–          Aaahhh, liberé un ligero gemido.

–          ¿Te gusta?

No contesté, simplemente me relajé sabiendo que no tenía de otra. Dejó de beber de mi seno y se arrodilló para luego comenzar atacar mi vagina con su boca. Cuando su boca tapó mis pliegues y su lengua comenzó a lengüetear mi intimidad, di un profundo respiro. Dios mío, sus lamidas bastaron para generarme un indescriptible placer. Bajé las manos y las apoyé sobre su cabeza tomándolo de su cabello.

–          Que rica vagina, Isabel. Te sabe súper rica.

Con sus dedos, abrió mis pliegues destapando mi punto para jugarlo con su lengua.

–          Dios!!!

Tragué saliva conteniendo la excitación. Apreté los dedos de los pies. Dios mío, me causaba demasiado placer su lengua.

–          Aaahhh!!!, gemí.

–          Que rico, jadeas.

Justo al finalizar sus palabras, succionó mi clítoris. Hacer esa succionó hizo que me inclinara y me encogiera. Esa posición fue acompañada de una agradable sensación.

–          …Adrián

–          Dime

–          Aaahhh!!!

–          Te gusta, ¿verdad?

–          …si!!

Mi respuesta le dejaba claro que había cedido por completo ante él. Sin que me lo pidiera separé las piernas y saqué la pelvis para que pudiera estar más cómodo.

–          …eres increíble, Isabel.

–          …cállate…y sigue, le dije con un tono molesto.

Si iba a tener que pasar, que pasara. Me olvidé de mi dignidad y mi orgullo y opté por disfrutar el momento.

–          Así!!! Me gusta!!

–          Te sabe riquísima!! Te la comería todos los días!!

–          Sii!!

Su lengua lo hacía tan bien, que no quería que parara. Sin imaginarlo dos de sus dedos penetraron mi vagina y comenzaron a sacudirme por dentro

–          Aaahhh!!! Nooo!!! Espe..ra!!!

–          ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

–          …si!!

–          ¿Entonces?, preguntó entre dientes ya que no dejaba de lamer.

–          Tengo…ganas de…orinar

–          Que rico. Hazlo.

–          …¿Qué?

–          Si. Orina. Vamos

–          …no,…como…crees…aaahhh!!!

Sacó sus dedos rápidamente me quitó los tacones, el pantalón y el panty; y los aventó hacia la puerta. Quedé totalmente desnuda de abajo, lista para cumplir su fetiche. No podía creer lo que estaba viendo. Nunca pensé que Adrián también tuviera esos sucios deseos.

–          Vamos, Isabel. Orínate.

–          …no lo sé. Es mucho.

–          Pues con más razón hazlo.

Introdujo los dedos nuevamente y con la yema de sus dedos rasco la parte donde a toda mujer la vuelve loca.

–          …dios!! Dije sorprendida y con los ojos cerrados.

–          Rico, ¿no es así?

–          …sii!!

–          ¿Haz tenido orgasmos?

–          …sii!!

–          ¿En serio?, que rica te haz de ver!!

Sus dedos me causaban tanto placer que con cada trago saliva y profundos respiros contenía mis gemidos. Las ganas de orinar aumentaron.

–          Quiero que te orines, Isabel.

–          …no…lo…sé

–          Vamos!! Dame de tu rica agua!!

–          Saben mal!! No!!

–          Lo dudo. Seguro que te saben muy ricos!!

–          Aaahhh!!! Adrian!!!

–          Sólo hazlo, solo hazlo. Déjalo salir.

Estaba sorprendida de como era en realidad. Sus dedos, su forma de hablarme me excitaban mucho. No podía quedarme así, así que me rendí y comencé a dejar salir mi amargo líquido.

–          Eso, hermosa. Sigue!! Orina!!

Pasando tres segundos orinando, cubrió mi vagina con su boca y empezó a absorber mis orines. No lo esperaba. De verdad tenía las ganas de que me orinara para poder beber de ellos. Su lengua lamía mientras esa agua seguía saliendo.

–          Que rico saben, Isabel!! Sigue!! Dame más!!!

–          …¿Te gustan?

–          Me encantan!!

Su lengua no paraba de lamer ni sus dedos de moverse.

–          Aaahhh!!! Para!! Tus dedos!!

Lo hizo. Era demasiado para mi que no podía contenerme. Lo disfrutaba pero necesitaba que se detuviera. Estaba a punto de terminar. Todo había caído en su boca y en el suelo. Al dejar de orinar se dedicó a limpiar mis pliegues con su lengua. Los chupaba, los lamia y succionaba de ellos. Se puso de pie y me besó. Dios, el aroma de mis orines no era muy fuerte por lo que supongo que no sabían tan amargos. Mientras nos besábamos, desamarró mis muñecas.

–          Te saben tan ricos, Isabel.

Simplemente sonreí de nerviosa y de lo sorprendida que estaba. Bajó la cabeza yendo a mis pechos y atrapó mi punta izquierda con su boca. Succionó. Sentía cada succionó que daba bebiendo mi dulce leche.

–          Me encantas!! Estás hermosa!!

No dije nada simplemente abracé su cabeza. Su mano derecha bajó a mi vagina y con dedo medio comenzó a rascar mi clítoris haciendo disfrutar más ese momento.

–          ¿te gusta que me beba tu rica leche?

–          …si.

Dejó de chupar mi seno y atrapó el otro para hacer lo mismo. Succionó tres veces seguidas absorbiendo lo que salía.

–          Aaahhh!!! No pares!!!

Cada succión y cada caricia en mi clítoris me enrollaban en un exquisito placer. Subió su mano y tomó mi teta izquierda, paró de chupar. Abrió la boca y la acercó a mi seno izquierdo sin taparlo y lo presionó haciendo que se formara un chisguete cayendo sobre su rica lengua. Me fascinaba ver lo que acababa de hacer. Hizo esa acción tres veces. Sin duda las disfruté como nunca. Que bebiera de mis pechos fue un momento tan excitante.

–          Vamos, date la vuelta, dijo tomándome de la cintura y girándome.  

Al girar me miré en el espejo. Mis pechos se asomaban de mi blusa. Tenía duras las puntas y cubiertas de su saliva. Vi como miraba mi trasero. Sus manos apretaban mis glúteos y los masajeaba.

–          Ábrete el culo, me ordenó.

Lo miré a los ojos por el espejo. Di un profundo respiro y lo obedecí. Los dedos de su mano derecha bajaron desde mi coxis hasta mi zona más íntima. La yema de sus dedos acariciaban mi ano lentamente. Me mordí mi labio inferior. El cosquilleo de sus dedos me causaba escalofríos. Subió rosando esos dedos nuevamente en la apretada entrada de mi culo. Vi como lo miraba. Al llegar a mi coxis de nuevo se atrevió a olerlos. Al hacerlo, cerró sus ojos.

–          No huelen nada mal.

Una vez que los olfateó, bajó mano y colocó un dedo exactamente en mi agujero.

–          ¿estás nerviosa?

–          …no

–          ¿Puedo?

–          …ajá

Sabiendo lo que iba a hacer, dejé que cumpliera su atrevida acción. Al meter la punta de su dedo, respiré profundamente. Al no estar lubricada, retiró lo que metió. Chupó la mitad y regresó. Al penetrar mi agujero, disfruté cada milímetro que se adentraba en mí. El placer que me generaba me hacía cerrar los ojos y dejarme llevar.

–          ¿Lo disfrutas?, preguntó con una voz suave

–          …si.

Sin duda siguió metiéndolo hasta que mis esfínteres chocaras con su nudillo. Había metido su dedo entero. De la nada empezó a acariciar mis paredes anales. Giraba su dedo de izquierda a derecha y viceversa. Me envolvía un increíble placer. Pasó dos minutos dentro de mi trasero. Los retiró lentamente. Al sacarlo por completo, sin revisarlo mucho, lo probó. Ver esa escena de él chupando el dedo que había estado en mi zona más sucia de mi cuerpo, me dejó sorprendida. Jamás creí que fuera capaz de hacer tal cosa como esa. No tiene pinta de ser un pervertido y mucho menos un sucio como ahora lo es.

–          Que rico te sabe el culo, Isabel.

Lo sorprendida que estaba no me permitió responderle. Se agachó y puso sus manos sobre las mías para abrirme más el trasero.

–          Que hermoso culote.

Una vez dicho eso su lengua comenzó a jugar con mi agujero dándole varias lengüetadas.

–          …dios, dije estupefacta pero también admitiendo que me gustó que le hiciera.

Su lengua lamía una y otra vez mi sucia zona. No podía imaginar lo mal que me olía y el poniendo su lengua en ese lugar.

–          Que sabroso agujerote, me alagaba muy excitado.

Sentía tan rico que limpiara mi culo. Su lengua era como una brocha que lubricaba ese lugar íntimo y maloliente de mi cuerpo.

–          Siempre quise hacer esto.

–          ¿Si?

–          Si. Cada vez que te veo..llegar…o…verte pasar por mi…escritorio…solo veo tu hermoso trasero.

Cada pausa que hacía mientras hablaba era cada lamida en mi agujero.

–          ¿no me huele mal?

–          Un poco, pero me encanta!! Me imagino lo rico que ah de apestar ese asiento de tu oficina.

Sus palabras eran cada alago que aumentaban mi lujuria.

–          No te detengas, sigue, le pedí quitando mi mano derecha para agarrar su cabeza.

–          No, claro que no. Que te parece si pujas un poco.

–          …no lo se.

–          Vamos, hazlo.

–          Es que…puede que me salga eso.

–          No te preocupes. Si sale, sería muy rico.

Decirme eso, me dio confianza y seguridad. Así que lo hice sin temor. Apreté mis esfínteres y pujé poco a poco.

–          Mira que rico se abre.

Seguí pujando esperando que no expulsara otra cosa ya que aunque le fascinaría, a mí me daría mucha pena. Con la ayuda de sus manos, sentía como mi orificio se estrechaba cada vez más. Sin esperarlo insertó su lengua.

–          …mmm!!!!!, reaccioné.

Dios, su lengua metida en mi agujero anal era una sensación muy rica.

–          Que sabroso ano tienes, Isabel.

–          ¿Te gusta probarlo?

–          Si!! Podría estar todo un día aquí!!

–          Siii!! Me gusta!!

Sacó su lengua y la volvió a meter para luego moverla dentro de mí.

–          Que rico!! No la saques!!

–          No…hermosa, dijo entre dientes.

Quitó su mano de mi glúteo derecho y bajó a mi pantorrilla derecha para doblar mi pierna y hacer que mi rodilla se apoyara sobre el lavabo. Me miré el rostro por el espejo. Me encantaba la posición en la que me encontraba. Dios, su lengua me seguía penetrando el culo sin parar.

–          Me gusta como la metes!!

–          En verdad que tengo tanta suerte.

–          …¿Por qué?

–          Porque…la mayoría de los hombres…te quisieran comer el culote que tienes.

–          Pero para eso estás tú. Lo harás por ellos…¿verdad?

–          Claro que si, preciosa.

Al responderme dio una succión en mi agujero.

–          Aaahhh!!! Siii!!! Succioname el culo!!!

–          ¿Te gustó?

–          Sii!! Hazlo otra vez!!

Tapó mi ano con su boca y succionó tres veces seguidas.

–          Dios, que rico!!

–          Me fascinas, Isabel!!, dijo él.

–          Y tu a mí.

Se puso de pie, se bajó el pantalón tan rápido como pudo así como su ropa interior y golpeó mi vagina y mi ano con su rica verga.

–          Que rica, la tienes dura!!!

–          Cada vez que te veo así me la pones, Isabel.

–          ¿En serio?

–          Si.

Untó su miembro en toda mi zona íntima, lubricando su trozo de carne con su saliva y mi flujo vaginal. Me acarició un par de segundos y metió la punta dejándolo llevar a mi interior.

–          Aaahhh!!! Rayos!!!

Dios santo. El grosor de su verga estrechaba mi vagina rosando mis paredes vaginales mientras se profundizaba en mí. Mi rostro reflejaba tanto placer al penetrarme. Veía por el espejo como mis ojos se entrecerraban y mi boca quedaba entreabierta.

–          Que hermosa vagina. Estas tan mojada que resbala perfectamente

–          Me gusta!! Métela toda!!

–          Pero claro que te la voy a meter toda!!

Al pegar su pelvis y sus muslos con mi trasero, la retiró y la volvió a profundizar.

–          Aaahhh!!! Tu vagina, Isabel!!! Se siente tan rico!!!

–          Siii!!! Sigue metiéndola así!!!

Sus manos me tomaron de la cintura y empezó a penetrar más rápido.

–          …aaahhh!!!

Su miembro tenía un grosor perfecto que rosaba super bien esa parte donde se encuentra mi punta G. Dios, la empujaba muy rico.

–          ¿te gusta mi verga?

–          …sii!! Me…gusta!!! Sigue!! Más rápido!!

Al rogarle que me cogiera más rápido, me complació a tal punto de hacerme gemir más de lo que ya lo hacía.

–          Dios!!! Aaahhh!!!! Que ricoo!!!

–          ¿Así está mejor?, me preguntaba excitado y con un tono rudo.

–          Siii!!! Mucho!!! Que rica la tienes!!!

Su miembro me volvía loca. Era un exquisito placer el que me generaba. Despegó su mano derecha de mi cintura y la colocó uno de sus dedos sobre mi ano para frotarlo formando círculos en él. El placer aumentó en mí de una manera indescriptible. Me sentía tan deseada. Sin esperarlo, empujó su dedo.

–          Aaahhh!!!

–          Me excita como lo disfrutas, me susurró al oído izquierdo.

–          No lo metas..tanto, le pedí.

–          ¿Por qué no?, pensé que te gustaba.

–          Si pero…si lo metes más…vas a tocar eso.

–          Que rico, contestó.

Su dedo se movía dentro de mí. Rascaba mis paredes anales. Lo sacó lentamente y por el espejo observé como lo llevaba a su boca. Me causaba tanta excitación ver que hiciera eso. Mordía mi labio inferior mientras lo observaba muy detenidamente.

–          Sabe muy rico tu trasero. Ven sube, me dijo doblándome la otra pierna para subirme al lavamanos.

Al estar arrodillada encima de esa parte el baño, se paró detrás de mí y descubrió el lado derecho de mi cuello para darle un besó. Cedí a sus besos sin duda alguna.

–          Que linda piel tienes. Blanca, suave. Hueles muy rico.

Con los ojos cerrados disfruté de sus halagos y de las caricias de sus labios. Se detuvo y se agachó nuevamente. Podía imaginar su cara frente a todo mi trasero abierto. Puso sus manos en cada glúteo y los separó.

–          En verdad que me hermoso culo tienes, Isabel!!

De la nada empezó a lengüetear mi orificio.

–          Que ricoo!!, dije al sentir su lengua rosar mi agujero

Su lengua rosaba daba rápidas lamidas en ese sucio lugar.

–          ¿te gusta lamer ahí?

–          Si!!

–          Sigue!! Límpiame el culo!!

–          Claro…que te lo limpiaré!!!

Que placentero era tener su lengua en mi culo todo abierto. Llevé mi mano izquierda a su cabeza para presionarla en mi culo.

–          Come!! Comete mi culo!!

Estaba tan excitada que me atreví a hablar una que otra mala palabra.

–          Vamos!! Mete tu puta lengua!!

–          Lo que tu quieras, preciosa!!!

Endureció su suave lengua y la insertó en mi entrada.

–          Que ricoo!! Así!! Métela más!!

Pujé para que se estrechara mi ano sin preocuparme de lo demás.

–          Si…así. Puja!!

Dios, me olvidé de mi dignidad y me convertí en el juguete sexual de Adrián.

–          Succiona!!! Aspira mi culo!!! Ándale!!!

Sacó su lengua sin apartar su boca y comenzó a dar varias succiones.

–          Aaahhh!!! Siii!!! Así!!!

Mientras se dedicó a succionar mi sucio trasero, con mi dedo medio de mi mano derecha me encargué de rascar el clítoris.

–          Me gusta esto!!! No pares!!!

No sabía si en alguna de sus succiones llegaría a salir algo más pero si fuera el caso no me importaba. Estaba sumamente excitada que si sucedía, lo disfrutaría mucho más. Se puse de pie y giró mi cabeza a la derecha y me besó metiendo toda su lengua. Sin ningún reproche lo acepté y acaricié su lengua con la mía. Su cara y su boca tenían el aroma de mi sucio trasero. Mientras nuestras lenguas se abrazaban, me metió dos dedos en el ano.

–          Despacio, le pedí cariñosamente.

–          Claro, linda.

Sus dedos fueron estrechando mi apretado agujero siendo acariciados por mis paredes.

–          Estás súper rica. Aprieta mis dedos, hermosa.

Sonreí y lo hice. Apreté el ano atrapando sus largos dedos. Se detuvo y me pregunto:

–          ¿más adentro?

–          …si…solo ya sabes.

–          No importa. Me enamorarías más si me

los ensucias.

No dije nada y seguí besándolo. Sus dedos habían llegado hasta donde pudieron. Al tenerlos muy adentro, los giró hacia la derecha.

–          Aaahhh!!!

–          ¿Te duele?

–          …no.

Continuó y los giró ahora hacia la izquierda. Tal parecía que me quería abrir el culo.

–          Empuja tus dedos, le pedí.

Al sentir mi clítoris un poco adolorido, dejé de frotarme.

–          Tócate los pechos.

Subí mis manos y cubrí cada seno.

–          Ahora quiero que te los exprimas.

–          Pero…

–          Tranquila, luego lo limpiamos.

–          Está bien.

Ustedes dirán que es una locura lo que pasaba. Sobre todo en un trabajo en el que podemos ser despedidos, pero la suerte que teníamos y la oportunidad que se le dio a él de que sucediera esto, es que en estos días han estado cambiando cámaras y algunas oficinas y pasillos aún no funcionan.

Hice lo que me ordenó. Una vez que mis pechos estaban tomados por mis manos, los presioné de modo que mis dedos deslizaran desde la base hacia la punta. Al hacerlo, salía un chisguete delgado color blanco cayendo sobre el espejo.

–          Que rica te sale, sigue.

Los seguí presionando. Salían largos chisguetes de ese líquido. De repente, colocó la punta de su verga en la entrada de mi culo y la empujó hasta meterla.

–          Aaahhh!!!

Gemí al sentir semejante miembro. Dios, tenía un grosor que me generaba ardor pero a la vez me agradaba.

–          Tienes el culo un poco cerrado.

–          Métela poco a poco.

–          ¿Te duele?

–          Un poco.

Sacó la punta y los centímetros que habían entrado y se agachó para escupir mi agujero. Vi que escupió su mano y la volvió a insertar. La lubricación de su saliva había mejorado la penetración.

–          Despacio, despacio, le pedí.

Aunque ya no me ardía, me dolía puesto que lo tenía en su estado normal. Siguió metiéndola sin apiadarse de mí. Dios, el grosor de su miembro me lastimaba y estaba segura que me dejaría demasiado abierta. Lo retiró dejando la punta adentro y lo hundió de un golpe.

–          Aaahhh!!! Mierda!!!

Sus brazos rodearon mi abdomen. Pegó su pecho a mí y empezó a moverse para entrar y salir de mi trasero.

–          Que rico ano!!!

–          Adrian!!

–          Dime!!

–          La tienes muy gruesa!!

–          ¿Y no te gusta así?

–          …no había sentido una así.

–          Que mal. Pero me da gusto ser el primero.

–          Mételo despacio.

Lo retiró lentamente.

–          Aaahhh!!!,

–          ¿Te gusta cuando sale?

–          Sii!! Se siente rico!!

–          ¿Si?

–          Si. Siento como si hiciera del baño!!!

–          Dios, que hermoso!!

–          Sii!! Métela y sácala como lo hiciste!!

Insertó su glande y lo llevó a mi interior. Dios, su verga rosaba mis paredes anales estrechándolas al mismo tiempo.

–          Que sabroso se abre tu agujero!!

–          Sii!! Métela toda!!!

Sin avisarme ni nada, su ritmo de cogerme aceleró rápidamente.

–          Aaahhh!!! Sii!! Cógeme!! Me gusta así!!!

–          Aaahhh!!! Que hermoso culo!!!

–          Dios!! Que rico!!!

–          ¿Quiere que te la meta toda?

–          Sii!! Sólo que… te mancharé!!! ¿No importa?

–          No importa!!! Mánchamela toda!!

–          ¿Si? ¿Seguro?

–          Siii!!!

Siguió metiendo y sacando. Mi tubo anal estaba estrecho que casi no sentía su rose.

–          Más!!! Llename el culo!!!

–          Que hermosa te escuchas!!!

La sacó lentamente y la volvió a meter sus 20 centímetros. Y digo eso porque podía estar segura que eso le medía. Dios era extremadamente rico sentir todo su miembro dentro de mí. Tener el ano dilatado me hacía disfrutarlo de maravilla.

–          Sácalo, le pedí.

Al retirarlo, pujé para liberar un ruidoso gas.

–          Que rico!!!

–          ¿Si te gustó?, le pregunté

–          Me encantó!! Sonó hermoso!!

–          Agáchate y pasa tu lengua, pedí con un tono amable y excitante.

Se agachó, abrió mi trasero y pasó su lengua lentamente sobre mi estrecho agujero.

– sigue!! Lame!! Mete tu lengua!!

Me complació en cada cosa que le pedía y sin duda lo hacía bien. Mientras él se había encargado de cogerme y de comerme el culo, mis pechos habían mojado el espejo de mi blanco líquido. Se puso de pie y metió su miembro en mi vagina.

–          Aaahhh!!! Tu vagina es increíble!!!

–          Sii!! Cogeme!!! Hazlo rápido!!!

El ritmo de su penetracion aumentó al pedírselo logrando que me generara muchísimo placer.

–          Aaahhh!!! Así!!!

–          Siéntela!! Dios!! Me vas a hacer venir!!

–          Aguanta un poco más!!! Por…favor!!!

Mis ojos se entrecerraban. Era un riquísimo placer.

–          Abrázame y métela toda!!!

Rodeó mi abdomen con sus brazos quedando completamente pegado a mi espalda, metiendo su verga con ganas.

–          Aaahhh!!! Isabel!!! Que rico!!!

–          ¿Quieres venirte?

–          Sii!!! Si quiero!!!

–          Cuando te diga…lo haces, ¿si?

–          …ajá… sii!!!

Bajé mi mano derecha a mi vagina y comencé a rascar mí clítoris con mi dedo medio. No faltaba mucho para que pudiera tener una eyaculación. Solo faltaban unos cuantos frotes. Jugué mi puntito unos minutos mientras él seguía metiendo su hermosa verga.

–          Aaahhh!!! ¿Estás…listo?

–          …siii!!! Lo estoy!!!

–          Esta bien!!!

Faltaba poco muy poco. Frotaba mi clítoris sin parar. Dios, estaba ya a punto de llegar al clímax.

–          Dios!! Aaahhh!! Aquí voy!!! Siii!!! Adrián!!!

–          Aaahhh!!! Dime!!! Dime!!!

–          Hazlo!!! Yaa!!! Termina!!! Expúlsame tu rico semen!!!

–          Aaahhh!!! ¿Si?

–          Siii!!! Vamos!!! Date prisa!!! Termina..conmigo!!

Al terminar de rogarle. Me cogió con ganas que estaba segura que estaba a punto de soltar su rica leche dentro de mí.

–          Aaahhh!!! Isabel!!! Me vengo!! Me vengo!!

–          Sii!! Vamos!! Vamos!!!

Froté desesperadamente mi clítoris.

–          Sii!! Sii!! Rayos!! Dios!!! Aaaaaahhhhh!!!!

–          Aaaaaaahhhh!!!! Que ricoooo!!!! Siiii!!! Me sale muchoo!!!

–          Sigueee!!! Siii!!! Lléname bien!!! Aaaahhhh!!!

Ambos terminamos exactamente al mismo tiempo. Mi cuerpo experimentó un escalofrío por todas partes mientras que él disfrutó de una larga y espesa eyaculación dentro de mi vagina. Sus jadeos me lo decían.

–          Eyacula todo!!!

–          Siii!!! Dios, Isabel!!!! Me haces venir súper rico!!

–          Sigue, mi amor!!! Llena bien mi concha!!

Recargó su mentón en mi hombro derecho mientras terminaba. Estaba exhausta. Así que deje caer mi cabeza sobre su hombro izquierdo mientras me recuperaba.

–          ¿Qué te pareció?, le pregunté con una voz cansada.

–          Perfecto, muy pero muy rico.

–          ¿Lo harías otra vez?

–          Pero por supuesto!!

Reí.

–          Debemos irnos, dije.

–          Espera.

Aunque había terminado, seguía metiendo y sacando lentamente ese largo miembro. Lo retiró. Se apartó de mí, recogió mi ropa y me la dio.

–          Vístete.

Ambos lo hicimos.

–          Vete tu primero, yo tardaré. Me falta enviar una información, me avisaba.

–          Esta bien.

Camino hacia mí y me besó tomándome de la cintura.

–          Gracias por esto.

–          Al contrario. Me gustó.

–          ¿Volverá a pasar?

–          Jaja tal vez…no lo sé.

–          ¿Tal vez?. Espero que no sea cierto jaja

–          Debo irme.

Salí de los baños y fui a mi oficina. Aún me faltaba pero podía llegar al otro día temprano. Tomé mi saco, mi bolsa y salí. Al llegar a casa, lo hice como siempre solo que algo tarde. Mis hijos ya estaban dormidos así que sólo llegue a bañarme y a dormir.

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