Ayudando a mi madre

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Julia y Juan son un matrimonio corriente. Ella tiene 50 años y el 60, se llevan diez años de diferencia, pero han sido felices siempre. Tienen un hijo de 19, Luis, que los quiere mucho. Lo tuvieron algo tarde por circunstancias de la vida, pero ahora todo va a tomar otro cariz. 

Desde hace un tiempo, Juan sufre de impotencia, por lo que no puede hacer el amor con su mujer. La ultima vez que lo intentó fue frustrante. Su pene no se enderezaba y aunque llegó a penetrarla, no pudo seguir con el coito. 

Su mujer empezó a desesperarse. Juan no podía hacérselo y a ella le estaba entrando vaginismo. Ya casi ni con sus dedos podía masturbarse y mucho menos introducirse un dildo. 

Decidieron ir a un sexólogo, después de descartar que su impotencia fuera algo físico. El medico era algo peculiar. Consideraba que para que Julia tuviera una dilatación suficiente de su vagina para una penetración completa, debía, aparte de excitarse convenientemente, un pene de verdad. Un pene de carne y no un consolador de goma o de otro material para que se curara de su vaginismo, aparte de para una completa satisfacción sexual y un pleno orgasmo. 

Tras mirarse los dos se quedaron pensativos mientras el medico les contemplaba.

-¿Han pensado en un amante, un amigo o un profesional?

-No. Claro que no. Yo amo a mi marido. No voy a acostarme con nadie que no sea él.

-Yo haría todo lo que fuera por satisfacer a mi mujer. Pero si no puedo y ella no quiere hacerlo con un desconocido, por supuesto lo respeto. 

-¿Tienen hijos?

-Si, ¿por?

-¿Chicos o chicas?

-Un chico. 

-¿De que edad?

-De 19 años. 

-¡Perfecto! Exclamó el medico. 

-¿Qué está pensando? 

-Su hijo es de la familia. Vamos, es como si fuera su marido. Le propongo que haga el amor con él.

-¿Esta loco? Exclamaron ambos al unisono. 

Ya se levantaban cuando el medico les detuvo. 

-Esperen por favor. No se lo tomen a mal. Su hijo la quiere ¿no? dijo mirando a Julia. 

-Si, me quiere mucho. Pero eso no tiene nada que ver. Eso es sexo y el sexo entre familia no puede ser. 

-Si usted quiere volver a disfrutar del sexo y no quiere acostarse con un extraño o un profesional, debe hacerme caso. Si su vagina acaba cerrándose, lo pasara mal. Hágalo por su bien. Probablemente su hijo sea virgen. Si lo hace con él, estará haciéndole un favor a su hijo y también a usted. Piénselo. 

Se quedaron parados y finalmente volvieron a sentarse. 

-¿Y si mi hijo no quiere?

-Muéstreselo como que está ayudándola, ya que su padre no puede. Si la quiere, seguro que acepta. 

Finalmente aceptaron ambos. Su padre estaba de acuerdo en que fuera su propio hijo el que se acostara con su mujer en lugar de un extraño. 

Antes de salir, el medico les dio una pomada. 

-Debe ponérsela su hijo alrededor del tronco del pene. Y la penetración ha de ser sin preservativo ni nada. Los primeros días deben hacerlo dos veces por semana. E ir aumentando hasta que lo hagan un día si y otro no. ¿Alguna pregunta que quieran hacerme?

Le dijeron que no. 

-¿Están de acuerdo entonces?

-Si es por su bien, dijo el marido. 

Los dos le dieron las gracias. 

Se despidieron y salieron del consultorio. Ahora debían pensar en cómo contárselo a su hijo. 

Cuando llegaron a casa, su hijo estaba comiendo en la cocina. Decidieron acompañarle y cuando terminaron se sentaron en el sofá del salón para contarle todo. 

-Hijo, debemos contarte algo. Empezó su padre. 

-¿Qué es papá?

-Hace tiempo que tu madre y yo no…no sabía cómo seguir. 

-Tu padre y yo, continuó su madre, no podemos hacer el amor.

-Ay, qué vergüenza. ¿Porqué me contáis eso?

-Porque te queremos, eres nuestro hijo y tenemos que pedirte un favor, dijo el padre.

-¿Qué favor?

-Que me hagas el amor, le dijo su madre. 

-¿Qué dices mamá? ¿Hacerte el amor? Por favor, no.

Hizo ademán de levantarse, pero su madre le sujetó por el hombro. 

-Tengo un problema. Mi vagina se cierra y tu padre sufre de impotencia. No voy a acostarme con ningún extraño, prostituto o lo que sea. Hemos acordado que seas tú, mi hijo, el que me haga el amor. Tu padre está de acuerdo. Dinos que piensas. 

-Mamá, no sé que decir. El incesto es pecado. No se puede hacer…

-Claro que si hijo. Soy tu madre y debes hacérmelo. Tu padre está de acuerdo, es como si fueras él. Eres carne de su carne. ¿Qué puede haber de malo en ello?

-No sé que pensar mamá. ¿De verdad quieres?

-Si, de verdad hijo. Quiero que lo hagamos. 

-Es que…soy virgen. 

-Eso ya lo suponíamos, dijo su padre. Te ayudaremos en todo. 

Le llevaron hasta la habitación de sus padres, donde su madre le desnudó amorosamente. Su padre se sentó en la butaca que tenían en la habitación, dispuesto a seguir todos sus pasos. 

-Tu tranquilo hijo. Yo te guiaré.

Su madre se agachó ya desnuda frente a él y comenzó a masajear su pene. No era una paja todavía, pero casi. 

-Ay mamá, qué gusto. 

-¿A que si, mi niño? Es como cuando te la meneas tú. 

Nunca pensó en oír a su madre diciendo eso, pero ahí estaba. 

-Aaah, qué gusto, mamá sigue, sigue.

Pero en cambio ella paró. No quería que se corriera todavía. 

Su glande apuntaba a la cara de su madre que le miraba amorosamente. Sacó la pomada que le había dado el medico y procedió a untarla por su tronco como le había indicado. 

Su hijo estaba empalmado al máximo y se moría de gusto al untársela. 

-Ahora debes excitarme a mi, le dijo ella. 

El chico no sabía que hacer. 

-Yo te guiaré. 

Llevó su mano hasta su coño que estaba húmedo y se masturbó con sus dedos. 

Al ver a su madre así, se excitó mucho más y unas gotas de liquido preseminal asomaron por su glande. 

-Ahora estoy lista, dijo ella. 

Se tumbó boca arriba en la cama y se abrió de piernas, dispuesta a recibir a su hijo dentro. 

-Despacio hijo, le dijo su padre desde la butaca. 

El hijo se subió a la cama y se acercó a su madre. Ella le guió con su mano hasta la entrada de su coño.

-Ahora metémela hijo. Hazlo despacio. 

Su hijo le introdujo el glande, pero ella se estremeció. No le entraba más. 

Su padre se levantó y le animó. Acarició los pechos de su mujer y tocó sus pezones. Ella estaba excitada, pero no lo suficiente. 

-Ahora hijo empuja un poco más. Más fuerte. Metésela toda. 

-Aaah, me duele. 

-Tranquila cariño, le dijo el marido. Tu empuja más.

Su hijo miró a su madre preocupado y esta asintió.

Empujó más fuerte y no solo entró el glande entero, sino casi todo el pene. 

Su madre sudaba. Su padre le limpiaba el sudor.

-Sigue hijo, sigue. La pomada debe untarse por dentro. 

El hijo obedeció. Nunca lo había hecho pero el instinto es el instinto y enseguida estaba entrando y saliendo. 

Ahora el chico estaba disfrutando un montón, estaba a punto de correrse pero no se atrevía a decirlo. Su respiración era agitada. A su madre se le caían unas lagrimas mientras su hijo se la follaba. Le dolía, pero tenía que aguantar.

-Mamá, que gusto me da, ah, ah, ah, ah. Eres tan guapa, eres tan guapa, ¿te gusta como te lo hace tu hijo?

-Si, tesoro, le dijo ella llorando. Estaba feliz aunque le doliera. 

Su padre asentía y estaba excitado también aunque no se empalmase. 

Al poco estaba al borde del orgasmo.

-Papá, me viene, ya llego, me corro, ¿qué hago?

-Córrete hijo, córrete dentro. Tu madre lo necesita. 

Siguió un poco más y finalmente se derramó dentro de ella.

-¡Aaaaaaaah! ¡Qué gusto! ¡Me corrooooooo!

Dio unos empujones más hasta que terminó de soltarlo todo.

Ya calmado después del orgasmo, se quedó dentro de su madre un momento. 

Su padre le ayudó a incorporarse después de sacarla y ayudó también a su mujer a levantarse. 

-No he llegado al orgasmo, pero ha estado muy bien. La próxima vez hijo, seguro que no me duele tanto y consigo correrme contigo. 

El chico estaba muy contento. Había perdido la virginidad y había ayudado a su madre. 

Pasaron unos días en que el chico seguía casi continuamente a su madre. La vio desnudarse, vestirse de nuevo. La miraba en la ducha, siempre con la complicidad de ella y su padre. Tenía que convertirse en un amante para ella. 

Después de una semana decidieron que tendrían el segundo encuentro. 

Su padre le animó. Le dijo cómo excitar a una mujer antes de la penetración. Cómo besarla, tocarla, hacerle de todo y finalmente, penetrarla. 

Se desnudaron ambos en la habitación de sus padres. Su padre los miraba con pasión.

Besó a su madre con pasión como si fuera su novia. Agarró sus pechos con fuerza y lamió sus pezones. Luego bajó hasta su culo y lo sobó con fuerza. Tenía celulitis pero no le importaba para nada. 

Ya excitada la tumbó en la cama y abrió sus piernas. Separó sus labios y comenzó a comerle el coño. Su padre le había dicho como le gustaba a su madre y él siguió sus indicaciones. 

Cuando estuvo lo suficientemente húmeda, se puso encima de ella mientras su padre le pasaba la pomada a su madre y esta se la untaba. 

Plenamente erecto la penetró con cuidado. Esta vez a su madre le dolió menos que la anterior. 

Esta vez ella acompañó sus embestidas moviéndose a su ritmo y agarrando el culo de su hijo mientras empujaba. 

-Ah, cariño, ah, cariño. Qué gusto, qué gusto me das. Sigue, sigue, sigueeeeeeee. 

-¿Te gusta mamá? 

-Si, por dios, sigue así, que gustooooooo. 

-¿Ya no te duele?

-Un poco pero el placer es mayor que el dolor. Ugghhh, que gustooooooo.

Su hijo siguió dandole bien fuerte. Su padre se levantó y se acercó a su mujer. La besó y le tocó las tetas mientras su hijo seguía follándosela. 

Se bajó el pantalón y se sacó la polla. Su mujer se la agarró aunque no se le empinó. Le masturbó y aunque no estaba erecto, tuvo una corrida. 

Se corrió sobre la tripa de su mujer, casi cuando su hijo llegaba al orgasmo. 

El chico siguió dándole hasta que ya no pudo más y se corrió dentro. Era maravilloso. Tenía a su madre para él pero la compartía con su padre. 

Cuando la sacó, le preguntó a su padre. 

-¿Cuando hace que no te corrías papá?

-Mucho hijo. Se me había olvidado ya que aunque no tuviera una erección podía correrme igualmente. 

-Venid aquí mis dos hombres, dijo la madre. 

Se tumbaron los dos recién corridos junto a su madre. 

-Ahora tendremos que hacerlo un día si y otro no, dijo sonriendo ella. 

-Si, mamá, ahora que sé hacerlo, quiero hacerlo todos los días.

-Solo si yo te dejo. Le sonrió su padre.  

Los tres eran felices. Otra familia incestuosa, esta vez por motivos médicos.

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