Me cogí a la mujer de mi mejor amigo

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Nunca había tenido sexo con una mujer casada. A mis treinta y cinco años mi vida sexual, se limitaba a mi primera novia a los dieciséis, tres aventuras de días y mi última ex pareja con la que estuve tres años.

Siempre he tenido una obsesión por las mujeres de pechos grandes. Profesoras del colegio; del instituto; madres de compañeros; vecinas; da igual la edad; los pechos grandes y llenos, siempre me han atraído.

Ni que decir tiene, que estando sin pareja, siempre vuela mi fantasía pensando en mujeres bien dotadas, mientras me masturbo.

En especial llevo mucho tiempo fantaseando con Paty. Ella es la mujer de mi mejor amigo, Jorge. Él y yo nos conocemos desde hace veinte años. Es un buen tipo, un bala en la veintena siempre metido con mujeres hasta que se casó. Aunque conserva siempre ese aspecto serio. Paty y él llevan dieciocho años juntos, quince de casados. Ella tiene treinta y nueve; y él, cuarenta y cinco.

Jorge y yo, nos conocimos en una fiesta, con un grupo de amigos comunes y desde entonces, mantenemos la amistad desde hace dos décadas. Desde el día que conocí a Paty me gustó y desde luego sus pechos grandes fueron mi oscuro objeto de deseo.

Paty, como el buen vino y para mi gusto, ha mejorado con los años. Ahora ya pegándole a la cuarentena tiene ese morbo de vecina de al lado a la que te follarías incansablemente.

En torno al uno sesenta y algo de estatura; morena de pelo largo y rizado; guapa de cara, de esas que tienen algo en la sonrisa, que no puedes dejar de mirar. Esta rellenita, muslos potentes y un buen culo de esos que apetece sobar hasta correrte de gusto. La cintura marcada y sí, unas tetas grandes y llenas que te hacen enloquecer.

Siempre que salimos los tres por ahí, no puedo dejar de mirar como abultan sus tetazas bajo jerséis ajustados, blusas, vestidos de verano finos y escotados, etc. Y qué decir en verano, cuando me voy con ellos a la playa. Ver a Paty en bikini me provoca un poco de agobio por Jorge, me da cosa que me descubra devorando con los ojos las tetas de su mujer. Aunque supongo que conociendo como conoce se lo imaginará.

También me agobia que ella se dé cuenta. Aunque una mujer tetona, estará acostumbrada a eso, de hecho creo que más de una vez me ha sorprendido en mis miradas. Es muy simpátican mientras que Jorge tiene esa personalidad más acida (mala hierba, nunca muere); Paty  es alegre, extrovertida pero con un punto de timidez que a veces te choca. Lo mismo suelta una burrada, que se ruboriza por una tontería sin mucha maldad.

Durante años, la mujer de mi amigo ha ocupado mis pajas. Me he imaginado chupando y amasando sus tetas enormes; devorando mi herramienta; haciendo barbaridades con sus tetas hasta caer exhausto.

Alguna vez, Jorge me comenta cosas de su vida sexual. Siempre hemos hablado de sexo con mucha soltura, de los polvos con ex y sus aventuras; y a veces, me cuenta sin entrar en muchos detalles, algún encontronazo de los suyos con Paty. Como el que se pegaron en el autocine una vez, estando en la última fila de coches. O la vez que Paty se la chupó en el parking de un café, en un momento de calentón y los descubrió el vigilante de seguridad. O aquella vez que estaban follando en un mirador y al terminar vieron a un viejo que les había estado espiando sin saberlo. Estas cosas alimentaban mis fantasías pues me imaginaba a su mujer en acción y me daba aún más morbo.

Lo que jamás pude imaginar, fue que algún día mis fantasías se harían realidad…

Lo que voy a contar sucedió estas pasadas vacaciones, Jorge, su mujer y yo; estábamos tomando algo en un bar donde solemos parar. Hablando de ir de vacaciones Jorge me propuso algo.

– Venga, Roberto; podías venirte de vacaciones con Paty y conmigo, a una escapadita de cuatro días a Cancún. Hay una buena oferta y sí que vale la pena, hace mucho que no vamos juntos de vacaciones – me dijo, Jorge.

– No sé, Jorge. Perderme cuatro días ahora… – dudaba yo.

– La última vez que fuimos juntos, fue hace tres años cuando aún estabas con tu ex, Claudia. Desde entonces, nada… ¡Vamos, hombre! – insistía, mi amigo.

– ¡Ay!, pues sería divertido – exclamó, Paty.

De pronto, la idea de volver a ver a Paty en bikini, me animó. La última vez, fue el verano anterior, un fin de semana de playa. Deseaba volver a ver aquel culo y aquellas enormes tetazas. La de pajas que me habré hecho, con fotos de Paty que tengo, en bikini.

Acordamos que sí. Tomaríamos los  días de puente vacacional en nuestros trabajos y preparamos el viaje.

Ya en Cancún, el primer día lo dedicamos a hacer turismo y salir esa noche de fiesta. Recuerdo que Paty  llevaba un vestido negro, que le marcaba el trasero y aunque no era muy escotado, sus enormes tetas se veían impresionantes. Paty  en tacones, está tremenda.

Yo dormía en la habitación contigua a Paty y Jorge. Aquella noche al llegar de madrugada, me di una ducha y al meterme en la cama, les escuché reír al lado. Durante un instante, hubo silencio. Agudicé el oído y pude sentir el crujir de la cama y suspiros. “¡vaya, están follando!”, pensé.

Durante una hora, la cama no paraba de traquetear; se oían ligeros suspiros y a veces se escuchaba algún ligero gemido de Paty; y gruñidos de Jorge.

Yo estaba al otro lado de la pared, con mi verga más dura que la roca, imaginando lo que estaba sucediendo al otro lado. Me la meneaba suavemente, concentrado en escuchar.

Pero algo extraño sucedió. Quería correrme; pero una especie de voz interior, me decía que aquel viaje me depararía algo sexual y morboso. Me dije, “espera; resérvate” . Me quedé pensativo y al final, el sueño me pudo. Me dormí fantaseando con las tetas  de Paty.

El segundo día, fuimos a la playa. Pasamos todo el día allí.

Ver quitarse el vestido playero a Paty y quedarse con un bikini negro, fue de infarto. Allí estaba; con sus muslazos, su cintura marcada, con su tripita y aquellas tetas rebosantes, que parecían reventar el sostén del bikini.

Yo no paraba de mirarla con disimulo.

Nos bañamos, comimos, charlamos de todo un poco, nos reímos y paseamos por la playa. Pero siempre, mis ojos puestos en aquellas tetazas y el culo de Paty. Solo pensaba en follarme aquel par de melones. Y hubo un momento en que la miraba sin disimulo.

Esa noche, Jorge y su mujer, volvieron a follar. Yo, en la habitación de al lado, me subía por las paredes, fantaseando con la tetona.

Al día siguiente, Jorge quiso ir a una cala solitaria que le recomendaron. Fuimos en autobús; estaba bastante lejos. Era una playa bastante reservada y  tranquila de arena fina y aguas turquesas. Hacía sol y aun así, casi no había nadie. Unas trece personas. Aun así, nos alejamos un poco, para estar solos.

Yo no paraba de mirar a Paty, absorto, mientras se bañaba. Jorge  y yo, estábamos sentados en las toallas sobre la arena, tras unas rocas que nos daban cierta intimidad.

– ¿Está jamona, eh? – dijo Jorge.

– ¿Eh? ¿Tú mujer? – pregunté sorprendido.

– Claro. Estás embobado mirando, cabrón – respondió Jorge, guiñándome un ojo.

– Bueno, pues… – dije avergonzado.

– Venga Rober, que hay confianza, coño. Si la de cosas que hemos hablado tú y yo. Que no me importa que la mires. Si con lo que te gustan las tetudas a ti, mamonazo – me dijo riendo.

– Hombre, tu mujer siempre me ha parecido guapa. Y no te voy a mentir; tiene muy buena delantera. Sus tetas son enormes como cántaros – respondí.

– Tiene unas tetas que alucinas. Tú no las has visto al aire, muchacho; si no, alucinarías más – dijo mi amigo, riendo.

– La verdad es que son imponentes, las tetas de Paty– dije animado, al ver que mi amigo se lo tomaba con gracia.

– ¡Venga, confiesa! – Exclamó Jorge– ¿Te la has Jalado pensando en Paty, alguna vez? – preguntó, riendo con malicia.

– Bueno, yo… pues… Bueno… – no sabía que responder, muerto de vergüenza.

– Va coño, que no me molesta y lo sabes. Dime… – dijo Jorge, sonriendo.

– Pues sí, Jorge. Desde que la conocí, unas cuantas. Tu mujer está muy bien. Y claro que lo he hecho – dije lanzado.

– ¿Qué te gusta de ella? Desembucha… – dijo riendo, mi amigo.

– Todo en general. Pero en especial su delantera. Tiene unas tetas que… ¡Buf! Vamos, como dos melones… – respondí riendo, al ver que Jorge me mostraba ese morboso interés suyo, con una sonrisa socarrona.

– A mí me chiflan. Llevo dieciocho años comiéndome esas tetonas y cada día me gustan más, hombre. Y no veas como se menean, cuando estamos al paso. Y sobre todo, como las mueve, cuando me hace una cubana – dijo Jorge, mientras reía morbosamente.

Mi verga empezaba a endurecerse, con aquella conversación. A lo lejos, Paty seguía bañándose.

– ¡Buf, Jorge!, qué suerte tienes de meterla entre esos globos. Yo en mi vida he tirado a una mujer tetona – dije excitado.

– ¿Quieres verle las tetas a Paty? Voy a provocarla un poco, que te las enseñe y te deje tocar – dijo mi amigo, riendo.

– ¡No jodas! Te mata… – respondí.

– Paty es tímida, pero tiene su punto lanzado, si tiene buen día. Ya verás como la provocó y lo hace. – dijo Jorge. – Mira, ahí viene… – señaló.

– ¡Porfa Jorge!, no digas nada, que me da vergüenza – exclamé con el corazón en un puño, mientras su mujer, se acercaba caminando por la arena torpemente con sus bamboleantes tetazas, hasta nosotros.

– ¿Qué hacen ahí hablando? – preguntó Paty, con su bikni amarillo y sus enormes pezones marcándose bajo el sostén.

– Pues estábamos hablando sobre que estás muy jamona y que a Roberto le encantan especialmente tus tetonas, que tienes unas tetazas enormes, cariño – dijoJorge.

Yo no sabía donde meterme. Paty sonrió sonrojada y se sentó entre su marido y yo, en la toalla de él, delante de nosotros.

– Cochinos que son, – dijo – siempre pensando en lo mismo – prosiguió, con una sonrisa.

– Qué dice Rober, que le encantan tus tetas y que alguna vez ha fantaseado con verlas. Va cari, enséñanoslas… – dijo Jorge riendo y guiñando un ojo a su mujer.

– Sí hombre, no te fastidia… Me da vergüenza. A ver, que Rober tengo confianza con él; pero no voy a sacarme las tetas aquí delante de él – dijo ella riendo y haciendo aspavientos con las manos.

– Va, mujer… ¿Tú que dices Rober? – dijo su marido.

– Hombre, yo encantado – respondí mirando a Paty, que sonreía avergonzada.

– Pero si son unas tetas… Anda que no habrás visto tetas en tu vida y por Internet… – dijo ella, ruborizada y con una pícara sonrisa.

– Como esas tuyas, no ha visto, cariño – dijo su marido.

Tras unos instantes de risas y súplicas de Jorge a su mujer y conmigo muerto de vergüenza; Paty aceptó.

– Está bien… Pero no armen escándalo, que los conozco. Y tú, – refiriéndose a mí – ni palabra a nadie, jamás – dijo ella.

Paty miró alrededor; metió una mano por el sostén del bikini y se sacó una teta y luego la otra, hasta finalmente desprenderse por completo de el 

Allí estaba Paty, arrodillada entre su marido y yo, que estábamos sentados a su lado; sonriendo nerviosa y con sus enormes pechos al aire. Las tetas de Paty eran enormes. Con una caída natural fantástica; llenas, macizas. con aquellos pezones carnosos y las grandes areolas oscuras. Ver a Jorge reír y que Paty, que jamás pensé aceptara, hacerlo aunque estuviera muerta de vergüenza; me puso a cien.

– ¿Has visto que tetas tiene mi chica? – me preguntó Jorge, con picardía.

– ¡Dios Paty! ¡Vaya ubres! – exclamé. – Tienes unos biberones enormes – dije excitado, mientras Jorge y Paty estallaban a reír.

– ¿Biberones? Lo de mi chica son ubres – dijo Jorge, mientras se ponía tras su mujer y le tocaba las tetas.

– Jorge que nos van a ver – dijo ella, preocupada.

A mí aquello me disparó la libido. Mi amigo parecía disfrutar con aquello. Y Paty, aunque muerta de vergüenza, se reía y parecía divertirse.

– ¿Puedo tocarlas? – pregunté.

– Tócalas, tócalas – dijo Jorge.

Sin esperar respuesta de Paty, me puse a su lado, de rodillas como ella y puse mis manos en sus tetonas. Su tacto, era lleno, pesado, macizo y suave. Levanté y amasé aquellas tetas enormes, mientras ella miraba alrededor.

– ¡Wow, que tetorras Paty! Son enormes. Y cómo pesan…- dije mientras amasaba su tetamen.

Jorge se tocaba el miembro por encima del bañador, mientras reía con morbo.

– ¡Que tetas, esto me pone! – dijo Jorge.

– Nos van a ver – respondió ella nerviosa, mientras yo seguía amasando con firmeza sus tetas.

– Sabes que la fantasía de Roberto, es poder metertela entre las tetas. Le he dicho que es tu especialidad – dijo Jorge, guiñándome un ojo.

– Serás guarro… – dijo su mujer, mientras yo, con la polla dura a reventar, seguía levantando y tocando las enormes tetas a Paty 

– Es la verdad. Se te da de miedo – dijo Jorge.

– ¿Enserio, Paty? – pregunté sin dejar de acariciar y levantar aquellas tetazas.

– Bueno… Se me da bastante bien – dijo Paty  guiñando un ojo y riendo sonrojada.

Entonces, cuando creía estar en un sueño, viviendo algo irreal, el morbo se desató…

Jorge se puso de pie ante su mujer y se sacó el miembro.

– ¿Le hacemos una demostración? – dijo mientras se pajeaba su polla; de un tamaño grande y grueso, como la mía, aunque ligeramente curvada. Paty se ruborizó y miró a todos lados.

– ¡Jorge, por Dios!, qué nos van a ver. ¿Qué haces? Y Roberto delante… – dijo avergonzada.

– A mí me encantaría – dije, mientras eché un vistazo alrededor.

– Vamos… Venga, póntela entre esas tetonas, cari – dijo Jorge, mientras tumbaba a Paty en la toalla.

Ella, nerviosa, decía que no. Pero Jorge ya se había puesto a horcajadas, sobre su mujer.

Mi amigo, puso su verga entre las tetas enormes de ella y Paty, avergonzada y con los ojos cerrados; junto sus tetonas alrededor de esta. La polla de Jorge ni se veía. Solo la punta.

Jorge empezó a frotarse moviendo las caderas adelante y atrás, haciendo que su miembro se deslizase entre las ubres de su mujer.

Él movía su polla frenéticamente, entre las tetas de su mujer. Yo me había sacado la polla y me la meneaba, tumbado mirando la escena; mientras Paty juntaba y separaba sus enormes tetorras, al ritmo de las embestidas de su marido, aprisionando su polla entre ellas.

Jorge  aceleró el ritmo. El vaivén era frenético.

– ¡ cariño, me corro..! ¡Aaaah, qué tetas paty..! Sigue… ¡Me corro! – gimió Jorgel.

Paty me miraba ruborizada, mientras me masturbaba. Jorge le frotaba el rabo como un poseso entre las tetazas, mientras jadeaba.

Entonces mi amigo, tras unos diez minutos o así, se puso tenso y gruñendo de placer, se corrió entre los enormes pechos de su mujer. La polla de Jorge, apretada entre las tetonas de su mujer, soltó un borbotón de semen blanco, que recorrió el cuello de Paty.

Tras unos minutos de paz; mi amigo quedó tumbado en la toalla, mientras Paty se levantó corriendo con su cuello y tetas bañadas en semen, hacia el agua.

Yo, aún empalmado; no daba crédito de lo presenciado.

– ¡Qué morbo! Nunca había estado con Paty así, delante de nadie, Rober – dijo Jorge , vistiéndose.

– ¡Buff! Tu mujer, me ha puesto super cachondo. Algo así siempre lo he fantaseado. Qué tetorras! – respondí.

Paty, llegó de lavarse en el agua. Estaba sonriente y avergonzada. Me hizo jurar mil veces, que jamás contaría aquello.

De camino al hotel, ni hablamos de ello. Fuimos a las habitaciones directo, para ducharnos y bajar a cenar al restaurante del hotel.

Mi ducha fue con agua fría. No podía quitarme la escena de aquella tarde, de la cabeza.

Durante la cena, hablamos como si nada de otras cosas. Creo, que los tres estábamos un poco cortados y no queríamos sacar el tema. Pero Jorge, que había bebido mucho con la cena, empezó a decir que lo de aquella tarde había sido fantástico y Paty avergonzada de que alguien le oyera; dijo que ya era hora de subir a dormir.

En el ascensor, mi amigo no paraba de reír y desvariar. Yo no dejaba de mirar a Paty; con aquel vestido  vaporoso, de color marrón y estampado con flores, que marcaba sus tetas y el sujetador. Sus piernas, también se veían de rodilla abajo y llevaba unos zuecos de cuña que las estilizaban. Solo pensaba en follárle las tetas… Aunque yo no estaba borracho como Jorge, si tenía ese puntillo de valor que da el alcohol. Después de ayudarla a acostar a su marido, que cayó frito en la cama; me acerqué a Paty, con el corazón a punto de estallarme. No podía aguantarme más…

– Paty… Verás… ¡Buff! Es que lo de esta tarde me ha puesto a cien – dije en voz baja. – Rober, ni una palabra a nadie… – dijo ella.

– Nunca lo diré a nadie. Pero es que estoy super excitado. Tú, ¿tú podrías hacerme lo mismo que a Jorge? – dije tartamudeando por el alcohol y en voz baja.

– ¿Qué? ¿Qué te dejé follarme las tetas? Rober… A ver… Que lo de hoy, se nos fue de las manos a Jorge y a mí. Pero que no somos de esos liberales o eso… Rober, que yo te tengo mucho cariño, pero no es buena idea – dijo, ella.

– Por favor… Llevo fantaseándolo hace mucho. No lo diré a nadie. Ni Jorge lo sabrá. No me dejes así, Paty…

Jorge roncaba en la cama y Paty me miraba con un gesto de nerviosismo, mordiéndose el labio inferior.

– Vamos… Llevo deseándolo dieciocho años. Eres mi fantasía,Paty – le dije, mientras una de mis manos tocaba sus tetas por encima del vestido.

– Ok… Pero solo eso y ni una palabra a nadie. Venga, rápido y se acabó – dijo ella.

– Vamos a mi habitación… – le dije.

– No, no. Aquí en el baño. No quiero que mi marido se despierte y vea que no estoy. Así que ojo con el ruido – dijo ella.

Yo no contesté, la imagen de sus tetas y el simple hecho de poder follármelas en ese instante era más que suficiente. Le cogí un brazo y la guié al lavabo con bastante ansiedad, sabía que Jorge podía despertarse en cualquier momento y no tenía tiempo que perder. Entramos y a la que escuché la puerta detrás de nosotros me abalancé sobre las tetas de Paty como un loco. Las apretaba la una contra la otra llenando maravillosamente el escote de su vestido estampado para descubrir que no llevaba sujetador.

  • Tranquilo Rober te vas a atragantar- dijo ella susurrándome y sonriéndome
  • Tus tetas me vuelven loco Paty- conseguí decir yo mientras le desataba la parte superior del vestido liberando aquellas maravillas.

Ella lo entendió y se sentó en un escalón que llevaba a la bañera y que quedaba a una altura cómoda para poder embestir aquellas tetazas con fuerza y empezó a liberar mí ya dura polla que rebotó como un resorte. Paty se recogió el pelo en una coleta en lo que yo aproveché para golpear aquellas maravillas con mi polla a modo de porra notando el peso y la resistencia de aquellas masas de carne.

  • ¿Te diviertes? – preguntó ella haciéndome una mueca un poco juguetona
  • Mucho, y lo que queda…- contesté yo acariciando su flequillo para cogerle suavemente por la nuca y acercarle mi duro pene a su boca.

Yo sabía que eso no era lo que habíamos acordado pero sus labios eran tan lindos que necesitaba sentir su tacto en mi capullo. Ella ofrecía una leve resistencia y me miraba fijamente con aquella mirada penetrante, notaba como estaba intentando decidir si metérsela en la boca o no.

Paty, meneándola con una mano, se la metió en la boca y apretó sus labios sobre aquella inmensa verga moviendo la cabeza adelante y atrás. Yo marcaba el ritmo de la mamada, sujetando la cabeza de Paty con ambas manos. Ella, por momentos soltaba mi rabo y se amasaba las tetas, chupándomela sin manos.

– Así, así,que zorrita eres…- decía yo sin creerme lo que estaba pasando.

Me puse las manos en las caderas y me forcé a disfrutar de la imagen, Paty engullía mi dura polla cada vez más profundamente aguantando por debajo sus imperiales tetas con sus brazos, rebosaban y se bamboleaban de un lado a otro con cada embestida.

Me sorprendía como Paty me cedía todo el control y me incitaba a dejarme ir de una forma cada vez más salvaje, a ella parecía excitarle bastante a juzgar del movimiento de sus dedos en su coño y sus gemidos de placer. Apoyé mi mano en su frente y empecé a empujar con mi cadera mi pene cada vez más adentro de su garganta, ella no dejaba de mirarme a los ojos mientras conseguía metérsela entera en la boca.

Con mi mano la mantuve ahí durante unos segundos notando las deliciosas cosquillas que su lengua me hacía en la base de mi pene y viendo como acudían unas pocas lagrimas a sus ojos causadas por estar atragantándose. Poco a poco la saqué apoyándola en su nariz mientras ella expulsaba toda la saliva causa por la penetración lubricando sus enormes tetas que empezaban a reclamar mi atención.

  • Eres una zorrita de ensueño, que suerte tiene el cabrón de Jorge poder disfrutar de ti cada día- susurré yo
  • Tú puedes disfrutar ahora, aprovéchate- contestó ella juntándose las tetas con los codos.

– ¡Dios, Paty!, son tan grandes. Me vuelven loco tus enormes tetas desde el primer día en que te vi. Paty  aprisionó mi verga entre ellas. La Agarré por los hombros y empecé a follarme sus descomunales tetas con vigor. Mis caderas embestían hacia adelante y atrás, haciendo que mis muslos golpearan sus enormes pechos; haciendo un ruido de palmeo rítmico.

Miraba hacia abajo y veía la cara de Paty  sujetando sus tetas, que enterraban mi verga; mientras yo embestía deslizándola entre ellas y sus babas inundaban el canal estrecho que formaban las descomunales ubres de la Paty. Las oleadas de placer en cada vaivén y aquel ruido rítmico al chocar contra sus tetonas; me volvían loco.

– ¡Dios Paty, qué tetas, qué ubres! ¡Qué ganas de follarte estos melones tenía! – grité excitado, aumentando el ritmo del vaivén y agarrando fuerte los hombros de Paty.

  • ¡Ay Rober, tengo miedo de que Jorge nos oiga y se despierte – dijo Paty, nerviosa.
  • No te preocupes por tu marido ahora, es mi polla la que tienes entre las tetas- dije yo viniéndome arriba- además ha bebido tanto que no se despertará en muchas horas.

Subí mi mano de su hombro a su cara y le metí mi pulgar en la boca para que me lo chupara. Ella obedeció al instante y empezó a chupar y lamer mi dedo como hacía poco había hecho con mi polla la cual no dejaba de embestir una y otra vez sus tetas. Ella se las cogía como podía intentando mantenerlas juntas para mí, yo se lo ponía bien difícil golpeando cada vez más fuerte con mi abdomen en sus tetas y haciendo correr salvajemente mi polla por el medio de aquel canal que llevaba al paraíso y que parecía no tener fin. Por más fuerte que golpeara aquellas tetas siempre absorbían el golpe y llevaban a mi pene a la gloria y a mí a la locura.

  • Eres la putita con las mejores tetas que me he follado en mi vida, lo sabías?- dije yo acercándole su boca a la mía para besarla apasionadamente-  he deseado hacer esto durante mucho tiempo y ahora pienso hacer que sea inolvidable.

El hecho de estar aprovechándome de la mujer de mi mejor amigo que tantas pajas me ha causado durante tanto tiempo, de poder hacerle lo que quisiera a aquellas inmensas tetas que tan loco me volvían… era demasiado. Además mi mejor amiga dormía justo al lado de todo aquello, él roncaba mientras yo me follaba las tetas de su mujer. De golpe paré un poco de atención en el ruido ambiente, ya no se oían los ronquidos de Jorge. ¿Y si nos estaba escuchando? La puerta parecía cerrada pero me había emocionado un poco con las embestidas y seguramente se oía perfectamente fuera del baño. Instintivamente saqué mi polla de entre las tetas de Paty la cual me miraó asustada.

–   Has oído algo Rober?- susurró

– Más bien he dejado de oír sus ronquidos- contesté yo intentando escuchar algo

Nos quedamos en silencio unos instantes que se hicieron eternos ella con sus enormes tetas sentada delante de mi, a los pocos segundos oímos los salvadores ronquidos de Jorge de nuevo. Creo que jamás me he alegrado tanto de oírlo roncar. Me inundó una euforia que me hizo abalanzarme sobre Paty, esas tetas merecían ser folladas con toda mi vida. Ella se acostó hacia atrás apoyando los codos en el escalón más alto y me dejó el control de aquellas maravillas para que yo jugara con ellas a mi antojo.

Mi emoción no pasaba, el tener esas tetas frente a mí que tantas pajas me han provocado era lo máximo para mí. Entonces viendo que ella se dejaba hacer me dispuse  a pasar mi verga por pezones jugando con ambos a la vez, me encanta hacer eso y ahora no iba a perderme el gusto. La mujer de mi mejor amigo con las tetas enormes, el hecho de que ella accediera a estar conmigo, todo eso provocaba un tremendo morbo en mí. Dejé que sus enormes tetas se desparramaran libremente mientras apoyaba mi dura polla en medio.

– Te voy a llenar tus enormes tetones de leche que es como tienen que estar. – dije yo haciendo chocar sus pechos con mi pene en medio. – Escúpeme en la polla zorra.

Ella obedeció dejando caer su saliva por todo su canalillo lubricándolo. Cogí sus tetas con mis manos abiertas desde sus axilas y las apreté lo más fuerte que pude la una contra la otra. Mi polla estaba literal y deliciosamente aplastada entre aquellas enormes masas de carne. Disfrutando del momento empecé a bombear lentamente contra sus tetas, mi polla siempre conseguía encontrar el camino por más que yo las apretara. Entré en un trance en el que solo existían aquellas tetas y mi polla notando cada centímetro de su piel en cada centímetro de mi pene. Bombeaba cada vez más y más fuerte follándome aquel estrecho, apretado y confortable camino que había entre sus tetas.

  • Fóllame las tetas cabrón- susurró Paty mirándome extasiada y ayudándome con sus manos a mantenerlas juntas- fóllamelas bien duro.

Apoyé una mano en su hombro para equilibrarme mejor e intensifiqué mis embestidas que ya eran salvajes y ruidosas. Mi dura polla violaba sus tetas con furia haciéndolas vibrar con cada golpe, sin duda era el momento. Noté que estaba cerca de correrme así que empecé a masturbarme con mi mano derecha mientras con la izquierda le introduje el pulgar en su boca para que me lo chupara. Paty no dejaba de gemir indicándome que tampoco se acordaba que su marido estaba al otro lado de la puerta, con sus tetas juntas gracias a sus brazos, me pedía con la mirada que le llenara de leche y eso estaba dispuesto a hacer. El primer chorro salió descontrolado hacia su barbilla y quedó colgando hasta su cuello, el segundo más abundante le dejó un rastro de semen desde su pezón izquierdo hasta la parte alta de su teta derecha, el tercero le inundó el pezón derecho dejándolo blanco, el resto cayó por ese increíble canalillo. Sus tetas brillaban a la luz del lavabo mientras yo apuraba hasta la última gota de mi homenaje hacia ellas y me deleitaba con ver como Paty miraba sus pechos, parecía estar orgullosa y excitada a la vez como si estuviera viendo un trofeo. En ese momento pensé en la maldita suerte que tenía jorge por ser su marido.

  • Vaya Robert pero mira cómo me has dejado, creo que por fin has dado por cumplida tu fantasía.
  • Créeme Paty que con unas tetas como las tuyas nadie queda satisfecho, me has dado un gran regalo pero para mí esto es apenas el principio.
  • Vamos Rober por hoy ha sido más que suficiente vete ya antes de que Jorge se despierte y arme un alboroto, la verdad ya hemos abusado mucho de su pesado sueño. 

Deje a Paty dándose un ducha y  aproveche a salir muy discretamente de la habitación, sentí mucha adrenalina al momento de pasar por en medio de  la recamara hasta la puerta., me sentía feliz y satisfecho pero a la vez tenía un gran remordimiento por lo ocurrido con la mujer de mi amigo , al llegar a mi habitación no podía dejar de pensar en lo ocurrido , las tetas de Paty seguían dando vuelta en mi cabeza , recordaba su textura , su peso y esa inolvidable  sensación de tener mi verga en medio de esos melones, me había dado el gusto pero para mí no había sido suficiente y algo dentro de mí me decía que para Paty tampoco, con esa idea me quede completamente dormido.

A la mañana siguiente me despertaron los toques en la puerta, era Jorge, abrí la puerta un poco temeroso después de lo ocurrido, no sabía que pensar, presentía que podríamos ser descubiertos, pero no era así.

  • Buenos días Rober, has tardado en abrir acaso seguiste la fiesta solo?
  • Para nada es  que después de lo ajetreado de ayer he caído rendido 
  • Espero que aun tengas pila querido amigo porque hoy nos espera otro gran día.
  • Así? Me lo puedo imaginar ¿qué planes tienen  Paty y tú para hoy? 
  • Bajemos a la cafetería a desayunar que Paty nos espera, allí te lo explicaremos.

Bajamos en el ascensor recordando cuanto habíamos bebido el día anterior pero yo no podía dejar de pensar en Paty. Me costaba entender lo que había pasado pero sobre todo me excitaba mucho el volver a verla, podía ser una situación un poco incómoda pero sin duda estaba deseando llegar a la cafetería. Y al hacerlo en seguida la localicé unas mesas más allá, estaba sentada de espaldas con un vestido amarillo pálido y con el pelo recogido en una coleta. Al acercarme a ella pude ver que ese vestido era profundamente escotado y desde aquella posición elevada me permitió volver a disfrutar de la imagen de aquellas tetas que tanto placer me habían dado la noche anterior. No pude evitar recordar los mejores momentos cosa que hizo reaccionar a mi polla debajo de mis pantalones y teniendo en cuenta que estaba sentado al lado de su marido era una situación realmente tensa.

  • ¡Buenos días!- le dije a Paty intentando aparentar normalidad- ¿has dormido bien?
  • Me costó coger el sueño por todas las emociones que vivimos ayer. – contestó ella con un poco de vergüenza en la mirada.
  • Pues hoy subimos la apuesta- interrumpió Jorge- ya he alquilado una barca para pasar el día en el mar. ¿Qué me dices Rober, te apuntas? – 
  • ¡Claro! Suena bien- dije yo intentando aparentar algo de entusiasmo

En aquel momento me sentí muy culpable, apreciaba mucho a Jorge que me estaba tratando como a un miembro de su familia y yo a cambio le estaba traicionando, pero aquello no era lo que más culpable me hacía sentir. El verdadero problema es que aquello me ponía aún más cachondo, no podía dejar de pensar en las tetas de Paty, incluso mientras Jorge me hablaba yo me imaginaba como sería follármelas allí mismo en aquel lugar público y mi polla no dejaba de hacerme estar incómodo en cualquier postura en la que estuviera. 

  • ¡Estupendo! – exclamó Jorge dándome una palmada en el hombro- pues voy a buscar las llaves a la agencia mientras tu acabas de desayunar, come bien que tienes que coger fuerzas- me dijo mientras se despedía de Paty y se marchaba.. 
  • Vaya se ve que Jorge tiene todo  muy bien planeado, el sí que sabe disfrutar las vacaciones.
  • Y acaso nosotros no las estamos disfrutando también? Obviamente a nuestra manera. dijo Paty con una sonrisa picara 
  • Paty lo de anoche fue increíble, es lo mejor que me ha pasado en años.
  • Y por lo que veo aun no quedas del todo satisfecho- dijo ella refiriéndose al bulto que intentaba contener en mi pantalón.
  • Te lo repito Paty, con esas tetas es muy difícil quedar satisfecho, mas con ese escote que me ha puesto muy cachondo de nuevo.
  • Entonces algo habrá que hacer para aliviarlo.- contestó ella juntando sus brazos y haciendo que aquellas enormes tetas se apretaran la una contra la otra
  • Es que me las follaría ahora mismo- dije yo hipnotizado con aquella imagen
  • Pues Jorge me acaba de enviar un mensaje diciendo que aún tardará un rato en volver porque el barco aún no está disponible- me dijo ella enseñándome el móvil.
  • Pues vamos- dije yo levantándome como en trance y alejándome de la mesa.

Paty me siguió hasta el ascensor que nos esperaba para llevarnos a la privacidad de las habitaciones, no sabía cuanto tiempo tenía por lo que tenía que aprovechar cada segundo. Entramos al ascensor en el que estábamos solos, yo sin decir nada acorralé a Paty contra el espejo y la besé mientras mis manos estrujaban sus tetas tan apasionadamente que se salieron del vestido. Por su parte las manos de Paty me apretaban el paquete.

  • Parece que esta polla quiere volver a estar entre mis tetas- susurró Paty- ¿No es así?
  • Esta polla las quiere violar hasta dejártelas llenas de leche… otra vez- contesté yo sin dejar de manosearlas.

El pitido del ascensor parándose nos distrajo, Paty se volvió a guardar las tetas como pudo mientras yo intentaba volver a la normalidad. Una pareja mayor entró al habitáculo saludando educadamente y colocándose de espaldas a nosotros. Yo no dejaba de mirarle las tetas a Paty, planeaba cada paso que iba a dar en cuanto llegáramos a la habitación. Ella pareció notar mi ansiedad por lo que alargó su mano y la introdujo dentro de mi pantalón palpando y masajeando mi polla por debajo de los calzoncillos sin que aquellos desconocidos lo vieran.

  • Paty necesito tus tetas ya , no puedo controlarme contigo- susurré
  • Puedo notarlo, pero recuerda que tenemos poco tiempo y hay que aprovecharlo.

Salimos casi corriendo del ascensor y llegamos rápidamente a la habitación. Ella logro liberar mi miembro por demás erecto debido a la emoción del momento y comenzó a masturbarme desesperadamente mientras que yo sacaba de su prisión a sus majestosas tetas que minutos antes había tenido en el ascensor. Me perdí en ellas, comencé a chuparlas con ansiedad desmedida a la vez que las amasaba como si de pan se trataran, me volvía loco tener y poder hacer lo que quisiera con aquel regalo de la naturaleza. La llevé hasta la cama y le pedí que se recostara boca arriba, creo que en mi mirada podía ver lo que buscaba me acabé de poner encima de ella con una pierna a cada lado de su cuerpo y, cogiendo mi polla con una mano y su cabeza con la otra, le llené la boca con mi miembro. Lenta pero inexorablemente sus labios tocaron mi abdomen mientras no dejábamos de mirarnos a los ojos.

– Así me gusta que me lubriques bien el pene, buena putita- le dije yo sacando muy lentamente mi pene de su garganta

Ella me ofreció sus tetas sin reservas, las cuales se desparramaron rogándome que las chupara. Me abalancé sobre ella y cogiendo una de sus tetas con las dos manos las estrujé bien fuerte metiéndome su duro y grande pezón en la boca. El tacto de aquellas maravillas me volvía loco, notaba su peso balancearse entre mis manos agitando su pezón en mi boca. Ella reía y gemía juguetona mientras con sus manos me acariciaba el pelo.

– Mis tetas tienen muchas ganas de ti, quieren que juegues con ellas como tú quieras.- dijo ella de una forma muy tierna

Yo no contesté, sencillamente me puse de pie e hice que ella hiciera lo mismo, la rodee y desde atrás empecé a cogerle las tetas, las apretaba y se las subía para dejarlas caer y notar como botaban. Ella seguía acariciando mi pelo con los brazos hacia atrás mientras yo le besaba el cuello. Su duro y redondo culo se rozaba y apretaba contra mi polla poniéndome a mil.

Le dije que se sentara en el borde de la cama, sus tetas colgaban imperiales delante de mi polla que ya relucía en todo su esplendor. Me la cogí y las golpee como si fuera una porra, temblaban con cada golpe mientras yo notaba su calor y sus delicioso y blando tacto en mi capullo. Lo rocé con su pezón derecho haciendo que temblara toda la teta para luego hincarlo hacia dentro mientras con mi otra mano cogí por debajo su otra teta y las hacía chocar.

Ella a la que pudo me cogió el miembro y se metió el glande en la boca acariciándolo frenéticamente con su lengua. Suavemente le quité la mano de mi pene y le cogí cariñosamente por la nuca empujando suavemente mi polla cada vez más adentro de su boca. La imagen era brutal, yo de pie y ella sentada en la cama cogiéndose las tetazas con los brazos, mi grande polla deformando su preciosa boca cada vez que entraba en su garganta y sus ojos mirándome fijamente pidiéndome más sin dejar de gemir. Mis manos acariciaban su pelo y acompañaban mis embestidas. Sus gemidos se oían cada vez más atragantados y de vez en cuando necesitaba que se la sacara de la garganta para poder respirar y escupir las babas, yo aprovechaba aquello para frotar mi glande por su nariz respingona y por sus suaves mejillas. A la que se reponía ella misma volvía a abrir la boca ofreciéndomela para que se la hincara bien dentro cosa que yo hacía sin dudar cada vez más fuerte.

– ¿Te gusta mi polla, zorrita?

– Sigue rober, sigue- me dijo ella cogiéndome de las nalgas y clavándose una vez más mi polla contra su garganta- me encanta atragantarme con tu polla.

Dicho eso perdí el control, le volví a coger fuerte por el pelo estirando para tras su linda cabeza y restregué todo lo largo de mi polla por la comisura de sus labios, por todas sus mejillas y por su preciosa nariz y volví a metérsela hasta bien el fondo haciendo que sus ojos lloraran ligeramente, se la saqué lentamente deformando su mejilla en el camino y una vez más volví a empujar su cabeza contra mi abdomen clavando mi durísima polla en su garganta, me estaba follando su boca literalmente, su saliva caía de su boca debido a mi penetración y lubricaba sus tetazas haciéndolas aún más apetecibles. Le cogí la cabeza con las dos manos y suave pero firmemente  empecé a bombear su boca contra mis huevos, mi polla salía y entraba de su garganta cada vez más rápido, ella me miraba con ojos de lujuria.

Pasados unos instantes sus tetas eran demasiado irresistibles, lentamente saque mi polla de su garganta recreándome en sus labios de cereza y agachándome un poco restregué mi glande con su pezón izquierdo el cual estaba ligeramente por debajo del derecho que se encontraba justo al lado, dos tetas grandiosamente perfectas, redondas y bien lubricadas se plantaban ante mi esperando a que me las follase.

Introduje mi durísima polla por debajo de su teta derecha y la hice botar aplastándola deliciosamente por el peso de aquella maravilla. Con una mano cogí su otro pecho colocándolo de forma que mi pene se restregara por debajo de la teta derecha y entrara en aquel canalillo inmenso desde abajo aplastándose contra la izquierda, con mi otra mano le metí dos dedos en aquella boquita que también me lo había hecho pasar, me los chupaba y lamía como había hecho antes con mi polla. Ella gemía cada vez que mi miembro acababa su recorrida embistiendo aquél enorme par de tetas produciendo un sonido duro y seco.

Para ser sincero me falta polla para tanto pecho, estaba disfrutando como nunca, sus tetas eran deliciosamente enormes y por más que las apretara entre ellas mi polla siempre conseguía hacerse un delicioso espacio en medio llevándome al éxtasis.

– Como me lo estás haciendo pasar.- dije yo riéndome

– Hoy te estás aprovechando un poquito de mi eh- me dijo guiñándome un ojo

– ¿Te he dicho ya que tienes las tetas más grandes que me he follado jamás?- dije yo mientras cogía aquel par de monumentos colgantes y metía mi polla en medio.

Apreté sus tetas la una contra la otra aplanándolas con mi polla en medio, intentaba conseguir que mi capullo saliera por arriba pero era imposible, por el contrario salía a medio camino por la zona de los pezones que se aplastaban el uno contra el otro moviéndose al son de mi glande.

– ¿Te gustan mis pezones Rober, te gusta follártelos?- me preguntó con auténtica cara de deseo.

-¡Me gusta tanto que me voy a correr!- dije yo apurado

No me dijo nada, se levantó y se apoyó boca arriba sobre la camaarriba apoyando su cabeza en la almoahada. Era una postura perfecta ya que yo me podía poner encima de una forma muy cómoda.

– Mis tetas echan de menos tu leche- dijo ella mirándome con esa mirada que tan loco me ponía.

Me abalancé sin dudarlo y subiéndome encima de ella metí mi polla en medio de aquellas tetazas aplastándolas contra su cara, la punta de mi nabo estaba a la altura de su boca y rozaba con sus labios cada vez que yo empujaba mi polla contra sus tetas. Ella levantó sus brazos y los apoyó por detrás de su cabeza. Yo cogía aquellas maravillas con mis manos moviéndolas a mi voluntad y apretándolas bien fuerte la una contra la otra aguantando la fuerza de mis propias embestidas. Estaba cerca de correrme, solté un poco sus tetas haciendo que aflojara la presión contra mi polla que de repente emergió de entre aquellas masas moviéndose al vaivén de mis manos, ella sacó la lengua y como intuyendo lo que estaba a punto de decirle me dijo

– Córrete donde quieras- me guiñó el ojo y empezó a gemir pícaramente.

Yo me volví loco y sin sacar mi polla de su canalillo (donde mejor iba a estar) continué bombeando haciendo que mi glande se restregara en su nariz.

Dejé de bombear y hice temblar sus tetas de lado a lado.

Noté el semen recorrer mi glande.

El primer chorro cubrió su nariz y su mejilla izquierda, el segundo le cayó en su ojo derecho y colgó de su oreja, el resto lo desparramé por sus labios mientras ella lamía lo que salía de mi capullo.

  • Oh Paty solo tú eres capaz de dejarme tan seco sin ni siquiera tocarte el coño.- dije yo extasiado
  • Me encanta como eres capaz de satisfacerte sin follar, ya sabes que mi coñito está reservado para mi marido pero el resto de mi cuerpo es tuyo para que lo utilices como quieras.- contestó ella

Me tumbé en la cama extasiado disfrutando del momento totalmente ajeno a la realidad. Paty se incorporó y empezó a tocarse las tetas sin limpiarse la cara de mi corrida. Era un absoluto ángel. 

Un ruido rompió mi estado zen, era un ruido que no debía sonar, demasiado tarde descubrí que era la puerta de la habitación abriéndose. Jorge entró y nos pilló con las manos en la masa.

Evidentemente cogí un vuelo de vuelta a casa aquel mismo día, después de una dura discusión con el que había sido uno de mis mejores amigos. Estaba destrozado porque sentía que había roto dos relaciones y que había perdido una amistad verdadera.

Días después mantuve alguna conversación con Paty por email, ellos siguieron juntos pero Rober seguía destrozado. Algún día recordamos aquellos dos encuentros que tuvimos que a día de hoy aún me la ponen bien dura. Un día dejé de contestar los mensajes a Paty, sin ningún motivo porque ella siempre había sido amable conmigo. La culpabilidad me pudo y me escondí en el anonimato durante un tiempo. Tanto que perdí la cuenta de correo electrónico por la que hablaba con Paty. Ahora me arrepiento de haber desaparecido y no me queda más que esperar que Paty lea esto. Si lo haces y aún quieres saber de mi ponte en contacto conmigo en javier.relatos@outlook.es .

Sígueme en instagram: @babykarelvis

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