En el asiento de atrás del coche

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Al final salimos solos, mi pareja no quería salir puesto que trabajaba al día siguiente y la suya estaba de viaje por lo que me animó a salir un rato. Fuimos a tomar unas copas y hablamos de nuestros trabajos y nuestras parejas. Ella no estaba pasando por su mejor momento, su novio la tenía totalmente abandonada, pasaba de ella a la primera de cambio y como consecuencia ella ya estaba cansada de él. Por mi parte, la rutina y el no hacer nada diferente sentía estar atrapado. 

Tras unas copas, me acercó a casa en su coche. Había sido una noche increíble para ambos, tanto fue así que casi olvidamos a nuestras parejas en muchos momentos. Me dejó en la puerta y al ver a un vecino acercase al portal le dije que espera un segundo, no quería tener que tener la típica conversación de ascensor a las 4 de la mañana.

Empezamos a hablar dentro del coche y sin querer puse la mano encima de su pierna. Ella puso la suya encima. Cuando nos dimos cuenta nos miramos. Nos debatíamos si quitarlas o no pero estábamos muy cómodos así que voltee la mano y le cogí su mano. Me la cogió y al rato la soltó… la miré y mire mi mano.

–          Vamos, sabes que quieres cogerme la mano.

Se rio y volvió a cogerme la mano. Le dije de ir a una zona más tranquila ya que aun estaba con el motor en marcha y así poder seguir hablando dentro del coche. Al principio dudó pero luego accedió.

–          Bueno vale. Pero me indicas y luego me sacas de donde me lleves que yo por este barrio estoy muy perdida. Me dijo.

Le indiqué las fáciles direcciones para ponernos cerca de mi casa y justamente encontramos un hueco libre en una pequeña explanada que la gente utilizaba como aparcamiento. Había luz y nadie que pasara por esa solitaria calle por la que pocos coches pasan de día y menos aún de noche. Aparcó y apagó el coche. En aquel sitio más tranquilo y oculto nos empezamos a sincerar. Nos cogimos de la mano y luego la abrace. La incomodidad de los asientos delanteros hizo que durara menos de lo que ambos deseáramos y continuamos hablando.

–          ¿No crees que esto es raro?

–          Si… nunca me había pasado algo así…

Sentía calor. Iba con el abrigo y tenía que quitármelo. Quitarse el abrigo en un coche, en el asiento delantero, es bastante complicado y más para una persona tan torpe como yo. Al ver que no podía le dije:

–          No me mires….- sentía vergüenza, pero era divertido.

Ella me miro, sonrió, y me ayudó. Esa maldita sonrisa me caló hondo. Me llegó hasta el corazón. Era una sonrisa sincera, de esas que dices… madre mía, me estoy enamorando. Ese momento tenía que explotar y no sabía por dónde. No sabía que estaba pasando en ese momento. Ella me atraía. ¿Y yo a ella? A la mierda…

–          Oye… ¿yo te gusto?

–          Eh… ¿y yo a ti?- dijo rápidamente. Se notó que fue una contra pregunta para no responderme, pero en sus ojos vi como una mirada de miedo a haber descubierto algo. Algo que no quería saber ni ella misma.

Mire hacia delante. Sereno. Dudoso. Temeroso. La mire y sonreí.

–          ¿Qué se supone que debemos de hacer ahora? ¿Olvidarnos de esto o mandarlo todo al garete y estar juntos?

–          ¿Qué dices? no seas tonto… aunque mi relación sea una mierda no puedes tirar 8 años de relación a la basura…

Creo que sabía lo que estaba pensando. Yo también estaba pensando en hacer aquello que se suele hacer en los asientos traseros de un coche, en una calle poco transitada y por la noche. Le propuse pasarnos a los asientos traseros de su coche a estar más cómodos e intentar salir del problema. Al preguntárselo me contestó que no… ese no eran de los que “no quiero ir allí porque si no pasará lo que no tiene que pasar” y yo también lo sabía. Pensé en mi pareja. Es verdad que tenía una relación estable pero también que estos últimos meses no habían sido los mejores. Es solo una etapa me decía a mí mismo.

Nos pasamos al asiento trasero de su coche y nos abrazamos. También nos dimos algún que otro beso en la mejilla y eran… Diferentes… sus besos eran tan suaves que trasmitían un sentimiento profundo y sincero. Uno de los besos que le iba a dar en la mejilla se escapo y bese su cuello. Que suave. Ese error no podía volver a ocurrir. Normal que nos sintiéramos tan mal no haciendo nada malo. Nada malo entre comillas. Le hablaba y ella no me quería mirar.

–          Es que si te miro… no… no quiero.

–          Creo que para ti es más duro dar besos que para mi.- le dije mientras besé su mejilla.

Apoyó su cabeza contra la mía y le besé la cabeza. Su olor me volvía loco. La volví a besar en la mejilla mientras ella disfrutaba al recibirlo. Y entonces es cuando todo se enredó. Seguí bajando y le besé el cuello. Un beso fugaz que hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo. Volví a besarla para provocarla. Ella cerró los ojos y apoyo su cabeza contra su hombro contrario para poderla besar mejor mientras que colocaba una mano sobre mi pierna. Me estaba poniendo bastante cachondo y ella lo notó. El vaquero que llevaba empezó a tirar por lo que pudo descubrirlo fácilmente. Pasé de los besos a los mordiscos mientras ella subía la mano hasta mi entrepierna. Mientras devoraba su cuello mis manos se posaron sobre sus muslos desnudos.  No podría decir si fue suerte o que otra razón para que aquella fría noche  llevara falda. Una falda corta de pana color carmesí.

Recorrí su pierna con mi mano hasta llegar por debajo de su falda. Noté su tanga. Estaba húmedo. Cuando empecé a acariciarla se mordió el labio inferior… con mis dedos empecé a recorrer su sexo, a buscar su vagina con mi dedo índice. Ella puso su mano encima de mi paquete y empezó a acariciarme. Metí mi mano por debajo de su tanga y me apliqué con su clítoris… con mis dedos hacia dibujos sobre él, círculos, lo presionaba… empezaba a gemir mientras se mordía el labio. No quería gritar. Me desabrochó el pantalón, me la sacó del pantalón y empezó a pajearme. Me miró a los ojos, y luego a los labios. Me besó. Continúe con el juego de dedos, aumentando la velocidad y buscando aquellos movimientos que hacían que se mordiera con más fuerza el labio y gimiera. Se apoyó contra mí y entre susurros y sollozos ahogados me dijo que estaba a punto de correrse.

–          Correte.

Me miró y con la mirada asintió. Se corrió gimiendo sobre mí para evitar que se le oyera demasiado. Me apartó la mano y se puso sobre mi polla… seguía masturbándome y empezó a lamerme lentamente el glande. Aumentó la velocidad. Escupió y se la comió entera. Su mano bajaba y subía, al igual que su boca. Estaba en el séptimo cielo, con sus firmes movimientos de la mano y su destreza con la lengua me correría en breves… quería que ella también disfrutara así que busque de nuevo su tanga y se lo bajé. Estaba tan mojada que entraron perfectamente dos de mis dedos y gimió con mi polla dentro de su boca. Seguía su mismo ritmo. Nos mirábamos, había fuego en nuestras mirada, deseo, sexo…

–          Me voy a correr. -Le dije.

Dudo en un momento. Pero se puso encima.

–          Métemela.

Se quito el tanga del todo, dejándose la falda puesta. Cogí mi pene y ella se colocó encima. Entró sin problemas, entera. Hasta el fondo. Su calor interior y sus fluidos fueron gloria para mí.  La cogí del cuello por la nuca y le eché la cabeza hacia atrás. Le empecé a comer el cuello, seguí bajando hasta llegar cuello de su camisa que lentamente, previo paso de mis besos y le lengua, fui desabrochando hasta llegar a su pecho mientras su respiración se agitaba cada vez mas. Desabroche el sujetador y pude apreciar sus pequeños pechos, redondos y con sus pezones erectos. Se los comí. Ella aumentaba el ritmo. Me iba a correr ya. No podía contenerme más con esos movimientos que hacía. Subía y bajaba, se movía en círculos… iba a explotar por la excitación del momento, la situación, y ella.

–          Ahora sí que me voy a correr. –le dije

–          Córrete dentro, tomo la píldora. Quiero sentir tu semen dentro de mí.

Y así hice. Me corrí dentro, explotando y soltado un gemido que pocas veces una corrida me había provocado. Al mismo tiempo, ella se contrajo y gimió, supe que se había corrido a la vez. Nos miramos y nos besamos. Tras componernos de nuevo, vestirnos y descansar un par de minutos abrazados nos pusimos de camino a mi casa de nuevo. No mencionamos nada en el trayecto. Al despedirme no supe cómo hacerlo… pero le planté un beso en la boca y ella lo aceptó continuando el beso. Vi marchar su coche. Hacía años que no follaba de esa manera y no sabía cómo pero tenía que volver a repetirlo.

Continuará

Un comentario sobre “En el asiento de atrás del coche

  • el noviembre 16, 2019 a las 8:18 am
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    Puufff que rico es imaginar este tipo de aventuras, y mas cuando busco algo para leer antes de dormir

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