Fui a un concurso Erótico y termine follada y con la boca llena de leche

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Mi marido y yo vamos de camino a un local que le han recomendado unos amigos, para tomarnos una copa y luego rematarlo en casa en total intimidad..

•    Me encanta como te queda ese vestido, cariño. – me comenta Paco que camina a mi lado orgulloso en primer lugar de mis piernas que se muestran más largas con unos largos taconazos y sobre todo mi escote.

•    Pues es del año pasado. Creo que se me ha quedado pequeño. – le contesto mimosa estirando ese vestido floreado, que se me ha quedado realmente muy ajustado y corto.

•    Te queda espectacular, Jessica, porque muestra lo mejor de tí. Especialmente tus curvas, tus interminables piernas y esas impresionantes tetas.

•    ¡Cochino! – le digo con una sonrisa.

•    ¡Me las comería ahora mismo!- añade relamiéndose.

•    Siempre te han encantado mis tetas.

•    Claro, son preciosas.

•    Bueno, algo caídas. – le comento sujetándolas disimuladamente por los costados

•    ¿Qué dices, Jessica? ¡Para nada! – responde serio.

•    Bueno cariño, tú me ves con buenos ojos, pero ya he pasado he pasado los treinta y no comprenderás que las tenga como cuando me conociste hace quince años.

•    Ni que fueras mayor.

•    Pues yo me las noto caídas, al tener tanto pecho…

•    Pues sabes que no opino igual, Jessi, es más, creo que muchas jovencitas soñarían por tener unas tetas así… bueno y ese culito, ese cara y esa forma de follar. Sigues siendo la misma de cuando te conocí.

•    ¿En serio?

•    Parece que fue ayer, cuando me conquistaste con esos ojos y esas tetas. Ahora sigues siendo un pibón y lo sabes.

No niego que me cuido, estoy en forma y he sido agraciada con un buen físico, aunque también intento sacar mi parte más seductora, claro.

•    Te veo lanzado, Paco. – le digo sonriente, pero no puedo evitar sentirme halagada y excitada al mismo tiempo.

•    Y tú cachonda… ¿a qué sí?

Paco me conoce bien y sabe que me excito facilmente. Además siempre he sido muy fogosa, mucho más que él, a quién también le gusta el sexo, claro, pero es menos activo que yo, de hecho a mí me gustaría que lo practicáramos más a menudo.

•    ¿Y qué me vas a hacer cuando volvamos a casa los dos solitos? – le digo mientras juego con mi escote intentando colocar mis pechos que parece que van a salirse en cualquier momento.

•    Pues no sé… ¿qué te apetecería?

•    Para empezar: Un polvo salvaje en la cocina…  – le respondo relamiéndome e imaginando la escena.

•    Como te ha puesto eso siempre.

•    Claro y hace mucho que no estamos los dos solos. ¿Te apetece?

•    ¡Dalo por hecho!

Cuando llegamos al local en cuestión, el ambiente me resulta extraño, pero entonces, al entrar, me doy cuenta de que se trata de una especie de sala de espectáculos eróticos.

•    Pero, ¿dónde me has traído? – le pregunto a mi marido, cuando veo que en todas las paredes hay cuadros con posturas del kamasutra.

•    Bueno, es un sitio al que siempre he querido venir. Creo que nos gustará.

Miro a mi alrededor, observando el curioso local con su libidinosa decoración y al resto de clientes, la mayor parte parejas, pero también alguna que otra despedida de soltera y soltero respectivamente. Este sitio está cargado de erotismo por los cuatro costados, no cabe duda, rematado en el escenario donde se desarrollan espectáculos calientes. Es una especie de discoteca o algo parecido, con un escenario central redondo y mesas alrededor.

Una amable camarera con impresionantes curvas y un ceñido mono de color azul celeste que asemeja al de una policía sexy, nos lleva hasta las primeras mesas que hay junto al escenario. Arriba, una rubia con las tetas al aire se está despojando de unas mallas y mostrando un pequeño tanga, para delirio de todo el personal, incluída la mesa de unos siete u ocho chicos jóvenes que aplauden y vociferan a la chica comiéndosela con la mirada.

Al sentarnos, me doy cuenta de que uno de esos chicos del grupito no me quita ojo. Noto que observa mis piernas y luego mi escote, pero me hago la desentendida, aunque en realidad esa mirada me ha hecho calentarme un poco más de lo que ya venía.

•    ¿Qué hacemos aquí, Paco? … ¡lo tenías todo bien preparado! – le comento cuando veo que hay un cartel de reservado sobre nuestra mesa.

•    ¿No te gusta la sorpresa, cariño? Verás que lo pasamos genial.

•    Tú lo que quieres es ver carne fresca. – le digo señalando a la joven rubia que se contonea lascivamente sobre el escenario.

•    No lo niego, pero me siguen gustando más tus tetas. – añade halagándome

•    Lo dices para contentarme.

•    No. te lo juro. La rubia no tiene nada que hacer contra las tuyas. Y no soy el único que lo debe pensar.

•    ¿A qué te refieres? – le pregunto sin entender.

•    ¿No te fijaste en los chicos de dos mesas más allá?

Noto como un intenso calor sube por mis mejillas, pues sé que se refiere al grupo de chicos que me desnudaron con la mirada, especialmente uno de ellos, el más descarado que no me quita la vista de encima.

•    No te ruborices que todavía te pones más guapa. – añade Paco.

•    No sé de quién hablas. – le respondo haciéndome la loca.

•    Pues hay un grupito de jóvenes, seguramente una despedida de soltero. Están justo ahí. – añade señalando con su mirada.

Miro hacia la mesa en cuestión como si no fuera conmigo la cosa, pero les observo de reojo y confirmo esas miradas descaradas hacia mis piernas que al estar sentada muestran gran parte de mis muslos.

•    Son imaginaciones tuyas, Paco. – le digo a mi esposo como si no fuera cierto lo que él me está comentado y al tiempo estiro la tela de mi vestido con poco éxito.

•    Te aseguro que no, preciosa. En cuanto entraste todos se quedaron mirando ese cuerpazo tuyo, principalmente tus piernas y después ese escote.

•    ¡Qué exagerado!

•    Te digo que no. Estos sueñan contigo hoy, les gustan los pibones como tú.

•    ¡Calla, bobo!

•    ¿Por qué? Es la verdad. ¡Qué imaginen lo que hay debajo de esa envoltura! – añade mi marido orgulloso de mí una vez más.

•    Con todo esto me pongo nerviosa, Paco.

•    ¿Por el sitio o por lo que te digo?

•    Por ambas cosas.

•    Pues te imagino ahí subida en el escenario y las caras de los chicos alucinando contigo y soñando con tus tetas.

•    ¿Y no te molestaría verme ahí subida? Seguro que te morirías de celos. – le comento riendo.

•    Bueno, soñar es gratis y es solo un sueño, por eso que solo lo imagino.  

De reojo vuelvo  a mirar al grupo de chicos y es cierto que no dejan de mirarme, no se puede negar, ni tampoco que hablen entre ellos y rian, pensando en cualquier guarrería sobre mí. Lo curioso es que eso, lejos de molestarme, me excita aún más.

El show sobre el escenario ayuda a calentar más el ambiente, aunque, la verdad, entre el vino de la comida, la copa, este lugar, las miradas de esos jóvenes y las propias palabras de mi esposo, me he puesto más que encendida.

•    ¿Qué tal si nos acabamos la copa y nos vamos a casa a estar solos tu y yo por fin? – le pregunto a Paco queriendo apagar el calor que me está invadiendo desde hace rato.

•    Espera, que ahora viene el número fuerte. – me dice.

En ese momento se apagan el resto de luces y un potente foco ilumina el centro del escenario. Tras pedir otras copas, Paco me muerde ligeramente en el cuello y nos disponemos a ver la actuación.

Una chica vestida con una gabardina y unas botas altas, baila por todo el escenario con movimientos sexys y junto a ella dos hombres jóvenes, ambos muy fuertes con unos cuerpos espectaculares, le acompañan en la danza mientras ella les va entregando la ropa y ellos también van despojándose de la suya… El número sensual acaba, tras varios juegos y bailes, cuando los tres acaban con un pequeño tanga como única prenda,  acariciándose mutuamente de una forma salvaje y sensual mientras la luz del escenario se apaga lentamente al mismo tiempo que acaba la música.

•    ¿Qué tal? – me pregunta Paco.

•    Muy excitante…. la verdad es que fue un número muy caliente… y a la chica, por cierto, no le has quitado ojo – digo guiñándole un ojo.

•    Pues tú tampoco te quedaste corta con los tíos… ¿eh?

Tengo que guardar silencio y es que es cierto, porque esos dos jóvenes fibrosos y musculosos han aportado más que calor a la actuación, con esos cuerpos perfectos. Al mismo tiempo vuelvo a mirar a los chicos de la despedida y veo que me siguen mirando, haciendo comentarios entre ellos, sin duda, sobre mí.

Durante el resto de la velada hay diversos números parecidos, incluyendo magia erótica y un cómico-travesti que cuenta chistes y supuestas anécdotas reales… metiéndose al público en el bolsillo consiguiendo varias carcajadas durante su actuación.

Lo que iba a ser una copa, acaban siendo tres y Paco me convence para que nos quedemos hasta el final de la gala…

•    Voy un momento al baño y no pidas más copas. Esta es la última. ¿Vale?- le digo seria poniéndome de pie notando cierto mareo.

Inmediatamente me doy cuenta de que el chico del grupo de jóvenes me mira y me lanza un beso, pero yo hago como si no le hubiera visto y me dirijo al baño.

Al entrar en los servicios me doy cuenta de que mis braguitas están mojadas y eso es señal de lo caliente que estoy con toda la velada. Espero que Paco me lleve a casa cuanto antes, porque tengo ganas de sentir algo caliente dentro de una vez. Me dispongo a salir del baño cuando me topo de frente con el chico joven del grupo de la despedida y que ahora me mira con ojos de lascivia.

•    Hola – me dice sonriendo.

•    Hola. – le contesto, intentando corresponder a su saludo, observando de cerca lo bueno que está  con una cara de chico malo que no puede con ella.

Me dispongo a avanzar pero él sujeta mi muñeca para preguntarme:

•    ¿Te gusta lo que estás viendo?

•    ¿Cómo? – le pregunto confusa atrapada en la mirada de sus enormes ojos y mi muñeca sostenida por su mano.

En ese instante me agarra por la cintura haciendo que note el calor de sus manos a través de la tela de mi vestido.

•    Digo que si yo te gusto. Tú a mí me encantas.- añade en un susurro en mi oído.

•    Oye, perdona, no te confundas .- le reprocho empujándole, intentando separarme de su inesperado abrazo.

•    No te enfades conmigo mujer, que estoy en mi despedida de soltero. – me dice volviendo a sujetar mi cintura fuertemente.

Esta vez su cuerpo está totalmente pegado al mío y puedo notar su tórax contra mis tetas y un bulto ahí abajo que denota una incipiente erección. Debo salir huyendo de ese joven que sigue pegado a mí, devorando con devoción mi escote, pero hay algo que me impide irme de sus “garras” y no sé qué es.

•    ¿Tú eres el que se va a casar? – le pregunto.

•    Sí, pero estoy pensando en dejar a mi futura mujer y casarme contigo.

•    ¡Quita, anda! – le digo empujándolo de nuevo.

•    No te sientas molesta. Es que me gustas mucho.

•    Mira, no quiero montar un numerito. ¿Vale? Ya estoy casada y muy feliz con mi marido.

Al fin logro zafarme de sus manos que a duras penas sueltan mi cintura y el comienzo de mis caderas. Avanzo hasta llegar a la mesa en donde mi esposo me sonríe al verme llegar.

•    Has tardado. – me comenta.

•    Sí, había mucha gente.

En ese momento vuelven a encenderse las luces del escenario y una música marchosa parece que pone punto final a la noche y da paso a un desfile de diez chicas que van saliendo en fila al escenario, ataviadas con una camiseta larga, blanca muy ajustada y zapatos de tacón. Después, dos chicos fornidos les lanzan unos cubos de agua haciendo que las camisetas de las exuberantes chicas queden pegadas a sus cuerpos con la humedad… para algarabía de casi todo el público masculino del local, incluyendo a mi esposo, claro.

El número resulta excitante y la música acompaña el sensual baile de las jóvenes caladas. Algunas gotas que se desprenden de sus largas melenas alcanzan  nuestra mesa desde el escenario. A esas alturas estoy más que cachonda y quiero irme a casa para estar con Paco y representar alguna de esas actuaciones que hemos visto hasta el momento, pero él parece demasiado ensimismado con la actuación, especialmente con las chicas y no es para menos… las tías además de muy jóvenes son impresionantes, mojaditas con sus camisetas pegadas al cuerpo en donde destacan sus curvas y se transparentan sus pezones, además de ese contoneo que ellas hacen con mucho arte.

La sorpresa del número parece que no acaba ahí y las sensuales bailarinas bajan del escenario  para repartirse entre aquel público entregado de la sala moviéndose al ritmo embriagante de la música…

Una de ellas… la más morenita de piel, se acerca a nuestra mesa y tras guiñarme un ojo,  se pone de espaldas a mi marido, le mira con cara de zorrita, se contonea entre sus piernas abiertas a escasos centímetros de él, salpicándole alguna vez con el agua que desprende su pelo negro y su camiseta sin dejar de mostrar su redondo culo y un tanga que se mete entre sus glúteos. Hay que reconocer que la chavala es guapa, pero lo cierto es que estoy empezando a sentirme algo celosa.

Por la cara de mi marido, veo que debe estar disfrutando mucho y eso me incomoda cada vez más, teniendo en cuenta de que Paco se ha venido a arriba y está  entregado de lleno al show, sobando las caderas de la morenita que parece que se va a sentar sobre él en cualquier momento. No miro a las otras chicas, que deben estar haciendo lo mismo con otros hombres de aquel local, solo me fijo en la que tengo delante, una putita que provoca y calienta a mi esposo a base de bien. Por sus rasgos, parece brasileña y se mueve condenadamente bien, de una forma sensual increíble… mientras mi marido la devora, inspeccionando desde cerca su escultural cuerpo.

La cosa, lejos de acabar ahí, se calienta más cuando la chica, tras un ritmo pausado de la música se sienta sobre el regazo de Paco de espaldas a él pegando la espalda a su pecho llegando a empapar ligeramente su camisa y sus pantalones. El culo de esa zorrita se mueve rítmicamente frotándose contra el paquete de mi marido que debe estar “de aquella manera”…

Por un momento Paco me mira sonriente, queriendo tener mi complicidad, pero le devuelvo mi rictus más serio de claro mosqueo porque le veo disfrutar más de la cuenta con esa putilla a la que sigue acariciando mientras ella se restriega sin cesar sobre su entrepierna. La joven me observa desafiante… y yo no puedo evitar asesinarla con la mirada, pero lejos de amilanarse continúa con su culo redondo frotándose contra el sexo de mi esposo que ya imagino en su máximo esplendor… La bailarina vuelve a mirarme, me sonríe y agarrando las manos de Paco, se las coloca sobre sus tetas, invitándole a que las masajee… y lo mejor es que él no se corta un pelo y disfruta de las pequeñas redondeces de esa chica, mientras ella echa la cabeza hacia atrás, simulando que se está corriendo de gusto. Como siga así, el que se va a correr va a ser Paco, pues siempre dura poco.

De pronto la música cesa y la chica se levanta del cuerpo tembloroso de mi marido, dejándole con las ganas y desaparece con un guiño y un lanzamiento de beso, que ha dejado alucinando a Paco y por supuesto, a mí también.

Supongo que mi cara lo dice todo, cuando Paco intenta acercarse a mí, para decirme:

•    No te mosquees, cariño, es solo un show.

•    Pues se te veía más que  entregado. – respondo aireada.

•    ¿Y qué podía hacer? No creo que haya hecho nada malo.

•    No, nada, si te parece…

•    Mujer….

•    Le has metido mano a base de bien a esa zorra y no decías precisamente que no, cuando se frotaba contigo como una gata cachonda… eres un cerdo.

•    Joder Jessica, no lo pude evitar…

•    No, ya veo y tu polla tampoco, mira como estas – digo señalando el bulto abultado y mojado de su pantalón.

Un presentador sale en ese momento a escena, para anunciar que llega el final de fiesta y que confía en que ninguna dama presente en el local se sienta molesta, ya que todo forma parte de un divertido espectáculo, según comenta.

•    ¿Ves? – me comenta Paco como si tal cosa.

El presentador agradece a todos la presencia y da paso al final de fiesta cuando anuncia:

•    Si alguna de las esposas o novias se quiere desquitar, este es el momento y puede subir al escenario para repetir el número que acabamos de vivir.

Nos está invitando claramente a que cualquier mujer presente en la sala que se atreva, represente el mismo numerito de las “camisetas mojadas”. Creo que el todo estaba bien pensado, pues más de una, yo incluída, estamos lo suficientemente encendidas como para vengarnos.

•    Voy a salir – digo sonriendo sin pensarlo un segundo.

•    ¿Qué dices, Jessica?, ¿Estás loca? – me pregunta Paco con los ojos abiertos como platos.

•    ¿Por qué? Tú te has divertido, ahora me toca a mí.

•    ¿Pero como vas a subir al escenario y ponerte…?

No le dejo terminar… Me levanto de la mesa ante su atónita mirada para subirme al escenario, con otras cuatro valientes como yo. Dos de ellas parecen las chicas de una de las despedidas de soltera y las otras dos, las novias o esposas que deben andar tan mosqueadas como yo.  Son todas muy jóvenes, de unos veinte años y yo en cambio ya he cumplido mis treinta y tres, pero eso no me importa, intentaré estar a la altura para demostrar que soy tan buena como cualquiera de ellas.

El presentador, tras llevarnos tras una cortina nos conduce hasta una una especie de camerino y allí nos proporcionaron el material… aunque es bien escaso: Una camiseta larga, un tanga y unos zapatos de plataforma de altísimo tacón.

Las cuatro chicas me miran, nerviosas, pero dudosas y soy yo la que toma la voz cantante.

•    ¡Vamos chicas!, hay que demostrar que lo podemos hacer igual o incluso mejor que las que salieron antes.

Ellas celebran mi entusiasmo y sonríen mientras se van desnudando para ponerse el atuendo de ese numerito cachondo de las “camisetas mojadas”.

Tras unos minutos, empieza a sonar la misma música que diera paso al número de las chicas anteriores, cuando el presentador nos invita a salir a escena.  Lo hacemos todas a la vez.  La luz de los focos es cegadora, pero me permite ver las caras expectantes de todo el público. En primer lugar puedo ver a mi esposo y noto su cara de alucine, pero yo me siento contenta de poder devolverle el mosqueo con la misma moneda.

Mis piernas tiemblan sobre esos taconazos y para colmo ahí subida con la camiseta ajustada y corta, debo parecer toda una striper. Recorro con la mirada al resto de espectadores, que parecen muy contentos con esa valentía de nosotras cinco. Recorro con mis ojos al resto de espectadores hasta llegar a la mesa de los chicos de la despedida y veo cómo el futuro novio me aplaude especialmente entusiasmado. Me gusta la idea de provocarle a él en particular sabiendo que le gusto tanto, aunque no puedo negar que él también me pone mucho a mí.

Por un momento miro a Paco, que hace gestos como si quisiera decirme que estoy loca, pero vuelvo a recordar a la morenita que se ha restregado sobre su paquete unos minutos antes y sé que tengo que devolvérsela calentando a algún otro tipo.

No me da tiempo a reaccionar cuando de pronto siento como una gran cantidad de agua templada cae sobre mí, mojándome por completo. Noto la humedad en mi pelo y como la camiseta se va impregnando en cada una de mis curvas calando el resto de mi cuerpo, mientras innumerables gotas se deslizan por mis piernas salpicando la tarima del escenario. Nos han lanzado varios cubos de agua, hasta dejarnos totalmente empapadas.

Miro a las chicas junto a mí y la encuentro muy sexys con sus camisetas mojadas ceñidas a sus cuerpos, dibujando sus tetas y descaradamente sus pezones por lo que yo debo estar de igual manera.

Es todo extraño, pero el contacto de la tela mojada contra mi piel provoca que me caliente más, sabiendo que mis enormes tetas se deben ver claramente al transparentarse casi totalmente y lo compruebo por mí misma, dándome cuenta de la nitidez del color rosáceo de mis pezones.

Casi todo el público no deja de aplaudir, pero mi esposo está bastante mosqueado, algo que me complace más, pues estoy dándole su merecido.

Comienzo a bailar sensualmente repitiendo el número anterior y mis nuevas compañeras me copian haciendo lo mismo. Parecemos cinco profesionales y creo que lo estamos haciendo considerablemente bien.

Más animada, me muevo exageradamente mientras mis pechos sueltos bailan alegremente con mis movimientos y no me corto a la hora de moverme con más descaro, haciendo movimientos lascivos, acariciandome de vez en cuando y sonriendo al personal. En realidad me siento como toda una estrella y eso me anima a seguir con el bailoteo de la forma más erótica que puedo.

Todas somos novatas en esto del show erótico, pero a tenor de los aplausos y silbidos del público debemos estar contentando a todos, bueno, al menos uno sé que no y eso me pone más.

Desde arriba del escenario se van vislumbrando cada vez más claramente los rostros de todo el personal, muchos de los hombres con cara de salidos,  algo que me resulta muy cachondo.

Vuelvo a mirar hacia mi esposo que niega con la cabeza, totalmente cabreado.

•    ¡Eres una zorra! – me parece leer en sus labios.

Tiene gracia la cosa, ahora soy yo una zorra, cuando él se lo ha pasado en grande con la bailarina morenita. El hecho de saber que estoy vengándome, me resulta, además de cachondo, tremendamente divertido.  Le sonrío, le guiño un ojo y le saco la lengua. Ni por lo más remoto se esperaba el pobre Paco que me subiera a este escenario y estuviese haciendo este número tan caliente.

La música cambia de ritmo, lo que nos recuerda que debemos bajar del escenario como hicieran nuestras antecesoras profesionales. Las chicas me miran y soy la primera en bajar, después ellas hacen lo propio, repartiendonos por todo el local.

Voy directamente hacia la mesa de mi esposo pero cuando sospecha que voy a dedicarle el sensual baile a él y sentarme sobre su regazo como hizo la brasileña, doy un giro de noventa grados para dirigirme directamente a la mesa del grupo de chicos jóvenes, que celebran la despedida de soltero. Me reciben entre aplausos, gritos y piropos.

•    ¡Qué buena estás! – me grita uno de ellos, al que se le nota un bulto prominente.

Ni corta ni perezosa me ubico frente al novio. Tras sonreírle, abro mis piernas, me apoyo sobre sus hombros y muevo mi cabeza, salpicándole tal y como lo había hecho la otra chica ante mi esposo. Sus amigos me vitorean y eso resulta más que estimulante… solo en un par de ocasiones giro la cabeza para mirar a Paco con todo el descaro… que parece preocupado y eso que al principio se imaginaba esta misma escena. Ahora me pregunto qué le parece el hecho de que yo esté realmente así, con los papeles totalmente cambiados.

Llega el momento de sentarme sobre mi “víctima” y girando sobre mí misma, me pongo de espaldas a ese chico… justamente enfrente de Paco… Lentamente con toda la mala intención y la mayor sensualidad del mundo, ubico mi culo sobre el regazo de aquel chico y pongo mi sexo sobre su abultado paquete… Al sentirlo tan duro tengo que cerrar los ojos, pues eso dispara miles de sensaciones por todo mi cuerpo. Sé que todo es como un juego, pero mi calentura no distingue entre realidad o ficción y además es innegable excitarse al sentir una polla enorme y juvenil rozando mi sexo. La tiene realmente dura y eso me encanta… Sus amigos, para colmo, no paran de regalarme piropos y ánimos para que continúe, incluso alguno de ellos empieza a acariciar mis piernas, otro mis caderas,  otro mis tetas… algo que me enciende a tope.

•    ¡El tanga, el tanga!, ¡Quítaselo! – oigo decir a uno de ellos que está sobándome el culo.

No sé cómo, pero deben de llevar unas tijeras o una navaja y en un instante me han cortado el tanga por ambos costados, despojándome de esa prenda íntima como si fuesen habilidosos magos. En ese instante me dispongo a levantarme pudiendo sentir el aire entrando bajo mi humeda camiseta y mi sexo totalmente al desnudo.

Entonces el futuro novio me agarra con sus potentes brazos por mi cintura.

•    ¿Dónde vas putita?. No has acabado tu número. – me dice al oído

No sé si el hecho de que me llame “putita”, lo caliente que estoy o el miedo a que Paco note algo raro desde la distancia, el caso es que vuelvo a sentarme sobre el regazo de ese futuro novio, cuando noto su polla fuera del pantalón y me siento sobre ella. ¡Dios, creo morirme al sentirla deslizarse por toda mi rajita! ¡Estoy sexo con sexo con ese joven desconocido!, ¡Que gusto!

Cierro los ojos al sentir esa enorme dureza jugando entre mis muslos y rozando directamente mi empapado coño. Mis movimientos pélvicos no hacen otra cosa que lubricar todavía más ese enorme cilindro caliente que noto durísimo frotándose contra mi sexo.

•    ¡Fóllatela, Marcos! – grita uno de sus amigos que se ha envalentonado sobándome las tetas.

Giro mi cabeza para mirar a los ojos del chico que tengo debajo y noto en esa mirada, claramente, la señal de lujuria. Le niego con la cabeza, para que no intente hacer nada indebido, pues ya es demasiado que nuestros sexos estén en total contacto sin ninguna prenda de por medio.

•    ¡Dale caña a esa mamita, que es tu despedida y está pidiendo guerra! – grita otro.

Es increíble que esa panda de chavales se estén aprovechando de mí, o quizás no lo estén haciendo, porque podría impedírselo y lo cierto es que no soy capaz. Además miro a Paco y no quiero que sospeche nada, porque seguramente entraría en cólera y podría enfrentarse a esos chicos y que la cosa acaba muy mal.

El joven novio se limita a agarrar mis tetas por dentro de la camiseta para acariciar mis pezones y pellizcarlos. Eso pone peor las cosas, pues ante eso no me puedo resistir y tengo que disimular un grito ahogado. Aun así, hago por levantarme, temiéndome mucho que este joven quiera ir más allá viendo su cara viciosa mientras sigue pellizcando mis pezones.

Me levanto lo suficiente para dejar de sentir el contacto de esa polla entre mis muslos, pero entonces él se siente libre de agarrar su herramienta y orientarla hacia la entrada de mi coño. Su mano izquierda sujeta mi teta fuertemente por dentro de la camiseta mojada. Miro hacia mi derecha y veo que otro de sus amigos tiene mi tanga y lo está olisqueando con cara de pervertido. Eso me produce un escalofrío, cuando de pronto el novio se aferra a mis caderas y orienta su capullo hasta que se queda perfectamente ubicado y acoplado a la entrada mi coño.  

Puedo levantarme, pero no lo hago, esa sensación de notar un gordo glande en mi chochito, no me permite pensar con sensatez.

•    ¡Ahora, bonita, déjate caer! – me susurra el chico al oído.

Sus manos siguen aferradas a mis tetas y su polla está más que preparada para penetrarme. Solo tengo que hacer un movimiento y dejar caer mi peso.

Miro a mi esposo, que parece vociferar, muy enfadado, aunque el pobre no puede ni sospechar que no llevo un tanga bajo la camiseta, ni mucho menos que una enorme polla esté a punto de taladrarme.

Cierro los ojos, excitada con las caricias de ese chico y rendida, dejo caer todo el peso de mi cuerpo sobre esa enorme verga que se me clava hasta las entrañas. Un grito sale de mi garganta, que aunque parezca que forma parte del número, sale totalmente natural, sintiendo algo increíblemente placentero.

Es más que intenso el placer que recorre todo mi cuerpo, especialmente en mi sexo, invadido por semejante miembro que me llena completamente. Ese placer se multiplica cuando ese chico me levanta unos centímetros tirando de mis tetas hacia arriba y soltándolas después, logrando que mi cuerpo vuelva a caer sobre el suyo empalándome de nuevo sobre esa inmensa verga. ¡Sí, sí, sí!,  ¡me está follando!

•    ¡Joder, preciosa, que coño tienes!, ¡Me vas a partir la polla ahí dentro!- me dice al oído.

Soy yo misma la que levanta ligeramente la pelvis para dejarme caer una y otra vez sobre esa polla que me penetra de una forma increíble. Nunca me había sentido tan llena y tan bien follada. Sigo bajando y subiendo al ritmo de la música, haciendo que todo parezca fingido, pero es totalmente real. ¡Ese joven me está follando y delante de mi esposo!

En una de las embestidas, mientras sus dedos retuercen mis pezones y su boca lame mi cuello, me corro entre temblores jadeando y gimiendo con todas las ganas pues aunque todo parece teatro, es una pura realidad.

•    ¡Sí, qué gusto! – es lo que sale de mi boca.

•    ¿Folla bien esa preciosidad, Marcos? – pregunta excitado uno de ellos.

•    ¡Tiene un coño estrechito, para partírselo mil veces! – insiste el novio clavándome con más fuerza cada vez esa dura daga.

•    ¡Dios, sí! – grito fuera de control.

•    ¿Tu marido no te ha follado así en la vida? ¿No es cierto? – me pregunta ese endemoniado chaval, que sigue penetrándome sin parae.

•    ¡No! – grito ahogadamente mientras ese enorme pene me sigue entrando en el coño una y otra vez al ritmo de la música.

Aprieto los músculos de mi vagina queriendo atrapar con más fuerza esa verga lo que hace que el chico no aguante mucho más, después de unas cuantas embestidas profundas y más lentas. Justo cuando parece que la música va a terminar, sus manos se aferran de nuevo a mis tetas por dentro de la camiseta, cuando percibo cómo su polla se hincha dentro de mi coño y explota dentro, de repente, inundandome con innumerables chorros que me dejan totalmente llena.

No me lo puedo creer, todavía estoy alucinada, con todo lo que acaba de pasar, pero no me da tiempo a reaccionar, ni a pensar. La música termina y salgo corriendo como el resto de chicas en dirección al escenario. Mientras subo, aun tengo en mi mente pensando si ha sido un sueño que un desconocido me haya follado y se haya corrido dentro de mí, delante de las narices de mi esposo.

Al fin desaparecemos del escenario y nos metemos en el camerino. Las otras chicas se cambian entre risas, por esa aventura, que no ha debido ser ni de lejos, tan intensa y real como la mía. Los regueros de semen que recorren la cara interna de mis muslos, confirman que todo ha sido completamente real.

Mis compañeras de número se van cambiado de ropa rápidamente algo avergonzadas y comentando la locura de frotarse contra unos desconocidos, pero me doy cuenta de que todas ellas llevan todavía su tanga, en cambio yo estoy desnuda bajo la camiseta y lo peor, es que he sido la única que ha sentido una polla dentro de verdad.

•    ¿No te cambias? – me pregunta una de ellas.

•    No. Quiero reponerme un poco. – añado disimulando.

Cuando todas las chicas abandonan el camerino me despojo por fin de la camiseta empapada, quedándome sola, totalmente desnuda frente a un gran espejo.

Todavía sigo sin creerme lo que acaba de suceder observando mi cuerpo desnudo frente al espejo y cómo ese reguero de semen se sigue escurriendo por mis muslos. Me limpio los restos de esa leche aún caliente con la mojada camiseta cuando noto que alguien me abraza por detrás.

Miro al espejo y veo reflejada la cara de ese chico junto a la mía. Es ese endiablado futuro novio que me acaba de follar y me ha llenado con su semen caliente.

•    ¡Joder, qué polvazo! ¿No? – me dice, acariciando mis tetas observando mi cuerpo desnudo reflejado en el espejo.

Me giro y le miro directamente a los ojos, intentando reprocharle cuanto se ha pasado, pero él recorre con su mirada todo mi cuerpo de esa forma lasciva que me excita.

•    ¡Qué buena estás! – me dice pellizcando de nuevo mi pezón.

•    ¡Eres un cabrón! – le digo, pero no me suelto de su abrazo.

•    ¡Y tú, toda una puta con ganas de polla! – Añade metiendo en ese momento dos dedos en mi coño aun caliente.

•    ¡Qué buena estás, preciosa!, ¡Me la has puesto dura otra vez!

•    Haz el favor de largarte, mi marido está ahí fuera y…

•    Schh.ss.. – me dice tapando mi boca con la suya y acariciando con sus dedos mis labios vaginales.

•    Ahh, no hagas eso. ¡Lárgate! – le digo en un grito intentando separarle de mí, porque esos besos me están matando de gusto y no puede ser, ¡No está bien!

•    Antes de largarme quiero ver como esa boca me come la polla. – añade sin dejar de acariciar mis labios vaginales.

No soy capaz de reaccionar cuando él ha sacado su miembro fuera del pantalón y ahora puedo verlo en toda su intensidad, es tan grande, tan robusto, tan poderoso… Ni me creo que eso me haya entrado en el coño con tanta facilidad.

•    ¡Vamos, ahora hazme una buena mamada con esa boquita de puta que tienes! – me ordena.

Tengo que chillar, decirle que es un cerdo, que se largue del camerino, pero no sé por qué, me comporto realmente como una puta, poniéndome de rodillas frente a esa enorme polla que me pide ser devorada.

•    ¡Eso es. Sabía que no podrías perderte un buen rabo! – me dice sonriendo.

Agarro ese cilindro de carne entre mis dedos notando su dureza y tras mirar a los ojos de su dueño me meto el capullo en la boca y empiezo a succionar. El chico se tambalea, pues en esa operación soy realmente buena. Luego le voy lamiendo los huevos depilados alternadamente, para después pasar mi lengua por toda la largura de su falo y a continuaciòn meterlo en mi boca intentando llegar hasta el final.

Es tan grande que me cuesta, pero tras mirarle directamente a los ojos, respiro profundamente, disfrutando al mismo tiempo de su cara de placer y voy avanzando lentamente comiéndome ese enorme pene con todas las ganas, sacándolo una y otra vez de mi boca, poniendo lo mejor de mí para comerme esa polla como se merece. Vuelvo a sacarla de la boca, me doy unos golpecitos en la cara con ella y tras sonreirle como una auténtica zorra, vuelvo a meterla en mi boca, sintiendo como me va llenando infinitamente, cómo expande mis labios y cómo se desliza por mi húmeda lengua para después llegar hasta la mitad de mi garganta. ¡Sí, es increíble!, ¡La tengo entera adentro!

•    ¡Joder!, ¡Te la has tragado! – me dice acariciando mi pelo sin creérselo.

Después de unos segundos con ella metida hasta lo más profundo de mi garganta la saco, entre hilos de saliva, pero él sostiene mi cabeza por los costados para que vuelve a tragarla y entonces comienza a follarme literalmente la boca, notando mi garganta apretarse contra ese enorme cilindro de carne. Sólo se escucha el sonido de mi garganta con el chapoteo de las embestidas. Mis ojos se humedecen ante la inmensidad de ese miembro sin dejarme apenas respirar. A duras penas cojo aire por la nariz, que después queda aprisionada en cada golpe contra su pelvis

Tras unas cuantas folladas a mi boca, el chico no aguanta más tiempo y se corre de nuevo sujetando mi cabeza mientras tiembla todo su cuerpo y por ende también el mío. Me trago todo ese semen caliente que cae por mi garganta hasta mi estómago.

•    ¡Joder, nunca se habían tragado mi polla entera! – dice el chico alucinado al sacar de mi boca ese enorme pone que rezuma hilos mezclados de mi saliva con su semen.

Estoy ahí arrodillada, acariciando ese pene que me ha invadido por dos veces mi cuerpo y veo que va reduciendo su tamaño. Mi respiración es entrecortada, intentando recuperar el aliento tras esa salvaje mamada.

De pronto, la puerta del camerino se abre y aparece el presentador alucinando con la escena que tiene delante.

•    ¿Qué pasa aquí? – dice atónito, mirando mi cuerpo desnudo ahí arrodillado y al chico que guarda nerviosamente el pene morcillón en su pantalón.

Avergonzada, me visto a toda prisa, poniendo mi vestido sobre mi cuerpo aún sudoroso y tras colocarme un poco los pelos revueltos vuelvo con mi esposo que me espera en nuestra mesa con una evidente cara de cabreo.

•    ¿Estás bien? – le pregunto, mientras me atuso el pelo y él me mira de arriba a abajo, intentando entender mi extraño comportamiento.

•    ¿Cómo te parece que éste? – me pregunta.

•    Era solo un show, cariño – le repito las mismas palabras que me dijera él cuando la morenita se frotó contra su cuerpo, aunque lo mío, evidentemente  haya ido bastante más allá pero él no lo puede ni imaginar.

Tras unos segundos en los que el reina el silencio, mi marido me mira de arriba a abajo. Por un momento creo que está leyendo mi mente y parece que pueda sospechar lo que ha sucedido realmente.

•    ¡Te has pasado un huevo! – me repite, aunque esta vez sonriendo.

•    ¿Tú crees? – le pregunto inocentemente.

•    Joder, parecía que te estabas follando al chico ese.

•    ¿En serio? – le digo recordando como esa enorme polla me folló realmente y de qué manera, hasta inundarme las entrañas con su leche caliente.

•    Eres sin duda la mejor, cariño. Además de ser la que estaba más buena de todas, la que mejor lo ha hecho, sin duda.

•    Esa es la actriz que llevo dentro. – añado aunque el pobre no sabe que lo que realmente estuvo dentro de mí fue otra cosa.

Mi marido, afortunadamente no sospecha nada y cuesta hasta creerlo, pues la entrega de mi cuerpo a ese chico ha sido tan real, que ni siquiera tuve que fingir, aunque lo pareciera. El caso es que me gusta la idea de que se lo haya tragado todo, como yo la leche de ese chaval.

Noto el calor en mis mejillas y tras sonreír a mi esposo, le doy un piquito en los labios.

•    ¿No estás enfadado entonces? – pregunto mimosa.

•    No. Creo que me lo merecía.

•    Quizá, me pasé…

•    Un poco, pero incluso me has puesto cachondo. – añade.

En ese momento me abraza y me pega un morreo, metiendo su lengua que entra en contacto con la mía. Al principio  temo que pueda notar en su boca el sabor del semen que ese chico que ha logrado inundar mi boca, pero  creo que el alcohol que hemos ingerido debe tapar cualquier sabor. Tras mirarme a los ojos, tira de mi mano y salimos de ese local.

•    ¿En serio que no estás enfadado, amor? – le pregunto una vez más.

•    No. Pero estoy loco por follarte nena. Me has puesto realmente cachondo y lo que me ha puesto más es cómo has dejado a ese chaval realmente con las ganas. ¡Pobrecito! Si supiera como follas, como aprietas ese coñito o cómo la chupas…- añade sonriente y nos damos otro beso.

¡Pobrecito, mi Paco! – pienso y si supiera que aún noto el semen de ese chaval dentro de mí…

Sylke

2020

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